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propuestas hasta ahora. En este sentido Espinosa, M, (2024) alude en su publicación “Calidad educativa:
antes y después de la crisis energética” que antes de la crisis energética el sistema de educación superior
ya enfrentaba desafíos como la falta de recursos, limitados cupos, dificultades en el acceso, deserción
educativa, desigualdad, poca inversión en tecnología y así poco a poco se han ido intensificando con el
paso de los años y por supuesto han repercutido directamente el proceso de enseñanza aprendizaje. Aún,
así, la educación superior tenía un respaldo sólido, lo cual permitía darle continuidad al proceso
educativo, a través de ambientes de aprendizaje presenciales y/o plataformas virtuales. Tras la crisis
energética, el poco respaldo que quedaba se fue limitando cada vez más, a tal punto en que los cortes
de energía han llegado a alcanzar apagones de hasta once horas al día en varias regiones del país,
interrumpiendo las clases, los horarios y las modalidades de estudio, además el acceso a los medios
tecnológicos es aún más desigual, profundizando esa brecha educativa (Espinosa, 2024). Esta falta de
confianza puede llevar a un desinterés por parte de los estudiantes en participar activamente en la vida
cívica y en la búsqueda de soluciones, afectando así su compromiso social y académico. La
comunicación ineficaz sobre los horarios de los cortes (donde un 25.4% se siente poco informado)
añade otra capa de frustración que podría ser mitigada con un enfoque más proactivo en la divulgación
de información. Como lo expresa diario El comercio en su columna informativa “Ciudadanos reportan
cambios inesperados en los horarios de corte de luz en Quito y Guayaquil”. Lo que a causado malestar
a nivel nacional debido a evidenciar la misma situación en otras ciudades del país (Comercio, 2024).
Además, la falta de acceso a recursos educativos cruciales, como internet y bibliotecas virtuales, pone
de manifiesto la necesidad de diversificar las fuentes de energía y explorar alternativas sostenibles. Un
69.5% de los estudiantes siente que los cortes limitan su acceso a estos recursos, lo que podría agravar
la desigualdad educativa existente. Como lo menciona Guapulema, K, (2024), en su investigación “La
brecha digital en la educación ecuatoriana: desafíos post pandemia” en donde los resultados revelan que
el 60% de los estudiantes no cuenta con dispositivos propios para su educación en línea, dependiendo
en su mayoría de teléfonos celulares con acceso limitado a internet. Además, el 45% de los encuestados
reportó dificultades en el manejo de plataformas educativas, lo que obstaculizó su aprendizaje
(Guapulema, 2024). La implementación de alternativas energéticas, como generadores o paneles
solares, podría ser una solución viable, aunque la mayoría de los encuestados (72.9%) no ha considerado