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INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL MANEJO
DEL BURNOUT EN PROFESIONALES DE LA
SALUD
EMOTIONAL INTELLIGENCE IN MANAGING BURNOUT IN
HEALTHCARE PROFESSIONALS
Edgar Jonatán García Borja
Universidad Técnica de Machala
Danna Dennis Garay Largo
Universidad Técnica de Machala UTMACH, Ecuador
Verónica María Gia Chuchuca
Universidad Técnica de Machala UTMACH, Ecuador
Gyslaine Madelaine Montalvo Peñarreta
Universidad Técnica de Machala UTMACH, Ecuador
Ninfa Coromoto Moreno Moreno
Investigador Independiente
pág. 6122
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i4.19233
Inteligencia emocional en el manejo del Burnout en profesionales de la
salud
Edgar Jonatán Gara Borja1
egarcia@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0001-8600-9625
Facultad de ciencias Químicas y de la Salud
Universidad Técnica de Machala
Danna Dennis Garay Largo
dgaray3@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-9143-1974
Facultad de Ciencias Químicas y de la Salud
Carrera de Psicología Clínica
Universidad Técnica de Machala UTMACH
Machala, Ecuador
Verónica María Gia Chuchuca
vgia2@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0007-8743-4133
Facultad de Ciencias Químicas y de la Salud
Carrera de Psicología Clínica
Universidad Técnica de Machala UTMACH
Machala, Ecuador
Gyslaine Madelaine Montalvo Peñarreta
gmontalvo2@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0008-1417-9706
Estudiante
Facultad de Ciencias Químicas y de la Salud
Carrera de Psicología Clínica
Universidad Técnica de Machala UTMACH
Machala, Ecuador
Ninfa Coromoto Moreno Moreno
ninfacdj@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-3257-4378
Investigador Independiente
RESUMEN
Esta revisión sistemática analiza la relación entre la inteligencia emocional y la presencia de burnout en
profesionales de la salud mental. La metodología incluyó la búsqueda exhaustiva en bases de datos
académicas relevantes, seleccionando estudios publicados en los últimos años que abordaron la
asociación entre ambas variables en este colectivo. Los estudios revisados evidencian que las
competencias emocionales, como la autoconciencia, la autorregulación emocional y la empatía,
constituyen factores protectores frente al desarrollo del burnout, que se caracteriza por agotamiento
emocional, despersonalización y disminución de la percepción de logro personal. La evidencia señala
que el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales puede contribuir a reducir los niveles de
estrés laboral, mejorar el bienestar psicológico y promover un clima laboral más saludable. La
incorporación de intervenciones dirigidas al desarrollo de competencias emocionales resulta
fundamental para prevenir el ndrome de burnout en este colectivo. En conclusión, potenciar la
inteligencia emocional en profesionales de la salud es una estrategia efectiva para mejorar su salud
mental y la calidad de atención que brindan.
Palabras clave: inteligencia emocional, burnout, salud, autoconciencia emocional, autorregulación
emocional
1
Autor principal
Correspondencia: egarcia @utmachala.edu.ec
pág. 6123
Emotional intelligence in managing burnout in healthcare professionals
SUMMARY
This systematic review analyzes the relationship between emotional intelligence and the presence of
burnout in mental health professionals. The methodology included an exhaustive search of relevant
academic databases, selecting studies published in recent years that addressed the association between
both variables in this group. The studies reviewed show that emotional competencies, such as self-
awareness, emotional self-regulation, and empathy, are protective factors against the development of
burnout, which is characterized by emotional exhaustion, depersonalization, and a decreased sense of
personal accomplishment. The evidence indicates that strengthening social-emotional skills can
contribute to reducing levels of work stress, improving psychological well-being, and promoting a
healthier work environment. The incorporation of interventions aimed at developing emotional
competencies is essential to prevent burnout syndrome in this group. In conclusion, enhancing emotional
intelligence in healthcare professionals is an effective strategy for improving their mental health and the
quality of care they provide.
Keywords: emotional intelligence, burnout, health, emotional self-awareness, emotional self-regulation
Artículo recibido 20 julio 2025
Aceptado para publicación: 20 agosto 2025
pág. 6124
INTRODUCCIÓN
La presente investigación analiza el vínculo entre la inteligencia emocional y el manejo del burnout en
profesionales de la salud mental, quienes han experimentado altos niveles de agotamiento desde la
pandemia, alcanzandoun 45% en 2022 (Lin et al., 2023). Se destaca la importancia de fortalecer
habilidades emocionales para enfrentar la sobrecarga laboral sin comprometer el bienestar psicológico
ni la calidad del trabajo clínico. La autoconciencia emocional se presenta como una herramienta clave
para evitar el abandono profesional y mejorar la adaptación frente a situaciones estresantes.
El estudio aborda también cómo el desarrollo de estrategias de autocuidado contribuye a prevenir el
burnout. Según González et al. (2025), un mayor conocimiento sobre estas conductas favorece la
preparación para contextos imprevistos. La falta de inteligencia emocional puede generar consecuencias
graves como insomnio, desconexión emocional y errores diagnósticos, afectando tanto al terapeuta
como al paciente. Por ello, se enfatiza la necesidad de incluir herramientas de gestión emocional en la
formación profesional, más allá de las técnicas terapéuticas convencionales.
En línea con esto, Castañeda et al. (2021) afirman que las habilidades socioemocionales son esenciales
para el éxito clínico, ya que fortalecen la empatía y la calidad de las intervenciones. La investigación
promueve la integración de estas competencias en los programas educativos de psicología, recordando
que el burnout no es un fracaso individual, sino un reflejo de fallas en el sistema (Maslach y Jackson,
1981). Al potenciar la autoconciencia emocional, se logra un entorno laboral más estable, con
profesionales más resilientes y comprometidos con su labor.
Finalmente, se espera que este estudio beneficie directamente a los psicólogos clínicos, mejorando su
bienestar y el de sus pacientes. A través del análisis de variables como el estrés, la resiliencia y el apoyo
social, se identificarán patrones relevantes para diseñar intervenciones efectivas y contextualizadas. Así,
se contribuye a optimizar la calidad del servicio de salud mental, fortalecer el sistema sanitario y abrir
nuevas líneas de investigación sobre la gestión emocional en contextos clínicos exigentes.
El ser humano suele caracterizarse por su capacidad para razonar y adaptarse a distintas situaciones.
Estas habilidades, además, se derivan de las experiencias propias, las cuales enriquecen el bagaje de
cada individuo. A partir de estas vivencias, una de las habilidades que se pueden desarrollar y potenciar
es la inteligencia emocional (IE), pues ella es la capacidad de percibir y comprender las propias
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emociones y las de los demás, utilizar esas emociones en la toma de decisiones y resolver problemas,
así como regularlas adecuadamente. Constituye la base del funcionamiento adaptativo y se desarrolla
mediante vínculos afectivos positivos. También, el fortalecimiento de la inteligencia emocional no solo
mejora la estabilidad emocional personal, sino, favorece las relaciones interpersonales y la salud mental,
facilitando un mejor manejo del estrés y promoviendo un crecimiento emocional saludable (Shah et al.,
2025).
Por ello, Angrita et al (2020) considera a la inteligencia emocional (IE) como esencial para el desarrollo
personal y profesional, ya que permite gestionar las emociones propias y de los demás, facilitando
mejores relaciones y decisiones. Este conocimiento emocional mejora la autoestima, reduce la ansiedad
y contribuye a un estado de ánimo positivo. Además, al comprender y regular las emociones, se fortalece
la resiliencia y se promueve un equilibrio emocional que favorece el crecimiento en diferentes ámbitos
de la vida. La integración de la inteligencia emocional con la actividad física potencia aún más estos
beneficios, promoviendo una actitud más saludable y adaptativa.
En el campo de la salud mental, la IE cumple un rol fundamental, pues permite identificar, comprender
y regular sus propias emociones y las de los demás. Esta competencia favorece la empatía, el vínculo
terapéutico y la toma de decisiones clínicas acertadas. Una alta inteligencia emocional se asocia con
mejores habilidades de afrontamiento, mayor bienestar psicoemocional y una intervención más eficaz
ante el malestar psicológico. Su desarrollo fortalece la capacidad para enfrentar situaciones estresantes,
evitar el desgaste profesional y ofrecer una atención más humana, ética y centrada en la persona
(Martínez et al., 2023).
La inteligencia emocional (IE) no solo ayuda a mejorar la atención que brindan los profesionales, sino
también a ellos mismos. Es importante para el bienestar de los psicólogos y otros profesionales de la
salud mental, pues facilita el autoconocimiento, la empatía y la capacidad de escuchar de manera activa,
que son aspectos clave en su trabajo. Además, les permite adaptarse mejor a los cambios y manejar
situaciones emocionales difíciles en la práctica clínica. Desarrollar habilidades emocionales les ayuda a
mantener su equilibrio personal, mejorar la relación con sus pacientes y enfrentar los desafíos que surgen
en su labor, haciendo su ejercicio más ético, efectivo y satisfactorio (Castillo et al., 2021).
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En contextos clínicos complejos, Reyes et al. (2023) mencionan que los profesionales de la salud
enfrentan situaciones emocionalmente demandantes que requieren un manejo adecuado del estrés y una
regulación emocional eficaz. La exposición constante al sufrimiento, la toma de decisiones críticas y la
presión asistencial pueden generar desgaste psicológico si no se desarrollan estrategias para afrontar
estas exigencias. La capacidad de identificar, comprender y modular las propias emociones permite
responder con mayor equilibrio ante situaciones adversas, evitando reacciones impulsivas o
desbordadas. Por consiguiente, la autorregulación emocional favorece un ambiente laboral más estable
y mejora la calidad de las intervenciones clínicas, ya que permite una comunicación empática y centrada
en el paciente.
De igual forma, estos ambientes permiten que la inteligencia emocional se vuelve una herramienta clave
en la toma de decisiones. Los profesionales de la salud que poseen un mayor dominio de sus emociones
pueden evaluar con mayor claridad las situaciones, mantener la calma ante eventos inesperados y elegir
respuestas más acertadas. Esta capacidad no solo permite un mejor juicio clínico, sino que también
reduce la influencia de emociones desbordadas en el razonamiento. La regulación emocional, el uso
consciente de los propios estados afectivos y la sensibilidad hacia las emociones de otros optimizan el
desempeño profesional en momentos críticos y favorecen intervenciones más seguras y empáticas
(Hernández et al., 2021).
Así, durante la formación en carreras de salud, Nieto et al. (2023) señala que el entrenamiento en
inteligencia emocional representa un recurso esencial para el desarrollo de competencias académicas y
profesionales. La educación emocional favorece el bienestar psicológico, la motivación intrínseca y la
utilización de estrategias cognitivas eficaces, factores que contribuyen significativamente al éxito
formativo. Los estudiantes que fortalecen estas habilidades presentan una mayor disposición al
aprendizaje autónomo, regulan mejor sus emociones frente al estrés académico y adoptan estrategias
metacognitivas más eficaces. Esto demuestra que integrar el entrenamiento emocional en los programas
educativos no solo mejora el rendimiento académico, sino que también fortalece el desarrollo integral
de futuros profesionales de la salud.
Entonces, el liderazgo en equipos de salud es esencial para garantizar una atención de calidad y
promover un entorno de trabajo armonioso. Además, la inteligencia emocional desempeña un papel
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clave en este ámbito, ya que facilita la gestión de las propias emociones y fomenta la empatía hacia los
demás. Así, se mejora la comunicación efectiva y la resolución de conflictos, aspectos esenciales para
fortalecer la cohesión del equipo. En consecuencia, un líder que cultiva habilidades de inteligencia
emocional contribuye a crear un ambiente de confianza y colaboración, impulsando así la mejora
continua del rendimiento y el bienestar tanto del personal como de los pacientes (Cabrera y Polania,
2023).
Durante las crisis sanitarias, la comunicación efectiva se vuelve crucial, ya que influye en la percepción
y en las respuestas emocionales de los pacientes y del personal sanitario. La inteligencia emocional, por
su parte, permite gestar respuestas adecuadas ante situaciones de alta tensión y vulnerabilidad,
facilitando la empatía y el entendimiento mutuo. La gestión emocional contribuye a reducir el estrés y
favorece la claridad en la transmisión de información, lo que es vital en momentos de incertidumbre.
Además, el desarrollo de habilidades emocionales en los profesionales de salud mejora la calidad del
cuidado, fortaleciendo la confianza y promoviendo un ambiente de atención más humanizado y
resiliente frente a las crisis (Prieto et al., 2022).
A ello, Fernández y Sánchez (2023) relacionan la inteligencia emocional (IE), la resiliencia y la empatía
en eventos traumáticos o pérdidas, ya que es fundamental para afrontar situaciones adversas. Pues, la IE
ayuda a gestionar las emociones propias, promoviendo respuestas adaptativas y fortaleciendo la
resiliencia frente a los desafíos. También, la empatía permite comprender las experiencias y sentimientos
de los demás, facilitando apoyos efectivos en momentos difícil, favoreciendo la recuperación emocional.
En contextos traumáticos, un alto nivel de estas habilidades reduce el impacto psicológico, fomenta la
empatía en la atención.
De forma que, en situaciones éticamente desafiantes, la IE es crucial para tomar decisiones responsables
y equilibradas. Permite a los profesionales de la salud gestionar sus propias emociones y mantener la
calma, favoreciendo la reflexión racional frente a dilemas complejos. Además, facilita la empatía y la
comprensión de distintas perspectivas, lo que contribuye a resolver conflictos éticos de manera
respetuosa y ética. La habilidad de reconocer y regular las emociones en estos contextos ayuda a
fortalecer la integridad y la coherencia en las acciones, promoviendo decisiones que respetan los valores
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y derechos de los pacientes y del equipo de salud, incluso en circunstancias difíciles (Klimenko et al.,
2025).
La relación con el estrés se puede definir como un proceso que se desencadena cuando el individuo
percibe una situación como amenazante o desbordante frente a sus recursos adaptativos,
comprometiendo su bienestar, por lo tanto, puede considerarse positivo en cierto porcentaje, cuando se
logran resultados favorables; sin embargo, la presencia excesiva de ello puede ser negativo, al extremo
de ser perjudicial para la salud. Se puede considerar que actúa como variable independiente al
considerarse una condición ambiental, y como variable dependiente cuando se aborda como una
respuesta psicofisiológica del sujeto (Zapata, 2021).
Los altos niveles de estrés generalmente provienen por el ámbito laboral, como variable independiente
o dependiente muestra relaciones significativas entre el agotamiento y la insatisfacción de logro con
dimensiones de riesgo alto, como las características de liderazgo, las relaciones sociales en el trabajo, la
consistencia del rol, las recompensas organizacionales, y el reconocimiento y compensación. Asimismo,
según estudios se observa que la influencia del trabajo de psicólogos en el entorno extralaboral y las
demandas de la jornada laboral se correlacionan exclusivamente con la despersonalización, reforzando
así el impacto negativo del estrés crónico cuando excede los umbrales adaptativos (Martínez y
Sarmiento, 2023).
Es importante resaltar que ninguno de los participantes presen niveles críticos de Burnout. Este
resultado podría estar vinculado con su formación académica, ya que, al ser profesionales en psicología,
probablemente disponen de herramientas y recursos personales para enfrentar el estrés laboral. Su
conocimiento sobre el manejo emocional y las estrategias de afrontamiento puede funcionar como un
elemento protector. Esto les permitiría gestionar de forma más saludable las demandas del entorno
ocupacional. La preparación profesional, en este sentido, actúa como un amortiguador ante el desgaste.
Por tanto, su especialización puede influir positivamente en la prevención del agotamiento. (Valdés et
al., 2020, como se citó en Martínez y Sarmiento, 2023).
Mientras que, entre los estudios de Gómez et al., (2022) los hallazgos mostraron niveles elevados de
agotamiento emocional y despersonalización entre los participantes. No obstante, los indicadores
relacionados con el estrés físico, psicológico y social se mantuvieron en niveles bajos. Esta aparente
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contradicción sugiere la presencia de factores específicos que influyen en estas dimensiones del
bienestar laboral. Además, se identificaron diferencias relevantes según ciertas características
sociodemográficas, entre ellas destacan los años de trayectoria profesional, el tiempo transcurrido desde
la obtención del título y la modalidad del contrato laboral. Estos factores parecen incidir directamente
en la experiencia de desgaste emocional en el ámbito laboral.
Los resultados mostraron una relación significativa entre el agotamiento emocional, la sensación de
realización personal y los síntomas relacionados con el estrés en el entorno laboral. Este hallazgo indica
que un aumento en los signos psicológicos podría estar asociado a una mayor percepción de estrés y a
la aparición del síndrome de Burnout. Sin embargo, la presencia de ciertos factores protectores puede
ayudar a mitigar estos efectos adversos. Entre dichos factores se encuentran diversas variables
sociodemográficas, así como aspectos vinculados con la formación académica y la experiencia
profesional. Estos elementos pueden actuar como amortiguadores frente al impacto negativo del estrés
prolongado (Gómez et al., 2022).
En los últimos años, la creciente carga laboral que enfrentan los psicólogos ha evidenciado la necesidad
de implementar estrategias de autocuidado que favorezcan su bienestar integral y les permitan gestionar
de forma consciente su salud física y emocional. Estas prácticas resultan fundamentales para afrontar el
desgaste profesional, sin embargo, en el contexto español aún no se dispone de un instrumento
debidamente adaptado que evalúe dichas estrategias. Ante esta carencia, la presente investigación se
propone adaptar la Escala de Autoevaluación de Autocuidado para Psicólogos, con el objetivo de brindar
una herramienta válida y pertinente para su aplicación en esta población (Garrido et al., 2022).
Comprender en mayor profundidad la relevancia de las conductas de autocuidado en relación con las
dimensiones del burnout, especialmente en contextos como la pandemia y el confinamiento, puede
contribuir al diseño de intervenciones o guías aplicables en futuras crisis similares, fortaleciendo así la
preparación de los profesionales de la psicología para enfrentar estas situaciones. En este sentido, se
recomienda que dichos profesionales incluyan en su rutina actividades recreativas con colegas, la
práctica regular de ejercicio físico, una alimentación equilibrada, así como espacios de esparcimiento
con familiares y amigos, promoviendo también el sentido del humor como recurso protector (González
et al., 2025).
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Por otra parte, los médicos que presentan un alto grado de atención plena tienden a estar más enfocados
en el aquí y ahora, muestran mayor compasión y aceptación, y cuentan con mejores estrategias para
regular sus emociones. Esta capacidad para manejar adecuadamente las emociones negativas contribuye
a generar efectos beneficiosos adicionales, haciéndolos sentir más seguros y con mayor vitalidad en su
entorno laboral, lo cual disminuye el riesgo de agotamiento. Integrar prácticas de atención plena tanto
en la rutina diaria como en el ámbito profesional puede favorecer la concentración, elevar la calidad de
vida y mejorar el desempeño, reduciendo así los niveles de desgaste emocional (Huang et al.,2025).
Entre otras investigaciones, los datos de especialistas en formación de medicina y psicología clínica
sugieren que los residentes de Asturias enfrentan una situación comparable a la del resto de residentes
del país. El modelo formativo vigente se enfoca principalmente en la teoría y en la actividad asistencial,
así como en la disminución de las listas de espera, dejando de lado, a pesar de la evidencia existente, la
importancia de atender aspectos emocionales, la autonomía y el manejo de relaciones interpersonales,
fundamentales para el desarrollo integral de los futuros profesionales. En consecuencia, los residentes
deben afrontar no solo los desafíos propios de su elección vocacional, sino también los derivados de un
sistema formativo que descuida estas dimensiones (Rionda et al., 2021).
La pandemia de COVID-19 generó preocupaciones significativas sobre la salud mental de los
profesionales de la salud, especialmente los psicólogos. Los resultados muestran la carga emocional que
enfrentaron, lo que resalta la necesidad urgente de brindar apoyo psicológico específico. Evaluar su
bienestar tras la fase crítica permite proponer intervenciones adecuadas en el entorno laboral. También
se destaca la importancia de reformas estructurales que fortalezcan los sistemas de salud mental. Es
fundamental reconocer a los psicólogos como cuidadores y personas vulnerables. Esto facilitará
intervenciones inclusivas y adaptadas. Además, se deben considerar factores como género, experiencia
y pertenencia a grupos vulnerables (Sanabria et al., 2025).
La inteligencia emocional (IE) ha sido ampliamente reconocida como un recurso clave en la prevención
del síndrome de burnout (BO) en profesionales de la salud. En un estudio realizado con médicos de
Atención Primaria, se encontró que una mayor competencia emocional se relaciona con menores niveles
de agotamiento, despersonalización y baja realización personal. En otras palabras, los médicos con
habilidades para identificar, comprender y regular sus emociones tienen menor probabilidad de
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desarrollar burnout (Yebra et al., 2020). Este hallazgo sugiere que las intervenciones orientadas al
fortalecimiento emocional podrían reducir el impacto del estrés ocupacional en el personal sanitario.
Además, se ha observado que los profesionales con altos niveles de agotamiento emocional tienden a
tener dificultades para mantener un adecuado funcionamiento emocional. Según Yebra et al. (2020), los
médicos con niveles elevados de agotamiento y despersonalización mostraron puntuaciones más bajas
en atención, claridad y regulación emocional. Esto indica que el deterioro emocional está estrechamente
vinculado a una disminución en las capacidades emocionales esenciales para afrontar la práctica clínica.
La evidencia apunta a que la sobrecarga emocional prolongada interfiere directamente en el
procesamiento y manejo efectivo de las propias emociones.
También se ha evidenciado una relación significativa entre la inteligencia emocional y el burnout. Kuok
(2022) halló que el control emocional, específicamente la capacidad de autorregularse, predice de
manera negativa la despersonalización y la disminución del logro personal. Es decir, quienes poseen un
mayor dominio emocional son menos propensos a adoptar actitudes frías o distantes y a sentirse
ineficaces en el desempeño de su labor. Esto resalta el valor del entrenamiento emocional en la
prevención del deterioro psicológico de los trabajadores de la salud.
Asimismo, este autor destaca que otras dimensiones de la inteligencia emocional, como la capacidad
de comprender a los demás, también desempeñan un papel protector. En su estudio, se encontró que
entender las emociones ajenas se asocia con una mejor valoración del logro personal, mientras que el
autocontrol reduce la despersonalización (Kuok, 2022). Estos hallazgos refuerzan la idea de que el
desarrollo de habilidades emocionales puede ser clave para preservar la salud mental en entornos
laborales altamente demandantes. Por tanto, promover la IE en programas de formación médica se
vuelve una estrategia preventiva esencial.
Complementando esta perspectiva, Hidalgo Jurado et al. (2023) encontraron en su estudio con personal
sanitario ecuatoriano que aquellos con mayores niveles de inteligencia emocional presentaron menos
síntomas de burnout y depresión. Esta correlación negativa sugiere que el desarrollo de habilidades
emocionales puede actuar como un factor protector ante el agotamiento profesional. Además, los autores
recomiendan la implementación de estrategias tanto individuales como organizacionales que fortalezcan
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estas habilidades, promoviendo así la salud mental en contextos clínicos. La inteligencia emocional, por
tanto, no solo es relevante en la relación con el paciente, sino también en el autocuidado profesional.
Por su parte, Hernández y Gómez (2022), resaltan que el síndrome de burnout afecta negativamente la
percepción emocional de los servidores públicos, lo que repercute en la identificación y regulación de
las propias emociones. Esto genera un ciclo donde el agotamiento impide procesar adecuadamente el
estrés, afectando tanto el rendimiento como el bienestar del profesional. En consecuencia, el
fortalecimiento de la inteligencia emocional no solo se vuelve recomendable, sino necesario para romper
esta dinámica. La gestión emocional eficiente permite a los profesionales sostener su práctica sin
comprometer su salud mental.
Diversos autores han señalado que el desarrollo de habilidades socioemocionales resulta crucial para
manejar el estrés y evitar el agotamiento, ya que estas competencias permiten una mejor autorregulación,
resiliencia y establecimiento de relaciones saludables, contribuyendo así a un entorno laboral más
saludable y a una prevención efectiva del burnout (Sanmartín y Tapia, 2023; Arace et al., 2021, como
se citó en Benítez et al., 2024). Además, la adquisición de estas habilidades favorece la satisfacción
laboral, fortalece el bienestar emocional y promueve un compromiso más activo con los espacios de
trabajo, aspectos fundamentales para mantener la salud mental en profesiones de alta exigencia.
Se plantea que el síndrome de burnout puede reducirse si se interviene sobre factores organizacionales
como la mala distribución de funciones, los turnos laborales extenuantes y las relaciones laborales
deterioradas. Las investigaciones señalan que los trabajadores con mayor carga física y emocional
tienden a presentar niveles más altos de agotamiento y ntomas de despersonalización. Esto sugiere que
no basta con atender las consecuencias, sino que deben rediseñarse las condiciones del entorno laboral
para que el personal pueda desempeñarse sin comprometer su salud mental (Batanda, 2024).
Una de las recomendaciones más destacadas es que los hospitales adopten herramientas estandarizadas
como el Copenhagen Burnout Inventory, lo cual facilitaría la detección temprana de niveles críticos de
agotamiento. La falta de instrumentos sistemáticos impide cuantificar el problema y tomar decisiones
basadas en evidencia. Además, se menciona que la cultura institucional debe fomentar la empatía entre
colegas y la comunicación horizontal, ya que estos factores actúan como protectores ante el estrés. De
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esta forma, el bienestar del personal se convierte en una prioridad estratégica para el sistema de salud
(Batanda, 2024).
METODOLOGÍA
Una revisión sistemática es un tipo de investigación científica que consiste en reunir toda la información
disponible relacionada con un tema o pregunta específica. Su propósito principal es ofrecer un resumen
completo y objetivo de diversos estudios pertinentes en un solo documento, aplicando métodos claros y
rigurosos. Estos procedimientos se seleccionan cuidadosamente para reducir posibles sesgos,
garantizando así resultados más confiables que permitan sacar conclusiones fundamentadas y apoyar la
toma de decisiones (Universidad de Navarra, 2023).
En este sentido, la presente revisión sistemática tuvo como objetivo identificar y analizar estudios
científicos relacionados con la inteligencia emocional y su implicación en el manejo del síndrome de
burnout en profesionales de la salud. Para ello, se realizó una búsqueda estructurada y exhaustiva en
diversas bases de datos científicas y repositorios académicos reconocidos.
Las bases de datos y fuentes utilizadas fueron las siguientes:
EBSCOhost
Scopus
Web of Science
SciELO
Redalyc
Google Académico
ResearchGate
Revista Ecuatoriana de Psicología
Estas plataformas se seleccionaron por su relevancia en el ámbito de las ciencias de la salud y la
psicología, así como por su acceso a literatura académica revisada por pares.
Para optimizar la búsqueda de información, se emplearon conectores booleanos, los cuales permiten
combinar términos de forma lógica y precisa es decir se emplearon como palabras clave los términos:
"burnout", "psicólogos", "inteligencia emocional", "profesionales de la salud" y "psicología clínica",
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utilizando los operadores booleanos AND y OR para ampliar o acotar los resultados. La búsqueda se
realizó en idioma español, priorizando los estudios con enfoque clínico.
Inicialmente, se identificaron 51 artículos relacionados con el tema. Tras la lectura de títulos y
resúmenes, se descartaron aquellos que no presentaban relación directa con el objetivo de la revisión.
Se seleccionaron preliminarmente 10 artículos de EBSCOhost y 3 de la Revista Ecuatoriana de
Psicología. Posteriormente, se aplicaron los criterios de inclusión y exclusión para afinar aún más la
muestra. Teniendo en cuenta todos los elementos de exclusión utilizados, se rechazaron 48 artículos y
solo se consideraron tres que cumplían completamente con los objetivos y variables de la revisión.
Debido a la baja cantidad de estudios específicos que cumplían con los criterios establecidos, se procedió
con una segunda búsqueda en la base de datos Scopus, lo que permitió identificar 5 artículos adicionales
relacionados con las variables de interés, los cuales fueron incluidos en el análisis final.
Además, se complemen la revisión con una búsqueda manual en Google Académico, donde se
localizaron artículos que incluyeron los términos “inteligencia emocional” en “psicólogos clínicos”, y
se incorporaron resultados encontrados en Scielo (2 artículos), ResearchGate (2 artículos), Redalyc (4
articulos) y Web of Science (2 artículos).
Finalmente, se incluyó un total de 10 estudios que cumplían con los criterios metodológicos y temáticos
de esta revisión, los cuales analizan las relaciones entre el burnout y la inteligencia emocional en el
contexto de los profesionales de la salud.
Criterios de inclusión:
Artículos publicados en español.
Estudios empíricos o de revisión relacionados con profesionales de la salud
Publicaciones entre los años 2020 y 2024
Estudios que abordaran la inteligencia emocional y/o el ndrome de burnout de forma explícita.
Criterios de exclusión:
Artículos duplicados, ensayos sin revisión por pares, estudios centrados en población no clínica
o fuera del ámbito de la salud.
Publicaciones que no aportaran datos empíricos o evidencia directa sobre las variables en
estudio.
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RESULTADOS
La inteligencia emocional (IE) es la habilidad blanda que se ha identificado como recurso fundamental
para los profesionales de la salud como prevención del síndrome de burnout. Se ha observado que una
mayor competencia emocional está correlacionada con niveles más bajos de agotamiento,
despersonalización y una percepción de baja realización personal, es decir los profesionales con
habilidades que les permite comprender, expresar y regular sus emociones de manera efectiva, tanto
consigo mismos como en los demás, son menos propensos a desarrollar burnout. De la misma manera,
el control emocional, específicamente la capacidad de autorregulación, predice la despersonalización y
el logro personal, según sus niveles.
Por ende, con mayor dominio emocional presentan menor posibilidad a adoptar actitudes distantes y a
sentirse ineficaces en su labor, además, otras dimensiones de la inteligencia emocional como la
capacidad de comprender a los demás, también desempeñan un papel protector. Entender las emociones
ajenas se asocian una mejor valoración de logro personal, mientras que el autocontrol reduce la
despersonalización. Estos hallazgos resaltan que el desarrollo de habilidades emocionales es clave para
preservar la salud mental en entornos laborales exigentes.
La carencia de inteligencia emocional puede generar consecuencias graves como insomnio, desconexión
emocional y errores diagnósticos, por lo tanto, afecta tanto al profesional como al paciente. Por ello, se
enfatiza la necesidad de impartir conocimiento sobre las herramientas de gestión emocional durante la
formación profesional, más allá de tan solo técnicas terapéuticas convencionales.
Se observa una tendencia de altos niveles de agotamiento en profesionales de la salud alcanzando un
45% en 2022. Algunos factores como la exposición constante al sufrimiento, la toma de decisiones
críticas y la presión asistencial pueden generar desgaste psicológico no se desarrollan estrategias de
afrontamiento. El síndrome de burnout afecta negativamente la percepción emocional de los servidores
públicos, repercutiendo en la identificación y regulación correcta de sus propias emociones, lo que
genera un ciclo, en el cual el agotamiento impide procesar adecuadamente el estrés.
Es importante destacar que, en uno de los estudios, ningún participante presentó niveles críticos de
burnout, lo cual podría estar vinculado a su profesión académica en psicológico, el entrenamiento en
inteligencia emocional representa un recurso esencial para el desarrollo de competencias académicas y
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profesionales, favoreciendo el bienestar psicológico, la motivación intrínseca y la utilización de
estrategias cognitivas eficaces.
Por otro lado, la integración de la inteligencia emocional con la actividad física también potencia los
beneficios, promoviendo una actitud más saludable y adaptativa. Se recomienda que los profesionales
incluyan en su rutina actividades recreativas conp colegas, ejercicio físico, alimentación equilibrada y
espacios de esparcimiento con familiares y amigos, promoviendo el sentido del humor como recurso
protector.
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DISCUSIÓN
Los resultados muestran que la inteligencia emocional es un recurso clave para los profesionales de la
salud, ya que su desarrollo ayuda a reducir el riesgo de burnout al mejorar la autorregulación y la
comprensión emocional, tanto propias como ajenas. Una mayor competencia emocional se asocia con
menos agotamiento, despersonalización y mayor percepción de logro personal, contribuyendo a una
mejor salud mental en entornos laborales exigentes. Estos hallazgos subrayan la importancia de incluir
la formación en gestión emocional en programas profesionales, ya que fortalecer estas habilidades
promueve el bienestar, previene errores y mejora la calidad del cuidado, beneficiando a profesionales y
pacientes.
Los autores coinciden en destacar el papel fundamental de la inteligencia emocional (IE) en la
prevención del burnout en profesionales de la salud, aunque con enfoques distintos. Por ejemplo, Kuok
(2022) y Yebra et al. (2020) subrayan cómo el autocontrol y la autorregulación emocional reducen
significativamente la despersonalización y el agotamiento, señalando una relación directa entre
habilidades emocionales y menor riesgo de burnout. Mientras tanto, Hidalgo et al. (2023) amplían esta
visión al señalar que una mayor IE no solo disminuye el agotamiento, sino también los síntomas
depresivos, recomendando intervenciones tanto individuales como organizacionales.
Por otra parte, autores como González et al. (2025) y Garrido et al. (2022) centran su atención en el
autocuidado como estrategia clave para prevenir el agotamiento profesional, resaltando su vínculo con
la inteligencia emocional. En otro ángulo, Castañeda et al. (2021) y Cabrera y Polanía (2023) señalan
que las habilidades socioemocionales fortalecen el vínculo terapéutico y el liderazgo en entornos
clínicos, promoviendo la empatía, la cohesión del equipo y una mejor calidad en la atención. Estas
habilidades contribuyen además a un clima de trabajo más colaborativo y a la mejora en los resultados
clínicos, consolidando la importancia de la inteligencia emocional como un componente esencial en la
formación y práctica profesional.
Se destaca la importancia de fortalecer la inteligencia emocional en profesionales de la salud mental
para prevenir el burnout y mejorar la calidad del trabajo clínico. Se resalta que habilidades como la
autorregulación y la empatía contribuyen a reducir el estrés, mantener el bienestar psicológico y
promover la resiliencia. Además, la integración de estrategias de autocuidado en la formación
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profesional y en las instituciones de salud es fundamental para gestionar eficazmente las demandas
laborales y proteger la salud mental de los profesionales. En definitiva, la revisión evidencia que el
desarrollo de la inteligencia emocional es clave para enfrentar los desafíos en entornos de alta exigencia.
De acuerdo con ello, las implicaciones prácticas de la investigación resaltan la importancia de
implementar estrategias de autocuidado y desarrollo de habilidades emocionales en profesionales de la
salud mental. Promover la capacitación en inteligencia emocional ayuda a prevenir el burnout, mejorar
el rendimiento y fortalecer las relaciones interpersonales. Además, se recomienda adoptar instrumentos
estandarizados para detectar niveles de estrés y desgaste emocional, así como fomentar una cultura
organizacional basada en la empatía y la comunicación efectiva. Estas acciones contribuyen a mejorar
el bienestar del personal y la calidad de la atención clínica.
En este sentido, una de las principales limitaciones de este estudio radica en la revisión de la literatura,
ya que la diversidad y la cantidad de investigaciones disponibles sobre la inteligencia emocional en
profesionales de la salud mental son aún limitadas. Además, la mayoría de los estudios analizados son
de carácter transversal, lo que restringe la capacidad para establecer relaciones causales definitivas y
comprender mejor las dinámicas temporales y causales. Otra limitación importante es el sesgo potencial
debido a la variabilidad en las metodologías empleadas y las diferentes poblaciones estudiadas, lo que
puede afectar la generalización y aplicabilidad de los hallazgos en contextos diversos.
De cara a futuras investigaciones, para futuras investigaciones, se recomienda ampliar el enfoque
incluyendo estudios longitudinales que permitan analizar la evolución de la inteligencia emocional y su
impacto en la salud mental de los profesionales a lo largo del tiempo. Además, es importante explorar
diferentes contextos laborales y culturales para comprender mejor las variables que influyen en el
desarrollo de habilidades emocionales. Incorporar metodologías cualitativas también sería valioso para
captar las experiencias subjetivas de los profesionales. Finalmente, se sugiere diseñar intervenciones y
programas de capacitación específicos, evaluando su efectividad en la mejora del bienestar emocional.
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CONCLUSIONES
Luego de realizar el proceso de discusión, se obtiene como resultado final, un mayor dominio emocional
y la capacidad de comprender a los demás actúan como factores protectores frente al burnout en
profesionales de la salud. Estas habilidades permiten a los trabajadores gestionar mejor sus propias
emociones, mantener una actitud positiva y reducir la sensación de ineficacia y distanciamiento en su
labor. Además, otras dimensiones de la inteligencia emocional, como el autocontrol y la empatía,
contribuyen a disminuir la despersonalización y mejorar la valoración del logro personal. En conjunto,
estos resultados resaltan la importancia de desarrollar competencias emocionales para preservar la salud
mental en entornos laborales exigentes y evitar el agotamiento profesional.
Por ende, el valor agregado de este artículo radica en su enfoque integral sobre la relación entre la
inteligencia emocional y el burnout en profesionales de la salud. Destaca cómo diferentes dimensiones
de la inteligencia emocional, como el dominio emocional y la comprensión de los demás, actúan como
factores protectores, aportando evidencia empírica que refuerza la importancia de desarrollar
habilidades emocionales en entornos laborales exigentes. Además, ofrece una visión actualizada y
práctica, subrayando la relevancia de programas de capacitación emocional para mejorar el bienestar
psicológico y la eficacia laboral, contribuyendo así a la literatura especializada en salud mental
ocupacional.
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