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IMAGEN Y EL CARISMA DE LOS
CANDIDATOS Y SU IMPORTANCIA EN LA
DECISIÓN POLÍTICO-ELECTORAL
THE IMAGE AND CHARISMA OF CANDIDATES AND THEIR
IMPORTANCE IN POLITICAL AND ELECTORAL DECISIONS
Murilo Ramos Kuschick
Profersor-Investigador, Departamento de Sociología

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DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i5.19746
Imagen y el carisma de los candidatos y su importancia en la decisión
político-electoral
Murilo Ramos Kuschick1
markjankus@yahoo.com
Profersor-Investigador, Departamento de Sociología
UAM-Azcapotzalcio
RESUMEN
El presente artículo es una reflexión en que ponderamos mediante una comparación entre los procesos
político-electorales en México y los Estados Unidos de América de la importancia tanto de la imagen,
mediante la cual se visualizan en la actualidad los candidatos, así como de la categoría que fuera creada
por el socólogo alemán Max Weber -carisma-, mediante esta buscamos ver como tal figura que nos
conduce a los caudillos y líderes políticos con fuerte personalidad y ascendencia entre los grupos
masivos de electores se ha transformado en un importante categoría y a partir del sociólogo
norteramericano Randall Collins y la tipología que plantea acerca de este concepto verificar si algunos
presidentes estadounidenses y mexicanos en su elección pueden ser explicados con esta tipología.
Palabras claves: procesos políticos-electorales, carisma, imagen política
1 Autor principal
Correspondencia: markjankus@yahoo.com
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The image and charisma of candidates and their importance in political and
electoral decisions
ABSTRACT
This article is a reflexión in which we ponder through a comparision between the political-electoral
process in Mexico and the United States of America the importance of both the imagesm throught wich
candidates are currently visualized, as well as the category that was created by the german sociolgist
Max Weber -charisma-, through this we seek to see how a figure thath leads us to caudillo and political
leaders with strong personality ann ancestry among the massive groups of voters has became an
important category and from the North American sociologist Randall Collins and the typology that he
proposes about this concept verify if some American and Mexican presidents in their election can be
explained with this typology.
Keywords: political-electoral process, charisma, political image
Artículo recibido 09 agosto 2025
Aceptado para publicación: 13 septiembre 2025

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INTRODUCCIÓN
En este artículo buscamos hacer algunas comparaciones tomando en consideración la imagen de los
candidatos a la presidencia de la República en por los menos dos países y los propios presidentes para
poder verificar sí la imagen que proyectan y las imágenes que captan los electores de ellos es suficiente
para que lleguen al poder. Además, quisiéramos considerar al concepto de carisma que fuera
desarrollado por Weber (1987) y ampliado por Randall Collins (2020).
Propuesta teórica
¿Esta cuestión en qué la podemos sostener? Fundamentalmente, algunas corrientes de estudiosos de los
fenómenos y campañas ( Luque, 1996, García et. all., 2005, Kuschick, 2014) electorales han establecido
que las posibilidades de victoria o de derrota en la campañas político-electorales se encuentra fincada
en la imagen (Nimmo, 1976, 1995) qué los candidatos proponen más que en las ofertas políticas, es
decir, los elementos de corte emocional (Trent, 2000) van a ser más importantes a la hora de la elección
que los elementos de tipo racional, aquí tomaríamos tanto a los conceptos de acción racional con arreglo
fines qué plantea Max Weber (1987), así como las ideas propuestas por Anthony Downs (1957) en el
sentido que los electores son racionales y deciden en función tanto a las ofertas de los candidatos como
su valoración como lo plantea Fiorina (1981) partiendo de la valoración retrospectiva y prospectiva del
gobierno en turno.
Ahora quisiera llamar la atención para una propuesta que plantea que los ciudadanos (en la mayor parte
de las veces) se van a inclinar por los gobernantes qué tienen una imagen positiva (Benoit, 2003) y/o
favorable para ellos y los ven de manera positiva para tal motivo usaremos entre otras perspectivas el
análisis que plantea Randall Collins en su trabajo sobre el Charisma (2020), es decir, una gran parte de
los gobernantes o de los candidatos en los procesos electorales, no sólo pueden o deben mostrarse
capaces o eficientes como servidores públicos, sino que deben llamar la atención de los electores, no
sólo por sus propuesta y ofertas, sino por su conducta y que permitan q los electores vean que en caso
de ser electos van a realizar además de las políticas públicas señaladas y/o prometidas, sino que los
harán participes de un sueño, de un conjunto de propuestas muchas de ellas utópicas o simplemente
poco factibles de realizarse, pero suficientemente llamativas para entusiasmar a los electores, creo que
esto lo vino en la elección del 2018, y en otras de las cuales participó el presidente de México, Andrés

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Manuel López Obrador (AMLO) con promesas como: “Primero los pobres”, “El fin de la corrupción”,
“Abrazos no balazos”, es decir un conjunto de promesas, muchas de ellas muy simplistas y qué logran
llamar la atención al electorado medio que se encontraba como mostraron los resultados de algunas
encuestas desilusionados con el PRI, así como el PAN, partidos que estuvieron en el poder con
anterioridad.
Tipología del Carisma
Vamos a introducir una conceptualización en términos de comportamiento como a partir de la
concepción de Weber (1987) acerca de la acción racional, la cual creemos que sus formas entendidas
como modalidades de la acción nos proporcionan esquemas que nos permitan postular concepciones
explicativas sobre la conducta de los electores, además la concepción del carisma nos permitirá entender
cómo los electores buscan a cierto tipo de candidatos que les ofrecen ciertas posibilidades de esperanza
o satisfactores de sueños y de proyectos y estos candidatos pueden hacerlo desde posiciones de
izquierda, derecha o populista (2019).
Weber en su tipología del poder planteará tres modalidades bajo las cuáles el poder político se manifiesta
como dominación: legal, tradicional y carismático. ¿Qué significa esto? Y cómo lo podemos entender y
utilizarlo ya que finalmente lo que se logra mediante un proceso electoral es una dominación legítima,
es decir que aquellos que son elegidos sean aceptados y reconocidos por los ciudadanos. Weber
entenderá por dominación la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para
mandatos específicos, lo que significa que puede descansar en los más diversos motivos de sumisión:
desde la habituación inconsciente hasta lo que son considerados puramente racionales con arreglo a
fines. Un detrminado mínimo de voluntad de obediencia, o sea de interés (externo o interno) en
obedecer, es esencial en toda relación auténtica de autoridad (Weber, 1987, : 170).
De esta manera podemos partir que el gobierno sobre las personas y por lo tanto su obediencia a una
autoridad y a sus mandatos, como lo planeta Weber no funciona por motivos económicos y por lo tanto,
la obediencia de un trabajador a su jefe no puede estar condicionada únicamente por una motivación
económica, lo que significa que se necesita, de ahí que Weber diga:
Motivos puramente materiales y racionales con arreglo a fines como vínculo entre el imperante y su
cuadro implican aquí, como en todas partes, una relación relativamente frágil. Por regla general se le

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añaden otros motivos: afectivos o racionales con arreglo a valores. En casos fuera de lo normal pueden
éstos ser los decisivos. En lo cotidiano domina la costumbre y con ella intereses materiales, utilitarios,
tanto en ésta como en cualquiera otra relación. Por la costumbre y la situación de intereses no menos
que los motivos puramente afectivos y de valor (racionales con arreglo a valores), no pueden
representar los fundamentos en que la dominación confía (op. Cit. 170).
A partir de Weber hemos planteado que las posibilidades de dominación y de sometimiento a un líder
están ligados a tres formas de dominación legítima, esto es, aceptada, como nos dice Weber en una
máxima de conducta, es decir los sometidos a la dominación la aceptan.
2. Existen tres tipos puros de dominación legítima. El fundamento primario de su legitimidad
puede ser:
1. De carácter racional: que descansa en la creencia en la legalidad de ordenaciones estatuidas y
de los derechos de mando de los llamados por esas ordenaciones a ejercer la autoridad (autoridad legal).
2. De carácter tradicional: que descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones
que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la
autoridad (autoridad tradicional).
3. De carácter carismático: que descansa en la entrega extracotidiana a la santidad, heroísmo o
ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creada o reveladas (llamada) (autoridad
carismática).
En el caso de la autoridad legal se obedecen ordenaciones impersonales y objetivas legalmente
estatuidas y a las personas por ellas designadas, en méritos éstas de la legalidad formal de sus
disposiciones dentro del círculo de su competencia. En el caso de la autoridad tradicional se obedece a
la persona del señor llamado por la tradición y vinculada por ella (en su ámbito) por motivos de piedad
(pietas) en el círculo de lo que es consuetudinario. En el caso de la autoridad carismática se obedece al
caudillo carismáticamente calificado por razones de confianza personal en la revelación, heroicidad o
ejemplaridad, dentro del círculo en la que la fe rn su carisma tiene validez. El concepto de “carisma”
corresponde a una idea cristiana que tiene ver con la gracia.
Estas formas de la dominación legal-racional, tradicional y carismática las queremos utilizar
como un tipo ideal para entender tanto a los gobernantes como aquellos que aspiran a serlo. En gran

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medida los gobernantes de los países democráticos lo serán en términos racionales, es decir fruto de un
proceso electoral y qué los argumentos planteados pueden deberse, principal y fundamentalmente a una
cuestión de tipo racional con arreglo a fines -instrumental-, la decisión del elector se debe a qué él supone
qué dicho candidato es la mejor opción. En otros momentos la elección deriva de tradiciones muy
arraigadas y finalmente de una relación carismática.
Debe entenderse por “carisma” la cualidad que pasa por extraordinaria (condicionada mágicamente en
su origen, lo mismo si se trata de profetas que de hechiceros, árbitros, jefes de cacería o caudillos
militares) , de una personalidad, por cuya virtud se le considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o
sobrehumanas -o por lo menos específicamente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro-, o como
enviados del dios o como ejemplar y, en consecuencia, como jefe, caudillo, guía o líder.
¿Cuál puede ser la importancia del líder carismático y en qué sentido es superior a la de los otros
liderazgos?
Cómo se puede apreciar y como lo haremos de manera sucesiva los liderazgos y lo qué significan para
los ciudadanos tiene mucho que ver con la búsqueda de parte de ellos de líderes y pensamos que la
tipología que ofrece Weber así como la de Randall Collins (2015) es muy interesante y llamativa.
The term charisma is thrown around a lot these days, applied to everyone from pop stars to the merely
well-dressed. Sure, words can mean whatever you want them to mean, but they lose their power to
explain what is going on. In sociology, charisma is a theory about a particular kind of power, contrasted
with bureaucratic power and mere traditional authority. For Max Weber, who originated this analysis,
charisma is a main source of historical change, but it is unstable and doesn’t last. It doesn’t mean just
fashionable or popular; it means leadership that accomplishes big things.
We can improve Weber’s theory. When we closely examine charismatic people, we find four kinds of
charisma-- i.e. there are four different ways that people get charisma. A few people have most or all of
them; some get it from only one source.
1. Front-stage charisma
2. Back-stage charisma
3. Success-magic charisma
4. Reputational charisma

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1) Front-stage charisma
Front-stage and back-stage are Goffman’s terms for regions of everyday life: whether you are putting
on a public performance and doing official things, or when you are in private with your intimates. Back-
stage is informal, and it includes both hanging out with your buddies and confidantes, and planning how
to handle your front-stage performances. The glib term “transparency” so widely demanded today
implies there should be no backstages; no one ever gets to plan anything or to say what they really
believe; it all has to be goody-goody front-stage clichés.
Front-stage charisma means putting on overpoweringly impressive performances in front of an audience.
The crowd is not just convinced; they are swept off their feet. It is more than just an entertaining moment;
after such an experience, we will follow them anywhere. Charisma seizes people’s emotions and shapes
their will. A charismatic leader is a great speech-maker. Their speeches recruit a movement.
Jesus is the archetype of front-stage charisma. His sermon on the mount spills over into miracles among
the audience. Throughout his career he has mastery of crowds. Even with hostile crowds, he breaks their
momentum, seizes the initiative, and ends up emotionally dominating.
Other speech-makers with charismatic power include Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt, Julius
Caesar, and on the dark side of the force, Adolf Hitler. The entire Nazi movement was built on mass-
participation performances, including their sinister marches, swastikas, Heil Hitler! salutes, and loud-
speakers. A charismatic leader is master of the mass media of the day, whatever they may be.
2) Back-stage charisma
Having front-stage charisma does not mean you are charismatic in the informal situations of everyday
life. Winston Churchill was regarded as rather an ill-mannered drunk at dinner parties. Alexander the
Great was inspirational at the head of his troops in battle, but he palled around with his buddies and
sometimes got into fights with them.
An example of purely backstage charisma is T.E. Lawrence (of Arabia). When recruiting an Arab army
against the Turks in WWI, Lawrence did not try to dominate meetings or give orders. He let the warrior
equality of the desert take its course as they discussed at leisure whether to follow the British or not;
when the timing felt right, he would quietly announce that he was going to attack such-and-such,
whoever felt like coming was welcome. Lawrence also had weapons, money, camels, and a string of

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military successes, so he soon was being greeted with enthusiastic shouts by warriors rushing to join
him. Back on the British side of the lines, Lawrence was quiet but welcome because he brought good
news. After the war, he hated publicity and disguised himself as much as possible.
Others with back-stage charisma included Napoleon and Steve Jobs. I will comment on their
interactional techniques in a further post.
3) Success-magic charisma
Weber’s main criterion is that charismatic leaders are credited with supernatural powers. Jesus,
Muhammad, and Moses are associated with miracles and direct contact with the divine. On the secular
level, charisma comes from a string of successes, especially against the odds. Such a leader becomes
regarded as unbeatable.
Napoleon acquired such reputation for a long string of battle victories that enemy generals said his
presence on the battlefield was worth 40,000 troops, and advised the strategy of going up against other
French generals rather than Napoleon himself. Hitler’s reputation in Germany took off with a series of
diplomatic and military victories from the mid-1930s through 1941, backing up his earlier boast to make
Germany great again.
In the business world, Steve Jobs already had a reputation for backstage charisma when he first
developed Apple Computer Co, but his public image changed from eccentric to unbeatable after his
return to Apple in 1997 and a ten year string of soaring product roll-outs. He artfully combined success
charisma with frontstage charisma, organizing dramatic product launches and making Apple stores
scenes for enthusiastic crowd participation.
Unbroken success is hard to come by, and virtually all charismatic leaders have to deal with failure at
some point. But charisma requires at least an aura of success. One way this happens is that belonging to
a growing movement of enthusiastic followers gives confidence the leader’s promises will pay off. In
the stock market, a cascade of followers is a financial success in itself.
4)Reputational charisma
If you have charisma, you get a reputation for it. The fourth type of charisma is a result of the other
three. There is also some feedback effect; the more widespread your reputation for charisma, the more
it pumps up your appeal as a frontstage performer and as a miracle-worker. But this brings us onto tricky

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grounds. People who want to be charismatic can try to manipulate it, by working the public relations
machine. How successful is this?
One limitation is that the competition can get crowded. There is a limit on how many charismatic people
can exist at the same time, especially when they go up against each other. * It would be like having too
many prima donnas at a party.
* In examining the networks of philosophers across history, I found a pattern of “the law of small
numbers”-- the number of famously creative persons in one generation was almost always between 3
and 6. Whether a similar law of small numbers operates for politics or business has not yet been found.
The struggle for fame will shoot down many contenders, especially in an era dominated by easy access
to mass media. This implies that you need a foundation in one of the other three forms of charisma, to
have a chance at reputational charisma.
Television and video images convey not just reports of what people did and said, but what they looked
like saying it, as if they were face-to-face with the viewer. That turns the most basic test of charisma
more into the second type. Back-stage charisma depends on the kinds of emotions conveyed by facial
expressions and body rhythms; people are good at picking up genuine emotions and feel uneasy about
emotions which are forced. **
Does Donald Trump have charisma?
[1] Front-stage charisma is his strength. He dominates public meetings, making the crowd enthusiastic
and intensely loyal on his behalf. In that sense he is a great speech-maker, although not at all in the style
of traditional oratory. His sentences are short and often repetitive, his vocabulary limited. This brings
out an important point: effective speech-making does not depend on its formal qualities. Front-stage
charisma is generated by connecting with the audience, building emotion, and riding with it.
Trump stands out from other politicians by constantly doing something surprising. From the point of
view of his opponents, this means saying things which are shocking; but it also leaves them spending
most of their time responding to him, expressing outrage, and rebutting his claims. Trump thus always
seizes the initiative, and refuses to give it up. Whereas most people lose emotional energy when they
are attacked by a barrage of criticism, Trump does not back down, but renews the attack. Media scandals