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INTRODUCCIÓN
En el contexto actual de la educación superior, caracterizado por transformaciones tecnológicas,
sociales y económicas aceleradas, la calidad educativa se ha consolidado como un eje estratégico para
el desarrollo de las naciones. En México, particularmente en las universidades públicas, este reto
adquiere relevancia al estar vinculado con la formación de profesionales capaces de responder a las
demandas de un entorno global altamente competitivo, cambiante e interdisciplinario. En este
panorama, la calidad educativa ha dejado de concebirse únicamente como la transmisión de
conocimientos teóricos, incorporando dimensiones relacionadas con la inclusión, la equidad, la
pertinencia social, la innovación y la formación integral del estudiante.
El docente universitario del siglo XXI ocupa un lugar central dentro de este proceso de transformación
educativa, no solo por su dominio disciplinar, sino por el conjunto de competencias socioemocionales
que orientan su práctica pedagógica. Éstas, conocidas como habilidades blandas, incluyen la
adaptabilidad, la comunicación efectiva, la responsabilidad, el trabajo colaborativo, la gestión
emocional y la resolución de conflictos, las cuales influyen de manera directa en el clima del aula, la
motivación estudiantil y el logro de aprendizajes significativos. Diversos estudios recientes han
demostrado que dichas habilidades fortalecen la interacción pedagógica, favorecen ambientes de
aprendizaje positivos y potencian el rendimiento académico.
A nivel internacional, organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos (OCDE) han subrayado la necesidad de que los sistemas educativos fortalezcan las
competencias socioemocionales del docente para responder a los desafíos de la educación en entornos
digitales, inclusivos y altamente dinámicos. De manera paralela, en el ámbito nacional, el Objetivo de
Desarrollo Sostenible 4 (ODS) de la Agenda 2030 y el Programa Nacional de Educación Superior
(PRONÉS, 2023–2024) establecen como prioridades garantizar una educación de calidad, equitativa e
inclusiva, así como impulsar la actualización permanente del personal docente.
No obstante, pese a la relevancia que han adquirido las habilidades blandas en la docencia universitaria,
su incorporación sistemática en los programas de formación y actualización del docente aún presenta
avances limitados y desiguales entre las instituciones públicas de educación superior en México. Esta