NIVEL DE CONOCIMIENTO SOBRE
INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL EN
PERSONAS QUE EJERCEN EL TRABAJO SEXUAL
DE MORELIA, MICHOACÁN
LEVEL OF KNOWLEDGE ABOUT SEXUALLY
TRANSMITTED INFECTIONS AMONG PEOPLE ENGAGED
IN SEX WORK IN MORELIA, MICHOACÁN
Xeyla Edith Gonzalez Gonzalez
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Enfermería
Silvia Ramírez Paniagua
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Enfermería
Ma. de Jesús Ruiz Recéndiz
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Enfermería
María Magdalena Lozano Zúñiga
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Enfermería
Josué Vargas Peña
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Enfermería
Nora Madrigal Salguero
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Facultad de Enfermería

pág. 7775
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i4.19368
Nivel de conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual en personas
que ejercen el trabajo sexual de Morelia, Michoacán
Xeyla Edith Gonzalez Gonzalez1
2027191k@umich.mx
https://orcid.org/0009-0006-7625-2564
Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Facultad de Enfermería
México
Silvia Ramírez Paniagua
silvia.paniagua@umich.mx
https://orcid.org/0000-0002-9374-5428
Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Facultad de Enfermería
México
Ma. de Jesús Ruiz Recéndiz
madejesus.ruiz@umich.mx
https://orcid.org/0000-0002-7979-4215
Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Facultad de Enfermería
México
María Magdalena Lozano Zúñiga
maria.lozano@umich.mx
https://orcid.org/0000-0001-7750-0036
Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Facultad de Enfermería
México
Josué Vargas Peña
josue.vargas@umich.mx
https://orcid.org/0000-0002-1376-9631
Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Facultad de Enfermería
México
Nora Madrigal Salguero
nora.madrigal@umich.mx
https://orcid.org/0009-0001-2510-1399
Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hidalgo, Facultad de Enfermería
México
RESUMEN
Introducción. El nivel de conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) entre personas
que ejercen el trabajo sexual constituye un factor clave para la prevención y el cuidado en salud sexual,
particularmente en contextos urbanos donde coexisten diversas modalidades de ejercicio. Objetivo.
Analizar el nivel de conocimientos sobre ITS en mujeres y hombres que ejercen el trabajo sexual en
Morelia, Michoacán. Metodología. Estudio cuantitativo, no experimental, descriptivo y transversal, con
una muestra no probabilística de 51 participantes seleccionados por conveniencia y bola de nieve. Se
utilizó la Escala de Conocimientos sobre VIH y otras ITS (ECI) con 23 ítems (α = 0.76). El análisis se
realizó con SPSS versión 27, mediante estadística descriptiva y pruebas no paramétricas (Mann–
Whitney, Kruskal–Wallis y correlación de Spearman). Resultados. El 82.4 % presentó un nivel bajo de
conocimientos. No se encontraron diferencias significativas en función de sexo, edad, estado civil o
escolaridad; sin embargo, sí hubo diferencias según el tiempo dedicado al trabajo sexual (p = 0.012),
siendo mayor el conocimiento en quienes llevaban menos de un año en la actividad. Conclusiones. El
nivel de conocimientos es limitado en general, lo que exige intervenciones educativas continuas y
culturalmente pertinentes en poblaciones con trayectorias diversas.
Palabras clave: enfermedades de transmisión sexual; trabajadores sexuales; conocimientos, actitudes y
práctica en salud; educación en salud; población vulnerable. (DeCS)
1 Autor principal.
Correspondencia: 027191k@umich.mx

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Level of Knowledge about Sexually Transmitted Infections among People
Engaged in Sex Work in Morelia, Michoacán
ABSTRACT
Introduction. The level of knowledge about sexually transmitted infections (STIs) among people
engaged in sex work is a key factor for prevention and sexual health care, particularly in urban contexts
where diverse modes of sex work coexist. Objective. To analyze the level of knowledge about STIs
among women and men engaged in sex work in Morelia, Michoacán. Methodology. Quantitative, non-
experimental, descriptive, and cross-sectional study with a non-probabilistic sample of 51 participants
selected through convenience and snowball sampling. The HIV and other STIs Knowledge Scale (ECI)
was used, consisting of 23 items (α = 0.76). Data analysis was performed using SPSS version 27,
applying descriptive statistics and non-parametric tests (Mann–Whitney, Kruskal–Wallis, and Spearman
correlation). Results. A total of 82.4% of participants showed a low level of knowledge. No statistically
significant differences were found by sex, age, marital status, or educational level; however, significant
differences were found based on the time dedicated to sex work (p = 0.012), with higher knowledge
among those with less than one year in the activity. Conclusions. Overall knowledge was limited,
highlighting the need for continuous and culturally relevant educational interventions for populations
with diverse sex work trajectories.
Keywords: sexually transmitted diseases, sex workers, health knowledge, attitudes, practice, health
education, vulnerable populations (mesh)
Artículo recibido 10 julio 2025
Aceptado para publicación: 16 agosto 2025

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INTRODUCCIÓN
Las infecciones de transmisión sexual (ITS, antes conocidas como enfermedades de transmisión sexual
o ETS) representan un problema prioritario de salud pública a nivel mundial. Su impacto afecta
principalmente a poblaciones vulnerables, como las mujeres que ejercen el trabajo sexual, quienes
enfrentan múltiples condiciones de riesgo estructural, social y sanitario (Kaur et al., 2023; Jiménez-
Morón et al., 2024). Las ITS no solo representan un riesgo clínico por su potencial de causar
complicaciones graves, tales como la infertilidad, cáncer de cuello uterino y transmisión perinatal, sino
que reflejan desigualdades más amplias relacionadas con el acceso a la información, los servicios de
salud y la educación en derechos sexuales y reproductivos (Tello-Añamuro, 2023; Cobos-Rojas, 2020).
El nivel de conocimiento que poseen las mujeres trabajadoras sexuales sobre las ITS constituye un factor
clave en la prevención, detección temprana y control de estas enfermedades. No obstante, la evidencia
empírica muestra que este conocimiento es con frecuencia insuficiente, fragmentario o inexacto, lo cual
incrementa la vulnerabilidad de esta población (Meza-Bautista y Soto-Landeo, 2024; Morales-
Rodríguez, 2019). A pesar de múltiples esfuerzos de los sistemas de salud y organizaciones no
gubernamentales, persiste una brecha crítica entre la disponibilidad de servicios y la apropiación efectiva
del conocimiento (Patterson et al., 2019; Delgado-Inofuente, 2018).
Estudios realizados en distintos contextos —como Perú, México, Ecuador, Irán, Corea, India y países
del África subsahariana— han documentado que los niveles de conocimiento sobre ITS entre
trabajadoras sexuales varían entre medio y bajo en la mayoría de los casos, con lagunas importantes
respecto a síntomas, vías de transmisión no sexuales (como sangre o de madre a hijo), consecuencias no
tratadas (como infertilidad o cáncer), y la necesidad de tratar también a las parejas sexuales (Muro, 2011;
Ccallo-Huamán, 2016; Morales-Quispe, 2020; Jung, 2019; Nyasani et al., 2023).
En el caso de México, se estima que más de 240,000 personas ejercen el trabajo sexual, de las cuales la
mayoría son mujeres (CENSIDA, 2023). Esta población ha sido históricamente estigmatizada,
invisibilizada y excluida de los sistemas de protección social. Las ITS más frecuentes en mujeres
trabajadoras sexuales mexicanas incluyen el virus del papiloma humano (VPH), clamidiosis, sífilis,
gonorrea y herpes genital (Patterson et al., 2019; CENSIDA, 2023). La falta de información clara,
accesible y sin sesgos morales representa una barrera sustancial para la promoción de conductas

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preventivas, como el uso constante del condón, la realización de pruebas diagnósticas periódicas y el
acceso a tratamientos oportunos (Alvarado-Tenezaca, 2022; Babel et al., 2021).
Desde el enfoque de los determinantes sociales de la salud y los derechos humanos, diversos autores
coinciden en que la educación sobre ITS debe abordarse no solo como un problema biomédico, sino
también como un fenómeno multidimensional, atravesado por desigualdades de género, económicas,
jurídicas y culturales (Tirado-Acero, 2014; Jiménez-Morón et al., 2024). En esta línea, la Organización
Mundial de la Salud y ONUSIDA promueven estrategias integrales que incluyan educación entre pares,
fortalecimiento de la autonomía corporal, eliminación del estigma y adecuación cultural de los servicios
(Kaur et al., 2023).
La literatura científica revisada muestra una convergencia en los factores asociados al bajo nivel de
conocimiento sobre ITS en esta población: bajo nivel educativo, inicio precoz de la actividad sexual,
consumo de alcohol y drogas, violencia de género, movilidad geográfica, exclusión del sistema
educativo y desigualdad en la negociación sexual (Ulibarri et al., 2010; Jiménez-Morón et al., 2024;
Gutiérrez-Apaza, 2019). Además, aunque el condón es reconocido como un método eficaz de
prevención, su uso constante está mediado por dinámicas de poder, coerción económica y relaciones
afectivas con clientes o parejas estables (Cabrerizo-Egea et al., 2013; López-Olmos et al., 2009).
En México, y en particular en Morelia, se utilizan términos como “zonas de tolerancia” para referirse a
áreas donde se permite tácitamente el ejercicio del trabajo sexual, aunque no exista una regulación oficial
vigente en todos los estados. Por ejemplo, la Plazuela Carrillo ha sido históricamente reconocida como
una zona de tolerancia en la ciudad de Morelia, según crónicas locales y registros periodísticos que
documentan su pasado vinculado al trabajo sexual (antes denominado la prostitución) desde la década
de 1940 (El Sol de Morelia, 2021; La Voz de Michoacán, 2023). A nivel jurídico, algunas leyes estatales
como la del estado de Veracruz que definen explícitamente la zona de tolerancia como un espacio
autorizado por las autoridades municipales para el ejercicio de la prostitución (Orden Jurídico Mexicano,
2024). Asimismo, estudios legislativos federales han recogido este término como parte del análisis
comparado del fenómeno en México, identificando que estas zonas suelen estar situadas fuera de zonas
residenciales y pueden incluir establecimientos dedicados al sexo comercial (Cámara de Diputados,
2007). Aunque en Michoacán no existe una delimitación normativa vigente, el uso de este lenguaje

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refleja prácticas reconocidas socialmente y contextos urbanos donde las personas que ejercen el trabajo
sexual operan de manera cotidiana.
A partir de estos antecedentes, el presente estudio tiene como objetivo analizar el nivel de conocimiento
sobre infecciones de transmisión sexual en personas que ejercen el trabajo sexual, como una vía para
contribuir al diseño de estrategias educativas contextualizadas, culturalmente pertinentes y libres de
estigmas. Se considera que profundizar en esta problemática permitirá no solo visibilizar un vacío
persistente en la salud pública, sino también generar insumos para la mejora de intervenciones
preventivas con enfoque de derechos humanos y equidad de género en México.
En este proceso, la participación activa del personal de enfermería es fundamental, ya que su cercanía
con la comunidad, su rol educativo y su capacidad para establecer vínculos de confianza posicionan a
las y los profesionales de enfermería como actores clave en la promoción de la salud sexual, la
prevención de ITS y la garantía de un acompañamiento digno, empático y libre de juicios hacia esta
población.
METODOLOGÍA
Enfoque y diseño.
Esta investigación utilizó el enfoque cuantitativo mediante un diseño observacional, descriptivo, no
experimental y de corte transversal. (Argimon y Jiménez, 2019).
Población y muestra.
La muestra estuvo conformada por 51 mujeres que se dedican al trabajo sexual en la ciudad de Morelia,
Michoacán. Se empleó un muestreo no probabilístico, mediante la técnica de muestreo por conveniencia,
seleccionando a las participantes con base en su disponibilidad y accesibilidad al momento de la
recolección de datos. Adicionalmente, se optó por emplear el muestreo en bola de nieve, dado que
algunas participantes invitaron a otros individuos de su red cercana a integrarse de manera voluntaria al
estudio.
Criterios de selección.
Se incluyeron personas mayores de 18 años que ejercían el trabajo sexual de manera activa al momento
de realizar el estudio, ya sea de forma autónoma o en establecimientos presenciales (vía pública, bares,
hoteles, casas de cita, etc.) en áreas geográficas donde se permite tácitamente el ejercicio del trabajo

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sexual o por medios digitales (páginas web, redes sociales o plataformas en línea, etc.). Los participantes
debían residir de manera temporal o permanente en la ciudad de Morelia, Michoacán, manifestar y
firmar la hoja de consentimiento informado en materia de investigación y disponer de tiempo para
contestar la cédula de colecta de datos.
Se excluyó a las personas que manifestaron dificultades para comprender el contenido de la cédula y a
quienes presentaron evidencia de estar bajo los efectos de sustancias psicoactivas al momento de la
entrevista y el llenado de la cédula de colecta..
Instrumento.
Para medir el nivel de conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual se utilizó la escala
conocimientos sobre VIH y otras ITS (ECI), que consta de 23 ítems, con una escala de respuesta tipo
Likert que va de 0 a 1 donde 0 = falso y 1 = verdadero. El mayor número de respuestas correctas, mayor
es el nivel de conocimiento. La escala evalúa conocimientos básicos sobre VIH, otras ITS, vías de
transmisión, métodos preventivos y consecuencias de no tratamiento. En este estudio, la versión
utilizada alcanzó un índice de confiabilidad de α = 0.76, lo cual indica una buena consistencia interna
para la población evaluada.
Tabla 1: Puntos de corte de la escala de conocimientos sobre VIH y otras ITS (ECI)
Conocimientos sobre VIH y otras ITS Puntaje
Bajo 0 – 12
Alto 13 – 23
Fuente: elaborardo a partir de Espada et al. (2014)
Esta escala fue originalmente validada en población adolescente por Espada et al. (2014), quienes
reportaron un alfa de Cronbach global de 0.883 y consistencia por dimensiones entre 0.656 y 0.857, lo
que respalda su utilidad como instrumento confiable para evaluar conocimientos relacionados con la
salud sexual (Espada et al., 2014). Para este fin, se sumaron los puntajes obtenidos en la escala y se
clasificaron en dos niveles, cuyos rangos se especifican en la Tabla 1.
Procedimiento.
Una vez aprobado el protocolo, el equipo de investigación se trasladó a las calles adyacentes a la

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Plazuela Carrillo, a los hoteles ubicados en la periferia de la ciudad de Morelia y a las zonas conocidas
como áreas de tolerancia o zonas de ejercicio del trabajo sexual. En estos lugares, se contactó a las
personas y, de manera respetuosa, se les explicó el objetivo del estudio y se les invitó a participar,
enfatizando en todo momento su derecho a no responder o a retirarse en cualquier momento que
experimentaran incomodidad o afectara su actividad laboral. A quienes aceptaron participar se les
solicitó firmar un consentimiento informado en materia de investigación. Posteriormente, completaron
la cédula de colecta de datos correspondiente, con la asistencia de uno de los investigadores para resolver
dudas. Se preguntó a las participantes si conocían a otra persona que pudiera completar la cédula y se
les buscó en su área de trabajo para repetir el procedimiento y obtener la información. Al concluir la
actividad, se agradeció la participación de las personas asistentes y se les informó que quienes ejercen
el trabajo sexual pueden acudir a los Centros de Salud de la Secretaría de Salud, así como al CAPASITS
Morelia, para recibir atención médica integral, asesoría en salud sexual, pruebas diagnósticas de ITS y
acceso gratuito a condones, tratamiento y educación preventiva. Asimismo, se les informó sobre la
Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer “Elisa Martínez”, que también ofrece pruebas rápidas, condones,
talleres y canalización a servicios públicos.
Análisis estadístico.
El procesamiento y análisis de los datos se realizó mediante el software estadístico SPSS, versión 27.
Para las variables cuantitativas se calcularon medidas de tendencia central y dispersión, y para las
variables cualitativas se determinaron frecuencias absolutas. La prueba de Kolmogorov–Smirnov indicó
que la distribución de los datos no seguía un patrón normal, por lo que se optó por aplicar pruebas no
paramétricas. En particular, se empleó la prueba U de Mann-Whitney para comparar el nivel de
conocimientos entre grupos binarios (sexo), y la prueba de Kruskal-Wallis para evaluar diferencias en
conocimientos según el estado civil, el nivel educativo y el tiempo dedicado al trabajo sexual. Asimismo,
se aplicó el coeficiente de correlación de Spearman con el fin de explorar la posible relación entre la
edad y el nivel de conocimientos. Estas pruebas permitieron identificar patrones relevantes y establecer
si existían asociaciones significativas entre las variables sociodemográficas y los puntajes obtenidos en
la escala de conocimientos sobre ITS.
Consideraciones éticas y legales.

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Se respetó plenamente la autonomía de las participantes, quienes fueron informadas de sus derechos y
tuvieron la libertad de abandonar el estudio en cualquier momento, sin consecuencias. Todos firmaron
una carta de consentimiento informado en materia de investigación, redactada en lenguaje claro y
accesible, y se les garantizó la confidencialidad y el resguardo seguro de la información proporcionada.
Dado que esta investigación involucró a una población considerada en situación de vulnerabilidad, se
observaron criterios éticos reforzados conforme a lo establecido por las Pautas Internacionales para la
Investigación Biomédica en Seres Humanos del CIOMS (2016) y la Declaración de Helsinki en su
versión más reciente (Asociación Médica Mundial, 2024), que subrayan la necesidad de asegurar
protección especial en contextos de exclusión social o riesgo de estigmatización. El estudio fue
clasificado como de riesgo mínimo, conforme a lo establecido en el Diario Oficial de la Federación
(2012), el Reglamento de la Ley General de Salud (Diario Oficial de la Federación, 2014) y la NOM-
012-SSA3-2012 (Diario Oficial de la Federación, 2013).
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La muestra estuvo conformada por 51 personas que ejercen el trabajo sexual en la ciudad de Morelia,
Michoacán. Se determinó que la edad promedio de los participantes fue de 28.12 años (DE=11.33), con
un rango de 21 a 54 años, lo cual coincide con estudios previos realizados en Perú, Ecuador y México.
Por ejemplo, Morales (2019) encontró que la media de edad entre mujeres trabajadoras sexuales en
Trujillo era de 27.8 años, mientras que Gutiérrez (2019), en Lima, reportó un promedio de 29 años. Del
mismo modo, Meza y Soto (2024) identificaron una edad predominante de entre 25 y 35 años en Huanta,
Ayacucho. Estos hallazgos confirman que la adultez joven es el grupo predominante entre quienes
ejercen el trabajo sexual en contextos latinoamericanos.
Un hallazgo relevante en este estudio fue que 45.1 % de las personas encuestadas se identificaron como
hombres, lo cual difiere de la mayoría de los estudios revisados que se han centrado exclusivamente en
mujeres cisgénero. No obstante, esta distribución coincide con lo reportado en la revisión sistemática de
Jiménez-Morón et al. (2024), donde se señala que el trabajo sexual es ejercido por personas de distintos
géneros, incluyendo hombres y personas transgénero. Tirado (2014) también subraya que los
trabajadores sexuales masculinos enfrentan estigmas particulares, distintos a los que enfrentan las
mujeres, lo cual puede tener implicaciones específicas en el acceso a la salud y en sus niveles de

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conocimiento sobre ITS.
Tabla 2: Datos sociodemográficos de los participantes (n = 51)
Variables sociodemográficas f %
Sexo
Mujer 28 54.9
Hombre 23 45.1
Estado civil
Soltero 46 90.2
Casado 2 3.9
Unión libre 3 5,9
Escolaridad
Secundaria 25 49.0
Preparatoria 16 31.4
Universidad 10 19.6
Tiempo dedicado al trabajo sexual
Menos de un año 7 13.7
1 – 5 años 24 47.1
6 – 10 años 16 31.4
11 años o más 4 7.8
Fuente: elaboración propia
En cuanto al estado civil, 90.2 % de las participantes se identificaron como solteras. Morales (2020)
documentó que 85 % de las mujeres en su muestra en Cusco también estaban solteras, mientras que
Ccallo (2016) reportó 76 % en Lima. Esta situación ha sido relacionada con la búsqueda de autonomía
económica, la maternidad no acompañada y el estigma social hacia quienes ejercen el trabajo sexual.
Respecto al nivel educativo, 49 % de las personas encuestadas reportó haber concluido la secundaria.
Esta distribución es similar a la encontrada por Cobos (2020), quien halló que 50.6 % de su muestra
tenía secundaria completa. Morales-Rodríguez (2019) también encontró que 53 % de las participantes

pág. 7784
tenía como nivel educativo más alto la secundaria. En cambio, Ulibarri et al. (2010), en un estudio
binacional, reportaron menor escolaridad promedio, lo que sugiere que existen variaciones significativas
entre contextos urbanos, fronterizos o rurales. La escolaridad media podría asociarse con un mejor
acceso a información sobre ITS, pero también con limitaciones en el empleo formal, lo que conduce a
muchas personas a ejercer el trabajo sexual como única opción económica viable.
En cuanto al tiempo que las participantes llevaban ejerciendo el trabajo sexual, 60.8 % tenía menos de
cinco años en esta actividad. Este dato coincide con lo encontrado por Gutiérrez (2019), donde 64.2 %
llevaba menos de cinco años, y por Meza y Soto (2024), quienes también documentaron trayectorias
laborales recientes. Esta corta duración podría estar asociada con situaciones emergentes como
desempleo, migración o crisis familiares, lo que refuerza la naturaleza transicional del trabajo sexual
para muchas personas.
En conjunto, estos datos confirman que el trabajo sexual en Morelia está conformado por una población
diversa en términos de género, escolaridad y trayectorias de vida. Esto plantea la necesidad urgente de
diseñar estrategias educativas diferenciadas y culturalmente sensibles, así como servicios de salud
accesibles para todos los géneros que ejercen el trabajo sexual, en especial aquellos históricamente
invisibilizados.
Respecto al nivel de conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual, medido mediante la Escala
de Conocimientos sobre VIH y otras ITS (ECI), en la tabla 3 se observó que 82.4 % de las participantes
obtuvo nivel bajo.
Tabla 3: conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual (n = 222)
Conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual f %
Bajo 42 82.4
Alto 9 17.6
Estos resultados muestran una preocupante prevalencia de bajo nivel de conocimiento sobre ITS entre
personas que ejercen el trabajo sexual en Morelia, a pesar de que la mayoría tiene escolaridad media y
años de experiencia en la actividad. Estos hallazgos son congruentes con estudios previos realizados en
otras regiones de México, Ecuador y Perú, donde se reportan niveles similares de desconocimiento,

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especialmente sobre vías de transmisión no sexuales, consecuencias de no tratamiento y métodos
preventivos distintos al condón (Cobos Rojas, 2020; Morales Quispe, 2020; Patterson et al., 2019;
Meza-Bautista y Soto-Landeo, 2024).
Este bajo conocimiento puede relacionarse con la ausencia de intervenciones educativas continuas, el
escaso acceso a servicios de salud sexual, y el estigma que enfrentan quienes ejercen el trabajo sexual.
Como lo señalan Espada et al. (2014), el nivel de conocimiento influye directamente en la práctica de
conductas preventivas, como el uso constante del condón o la realización periódica de pruebas. En este
estudio, a pesar de que algunas participantes manifestaron haber recibido información previa sobre ITS,
los puntajes indican que dicha información no se ha traducido en conocimiento estructurado.
También se exploraron posibles diferencias en el nivel de conocimientos sobre infecciones de
transmisión sexual (ITS) en función del sexo y aumque se observaron diferencias leves en los rangos,
éstas no fueron estadísticamente significativas (U = 292.500, p = 0.401), lo que sugiere que el nivel de
conocimientos fue similar entre ambos grupos. Ahora bine, el hecho de que no se identificaran
diferencias entre hombres y mujeres también resulta relevante, ya que da cuenta de una necesidad común
de intervención educativa, sin asumir que un grupo está mejor informado que otro por razones de género.
En este sentido, los programas preventivos deben dirigirse a todas las personas que ejercen el trabajo
sexual, sin segmentaciones que puedan invisibilizar a grupos como los hombres o las personas no
heteronormativas, tradicionalmente excluidos de estos estudios.
Respecto a la posible relación entre la edad y el puntaje de conocimientos no resultó no significativo (p
= 0.197), indicando ausencia de una relación clara entre estas dos variables. También se examinó si
existían diferencias en los puntajes según el nivel educativo. El análisis no mostró diferencias
significativas (H = 2.443, p = 0.296), lo cual indica que la escolaridad no estuvo asociada con un mayor
o menor conocimiento en esta muestra. Estos resultados son congruentes con lo reportado por Morales
(2020) y Cobos (2020), quienes identificaron niveles bajos de conocimientos en mujeres trabajadoras
sexuales, independientemente de su edad o escolaridad. Aun en casos donde existía educación media o
superior, los puntajes seguían siendo bajos, lo que refuerza la idea de que la escolaridad por sí sola no
garantiza conocimientos específicos sobre salud sexual
Asimismo, para saber si existían diferencias en el nivel de conocimientos sobre ITS según el estado

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civil. El análisis no arrojó diferencias estadísticamente significativas entre los grupos (H = 0.404, gl =
1, p = 0.525), lo que sugiere que esta variable no se asocia con variaciones en el nivel de conocimientos
en esta muestra. En ese sentido, la ausencia de diferencias puede explicarse por el hecho de que la gran
mayoría de las personas participantes se identificó como soltera, lo cual limitó la variabilidad necesaria
para detectar diferencias estadísticas. Sin embargo, este dato también podría interpretarse como un
indicador de vulnerabilidad estructural, ya que muchas personas que ejercen el trabajo sexual no cuentan
con redes de apoyo afectivo estables, lo cual puede limitar su acceso a información, servicios y
autocuidado.
Por otro lado, al analizar el tiempo dedicado al trabajo sexual, se encontró una diferencia
estadísticamente significativa (H = 8.905, gl = 2, p = 0.012). La mediana más alta (Md = 17) se observó
en el grupo con menos de un año en esta actividad, mientras que los demás grupos presentaron medianas
de 9 puntos. Este hallazgo sugiere que quienes se integran más recientemente podrían estar accediendo
a estrategias educativas o campañas informativas más actuales o bien estar más abiertas a recibir
orientación en espacios de primer contacto. No obstante, también abre una interrogante importante: ¿por
qué quienes llevan más tiempo en la actividad no han logrado mejorar su nivel de conocimientos? Esto
podría indicar que las estrategias educativas actuales no tienen continuidad ni logran establecer procesos
de formación sostenida a largo plazo.
Este hallazgo contrasta con lo que se podría esperar bajo el supuesto de que la experiencia acumulada
favorecería un mejor conocimiento preventivo. Por el contrario, podría estar operando un fenómeno de
normalización de riesgos, en el cual las personas que han permanecido más tiempo en la actividad
desarrollan estrategias de adaptación que no necesariamente están alineadas con los enfoques de salud
pública, como también lo señalan Patterson et al. (2019) y Meza y Soto (2024).
En conjunto, estos resultados apuntan a que el nivel de conocimientos sobre ITS no depende
significativamente del sexo, edad o escolaridad, pero sí podría estar influido por el tiempo reciente de
incorporación a la actividad sexual comercial, lo que abre nuevas preguntas sobre la efectividad y
sostenibilidad de las estrategias educativas disponibles.
Otro aspecto a destacar es la diversidad en los canales de ejercicio del trabajo sexual, ya que varias
participantes fueron contactadas a través de medios digitales. Esto coincide con lo reportado por

pág. 7787
Jiménez-Morón et al. (2024) y Kaur et al. (2023), quienes identifican un cambio en los entornos
laborales del comercio sexual hacia plataformas en línea, lo cual plantea nuevos desafíos para el diseño
de estrategias preventivas accesibles y adaptadas a estos contextos.
Como puede apreciarse, Este resultado abre líneas de investigación futuras que deberían explorar,
mediante métodos cualitativos o mixtos, cómo y cuándo se adquieren conocimientos en salud sexual
dentro del trabajo sexual, y cuáles son los canales (formales o informales) por los cuales se accede o no
a esa información. Además, sería útil analizar si el uso de plataformas digitales como espacios de trabajo
facilita el acceso a contenidos educativos o, por el contrario, lo dispersa entre mensajes contradictorios
o comercializados.
Este estudio aporta novedad científica al documentar con evidencia local actualizada una realidad poco
visibilizada en Morelia, y plantea la necesidad urgente de desarrollar estrategias educativas dirigidas
específicamente a personas que ejercen el trabajo sexual, incluyendo a quienes lo hacen de manera
digital. Además, resalta el papel estratégico que pueden desempeñar los profesionales de enfermería
como agentes educativos, promotores de la salud sexual y defensores de los derechos de estas personas.
CONCLUSIONES
Este estudio permitió identificar que la mayoría de las personas que ejercen el trabajo sexual en Morelia
de esta muestra presenta un nivel bajo de conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual, a pesar
de tener escolaridad media y varios años de experiencia en esta actividad. Este hallazgo da cuenta de
una brecha persistente entre la información disponible y el conocimiento realmente apropiado, lo que
representa una condición de vulnerabilidad evitable si se fortalecieran estrategias educativas
contextualizadas.
Los datos obtenidos evidencian que los modelos de intervención preventiva aún no logran responder de
forma efectiva a las necesidades específicas de esta población, particularmente de quienes ejercen el
trabajo sexual a través de medios digitales o se identifican con géneros tradicionalmente excluidos de la
política pública. Esta situación implica una omisión estructural que afecta el derecho a la salud y
obstaculiza los esfuerzos para reducir la transmisión de ITS en contextos urbanos.
Además, el estudio muestra que el conocimiento no puede considerarse como un factor aislado, sino
como parte de un entramado de condiciones socioculturales que incluyen escolaridad, acceso a servicios,

pág. 7788
reconocimiento social y estigmatización. Por ello, se propone que futuras intervenciones preventivas
incorporen una perspectiva interseccional y participativa, donde las propias personas trabajadoras
sexuales se conviertan en agentes clave del cambio educativo.
En definitiva, se identifican líneas de investigación pendientes: explorar las diferencias en niveles de
conocimiento según el canal de ejercicio del trabajo sexual (presencial o digital), el género de las
personas involucradas, y la historia de acceso a servicios de salud sexual. También se sugiere
profundizar en los procesos de apropiación del conocimiento en salud y en el impacto de las
intervenciones lideradas por profesionales de enfermería en contextos de la atención primaria a la salud.
Finalmente, este estudio presenta algunas limitaciones que deben ser consideradas al interpretar los
resultados. En primer lugar, si bien se incluyó a personas que ejercen el trabajo sexual en contextos
presenciales y digitales, no se estableció una diferenciación clara entre ambas modalidades, lo que limita
el análisis comparativo según el entorno de trabajo. En segundo lugar, la muestra fue pequeña y se
seleccionó mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia y bola de nieve, lo cual restringe
la posibilidad de generalizar los hallazgos a otras poblaciones. Por último, aunque participaron personas
de distintos sexos, no se especificaron otras identidades de género ni se analizó su influencia en el nivel
de conocimientos, lo que representa una omisión importante dada la diversidad presente en el trabajo
sexual contemporáneo.
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