ESTRÉS Y ESTRATEGIAS DE AFRONTAMIENTO EN LA
ADHERENCIA AL TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO:
UN ESTUDIO COMPARATIVO EN PACIENTES CON
DISLIPIDEMIA Y CARDIOPATÍA ISQUÉMICA
STRESS AND COPING STRATEGIES IN ADHERENCE
TO PHARMACOLOGICAL TREATMENT: A COMPARATIVE
STUDY IN PATIENTS WITH DYSLIPIDEMIA AND
ISCHEMIC HEART DISEASE
Jessica Berenice Flores-Mendoza
Universidad Nacional Autónoma de México
Diego Adan Chavira-Aguilar
Universidad Nacional Autónoma de México
Mirna García Méndez
Universidad Nacional Autónoma de México
Monserrat Muñoz-Medina
Universidad Nacional Autónoma de México
Diana Carmina Jiménez Arriaga
Universidad Nacional Autónoma de México
pág. 7108
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v8i5.14126
Estrés y Estrategias de Afrontamiento en la Adherencia al Tratamiento
Farmacológico: Un Estudio Comparativo en Pacientes con Dislipidemia y
Cardiopatía Isquémica
Jessica Berenice Flores-Mendoza1
redapsic7@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9710-5703
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Universidad Nacional Autónoma de México
México
Diego Adan Chavira-Aguilar
diegochavira071102@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-9927-7787
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Universidad Nacional Autónoma de México
México
Mirna García Méndez
mina@unam.mx
https://orcid.org/0000-0002-2334-0740
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Universidad Nacional Autónoma de México
México
Monserrat Muñoz-Medina
monmedina626@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-8029-4573
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Universidad Nacional Autónoma de México
México
Diana Carmina Jiménez Arriaga
dianacarmina22@gmail.com
https://orcid.org/0009-0001-8903-2564
Facultad de Estudios Superiores Zaragoza
Universidad Nacional Autónoma de México
México
RESUMEN
Las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de mortalidad a nivel global, siendo
México un reflejo de esta tendencia. En consecuencia, es esencial identificar los factores psicológicos
que pueden exacerbar estas enfermedades con el fin de desarrollar intervenciones específicas. El
presente estudio tuvo como objetivo comparar el estrés percibido, la adherencia al tratamiento
farmacológico y los estilos de afrontamiento entre dos grupos de pacientes: aquellos con diagnóstico
de dislipidemia y aquellos con diagnóstico de cardiopatía isquémica. La muestra estuvo compuesta
por 106 pacientes con cardiopatía isquémica y 100 pacientes con dislipidemia. Para evaluar el estrés
percibido se utilizó la escala PSS-14, mientras que los estilos de afrontamiento fueron medidos con la
escala de afrontamiento hacia la adherencia, y la adherencia al tratamiento farmacológico fue
evaluada mediante la escala de adherencia terapéutica para enfermedades crónicas. Los datos fueron
recogidos a través de encuestas físicas y en línea, tras obtener el consentimiento informado de los
participantes. Las diferencias entre los grupos fueron analizadas utilizando la prueba t de Student. Los
resultados no revelaron diferencias significativas en los niveles de estrés percibido, los estilos de
afrontamiento ni la adherencia al tratamiento, indicando que ambos grupos presentan similitudes, a
pesar de la diferencia en la gravedad de las enfermedades cardiovasculares.
Palabras Clave: estrés, afrontamiento, adherencia al tratamiento, enfermedades cardiovasculares.
1
Autor principal
Correspondencia: redapsic7@gmail.com
pág. 7109
Stress and Coping Strategies in Adherence to Pharmacological Treatment:
A Comparative Study in Patients with Dyslipidemia and Ischemic Heart
Disease
ABSTRACT
Cardiovascular diseases are the leading cause of mortality worldwide, with Mexico reflecting this
global trend. Consequently, it is crucial to identify the psychological factors that may exacerbate these
conditions in order to develop targeted interventions. The present study aimed to compare perceived
stress, medication adherence, and coping styles between two patient groups: those with a diagnosis of
dyslipidemia and those with a diagnosis of ischemic heart disease. The sample consisted of 106
patients with ischemic heart disease and 100 patients with dyslipidemia. Perceived stress was assessed
using the PSS-14 scale, coping styles were measured with the Coping with Adherence Scale, and
medication adherence was evaluated using the Therapeutic Adherence Scale for Chronic Diseases.
Data were collected through physical and online surveys, following the informed consent of the
participants. Differences between groups were analyzed using the Student's t-test. The results revealed
no significant differences in perceived stress levels, coping styles, or medication adherence, indicating
that both groups exhibit similarities despite the differing severity of their cardiovascular conditions.
Keywords: stress, coping, medication adherence, cardiovascular diseases
Artículo recibido 08 agosto 2024
Aceptado para publicación: 10 septiembre 2024
pág. 7110
INTRODUCCIÓN
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) representan una de las principales causas de discapacidad
y mortalidad a nivel mundial. Estas patologías, que incluyen condiciones como la enfermedad
coronaria, la insuficiencia cardíaca y los accidentes cerebrovasculares, afectan a millones de personas
cada año, causando una significativa carga económica y social (Mensah, 2017).
De acuerdo con cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las enfermedades
cardiovasculares, en especial la cardiopatía isquémica y los accidentes cerebrovasculares son la
principal causa de muerte en todo el mundo, la mayoría de estas defunciones se dieron en países con
ingresos medios y bajos. Las cifras en países con ingresos altos, que se creían en descenso gracias a
mejoras en salud y estilos de vida, sugieren que las estrategias actuales contra las enfermedades
cardiovasculares (ECV) pueden no ser suficientes. Esto resalta la necesidad de adaptar intervenciones
de prevención y tratamiento a diferentes contextos socioeconómicos y de salud global (OPS, 2021;
Organización Mundial de la Salud, 2017; Murthy et al., 2014).
En el caso de México, en el año 2021 cerca de 220 mil defunciones fueron causadas por alguna
afección al corazón, el 78 por ciento de estos datos corresponden a pacientes con infartos al miocardio
o cardiopatía isquémica. Sumando a esto 30 mil casos de pacientes que fallecieron por hipertensión
arterial (Secretaría de Salud, 2022).
1. Enfermedades cardiovasculares
De acuerdo con Torrades y Pérez-Sust (2006), las enfermedades cardiovasculares se consideran la
epidemia del siglo XXI en las sociedades desarrolladas. Estas patologías comprenden un grupo de
trastornos que afectan tanto al corazón como a los vasos sanguíneos, muestra de ello se ve reflejado
en los infartos de miocardio y los accidentes cerebrovasculares a nivel global, los cuales son
responsables de más de 17 millones de muertes anualmente de acuerdo a la Organización Mundial de
la Salud (OMS), por ello la identificación y el manejo de niveles elevados de colesterol y triglicéridos
son cruciales para la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Las directrices clínicas recomiendan la medición periódica de los lípidos en sangre y la
administración de medicamentos hipolipemiantes, tales como estatinas, fibratos y ácidos grasos
omega-3, para mitigar el riesgo cardiovascular en pacientes con dislipidemia (Grundy et al., 2019).
pág. 7111
Dislipidemia
El término dislipidemia se refiere a la presencia de concentraciones anormalmente elevadas de lípidos
en la sangre. Este trastorno puede clasificarse en función de los tipos específicos de lípidos alterados,
siendo las categorías más prevalentes y clínicamente significativas el hipercolesterolemia y la
hipertrigliceridemia. El hipercolesterolemia se caracteriza por niveles elevados de colesterol de baja
densidad (LDL), conocido coloquialmente como "colesterol malo", mientras que la
hipertrigliceridemia se define por niveles elevados de triglicéridos. La dislipidemia es, por ende,
reconocida como uno de los principales factores de riesgo para la enfermedad coronaria, junto con la
hipertensión arterial (Lozano, 2005).
La dislipidemia puede tener múltiples etiologías, que incluyen factores dietéticos, genéticos, estilos de
vida y condiciones médicas subyacentes. Factores de riesgo bien establecidos para el desarrollo de
dislipidemia incluyen un consumo excesivo de grasas saturadas y trans, sedentarismo, obesidad y
resistencia a la insulina (Barquera et al., 2009).
El colesterol y los triglicéridos desempeñan un papel crucial en la patogenia de la dislipidemia. La
presencia de niveles elevados de colesterol LDL y triglicéridos en el plasma sanguíneo puede
predisponer a la formación de placas ateroscleróticas en las paredes arteriales, lo cual contribuye al
desarrollo de aterosclerosis y, en consecuencia, a enfermedades cardiovasculares como la enfermedad
coronaria y el accidente cerebrovascular (Stone et al., 2014).
Factores de riesgo
El desarrollo de la dislipidemia está influenciado por una combinación de factores de riesgo
modificables y no modificables; Entre los factores de riesgo modificables más relevantes se
encuentran la obesidad, la inactividad física, una dieta rica en grasas saturadas y colesterol, el
consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo (Valdés-Gómez et al., 2020). Estos factores pueden ser
modificados a través de intervenciones en el estilo de vida, tales como la adopción de una dieta
equilibrada y nutritiva, la realización de ejercicio físico regular, la pérdida de peso en individuos
obesos, y la cesación del consumo de tabaco y alcohol.
Cuando los pacientes poseen la capacidad de transformar sus estilos de vida, se abre la posibilidad de
reducir sustancialmente la mortalidad cardiovascular, logrando una disminución en los niveles de
pág. 7112
colesterol y presión arterial, además de fomentar conductas más saludables. Los factores de riesgo
modificables asociados con comportamientos poco saludables comprenden el tabaquismo, una
alimentación inadecuada, la falta de actividad física, el consumo excesivo de alcohol y la obesidad.
En contrapartida, los factores biológicos de riesgo suelen estar influenciados tanto por
comportamientos individuales como por factores estructurales y sociopolíticos. Las emociones
negativas, tales como la depresión, la ansiedad, la ira y el estrés emocional, pueden considerarse
factores de riesgo significativos para enfermedades cardiovasculares cuando se manifiestan en niveles
elevados (Byrne y Targher., 2022). Abordar estos factores de manera integral requiere la
implementación de estrategias de intervención que promuevan cambios sostenibles en el estilo de
vida, así como políticas públicas que faciliten entornos saludables. Programas de educación y apoyo
psicológico, combinados con una mayor accesibilidad a servicios de salud y opciones alimenticias
saludables, pueden contribuir de manera significativa a la mitigación del riesgo cardiovascular.
Además, es imperativo considerar el impacto de las condiciones socioeconómicas y las desigualdades
en salud, ya que estos factores pueden influir en la capacidad de los individuos para adoptar y
mantener conductas saludables.
En contraste, los factores de riesgo no modificables incluyen la edad, el género (con una prevalencia
mayor en los hombres en comparación con las mujeres), los antecedentes familiares de dislipidemia y
la predisposición genética (Valdés-Gómez et al., 2020). Aunque estos factores no pueden ser
alterados, su consideración es crucial al evaluar el riesgo individual de dislipidemia.
Es imperativo abordar de manera integral tanto los factores de riesgo modificables como los no
modificables para prevenir y gestionar eficazmente la dislipidemia, con el fin de reducir el riesgo de
enfermedades cardiovasculares asociadas.
Cardiopatía isquémica
La cardiopatía isquémica, una enfermedad con una prevalencia de aproximadamente el 30% en
adultos mayores de 40 años en México y la principal causa de mortalidad en este grupo etario, se
origina por la incapacidad de las arterias coronarias para suministrar el oxígeno necesario al músculo
cardíaco. Cuando el endotelio se daña o funciona de manera anormal, puede permitir que el colesterol
y otras sustancias se acumulen en la pared arterial, dando inicio al proceso de aterosclerosis (Carvajal,
pág. 7113
2017). La aterosclerosis, el proceso patológico más frecuente asociado a esta alteración, se caracteriza
por una acumulación progresiva de colágeno, lípidos y células inflamatorias que forman placas
ateroscleróticas. Estas placas provocan el estrechamiento de las arterias coronarias, disminuyendo el
flujo sanguíneo que llega al miocardio. El desarrollo de la aterosclerosis comienza cuando diversos
factores lesionan o dañan las capas internas de las arterias coronarias, además de una conjunción
multifactorial de elementos que inician esta enfermedad. (Entara et al. 2021; Morrison y Bennett
2008)
La cardiopatía isquémica implica una obstrucción de las arterias lo que reduce la circulación de sangre
oxigenada, al no llegar suficientes nutrientes al tejido cardiaco este puede verse comprometido,
pronosticando una posible muerte del mismo llegando a un infarto (Patel et al., 2024; Mehta et al.,
2022; Pasupathy, et al., 2017).
Una de las principales consecuencias de la CAD es el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio
(IAM), que puede provocar daño permanente al músculo cardíaco y llevar a complicaciones como
insuficiencia cardíaca, arritmias cardiacas y muerte súbita (Rodríguez-Padilla et al., 2019).
Factores de riesgo
Las enfermedades cardiovasculares se desarrollan debido a factores de riesgo modificables, como
obesidad, dislipidemia, inactividad física, dieta alta en grasas saturadas, consumo excesivo de alcohol
y tabaquismo, y factores no modificables, como la edad, género, historia familiar y predisposición
genética (Castañeda-González et al., 2018; Juárez-Rodríguez et al., 2020; Consejo General de
Colegios Farmacéuticos, 2020). Abordar ambos tipos de factores es crucial para prevenir y controlar
la dislipidemia y reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Tratamiento de dislipidemias y cardiopatía isquémica
Los tratamientos para enfermedades cardiovasculares abordan enfoques farmacológicos,
conductuales-psicológicos y quirúrgicos. En el manejo de las dislipidemias, se utilizan estatinas que
inhiben la HMG-CoA reductasa, reduciendo el colesterol hepático y aumentando los receptores LDL,
lo que disminuye tanto los triglicéridos como el colesterol LDL. Además, se emplean inhibidores de
la absorción de colesterol, como ezetimiba, y los inhibidores de la PCSK9, que favorecen el reciclaje
de receptores LDL (Pavía et al., 2020).
pág. 7114
Es fundamental adoptar un estilo de vida saludable, que incluya una dieta equilibrada, ejercicio
regular, dejar de fumar y mantener un peso adecuado, como parte de la prevención y tratamiento de
estas enfermedades (Eckel et al., 2014). La adherencia al tratamiento es crucial y puede verse afectada
por diversos factores, incluyendo socioeconómicos, del sistema sanitario, del tratamiento, de la
patología y del paciente (Pagès-Puigdemont y Valverde-Merino, 2018).
El tratamiento de la cardiopatía isquémica es un enfoque integral que incluye la modificación del
estilo de vida, con énfasis en hábitos saludables y ejercicios isotónicos para mejorar la capacidad
cardiovascular, así como un control riguroso de factores de riesgo como la hipertensión y la diabetes
(Pryor et al., 1983).
El tratamiento farmacológico es esencial, utilizando agentes antianginosos para aliviar los síntomas de
angina y medicamentos antiplaquetarios para prevenir la formación de trombos y reducir la
recurrencia de eventos isquémicos. Además, se evalúan comorbilidades para evitar complicaciones.
En casos necesarios, se implementan técnicas de revascularización percutánea, como la angioplastia y
la colocación de stents, o cirugías como el bypass coronario, con el objetivo de mejorar la
funcionalidad cardíaca y la calidad de vida del paciente (Thygese et al., 2018).
2. Estrés
El estrés se define como la respuesta del organismo a demandas internas o externas que superan sus
recursos disponibles (Lazarus y Folkman, 1984). Esta respuesta se manifiesta a nivel fisiológico,
psicológico y conductual, siendo una parte intrínseca de la experiencia humana (Ferreira et al., 2022),
menciona al estrés como un conjunto de reacciones fisiológicas ante estímulos nocivos,
desencadenando respuestas como la liberación de cortisol y adrenalina, que inducen cambios en el
ritmo cardíaco, la presión arterial y la actividad cerebral, preparando al cuerpo para enfrentar
amenazas (McEwen, 2007).
El estrés crónico puede tener graves impactos en la salud mental, ya que una exposición prolongada
puede tener efectos en la estructura y función del cerebro, por ejemplo, en la plasticidad neuronal
alterando la reducción del volumen del hipocampo y la atrofia de las dendritas en regiones del cerebro
que se encuentran asociadas con la regulación del estrés y las emociones (McEwen, 2016), pero no
solo a nivel cerebral están estas afectaciones, ya que el impacto presenta un aumento en el riesgo de
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enfermedades cardiovasculares como hipertensión, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular
(Rosengren et al., 2004; Chrousos, 2009). También puede afectar el sistema inmunológico,
incrementando la susceptibilidad a infecciones y enfermedades (Cohen et al., 2007).
Es crucial distinguir entre eustrés y distrés (Saavedra, 2022). El distrés, una respuesta emocional
negativa ante situaciones estresantes que superan los recursos de afrontamiento, se caracteriza por
ansiedad, desesperanza y malestar generalizado (Lazarus y Folkman, 1984). Por otro lado, el eustrés,
introducido por Selye (1974), es un tipo de estrés percibido como positivo, que motiva y enfoca al
individuo hacia metas o desafíos sin provocar respuestas abrumadoras de lucha o huida. Aunque el
eustrés comparte características fisiológicas, cognitivas, conductuales y emocionales con el distrés, se
percibe como manejable y está asociado con sentimientos de emoción y anticipación positiva (Berrio
et al., 2011).
El distrés crónico está asociado con trastornos de salud mental como ansiedad, depresión y trastorno
de estrés postraumático (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013), así como con enfermedades
cardiovasculares y problemas del sistema inmunológico (Rozanski et al., 1999; Segerstrom y Miller,
2004). En contraste, el eustrés, al ser percibido positivamente, puede ser beneficioso para la
motivación y el desempeño. Una cantidad moderada de eustrés puede cultivarse mediante el
establecimiento de metas desafiantes pero alcanzables, una actitud positiva y el desarrollo de
habilidades efectivas de afrontamiento (Gutiérrez, 1999; Dimitrova, 2024).
4. Afrontamiento
El afrontamiento se define como la capacidad de enfrentar situaciones o personas en contextos
variados y complejos (Martínez et al., 2017). En el contexto del estrés, este concepto se refiere a
esfuerzos cognitivos y conductuales adaptativos para manejar demandas que exceden los recursos del
individuo (Lazarus y Folkman, 1986). Además Nava et al. (2010) y Jiménez et al. (2012) destacan que
el afrontamiento es un proceso dinámico que busca obtener resultados óptimos frente a estresores,
regulando las respuestas emocionales o modificando el conflicto.
El estudio del afrontamiento está ligado a aspectos psicosociales y a la identificación de diversas
estrategias definidas por modelos teóricos y variables situacionales (Piemontesi et al., 2009). El
modelo transaccional de estrés y afrontamiento de Lazarus y Folkman (1984) distingue entre
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afrontamiento centrado en la regulación emocional y la resolución de problemas, basado en la
evaluación cognitiva del estímulo y respuesta (Dahab et al., 2010).
Las estrategias de afrontamiento se dividen en centradas en el problema, que buscan modificar la
situación estresante (Ferreira, 2022; Meléndez et al., 2020), y centradas en las emociones, que regulan
las respuestas emocionales sin cambiar la situación (Ferreira, 2022; Lazarus y Folkman, 1986, como
se cita en Pascual et al., 2019). Las estrategias centradas en el problema son más eficaces para
manejar el estrés, aunque pueden inhibir la expresión emocional, mientras que las centradas en las
emociones, aunque útiles para expresar sentimientos, pueden ser menos efectivas para resolver
conflictos (Di-Colloredo et al., 2007). Estudios, como el de Burns et al. (2016), indican que el
afrontamiento centrado en las emociones está asociado con problemas como depresión y ansiedad en
personas con diabetes tipo 2, mientras que el afrontamiento centrado en el problema muestra una
relación inversa con estos problemas, evidenciando su impacto en la salud física y mental
Fernández-Abascal (1997), plantea que los estilos de afrontamiento al estrés se refieren a las
estrategias cognitivas y conductuales empleadas para manejar situaciones estresantes que superan los
recursos disponibles del individuo. Estos enfoques varían según las características específicas del
evento estresante y se adaptan en función del contexto y de las demandas cambiantes del entorno. Son
procesos dinámicos que se ajustan a las circunstancias particulares y a las exigencias del momento,
reflejando la capacidad del individuo para adaptarse a diferentes niveles de estrés (Tarabal y Perez,
2010).
5. Adherencia al tratamiento farmacológico
La adherencia al tratamiento se define como el número total de días de toma de medicación de
acuerdo con las pautas del prescriptor durante el periodo de seguimiento. Diversos factores influyen
en la adherencia, incluyendo aspectos socioeconómicos, características del sistema de salud, factores
relacionados con la enfermedad, factores terapéuticos y factores del paciente. Dentro de los factores
del paciente, las creencias y percepciones juegan un papel crucial en la adherencia al tratamiento
farmacológico. (Dilla et al., 2009)
La OMS clasificó los factores que intervienen en la adherencia terapéutica en cinco dimensiones:
factores socioeconómicos, factores relacionados con el sistema sanitario y sus profesionales, factores
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relacionados con el tratamiento, factores relacionados con la patología y factores relacionados con el
paciente (Pagès-Puigdemont & Valverde-Merino, 2018).
Existen estrategias multifactoriales para optimizar la adherencia a la medicación, las cuales implican
una serie de intervenciones diseñadas para enriquecer la comprensión que los pacientes tienen sobre
los beneficios de sus tratamientos, así como para facilitar el acceso y fortalecer la confianza en su
médico y en el sistema de salud en general, ya que pacientes tienden a tener una adherencia en
concordancia a los síntomas que creen tener ya que si los síntomas son fuertes se tiende a tener una
mayor adherencia, sin embargo, no son fuertes o no se presentan, entonces se tienden a incumplir el
tratamiento clínico e incluso a acudir a tratamientos alternativos, por lo que es esencial mejorar el
reconocimiento y la comprensión por parte de los profesionales de la salud acerca de las creencias,
temores y valores de los pacientes, así como de sus propios sesgos. Este enfoque integral no solo
favorece una mayor adherencia a la medicación, sino que también contribuye al bienestar general de
la población, al alinear las prácticas clínicas con las perspectivas y necesidades individuales de los
pacientes (Brown, et al. 2016; Náfrádi, et al. 2017; Melo-Barbosa, 2018; Al-Arkee, et al. 2021)
Investigaciones recientes han revelado que las barreras para la adherencia a la medicación abarcan
una variedad de factores (Lauffenburger et al., 2020), y es posible que existan aún más tareas
potenciales involucradas. Sin embargo, no está claramente establecido si todos estos factores tienen
un impacto igual en la adherencia a la medicación y en los resultados clínicos. Tampoco se ha
determinado si existe una barrera principal que sea especialmente significativa para el paciente, ni
cómo identificar esta barrera central en el marco de intervenciones personalizadas. Se requiere de
investigaciones adicionales para abordar estas cuestiones y proporcionar respuestas precisas (Bansilal,
et, al. 2016; Armstrong y McAlister, 2016)
MÉTODO
Participantes: La muestra consistió en 206 pacientes con diagnóstico de CAD o con Diagnóstico de
dislipidemia seleccionados mediante un muestreo no probabilístico del tipo intencional de un Hospital
de Salud Pública del Tercer Nivel de Atención de la Ciudad de México. Siendo mujeres y hombres
mayores de 18 años y excluyendo a todos aquellos participantes con trastornos neurológicos o
psiquiátricos y discapacidad intelectual. Los participantes se encontraban entre los 32 y 82 años de
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edad (M= 43 años, DE= 9.6), de los cuales 52% fueron mujeres y 48% hombres. Con respecto a su
estado civil 31.2% fueron solteros, 53.6% casa-dos, 7. 2% en unión libre, 4% viudos y 4% separados.
Instrumentos de recolección de datos
a) Escala de estrés percibido (PSS-14) de Cohen y colaboradores (1983): la cual consta de 14
reactivos tipo Likert de 0 “nunca” a 4 “siempre”. Esta escala evalúa el grado de valoración de las
circunstancias correspondientes al último mes en relación a ser impredecibles y fuera de control.
Se usó la traducción al español de Remor y Carrobles (2001), con un alfa de Cronbach global de
.79 y una varianza explicada de 55.8%.
b) Escala de afrontamiento hacia la adherencia: Instrumento de 20 reactivos auto-aplicables en
escala tipo Likert: 0= No, de ninguna manera; 1= en alguna medida; 2= generalmente,
usualmente; 3= siempre, en gran medida, validada en población mexicana por Flores Mendoza
(2024), con un alfa de Cronbach global de .92 y una varianza explicada de 45%.
c) Escala de adherencia terapéutica para pacientes con enfermedades crónicas. Instrumento de 24
reactivos auto aplicables, con tres opciones de respuesta que van del 1-3, que toma en
consideración que ante los puntajes entre 24 a 48 un mayor riesgo de no adherencia, en
comparación a la puntuación de 49-72 refiriendo una mayor posibilidad de adherencia. Validada
por Soria, Vega y Nava (2009) con un alfa de Cronbach global de .91 y una varianza explicada de
41.1%.
Procedimiento
Se contactó a pacientes con diagnóstico de dislipidemia o cardiopatía isquémica con los criterios de
inclusión, para la proporción del consentimiento informado, explicando el procedimiento y objetivos
del estudio aprobado por el comité local de Investigación, Ética y Bioseguridad con número de
registro 4632020. Se llevó a cabo la recolección de datos a través de Google Forms en un aproximado
de 30 minutos por sesión. Dicho proceso se realizó de acuerdo a los principios éticos establecidos en
el código ético del psicólogo, referente en especial a los artículos 8, 9, 12, 15, 16, 17, 18 y 49, que
expresan los procedimientos a la investigación con sujetos humanos (Sociedad Mexicana de
Psicología, 2007).
pág. 7119
Análisis de datos
Se emplearon medidas de tendencia central y dispersión para caracterizar las muestras del estudio,
utilizando media, desviación estándar y rango para variables continuas, y frecuencias y porcentajes
para variables categóricas. Posteriormente, se aplicó la correlación de Pearson para evaluar las
relaciones entre el estrés percibido, el afrontamiento frente a la adherencia al tratamiento
farmacológico y la adherencia al tratamiento farmacológico. A continuación, se utilizó la prueba t de
Student para analizar las diferencias entre las variables de estudio en los grupos de dislipidemia y
cardiopatía isquémica. Considerando significativos los datos con un valor de p < 0.05.
RESULTADOS
Las siguientes tablas muestran las correlaciones entre las variables de estudio con pacientes que tienen
dislipidemia (Ver tabla 1) y los pacientes con cardiopatía isquémica (ver tabla 2)
Tabla 1 Correlaciones entre estrés percibido, afrontamiento en la adherencia al tratamiento y la
adherencia al tratamiento farmacológico en dislipidemia
1
2
1. Estés percibido
1
.058
2. Afrontamiento
1
3. Adherencia al tratamiento farmacológico
Nota: ** La correlación es significativa a .01
Tabla 2 Correlaciones entre estrés percibido, afrontamiento en la adherencia al tratamiento y la
adherencia al tratamiento farmacológico en cardiopatía isquémica
1
2
3
1. Estrés percibido
1
.-.021
.137**
2. Afrontamiento
1
.-0.19
3. Adherencia al tratamiento farmacológico
1
Nota: ** La correlación es significativa a .01
A continuación, se muestra la t de studen donde se comparan los grupos entre la dislipidemia y la
cardiopatía isquémica
pág. 7120
Tabla 3 T de student en pacientes con dislipidemia y pacientes con cardiopatía isquémica
Prueba de
Levene de
igualdad de
varianzas
Prueba t para la igualdad de medias
F
Sig.
t
gl
Sig.
(bilateral)
Diferencia
de medias
Diferencia
de error
estándar
95% de intervalo de
confianza de la
diferencia
Inferior
Superior
Adherencia al
tratamiento
Se asumen
varianzas
iguales
.312
.577
1.051
792
.294
.716
.681
-.621
2.053
No se asumen
varianzas
iguales
1.283
792.128
.200
.716
.558
-.379
1.012
Estrés
percibido
Se asumen
varianzas
iguales
.135
.713
-.365
792
.715
-.284
.777
-1.811
1.242
No se asumen
varianzas
iguales
.
-.302
505.612
.702
-.284
.743
-1.744
1.126
Afrontamiento
Se asumen
varianzas
iguales
9.066
.003
-1.537
779
.125
-194.62
126.62
-443.19
53.936
No se asumen
varianzas
iguales
-1.004
223.003
.316
-194.62
193.76
-576.37
107.12
DISCUSIÓN
El estudio comparó el estrés percibido, la adherencia al tratamiento farmacológico y los estilos de
afrontamiento entre pacientes con dislipidemia y cardiopatía isquémica. El análisis mediante la prueba
t de Student reveló que las varianzas en adherencia al tratamiento y estrés percibido son similares
entre ambos grupos, sugiriendo que la percepción del estrés y la adherencia al tratamiento no varían
significativamente según la gravedad de la enfermedad (Melo-Barbosa, 2018). Tanto los pacientes
con dislipidemia como con cardiopatía isquémica experimentan alteraciones en la regulación del
estrés debido a la activación crónica del sistema nervioso simpático, lo que afecta la salud
cardiovascular y la plasticidad neuronal (Chrousos, 2009; McEwen, 2016). Sin embargo, las
diferencias en los estilos de afrontamiento, aunque presentes, no son significativas para el tratamiento
pág. 7121
de la enfermedad cardiovascular, lo que sugiere que se necesita investigar más a fondo (Dimitrova,
2024). Además, en pacientes con cardiopatía isquémica, el estrés percibido se correlaciona
positivamente con la adherencia al tratamiento, indicando que el estrés puede actuar como eustrés que
motiva a los pacientes a seguir las recomendaciones médicas. La dislipidemia, al ser un factor
precursor de la cardiopatía isquémica, puede influir en esta dinámica, haciendo que el tratamiento sea
más urgente en pacientes con cardiopatía isquémica (Consejo General de Colegios Farmacéuticos,
2020). Estos hallazgos destacan la importancia de intervenciones conductuales y cognitivas para
mejorar la adherencia al tratamiento en ambas
CONCLUSIONES
Derivado de los resultados obtenidos el estudio concluye que las enfermedades cardiovasculares
además de ser de las principales causalidades de mortalidad, representan un desafío significativo en la
población mexicana, abarcando no solo aspectos físicos sino también cognitivos. Como lo es el estrés,
aunque presente, no necesariamente se convierte en algo perjudicial, ya que manejado de manera
óptima y apropiada puede actuar como un motivador para la adopción de comportamientos y
conductas más saludables, como lo es la adherencia al tratamiento farmacológico y la implementación
de hábitos de vida saludables, como el ejercicio y una dieta equilibrada. Ahora bien, la falta de
adherencia al tratamiento en esta población mexicana subraya la necesidad de investigaciones
adicionales para desarrollar intervenciones más efectivas; las cuales no solo sean a nivel conductual
como lo es la adquisición de hábitos, de ingesta de medicamento o de realización de actividad física,
sino también comprender la importancia de tener un enfoque cognitivo para identificar estos
componentes y el cómo la forma de percibir los pensamientos tiene relación con la forma en la que se
actúa. Por ello mismo estas intervenciones deben redefinir el enfoque tanto del tratamiento como del
manejo del estrés y el significado que se le puede dar, promoviendo así mejoras en la salud y la
calidad de vida para los pacientes que padecen de estas enfermedades.
Agradecimientos
Se agradece al programa de becas Posdoctorales de la Universidad Nacional Autónoma de México
UNAM, a la Dirección General de Asuntos del Personal Académico (DGAPA) y a la Facultad de
Estudios Superiores Zaragoza. Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.
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