EVOLUCIÓN EPISTEMOLÓGICA DEL
CONCEPTO DEL SOL: DE SÍMBOLO MÍTICO
A PARADIGMA CIENTÍFICO
EPISTEMOLOGICAL EVOLUTION OF THE CONCEPT OF THE SUN:
FROM MYTHICAL SYMBOL TO SCIENTIFIC PARADIGM
Eliecer Yepez Sanchez
Universitaria Antonio José Camacho, Colombia
Ana María García Sánchez
Universitaria Antonio José Camacho, Colombia
Erika Johanna Andrade Molina
Universitaria Antonio José Camacho, Colombia
Jhonny Barrios Vanegas
Universitaria Antonio José Camacho, Colombia
pág. 8465
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i4.19427
Evolución Epistemológica del Concepto del Sol: de Símbolo Mítico a
Paradigma Científico
Eliecer Yepez Sanchez1
eyepez@profesores.uniajc.edu.co
https://orcid.org/0000-0002-9743-9858
Universitaria Antonio José Camacho
Semillero Space-U.
Colombia
Ana María García Sánchez
ganamaria132@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-9887-859X
Universidad del Valle José Camacho
Semillero Space-U
Colombia
Erika Johanna Andrade Molina
ejandrade@profesores.uniajc.edu.co
https://orcid.org/0009-0009-4239-2261
Universitaria Antonio Jo Camacho
Semillero Space-U
Colombia.
Jhonny Barrios Vanegas
Jhonny141611@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-0586-5276
Universitaria Antonio José Camacho
Semillero Space-U
Colombia
RESUMEN
Este artículo analiza la evolución epistemológica del concepto del Sol, desde sus representaciones
míticas en diversas culturas antiguas hasta su actual comprensión científica como una estrella tipo G2V.
Este estudio adopta un enfoque cualitativo de carácter descriptivo y explicativo, con una perspectiva
histórico-hermenéutica, y está diseñado como una investigación documental y transversal. La
metodología se basa en una revisión sistemática de fuentes secundarias, escogidas por su relevancia
cronológica y científica en los ámbitos de la astronomía, la filosofía de la ciencia y la epistemología,
excluyendo aquellos textos que carecen de respaldo académico o no son de acceso público. Entre los
hallazgos más significativos, se destaca que el conocimiento relacionado con el Sol ha atravesado
múltiples paradigmas interpretativos, reflejando no solo avances técnicos, sino también
transformaciones profundas en nuestra comprensión del cosmos. Desde ser un símbolo de divinidad y
orden en la Antigüedad, hasta convertirse en un objeto de interés operativo para la moderna tecnología
espacial, el Sol ha representado un pilar central en la construcción del pensamiento científico. Esta
investigación resalta la importancia de los contextos culturales en la producción del conocimiento
astronómico y sostiene que la historia del concepto solar también representa la historia del desarrollo
del saber humano.
Palabras claves: sol, historia de la ciencia, evolución epistemológica, astronomía, paradigma científico
1
Autor principal
Correspondencia: eyepez@profesores.uniajc.edu.co
pág. 8466
Epistemological Evolution of the Concept of the Sun: From Mythical
Symbol to Scientific Paradigm
ABSTRACT
This article analyzes the epistemological evolution of the concept of the Sun, from its mythical
representations in various ancient cultures to its current scientific understanding as a G2V-type star.
This study adopts a qualitative approach of a descriptive and explanatory nature, with a historical-
hermeneutical perspective, and is designed as a documentary and cross-sectional research. The
methodology is based on a systematic review of secondary sources, chosen for their chronological and
scientific relevance in the fields of astronomy, philosophy of science and epistemology, excluding those
texts that lack academic support or are not publicly available. Among the most significant findings, it
is highlighted that the knowledge related to the Sun has gone through multiple interpretative paradigms,
reflecting not only technical advances, but also deep transformations in our understanding of the
cosmos. From being a symbol of divinity and order in antiquity, to becoming an object of operational
interest for modern space technology, the Sun has represented a central pillar in the construction of
scientific thought. This research highlights the importance of cultural contexts in the production of
astronomical knowledge and argues that the history of the solar concept also represents the history of
the development of human knowledge.
Keywords: sun, history of science, epistemological evolution, astronomy, scientific paradigm
Artículo recibido 21 julio 2025
Aceptado para publicación: 26 agosto 2025
pág. 8467
INTRODUCCIÓN
Una característica remarcable del ser humano es su deseo innato de comprender el mundo que lo rodea,
y se embarca en una búsqueda de conocimiento, aunque no siempre obtenga una respuesta. Al observar
el cielo, surgen un sinfín de preguntas sobre los cuerpos celestes visibles, que, a lo largo del tiempo,
han sido una fuente constante de inspiración para la humanidad. Esta fascinación no solo impulsa el
desarrollo de explicaciones científicas y filosóficas, sino también expresiones simbólicas, artísticas y
religiosas que reflejan la estrecha relación entre el ser humano y el cosmos. Entre ellos, algunos astros
destacan por su brillo, capturando de manera especial nuestra atención y despertando un interés
persistente en distintas épocas y culturas. En esta línea, Valenzuela Vila (2010) sostiene que la
astronomía ha sido históricamente un vehículo de poder simbólico y político, en tanto que vincula el
orden celeste con el orden social, otorgando legitimidad a estructuras de autoridad mediante el control
del conocimiento astronómico.
Esta dimensión simbólica se refleja también en la literatura, donde las estrellas han sido representadas
como fuente de consuelo, guía y motivo de contemplación. Saint-Exupéry (1943/1971), por ejemplo,
describe en su obra más conocida El principito - cómo las estrellas inspiran a quienes sueñan
despiertos. Desde una perspectiva más objetiva, la Real Academia Española (s. f.) define a las estrellas
como “cada uno de los cuerpos celestes que brillan en la noche con luz propia”. Sin embargo, entre
todas ellas, destaca una en particular que no aparece de noche, el Sol. A pesar de ser una estrella, su
proximidad y función han generado un tratamiento epistemológico singular, lo que justifica su análisis
diferenciado en el marco de esta investigación.
El Sol, a diferencia de sus congéneres visibles en la noche, su presencia domina el día y su ausencia
marca la noche. Aunque hoy se comprende que su intensa luminosidad impide la visibilidad de otras
estrellas durante el día, este conocimiento es el resultado de una larga evolución intelectual. En sus
inicios, el Sol fue objeto de múltiples interpretaciones simbólicas, mitológicas y científicas, construidas
en función de las necesidades culturales, sociales y tecnológicas de cada época.
Así las cosas, el concepto del Sol, por tanto, no ha sido estático; representa una acumulación progresiva
de saberes humanos, reinterpretada según el contexto civilizatorio. En algunos periodos ha sido
divinizado; en otros, concebido como fuente de vida, centro del sistema planetario o componente
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esencial para la medición del tiempo y la orientación. En su forma más actual, la astronomía lo define
como una estrella de tipo espectral G2V, pero esta designación científica no anula la riqueza
epistemológica e histórica que arrastra consigo.
A partir de esta complejidad, el presente estudio analiza las distintas formulaciones epistemológicas del
concepto del Sol a lo largo de la historia, identificando sus transformaciones, permanencias y vínculos
con los contextos culturales y científicos que las originaron. Este enfoque permite comprender cómo
las interpretaciones del astro han contribuido al desarrollo del pensamiento humano y cómo su
conceptualización refleja los distintos paradigmas desde los que se ha intentado explicar el universo.
METODOLOGÍA
Este estudio adopta un enfoque cualitativo, con una perspectiva histórico-hermenéutica, orientado a
analizar la evolución epistemológica del concepto del Sol desde sus primeras representaciones míticas
hasta su comprensión científica contemporánea. El tipo de investigación se define como descriptiva-
explicativa, dado que busca caracterizar las distintas formas en que el conocimiento solar ha sido
formulado en contextos culturales e históricos diversos, al tiempo que interpreta las causas de sus
transformaciones paradigmáticas.
El diseño de investigación es de carácter documental y transversal, centrado en la revisión y análisis de
fuentes secundarias disponibles públicamente. No se trabajó con población ni muestra humana, sino
con unidades documentales como libros, artículos académicos, tratados históricos y publicaciones
científicas especializadas, lo cual encuadra esta investigación dentro de un diseño no experimental. La
técnica de recolección utilizada fue la revisión bibliográfica sistemática, orientada a identificar textos
de acceso abierto con pertinencia cronológica y rigor académico en los campos de la astronomía, la
filosofía de la ciencia y la epistemología.
La selección de fuentes se basó en dos criterios principales: su valor cronológico, al abarcar desde textos
clásicos hasta estudios recientes, y su relevancia científica, priorizando aquellos trabajos que aportan
una visión crítica y contextualizada del concepto solar en distintos marcos epistemológicos. Se
excluyeron documentos de carácter especulativo, fuentes sin respaldo académico verificable, y
publicaciones sin acceso público.
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Como señala (Emmerson, 2022), “science progresses when understanding increases, that is, when
scientists grasp how to correctly explain or predict more aspects of the world that they could before”
(p. 1). Esta perspectiva permite contextualizar los cambios en la concepción del Sol dentro de los marcos
epistemológicos predominantes en cada época, al mostrar que cada avance en la comprensión del astro
ha estado ligado a un aumento en la capacidad explicativa o predictiva del conocimiento científico. De
este modo, no solo se reconoce la dimensión histórica del saber astronómico, sino también su carácter
progresivo en términos de profundidad interpretativa, lo cual implica revisar cómo diferentes
paradigmas han determinado lo que se entendía por “entender” el Sol en distintas fases del pensamiento
humano. Además, la investigación se apoya en el análisis de modelos cosmológicos históricos, como
los propuestos por Aristóteles, Ptolomeo y Copérnico, para comprender cómo las interpretaciones del
Sol han estado influenciadas por las estructuras de pensamiento de su tiempo. En este sentido, el estudio
de la evolución del concepto solar se convierte en un reflejo de la transformación del conocimiento
científico en general.
La obra de Taub (2017), destaca que la diversidad de los escritos científicos antiguos demuestra las
distintas formas en que se construyó y comunicó el conocimiento sobre el mundo natural, lo que subraya
la importancia de considerar los contextos culturales en los que se desarrollaron las ideas científicas
sobre el Sol. En efecto, los textos científicos de la Antigüedad no responden únicamente a una lógica
de acumulación empírica de datos, sino que formaban parte de una tradición discursiva que integraba
elementos filosóficos, literarios y religiosos. La escritura científica no era neutral ni universal, sino
profundamente contextual: reflejaba el horizonte de comprensión de cada época y el lugar que ocupaban
los fenómenos celestes dentro de su visión del mundo. El Sol no era solo un objeto de estudio
astronómico, sino un símbolo de orden, poder y trascendencia, cuya observación se vinculaba con
rituales religiosos, estructuras políticas y concepciones metafísicas del universo. La transmisión del
conocimiento solar en la Antigüedad dependía, por tanto, tanto de la autoridad del sabio como del
género discursivo elegido (poesía, tratado, comentario, enciclopedia), lo cual condicionaba la forma y
el contenido del saber que se transfería. Reconocer esta diversidad epistemológica es fundamental para
comprender cómo el concepto de Sol ha sido elaborado, conservado, transformado y -eventualmente-
desmitificado en el transcurso histórico.
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Judge (2020), afirma que “the Sun’s magnetic activity is a key driver of space weather, affecting satellite
operations and communication systems on Earth” (p. 22); en una versión traducida no oficial, lo que
indica en español el autor es que la actividad magnética del Sol es un factor clave del clima espacial y
afecta las operaciones de los satélites y los sistemas de comunicación en la Tierra. Esta afirmación no
solo resalta la influencia directa del Sol en los desarrollos tecnológicos actuales, sino que también pone
de manifiesto cómo la comprensión científica del astro ha dejado de ser un mero interés teórico o
contemplativo para convertirse en una necesidad operativa en contextos críticos como las
telecomunicaciones, la navegación satelital o la seguridad aeroespacial. Por lo tanto, entender la
dinámica solar en la actualidad implica reconocer la interdependencia entre ciencia básica y tecnología
aplicada, lo que subraya el papel fundamental de la sica solar dentro del paradigma científico
contemporáneo.
Hoskin (1997), señala que “the history of astronomy is not just a chronicle of discoveries but a reflection
of the changing human understanding of the cosmos”, enfatizando la necesidad de un enfoque histórico
para apreciar la evolución del concepto del Sol. Esta afirmación resalta que la astronomía, lejos de ser
una disciplina estática o lineal, constituye una manifestación profunda de la forma en que la humanidad
ha interpretado su lugar en el universo a lo largo del tiempo. El estudio del Sol, en este sentido, no
puede reducirse a una sucesión de hallazgos técnicos, sino que debe comprenderse como una ventana
privilegiada hacia las transformaciones del pensamiento humano, donde cada descubrimiento refleja no
solo avances instrumentales, sino también cambios en los marcos interpretativos que guían la
investigación científica y la cultura.
Finalmente, en cuanto a las consideraciones éticas, dado que el estudio se basó exclusivamente en el
análisis de documentos públicos y no involucró interacción con personas, no se requirió aprobación
ética formal. Sin embargo, se respetaron los principios de integridad académica, citación adecuada de
fuentes y transparencia metodológica. Esta estrategia metodológica -claramente delimitada y coherente
con el objetivo del estudio- permite valorar el rigor del trabajo y ofrece condiciones de replicabilidad
razonables dentro de investigaciones futuras que pretendan seguir líneas similares de análisis histórico-
epistemológico.
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RESULTADOS
Época Antigua
En las civilizaciones antiguas, el Sol fue concebido como una entidad divina y central en la cosmovisión
de diversas culturas. En el antiguo Egipto, el dios Ra personificaba al Sol y era considerado el creador
del universo y el dador de vida. Durante la quinta dinastía, se construyeron templos solares, como el de
Nyuserra en Abu Gurab, dedicados exclusivamente al culto solar. Según Magli (2023), “the solar
temples were a key element in royal ideology and religious practice, revealing the centrality of solar
worship during the Fifth Dynasty”.
En Mesopotamia, el dios Shamash era asociado con la justicia, la verdad y el orden. Este vínculo entre
el Sol y lo moral fue una constante en la cosmovisión sumeria y babilónica, donde se creía que la luz
solar no sólo iluminaba el mundo físico, sino también revelaba la verdad en el plano espiritual y social.
Shamash era invocado en contextos legales y judiciales, ya que se pensaba que su presencia garantizaba
imparcialidad en los veredictos y transparencia en las acciones humanas. Como señala Ancient Art
(2013), “Shamash was thought to see all things and judge all men with fairness, since his light touched
the whole world during the day” (párr. 2), lo que lo convirtió en símbolo de vigilancia divina y justicia
suprema. Su imagen aparecía en estelas jurídicas, como el famoso Código de Hammurabi, donde se lo
representa entregando la vara y el anillo del poder legal al rey, reforzando así su papel como garante
del orden cósmico y legislador moral.
Ilustración 1. Código de Hammurabi
Tomado de: Sampedro, A., & Barbón, J.J. (2009)
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Esta representación solar, al tiempo mística y normativa, revela cómo el conocimiento sobre el Sol no
se limitaba a un fenómeno natural, sino que se articulaba profundamente con las estructuras éticas y
políticas del mundo mesopotámico.
En Mesoamérica, el culto solar fue igualmente determinante. Entre los mayas, las estructuras
arquitectónicas eran diseñadas con una clara orientación astronómica. Según Méndez et al. (2005), “the
alignment of the Temple of the Sun to solar events demonstrates a sophisticated understanding of
astronomy among Maya priests and architects”. En el caso mexicano, el dios Huitzilopochtli
representaba el Sol en su fase ascendente, y su movimiento diario requería sacrificios rituales para
sostenerse, una práctica central en la teología imperial.
Ilustración 2. Escultura del dios Huitzilopochtli
Tomado de Mediateca.inah.gob.mx
En los Andes, los incas veneraban a Inti, el Sol, como fuente de legitimidad política y orden cósmico.
No solo era considerado el padre del Inca, sino también el garante de la fertilidad de la tierra, el
equilibrio natural y la cohesión social del Tawantinsuyo. Esta concepción del Sol integraba dimensiones
espirituales, agrícolas y dinásticas en una sola entidad sagrada. El templo del Coricancha en Cusco fue
el centro del culto solar, y su arquitectura, orientada hacia los solsticios, reflejaba la sofisticación
astronómica del pensamiento incaico. De acuerdo con la World History Encyclopedia (2011),
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“Coricancha was the most important temple in the Inca Empire and was dedicated to Inti, the Sun God,
whose favor was essential for agricultural and political stability” (párr. 1). En su interior, las paredes
recubiertas de láminas de oro simbolizaban la luz del Sol, y en sus alrededores se llevaban a cabo
ceremonias estacionales como el Inti Raymi, con las cuales se reafirmaba el vínculo entre el poder
celestial y la soberanía terrenal.
Ilustración 3. Máscara del dios Inti
Tomado de fototeca Gilardi NationalGeographic.fr
Esta asociación entre Inti y el orden estatal evidenciaba que, en la cosmovisión andina, el Sol no era
solo una deidad, sino también el eje articulador del funcionamiento del mundo.
La comparación de estas tradiciones muestra que, pese a no haber contacto entre sí, numerosas
civilizaciones antiguas desarrollaron nociones complejas y simbólicas sobre el Sol. Las definiciones del
astro en cada cultura estaban profundamente imbricadas en sus sistemas religiosos, políticos y
astronómicos. Esta diversidad de aproximaciones ilustra cómo el Sol fue conceptualizado de formas
distintas, pero igualmente fundamentales en cada cosmovisión, lo cual resulta clave para el análisis
epistemológico de su evolución.
Edad Media
Aunque el concepto de Edad Media se refiere históricamente al periodo comprendido entre los siglos
V y XV en Europa occidental, este estudio adopta una perspectiva comparativa y sincronizada, en la
que se consideran manifestaciones astronómicas coetáneas en otras regiones del mundo. Si bien dichas
culturas no comparten la misma cronología ni los mismos marcos históricos, presentan desarrollos
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paralelos en torno al conocimiento solar que permiten establecer un análisis transversal de carácter
epistemológico.
Durante este periodo, la idea del Sol experimentó una diversidad de interpretaciones que no se limitó al
ámbito europeo. En distintas regiones del planeta (sin contacto entre sí, pero con un interés común en
los fenómenos celestes), el astro fue incorporado en sistemas de pensamiento religioso, filosófico,
científico y simbólico. Como indica Smoller, la afirmación de que la Edad Media fue un periodo de
oscuridad intelectual ha sido superada: “Ancient and medieval astronomers knew quite well how to
predict when conjunctions and eclipses were going to happen” (Kanispel, 2024), revelando una vibrante
tradición astronómica y simbólica en esa época.
En Europa medieval, la luz del Sol también fue un elemento arquitectónico y simbólico clave en las
iglesias cristianas. No se trataba únicamente de una fuente de iluminación natural, sino de un recurso
simbólico que reforzaba la dimensión espiritual de los espacios litúrgicos. En la ilustración 4 se puede
observar la meridiana, lo cual evidencia la importancia de alinear el templo con el sol.
Ilustración 4. La Meridiana
Tomado de Amo, 2019
Como se observa la orientación de los templos no era arbitraria, sino que respondía a cálculos
astronómicos vinculados con eventos solares significativos como los equinoccios o los solsticios, lo que
permitía alinear la entrada de la luz con fechas importantes del calendario cristiano, como la Pascua o
el nacimiento de Cristo. Esta práctica tenía como finalidad enfatizar la conexión entre la luz solar y la
iluminación divina, reforzando así la lectura teológica del espacio arquitectónico. Estudios realizados
en iglesias paleocristianas y medievales en Italia muestran que “the orientation of the early Christian
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and medieval churches of Rome ... were oriented towards a direction included in the solar arch” (Leone,
Gaudenzi, Meddi, & Polcaro, 2017), lo que evidencia un conocimiento astronómico aplicado con fines
simbólicos, rituales y espaciales.
Esta orientación solar no era solo una práctica ritual, sino que articulaba una cosmovisión en la que la
luz divina indicaba la dirección de lo sagrado, alineando el edificio al cosmos y graduando el momento
de los rituales litúrgicos. En muchas sociedades, el Sol se integró como símbolo de legitimidad política,
asociándose con la figura del soberano o con el mandato cósmico que justificaba el poder terrenal.
Asimismo, su orientación era utilizada para definir la arquitectura sagrada, las direcciones rituales y las
delimitaciones de los espacios ceremoniales, reflejando una concepción del mundo profundamente
vinculada con la observación celeste. La luz solar, por tanto, no era solo un fenómeno físico, sino
también un principio de inteligibilidad del universo y un fundamento simbólico del saber. A
continuación, se describen algunas de las formas en que el Sol fue conceptualizado y utilizado como
objeto de conocimiento en diversas regiones del mundo durante este periodo histórico.
Europa
En la Europa medieval, el Sol adquirió un papel central en la arquitectura y la liturgia cristiana como
símbolo de la divinidad y la iluminación espiritual. Sullivan (2021) destaca que “medieval churches
have harnessed the power of sunlight to define and accentuate sacred spaces, as well as indicate
holiness”. Este uso intencional de la luz solar, orientada hacia ventanales y bóvedas, subraya una
comprensión simbólica que integraba astronomía, teología y diseño arquitectónico.
América (culturas precoloniales)
Aunque muchas de las prácticas solares de los pueblos andinos y mesoamericanos tienen origen anterior
al siglo V, numerosas manifestaciones astronómicas continuaron vigentes durante los siglos
correspondientes a la Edad Media europea. Por ello, se consideran parte de este análisis por su
continuidad epistémica, ya que reflejan sistemas de observación solar activos, ritualizados y funcionales
dentro de las cosmovisiones indígenas precoloniales durante dicho periodo.
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Ilustración 5. Piedra del Sol
Tomado de Amo, 2019
En la imagen se observa la piedra del sol, escultura creada como calendario por los Aztecas, la cual
servía como guía que ofrecía simultáneamente tributo al sol.
África
En África subsahariana, la astronomía práctica desempeñó un papel clave en las sociedades agrícolas y
pastoriles. Si bien existe escasa bibliografía específica sobre la Edad Media africana accesible en línea,
se sabe que muchas culturas construyeron calendarios ligados a los ciclos solares, integrados en
prácticas rituales y sociales. Holbrook, Medupe, y Urama, 2008, afirman en su escrito que: “Traditional
African societies made observations of celestial bodies to develop calendars, to regulate agricultural
activities, and to determine ritual and ceremonial dates.” Lo que confirma el uso del Sol en sus formas
de interpretar el tiempo y organizar sus actividades.
Asia (mundo islámico)
En el mundo islámico medieval, el Sol fue objeto de estudio científico riguroso. Al‑Biruni (973):
“described a flattened‑dome account” del tamaño del Sol y su posición en el horizonte, refutando
explicaciones previas y articulando un modelo más preciso de refracción atmosférica. Además, se
construyeron observatorios en Bagdad e Isfahán donde se emplearon astrolabios y cálculos solares para
determinar la dirección de la oración (qibla) y las festividades islámicas. En la ilustración 6 se puede
observar el Torii del santuario de Itsukushima en Miyajima (Japón).
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Ilustración 6. Torii del santuario de Itsukushima en Miyajima
Tomado de Amo, 2019
Oceanía (Australia)
Aunque las sociedades aborígenes australianas no se estructuran históricamente a partir de
periodizaciones como la Edad Media, sus sistemas de conocimiento oral sobre el Sol han perdurado a
lo largo de milenios. Esta inclusión responde a una perspectiva cultural que privilegia la continuidad y
profundidad de los saberes astronómicos tradicionales, más allá de los marcos temporales eurocéntricos.
En este sentido, su estudio aporta una dimensión complementaria al análisis global del concepto solar.
En Oceanía, los pueblos aborígenes desarrollaron una tradición astronómica oral profundamente
conectada con el Sol. Hamacher y Fuller (2020) señalan que “Aboriginal and Torres Strait Islander
people observe the solstices and other significant sunrise/sunset points along the horizon for
time‑keeping and indicating seasonal change”. Esta práctica etnoastronómica muestra una transmisión
de conocimiento solar que articula paisaje, cultura y currículo ritual.
En conjunto, los testimonios culturales, científicos y simbólicos del periodo medieval muestran que el
Sol fue objeto de múltiples formas de comprensión, integradas en marcos de pensamiento que
trascendieron la mera observación física. Tanto en Europa como en América, África, Asia y Oceanía,
las comunidades desarrollaron sistemas de interpretación solar profundamente conectados con sus
cosmovisiones, estructuras sociales y necesidades prácticas.
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Desde su papel como mediador espiritual en la arquitectura litúrgica cristiana, hasta su función como
regulador agrícola en las culturas andinas y como referencia astronómica en la ciencia islámica, el Sol
constituyó un eje epistémico que unificó saberes diversos en torno a un fenómeno compartido. Esta
multiplicidad de usos y significados confirma que la Edad Media, lejos de ser homogénea o
intelectualmente estancada, fue un periodo en el que el conocimiento solar se configuró a partir de
tradiciones complejas, interdependientes y profundamente vinculadas con el entorno cultural y natural
de cada civilización.
Renacimiento y Revolución Científica
La época del renacimiento se caracterizó por una revalorización de las culturas clásicas, consideradas
ejemplos importantes sobre la esencia del pensamiento racional y filosófico humano. Motivados por la
forma en la que los antiguos filósofos analizaban el mundo, surgió la necesidad de cuestionar aquellos
modelos que se habían propuesto hasta el momento para explicar distintos fenómenos de la vida
cotidiana, pues en su mayoría se vieron estructurados conforme a las creencias teológicas del momento.
Esta perspectiva crítica abrió el camino para una revisión profunda de los saberes heredados, marcando
el inicio de un cambio en la forma de concebir fenómenos naturales y astronómicos.
Durante el Renacimiento, movimiento intelectual que se originó entre los siglos XIV y XVI, se
reformuló el pensamiento del ser humano y su lugar en el universo, se le atribuye su inicio en Italia y;
aunque no es posible ubicarlo en la escala temporal con precisión, es definido como el periodo de
transición entre la Edad media y la época moderna. Es bajo estas condiciones que cualquier tipo de
avance significativo a nivel científico se vio inicialmente rezagado en su impacto por la reticencia inicial
en la población civil y los argumentos contrarios de la iglesia. Debido a esta presión de la Iglesia
católica, el desarrollo epistemológico del sol no se vio alterado significativamente, lo que ha ocurrido,
en cambio, ha sido un progreso en la comprensión de su función, con relación al planeta Tierra y, de
forma relacionada, aquella del ser humano y la trascendencia de su existencia.
En ese contexto, el modelo geocéntrico fue el esquema utilizado para explicar el movimiento del sistema
planetario conocido, y fue propuesto formalmente por Claudio Ptolomeo en el siglo II d. C. Hoy, dicho
modelo representa una muestra del ingenio humano en su intento por interpretar lo observable mediante
métodos que, desde una perspectiva actual, se consideran rudimentarios.
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A través de trayectorias circulares y complejas tablas astronómicas, se aspiraba a dar cuenta de lo que
los primeros astrónomos observaban, ubicando al planeta Tierra como el eje central alrededor del cual
se movían los cuerpos celestes.
“En el modelo ptolemaico del universo, la Tierra se consideraba el centro del cosmos, con el Sol, la
Luna, los planetas y las estrellas girando alrededor de aquella en órbitas circulares uniformes, mientras
viajaban por medio de una sustancia designada como aithêr” (Cartwright, 2023). Sin embargo, incluso
basándose únicamente en la observación, algunos astrónomos comenzaron a notar ciertas
inconsistencias en dicha propuesta. Al registrar las trayectorias de algunos cuerpos celestes, se
evidenció que su movimiento no seguía con precisión el patrón circular esperado. En ocasiones, los
astros aparentaban desplazarse en línea recta a través del firmamento, y luego revertían temporalmente
su curso, como si ‘volvieran sobre sus pasos’, para posteriormente retomar su trayectoria original. Este
fenómeno, conocido como movimiento retrógrado aparente, contradecía la idea de una órbita circular
perfecta y una velocidad orbital constante.
Es así como el modelo geocéntrico se vio en la necesidad de formular explicaciones para resolver las
discrepancias observacionales. En el caso del Sol, se propuso que su órbita estuviera “ligeramente
desviada del centro …, por lo que cuando el Sol se mueve alrededor de la Tierra, parece moverse más
cerca y luego más lejos cuando en realidad sigue el rumbo de un círculo perfecto” (Cartwright, 2023).
Esta aceptación forzada del modelo motivó la búsqueda constante de justificaciones que encajaran con
la teoría, incluso cuando las soluciones posteriores resultaron ser mucho más simples, como aceptar que
la trayectoria de los cuerpos celestes no es perfectamente circular, sino elíptica. En ese contexto, el
concepto del Sol no se asimilaba por sus propiedades físicas reales, sino como un medio para validar
una creencia subyacente, ya que, “para los antiguos pensadores (y muchos medievales), era necesario
que las órbitas planetarias fueran perfectamente circulares debido a que esto reflejaba lo que se
consideraba como la perfección de la Creación (y por tanto del Creador)” (Cartwright, 2023).
Gracias a las inconsistencias del modelo geocéntrico, como su incapacidad para explicar la variación
en las fases de Venus, en 1543 Nicolás Copérnico propuso un nuevo esquema que hoy se conoce como
modelo heliocéntrico. Este permitía una interpretación mucho más sencilla del comportamiento de las
órbitas de los cuerpos celestes del sistema solar.
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Sin embargo, su formulación no estuvo exenta de dificultades, especialmente debido al contexto social
e ideológico de la época, que implicaba desafiar creencias cosmológicas profundamente arraigadas.
En su propuesta, Copérnico sostenía que los cuerpos celestes giraban alrededor del Sol, el cual ocupaba
una posición central dentro del sistema. Como él mismo escribió: “Cualquier movimiento que parezca
acontecer en la esfera de las estrellas fijas no se debe en realidad a ningún movimiento de ésta, sino más
bien al movimiento de la Tierra” (Copérnico, 1507, como se citó en Kowalczyk, 2025). No obstante,
como aclara Cartwright (2020), fue con la aparición de Johannes Kepler que el modelo heliocéntrico
alcanzó mayor precisión, al establecer que las órbitas de los cuerpos celestes no eran perfectamente
circulares, sino elípticas.
De esta forma, aunque la idea epistemológica del Sol no cambió en su esencia, sí lo hizo la concepción
sobre su comportamiento y posición en el cosmos. El hecho de identificar al Sol como el centro del
sistema solar generó un cambio en cadena dentro del pensamiento científico, debilitando uno de los
pilares de la visión antropocéntrica tradicional: la idea de que el ser humano ocupaba el centro del
universo por designio divino. Así, la revolución heliocéntrica no solo transformó el modelo
astronómico, sino que también cuestionó profundamente la relación entre conocimiento, fe y el lugar
que se atribuía al ser humano en el orden del cosmos.
Era Moderna y Contemporánea
Desde una perspectiva temporal, la Edad Moderna puede ubicarse a partir de la llegada de los españoles
a América, extendiéndose hasta los límites de lo que hoy denominamos contemporaneidad. Este periodo
incluye cronológicamente al Renacimiento; sin embargo, lo ya discutido en el apartado anterior
representó un proceso de asimilación paulatina en el cambio de perspectiva de las personas, incluso en
el contexto de la incipiente globalización derivada de la expansión colonial.
Tras la expansión colonial y el lento proceso de asimilación de los nuevos paradigmas científicos, el
modelo heliocéntrico propuesto por Copérnico y posteriormente perfeccionado por Johannes Kepler,
junto con el avance técnico en la fabricación de telescopios, demostraron de manera casi tácita que el
entendimiento del universo podía prescindir de sistemas que atribuyeran sus mecanismos a
complejidades de origen divino. La propuesta de una órbita no perfectamente equidistante al centro
es decir, una trayectoria elíptica rompía con la noción de perfección asociada al movimiento de los
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cuerpos celestes, la cual se vinculaba simbólicamente con lo sagrado. Adicionalmente, según señala
Kutrovátz (2024), el registro de observaciones de manchas solares en la superficie del astro permitía
descartar su supuesta homogeneidad, lo que se convirtió en una evidencia empírica que limitaba su
carácter divino. Se puede observar en la ilustración 8, algunas manchas solares obtenidas por la NASA.
Ilustración 8. Manchas solares
Tomado de NASA,2025
A pesar de los avances observacionales y del cuestionamiento progresivo a la perfección solar, persistió
una fuerte reticencia a aceptar dichas evidencias. Esto se reflejó en la proliferación de justificaciones
alternativas, según las cuales las manchas solares no eran irregularidades propias del astro, sino nubes,
satélites o cuerpos menores que se interponían entre el observador y el Sol. Estas explicaciones no
fueron plenamente refutadas sino hasta la intervención del propio Christoph Scheiner, quien, habiendo
defendido inicialmente una de estas hipótesis, terminaría por aceptar la naturaleza solar de dichas
manchas tras confrontar observaciones más rigurosas.
En las décadas siguientes, el interés por el Sol creció entre numerosos científicos, quienes veían en este
cuerpo celeste, ahora reconocido como el centro del sistema planetario, un objeto clave para entender
las dinámicas del universo. Como señala Kutrovátz, Isaac Newton definió al Sol como el agente
principal responsable del movimiento de los cuerpos en el espacio próximo, al atribuirle fuerzas de
atracción gravitatoria. Su fascinación no se limitaba a la mecánica celeste, sino que se extendía también
a su posible influencia sobre la trayectoria de la luz, una hipótesis que, siglos más tarde, sería verificada
empíricamente por Albert Einstein en el marco de la teoría de la relatividad general.
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No obstante, los estudios desarrollados hasta ese momento se centraban en la influencia del cuerpo
celeste sobre su entorno, sin aportar una explicación clara sobre su naturaleza física. En conformidad
con lo descrito por Davidson (2011), fue gracias a Joseph von Fraunhofer, quien registró y sistematizó
las líneas oscuras en el espectro solar, y a Gustav Robert Kirchhoff, quien junto con Robert Bunsen
profundizó en su análisis, que fue posible identificar la composición química del Sol. A partir de las
similitudes observadas con otros cuerpos celestes, se logró finalmente categorizar al astro como una
estrella. La ilustración 9, muestra el espectro solar de nuestra estrella.
Ilustración 9. Espectro del sol
Tomado de Bass2000, 2025
De este modo, desde el punto de vista científico, el Sol fue clasificado como una “estrella de tipo
espectral G2 y luminosidad V, es decir, una estrella G2V. La forma rápida y abreviada que tienen
los astrónomos para referirse a las estrellas enanas amarillas que poseen entre 0,8 y 1,2 masas solares”
(Rodríguez, 2024). No obstante, esta categorización no excluye las múltiples connotaciones simbólicas,
culturales y sociales que su existencia ha adquirido a lo largo del tiempo y en distintas regiones del
mundo. El sol es reconocido a nivel general a partir de su definición científica, pero las atribuciones
ideológicas son capaces de convivir ahora con la misma.
DISCUSIÓN EPISTEMOLÓGICA
La historia del conocimiento sobre el Sol constituye un ejemplo paradigmático de ruptura
epistemológica, en el sentido kuhniano, donde un objeto natural pasa de ser interpretado mediante
categorías mítico-religiosas a ser explicado por leyes físicas y teorías astronómicas.
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Esta ruptura no implicó una simple sustitución de creencias por conocimiento empírico, sino un proceso
complejo en el que coexistieron múltiples sistemas explicativos, a menudo en tensión. La revisión de
las fuentes muestra que esta evolución fue tanto un cambio conceptual como un desplazamiento en las
prácticas y los lenguajes del saber.
En la época antigua, las concepciones solares no respondían a criterios empíricos verificables, sino que
estaban insertas en sistemas cosmogónicos donde el Sol era investido de agencia, voluntad y propósito.
La epistemología de este periodo se sustentaba en la integración entre lo natural y lo sagrado, y el
conocimiento se construía desde la correlación entre fenómenos observables y narrativas mítico-
religiosas. Esta forma de saber no debe entenderse como ignorancia pre-científica, sino como un sistema
coherente de interpretación de la realidad, donde el Sol cumplía funciones estructurantes tanto en el
plano simbólico como en el político y social, como lo evidencian los cultos solares de Egipto,
Mesopotamia, Mesoamérica y los Andes.
Con el progresivo cuestionamiento de las estructuras doctrinales y el resurgimiento del pensamiento
clásico, el conocimiento astronómico comenzó a desligarse de su subordinación teológica. Esta
transición no fue inmediata ni homogénea, pero marcó el inicio de un giro epistémico en la manera de
concebir el universo. La figura del Sol, hasta entonces inscrita en marcos simbólicos y cosmogónicos,
empezó a ser analizada como un cuerpo físico cuyo comportamiento podía describirse mediante
principios matemáticos y observacionales verificables. El Renacimiento abrió así el camino para una
ciencia solar menos alegórica y más experimental.
Durante el Renacimiento y la posterior revolución científica, el conocimiento sobre el Sol atravesó una
transformación significativa al pasar de una cosmovisión centrada en símbolos religiosos a una
perspectiva basada en la observación sistemática y el razonamiento matemático. La reformulación del
modelo heliocéntrico por parte de Copérnico, y su posterior desarrollo por Kepler y Galileo, no solo
desafió la autoridad del geocentrismo ptolemaico, sino que redefinió la forma en que se concebía la
posición del ser humano en el universo. Este cambio no implicó una ruptura absoluta con los saberes
heredados, sino una reinterpretación de estos bajo nuevos criterios de validación epistemológica, donde
la evidencia empírica comenzaba a sustituir al argumento teológico como fuente legítima de
conocimiento.
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El Sol, que durante siglos había operado como símbolo de divinidad, perfección y centro metafísico del
cosmos, comenzó a ser conceptualizado como un objeto físico susceptible de ser medido, descrito y
modelado. La transición del círculo a la elipse como forma orbital, propuesta por Kepler, puso en
cuestión los supuestos aristotélicos sobre la perfección celeste, mostrando que los cuerpos celestes no
obedecían a principios eternos e inmutables, sino a leyes naturales que podían ser descubiertas por
medio del cálculo y la experimentación. Esta modificación en la comprensión de la trayectoria solar no
solo redefinió la astronomía, sino que también marcó un giro epistemológico: el conocimiento dejó de
basarse en la analogía con un orden divino para fundarse en la predictibilidad, la coherencia lógica y la
posibilidad de refutación.
En este marco, el heliocentrismo no solo desplazó físicamente a la Tierra del centro del universo, sino
que descentró también al ser humano de su lugar privilegiado en el esquema del saber. La física
newtoniana, al postular un universo regido por leyes universales de atracción, consolidó un paradigma
mecanicista en el que el Sol dejó de ser una figura sagrada para convertirse en un nodo gravitacional
explicable matemáticamente. La epistemología moderna, en consecuencia, avanzó hacia una
comprensión del conocimiento como una herramienta acumulativa y sistemática, orientada a descubrir
regularidades naturales. El Sol, entonces, pasó a ser no solo objeto de observación, sino evidencia
empírica clave en la formulación de leyes universales, funcionando como ancla entre el modelo
matemático y la realidad observable.
No obstante, el paradigma mecanicista sería gradualmente complementado por un enfoque energético
y espectroscópico, especialmente a partir del siglo XIX, cuando se descubrque el Sol compartía
elementos químicos con otras estrellas. Este hallazgo transformó su estatus ontológico, permitiendo una
nueva epistemología basada en el análisis de la luz y la composición atómica. Así, el conocimiento solar
pasó de depender exclusivamente de la mecánica gravitacional a integrarse en un sistema más amplio
de comprensión fisicoquímica. Sin embargo, pese a este grado de precisión científica, la figura del Sol
continúa siendo objeto de resignificaciones culturales, simbólicas y filosóficas. La evolución
epistemológica del astro muestra, por tanto, que el conocimiento no es un proceso lineal ni puramente
acumulativo, sino una construcción histórica influida por los contextos culturales, los marcos teóricos
dominantes y las necesidades cognitivas de cada época.
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CONCLUSIONES
El análisis histórico-epistemológico del concepto del Sol ha permitido demostrar que su comprensión
no ha seguido una trayectoria uniforme ni exclusivamente científica, sino que ha estado determinada
por los marcos de interpretación disponibles en cada época y cultura. Desde su caracterización como
divinidad en las cosmovisiones antiguas hasta su clasificación como estrella G2V en la astronomía
moderna, el Sol ha sido un eje de articulación entre lo simbólico, lo natural y lo político.
Los resultados evidencian que el conocimiento sobre el astro ha sido funcional a las estructuras
ideológicas y epistemológicas predominantes: en contextos teocráticos fue símbolo de legitimidad y
orden; durante la revolución científica, se convirtió en objeto de disputa entre cosmologías opuestas; y
en la modernidad, se consolidó como fenómeno físico regido por leyes naturales, aunque nunca exento
de significación cultural. Esta transición revela que la ciencia no opera en vacío, sino que responde a
necesidades cognitivas, intereses sociales y avances tecnológicos que condicionan la forma de conocer.
Asimismo, el recorrido muestra que no existe una única forma válida de interpretar el fenómeno solar,
sino un conjunto plural de racionalidades que han cohabitado o sucedido históricamente. Por tanto, se
sostiene que la evolución del concepto solar debe entenderse como una expresión paradigmática del
desarrollo del conocimiento humano, más que como una mera acumulación de verdades.
RECOMENDACIONES
A partir del análisis realizado, surgen interrogantes que merecen ser abordados en investigaciones
futuras. Por ejemplo: ¿hasta qué punto las nuevas cosmologías (como la cuántica o la astrobiología)
continuarán desplazando las concepciones actuales sobre el Sol? Asimismo, resulta pertinente
preguntarse qué tipo de epistemología será necesaria para integrar sus dimensiones científicas
contemporáneas con las persistencias simbólicas y culturales que aún conserva. Estas preguntas abren
un campo fértil para futuros estudios interesados en examinar la tensión entre el conocimiento empírico
y las construcciones de sentido en torno a los cuerpos celestes.
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