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EDUCACIÓN PARA LA SALUD EN
PREESCOLARES DEL CENTRO DE
ASISTENCIA INFANTIL COMUNITARIO
(CAIC) ARCOÍRIS, CHAMPOTÓN,
CAMPECHE
HEALTH EDUCATION ON EATING HABITS IN
PRE-SCHOOL CHILDREN OF THE COMMUNITY
CHILD CARE CENTER (CAIC) ARCOÍRIS,
CHAMPOTÓN, CAMPECHE
Thania Candelaria Chio-Montero
Universidad Guadalupe Victoria, México
René Ileana Velázquez-Pompeyo
Universidad Guadalupe Victoria, México
pág. 6107
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i6.21754
Educación para la Salud en Preescolares del Centro de Asistencia Infantil
Comunitario (CAIC) Arcoíris, Champotón, Campeche
Thania Candelaria Chio-Montero1
thaniamontero93@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-3352-7776
Universidad Guadalupe Victoria
México
René Ileana Velázquez-Pompeyo
ileanavelpom@guadalupe-victoria.edu.mx
https://orcid.org/0000-0001-9367-4861
Universidad Guadalupe Victoria
México
RESUMEN
La falta de una intervención educativa que involucre a los padres de familia en la mejora de los hábitos
alimentarios representa un desafío para el bienestar infantil. Objetivo: analizar el impacto de la
educación para la salud, implementada con los padres de familia, sobre los hábitos alimentarios de los
preescolares de segundo grado del Centro de Asistencia Infantil Comunitario (CAIC) Arcoíris en
Champotón, Campeche. Se aplicó un enfoque mixto con alcance explicativo, a una muestra por
conveniencia de 20 padres de familia. Resultados: el consumo de golosinas y dulces disminuyó del 9%
al 48%, el consumo de las bebidas azucaradas disminuyó del 25% al 50%. Además, el consumo diario
o entre dos y tres veces por semana de alimentos de origen vegetal incrementó al 85%. Desde la
narrativa de los padres, las principales prácticas alimentarias, tras la intervención educativa, fueron el
uso de modelamiento de bitos alimentarios, la modificación de los alimentos en su preparación y la
planificación alimentaria. Conclusión: Los hábitos alimentarios se construyen principalmente en el
hogar, por lo que la participación de los padres de familia en intervenciones educativas es esencial para
que los infantes reciban una correcta alimentación saludable que favorezca su desarrollo integral.
Palabras clave: educación para la salud, intervención educativa, hábitos alimentarios, educación
preescolar, educación alimentaria y nutricional (EAN)
1
Autor principal.
Correspondencia: thaniamontero93@gmail.com
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Health Education on Eating Habits in Pre-School Children of the
Community Child Care Center (CAIC) Arcoíris, Champotón, Campeche
ABSTRACT
The lack of educational intervention involving parents in improving eating habits poses a challenge to
child welfare. Objective: to analyze the impact of health education, implemented with parents, on the
eating habits of second-grade preschoolers at the Rainbow Community Child Care Center (CAIC)
Arcoíris in Champotón, Campeche. The research with a mixed approach with explanatory scope was
applied to a sample of 20 parents for convenience. Results: consumption of sweets and sweets decreased
from 9% to 48%, consumption of sugary drinks decreased from 25% to 50%. In addition, daily or two
to three times a week consumption of plant-based foods increased to 85 per cent. From the parents'
narrative, the main dietary practices following the educational intervention were the use of food habits
modelling, modification of foods in their preparation and food planning. Conclusion: Eating habits are
mainly built at home, so the participation of parents in educational interventions is essential to ensure
that infants receive a correct healthy diet that promotes their integral development.
Keywords: health education, educational intervention, eating habits, preschool education, food and
nutrition education
Artículo recibido 10 noviembre 2025
Aceptado para publicación: 26 diciembre 2025
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INTRODUCCN
En México, las estadísticas sobre los patrones alimentarios infantiles indicaron que el 87% de los
preescolares consume bebidas azucaradas, el 53% consume productos con alto contenido de grasas y
azúcares, mientras que solo el 28% incluye vegetales en su dieta diaria (Shamah-Levy et al., 2022), esta
tendencia alimentaria ha contribuido al aumento de malnutrición en sus diversas formas, especialmente
el sobrepeso y la obesidad, que afectan a uno de cada tres niños a nivel mundial (Fondo de las Naciones
Unidas para la Infancia, 2020; 2022). Ante este panorama, se hace evidente la necesidad de
implementar estrategias educativas que fomenten hábitos alimentarios saludables desde la primera
infancia.
La Educación Alimentaria y Nutricional (EAN) es una estrategia de intervención social derivada de la
Educación para la Salud que integra dimensiones sociales, culturales y sostenibles para promover estilos
de vida saludables y bienestar integral (Bejarano Roncancio, 2023). De acuerdo con Barrial Martínez y
Barrial Martínez (2011) la EAN es:
Un proceso educativo de enseñanza-aprendizaje permanente, dinámico, participativo, integral,
bidireccional que tiene por finalidad promover acciones educativas tendientes a mejorar la
disponibilidad, consumo y utilización de los alimentos, con el perfil epidemiológico de potenciar o
reafirmar los hábitos alimentarios saludables y neutralizar o reducir los erróneos, respetando las
tradiciones, costumbres e idiosincrasia de las comunidades, contribuyendo al mejoramiento del Estado
Nutricional y por ende a la Calidad de Vida de una región o país. (p.17)
Durante la formación de los hábitos alimentarios, los padres de familia fungen como modelos de
conducta alimentaria en el infante, siendo también, responsables de la selección, adquisición y
disponibilidad de alimentos dentro del hogar (Molina et al., 2021; Momblanc García, 2017), sin
embargo, su participación en programas de EAN ha sido limitada (Van de Kolk et al., 2019), y su escaso
conocimiento en nutrición puede afectar negativamente los hábitos alimentarios de los niños (Rodríguez
Puelles & Vargas Bravo, 2024).
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La Norma Oficial Mexicana NOM-043-SSA2-2012 definió a los hábitos alimentarios
Al conjunto de conductas adquiridas por un individuo, por la repetición de actos en cuanto a la selección,
la preparación y el consumo de alimentos. Los hábitos alimentarios se relacionan principalmente con
las características sociales, económicas y culturales de una población o región determinada. (p. 4)
La EAN se fundamenta en un enfoque sociocultural que promueve el autocuidado de la salud mediante
una alimentación equilibrada, sostenible y socialmente equitativa, es decir, reconoce que cada
comunidad o individuo posee patrones alimentarios propios, resultado de tradiciones y costumbres que
evolucionan con el tiempo. A su vez, se vincula con el modelo constructivista, en el cual el
conocimiento se genera a partir de la experiencia y la práctica reflexiva y colaborativa (Pinto Ballinas
& Balderas Gutiérrez, 2022).
La implementación de un enfoque constructivista en la EAN ha mostrado resultados positivos, tal es el
caso de un investigación en la que se evaluó la efectividad de un programa educativo orientado a mejorar
los conocimientos de cuidadores sobre alimentación saludable y su impacto en el estado nutricional de
preescolares de 3 a 5 años, los resultados mostraron que el 83% de los niños mantuvo un peso normal
y que los cuidadores del grupo de intervención mejoraron significativamente sus conocimientos, con
diferencias estadísticamente significativas respecto al grupo control (Bringas Correa & Gonzáles
Vanegas, 2023).
Sin embargo, a pesar de la relevancia de la EAN, la mayoría de las intervenciones educativas actuales
no considera los entornos alimentarios cotidianos de los preescolares, lo que limita su efectividad y
dificulta la generación de cambios sostenibles en los hábitos alimentarios de los niños y sus familias
(Bejarano Roncancio, 2023).
En particular, el Centro de Asistencia Infantil Comunitario (CAIC) Arcoíris, ubicado en el Municipio
de Champotón, Estado de Campeche, atiende a niños en edad maternal y preescolar, priorizando su
desarrollo físico, lingüístico y nutricional bajo el lema “Tu corazón en las mejores manos”. Sin
embargo, pese a su compromiso con la salud infantil, el CAIC Arcoíris carece de una intervención
educativa participativa con los padres que evalúe y mejore los hábitos alimentarios de los niños de
segundo grado de preescolar. Con estas consideraciones, la hipótesis propuesta es: Existe una diferencia
significativa en los hábitos alimentarios de los preescolares de segundo grado del CAIC Arcoíris en
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Champotón, Campeche, después de la intervención educativa en alimentación y nutrición implementada
con padres de familia.
METODOLOGÍA
El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque mixto, el alcance de la presente investigación se
enmarcó en un estudio explicativo, transversal porque se recogen los datos en un solo momento
(Vieytes, 2004). Se desarrolló con un diseño cuasi experimental que es una estrategia de investigación
utilizada para analizar el impacto de intervenciones y procesos de cambio en contextos en los que los
sujetos o unidades de observación no se asignan de manera aleatoriamente (Fernández-García et al.,
2014).
La muestra fue seleccionada de una población específica del Centro de Asistencia Infantil Comunitario
(CAIC) Arcoíris en Champotón, Campeche, en particular, los padres de familia de los alumnos del
segundo grado de preescolar, quienes representan a los 22 preescolares del grupo. La elección de este
segmento se basó en el hecho de que, a partir de los 4 años, los niños comienzan a consolidar sus hábitos
alimentarios, los cuales influirán en la calidad de su dieta durante la adultez temprana. En este proceso,
los padres desempeñan un papel clave en la modificación y promoción de hábitos alimentarios
saludables (Venkatesh & De Jesús, 2022). Los criterios de inclusión fueron padres de familia o tutores
de niños y niñas matriculados en el segundo grado de preescolar en el ciclo escolar 2024-2025,
residentes del municipio de Champotón, Campeche y que otorguen su autorización para participar en
el estudio; por lo que dos padres de familia fueron excluidos por su residencia en otro municipio, como
resultado la muestra del estudio fue de 20 padres de familia que representaron a 8 niñas y 12 niños
(n=20) del segundo grado de preescolar.
El diseño de la investigación integra 6 etapas, la primera etapa consistió en solicitar autorización por
escrito a la autoridad educativa del Centro de Asistencia Infantil Comunitario CAIC Arcoíris, luego
entregar los consentimientos informados a los padres de familia del segundo grado de preescolar. En
la segunda etapa se empleó el Cuestionario de Estimación y Consumo de Alimentos en Niños (ECA-
N), validado por Díaz-Reséndiz et al. (2018) en población infantil mexicana, del cuál, se utilizó
exclusivamente la sección de frecuencia de consumo; para caracterizar el nivel socioeconómico se
utilizó Cuestionario para la clasificación del Nivel Socioeconómico y la Regla AMAI 2022 (Asociación
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Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión, 2022). La tercera etapa consistió en
medir el peso y la estatura de los preescolares del segundo grado de preescolar con base en el Protocolo
de la Sociedad Internacional para el Avance de la Cineantropometría (Stewart et al., 2011), para
identificar el patrón de crecimiento, se utilizaron las tablas de referencia de crecimiento de la OMS
(2008) considerando los índices: peso/edad, peso/talla, talla/edad e IMC/edad, interpretados en términos
de desviación estándar o Score z y para obtener el Índice de Masa Corporal [IMC] se aplicó la fórmula
de Quetelet. La cuarta etapa consistió en el diseño y validación de la intervención educativa alimentaria
y nutricional, adaptada al contexto local de los padres de familia del segundo grado de preescolar. La
validación se realizó mediante juicio de expertos en las áreas de educación, nutrición y salud pública,
con el fin de garantizar la pertinencia, coherencia y efectividad del contenido en el contexto de
aplicación. En la quinta etapa, se aplicó el Cuestionario de Estimación y Consumo de Alimentos en
Niños (ECA-N), validada por Díaz-Reséndiz et al. (2018), como instrumento diagnóstico previo a la
intervención. Posteriormente, se implementó la intervención educativa en alimentación y nutrición,
estructurada por cuatro sesiones distribuidas a lo largo de un mes. La primera sesión abordó los
conceptos de hábitos alimentarios, alimentación saludable y funcional, e incluyó un taller nutricional
apoyado en material didáctico para promover la participación activa de los padres de familia. La
segunda sesión se centró en la relevancia de los alimentos de origen vegetal en la dieta y contempló
otro taller nutricional con carteles alimentarios y etiquetas nutricionales. La tercera sesión consistió en
una demostración culinaria con alimentos vegetales locales, en la que los padres de familia participaron
en la preparación de una receta saludable para preescolares y analizaron su aporte nutricional y
funcional, así como su evaluación sensorial. En la cuarta sesión, se desarrolló un grupo focal, que tuvo
como base un guion de entrevista estructurada, con el propósito de explorar las opiniones y experiencias
de los padres de familia en relación con los hábitos alimentarios. Finalmente, en la sexta etapa, se aplicó
por segunda vez el ECA-N (postest) a los padres de familia.
El análisis cualitativo se realizó a través de un análisis de contenido luego, se realizó una codificación
abierta para identificar palabras clave, frases significativas y patrones emergentes de sentido, estos
códigos se organizaron en categorías temáticas que se alinean estrechamente con los objetivos de la
investigación: preferencias y rechazo a los alimentos, determinantes de la elección alimentaria, prácticas
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alimentarias parentales, estrategias pedagógicas en alimentación saludable, elementos visuales para la
promoción de los alimentos de origen vegetal, cambios en la salud y comportamiento infantil, cambios
en hábitos alimentarios y acceso a los alimentos de origen vegetal. Para la presentación de los datos
cuantitativos, se realizó un análisis de frecuencias mediante procedimientos porcentuales absolutos,
ilustrados con tablas y gráficos que describen el comportamiento de los indicadores evaluados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En esta sección se exponen el peso, estatura, Índice de Masa Corporal (IMC) y el nivel socioeconómico
de las familias; además el pretest y postest sobre los hábitos alimentarios de los preescolares del segundo
grado del CAIC Arcoíris, organizados según los diferentes grupos alimenticios y su naturaleza.
Para caracterizar el estado nutricional de los 20 preescolares del segundo grado, se recolectó el peso y
la talla mediante antropometría, la edad promedio de los preescolares fue de 4.3 años, con un peso
corporal de 17.43 kg y una estatura promedio de 1.07 (Tabla 1).
Tabla 1: Promedio de la edad, peso y estatura de los preescolares de segundo grado
Media
Moda
Máximo
Desviación
estándar
Varianza
Edad
4.34
4.20
4.80
0.23
0.05
Peso (kg)
17.43
16.50a
21.90
1.87
3.49
Estatura (m)
1.07
1.10
1.11
0.03
0.00
Nota. a. Existen múltiples modos. Se muestra el valor más pequeño
De acuerdo con el peso para la edad, el 60% de los infantes se encuentra en el rango de normopeso, no
obstante, 20% presenta un peso superior a la mediana, lo que requiere vigilancia para evitar el riesgo
de obesidad. Por otro lado, el 15% de las niñas muestra una vulnerabilidad a presentar bajo peso para
la edad, mientras que un 5% de los niños es susceptible a la obesidad.
Esto también se puede observar respecto al peso para la estatura, indicando que los niños (20%) son
más propensos a aumentar su peso corporal por encima de +1DE, mientras que las niñas (15%) se
encuentran en un peso bajo de lo normal en relación con su crecimiento, pero sin llegar a desnutrición.
Asimismo, la estatura para la edad, indica que el 60% de los preescolares han mantenido un crecimiento
continuo conforme a su edad, aunque 40% se ubicó ligeramente superior a la mediana, no representa
alguna alteración clínica de relevancia.
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Por último, según la clasificación del estado nutricional con base en el IMC, el 95% de los preescolares
presentó normopeso, de los cuales el 55% se encontraba en la mediana y el 40% fuera de ella. Este
último grupo es particularmente relevante para la vigilancia nutricional, ya que podrían estar en riesgo
de sobrepeso o desnutrición. Solo un 5% de los preescolares se encontró por encima del promedio (+2
DE), indicando sobrepeso.
Por otra parte, se evaluó el nivel socioeconómico de las familias, el 45% de los hogares de los
preescolares pertenecen al nivel socioeconómico C+, caracterizado por un nivel educativo intermedio,
viviendas con espacios adecuados y condiciones de vida satisfactorias. El 25% corresponde al al nivel
A/B, que refleja un alto poder adquisitivo y un estándar de vida elevado, mientras que, el 15% de los
hogares se ubica en un nivel con ingresos moderados, aunque con acceso limitado a bienes y servicios.
Finalmente, el 5% de los hogares corresponde al nivel D, otro 5% al nivel C y otro 5% al nivel C-, que
juntos representan el segmento medio de la clase baja. Esto supone que la mayoría de las familias tienen
la capacidad económica para acceder a alimentos saludables, aunque esto también dependería de otros
factores, como la disponibilidad de esos alimentos y los hábitos de consumo.
La frecuencia de consumo de alimentos en la población preescolar, organizados según los diferentes
grupos alimenticios y su naturaleza, permite una visualización de los hábitos alimentarios
predominantes en el grupo de estudio antes (pretest) y después (postest) de la intervención educativa.
Grupo: Golosinas y dulces
En el pretest, se recopiló que el 50% de los preescolares consumía Golosinas como caramelos, paletas,
pastelillos y galletas (incluidas las de chocolate, vainilla o en forma de animalitos), con una frecuencia
de dos o tres veces por semana, mientras que entre el 10 - 15% reportó un consumo de una vez al mes.
Se reportó que la preferencia de estos alimentos es por el sabor Anahí mencionó que por la sensación
del sabor [dulce] que sienten los niños en su paladar, es más gustoso para ellos, y de alguna manera
también influimos nosotros [como padres] porque los acostumbramos a ese sabor”. También, se
manifestó que un determinante de la elección alimentaria por este grupo es por los medios de publicidad
como lo mencionó Onil yo creo que son los colores y lo que ven en la televisión”.
En el postest, se redujo la frecuencia de consumo del grupo Golosinas y dulces, el 51% limitó su
consumo a una vez al mes, especialmente en alimentos como galletas de chocolate vainilla, de
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animalitos y chocolate en barra. Estos cambios en los hábitos alimentarios fueron reemplazados por
alimentos más saludables como mencionó Nayibe “Antes, en una colación le daba galletitas, Sabritas o
palomitas de microondas, pero ahora optamos por darle más frutita”. Del mismo modo, se notaron
cambios en el comportamiento en la salud y comportamiento infantil:, Onil dijo “Evitar tanto chocolate
hacen que estén un poquito más calmaditos”; Anahí añadió que “ya no sufre de estreñimiento [su hijo]
y ahorita que ya he tratado de hacerlos a un lado [las golosinas y dulces], que coma más verdura y fruta,
como que lo veo más tranquilo y con un rendimiento activo.
Por otro lado, el 48% dejó de consumir este tipo de productos, destacando los alimentos como miel,
cajeta o mermelada, caramelos, paletas y pastelillos (Figura 1).
Figura 1: Consumo promedio de Golosinas y dulces (Pre y Post-Intervención)
Grupo: Bebidas azucaradas y agua
Respecto al consumo de agua purificada y bebidas azucaradas, tales como jugos de fruta envasados,
refrescos de cola y refrescos de sabores (naranja, toronja, entre otros), se persiste el consumo de bebidas
azucaradas, en particular, el 50% reportó consumir jugos de fruta envasados, mientras que el 40% indicó
ingerir refresco de cola, ambos con una frecuencia aproximada de una vez por semana. Dichos
resultados, sugieren una mayor preferencia por los jugos de fruta envasados como primera opción,
seguidos por los refrescos de cola en la alimentación infantil.
Tras la intervención educativa el porcentaje que redujo su consumo fue del 50%, en particular, en el
caso de refrescos de cola, naranja y toronja. No obstante, el otro 50% continuó consumiéndolas, aunque
con menor frecuencia. Este cambio en los hábitos alimentarios refleja una modificación en las
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Consumo de Dulces y Golosinas (Pre-Intervención)
Consumo de Dulces y Golosinas (Post-intervención)
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decisiones de consumo relacionadas con el poder adquisitivo de los padres de familia, quienes priorizan
opciones más saludables, Patricia comentó que ya no le compro juguitos, ahora me pide más agua”.
Cabe destacar que, a lo largo del estudio, el 100% de los preescolares mantuvo el consumo diario de
agua simple, lo que, junto con la disminución en la ingesta de bebidas azucaradas, representa un avance
significativo hacia hábitos de hidratación más saludables (Figura 2).
Figura 2: Consumo promedio Bebidas azucaradas (Pre y Post-Intervención)
Grupo: Bebidas lácteas
El 40% de los preescolares consumían diariamente leche descremada o reducida en grasa, mientras que
el 15% consumía leche de vaca (leche con contenido completo de grasa) con la misma frecuencia. El
40% consumía leche con chocolate cada dos o tres veces por semana, ya sea porque se le añadió este
complemento azucarado a la leche regular, o bien porque se consumió directamente el producto
procesado que se comercializa como tal. En cuanto al consumo de yogur natural de fresa o durazno fue
notable, el 30% consumió este producto a diario, mientras que el 40% lo consumía cada dos a tres veces
por semana, lo que supone una tendencia a los productos con azúcares añadidos en la dieta de los niños.
El postest registró la reducción del 22% en la frecuencia de consumo diario de bebidas lácteas,
incluyendo leche descremada, leche de vaca, yogur natural de fresa o durazno y leche con chocolate.
Sin embargo, estas bebidas continuaron siendo preferidas a nivel semanal, con el 33% de los
preescolares que las consumió una vez por semana, y el 25% que las ingirió entre dos y tres veces por
semana, siendo la leche de vaca y la leche descremada las de mayor consumo. Además, el hecho de
que el 25% de los preescolares que previamente no consumían bebidas lácteas hayan comenzado a
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Consumo de bebidas azucaradas-Pre intervención
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incorporarlas, especialmente en forma de leche descremada o leche de vaca, resaltó una posible mejora
en la diversificación de su dieta y un mayor interés por incluir fuentes saludables de calcio y nutrimentos
esenciales. Un dato relevante fue el incremento en la frecuencia de consumo mensual de bebidas lácteas
como el yogur natural de fresa o durazno y la leche de chocolate, ya que el 33% de los preescolares
optó por consumirlas con esta periodicidad, podría ser indicativo de un patrón más moderado y
controlado, alineado con las recomendaciones de una ingesta equilibrada (Figura 3).
Figura 3: Consumo promedio Bebidas lácteas (Pre y Post-Intervención)
Grupo: Alimentos de origen animal
Se mostró que el alimento de origen animal más consumido por el 90% de los preescolares es la carne
de pollo, posiblemente a su accesibilidad y versatilidad, ingerido entre dos y tres veces a la semana,
seguidamente, el huevo de gallina, con el 55% de los preescolares consumiéndolo en la misma
frecuencia. En cambio, los alimentos menos habituales en la dieta fueron la carne de cerdo, el pescado,
los camarones y el atún que se consumieron solo una vez por semana.
Tras la intervención, se registró una ligera reducción del 12% en la frecuencia de consumo de alimentos
de origen animal entre los preescolares, específicamente aquellos consumidos dos o tres veces a la
semana, dentro de esta frecuencia, los alimentos con mayor preferencia fueron la carne de pollo y el
huevo de gallina. De manera similar, el 32% de los preescolares reportó un consumo semanal de
alimentos de origen animal, limitándose a una vez por semana, principalmente en los alimentos como
el queso y pescado. Además, se registró un incremento del 18% en la frecuencia mensual de consumo
de estos alimentos, alcanzando al 45% de los preescolares que los incluyeron en su dieta una vez al
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mes. Por otro lado, el 4% de los preescolares no incorporó alimentos de origen animal a su dieta como
el huevo de gallina y la carne de cerdo (Figura 4).
Figura 4: Consumo promedio de Alimentos de Origen Animal
Grupo: Alimentos de origen vegetal
Se recopiuna preferencia por el consumo de frutas comunes como la manzana, naranja, plátano y
pera, ya que el 70% de los preescolares las incorporó en su dieta de forma diaria; sin embargo, a pesar
de que las frutas representan un componente esencial de una alimentación saludable, el 30% reportó
consumirlas únicamente entre dos y tres veces por semana; este hábito indica que, aunque las frutas
están presentes en la dieta infantil, existió un porcentaje relevante de preescolares que no alcanzaron la
frecuencia diaria recomendada, lo que podría limitar la ingesta adecuada de fibra, vitaminas y
antioxidantes necesarios para su desarrollo. También, se reportó una menor ingesta de frutas como el
tamarindo y las pasas, las cuales fueron consumidas solo una vez al mes por el 45% de los preescolares,
de manera similar, el mismo porcentaje (45%) indicó no consumir nueces ni almendras, lo que evidencia
una baja exposición a frutos secos y oleaginosas, alimentos que, aunque menos frecuentes en la dieta
cotidiana, aportan nutrimentos esenciales como ácidos grasos saludables, minerales y compuestos
bioactivos para el crecimiento y la salud.
Cabe enfatizar que el 20% de los preescolares consumiera verduras frescas de manera diaria, tales como
lechuga, jitomate, elote o zanahoria, mientras que el 75% las consumió apenas dos o tres veces por
semana; esta baja frecuencia de consumo podría estar relacionada con diversos factores, entre ellos el
rechazo al sabor de las verduras por parte de los niños, la falta de acceso regular a estos alimentos o
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incluso la limitada disponibilidad de tiempo y recursos para incorporarlas de manera habitual en la dieta
diaria del preescolar. Una manifestación de este rechazo por estos alimentos se observa en el testimonio
de uno de los padres de familia, Onil dijo queotras verduras les puedo poner limoncito o Tajín (chile
en polvo), pero a la calabaza [verdura] no”.
Posterior a la intervención, se observó un aumento en la ingesta diaria de alimentos de origen vegetal,
el 55% de la población preescolar incrementó su consumo, destacando las verduras frescas como
lechuga, jitomate, elote o zanahoria por encima de las frutas, como manzana, pera, plátano, así como
tamarindo y pasas. Es relevante señalar que, aunque con menor frecuencia que las verduras y frutas, los
preescolares también empezaron a consumir diariamente nueces y almendras. Además, el 16% de los
preescolares que anteriormente no incluían en su dieta verduras frescas ni frutas como manzana, pera o
plátano, comenzaron a incorporarlas después de la intervención (Figura 5).
Figura 5: Consumo promedio Alimentos de Origen Vegetal (Pre y Post-Intervención)
Algunas prácticas alimentarias parentales que reportaron los padres de familia fueron: “me siento junto
con ella y también pruebo los alimentos para que ella lo vea y se motive a consumirlo” (Ileana); Catalina
relató quele digo que, si no se come las verduritas, no podrá salir a jugar ni ver la televisión”. Otros
padres de familia, emplearon recursos visuales y culinarios para hacer más atractivos los alimentos de
origen vegetal, según Anahí les hago cortes llamativos para que le llame la atención y lo pueda comer
o mezclarlo con otro alimento para que pase desapercibido con algo que le guste”. Asimismo, se reportó
mejoras en las prácticas alimentarias parentales relacionadas a la preparación y planificación
alimentaria, como Onil dijo “planear bien las compras o hacer el súper, y tener ya todo lavado y
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desinfectado en el refri [refrigerador] para cuando los niños lleguen de la escuela, ya lo tenga listo para
su consumo”; Carolina relató que “hago un esfuerzo para cocinar con anticipación y asegurarme de que
coma saludablemente [refiriendose a su hijo]”.
Durante las entrevistas, se señalaron las principales fuentes de acceso a alimentos de origen vegetal,
destacando una preferencia constante por los mercadoles locales y los vendedores ambulantes debido a
la frescura de los productos y a su accebilidad económica, Anahí señaló que “A mí me gusta ir mucho
al mercado, porque ahí bajan los de los pueblitos [se refiere a los agricultores/comerciantes de la
comunidad]; Ileana añadió que“por la rapidez, en un súper; pero al menos yo considero que sería mejor
en un mercado porque la verdura o la fruta es fresca. En cambio, en un supermercado no sabemos cuánto
tiempo tienen el alimento ahí”.
Grupo: Comida rápida
Aunque la comida rápida no se encuentra dentro de las recomendaciones alimentarias saludables para
la población mexicana, su consumo ha formado parte de la dieta de los preescolares. En los resultados
se observó que el alimento que se consume con mayor frecuencia a la semana fueron las sincronizadas
(tortillas de harina rellenas de jamón y queso), siendo su consumo dos a tres veces por semana, con un
30% de los preescolares reportando este patrón de consumo, mientras que el 25% las consume una vez
a la semana. Otras preparaciones como los tacos de carne adobada, generalmente de cerdo, mostraron
un patrón de consumo una vez a la semana en el 45% de los preescolares. Cabe destacar que el 5% evita
el consumo de hotcakes [panqueques], papas a la francesa y frituras, como chicharrones.
La intervención educativa con los padres de familia tuvo un impacto significativo en la reducción del
consumo de Comida rápida en los preescolares, los preescolares que no incluyeron estos alimentos en
su dieta aumentó del 18% al 45%, entre los alimentos que más se dejaron de consumir se encuentran
las frituras, como chicharrones y papas, así como la salchicha, las pizzas y los hotdogs, este resultado
indica que la mayor concientización y compromiso de los padres influyó en la promoción de hábitos
más saludables (Figura 6).
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Figura 6: Consumo promedio de Comida rápida (Pre y Post-Intervención)
Grupo: Cereales
Se reportó que el 50% de los preescolares incluyeron a su dieta diaria alimentos energéticos
provenientes de los cereales como la tortilla, el arroz y la avena, mientras que el 45% los consumieron
cada dos a tres veces por semana. Por el contrario, el consumo de pan blanco, integral o con linaza fue
del 25% de los preescolares consumiéndolo solo una vez al mes y otro 25% que nunca los consumieron.
Esta tendencia podría indicar una falta de familiaridad o preferencia por estos tipos de pan, posiblemente
debido a su menor presencia en los hábitos alimenticios tradicionales o a una mayor disponibilidad y
accesibilidad de panes más comunes como el pan blanco.
Se evidenciaron cambios en la frecuencia de consumo del grupo de cereales en los preescolares tras la
intervención educativa con los padres. Aunque el consumo diario mostró una leve disminución (del
28% al 25%), se observó un ligero aumento en la frecuencia de dos a tres veces por semana (del 40%
al 42.5%) y en quienes los consumían una vez por semana (del 5% al 7.5%). El cereal de mayor
preferencia en el consumo diario fue la tortilla, el arroz o la avena en la dieta del preescolar.
Un hallazgo relevante es el incremento en el consumo mensual, que pasó del 12% al 17%, lo que sugiere
que algunos preescolares redujeron la frecuencia con la que incluyen estos alimentos en su dieta. Sin
embargo, el cambio más significativo es la reducción en el porcentaje de niños que no consumían
cereales, pasando del 15% al 8%, por lo que probablemente la intervención logró que más preescolares
incorporaran este grupo de alimentos a su dieta (Figura 7).
19
26
46
18
4
51 45
0
10
20
30
40
50
60
70
80
90
100
Todos los días Dos o tres veces
a la semana
Una vez a la
semana
Una vez al mes Nunca
Consumo de comida rápida-Pre intervención
Consumo de comida rápida-Post intervención
pág. 6122
Figura 7: Consumo de Cereales (Pre y Post-Intervención)
No obstante, es importante señalar que, si bien se logró una reducción significativa en el consumo de
alimentos no saludables, tales como golosinas, bebidas azucaradas y comida rápida, estos aún persisten,
aunque con menor frecuencia, en la dieta de los preescolares. Esto sugiere que los hábitos alimentarios
fueron modificados de manera progresiva a lo largo del proceso de intervención, lo que refuerza la idea
de que el cambio en la alimentación es gradual y requiere continuidad en las estrategias educativas y de
acompañamiento familiar.
Algunos padres de familia propusieron estrategias pedagógicas que ayuden a enseñar los hábitos
alimentarios en los preescolares, Anahí narró “Mi hijo, ama los cuentos, así que, si les incluyo y les
hablo de las verduras, siento que les va a empezar a llamar la atención”; Onil sugirió que “sería muy
útil que a nosotros como padres nos incluyan actividades y consejos en los recursos didácticos, así como
pequeñas recetas para poder prepararlas”. En cuanto, a los posibles elementos visuales atractivos para
los preescolares, los padres de familia sugirieron, como Anahí “que incluyan caricaturas con colores
llamativos como rojo o amarillo”; otros señalamientos fueron “que incluya superhéroes o caricaturas,
para que ellos vean que si consumen tal alimento se harán más fuertes y sanos”. En conjunto, se
recomienda el diseño de recursos didácticos accesibles, visualmente atractivos y adaptados tanto para
padres como para los preescolares.
CONCLUSIONES
Los cambios observados antes y después de la intervención, donde se muestra una disminución
considerable en el consumo de Golosinas y dulces, ya que el porcentaje de preescolares que dejaron de
28
40
512 15
25,0
43
8
18
8
0
10
20
30
40
50
60
70
80
90
100
Todos los días Dos o tres veces
a la semana
Una vez a la
semana
Una vez al mes Nunca
Consumo de Alimentos de Origen Vegetal-Pre intervención
Consumo de Alimentos de Origen Vegetal-Post intervención
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incluir estos productos en su dieta aumentó del 9% al 48%. De manera paralela, el porcentaje de niños
que eliminaron las Bebidas azucaradas se incrementó del 25% al 50%, y se registró un aumento en la
frecuencia del consumo de Alimentos de origen vegetal, con un 85% de los preescolares que
comenzaron a consumirlos diariamente o entre dos y tres veces por semana, en comparación con el 5
% registrado.
Aunque se observa una mejora en los hábitos alimentarios, es importante destacar que el cambio en la
dieta de los preescolares constituye un proceso gradual que requiere seguimiento y refuerzo. Por ello,
los resultados obtenidos indican que las intervenciones educativas centradas en la salud alimentaria,
especialmente aquellas que involucran a los padres de familia, tienen el potencial de generar cambios
duraderos en los hábitos alimentarios de los niños.
Los hábitos alimentarios se construyen principalmente en el hogar, por lo que es esencial que los
cuidadores o responsables de la alimentación infantil aprendan sobre la alimentación saludable,
considerando las experiencias previas de los cuidadores y los recursos disponibles en su localidad. La
escuela constituye un espacio de aprendizaje para implementar intervenciones que incluyan a los padres,
ya que, aunque los niños reciban una correcta alimentación saludable en los comedores escolares, estás
deben ser reforzadas en el hogar.
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