pág. 3423
Estos residuos pueden clasificarse en diferentes categorías según su origen y composición, entre ellos,
se encuentran los residuos orgánicos, que incluyen restos de comida y material vegetal; residuos
inorgánicos reciclables, como papel, cartón, vidrio, plásticos y metales; residuos inorgánicos no
reciclables, que abarcan materiales como cerámica y ciertos tipos de plásticos; y los residuos peligrosos,
que comprenden baterías, productos químicos y electrónicos en desuso (SEMARNAT, 2020). Dentro
de esta clasificación, los RSU representan una fracción significativa. Según Kaza et al. (2018), los RSU
comprenden desechos generados por hogares, comercios y otras fuentes no industriales, y su manejo
adecuado es fundamental para mitigar impactos ambientales y de salud pública. Esta categoría de
residuos incluye materiales como papel, cartón, plásticos, metales, vidrio y materia orgánica.
No obstante, la gestión tradicional de RSU ha sido predominantemente lineal, enfocándose en la
recolección, transporte y disposición final de los desechos, dejando de lado estrategias fundamentales
para una economía circular, como la reducción, reutilización y reciclaje (Jiménez, 2015). Un ejemplo
exitoso de transición hacia la economía circular es el caso de Xalapa, Veracruz, donde la
implementación de programas de educación ambiental y separación en origen ha permitido incrementar
las tasas de reciclaje en un 40% en los últimos cinco años. Además, la colaboración entre el sector
público, privado y organizaciones civiles ha impulsado la creación de centros de acopio y valorización
de residuos, reduciendo significativamente la cantidad de desechos enviados a disposición final
(Ayuntamiento de Xalapa, 2022). Esto ha generado una dependencia en rellenos sanitarios y basureros
a cielo abierto, aumentando los impactos negativos en el medio ambiente y limitando las oportunidades
de aprovechamiento de materiales reciclables. Por consiguiente, este tipo de gestión es conocida como
tradicional, la cual, por distintas razones, ha predominado en países en vías de desarrollo y en regiones
con recursos limitados, esto, debido a la falta de infraestructura, financiamiento y tecnologías adecuadas
(Gran & Bernache, 2018). En términos generales, en este modelo los municipios se encargan de
recolectar los desechos y trasladarlos a los sitios de disposición final sin procesos efectivos de
separación, por lo que, el principal destino de los residuos son los rellenos sanitarios a lo que se suma
que las iniciativas educativas y de sensibilización son limitadas, lo que reduce la colaboración activa de
la población en la separación de residuos (Ortiz & Contreras, 2022).