EXPERIENCIAS INDIVIDUALES Y
PERCEPCIÓN DE PERTENENCIA:
UN ENFOQUE MULTIDIMENSIONAL EN
LAS COMUNIDADES
Individual Experiences and Perception of Belonging:
a Multidimensional Approach in Communities
María Fernanda Gil Claros
Universidad Santiago de Cali, Colombia

pág. 277
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i6.20832
Experiencias Individuales y Percepción de Pertenencia: Un Enfoque
Multidimensional en las Comunidades
RESUMEN
El fenómeno de la percepción de pertenencia en las comunidades constituye una temática de creciente
interés en contextos marcados por crisis y transformaciones de paradigmas, que transitan de la
simplicidad hacia la complejidad. Este artículo, de carácter teórico, analiza cómo las experiencias
individuales inciden en el sentido de pertenencia comunitaria desde un enfoque multidimensional que
articula dimensiones emocionales, sociales y educativas. A partir de la aplicación de una revisión teórica
de literatura especializada, los hallazgos señalan que la pertenencia a las comunidades no es neutral,
estática ni exclusivamente individualizada, sino un proceso relacional y situado, influido por factores
culturales, sociales, históricos y afectivos, donde las experiencias desempeñan un papel central en la
configuración de las identidades colectivas. Asimismo, se identifican vacíos teóricos vinculados a la
falta de estudios que profundicen en la articulación entre experiencias individuales e interacciones
contextuales, lo que visibiliza la necesidad de consolidar políticas públicas y prácticas comunitarias que
reconozcan y fortalezcan el sentido de pertenencia como factor clave del bienestar colectivo. En
conclusión, el enfoque multidimensional ofrece bases teóricas, conceptuales y metodológicas para
comprender los fenómenos complejos que atraviesa la sociedad contemporánea, aportando alternativas
frente a los retos sociales y políticos y contribuyendo a la construcción de una sociedad orientada hacia
la justicia social para todas y todos.
Palabras clave: experiencias individuales, pertenencia, comunidad, enfoque multidimensional,
cohesión social
1 Autor principal.
Correspondencia: maria.gil00@usc.edu.co
María Fernanda Gil Claros1
maria.gil00@usc.edu.co
https://orcid.org/0000-0001-7338-6782
Doctora en Filosofía Integral. Doctoranda en Pensamiento Complejo
Profesora Departamento de Humanidades
Universidad Santiago de Cali, Colombia

pág. 278
Individual Experiences and Perception of Belonging: a Multidimensional
Approach in Communities
ABSTRACT
The phenomenon of the perception of belonging in communities has become a topic of growing interest
in contexts marked by crises and paradigm shifts, transitioning from simplicity to complexity. This
theoretical article examines how individual experiences influence the sense of community belonging
from a multidimensional approach that integrates emotional, social, and educational dimensions. Based
on a theoretical review of specialized literature, the findings indicate that belonging to communities is
neither neutral, static, nor exclusively individualized; rather, it is a relational and situated process
influenced by cultural, social, historical, and affective factors, where experiences play a central role in
shaping collective identities. The study also identifies theoretical gaps related to the lack of research
that delves into the articulation between individual experiences and contextual interactions, highlighting
the need to strengthen public policies and community practices that acknowledge and promote the sense
of belonging as a key factor for collective well-being. In conclusion, the multidimensional approach
provides theoretical, conceptual, and methodological foundations to understand the complex
phenomena faced by contemporary society, offering alternatives to social and political challenges and
contributing to the construction of a society oriented toward social justice for all.
Keywords: individual experiences, belonging, community, multidimensional approach, social
cohesion
Artículo recibido 14 octubre 2025
Aceptado para publicación: 15 noviembre 2025

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INTRODUCCIÓN
La percepción de pertenencia en las comunidades constituye un tema de creciente interés en las ciencias
sociales, dado su impacto directo en la cohesión social y en el bienestar de sus integrantes El capital
social para Putman, se comprende como las diferentes relaciones que los individuos emprenden y
necesarios para la construcción de normas y entramados sociales que conectan el interés individunal y
el colectivo, posibilitando de esta manera, el fortalecimiento de lazos conducentes a relaciones de
mutualidad en los entornos sociales de los actores sociales en su bienestar individunal y colectivo
(Arteaga & Eguzki, 2013). En este ámbito experiencial de los individuos -que implica además de los
elementos cognitivos, los aspectos emocionales y/o de sentido (Baumeister & Leary, 1995), los sociales
(Hogg & Abrams, 1988) y pedagógicos (Freire, 1970)—, todos ellos generando diversas relaciones
importantes en las percepciones venidas de las conexiones entre el entorno, lo cognitive y lo emocional.
Varios autores como McMillan y Chavis (1986) miran la pertenencia desde la perspectiva como un
punto necesario y, quizás, constitutivo de lo identitario y lo reciproco.
Esta situnación toma relevancia en momentos donde las sociedades en su devenir económico, político,
Ambiental, diversidad cultural (Vertovec, 2007), cambios sociales (Beck, 1992) y las exigencia de
inclusión (Young, 1990) de parte de los divesos movimiento sociales, colocan temas de primera línea a
estudiar . El momento de la globalización que vive la humanidad, ha producido el fenómeno de las
migraciones Por tanto, globalización y configuración del capital producen movilidzad social como las
migraciones de población producto de los cambios climáticos, la guerras y las violencias, haciendo
importante acercarse al estudio de la pertenencia a escenarios donde reina la diversidad cultural (Berry,
1997). De igunal manera acontecimientos como las pandemias y/ o los conflictos políticos, económicos
afecta directamente los vinculos comunitarios, constitutivos de la percepción de pertenencia (Lin &
Vaux, 1988). En las busquedas de investigaciones realizadas, se puede evidenciar, como las vivencias
individunales inciden directamente en la manera como los sujetos definen el sentido de las relaciones
comunitarias y en la configuración de la identidad colectiva (Vecchio, G., HuertaOlivares, C.,
& Luengo Kanacri, B. P. 2020; Garzón, 2020; Dávila et al., 2023).

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La psicología social comunitaria, através de los diversos estudios sobre liderazgo, el desarrollo
comunitario, ha contribuido ha explorado la relación entre las experiencias individunales y constitución
colectiva dentro de la comunidad. En esta línea de análisis, la interdependencia entre lo individunal, el
contexto o entorno Ambiental, y la sociedad, hacen parte de dicha relación que propende al
mejoramiento de la calidad de vida a través del análisis de las situnaciones problemas, las
movilizaciones y el ejercicio de la ciudadanía (Gil, 2022).
No obstante, los adelantos tenidos en lo conceptunal, lo empírico continunan vacíos sobre el tema. En
lo concerniente al relacionamiento entre vivencias individuales -lo emocional y lo social- en la
conformación de la percepción de pertenencia. Es impotante ahondar la correlación entre el bienestar
emocional, las redes sociales, la ayuda percibido y el sentido de pertenencia (Sarason et al., 1983;
Thoits, 1985). En los concerniente a los aspectos culturales y su contextos, el impacto de dicha relación,
sigue siendo limitada (Uribe Lopera, L., González Montero, S. A., Vinaccia Alpi, S., & Montoya, T.
2024); Polo‑Garzón, C., & Villa Velasco, C. C. V. 2021)). Lo realizado por la psicología transcultural
y la óptica sobre la identidad social en la multiplicidad de entornos culturales se convierten en una
perspectiva valiosa (Markus & Kitayama, 1991; Triandis, 1995).
Al mismo tiempo, el enfoque multidimensional que permite articular la complejidad de los entramados
comunitarios como lo cognitivo, lo experiencial, lo cultural, lo educativo, Ambiental, requiere de seguir
analizando y ampliando en la perspectiva del relacionamiento.. En este orden de ideas, las ideas del
enfoque ecológico de Bronfenbrenner (1979), en lo concerniente al análisis del individuo y su entorno
en relación con las diversas variables que actúa sobre ellos, permite abrir el abanico hacia formas de
analisis complejos de la percepción, experiencia y vinculos comunitarios, antes que reducirlo a analísis
simples o reduccionistas de las dinámicas humanas en entornos colectivos.
Hasta aquí se demuesta, la necesidad de seguir estudiando teorías que analicen la forma como las
experiencia individunales inciden en la percepción en la pertenencia comunitaria, de la misma manera
abordar marcos teóricos que se muevan en contextos multidimensionales o de la complejidad Este
reastreo teórico tiene como objetivo analizar la forma como la experiencias individunales inciden en la
construcción de vínculos comunitarios desde la perspectiva multidimensional permitiendo entender la
complejidad del acontecimiento.

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Dicha perspectiva de lo multidiemencional se contempla dentro de los fundamentos del enfoque del
pensamiento complejo, el cunal aporta elementos epistemicos que concibe a realidad como una
correlación dinámica de dimensiones interdependientes —sociales, culturales, educativas, económicas
y emocionales— que deben ser consideradas en su articulación para una comprensión integral del hecho
comunitario.
METODOLOGÍA
El enfoque metodológico implementado corresponde a una revisión teórica, entendida como el proceso
sistemático de análisis y síntesis de literatura especializada, cuyo propósito es problematizar y construir
conceptos en relación con un fenómeno social. Según Hernández-Sampieri y Mendoza (2018), la
revisión documental permite analizar un tema y sus conceptos, identificando vacíos, tendencias y
debates en el conocimiento científico.
En este marco, se aplicó el método de revisión narrativa, el cual organiza, reinterpreta y aporta nuevas
perspectivas sobre teorías existentes (Baumeister & Leary, 1997). Este enfoque posibilita indagar
fenómenos sociales desde la pluralidad de marcos conceptuales y contextuales, lo que lo hace
especialmente pertinente para el presente estudio sobre la percepción de pertenencia en comunidades
desde un enfoque multidimensional.
El procedimiento metodológico se desarrolló en cuatro fases:
Búsqueda y selección de fuentes. Se consultaron bases de datos como Scopus, Web of Science, Scielo
y Google Scholar, delimitando el rango temporal entre 2019 y 2024, tomando autores piones sobre el
tema. Se emplearon como descriptores: experiencias individuales, pertenencia, comunidad, cohesión
social y enfoque multidimensional.
Criterios de inclusión y exclusión. Se seleccionaron artículos con rigor teórico y conceptual,
excluyendo aquellos sin evidencia académica suficiente.
Análisis y categorización. Se realizó un análisis crítico e interpretativo de los documentos,
identificando categorías emergentes relacionadas con dimensiones emocionales, sociales y educativas
de la pertenencia.

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Síntesis y construcción teórica. Finalmente, se elaboró una integración de los hallazgos, generando
nuevas aproximaciones teóricas en torno a la relación entre el enfoque multidimensional y el
pensamiento complejo.
MARCO TEÓRICO
Hacia la caracterización de las experiencias individunales.
Tópicos de las experiencias individunales
La diversidad y la singularidad hacen parte del entramado interdependiente de los sujetos que se mueven
en el tejido de las experiencias individunales. Dichas experiencias no corresponden a sucesos esperados
ni lineales; por el contrario, constituyen acontecimientos que irrumpen en la vida desde un “afuera” no
controlable. Por no ser sucesos que se pueda predefinir o estandarizar, exigen reconfigurar las relaciones
en que la persona se relaciona consigo misma, con los demás y con su entorno social. Es precisamente
en esta contingencia donde se abre la posibilidad de construir sentido, imaginar herramientas y
desarrollar prácticas para afrontar la vida en comunidad. Por ello, en las ciencias sociales resulta
esencial comprender cómo se viven los acontecimientos y cómo estas vivencias configuran distintos
tipos de experiencia humana.
En el caso de las personas mayores, sus experiencias deben analizarse desde la complejidad propia de
esta etapa vital, más allá de los imaginarios que las reducen a la inactividad en una sociedad que
privilegia la productividad, como analiza Paredes et al (2024) en el artículo Resiliencia y realidades
cotidianas: Experiencias de adultos mayores que viven solos en Arrayanloma Ecunador. La vejez
conlleva desafíos físicos, emocionales y sociales, como el sentimiento de no pertenecer o de ser
excluidas por una cultura que exalta la juventud. Así mismo, se visibilizan prácticas que ligadas al
trabajo comunitario, como lo son el cuidado de los animales -el sentirse útil para otros-, la agricultura -
el sembrar y ver el crecimiento de las plantas- y la participación en los grupos, vivifican el sentido de
la dignidad en sus vidas, fortaleciendo los lazos sociales fundamentados en la memoria, el afecto y la
experiencia (Paredes et al., 2024).

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En estas experiencias del adulto mayor existe una subjetividad que hace un llamado a reconocer la
colectividad como el escenario de posibilidad de reformar sus formas de vivir dignamente en otro
momento de su existencia. Los vínculos comunitarios, les permiten a los adultos mayores no sólo
afrontar el desatierro de actividades sociales, sino compartir sus saberes en la red de los saberes
colectivos, haciendo de la experiencia un proceso de creación de contribución hacia formas de vivir
más comunitarias y grupales, recobrando su sentido de pertenencia social, ético y afectivo. Es así como
lo vivido se constituye éticamente y socialmente importante para afrontar situnaciones colectivas que
requieren de mirar la memoria de lo acontecido para dar alternativas en un presente.
Estos aspectos, tanto lo biólogico, como tiempo social reflejen como la vejez no se puede mirarse desde
lo útil sino como un momento de la vida que aporta a la comprensión y transformación de la vida en
comunitaria.
Las experiencias adquiridas por el adulto mayor permiten recobrar una comunidad que da importancia
a los diversos saberes existentes en su organización. En la organización comunitaria cobra sentido las
memorias vivas necesarias de comprender históricamente para comprender y afrontar los desafíos de
un presente diferente. Esta forma de mirar la vejez en lo comunitario permite deconstruir la idea de
comunicad como algo homogéneo o estandarizado, para entrar a reconocerla como un entramado de
relaciones sociales, afectivas, simbólicas que tejen vida colectiva.
La relación entre subjetividad y estructura en el contexto epistemológico de la teoría social, ha sido
fuente de debate, donde la dicotomía ha sido la resultante en los análisis comunitarios, o se es
subjetivista, o se es estructuralista. En la perspectiva de Girando (2023) en el artículo La comprensión
de lo social desde el individuo en las ciencias sociales, se avanza en la relación entre la experiencia
individunal y lo social, para ello, recoge las ideas de Dilthey y Martuccelli. Del primero teórico, de
manera interpretativa -hermenéutica-plante como la base de la comprensión de lo social son las
vivencias internas, entendiendo que la conciencia histórica interpreta y crea realidad.

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Del segundo teórico, rescata el concepto de “pruebas”, como la puerta de poner en situación al individuo
su relación con su entorno, para así crear sentidos de vivir, sentidos de identidad, y de pensarse
posibilidades frente a las estructuras. Esta perspectiva abre una visión integradora en la relación entre
subjetividad y estructura, necesarias de mirar para reflexionar la complejidad que trae el comprender
las experiencias individunales en los lazos comunitarios.
Es por ello, que las experiencias recobran el sentido dinámico en las estructuras sociales. El análisis que
integra en la complejidad y la diversidad, permite mirar las experiencias no ya como respuestas
neutrales o pasivas de los efectos de estructuras determinadas y absolutas, sino comprenderlas como
acciones, acontecimientos que resignifican las condiciones sociales de vida. Giraldo, entiende lo
comunitario como un entramado de relaciones vividas. Lo que lleva a mirar lo emocional, la memoria,
el conflicto, los saberes, los deseos como una red de relaciones vividas. Esto implica reconocer el papel
de la emocionalidad, el conflicto, la historia y el deseo en la creación de lo social y del sentido de
pertenencia.
La conexión entre experiencia individunal y acción colectiva también se refleja en contextos formativos,
como muestra el artículo Aprender juntos para trabalhar juntos: competências colaborativas
desenvolvidas por integrantes de un grupo tutorial do pet-saúde interprofissionalidade de Almeida et
al. (2021) sobre experiencias en salud. Allí, las vivencias de los participantes revelan la construcción
de competencias colaborativas que no solo responden a exigencias técnicas, sino que implican procesos
afectivos y relacionales: empatía, comunicación, respeto por la diversidad de saberes y resolución
conjunta de problemas. En este caso, lo colectivo no se reduce a la suma de funciones, sino que se
construye desde el reconocimiento mutuo y la práctica compartida.
Desde esta mirada, los diversos tipos de experiencia —ya sea en la vejez o en escenarios profesionales—
evidencian que la comunidad no es una estructura dada a la que se pertenece, sino una construcción
activa, situada y reflexiva. Comprender esta dinámica implica reconocer que lo social se teje desde las
vivencias, el cuidado, la interacción y la imaginación colectiva de nuevas formas de estar juntos.

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Impacto emocional de las experiencias
La emocionalidad, habitualmente relegada en el pensamiento moderno, ha logrado recuperar un lugar
protagónico en las últimas décadas en las ciencias sociales, en sobresalen los estudios de experiencias
vividas en contextos comunitarios. Emociones como el dolor, la rabia, la ternura, el miedo o la
esperanza no se comprenden como simples reacciones individunales, sino como fuerzas sociales que
conforman formas de pertenencia y agencia colectiva (Loaiza et al., 2023).
El trabajo de Loaiza et al., centrado en los círculos de la palabra, se articula con los enfoques del
conocimiento situnado (Haraway, 1991; hooks, 1994), al reconocer que toda experiencia está atravesada
por afectos. Estos círculos funcionan como dispositivos metodológicos y políticos que permiten
resignificar el sentir colectivo, especialmente en sectores históricamente marginados. En estos espacios,
se visibilizan emociones silenciadas, transformándolas en herramientas de reparación simbólica y de
acción comunitaria.
En el contexto colombiano, marcado por violencias estructurales, desplazamientos forzados y
exclusiónterritorial, se requiere reconocer el impacto emocional para constituirse de esta forma en una
dimension profundamente reparadora. Líderes barriales que participan en estos círculos enfrentan
precariedades materiales, pero también cargas afectivas asociadas a la estigmatización social. Por lo
tanto los círculos también se constituyen en espacios de sanación colectiva, para reavivar el tejido social
a partir del afecto y la memoria compartida.
Uno de los hallazgos más significativos se basa en que las emociones no operan de forma aislada, sino
como parte de redes relacionales que generan sentido. El compartir emocional fortalece vínculos,
construye confianza y produce pertenencia. Lo anterior, permite a la comunidad dejar de ser un espacio
meramente físico para devenir en un entramado afectivo donde se construyen significados comunes.
No obstante, el estudio podría enriquecerse al problematizar los regímenes afectivos que determinan
qué emociones se legitiman y cuáles se silencian. ¿Qué emociones son permitidas socialmente? ¿Qué
lugar ocupan las emociones racializadas o feminizadas? ¿Quién tiene legitimidad para expresar
públicamente el dolor o la rabia? Estas preguntas abren la posibilidad de una crítica más profunda sobre
el control político de las emociones en los contextos sociales.

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En el ámbito educativo, las experiencias emocionales también evidencian su impacto estructural. El
estudio registrado en el artículo Relación depresión y apoyo social percibido en estudiantes de
enfermería en el contexto de conductas suicidas, de Esquivel et al. (2022), realizado con estudiantes de
enfermería, muestra que fenómenos como la depresión o las ideas suicidas no pueden comprenderse
solamente desde causas clínicas individunales, sino que se realcionan con contextos académicos
exigentes, competitivos y emocionalmente desvinculados. En este ambiente se require trabajar en
fortalecer vinculos que ofrecen escucha, validación y acompañamiento, convirtiendo de esta forma el
apoyo social como un factor protector.
Si las instituciones educativas continúan insistiendo en modelos centrados en el rendimiento
individunal, estarán reproduciendo un sufrimiento estructural silencioso.
Reconocer la dimensión afectiva del aprendizaje resulta clave para construir una ética del cuidado,
donde la interdependencia y el bienestar emocional sean condiciones fundamentales del proceso
formativo.
En concordancia con la planteado, la reflexiones del programa Creciendo Juntos (Álamo-Muñoz et al.,
2022) coloca en evidencia la paradoja del aula: o puede ser un espacio de exclusión o un espacio de
reconocimiento. Del mismo modo, el voluntariado juvenil (López-Cordero & Torres, 2019) evidencia
que las prácticas solidarias transforman subjetividades, permiten construir comunidad y promueven el
bienestar emocional.
En conclusión, el impacto emocional de las experiencias no es un aspecto periférico; por el contrario,
constituye un eje central para comprender cómo habitamos lo común, cómo resistimos y cómo nos
transformamos desde el cuidado mutuo y la potencia afectiva compartida.
Experiencias y redes sociales
Por lo que se refiere a las tecnologías digitales, estas han producido un giro pedagógico en la
producción, circulación y velocidad de los saberes en los escenarios educativos. Inicialmente las redes
sociales era herramienta recreativas o en el mejor de los casos espacios virtunales de socialización Pero
con los progresos tecnológicos y su dinámica de uso cotidiano, ya son parte de las acciones, y estrategias
pedagógicas para fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje, en especial en la adquisición de
conocimientos colocados de frente a situnaciones problemas del educando (Lázaro-Paz et al., 2024).

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Esto lleva a ubicar y pensarse lo digital como una posibilidad de consolidad procesos formativos que
sean más participativos, colaborativos y emocionalmente correlacionados, si cuenta con un
acompañamiento docente consciente que lo digital no es neutro, sino herramientas que requiere ser
contextunalizada y dirigidas pedagógicamente.
En la investigación El uso de las redes sociales como herramienta pedagógica en el aula (Lázaro-Paz
et al., 2024) da a conocer, de manera crítica, las contribuciones de lo digital en los procesos de cambios
educativos en contextos digitales. A partir de una metodología mixta, se analizan como las plataformas
como WhatsApp, Instagram, YouTube o Facebook se implementan con sentido educativo. Lo que se
evidencia es que cuando se utilizan con fines educativos y formativos, contribuyen a la consolidación
de relaciones inter e intra subjetivas de colaboración, de participación, y relaciones horizontales.
Uno de los aspectos a resaltar en este estudio es la necesidad de dejar de concebir las redes sociales en
el aula como herramientas técnicamente neutras, para resignificarlas como dispositivos pedagógicos
que posibilitan interacciones tanto simbólicas como afectivas. Esto implica mirar los procesos
formativos desde lo situado, donde el educando confronte lo que afirma en el plano teórico con lo que
practica en el aula. En este contexto, el papel del docente deja de ser el de un mero transmisor de
conocimiento para convertirse en mediador de vínculos afectivos y simbólicos.
También se destaca en el estudio, como dichas prácticas pedagógicas logran afectar positivamente en
la autoestima y el sentido de pertenencia en el aula. Un aula como dispositivo pedagógico que propicie
la colaboración, el compartir y construir ideas colectivamente, que promocione relaciones horizontales
y noviolentas, permite superar el modelo bancario de la educación que criticaba Freire (1970).
En el artículo de Jiménez et al. (2020), Características y percepciones sobre el uso de las plataformas
de redes sociales y dispositivos tecnológicos por parte de los adolescentes, se reflexiona en torno a dos
aspectos centrales: (1) las redes sociales se han constituido en espacios de construcción y/o
reconfiguración de la identidad, al tiempo que funcionan como escenarios de reconocimiento social y
de configuración de vínculos emocionales; (2) debido a su carácter virtual, generan en los educandos
experiencias marcadas por la incertidumbre y la ambivalencia. En su dimensión positiva, las redes
sociales favorecen la creatividad, la conexión y las expresiones simbólicas; mientras que, en su
dimensión negativa, propician altos niveles de presión social, búsqueda constante de reconocimiento y

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una sobreexposición que anula la intimidad. Estas dinámicas producen afectaciones emocionales, tales
como baja autoestima, ansiedad y aislamiento social.
Por otro lado, en la dinámica comunitaria la pertenencia no se define por lo geográfico ni por lo físico,
sino por lazos que remiten a las emociones digitales, donde cobra relevancia el sentido ético en las
relaciones emocionales dentro de las redes. En consecuencia, en el ámbito digital se configuran
pertenencias comunitarias inestables y relacionales, mediadas por lo emocional y lo simbólico.
Así pues, ambas investigaciones, concuerdan en establecer como las formas de enseñanza-aprendizaje,
los procesos formativos, la socialización y la identidad están a travesadas por la comprensión y el uso
de la redes digitales, las que llevan a repensarse la función pedagógica del docente, el rol de la escuela
y sus actores, con el propósito de fortalecer una ciudadanía virtual-crítica, y transformadora.
Percepción de pertenencia
Conceptunalización
Al abordar la noción de percepción de pertenencia en un sentido interpretativo, su precisión se vincula
con la experiencia subjetiva y con la interpretación que el sujeto hace de sí mismo y de los demás, en
situaciones donde requiere ser aceptado, valorado e incluido en una organización comunitaria. Este
concepto ha sido trabajado en las ciencias sociales desde distintos enfoques: la pedagogía crítica
(experiencia, subjetividad y conciencia), la sociología (interdependencia entre individuo y sociedad) y
la psicología comunitaria (dinámica grupal y procesos de identidad). En relación con McMillan y
Chavis (1986), el sentido de comunidad se comprende a partir de cuatro dimensiones: (1) la membresía,
entendida como el hecho de hacer parte de una comunidad; (2) la influencia recíproca, es decir, la
dinámica relacional entre los miembros de la comunidad; (3) la integración y satisfacción de
necesidades, como proceso de apropiación de la vida comunitaria; y (4) la conexión emocional
compartida, que alude a los lazos construidos en la cotidianidad. Esta percepción, configurada desde
tales aspectos, resulta especialmente relevante en la adolescencia, etapa en la que se forjan las
identidades y los vínculos con los pares.
Asimismo, el artículo de Fontes (2019), Recuerdos del movimiento. Cuerpo, paisaje y memoria en la
Quebrada de Humahuaca, reflexiona sobre un aspecto poco explorado en las ciencias sociales, pero
que hoy adquiere relevancia en el ámbito planetario: la relación entre cuerpo, territorio y memoria.

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Los cuerpos, como señalara Espinoza (1994), son afectaciones cuya potencia radica en producir
pasiones. El artículo analiza cómo dichas pasiones constituyen memoria afectiva, la cual vincula al
individuo con lo colectivo y con los tiempos tanto sincrónicos como diacrónicos. El sentido de
pertenencia se expresa de manera concreta —no abstracta— y situada, marcado por rituales, gestos y
desplazamientos que tejen lazos y configuran territorio. En situaciones de destierro, como en la
Quebrada de Humahuaca, recordar los cuerpos-territorios constituye un acto de resistencia que deviene
en acción política: resistir al olvido para reafirmar la historia compartida. De este modo, el cuerpo-
territorio compartido convierte la memoria en un tejido afectivo de pertenencia, construido a partir de
experiencias vividas y situadas.De la misma forma, el estudio de Lasso (2021), en Dejando huellas:
experiencias que enriquecen a la educación, muestra cómo los procesos de formación ética y afectiva
que se desarrollan en experiencias comunitarias reales no solo reinterpretan las prácticas educativas,
sino que también transforman los sentidos cognitivos y afectivos de los estudiantes, constituyéndolos
en sujetos escuchados, valorados y con capacidad de incidir en sus entornos colectivos. El aporte de
este trabajo se centra en resaltar la importancia de la formación ética y afectiva de los estudiantes
mediante el contacto directo con contextos comunitarios. Desde esta perspectiva, se propone una
pedagogía situada, concebida como una educación entendida como práctica de la libertad y de la
construcción de vínculos transformadores, en la cual el estudiante se configura como un sujeto ético-
político y compasivo con los demás y con su entorno, comprometido con el destino de las comunidades
En la misma línea se suma, Osorio et al. (2022), en su artículo Comprensiones de lo comunitario en
Terapia Ocupacional, se abordad cuatro ideas que permiten repesarse la comunidad como un escenario
complejo donde interactúan diferentes fuerzas: en primer lugar se invita a mirar la comunidad, más allá
de ser un objeto de intervención, el ser escenario de procesos dinámicos, en permanente relación consigo
mismos y con el afuera; en segundo lugar, el sentido de lo comunitario se edifica desde el afecto, el
cuidado y la mutualidad, es decir, es en la comunidad donde se vive los acontecimientos del
fortalecimiento del adentro ético de todo individuo: en tercer lugar, la pertenencia a una comunidad no
es un acto formal que se imponga para dar fe del ejercicio de la inclusión comunitaria, es un acto de
fortalecimiento de la interdependencia, la reciprocidad, y la escucha, son sujetos colectivos dispuesta a
entrar en la dinámica de la colaboración; en cunarto lugar, la comunidad, y aquí se resumen los tres

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aspectos anteriores, es un escenario ético de estar con los otros, con la alteridad, formando vínculos que
al reconocer a los otros diferentes, que establecen límites, también y por esa diferencia, construyen
identidades colectivas que resisten a la fragmentación del afuera.
En la misma línea, Osorio et al. (2022), en su artículo Comprensiones de lo comunitario en Terapia
Ocupacional, presentan cuatro ideas que permiten repensar la comunidad como un escenario complejo
donde interactúan diversas fuerzas. En primer lugar, se invita a comprender la comunidad no solo como
un objeto de intervención, sino como un escenario de procesos dinámicos, en permanente relación
consigo misma y con su entorno. En segundo lugar, el sentido de lo comunitario se construye desde el
afecto, el cuidado y la mutualidad; es en la comunidad donde se viven los acontecimientos que
fortalecen el interior ético de cada individuo. En tercer lugar, la pertenencia a una comunidad no es un
acto formal impuesto para dar fe de la inclusión, sino un proceso de fortalecimiento de la
interdependencia, la reciprocidad y la escucha, en el que los sujetos colectivos se disponen a participar
en la dinámica de la colaboración. En cuarto lugar, y como síntesis de los aspectos anteriores, la
comunidad se entiende como un escenario ético de estar con los otros y con la alteridad, donde se
forman vínculos que, al reconocer la diferencia y los límites de los demás, permiten también construir
identidades colectivas que resisten a la fragmentación impuesta desde el exterior
Factores que influyen en la percepción de pertenencia
En el trabajo La conexión con la naturaleza como factor clave en la formación de las identidades
infantiles: una revisión sistemática (Gutiérrez Pérez, Ruedas Caletrio, Caballero Franco & Murciano
Hueso, 2024), se plantea el papel mediador de la naturaleza en la configuración de las identidades
infantiles. El estudio destaca la relevancia de la conexión con la naturaleza en la construcción de la
identidad, subrayando la pertenencia territorial, simbólica y comunitaria en los procesos formativos. A
través de una revisión sistemática, los autores sostienen que la relación con los entornos naturales
fortalece los vínculos con los espacios físicos y sociales, lo cual contribuye al bienestar emocional.
En este proceso de mediación se identifican tres factores clave: el primero, hace referencia a la
experiencia sensorial y emocional en la naturaleza, pues ella posibilita una apropiación afectiva del
territorio; el segundo, a la mediación de adultos significativos, ya que un adulto consciente de su papel
como acompañante en el reconocimiento del entorno facilita que el niño integre dicho entorno como

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propio, trascendiendo una mirada meramente externalizada; y el tercero, a la participación en prácticas
comunitarias ligadas a lo natural, dado que las acciones colectivas permiten al niño fortalecer su
afinidad e identificación con lo comunitario como forma cotidiana de vida.
En otras palabras, este trabajo visibiliza la importancia de la naturaleza como mediadora en la
configuración del sentido de pertenencia infantil, donde confluyen fuerzas generacionales y culturales,
junto con dimensiones situadas y singulares de los procesos identitarios y colectivos.
De igual manera, los estudios de Gómez y Herrera (2023) y de Perdomo (2021), realizados en el
contexto de la pandemia, evidenciaron cómo la virtualización y el distanciamiento forzado debilitaron
la percepción de pertenencia en ámbitos como la escuela y los barrios. La fragmentación de las
relaciones presenciales, afectivas y de encuentro fragilizó los lazos comunitarios. En este escenario, las
acciones de reconocimiento de la diversidad y de promoción de la participación se constituyen en
elementos significativos para la consolidación de procesos de inclusión educativa, los cuales generan
vínculos éticos y emocionales que fortalecen el sentido de pertenencia a la comunidad educativa.
En síntesis, la percepción de pertenencia es una experiencia compleja que involucra lo subjetivo, lo
estructural, lo emocional, lo relacional, lo político y lo territorial. En este marco, la experiencia deja de
ser un simple registro de sucesos neutrales para convertirse en el significado vivencial de habitar el
territorio como propio, en un entramado afectivo donde la percepción requiere tanto de condiciones
materiales como de escenarios sociales que permitan sentirse parte de procesos inclusivos con un
marcado carácter comunitario.
Desde una perspectiva crítica, este análisis invita a repensar políticas sociales, pedagógicas y
comunitarias orientadas a fortalecer formas de convivencia fundamentadas en la justicia social, el
cuidado y la cooperación, en un contexto en el que la fragmentación de las relaciones materiales y
afectivas se ha intensificado.
Evaluación de percepción de pertenencia
En el artículo Impacto de la inscripción de la zona arqueológica de Palenque en la lista del Patrimonio
Mundial, Vargas (2022) propone comprender la noción de evaluación patrimonial más allá de un
ejercicio meramente técnico o externo. Para ello, plantea la necesidad de estudiar las dimensiones
sociales, culturales, económicas y políticas de las comunidades locales, lo que otorga un carácter de

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complejidad tanto a los análisis como a los resultados de las evaluaciones. Uno de los aportes centrales
del estudio radica en la exigencia de reconocer las memorias culturales como parte integral del proceso
evaluativo.
El estudio muestra que considerar la inscripción de Palenque como Patrimonio Mundial permite otorgar
un significado relevante a los relatos, las historias de vida, los símbolos y los hitos históricos construidos
por la comunidad. En consecuencia, Vargas (2022) sostiene que la evaluación debe involucrar las voces
de la comunidad y su participación activa en la construcción de sentidos colectivos. De este modo, los
individuos y sujetos comunitarios se convierten en actores centrales en la configuración de significados
y sentidos de pertenencia. Así, es posible interpretar las propuestas patrimoniales como expresiones del
devenir histórico de las comunidades, donde la evaluación se entiende como producto de procesos
interculturales y diversos, capaces de garantizar la pervivencia de las acciones y legados comunitarios.
Por otro lado, Nungaray (2024), en Un acercamiento a la forma de evaluar y percibir la evaluación,
reflexiona sobre el papel de la evaluación en los escenarios educativos, en los cuales deja de ser un
proceso neutral para situarse en el campo relacional. El proceso evaluativo está atravesado por aspectos
como la organización del tiempo, los acuerdos pedagógicos y las relaciones afectivas. Estos elementos
inciden directamente en el sentido de pertenencia académica, en la formación de la identidad y en la
autoestima del educando.
De acuerdo con el autor, para que la evaluación tenga efectos positivos en el fortalecimiento del sentido
de pertenencia a una comunidad, debe transitar de enfoques punitivos —que fragilizan la confianza y
el sentimiento de pertenencia— hacia enfoques dialógicos, claros y basados en el reconocimiento de la
alteridad, con especial atención a los esfuerzos realizados en el plano individual. Este cambio permite
otorgar solidez a los vínculos de pertenencia y a los sentidos pedagógicos de vivir en comunidad
académica.
Asimismo, la percepción de validez de la evaluación en el ámbito pedagógico está determinada por la
coherencia entre lo que se dice y lo que se hace en situaciones concretas, lo cual otorga un valor ético
a los sentidos de pertenencia en los procesos educativos. Cuando se respeta lo acordado —en lo
temporal, lo pedagógico y lo afectivo— se generan ambientes y relaciones de confianza y espontaneidad
a lo largo del proceso evaluativo, otorgando un lugar central a la experiencia emocional. En suma,

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Nungaray (2024) plantea que la evaluación incide no solo en lo académico, sino también en la
subjetividad, y con ello, en la dimensión emocional de las percepciones.
Siguiente con la línea de evaluación, el trabajo de Cañadas et al. (2021), Percepción del impacto de la
evaluación formativa en la formación inicial docente, se centra en la evaluación formativa y como ésta
incide en la formación de identidad y pertinencia profesional y académica del docente. Cuando la
evaluación formativa es diseñada y aplicada desde el diálogo pedagógico docente-estudiante, y la
retroalimentación de los puntos de vistas sobre el proceso o propuesta evalunada, se propician la
producción de identidades profesionales comprometidas con el trabajo grupal.
Siguiendo con la línea de la evaluación, el trabajo de Cañadas et al. (2021), Percepción del impacto de
la evaluación formativa en la formación inicial docente, se centra en la evaluación formativa y en cómo
esta incide en la construcción de la identidad y en la pertinencia profesional y académica del docente.
Cuando la evaluación formativa es diseñada y aplicada desde el diálogo pedagógico entre docente y
estudiante, así como a partir de la retroalimentación de los distintos puntos de vista sobre el proceso o
propuesta evaluada, se favorece la producción de identidades profesionales comprometidas con el
trabajo colectivo.
Los autores señalan que, para que la evaluación se constituya en un verdadero proceso de
retroalimentación de las prácticas pedagógicas y del desarrollo profesional de los docentes, es necesario
formularla en un contexto de respeto a los acuerdos y de generación de vínculos que la revaliden. De
este modo, las evaluaciones formativas se convierten en un dispositivo de conexión entre el desarrollo
profesional y las vivencias emocionales del aprendizaje.
En suma, los estudios revisados coinciden en afirmar que la evaluación no es una herramienta
técnicamente neutral, sino que constituye un dispositivo de formación identitaria, de compromiso y de
pertenencia a las comunidades educativas. La evaluación, además, se configura como una experiencia
afectiva, social y relacional, que la convierte en una práctica compleja.

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Enfoque multidimensional
Factores del enfoque multidimencial
En el trabajo Medición de la pobreza en el Perú: un análisis multivariante desde un enfoque
multidimensional, Chumpitaz (2024) desarrolla reflexiones relevantes sobre la pobreza desde la
perspectiva multidimensional. A través del uso del análisis multivariante, propone una alternativa
metodológica que permite captar con mayor rigor e integralidad las múltiples aristas de la pobreza,
superando las limitaciones de las mediciones centradas únicamente en el ingreso monetario.
El autor identifica veintiuna variables clave, distribuidas en dimensiones como salud, educación,
vivienda, empleo, servicios básicos, seguridad y participación social. Ello posibilita comprender la
pobreza como una condición estructural que trasciende lo económico, abarcando privaciones de
derechos, exclusión social y vulnerabilidad territorial.
Uno de los aportes más significativos del artículo es su enfoque territorializado, el cual evidencia cómo
la pobreza adopta formas diferenciadas según las regiones del país. Esta mirada geográficamente situada
contribuye al diseño de políticas públicas más focalizadas y sensibles a las desigualdades históricas
entre zonas urbanas y rurales, así como entre costa, sierra y selva. Asimismo, el uso del análisis
multivariante permite identificar patrones estructurales que reflejan dinámicas de reproducción de la
pobreza, lo que abre posibilidades para implementar estrategias de intervención integrales e informadas.
Por su parte, Ramírez-Pereira et al. (2023), en El análisis situacional de la teoría fundamentada en
salud, ofrecen una reflexión crítica sobre los métodos de investigación cualitativa en contextos
complejos, desde una variante posmoderna de la teoría fundamentada. Los autores defienden el análisis
situacional como una herramienta metodológica capaz de mapear relaciones, discursos, actores y
tensiones en escenarios caracterizados por la fluidez y la fragmentación. En contraste con los enfoques
que buscan verdades universales y estables, esta propuesta reconoce la importancia del contexto y la
multiplicidad de dimensiones que configuran los fenómenos sociales.
En el campo de la salud, esta aproximación resulta especialmente pertinente, ya que evita reducir las
experiencias de enfermedad, cuidado y bienestar al ámbito meramente biomédico, al tiempo que
permite comprender que estas están atravesadas por factores culturales, políticos, de género, de clase y
territoriales.

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En definitiva, las exploraciones situacionales permiten ir más allá de lo objetivo y retornar a lo singular,
donde subyacen la diversidad, lo simbólico y lo emocional, es decir, el contexto o realidad en la cual se
construyen las experiencias sanitarias.
Se plantea, entonces, una metodología flexible que permita recoger los diferentes aspectos —sociales,
culturales y emocionales— y formular conocimientos que acojan la multiplicidad de saberes sensibles
y pertinentes a las problemáticas que enfrenta hoy la salud pública.
Por último, el artículo de Cedeño et al. (2024), La responsabilidad social empresarial como elemento
de la gestión estratégica, presenta una reflexión crítica sobre la responsabilidad empresarial en relación
con la defensa y el fortalecimiento de la justicia social, así como con el desarrollo sostenible. Esta
perspectiva se aleja de la concepción de la responsabilidad entendida únicamente como un deber
jurídico o moral, y propone una mirada multidimensional que articula lo ético, lo económico, lo
ambiental y lo social, en conexión con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Desde este enfoque, la responsabilidad social empresarial (RSE) retoma su dimensión transformadora
a partir de tres ejes complementarios y en permanente interrelación: justicia social, equidad ambiental
y participación comunitaria. De esta manera, la RSE incide en la percepción de pertenencia comunitaria
al actuar con transparencia y en alianza con iniciativas comunitarias orientadas al bienestar social en
los territorios, lo que contribuye a fortalecer el sentido de pertenencia de sus habitantes.
En los tres trabajos mencionados se evidencia cómo el enfoque multidimensional constituye un
instrumento epistemológico y metodológico para el análisis de situaciones sociales complejas, en un
contexto en el que los paradigmas dominantes en las ciencias sociales atraviesan una crisis. Dichos
paradigmas, de carácter determinista y reduccionista, al explicar los problemas sociales no permitían la
articulación con otros saberes disciplinares distintos a lo social.
En contraste, el enfoque multidimensional posibilita análisis en diálogo con diversos conocimientos,
así como intervenciones sociales pertinentes orientadas a construir realidades comunitarias más justas
y sostenibles. Esto se refleja en campos tan variados como la medición de la pobreza, la gestión
empresarial o la salud, en los cuales se consideran los múltiples factores que intervienen en cada ámbito.

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Uso del enfoque multidimensional
El trabajo de Hunamaní (2023), Pobreza en el Perú: enfoques actuales e impactos de la gestión pública,
presenta una reflexión crítica sobre los modelos teóricos en el análisis de la pobreza, resaltando la
relevancia del enfoque multidimensional. Este enfoque permite comprender la pobreza más allá de las
aproximaciones reduccionistas centradas únicamente en los ingresos, abriendo la posibilidad de
examinarla desde una perspectiva interdisciplinaria que incorpora diversos factores, tales como la
calidad de vida, la salud, la educación, la vivienda, el empleo, el acceso a los servicios, así como la
participación social y ciudadana.
Uno de los aportes metodológicos más significativos del estudio consiste en la propuesta de medir tanto
la intensidad como la variedad de las carencias que enfrentan los hogares, introduciendo el cálculo del
promedio ponderado de privaciones.
El autor señala que esta perspectiva multidimensional no solo mejora la caracterización del fenómeno,
sino que también provee herramientas más sólidas para el diseño de políticas públicas y la formulación
de intervenciones sociales y políticas integrales. Asimismo, orienta las políticas hacia la validación de
las relaciones interdependientes entre las diferentes dimensiones que configuran la problemática de la
pobreza.
De igual forma, plantea que el enfoque multidimensional es especialmente pertinente para comprender
la pobreza en contextos territoriales con sus particularidades, aspecto de gran relevancia en países como
el Perú, donde la diversidad geográfica y cultural es notable. En consecuencia, las políticas públicas
deben partir de estas singularidades territoriales con el fin de lograr mayores impactos y asegurar la
sostenibilidad de los programas implementados.
En el mismo orden de ideas, García-Vélez y Velázquez (2022), en su estudio Un enfoque alternativo
para medir la pobreza multidimensional utilizando conjuntos difusos, proponen una metodología para
medir la pobreza a partir de la teoría de las capacidades de Amartya Sen. Este enfoque contempla
dimensiones como la educación, la salud, la vivienda y el empleo, superando los análisis reduccionistas
de carácter monetarista que suelen dejar de lado las capacidades del ser humano.

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De esta manera, se visibiliza la necesidad de implementar políticas públicas más humanas, eficaces y
contextualizadas frente a la exclusión social que enfrentan los sectores más vulnerables.
El estudio destaca que, al considerar dichas dimensiones, se logra una representación más realista de la
pobreza, lo cual favorece el diseño de intervenciones públicas pertinentes y sensibles a los contextos.
Los autores concluyen que superar el enfoque exclusivamente monetario es clave para formular
estrategias más humanas y adecuadas en la lucha contra la exclusión social.
Por otro lado, el trabajo de Castaño-Rosa et al. (2020), Midiendo la pobreza energética. Una revisión
de indicadores, explora críticamente los diferentes métodos internacionales utilizados para la medición
de la pobreza energética. Los autores cuestionan aquellos enfoques que consideran una sola variable,
señalando que problemáticas como la energética requieren la inclusión de múltiples dimensiones, más
allá de los aspectos ambientales. En este sentido, proponen aplicar un enfoque multidimensional que
contemple factores como salud, confort térmico, asequibilidad, seguridad energética y bienestar
emocional. La relevancia de este estudio radica en mostrar cómo la pobreza energética afecta
directamente la vida cotidiana y las condiciones de los grupos más vulnerables, incidiendo en su sentido
de pertenencia y calidad de vida.
En los tres trabajos presentados hasta aquí, se evidencia la pertinencia, eficacia y contextualización del
enfoque multidimensional frente a las realidades sentidas de las comunidades. Dicho enfoque se
convierte en una herramienta fundamental para comprender y transformar las múltiples expresiones de
la pobreza, así como para construir estrategias políticas orientadas a la implementación de la justicia
social.
Medición del impacto multidimensional
El artículo de Ciapessoni (2020), La prisión y después. Violencia, reingreso y situación de calle, aborda
de manera crítica una de las problemáticas más complejas en el ámbito social: la reintegración
poscarcelaria. Analizarla desde el enfoque multidimensional otorga una validación teórica significativa,
posicionándolo como una alternativa clave para la formulación de estrategias de intervención social y
comunitaria.

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Entre las ideas principales a destacar se encuentran:1.La violencia vivida en prisión —física,
institucional y simbólica— se relaciona directamente con la dificultad de reconstruir tanto la identidad
como los vínculos sociales; 2.La resocialización no es un proceso individual ni aislado, sino que
requiere reconocimiento, acompañamiento y escenarios de participación que permitan la consolidación
de los aspectos anteriores; 3.La formulación de políticas de reinserción debe considerar de manera
integral los factores que inciden directamente en las personas privadas de la libertad y 4.El aporte teórico
central radica en reconocer que el enfoque multidimensional integra de manera dinámica factores
emocionales, relacionales y culturales, indispensables para comprender y atender esta problemática.
Del lado de Schmelkes (2024), en Potencial de la educación para conservar y para transformar, se
plantea la educación como un agente de cambio cuando se la orienta desde el enfoque multidimensional.
El autor aborda tres aspectos centrales: 1La escuela no solo transforma saberes, sino también dinámicas
comunitarias, orientándolas hacia la conciencia crítica, la ciudadanía activa y la pertenencia social;
2.Para ello, el currículo debe adoptar un enfoque multidimensional que articule diversas dimensiones
de la formación: biológicas, sociales, éticas, ecológicas y políticas y 3.Es necesario retomar el
compromiso colectivo en la transformación del entorno, dotando al quehacer educativo de un sentido
teórico y práctico orientado a la justicia social y al bien común.
Desde esta perspectiva, la escuela deja de ser un espacio de mera transmisión de conocimientos para
convertirse en un escenario de construcción de identidades comprometidas con la defensa de los
derechos humanos, la equidad social, la sostenibilidad ambiental y la pervivencia de lo humano y lo no
humano.
En la misma línea, Cabrejo et al. (2024), en Del vínculo a la praxis, analizan cómo las estrategias
participativas fortalecen el sentido de pertenencia en las comunidades, trabajando este concepto desde
el enfoque multidimensional y una mirada crítica. Los autores destacan la importancia de trascender lo
cuantificable para situarse en las dimensiones simbólicas, afectivas y territoriales, rescatando la
memoria histórica —marcada por situaciones de exclusión y procesos de resistencia— como evocadora
de prácticas transformadoras.
Asimismo, enfatizan que la cohesión social se construye y se agencia en la comunidad a partir del
diálogo y de la participación permanente. Desde esta perspectiva, la metodología del enfoque

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multidimensional permite integrar la subjetividad, el tejido social y las relaciones comunitarias para
analizar los efectos de la praxis, entre los cuales el sentido de pertenencia ocupa un lugar central.
En conjunto, los tres estudios revisados muestran que el enfoque multidimensional resulta idóneo para
el análisis y comprensión de procesos sociales complejos, tales como la reintegración, la educación y
la pertenencia comunitaria, pues articula dimensiones como las relaciones de poder, la cotidianidad y
la cultura en pro de una sociedad más justa y con mayor equidad social.
Resultados
Desde esta óptica, el objetivo central de la investigación —comprender cómo las experiencias
individuales afectan la percepción de pertenencia— se abordó mediante una mirada transdisciplinar y
situada. Los hallazgos evidencian que las experiencias vividas, ya sean emocionales, sociales, culturales
o educativas, interactúan de manera compleja, modelando no solo la percepción individual, sino
también las formas en que las comunidades se representan se organizan y se proyectan. Estas
experiencias, lejos de constituir episodios aislados, configuran sentidos colectivos que revelan tanto
fracturas y desafíos como posibilidades para el fortalecimiento del lazo social.
Un aporte significativo de este análisis es la necesidad de comprender el enfoque multidimensional no
como la simple suma de factores, sino como una manera de pensar la comunidad desde su complejidad
inherente. Ello implica reconocer la interdependencia entre subjetividad y entorno, el papel de la
libertad en la construcción del vínculo social, y la coexistencia —a veces conflictiva— de múltiples
formas de pertenencia en un mismo espacio.
Tal como se evidenció en el recorrido analítico de los documentos revisados, el enfoque
multidimensional constituye una respuesta teórica y metodológica a las complejidades de los fenómenos
sociales contemporáneos. En lo que respecta al sentido de pertenencia, este enfoque integra dimensiones
emocionales, sociales y educativas, como lo muestran Williams et al. (2024), al estudiar el voluntariado
como práctica que articula motivaciones personales con compromisos colectivos. De igual modo,
factores contextuales y socioeconómicos actúan como mediadores existenciales de la pertenencia (Song
& Levine, 2024; Harms et al., 2024). En otras palabras, comprender las percepciones individuales de
pertenencia comunitaria exige análisis complejos y enfoques multidimensionales capaces de situar las

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subjetividades en sus contextos, al tiempo que se comprometen con la transformación de los entornos
económicos, sociales, culturales y políticos.
Conclusión
Este estudio reafirma la relevancia del pensamiento complejo y del enfoque multidimensional para
comprender las dinámicas comunitarias actuales. Ambos permiten superar las visiones técnicas o
funcionalistas y abrir caminos hacia formas más éticas, sensibles y transformadoras de pensar lo común.
La pertenencia, en este sentido, no es un dato fijo, sino un proceso en constante construcción que solo
puede comprenderse a partir de la diversidad de experiencias, saberes y afectos que habitan nuestras
comunidades.
Desde esta perspectiva, pensar complejamente —como lo plantea Morin (1984)— implica reconocer
que los procesos sociales no pueden reducirse a estructuras formales ni a patrones previsibles. El autor
afirma que “es aleatorio un proceso que no puede ser simulado por ningún mecanismo, ni descrito por
ningún formalismo” (p. 118), resaltando el carácter imprevisible de lo real. Esta incertidumbre, lejos de
constituir una debilidad del conocimiento, representa su potencial más fértil, pues abre paso al
acontecimiento, a lo inesperado y a lo transformador. En este sentido, la experiencia vivida se convierte
en un lugar privilegiado para comprender el cambio y para cimentar la construcción del lazo
comunitario.
En consonancia con esta perspectiva, se propone asumir una actitud crítica frente a los discursos
instituidos y dar lugar a los saberes emergentes, especialmente aquellos que provienen de lo local y lo
cotidiano. El pensamiento complejo exige: (1) reconocer la implicación del objeto de estudio con su
entorno; (2) comprender que el conocimiento está condicionado por las posiciones culturales, sociales
y políticas del observador; (3) concebir la comunidad como un sistema abierto y dinámico; (4) aceptar
la incertidumbre como parte constitutiva del saber; y (5) valorar el error, la contradicción y la
ambigüedad como caminos legítimos de aprendizaje.

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