SÍNDROME DOLOROSO REGIONAL
COMPLEJO (SDRC). UNA BREVE
REVISIÓN DE LITERATURA
COMPLEX REGIONAL PAIN SYNDROME (CRPS). A
BRIEF REVIEW OF LITERATURE
Sebastián Alfonso Faz Cerda
Instituto Mexicano del Seguro Social, Estados Unidos Mexicanos
Paola Sánchez Sánchez
Instituto Mexicano del Seguro Social, Estados Unidos Mexicanos

pág. 5668
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i6.21681
Síndrome Doloroso Regional Complejo (SDRC). Una breve revisión de
literatura
Sebastián Alfonso Faz Cerda1
sebastianfaz1216@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1250-3214
Instituto Mexicano del Seguro Social
Estados Unidos Mexicanos, Puebla
Paola Sánchez Sánchez
porrazonsocial@gmail.com
https://orcid.org/0009-0006-8834-540X
Instituto Mexicano del Seguro Social
Estados Unidos Mexicanos, Puebla
RESUMEN
El Síndrome Doloroso Regional Complejo (SDRC) es una entidad clínica caracterizada por un dolor
desproporcionado al evento desencadenante. Se subclasifica en 2 tipos: 1) SDRC tipo I que hace
referencia a la ausencia de lesión nerviosa evidente, y 2) SDRC tipo II involucra la presencia de una
lesión nerviosa evidente. Su fisiopatología no es bien comprendida pero se teoriza la participación de
una disreguación del sistema nervioso autónomo, sensibilización central y periférica del sistena
simpático, procesos inflamatorios del sistema inmune tanto innato como adaptativo, neuroinflamación,
y factores genéticos. El diagnóstico es clínico y por descarte, se realiza por medio de los ampliamente
aceptados Criterios de Budapest en el que se detallan loa signos y síntomas que debe presentar y referir
el paciente. El tratamiento es multidisciplinario con la terapia física y ocupacional como la principal
herramienta que suele ir acompañado de manejo farmacológico el cual en caso de fallar, se evalúa la
posibilidad de empezar un abordaje intervencionista
Palabras clave: síndrome doloroso regional complejo, terapia física, fisiopatología
1 Autor principal.
Correspondencia: sebastianfaz1216@gmail.com

pág. 5669
Complex Regional Pain Syndrome (CRPS). A Brief Review of Literature
ABSTRACT
Complex Regional Pain Syndrome (CRPS) is a clinical entity characterized by pain disproportionate to
the triggering event. It is subclassified into two types: 1) CRPS type I, which refers to the absence of
obvious nerve injury, and 2) CRPS type II, which involves the presence of obvious nerve injury. Its
pathophysiology is not well understood, but the involvement of autonomic nervous system
dysregulation, central and peripheral sensitization of the sympathetic nervous system, inflammatory
processes of the immune system, neuroinflammation, and genetic factors is theorized. Diagnosis is
clinical and based on exclusion and is made using the widely accepted Budapest Criteria, which detail
the signs and symptoms that the patient should present and report. Treatment is multidisciplinary, with
physical and occupational therapy as the main tool. These therapies are usually accompanied by
medication; if these fail, interventional therapy is considered
Keywords: complex regional pain syndrome, physical therapy, pathophysiology
Artículo recibido 8 noviembre 2025
Aceptado para publicación: 15 diciembre 2025

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INTRODUCCIÓN
El síndrome doloroso regional Complejo (SDRC) es un padecimiento de carácter crónico que se puede
manifestar por la presencia de hiperalgesia, alodinia, cambios tróficos y disfunción motora/sensorial
desproporcionado al evento desencadenante. Suele clasificarse en 1) SDRC tipo I: Cuando no hay
evidencia de lesión nerviosa; o 2) SDRC tipo II: Hay evidencia de lesión nerviosa asociada (Lima
Pessôa et al., 2024; Smart et al., 2022; Taylor et al., 2021). Primeramente denominada como
“Causalgia” (Vescio et al., 2020), se conceptualizó su nombre actual a finales del siglo XX por la
“International Association for the Study of Pain” (IASP) (Melf-Marzi et al., 2022). La cadena de
eventos que condicionan la aparición de este síndrome no se comprende aún en su totalidad, el consenso
general se acepta que se trata de una enfermedad multifactorial en la que una serie de eventos biológicos
a nivel multisistémico participan (Lima Pessôa et al., 2024). A pesar de los avances en el conocimiento
de este padecimiento en la actualidad hay limitada información de calidad respecto a los tratamiento
que se han desarrollado (Caradonna et al., 2023; Lima Pessôa et al., 2024). Las guías disponibles en
bases de datos recomiendan un manejo multidisciplinario con énfasis en la rehabilitación, terapia
psicológica y estrategias educativas aún y cuando estas intervenciones carecen aún de suficiente
evidencia de calidad y la dependenciaen estos manejos de la experiencia del médico tratante (Smart et
al., 2022; Vescio et al., 2020). A su vez también el tratamiento farmacológico adolece de la limitada
evidencia disponible que apoye su eficacia y uso por la falta de pruebas en ensayos clínicos controlados
de buena calidad (Harden et al., 2022; Van Der Spek et al., 2025). La ausencia de un tratamiento
“universal” en una enfermedad que puede condicionar limitación funcional importante de la extremidad
afectada y restricción de participación social y laboral (Johnson et al., 2022) resalta la necesidad de
elaborar un algoritmo de abordaje y tratamiento.
El propósito de este estudio es sintetizar la información actualizada de la literatura abordando
epidemiología, fisiopatología y tratamientos para el SDRC.
Desarrollo
Epidemiología
El SDRC tiene una prevalencia baja en un ranngo de 5.4 – 26.2 casos por cada 100,000 personas al año
con un predominio en las mujeres con una relación de entre 2:1 a 4:1 y puede afectar a todos los grupos

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de edad, con un pico entre los 40 - 70 años (Caradonna et al., 2023; Donati et al., 2024; Lima Pessôa et
al., 2024; Smart et al., 2022).
Como la subclasificación previamente descrita para el SDRC lo sugiere, uno de los principales factores
de riesgo es el antecedente de lesión en una extremidad como lo pueden ser fracturas, esguinces y
cirugías. También se han documentado como factores de riesgo el sexo mujer, estatus posmenopáusico,
inmovilización, factores psicológicos y puntaje alto en escalas de dolor en el evento agudo del evento
desencadenante (Taylor et al., 2021; Van Der Spek et al., 2025).
Fisiopatología
Sistema Nervioso Autónomo
Durante el evento agudo de la lesión nerviosa se espera un incremento en la actividad simpática de
forma teórica. Sin embargo, estudios han demostrado que ocurre un decremento transitorio de esta
actividad lo que condiciona una disregulación positiva en la expresión y sensibilidad de los receptores
para la respuesta simpática, con énfasis en los receptores a-1 adrenérgicos de forma localizada (Lima
Pessôa et al., 2024; Taylor et al., 2021). Tras esta fase aguda de sensibilización ocurre un incremento
crónico de catecolaminas circundantes lo que conlleva a una disregulación negativa de los receptores
adrenérgicos (Taylor et al., 2021). Estos cambios durante el curso natural de la enfermedad a nivel del
sistema nervioso autonómico explican la clásica presentación “caliente” y “fría” del SDRC. Durante la
fase aguda ocurre un decremento de los niveles de norepinefrina que explica el comportamiento
“parasimpático” local de eritema y calor por la vasodilatación e incremento de flujo sanguíneo; mientras
que en la fase subaguda y crónica el incremento en los niveles de citocinas proinflamatorias (como la
endotelina-1) y en incremento de niveles locales y sistémicos de catecolaminas conlleva a la
vasoconstricción que produce los síntomas de frialdad así como signos de palidez y humedad (Abd-
Elsayed et al., 2024).
Sensibilización periférica
Tras la lesión inicial ocurre una estimulación nociva repetitiva de las fibras aferentes tipo C donde se
liberan sustancias proinflamatorias como la bradicinina, sustancia P, péptido relacionado con el gen de
la calcitonina, histamina, prostaglandinas, leucotrienos y serotonina los que incrementan en estas fibras
la frecuencia de disparo basal de información, disminuye la umbral de respuesta y activa de forma

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prolongada neuronas del asta dorsal que cronifica la sensibilización del sistema autonómico de paciente
a estímulos mecánicos y térmicos (Abd-Elsayed et al., 2024; Lima Pessôa et al., 2024)
Sensibilización central
La sensibilización periférica previamente descrita crea una amplificación ascendente en la percepción
de los patrones de dolor que se procesan a nivel del Sistema Nervioso Central (SNC) condicionando
cambios funcionales y estructurales de las áreas somatotópicas con reducción del tamaño del área
encargada de la representación somatosensorial (Lima Pessôa et al., 2024); además de la excitabilidad
de vías nociceptivas talamocorticales por pérdida de la inhibición periférica y regulación positiva de
receptores de glutamato en el SNC (Abd-Elsayed et al., 2024).
Inflamación
Además del proceso inflamatorio a nivel del tejido nervioso se cree que ocurre una respuesta
amplificada y sostenida del sistema inmunitario innato y adaptativo con proliferación de queratinocitos
y liberación de citocinas proinflamatorias incluyendo la interleucina-6, interleucina-1b, y factor de
necrosis tumoral- α; así como un decremento de niveles séricos de interleucina-37 junto a un incremento
del factor estimulante de colonias de granulocitos y macrófagos (GM-CSF) que producen una
vasodilatación inducida por histamina (Abd-Elsayed et al., 2024; Lima Pessôa et al., 2024; Taylor et al.,
2021). Estas citocinas producen una cascada de reacciones que resulta en una activación de osteoblastos
y osteoclastos fomentando el recambio óseo y los cambios osteoporóticos característicos de la fase
crónica de la enfermedad (Taylor et al., 2021).
Regulación autoinmune
Hasta el 35-40% de pacientes con SDRC se han encontrado autoanticuerpos contra epítopes de la
superficie de neuronas autonómicas, principalmente IgM e IgG (Abd-Elsayed et al., 2024; Lima Pessôa
et al., 2024) que tienen como objetivo principal neuronas simpáticas y receptores adrenérgicos, siendo
los niveles de IgG más elevados en aquellos pacientes con un mayor grado de manifestación del dolor
por una aparente sensibilización de las fibras nociceptoras A y C (Taylor et al., 2021)
Factores genéticos
Aunque la contribución del factor genético ha sido ampliamente estudiado no se han encontrado datos
concretos que expliquen la fisiopatología del SDRC. Se ha identificado la posible participación de

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regulaciones positivas y negativas del Complejo de Histocompatibilidad Humano (HLA) y
polimorfismos en genes que codifican para los receptores a1-adrenérgicos pero más estudios se
requieren para confirmar su relevancia en la patología (Lima Pessôa et al., 2024; Taylor et al., 2021)
Diagnóstico
Evaluación clínica
Los síntomas cardinales del SDRC son, en primer lugar, el dolor regional desproporcionado a la lesión
desencadenante, acompañado de alteraciones en 4 dominios: sensitivos, motores, autonómicos, y
cambios tróficos; los cuales no pueden explicarse mejor por alguna otra patología (Melf-Marzi et al.,
2022). Tabla 1
No existe en ninguna de sus modalidades (laboratorio, imagen, electrodiagnóstico) una prueba gold-
standard para el diagnóstico del SDRC y lo mismo aplica para un amplio abanico de síndromes
dolorosos (Mesaroli et al., 2021). Es un diagnóstico clínico (Melf-Marzi et al., 2022) y se recomienda
el uso del criterio de Budapest ya que es la promovida por la Interntional Association for the Study of
Pain (IASP) que realiza recomendaciones en la evaluación, manejo, prevención y manejo de
enfermedades del dolor (Mesaroli et al., 2021).. Respecto a esos Criterios de Budapest la sensibilidad
se encuentra entre 45-99% (Kim, 2022; Mesaroli et al., 2021) y una especificidad que varía entre 36-
85% (Kim, 2022; Melf-Marzi et al., 2022).
En el consenso de Valencia (2019) los criterios de Budapest se han actualizado por propuestas aprobadas
ante la OMS entre las que destacan; 1) Los signos y síntomas incluidos en los criterios Budapest para
el diagnóstico del SDRC tipo II debe extenderse más allá del territorio de cualquier lesión nerviosa
identificada 2) El SDRC “persistente” se refiere a todo aquel con una duración mayor a 3 meses (Sobeeh
et al., 2023). Para evaluar la extensión del SDRC más allá de una extremidad se deben cumplir todos
los criterios a la zona de la nueva extremidad o región corporal. Cabe mencionar son solo un ejemplo
de otras modificaciones realizadas, y que sigue en proceso evaluación para aceptar y descartar las
propuestas de este consenso (Goebel et al., 2021).

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Diagnóstico diferencial
Al ser un diagnóstico principalmente clínico y a su vez de descarte, es imperante buscar explicar la
sintomatología entre un abanico de desórdenes inflamatorios, trastornos del sistema nervioso, y
enfermedades vasculares (Kim, 2022; Van Der Spek et al., 2025). Tabla 2 (Goebel et al., 2021; Harden
et al., 2022).
Tabla 1 Criterios de Budapest (IASP 2012)
Para el diagnóstico clínico de SDRC, las siguientes cuatro aseveraciones deben cumplirse:
1. Paciente refiere dolor continuo, desproporcionado en relación con cualquier evento
desencadenante
2. El enfermo observa ≥(Melf-Marzi et al., 2022)1 signo de ≥2 las siguientes categorías
3. El enfermo notifica ≥1 síntoma de ≥3 de las siguientes categorías
Sensitivo Vasomotor Sudomotor/Edema Motor/Trófico
Alodinia (sensación de
dolor que aparece al
tacto ligero y/o cambio
de temperatura, y/o
compresión profunda,
y/o movilidad de la
articulación), y/o
hiperalgesia
(hiperestesia, dolor en
respuesta a un leve
pinchazo)
Asimetría de la
temperatura >1 °C y/o
cambios en la
coloración de la piel
y/o asimetría en la
coloración de la piel
Edema y/o cambios
asociados a la
sudoración y/o
asimetría de la
sudoración
Disminución de la
amplitud de
movimiento y/o
disfunción motora
(debilidad, temblor,
distonía) y/o cambios
tróficos (pelo, uñas,
piel)
4. No hay otro diagnóstico que explique mejor los signos y síntomas
Procedimiento estándar (Consenso Valencia 2019)
I. Deben evaluarse los criterios de signos y síntomas en cada evaluación
II. En caso de SDRC unilateral, valorar asimetría por comparación con extremidad
contralateral
III. En caso e SDRC bilateral, valorar cambios con respecto a una extremidad no afectada o
valorar asimetría por comparación con sujeto sano
IV. Cada extremidad evaluada debe cumplir los criterios diagnósticos previamente descritos
V. En caso de que un examinador observe un signo que el paciente no notifica como
síntoma, no se puede aplicar un enfoque de "los signos prevalecen sobre los síntomas"
de forma automática

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Tabla 2 Diagnósticos diferenciales
Neuropatías Trauma nervioso periférico directo/indirecto
Lesiones medulares y SNC
Plexopatía
Radiculopatía
Polineuropatía / Mononeuropatía múltiple
Postnfecciosas (Ejemplos: Neuralgia postherpética, enfermedad de
Lyme)
Lesiones del SNC (Ejemplo: Lesión medular, Enfermedad
cerebrovascular)
Traumatológicas/
Ortopédicos
Síndrome compartimental
Fractura oculta o de estrés
Sobreuso
Desuso
Inflamación Celulitis
Sinovitis aguda
Artritis séptica
Enfermedades reumatológicas
Enfermedades Vasculares Linfedema
Vasculitis
Trombosis venosa profunda / Flebitis
Insuficiencia arterial
Enfermedad de Raynaud
Psicológicos/Psiquiátricos Trastorno de síntomas somáticos
Tratamiento
Terapia física y ocupacional
Tanto los terapeutas ocupacionales como los fisioterapeutas desempeñan un rol fundamental en la
recuperación funcional. Los terapistas ocupacionales tienen un enfoque biopsicosocial de la
enfermedad, se encargan de evaluar; entre otros aspectos, el rango de movilidad de la extremidad
afectada para determinar su funcionalidad, la destreza/coordinación, percepción del dolor y cambios
autonómicos lo que orienta el manejo abordando tareas específicas. El terapista físico complementa el
trabajo del terapista ocupacional al proporcionar los ejercicios necesarios para fortalecer, mejorar
movilidad y flexibilidad de forma progresiva para no agravar los síntomas preexistentes ni desencadenar
los controlados o ausentes (Harden et al., 2022; Melf-Marzi et al., 2022). Varias modalidades
terapéuticas se han evaluado cuyo objetivo es la de normalizar la integración sensoriomotora (Taylor et
al., 2021). Sin embargo, en un metaanálisis de Cochrane 2022 revela que la evidencia es muy incierta
sobre los efectos de cualquiera de las intervenciones de fisioterapia identificadas en esta revisión,
incluyendo la fisioterapia multimodal, las intervenciones basadas en la exposición y la imaginería
motora graduada, sobre el dolor y la discapacidad del SDRC I en el seguimiento a corto, mediano o

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largo plazo, en comparación con diversas intervenciones de control. A pesar de la incertidumbre es
probable que, de acuerdo con las guías clínicas actuales, la fisioterapia y las intervenciones basadas en
la rehabilitación sigan siendo recomendadas como tratamientos de primera línea para personas con
SDRC (Smart et al., 2022). Se describió en una serie de casos la Rehabilitación cognitiva multisensorial
en el SDRC posterior a una evaluación individualizada con el objetivo de normalizar la percepción de
la(s) extremidad(es) afectada(s) del paciente, instándolo a discriminar una amplia gama de información
sensorial (incluyendo información táctil, cinestésica/espacial, presión, peso y fricción) e integrarla con
otras modalidades sensoriales (p. ej., visual, auditiva, etc.). Esto se logra mediante la activación de
procesos cognitivos (como la percepción, la atención, la representación corporal, la resolución de
problemas, etc.) y movimientos conscientes. Las sesiones duraron 2 semanas, 5 horas diarias entre
semana donde los resultados principales se medían con las escalas que miden la percepción del dolor e
impacto en su funcionalidad, así como la percepción corporal en la que reportan una mejoría en los
puntajes de las escalas (Batalla & Lewis, 2025), sin realizar una medición estadística, por lo que no se
puede hacer alguna recomendación para su uso, pero abre camino a realizar ensayos clínicos
controlados.
Se realizó un ensayo clínico controlado aleatorizado en el que evaluaba el efecto de la terapia de espejo
en el SDRC tipo 1 postraumático incluyendo un total de 40 pacientes siendo divididos en un grupo
control (terapia física y ocupacional convencional) y otro de intervención (terapia de espejo); 5 sesiones
por semana de 45-60 min por 4 semanas + 30 minutos de terapia de espejo para el grupo de intervención.
Se evaluó la intensidad del dolor, fuerza de agarre, fuerza de pinzamiento lateral, circunferencia de
mano/muñeca, destreza manual, funcionalidad de mano en actividades básicas de la vida diaria y calidad
de vida. En el que se concluyó que no hay una mejoría adicional del grupo de intervención con respecto
a los controles.(Özdemir et al., 2024)
En un artículo de revisión se evaluó la eficacia de la terapia de espejo y la Imaginería Motora Graduada
en el manejo del SDRC donde se incluyeron 6 artículos que evaluaban el efecto de estas intervenciones
y su impacto en la reducción del dolor y edema, así como mejora de la funcionalidad, encontrando una
significativa reducción del dolor y mejora en la funcionalidad (Donati et al., 2024)

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Fármacos
Parte importante en el manejo farmacológico del paciente con SDRC es la intervención educativa
respecto a las limitaciones de esta modalidad debido a la ausencia de una “cura” lo que puede crear una
falsa expectativa respecto al medicamento, además se debe estar al pendiente de síntomas de mal
pronóstico como la “frialdad” temprana o un SDRC persistente, y de ser posible lograr la monoterapia
con algún fármaco que tenga efecto sobre múltiples síntomas.(Harden et al., 2022). Entre los grupos de
medicamentos más utilizados se encuentran: a) Antiinflamatorios no esteroideos, b) Neuromoduladores,
c) Antidepresivos tricíclicos, d) Bloqueadores de canales de Sodio, e) Opioides, d) Esteroides, f)
Inmunomoduladores, g) Fármacos reguladores de Calcio, h) Antagonistas de receptores NMDA, i)
agonistas y antagonistas a-adrenérgicos, j) Toxina botulínica .(Doan & Chang, 2025; Lima Pessôa et
al., 2024).
Un metaanálisis se evaluóó el uso de toxina botulínica en el manejo de dolor (en monoterapia o como
adyuvante) podría ser benéfico. Sin embargo, los estudios evaluados eran de escaso número de
participantes, y gran heterogeneidad de grupos por lo que no hubo posibilidad de dar recomendaciones
sobre la dosis y frecuencia de intervención.(Su et al., 2022).
Intervencionismo
Esta modalidad de tratamiento se reserva a aquellos casos refractarios o con mejoría no significativa
con los tratamientos no invasivos. Los más estudiados son la estimulación de ganglio de la raíz dorsal
(EGRD) y la estimulación de médula espinal (EMS), sin embargo están descritos más procedimientos
como el bloqueo nervioso y simpatectomías (Lima Pessôa et al., 2024). Debido a que esta modalidad
de intervención se asocia a un mayor costo y riesgos, se realizan solo en casos inequívocos de SDRC
(Melf-Marzi et al., 2022).
En el metaanálisis y revisión sistemática de Elver Ho 2022, y en un ensayo clínico controlado por Nadia
Kriek 2022 en el que evaluaron 4 ensayos clínicos aleatorizados con el propósito de proveer evidencia
del uso de la estimulación médula espinal encontró que la modalidad de baja frecuencia (40-85 Hz) es
superior a la terapia convencional y placebo para la reducción del dolor (alodinia e hiperalgesia) (Ho et
al., 2022; Kriek et al., 2023).

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En un estudio retrospectivo por Tomas Holkkanen 2020 sobre los resultados a largo plazo del uso de
Estimulación de médula espinal en el SDRC en 35 pacientes demuestra que en un seguimiento de 8
años, hasta el 70% de los paciente seguía con el dispositivo implantado para el manejo de su
sintomatología, aunque ninguno descontinuó ni redujo el consumo de opioides, y el 30% de los
pacientes tuvo que retirar el dispositivo principalmente por insatisfacción en la reducción del dolor, y
hasta el 63% de los casos presentó complicaciones dese leves a severas.(Hoikkanen et al., 2021).
Robert M. Levy 2020 realizó un ensayo clínico controlado aleatorizado en el que se evaluó la
habituación en la percepción de alivio del dolor en el SDRC de las modalidades terapéuticas por
intervención de la estimulación de médula espinal de baja frecuencia y la estimulación de ganglio de la
raíz dorsal, encontrando que entre el mes 9 y 12 del 13 al 25.9% de los paciente presentaron habituación
con la estimulación de médula espinal, pero no se observó habituación con la estimulación del ganglio
de la raíz dorsal a año de seguimiento (Levy et al., 2020)
En un estudio de cohorte por Ricardo Vallejo 2023 se evaluó la eficacia de la estimulación de raíz
nerviosa para el manejo del dolor crónico refractario, se trataron 16 pacientes, de los cuales solo 9
completaron el estudio con seguimiento a los 6 meses terminada la intervención. Este estudio demostró
una reducción en la percepción del dolor y una mejoría en la calidad de vida (p<0.05) al término de la
estimulación de raíz nerviosa (3 meses) y mantenimiento de la mejoría al mes y seis meses de
seguimiento (Vallejo et al., 2024)
CONCLUSIONES
El Síndrome Doloroso Regional Complejo es una entidad compleja caracterizada desde su concepción
como enfermedad por un dolor intenso y en ocasiones persistente que puede causar limitaicón funcional.
Los múltiples estudios de la fisiopatología y su relación con el tratamiento demuestran que el
entendimiento de estos dos aspectos pueden ser clave en la elaboración de un tratamiento específico del
cual carecemos en la actualidad. Es necesario la elaboración de ensayos clínicos controlados con mayor
rigurozidad científica para lograr lograr un consenso internacional que permita la elaboración de un
algoritmo de abordaje una vez estalecido el diagnóstico con el fin de otorgar un tratameinto dirigido a
la prevención, y manejo de signos y síntomas agudos asì como los establecidos en fases subagudas y
crónicas que eviten la progresión y/o persistencia de la enfermedad.

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