EL ROL DE LA FAMILIA EN LA
FORMACIÓN CONDUCTUAL DE
NIÑOS CON TRASTORNO DE CONDUCTA
THE ROLE OF THE FAMILY IN THE BEHAVIORAL
DEVELOPMENT OF CHILDREN WITH CONDUCT
DISORDER
Karina Claret Albornoz Parra
Universidad Estatal de Milagro, Ecuador
Johana Espinel Guadalupe
Universidad Estatal de Milagro, Ecuador

pág. 380
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i6.20855
El Rol de la Familia en la Formación Conductual de Niños con Trastorno
de Conducta
Karina Claret Albornoz Parra1
kalbornozp@unemi.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-3847-0554
Universidad Estatal de Milagro
Ecuador
Johana Espinel Guadalupe
jespinelg@unemi.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-4867-2215
Universidad Estatal de Milagro
Ecuador
RESUMEN
El presente estudio analiza el rol de la familia en la formación y manejo de la conducta de niños
diagnosticados con trastorno de conducta, atendidos en el Centro de Desarrollo y Aprendizaje
(CENDA); su propósito consiste en comprender cómo las dinámicas familiares, los estilos parentales y
las pautas de crianza inciden en la manifestación de comportamientos disruptivos durante la infancia.
Se desarrolló bajo un enfoque mixto, combinando métodos cuantitativos y cualitativos que permitieron
integrar la observación sistemática, las listas de cotejo y las encuestas aplicadas a veinte familias; el
diseño adoptado fue descriptivo–transversal, orientado a reconocer patrones conductuales y
relacionales. Los resultados revelan que la consistencia en la comunicación, el establecimiento de
normas claras y la aplicación de refuerzos positivos contribuyen significativamente a reducir la
impulsividad y la desobediencia; mientras que las familias con estructuras poco definidas, carencia de
límites y escasa supervisión tienden a mantener comportamientos desafiantes y desorganizados. El
análisis funcional permitió determinar que la búsqueda de atención y la evasión de demandas cognitivas
operan como mecanismos de mantenimiento del comportamiento. En conclusión, se evidencia que el
entorno familiar cumple un papel determinante en la regulación emocional y en la adquisición de
habilidades adaptativas, siendo necesario fortalecer las competencias parentales desde una perspectiva
psicoeducativa integral.
Palabras clave: trastorno de conducta, familias, formación conductual, intervención psicoeducativa
1 Autor principal
Correspoondencia: kalbornozp@unemi.edu.ec

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The Role of the Family in the Behavioral Development of Children with
Conduct Disorder
ABSTRACT
This study analyzes the role of the family in shaping and managing the behavior of children diagnosed
with conduct disorder who are treated at the Development and Learning Center (CENDA). Its purpose
is to understand how family dynamics, parenting styles, and child-rearing patterns influence the
manifestation of disruptive behaviors during childhood. It was developed using a mixed approach,
combining quantitative and qualitative methods that allowed for the integration of systematic
observation, checklists, and surveys applied to twenty families. The design adopted was descriptive-
transversal, aimed at recognizing behavioral and relational patterns. The results reveal that consistent
communication, the establishment of clear rules, and the application of positive reinforcement
contribute significantly to reducing impulsivity and disobedience, while families with poorly defined
structures, a lack of boundaries, and little supervision tend to maintain challenging and disorganized
behaviors. Functional analysis determined that attention seeking and avoidance of cognitive demands
operate as mechanisms for maintaining behavior. In conclusion, it is evident that the family environment
plays a decisive role in emotional regulation and the acquisition of adaptive skills, making it necessary
to strengthen parenting skills from a comprehensive psychoeducational perspective.
Keywords: behavioral disorder, families, behavioral training, psychoeducational intervention
Artículo recibido 20 octubre 2025
Aceptado para publicación: 15 noviembre 2025

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INTRODUCCIÓN
El trastorno de conducta en la infancia temprana se reconoce como una alteración significativa del
comportamiento, caracterizada por la persistencia de patrones disruptivos, impulsivos y desafiantes que
interfieren de manera notoria con el desarrollo socioemocional, cognitivo y académico del niño
(Meléndez et al., 2023). A diferencia de otros trastornos del neurodesarrollo, Calderón et al., (2025),
nos indican que este cuadro se manifiesta principalmente en dificultades de autorregulación, adaptación
a normas y manejo de la frustración, lo que suele derivar en comportamientos oposicionistas o agresivos
que generan conflictos tanto en el ámbito familiar como escolar (Vega, 2020). En niños menores de
ocho años, dichas manifestaciones responden con frecuencia a factores ambientales y emocionales más
que a un déficit atencional estructural, evidenciando la necesidad de un abordaje diferenciado y
contextualizado (Ruiz y Ramirez, 2021). Investigaciones recientes han identificado una relación directa
entre los estilos parentales disfuncionales, la escasa supervisión familiar y la aparición de conductas
externas que alteran la convivencia y dificultan el desarrollo adaptativo (Vargas, 2023). Desde esta
perspectiva, el acompañamiento familiar y la detección temprana adquieren un papel esencial en la
prevención de patrones de comportamiento crónicos y en la promoción de entornos educativos
emocionalmente seguros.
A nivel familiar, el impacto del trastorno de conducta trasciende la esfera individual del niño, afectando
de forma significativa la dinámica y cohesión del grupo doméstico; las tensiones emocionales, la
desorganización de los vínculos afectivos y los elevados niveles de estrés parental se convierten en
factores de riesgo que retroalimentan los problemas conductuales según indica Chaverri y León (2022).
Cuando los padres enfrentan episodios repetidos de desobediencia, impulsividad o agresividad, suelen
responder con estrategias inconsistentes o coercitivas, lo que debilita la autoridad y dificulta el
establecimiento de límites claros. Estudios sistemáticos sobre estilos de crianza en contextos de
disfunción conductual evidencian que las pautas permisivas, negligentes o desorganizadas se asocian
con una mayor frecuencia de conductas externalizantes (Tinitana, 2023), mientras que las prácticas
basadas en la estructura, la calidez y la comunicación emocional favorecen la autorregulación y el
desarrollo de la empatía.

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Estas evidencias sugieren que la intervención en el ámbito familiar no solo debe enfocarse en la
modificación del comportamiento del niño, sino también en el fortalecimiento de las competencias
parentales, la gestión emocional y la coherencia educativa en el hogar (Valarezo et al., 2020).
En este sentido, comprender la complejidad del trastorno de conducta en edades tempranas implica
reconocer que las manifestaciones disruptivas no se explican únicamente desde una perspectiva
individual, sino que emergen dentro de un entramado de factores contextuales que abarcan las
condiciones familiares, el entorno educativo y las experiencias emocionales cotidianas del niño
(Mendoza y Villasana, 2025). Investigaciones recientes sostienen que la exposición constante a
contextos familiares con escasa supervisión, disciplina inconsistente o comunicación afectiva limitada
contribuye al fortalecimiento de conductas desafiantes y agresivas (García y Palacios, 2022), lo cual
evidencia que la interacción entre el ambiente y el desarrollo emocional resulta determinante para el
curso y la persistencia de estas manifestaciones.
La regulación emocional de los padres desempeña un papel esencial en la configuración del
comportamiento infantil, dado que los niños aprenden patrones de afrontamiento observando las
respuestas emocionales de sus cuidadores principales (Pérez y Navarro, 2021). Cuando los adultos
expresan reacciones impulsivas o autoritarias frente al conflicto, los menores tienden a reproducir
dichas formas de respuesta en sus propias interacciones, generando un ciclo de imitación y refuerzo
conductual que dificulta la adquisición de habilidades de autorregulación. En este marco, el trabajo con
las familias adquiere una relevancia especial, ya que su participación activa en los procesos educativos
y terapéuticos puede convertirse en un factor protector frente al desarrollo de comportamientos
disruptivos más persistentes (Palacios et al, 2024), reforzando la necesidad de comprender la conducta
infantil como el resultado de una dinámica relacional más que como un problema individual.
Dentro del ámbito educativo, los comportamientos disruptivos observados en los niños con trastorno de
conducta generan un impacto directo en la dinámica del aula, afectando tanto el proceso de enseñanza
como la convivencia escolar (Trejos et al., 2023). Los docentes, especialmente en espacios
especializados como el CENDA, reportan dificultades para mantener la atención, promover la
cooperación grupal y sostener rutinas de trabajo, dado que las conductas impulsivas,

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Los episodios de oposición y la baja tolerancia a la frustración interfieren con el desarrollo de las
actividades planificadas (Rojas y Méndez, 2022). Estas manifestaciones, lejos de representar
únicamente un desafío disciplinario, reflejan la necesidad de comprender las respuestas del niño como
expresiones de un malestar emocional o de una búsqueda de regulación que no ha encontrado vías
adecuadas de expresión, por lo que el acompañamiento pedagógico requiere de estrategias centradas en
la comprensión del origen del comportamiento más que en su sanción.
Desde esta perspectiva, el abordaje del trastorno de conducta demanda una colaboración estrecha entre
la familia y la institución educativa, donde ambos actores asuman un rol corresponsable en la
orientación del desarrollo socioemocional del niño, dicha declaración nace del anaálisis reflexivo de
Salto, Calle, Segarra y Tapia (2024). La evidencia muestra que las intervenciones más efectivas son
aquellas que combinan el trabajo conductual en el aula con la orientación a padres, permitiendo
establecer coherencia entre las normas y las expectativas de ambos contextos (Fernández et al., 2023).
Así, la escuela se convierte en un espacio de observación e intervención, mientras que el hogar
representa el entorno donde las pautas aprendidas pueden consolidarse a través de la práctica cotidiana,
favoreciendo la estabilidad emocional y el fortalecimiento de las habilidades adaptativas.
En este marco, el presente estudio se desarrolla en el Centro Educativo de Desarrollo y Aprendizaje
(CENDA) con el objetivo de analizar el rol de la familia en la formación y manejo de la conducta de
los niños diagnosticados con trastorno de conducta. Se parte de la premisa de que la dinámica familiar,
las pautas de crianza y los estilos comunicativos constituyen elementos determinantes en la modulación
de la conducta infantil y en la adquisición de patrones de adaptación social (Valdés et al., 2023). La
investigación busca identificar los factores relacionales y afectivos que inciden en la aparición y
persistencia de conductas desafiantes, así como comprender las formas en que la comunicación
emocional, la disciplina y la contención parental influyen en el desarrollo de habilidades prosociales.
De acuerdo con los hallazgos teóricos sobre actitudes parentales y problemas emocionales infantiles
(Tous, et al., 2023), comprender el entramado familiar permite no solo contextualizar el origen de los
comportamientos disruptivos, sino también delinear estrategias de intervención que integren el trabajo
colaborativo entre la escuela, la familia y los profesionales de la salud mental.

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La investigación busca identificar los factores relacionales y emocionales que influyen en la aparición
y persistencia de conductas desafiantes, así como comprender el impacto de la comunicación emocional
y las pautas de crianza en el desarrollo adaptativo del niño. Tal como sostienen Tous et al., (2023), las
actitudes parentales se vinculan estrechamente con los problemas emocionales y comportamentales
infantiles. Por tanto, este análisis pretende aportar una comprensión profunda de las bases psicológicas
del conflicto conductual y su repercusión en el entorno educativo especializado.
METODOLOGÍA
La metodología del presente estudio se enmarca en un enfoque mixto, que combina métodos
cuantitativos y cualitativos con el propósito de obtener una comprensión integral del fenómeno
investigado. Esta integración metodológica permite articular datos numéricos con narrativas cualitativas
provenientes de las experiencias familiares, generando así una visión más amplia y profunda del rol de
la familia en la formación de la conducta de niños con trastorno de conducta.
Diversos autores respaldan la eficacia de los enfoques mixtos para el análisis de conductas disruptivas
en la infancia, al posibilitar una interpretación que conjuga objetividad y contexto (Castro & Vásquez,
2020; Flores & Shuguli, 2024). En este sentido, la combinación de ambas perspectivas metodológicas
favorece una comprensión más matizada de la influencia de las dinámicas familiares en la conducta
infantil (Arribas et al., 2020).
El tipo de investigación adoptado se plantea como exploratorio-descriptivo, orientado a identificar
patrones de interacción entre padres e hijos y estrategias de apoyo familiar que inciden en el
comportamiento disruptivo, el diseño de la investigación es observacional y transversal, centrado en la
sistematización de conductas presentes en los niños en el aula y en el hogar, lo que permite registrar la
dinámica familiar y escolar en un momento determinado, estudios recientes sobre investigación en
contextos educativos especializados señalan que los diseños observacionales transversales resultan
útiles para caracterizar fenómenos conductuales y relacionales (Vaz et al., 2021; Vásquez, 2025),
además, se reconoce que la combinación de fases exploratorias y descriptivas fortalece la validez interna
y la comprensión del fenómeno en su contexto (García & Briones, 2023).

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La población de estudio se conforma por 20 niños con trastorno de conducta atendidos en el CENDA,
junto con sus padres y docentes, los informantes claves son los progenitores y los educadores,
considerando criterios de inclusión que contemplan la asistencia regular al centro y la identificación
formal de conductas disruptivas, así como criterios de exclusión que descartan casos de diagnóstico
comórbido grave o discapacidad intelectual, lo que garantiza la pertinencia y coherencia de los datos
recopilados, conforme a evidencia reciente sobre estudios de poblaciones escolares con conductas
externalizantes (Romani, et al., 2025), asimismo, se resalta que la selección intencional permite
focalizar los recursos y garantizar la consistencia en la recolección de información.
Las técnicas de recolección de datos incluyen la observación estructurada, aplicada mediante listas de
cotejo para registrar manifestaciones conductuales específicas como dificultades en atención,
concentración, incapacidad para iniciar el juego, desorganización en el cumplimiento de actividades y
estados de ánimo cambiantes, y la encuesta, implementada a través de cuestionarios para obtener
información cuantitativa sobre desempeño académico y conductas disruptivas, complementadas con
fichas de registro de datos cualitativos que capturan experiencias familiares y dinámicas relacionales,
los instrumentos empleados comprenden guías de observación para la elaboración del análisis funcional
de la conducta, donde se plantea establecer comportamientos habituales, así como frecuencia, duración
e intensidad con la que ocurren.
El cuestionario estructurado compuesto de 10 preguntas cerradas con opción múltiple de respuesta del
tipo escala de Likert, cada pregunta centra una estrategia para comprender el nivel de implicación de
los padres de familia en la formación y modelamiento de la conducta de sus hijo, mientras que las
consideraciones éticas se centran en el respeto a la confidencialidad, el consentimiento informado de
los padres y la protección del bienestar de los niños, este procedimiento metodológico coincide con
estándares actuales en investigación infantil que aseguran la validez y replicabilidad del estudio (Pino
et al., 2024; García & Mayo, 2025).

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Tabla 1.- Características de la población de estudio
Población de estudio
Código
(Padres)
Sexo Edad en que se
manifestó conductas
disruptivas (Niños)
Primeros síntomas que manifestó el niño
IA1 M A partir de los 2 años No habló hasta los 4 años.
IA2 F A partir del 1 y medio No habló hasta los 4 años.
IA3 F A partir de los 2 años Dificultad para usar frases.
IA4 F A partir de los 2 años y medio Evita el contacto visual.
IA5 F A partir de los 3 años Intereses muy limitados.
IA6 F A partir del 1 y medio Juega de forma repetitiva.
IA7 F A partir de los 2 años No se expresaba con palabras.
IA8 F A partir del 1 año y medio No imita acciones de otros.
IA9 F A partir del año Resistencia a cambios de rutina.
IA10 F A partir de los 3 años Dificultad para entender emociones.
IA11 F A partir de los 2 años No señala para compartir.
IA12 F Al año y medio No habló hasta los 4 años, evita el contacto visual.
IA13 F A los 2 años Intereses muy limitados, juega de forma repetitiva.
IA14 F A los 2 años Dificultad para usar frases, no imita acciones.
IA15 F Al año y medio No se expresaba con palabras, resiste cambios de
rutina.
IA16 F A los 2 año y medio Dificultad para entender emociones, no señala.
IA17 F Desde que tenía 1 año No habló hasta los 4 años, dificultad para usar
frases.
IA18 F A lo que cumplió los 2 años Juega de forma repetitiva, evita el contacto visual.
IA19 F Desde que tenía 9 meses No se expresaba con palabras, intereses muy
limitados.
IA20 F Desde que cumplió los 2
años
Dificultad para entender emociones, juega
repetitivamente.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En concordancia con la observación sistemática y del análisis estructurado mediante una lista de cotejo,
se procedió a realizar un análisis funcional de la conducta de los niños atendidos en el CENDA, lo que
permitió identificar patrones conductuales recurrentes y los factores que contribuyen a su aparición,
esta sistematización evidenció que conductas como la dificultad para mantener la atención, la
desorganización, la tendencia al abandono de actividades, la incapacidad de jugar respetando reglas, la
impulsividad al interrumpir y los estados de ánimo cambiantes, presentan una frecuencia notable en
distintos contextos del aula y del hogar, al mismo tiempo, se lograron reconocer los desencadenantes
inmediatos de cada conducta, así como las situaciones que facilitan su manifestación y los mecanismos
que las mantienen, proporcionando un panorama integral de la dinámica conductual infantil y de la
influencia de los entornos educativo y familiar sobre estas manifestaciones, resultados que se consolidan

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a partir de la correlación entre observaciones directas y registros detallados de los docentes y padres,
reflejando la complejidad y la interdependencia de los factores contextuales, sociales y emocionales
que inciden en la conducta disruptiva.
Tabla 2.- Análisis funcional de la conducta en la población de estudio
Conducta ¿Cuándo ocurre
la conducta
problema?
¿Cuáles son los
factores
desencadenantes?
¿Qué situaciones
facilitan el
comportamiento?
¿Qué mecanismos
mantienen el
comportamiento?
Dificultad en la
atención
Durante tareas
prolongadas,
explicaciones del
docente,
actividades que
requieren
concentración
sostenida
Distracciones
externas, falta de
interés intrínseco,
exceso de estímulos
sensoriales
Aulas ruidosas,
presencia de
múltiples estímulos
visuales o auditivos,
tareas repetitivas
Refuerzo inadvertido
por parte del entorno,
búsqueda de estímulos
alternativos,
disminución de la
demanda cognitiva
Dificultad en la
organización
Al iniciar o
planificar tareas
complejas, en la
preparación de
materiales
escolares
Falta de estructura
previa, instrucciones
poco claras, ausencia
de supervisión
Entornos
desordenados,
actividades con
múltiples pasos no
desglosados
Respuestas inmediatas
de ayuda de adultos,
reducción de la
frustración al evitar
responsabilidades,
mantenimiento de
hábitos desorganizados
Tendencia al
abandono de
actividades
Cuando la tarea
requiere esfuerzo
prolongado o
resultados
inmediatos no son
visibles
Alta dificultad
percibida,
aburrimiento, falta de
motivación externa
Tareas que exceden el
nivel de competencia
del niño, presión de
tiempo,
interrupciones
frecuentes
Evitación del esfuerzo,
refuerzo de conductas
de escape, disminución
de tensión momentánea
Incapacidad de
jugar a partir
de reglas.
Durante juegos
estructurados,
actividades
grupales o
recreativas con
normas
Frustración ante
limitaciones,
dificultad para
internalizar reglas,
falta de práctica
supervisada
Juegos competitivos,
cambios frecuentes
de reglas, presencia
de pares que no
refuerzan la
cooperación
Repetición de
conductas impulsivas,
refuerzo social por
protagonismo o
atención, reducción
momentánea de
ansiedad por
cumplimiento de reglas
Tiende a
interrumpir o
impacientarse.
En discusiones de
grupo, actividades
dirigidas, durante
espera de turno
Estímulos atractivos
fuera de contexto,
aburrimiento, exceso
de excitación
emocional
Actividades largas,
instrucción colectiva
sin interacción
individual, tareas que
requieren espera
Obtención de atención
inmediata, liberación
de tensión interna,
refuerzo social
indirecto por
reacciones de adultos o
pares
Estados de
ánimo
cambiantes
Durante cambios
de actividad,
conflictos con
pares, ante
exigencias
escolares
Frustración,
sobrecarga
emocional,
dificultades de
autorregulación
Entornos altamente
demandantes, presión
académica,
situaciones
competitivas
Refuerzo de
expresiones
emocionales, atención
de adultos ante
reacciones intensas,
mantenimiento de
labilidad emocional

pág. 389
La población de estudio está constituida por niños de 6 a 8 años atendidos en el CENDA, con
diagnóstico de trastorno de conducta, acompañados de sus padres y docentes, quienes proporcionan
información clave sobre el comportamiento y las interacciones dentro del aula y del hogar, la
observación sistemática y la lista de cotejo permiten identificar patrones conductuales recurrentes,
incluyendo dificultades en la atención sostenida, problemas de organización, abandono de actividades,
incapacidad para seguir reglas en juegos, interrupciones frecuentes e impulsividad, así como estados de
ánimo cambiantes, los resultados muestran que estas conductas se manifiestan en contextos donde la
sobrecarga cognitiva, la falta de estructura y la presencia de distractores dificultan la autorregulación,
reflejando la complejidad de la interacción entre características individuales y factores ambientales.
Los hallazgos evidencian que los comportamientos disruptivos se mantienen mediante mecanismos de
refuerzo indirecto, como la atención recibida de docentes o pares y la evitación de tareas complejas, al
mismo tiempo, se reconoce que la dinámica familiar influye en la expresión y persistencia de estas
conductas, considerando que los estilos de comunicación y la consistencia en las normas contribuyen a
modular la conducta de los niños, esta información inicial permite comprender la interacción entre el
entorno escolar y doméstico.
Tabla 3.- Análisis de frecuencia conductual a partir de la observación
Conducta Frecuencia Duración
(min)
Intensidad
(0-10)
Dificultad en la atención Alta, se observa varias veces durante cada
actividad de 15-20 min 10-15 7
Dificultad en la
organización
Moderada, se presenta al iniciar tareas
complejas o preparar materiales 8-12 6
Tendencia al abandono de
actividades Alta, ocurre en tareas prolongadas o repetitivas 5-10 8
Incapacidad de jugar a
partir de reglas
Moderada, durante juegos estructurados o
recreativos 10-20 5
Tiende a interrumpir o
impacientarse
Alta, durante discusiones, actividades grupales
o espera de turno 3-8 7
Estados de ánimo
cambiantes
Moderada, especialmente en cambios de
actividad o conflictos con pares 5-15 6
Dificultad en la atención Alta, se observa varias veces durante cada
actividad de 15-20 min 10-15 7
Dificultad en la
organización
Moderada, se presenta al iniciar tareas
complejas o preparar materiales 8-12 6

pág. 390
El análisis de las conductas observadas evidencia que los comportamientos disruptivos se presentan con
patrones consistentes de frecuencia, duración e intensidad, destacando que la dificultad para mantener
la atención y la tendencia al abandono de actividades ocurren de manera reiterada durante tareas
académicas, con episodios prolongados y de alta intensidad, mientras que la desorganización y la
incapacidad para seguir reglas en juegos se manifiestan de forma moderada, activándose especialmente
ante demandas que requieren planificación o coordinación con pares, por su parte, la impulsividad y los
estados de ánimo cambiantes alcanzan niveles medios a altos, reflejando la influencia de la regulación
emocional, al mismo tiempo, estos patrones se mantienen mediante la interacción con el entorno escolar,
donde la sobrecarga de estímulos y la espera de turnos refuerzan los comportamientos, y se observa una
incidencia indirecta del entorno familiar, cuya dinámica contribuye a modular la respuesta conductual,
estableciendo un marco integral que articula las dimensiones individual, social y contextual de la
conducta disruptiva en el CENDA.
A partir de las encuestas aplicadas a los 20 padres de los niños atendidos en el CENDA, se identificaron
las estrategias más utilizadas para manejar las conductas disruptivas, empleando una escala de
frecuencia que permite diferenciar entre acciones que nunca, pocas veces, muchas veces o siempre se
aplican, esta sistematización proporciona un panorama claro de las prácticas familiares que acompañan
el desarrollo conductual de los niños, permitiendo vincular la respuesta parental con los patrones
observados en el aula y la dinámica emocional de los menores.
Tabla 4.- Alternativas y frecuencia de aplicación de estrategias para mediación de conducta
Criterio Total, de respuestas (%) / (x)
Cuando las conductas se manifiestas generalmente … Nunca Pocas
veces
Muchas
veces
Siempre
1 Se establecen límites claros y consistentes 10% 40% 35% 15%
2 Se utiliza el refuerzo positivo para conductas adecuadas 5% 20% 50% 25%
3 Se ignoran conductas disruptivas cuando no implican
riesgo 25% 45% 25% 5%
4 Se mantienen rutinas estructuradas en el hogar 10% 30% 45% 15%
5 Se ofrecen alternativas para canalizar la impulsividad 15% 50% 25% 10%
6 Se comunica de manera calmada y controlada ante
conflictos 5% 25% 50% 20%
7 Se aplica consecuencia inmediata tras conducta inapropiada 15% 35% 40% 10%
8 Se fomenta la participación en juegos con reglas 20% 45% 25% 10%
9 Se refuerza la atención y concentración durante tareas 5% 30% 50% 15%
10 Se dedica tiempo de calidad para el acompañamiento
emocional 10% 25% 45% 20%

pág. 391
Los resultados de las encuestas reflejan que los padres tienden a aplicar con mayor regularidad
estrategias como el refuerzo positivo, la comunicación calmada ante conflictos, la estructuración de
rutinas y el acompañamiento emocional, alcanzando frecuencias de muchas veces o siempre en un
porcentaje significativo, mientras que acciones como ignorar conductas disruptivas o fomentar la
participación en juegos con reglas se presentan con menor consistencia, evidenciando áreas de
oportunidad en la modulación de la conducta infantil, la distribución de los porcentajes sugiere que la
implementación de estrategias depende tanto de la complejidad de la conducta como de la capacitación
y hábitos parentales, lo que establece un vínculo indirecto con los hallazgos observados en los cuadros
de frecuencia, duración e intensidad de las conductas disruptivas.
A partir de la información recabada mediante la aplicación de encuestas a veinte familias, se elaboró
una matriz que permitió identificar la relación existente entre las dinámicas familiares y la aparición de
conductas disruptivas en la infancia. El propósito de este análisis se centra en comprender cómo los
patrones de interacción y las prácticas de crianza inciden en la formación conductual de los niños,
respondiendo al objetivo general del estudio, que busca analizar el rol de la familia en el manejo y
desarrollo de comportamientos adaptativos. Los resultados obtenidos ofrecen una perspectiva clara
sobre la influencia de los estilos parentales en la expresión y persistencia de dichas conductas dentro
del contexto familiar.
Tabla 5.- Correlación en el grado de implicación de familias que aplican estrategias conductuales
El análisis estadístico basado en la correlación de Pearson permitió establecer la relación entre el nivel
de implicación familiar y las diferentes estrategias conductuales aplicadas en el hogar, evidenciándose
asociaciones altamente significativas en todas las dimensiones evaluadas, con valores de significancia
de 0,000, lo que confirma la existencia de una relación directa y consistente entre la implicación de los
padres y el desarrollo conductual de los niños.

pág. 392
Los coeficientes obtenidos muestran correlaciones fuertes entre el nivel de implicación y variables
como comunicación familiar (r = 0,887), refuerzo positivo (r = 0,901), acompañamiento emocional (r
= 0,941) y establecimiento de límites (r = 0,968); mientras que las rutinas familiares (r = 1,000) y las
conductas observadas (r = 1,000) reflejan una relación perfecta, indicando que a mayor consistencia y
coherencia en la aplicación de estrategias, mejor es la regulación y adaptación conductual en el entorno
educativo y doméstico.
Estos resultados sugieren que la implicación activa de los padres, expresada en la comunicación
constante, el acompañamiento emocional y la estructuración de rutinas, actúa como un factor protector
frente a la aparición o persistencia de conductas disruptivas, reforzando la hipótesis central del estudio.
De igual forma, la homogeneidad en los valores obtenidos demuestra que los comportamientos
infantiles no son aislados, sino consecuencia directa de la interacción familiar y del estilo de crianza
predominante, aspecto que coincide con los planteamientos teóricos de Vásquez (2025) sobre la función
reguladora de las prácticas parentales en la conducta infantil.
CONCLUSIONES
Los hallazgos del presente estudio permiten sostener que la dinámica familiar constituye un factor
determinante en la formación conductual de los niños con trastorno de conducta, observándose que la
consistencia en la comunicación, el establecimiento de límites claros, el refuerzo positivo y la
estructuración de rutinas favorecen la regulación emocional y la internalización de normas, lo que
impacta directamente en la atención, la cooperación y el desempeño académico de los menores, estos
resultados confirman la relación estrecha entre las prácticas parentales y la modulación de conductas
disruptivas, aportando evidencia concreta sobre la importancia de considerar al contexto familiar como
un componente central en las intervenciones educativas y psicológicas.
Asimismo, la información obtenida mediante la combinación de observación sistemática, análisis
funcional de la conducta y encuestas a los padres permite argumentar que no solo las estrategias
específicas, sino también la calidad del vínculo afectivo y la dedicación de tiempo de acompañamiento
emocional, influyen en la disposición de los niños para seguir instrucciones, participar en actividades
grupales y cumplir con tareas escolares, lo que reafirma la necesidad de un abordaje integral que articule

pág. 393
aspectos educativos, conductuales y socioemocionales, consolidando la comprensión del
comportamiento infantil dentro del contexto del CENDA.
No obstante, persisten interrogantes respecto a la incidencia relativa de cada estrategia parental y la
interacción entre factores individuales del niño y variables contextuales del hogar, aspectos que no han
podido delimitarse completamente en este estudio, así como la posible influencia de características
culturales, socioeconómicas y educativas en la efectividad de las prácticas parentales, lo que sugiere la
necesidad de investigaciones futuras orientadas a analizar la evolución de los niños con trastorno de
conducta hacia un posible desarrollo de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, con el
propósito de identificar factores predictivos, mecanismos de transición conductual y estrategias
preventivas.
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