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Desde una perspectiva doctrinal, Torres (2023) enfatiza que las sentencias basadas en el sistema de
tercios resultaban inadecuadas en casos con factores atípicos o excepcionales, comprometiendo la
equidad en la administración de justicia. En este sentido, el modelo escalonado propuesto por el
Acuerdo Plenario 1-2023 se presenta como una solución dinámica, permitiendo ajustes progresivos en
las penas. Este esquema considera no solo las circunstancias del delito, sino también las características
personales del autor, factores procesales y el impacto social del acto delictivo (Fernández, 2023).
El modelo escalonado combina elementos cualitativos y cuantitativos para garantizar una dosificación
penal más precisa. López (2023) señala que esta metodología es especialmente útil en casos de tentativa,
donde las circunstancias pueden variar significativamente según las acciones del autor y las razones que
impidieron la consumación del delito. Fernández (2023) resalta que esta aproximación permite una
evaluación exhaustiva de los elementos objetivos y subjetivos del caso, representando un avance
significativo en la dosificación penal.
Sin embargo, este modelo también enfrenta desafíos. Sánchez (2023) advierte que, aunque el modelo
escalonado incrementa la flexibilidad, también aumenta la posibilidad de discrecionalidad judicial
excesiva, lo que podría derivar en disparidades en las sentencias. Por ello, resulta crucial establecer
lineamientos claros y garantizar la capacitación adecuada de los jueces, asegurando la uniformidad
jurisprudencial y el respeto a los principios de proporcionalidad y legalidad.
En el derecho penal peruano, los delitos tentados, regulados en el artículo 16 del Código Penal,
presentan un desafío particular debido a su naturaleza incompleta y a la necesidad de establecer penas
que reflejen de manera adecuada tanto la culpabilidad del autor como la gravedad del acto frustrado
(Vásquez, 2022; Delgado, 2021). Tradicionalmente, el sistema de tercios ha sido empleado como
herramienta para calcular penas en estos casos. Sin embargo, dicho modelo ha sido objeto de críticas
por su rigidez y por su limitada capacidad de adaptación a casos complejos con múltiples circunstancias
modificativas. Según Delgado (2021), la tentativa implica un riesgo significativo para el orden social,
pese a la no consumación del delito, lo que justifica la imposición de una pena reducida, pero
proporcional. En este contexto, el modelo escalonado permite ajustar las penas de manera progresiva,
teniendo en cuenta tanto la peligrosidad del agente como las particularidades del caso, promoviendo
decisiones más equitativas y adaptadas a cada situación.