LUPUS ERITEMATOSO SISTÉMICO:
MANIFESTACIONES CUTÁNEAS Y
REPERCUSIONES EMOCIONALES

SYSTEMIC LUPUS ERYTHEMATOSUS: SKIN

MANIFESTATIONS AND EMOTIONAL IMPACT

Leidy Paola Torres Chaparro

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador

Aura Michell Pacheco Quintero

Universidad Técnica Estatal de Quevedo, Ecuador

Lesmer José Valdeblanquez Amaya

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador

Angie Cristiana Mendez Villarreal

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador

Andersson Enrique Pedraza Rojas

Universidad Técnica Estatal de Quevedo, Ecuador

Saray Lorena García Orozco

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador

Judith Catalina Cuadros Torrado

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador

Andrea Marcela Daza Arrieta

Universidad Técnica Estatal de Quevedo, Ecuador

Estefany Daniela Mesa Orduz

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador

Andrés Felipe Carreño Duarte

Universidad Estatal Amazónica, Ecuador
pág. 7984
DOI
: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i5.20131
Lupus Eritematoso Sistémico: Manifestaciones Cutáneas y Repercusiones
Emocionales

Leidy Paola Torres Chaparro
1
Leidytorres19dr@gmail.com

https://orcid.org/0009-0002-3327-9274

medico general Universidad de Santander UDES

Aura Michell Pacheco Quintero

amipaqui@hotmail.com

https://orcid.org/0000-0003-3449-7273

medico general Universidad metropolitana

Lesmer José Valdeblanquez Amaya

mdlesmervaldeblanquezamaya@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0009-0752-1144

Especialista en Seguridad y Salud en el Trabajo
de la Universidad Santo Tomás sede
Bucaramanga.

Angie Cristiana Mendez Villarreal

angiemendezvill@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-7865-9839

medico general Universidad Autónoma de
Bucaramanga

Andersson Enrique Pedraza Rojas

apedraza367@unab.edu.co

https://orcid.org/0009-0006-9349-0863

medico general Universidad Autónoma de
Bucaramanga

Saray Lorena García Orozco

Sagao.95@gmail.com

https://orcid.org/0009-0004-0157-6340

medico general Universidad metropolitana,
ciencias de la salud , Barranquilla

Judith Catalina Cuadros Torrado

Torradocatalina@gmail.com

https://orcid.org/0009-0007-8387-8626

medico general Universidad de Santander,
Cúcuta

Andrea Marcela Daza Arrieta

Andredaza2@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-2254-6819

medico general Universidad metropolitana de
Barranquilla

Estefany Daniela Mesa Orduz

essameor@gmail.com

https://orcid.org/0009-0002-2366-3184

medico general Universidad de Santander

Andrés Felipe Carreño Duarte

andres-duarte05@hotmail.com

https://orcid.org/0009-0006-6463-9577

Uf seccional santa Marta

RESUMEN

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune crónica, multisistémica y
heterogénea, con manifestaciones cutáneas y neuropsiquiátricas que impactan de forma directa en la
calidad de vida de los pacientes. Las lesiones cutáneas como el rash malar, la alopecia cicatricial, el
lupus discoide y el lupus cutáneo subagudo constituyen hallazgos frecuentes y, en muchos casos,
diagnósticos. A ello se suman las repercusiones emocionales y cognitivas, entre las que destacan
depresión, ansiedad y deterioro cognitivo, cuya prevalencia supera ampliamente la de la población
general.

Palabras clave: Lupus eritematoso sistémico; Manifestaciones cutáneas; Rash malar; Alopecia
cicatricial; Lupus neuropsiquiátrico; Depresión; Ansiedad; Calidad de vida.

1 Autor principal

Correspondencia:
Leidytorres19dr@gmail.com
pág. 7985
Systemic Lupus Erythematosus: Skin Manifestations and Emotional

Impact

ABSTRACT

Systemic lupus erythematosus (SLE) is a chronic, multisystemic autoimmune disease with cutaneous

and neuropsychiatric manifestations that directly impact patients’ quality of life. Cutaneous lesions

such as malar rash, scarring alopecia, discoid lupus, and
subacute cutaneous lupusare frequent and
often diagnostic. Emotional and cognitive repercussions, including depression, anxiety, and cognitive

impairment, are highly prevalent compared to the general population.

Keywords:
Systemic lupus erythematosus; Cutaneous manifestations; Malar rash; Scarring alopecia;
Neuropsychiatric lupus; Depression; Anxiety; Quality of life.

Artículo recibido 02 setiembre 2025

Aceptado para publicación: 29 setiembre 2025
pág. 7986
INTRODUCCIÓN

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune sistémica, de curso crónico y
heterogéneo, que afecta principalmente a mujeres jóvenes. Su etiología es multifactorial e incluye
predisposición genética, factores hormonales, ambientales e inmunológicos que contribuyen a la pérdida
de la tolerancia inmunitaria y a la producción de autoanticuerpos (1).

Las manifestaciones cutáneas son uno de los signos más frecuentes y relevantes en el LES, presentes en
hasta el 7080% de los pacientes a lo largo de la evolución (2). Estas incluyen el rash malar, lesiones
discoides, fotosensibilidad, alopecia cicatricial y úlceras orales. Dichas lesiones, además de su
importancia diagnóstica, tienen gran impacto en la calidad de vida al ser visibles y estigmatizantes (3,4).

Por otro lado, las repercusiones emocionales y neuropsiquiátricas son frecuentes pero
subdiagnosticadas. La depresión y la ansiedad afectan hasta un 4060% de los pacientes, asociándose
con fatiga, dolor crónico y efectos adversos de la terapia, en particular los glucocorticoides (5).
Asimismo, entre un 2040% de los pacientes pueden presentar deterioro cognitivo, expresado en
dificultades de memoria, atención y velocidad de procesamiento, lo que se incluye dentro del espectro
de manifestaciones neuropsiquiátricas del LES (6,7).

En conjunto, la afectación cutánea visible y los síntomas emocionales/cognitivos representan una doble
carga para los pacientes, condicionando la calidad de vida, la adherencia al tratamiento y el pronóstico
global.

METODOLOGÍA

Se diseñó una revisión narrativa de la literatura con enfoque descriptivo y analítico, orientada a
integrar la evidencia disponible sobre las manifestaciones cutáneas del lupus eritematoso sistémico
(LES), sus repercusiones emocionales y neuropsiquiátricas, así como los elementos claves para un
abordaje clínico integral.

Estrategia de búsqueda bibliográfica

La búsqueda se realizó en bases de datos biomédicas internacionales: PubMed/MEDLINE, Embase,
Scopus, Web of Science y Cochrane Library, complementada con literatura gris y documentos de
sociedades científicas (EULAR, ACR). Se emplearon combinaciones de términos MeSH y palabras
clave en inglés y español: “systemic lupus erythematosus”, “cutaneous manifestations”, “cutaneous
pág. 7987
lupus erythematosus”, “discoid lupus”, “subacute cutaneous lupus”, “malar rash”, “alopecia”,
“neuropsychiatric lupus”, “depression”, “anxiety”, “cognitive impairment”, “management”,
“treatment”, “photoprotection”, “belimumab”, “anifrolumab”.

La estrategia de búsqueda se restringió a artículos publicados entre 2000 y 2024, aunque se incluyeron
referencias clásicas previas consideradas relevantes para la comprensión fisiopatológica e histórica del
tema.

Criterios de inclusión y exclusión

Inclusión: artículos originales, ensayos clínicos, revisiones sistemáticas, metaanálisis,
consensos de expertos y guías de práctica clínica que abordaran el LES con énfasis en
manifestaciones cutáneas, repercusiones emocionales/neuropsiquiátricas y estrategias de
tratamiento integral.

Exclusión: estudios en animales, reportes con escaso rigor metodológico, publicaciones
duplicadas y artículos no disponibles en texto completo.

Selección y extracción de la información

La selección se realizó en dos fases:

1.
Tamizaje inicial por títulos y resúmenes para descartar publicaciones irrelevantes.
2.
Revisión a texto completo de los artículos potencialmente elegibles.
De cada estudio se extrajeron las siguientes variables: tipo de diseño, población incluida,
manifestaciones cutáneas descritas, prevalencia de depresión, ansiedad o deterioro cognitivo,
herramientas diagnósticas utilizadas, modalidades terapéuticas y principales desenlaces.

Análisis y síntesis de la evidencia

Se empleó un enfoque cualitativo y temático, organizando la información en tres ejes:

1.
Manifestaciones cutáneas del LES (rash malar, alopecia, lupus discoide, lupus cutáneo
subagudo, úlceras orales/nasales, vasculitis cutánea, livedo reticularis).

2.
Repercusiones emocionales y neuropsiquiátricas (depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y
su impacto en calidad de vida).
pág. 7988
3.
Abordaje clínico integral (evaluación dermatológica y psicoemocional, tratamiento
farmacológico y no farmacológico, fotoprotección, apoyo multidisciplinario y educación al
paciente).

La síntesis se realizó respetando la secuencia cronológica y conceptual de los hallazgos, destacando
coincidencias, discrepancias y vacíos de investigación.

Manifestaciones cutáneas en el LES

Las manifestaciones cutáneas representan una de las expresiones clínicas más prevalentes del lupus
eritematoso sistémico (LES) y, en muchos casos, constituyen la primera pista diagnóstica que conduce
a la confirmación de la enfermedad. Estudios epidemiológicos señalan que hasta un 80% de los pacientes
experimentan lesiones cutáneas a lo largo de su evolución, y que aproximadamente un 25% de ellos
pueden debutar con afectación exclusivamente dermatológica antes de que aparezcan otros signos
sistémicos (8). Esta prevalencia convierte a la piel en un “espejo” del proceso inmunológico que subyace
en el LES. La afectación cutánea refleja tanto actividad inflamatoria (lesiones transitorias, fotosensibles,
reversibles) como daño crónico acumulado (lesiones cicatriciales, atrofias irreversibles), y ambas
dimensiones poseen valor pronóstico. Además, la visibilidad de estas lesiones en áreas expuestas del
cuerpo, como la cara, el cuero cabelludo y las manos, genera un impacto psicosocial considerable, con
efectos negativos sobre la autoestima, la funcionalidad social y la calidad de vida (9,10).

Rash malar

El rash malar o eritema en alas de mariposa es una de las lesiones más icónicas del LES, reconocida
incluso en los criterios de clasificación ACR/EULAR. Clínicamente, se presenta como un eritema fijo,
plano o ligeramente sobreelevado, que afecta las eminencias malares y el dorso nasal, respetando de
forma característica el surco nasolabial. Este último detalle clínico permite diferenciarlo de la rosácea
que suele afectar también pliegues nasolabiales y acompañarse de pápulas y pústulas y de la
dermatitis seborreica que se caracteriza por descamación grasa y pruriginosa (19). El rash malar
guarda estrecha relación con la fotosensibilidad, dado que la radiación ultravioleta induce apoptosis
queratinocitaria, liberación de antígenos nucleares y posterior formación de inmunocomplejos, lo que
desencadena infiltrados inflamatorios ricos en linfocitos T y células dendríticas plasmocitoides con
producción elevada de interferón tipo I (20).
pág. 7989
En cuanto a su curso clínico, puede presentarse de forma transitoria, asociado a brotes de actividad
sistémica, o persistente en pacientes con formas crónicas. En algunos estudios, su presencia se ha
correlacionado con mayor frecuencia de compromiso articular y hematológico, por lo que puede
considerarse un biomarcador clínico de actividad. Aunque no suele dejar cicatrices permanentes, sí
puede producir alteraciones pigmentarias residuales que generan incomodidad estética, particularmente
en mujeres jóvenes. Esto se traduce en un deterioro de la imagen corporal, sentimientos de vergüenza y
un riesgo elevado de depresión reactiva (21).

Alopecia cicatricial

La alopecia cicatricial es una manifestación dermatológica de gran relevancia por su carácter
irreversible. Se origina como consecuencia de inflamación crónica en lesiones discoides del cuero
cabelludo, que destruyen de manera permanente los folículos pilosos. Clínicamente se presenta como
placas alopécicas irregulares, con eritema perifolicular en fases activas, descamación fina y, en etapas
avanzadas, cicatrices atróficas y áreas despigmentadas (22). Esta forma de alopecia se clasifica como
un signo de daño acumulado en el curso del LES, diferenciándose de las manifestaciones reversibles
asociadas a la actividad.

La distinción entre alopecia cicatricial y alopecia no cicatricial resulta crítica en la práctica clínica. La
no cicatricial suele ser difusa, reversible y secundaria a actividad inflamatoria sistémica, fiebre o efectos
adversos de fármacos inmunosupresores (23). Su recuperación ocurre al controlar el proceso
inflamatorio o suspender el medicamento implicado, mientras que la cicatricial requiere intervenciones
dermatológicas como injertos capilares, dado que la regeneración espontánea es imposible. El impacto
psicológico de esta manifestación es particularmente severo, pues la pérdida permanente de cabello
afecta de manera profunda la autoestima, se asocia a aislamiento social y contribuye a cuadros de
ansiedad y depresión, sobre todo en mujeres jóvenes, quienes constituyen la población más afectada por
el LES (24).

Lupus discoide

El lupus discoide (LD) representa la forma más frecuente de lupus cutáneo crónico y puede
manifestarse como enfermedad localizada o generalizada. Se caracteriza por placas eritematosas bien
delimitadas, cubiertas por escamas adherentes y con tapones foliculares, que evolucionan hacia atrofia
pág. 7990
central, telangiectasias, hipopigmentación y cicatrización residual (25). Estas lesiones se localizan con
mayor frecuencia en la cara y el cuero cabelludo, aunque en la variante generalizada pueden
comprometer tronco y extremidades.

El LD es clínicamente relevante no solo por sus secuelas estéticas y funcionales, sino también porque
entre un 510% de los pacientes con esta forma de lupus cutáneo terminan desarrollando LES sistémico
(26). Por ello, el seguimiento regular con estudios inmunológicos y clínicos es obligatorio. La
morfología de las lesiones y su cronicidad generan, además, una carga psicológica considerable.
Pacientes con cicatrices faciales permanentes refieren alteraciones en sus relaciones sociales, laborales
y de pareja, así como un deterioro significativo en los índices de calidad de vida dermatológica (24).

Lupus cutáneo subagudo

El lupus cutáneo subagudo (LCS) se reconoce como un fenotipo intermedio entre el lupus cutáneo
agudo y el crónico. Clínicamente, se manifiesta con lesiones anulares policíclicas o papuloescamosas,
con distribución predominantemente fotosensible en áreas expuestas como cuello, parte superior del
tronco y brazos (27). Una característica importante es que rara vez deja cicatrices atróficas, aunque
puede ocasionar hipopigmentación o hiperpigmentación residual que afecta la estética del paciente.

Desde el punto de vista inmunológico, el LCS se asocia con anticuerpos anti-Ro/SSA y, en ocasiones,
con fármacos desencadenantes como hidroclorotiazida, terbinafina e inhibidores de la enzima
convertidora de angiotensina (28). Los pacientes suelen presentar enfermedad sistémica leve y
responden adecuadamente al tratamiento con antimaláricos, lo que lo convierte en una variante de mejor
pronóstico respecto a otras formas cutáneas de lupus. Sin embargo, la recurrencia frecuente de lesiones
tras exposición solar condiciona restricciones significativas en la vida diaria de los pacientes.

Úlceras orales y nasales

Las úlceras orales y nasales son manifestaciones frecuentes en el LES e integran los criterios de
clasificación tanto del ACR como del EULAR/ACR. Se caracterizan por ser lesiones superficiales,
indoloras y recurrentes, localizadas en paladar duro, mucosa yugal o tabique nasal (29). Aunque
carecen de especificidad absoluta, su presencia en un paciente con manifestaciones sistémicas sugestivas
aporta un valor diagnóstico considerable.
pág. 7991
La aparición de estas úlceras puede preceder al diagnóstico sistémico en semanas o meses y, en el
seguimiento, se consideran un marcador de actividad de la enfermedad. Es importante diferenciarlas de
las úlceras dolorosas propias de otras patologías como la enfermedad de Behçet o la estomatitis aftosa
recurrente. Su reconocimiento temprano facilita un diagnóstico oportuno y permite iniciar un manejo
integral antes de la aparición de complicaciones mayores.

Vasculitis cutánea y livedo reticularis

La vasculitis cutánea en pacientes con LES se caracteriza por inflamación vascular mediada por
inmunocomplejos, que se traduce clínicamente en púrpura palpable, pápulas urticarianas, lesiones
ulceradas o áreas de necrosis cutánea, principalmente en extremidades inferiores. Su presencia refleja
un grado mayor de actividad inmunológica y suele asociarse a compromiso visceral concomitante, en
especial renal y neurológico, lo que la convierte en un hallazgo clínico de mal pronóstico (30).

El livedo reticularis, en cambio, se manifiesta como un patrón reticulado violáceo, persistente o
intermitente, más evidente en las extremidades inferiores. Aunque puede presentarse en múltiples
condiciones, en el contexto del LES cobra especial relevancia por su asociación con el síndrome
antifosfolípido (SAF). En estos casos, su identificación debe llevar a una búsqueda activa de
anticuerpos antifosfolípidos, dado el riesgo elevado de eventos trombóticos arteriales y venosos (31).
Esta asociación convierte a un hallazgo dermatológico aparentemente “benigno” en una alerta temprana
para prevenir complicaciones potencialmente fatales.

Repercusiones emocionales y neuropsiquiátricas en el LES

El lupus eritematoso sistémico (LES) se ha consolidado como una enfermedad paradigmática en la que
la afectación física y psicológica se encuentran estrechamente entrelazadas. Además de los daños
inflamatorios en órganos vitales, el LES impacta de manera sustancial la esfera mental y emocional de
quienes lo padecen. Las manifestaciones neuropsiquiátricas no son infrecuentes; por el contrario,
estudios multicéntricos han demostrado que entre un 30% y un 50% de los pacientes desarrollan, en
algún momento, síntomas emocionales o cognitivos significativos (32). Este impacto deriva de múltiples
factores: la inflamación crónica sostenida que actúa sobre el sistema nervioso central (SNC), la acción
directa de autoanticuerpos neurotóxicos, los efectos adversos de medicamentos en especial los
pág. 7992
glucocorticoides en dosis altas o prolongadas y la carga psicosocial de convivir con una enfermedad
crónica, de curso incierto y con manifestaciones visibles que pueden ser estigmatizantes (33).

Depresión

La depresión es la alteración psiquiátrica más frecuente en pacientes con LES, con prevalencias que
oscilan entre el 20% y el 60% dependiendo de la población y de las escalas utilizadas para su detección
(34). La alta variabilidad se explica por diferencias en los criterios diagnósticos aplicados y por la
superposición de síntomas como fatiga, insomnio y pérdida de energía, que pueden ser atribuidos tanto
a la actividad de la enfermedad como a un trastorno depresivo mayor.

Desde la perspectiva fisiopatológica, la depresión en el LES está influida por mecanismos inflamatorios:
niveles elevados de citoquinas proinflamatorias (IL-6, TNF-α, interferón tipo I) actúan sobre el SNC,
modificando neurotransmisores como la serotonina y la dopamina. Clínicamente, la depresión se
relaciona con fatiga crónica, dolor osteomuscular persistente, alteraciones del sueño y limitaciones
funcionales. A ello se suma el impacto psicosocial de lesiones cutáneas visibles, alopecia cicatricial o
cicatrices faciales, que condicionan sentimientos de vergüenza y baja autoestima, particularmente en
mujeres jóvenes.

La depresión no tratada no solo deteriora la calidad de vida, sino que se ha demostrado que aumenta el
riesgo de mala adherencia terapéutica, hospitalizaciones recurrentes y progresión acelerada del
daño orgánico acumulado (35). Además, incrementa la mortalidad, tanto por conductas de riesgo como
por menor control de la enfermedad, lo que convierte a su detección temprana en una prioridad clínica.

Ansiedad

La ansiedad es otro trastorno común en el LES, con prevalencias reportadas de hasta el 40% de los
pacientes (36). La ansiedad se explica, en parte, por los mecanismos inmunológicos que afectan
neurotransmisores relacionados con la regulación del miedo y el estrés, pero también se asocia a la
incertidumbre intrínseca de la enfermedad: los pacientes viven con el temor constante de recaídas,
complicaciones orgánicas graves como nefritis lúpica o neuropsiquiátrico, y la posibilidad de
discapacidad a mediano o largo plazo.

En la práctica clínica, la ansiedad suele coexistir con la depresión, formando un cuadro mixto que
aumenta la percepción de dolor, fatiga y limitación funcional. Esta interacción genera un círculo vicioso:
pág. 7993
el dolor incrementa la ansiedad, la ansiedad potencia la percepción del dolor, y ambos contribuyen a la
disminución de la calidad de vida. Los pacientes ansiosos refieren, además, mayor afectación en la vida
laboral y social, con dificultades en el desempeño académico, disminución de la productividad y mayor
riesgo de desempleo (37).

El manejo inadecuado de la ansiedad repercute en la adherencia terapéutica: la preocupación excesiva
por efectos secundarios puede llevar a suspender o modificar por cuenta propia el tratamiento, lo que
incrementa el riesgo de brotes graves. Por ello, la identificación y tratamiento oportuno de la ansiedad
es clave en la atención integral del LES.

Deterioro cognitivo

El deterioro cognitivo forma parte de las manifestaciones neuropsiquiátricas del LES (NPS-LES) y se
observa en entre un 20% y un 40% de los pacientes, incluso en ausencia de manifestaciones neurológicas
mayores (38). Los déficits más comunes afectan la memoria verbal y de trabajo, la atención
sostenida, la velocidad de procesamiento de la información y las funciones ejecutivas. Estos
síntomas, aunque a menudo sutiles, interfieren con actividades cotidianas como el desempeño
académico, la productividad laboral y la capacidad de gestionar tratamientos médicos complejos.

Los mecanismos propuestos incluyen microvasculopatía cerebral, inflamación neuroinmunológica y la
acción de autoanticuerpos como los anti-NMDA, que inducen apoptosis neuronal y alteración sináptica.
Desde el punto de vista clínico, el deterioro cognitivo contribuye a la dependencia funcional, aumenta
el riesgo de desempleo y condiciona la necesidad de apoyo familiar y social. En muchos pacientes, este
deterioro se asocia también a depresión y ansiedad, potenciando el impacto global en la calidad de vida
(39).

Un aspecto relevante es que el deterioro cognitivo en LES puede ser subdiagnosticado: los pacientes
suelen atribuir sus síntomas a fatiga o distracción, mientras que los médicos pueden no sospecharlo sin
una evaluación neuropsicológica dirigida. Por ello, se recomienda la aplicación de instrumentos de
tamizaje como el MoCA (Montreal Cognitive Assessment) o pruebas neurocognitivas específicas,
especialmente en pacientes con quejas subjetivas de memoria o concentración.
pág. 7994
Impacto global

El impacto global de las repercusiones emocionales y cognitivas en el LES es profundo y multifacético.
La combinación de una enfermedad cutánea visible con lesiones como rash malar, alopecia
cicatricial o lupus discoide y la presencia de síntomas emocionales como depresión o ansiedad
configura un escenario de alta vulnerabilidad psicológica. Este binomio contribuye a un deterioro
marcado de la calidad de vida relacionada con la salud (HRQoL), medido en cuestionarios validados
como el SF-36 y el LupusQoL, que muestran consistentemente puntajes más bajos en pacientes con
compromiso cutáneo y neuropsiquiátrico (40).

Además, estas repercusiones emocionales influyen de manera directa en la discapacidad laboral:
múltiples estudios han demostrado que los pacientes con LES presentan tasas de desempleo
significativamente más altas que la población general, siendo la fatiga, la depresión y el deterioro
cognitivo los principales predictores. El riesgo de aislamiento social es igualmente elevado, debido a
la estigmatización, la disminución de la autoestima y la percepción de ser una “carga” para la familia.

En consecuencia, las alteraciones emocionales y cognitivas en el LES deben abordarse como parte
integral del manejo, con estrategias multidisciplinarias que incluyan tamizaje sistemático, psicoterapia,
intervención psiquiátrica cuando sea necesario, educación al paciente y programas de apoyo social. Solo
de esta forma es posible reducir la carga invisible de la enfermedad y mejorar los desenlaces clínicos y
psicosociales a largo plazo.

Abordaje clínico e integral en el LES

El abordaje del lupus eritematoso sistémico (LES), particularmente cuando confluyen manifestaciones
cutáneas y neuropsiquiátricas, debe ser concebido como un proceso integral, dinámico y
multidisciplinario. La complejidad de esta enfermedad no permite estrategias reduccionistas, ya que se
trata de un trastorno sistémico que combina inflamación inmunológica, daño orgánico irreversible,
alteraciones psicoemocionales y una fuerte carga social. El objetivo central no es solamente el control
de la actividad inflamatoria, sino también la prevención del daño acumulado, la mejoría de la calidad de
vida y la restauración de la funcionalidad psicosocial del paciente (41).
pág. 7995
Evaluación dermatológica

El primer paso en el abordaje es la evaluación dermatológica exhaustiva, que debe distinguir entre
lesiones activas y cicatriciales. Las lesiones activas son inflamatorias, fotosensibles y potencialmente
reversibles si se tratan de manera oportuna; su identificación permite orientar el tratamiento
inmunomodulador. Por el contrario, las lesiones cicatriciales, como la alopecia discoide o las cicatrices
atróficas, constituyen evidencia de daño permanente e irreversible, que requiere estrategias de
rehabilitación estética más que inmunosupresoras.

Para esta diferenciación, el uso de dermatoscopia resulta fundamental, ya que permite visualizar
estructuras foliculares, patrones vasculares y pigmentarios que orientan sobre la actividad de la lesión.
En casos de duda diagnóstica, la biopsia cutánea continúa siendo el estándar, revelando hallazgos
característicos como dermatitis de interfase, degeneración vacuolar de la capa basal e infiltrados
linfocíticos perivasculares. Además, la inmunofluorescencia directa puede confirmar la presencia de
depósitos de IgG, IgM, IgA y complemento en la unión dermoepidérmica, configurando el denominado
“band test” lúpico, que aporta un valor diagnóstico adicional (42).

Tratamiento cutáneo

El tratamiento de las lesiones cutáneas del LES es escalonado y debe individualizarse según la extensión,
severidad, cronicidad y refractariedad de las lesiones. La hidroxicloroquina y otros antimaláricos
(cloroquina, quinacrina) representan la piedra angular del manejo. Estos fármacos no solo controlan la
actividad cutánea, sino que también reducen el riesgo de brotes sistémicos, mejoran la sobrevida y
disminuyen el daño acumulado. Su seguridad a largo plazo es alta, aunque requieren monitorización
oftalmológica periódica debido al riesgo de toxicidad retiniana, que es dosis- y tiempo-dependiente (43).

Los corticoides tópicos son la primera línea para lesiones localizadas, gracias a su eficacia
antiinflamatoria y rápida respuesta. En casos de compromiso más extenso, se pueden utilizar corticoides
sistémicos, aunque se recomienda emplearlos por periodos cortos y a la dosis mínima posible, debido a
su relación con efectos adversos como osteoporosis, diabetes, hipertensión y alteraciones psiquiátricas.

Cuando las lesiones son refractarias o recidivantes, se incorporan inmunomoduladores como el
micofenolato de mofetilo, el metotrexato o la azatioprina, los cuales permiten reducir la dosis acumulada
de corticoides y controlar la inflamación persistente. En la última década, los agentes biológicos han
pág. 7996
revolucionado el tratamiento: belimumab, dirigido contra el factor activador de células B (BLyS), ha
demostrado eficacia en el control de manifestaciones cutáneas refractarias, y anifrolumab, un
anticuerpo contra el receptor de interferón tipo I, ha mostrado resultados alentadores en ensayos clínicos
fase III con significativa mejoría cutánea (44,45).

La fotoprotección constituye un pilar no farmacológico del tratamiento. Se recomienda el uso de
protectores solares de amplio espectro (UVA/UVB), con reaplicación cada 2-3 horas, así como medidas
físicas (ropa de manga larga, sombreros de ala ancha, gafas oscuras). El cumplimiento estricto de estas
medidas reduce de manera significativa la recurrencia de brotes cutáneos y mejora el control global de
la enfermedad (46).

Evaluación psicoemocional

El componente psicoemocional del LES requiere tamizaje sistemático y estructurado, ya que los
síntomas depresivos, ansiosos y de deterioro cognitivo suelen ser subdiagnosticados si no se exploran
de forma activa. El PHQ-9 es una herramienta breve y validada para la detección de depresión, que
permite cuantificar su severidad. Para la ansiedad, el GAD-7 ofrece un tamizaje confiable y fácil de
aplicar. En cuanto a la cognición, el MoCA (Montreal Cognitive Assessment) es preferido sobre el
MMSE, ya que detecta alteraciones leves en dominios de memoria, atención y funciones ejecutivas, que
suelen pasar desapercibidas en fases tempranas (47).

La implementación rutinaria de estas escalas en la práctica clínica contribuye no solo a identificar de
manera temprana problemas emocionales y cognitivos, sino también a establecer puntos de corte
objetivos que faciliten la derivación a psiquiatría, psicología clínica o neuropsicología. Este enfoque
permite intervenir de manera oportuna, evitando la progresión hacia discapacidad emocional y
mejorando la adherencia terapéutica global.

Apoyo multidisciplinario

El LES es una enfermedad multisistémica y multifacética, lo que exige un manejo coordinado entre
varias disciplinas. El reumatólogo desempeña el rol de coordinador principal, pero el éxito del
tratamiento depende de la interacción con dermatología, para el control de lesiones cutáneas complejas;
psiquiatría y psicología clínica, para el manejo de depresión, ansiedad o psicosis lúpica; y
neuropsicología, para la rehabilitación cognitiva de pacientes con déficit neurocognitivo. A esto se
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suma la intervención de medicina interna, nefrología y neurología, cuando existe compromiso de
órganos vitales.

La atención multidisciplinaria no solo incrementa la eficacia terapéutica, sino que también impacta en
la calidad de vida del paciente: se ha demostrado que este tipo de abordaje reduce hospitalizaciones,
mejora la adherencia a los tratamientos y favorece la percepción de control sobre la enfermedad. De
igual manera, la coordinación con trabajo social y programas comunitarios resulta clave para
garantizar la continuidad del tratamiento en contextos socioeconómicos adversos (48).

Educación al paciente

La educación del paciente es un pilar fundamental del abordaje integral. Involucra brindar información
clara y continua sobre la naturaleza crónica y fluctuante del LES, explicando la importancia de la
adherencia a los tratamientos, el reconocimiento de signos de alerta temprana y la adopción de
medidas de autocuidado. Los programas educativos deben incluir módulos de fotoprotección, higiene
del sueño, actividad física adaptada y manejo del estrés, así como técnicas de afrontamiento que
reduzcan la ansiedad y fortalezcan la resiliencia emocional.

Diversos estudios han demostrado que la educación estructurada mejora la adherencia a la
hidroxicloroquina, aumenta la satisfacción con el tratamiento y reduce la tasa de abandono terapéutico
(49). Además, el empoderamiento del paciente y de su familia favorece la toma de decisiones
compartida, fortalece la percepción de control y reduce el riesgo de aislamiento social. En este sentido,
la educación no debe considerarse un complemento, sino un componente esencial del tratamiento
integral del LES.

CONCLUSIONES

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune compleja, multifactorial y
heterogénea, en la que las manifestaciones cutáneas constituyen uno de los hallazgos más frecuentes
y visibles. Lesiones como el rash malar, la alopecia cicatricial, el lupus discoide y el lupus cutáneo
subagudo no solo aportan valor diagnóstico, sino que también reflejan la actividad inmunológica y, en
algunos casos, el daño acumulado. Estas expresiones dermatológicas impactan de manera
desproporcionada en la autoimagen y la calidad de vida de los pacientes, al estar localizadas en áreas
expuestas, lo que incrementa el estigma social y condiciona sufrimiento psicológico adicional.
pág. 7998
Las repercusiones emocionales y neuropsiquiátricas del LES, que incluyen depresión, ansiedad y
deterioro cognitivo, constituyen un componente esencial del espectro clínico. Su fisiopatología combina
factores inmunoinflamatorios, efectos adversos farmacológicos (como los glucocorticoides) y la carga
psicosocial de una enfermedad crónica y estigmatizante. Estas alteraciones se asocian con peor
adherencia al tratamiento, mayor discapacidad laboral, riesgo de aislamiento social y, en última
instancia, peores desenlaces clínicos. La evidencia muestra que la prevalencia de depresión oscila entre
el 20% y 60%, la ansiedad afecta hasta al 40% y el deterioro cognitivo se documenta en cerca de un
tercio de los pacientes, cifras que superan ampliamente las de la población general y que subrayan la
necesidad de una atención integral.

El abordaje clínico del LES debe ser integral y multidisciplinario. La evaluación dermatológica
minuciosa, apoyada en dermatoscopia y biopsia, permite diferenciar lesiones inflamatorias de
cicatriciales y orientar el tratamiento más adecuado. El manejo cutáneo se basa en el uso de
antimaláricos como la hidroxicloroquina, la terapia tópica o sistémica con corticoides y el empleo de
inmunomoduladores o biológicos en casos refractarios, con la fotoprotección estricta como medida
esencial no farmacológica. Paralelamente, la evaluación psicoemocional debe realizarse de manera
sistemática con escalas validadas como PHQ-9, GAD-7 y MoCA, permitiendo identificar y tratar
oportunamente depresión, ansiedad o deterioro cognitivo.

El éxito terapéutico exige un enfoque multidisciplinario, que integre reumatología, dermatología,
psiquiatría, psicología, neuropsicología y rehabilitación cognitiva, así como el soporte de medicina
interna y otras especialidades cuando existe compromiso multiorgánico. A esto se suma la educación
del paciente como herramienta central para promover la adherencia terapéutica, el autocuidado, la
fotoprotección y el desarrollo de estrategias de afrontamiento frente a la enfermedad.

En conclusión, el LES debe ser entendido como una condición que trasciende lo orgánico e involucra
de manera directa la esfera psicoemocional. El reconocimiento temprano y el manejo integral de las
manifestaciones cutáneas y neuropsiquiátricas constituyen un reto clínico, pero también una oportunidad
para reducir la carga invisible de la enfermedad, mejorar la calidad de vida y optimizar los
desenlaces a largo plazo.
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