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Se calcula que, en todo el mundo, una de cada 127 personas tiene autismo (1). Esta estimación
representa una cifra media, pues la prevalencia observada varía considerablemente entre los distintos
estudios. No obstante, en algunos estudios bien controlados se han registrado cifras notablemente
mayores. Hasta la fecha, se desconoce la prevalencia del autismo en muchos países de ingreso bajo y
mediano. (salud O. m., 2025)
Etiología
El autismo se puede considerar como una entidad multifactorial que tiene muchos desencadenantes. Se
ha asociado a dificultades perinatales, a la rubéola congénita, al Síndrome de Down y a otras
alteraciones. (Talero, y otros, 2003)
Robert De Long establece hipotesis sobre dos formas distintas de autismo. La primera, caracterizada
por un daño bilateral cerebral en edad temprana, generalmente en los lóbulos temporales, cuyo cuadro
clínico se caracteriza por un bajo funcionamiento universal. A este grupo pertenece el autismo con
esclerosis temporomedial bilateral postepiléptica, encefalitis herpética, espasmos infantiles, esclerosis
tuberosa y rubéola congénita. La segunda es la forma idiopática, más común, y que parece tener raíces
familiares. La presentación es diferente, con regresión de las habilidades sociales y de comunicación en
el segundo año de edad, mayor funcionalidad y algún desarrollo del lenguaje con habilidades especiales
o islas de función
normal, síntomas afectivos prominentes y un mejor pronóstico. (Talero, y otros, 2003)
Los niños autistas se caracterizan por deficiencia de la comprensión y del uso comunicativo del diálogo
y los gestos. Un compromiso en la habilidad de decodificar rápidamente un estímulo acústico resulta
en el más devastador desorden del lenguaje del autismo: agnosia verbal auditiva y sordera de palabras.
Estos niños entienden poco o nada del lenguaje, fallan en el diálogo y permanecen no verbales.
Por otro lado, los niños autistas con desórdenes mixtos receptivos-expresivos tienen mejor comprensión
que expresión, su articulación verbal es deficiente, son agramaticales y sus discursos son dispersos.
Otros niños autistas hablan tarde, progresan a oraciones fluidas, claras y bien formadas, pero su discurso
se puede volver repetitivo, literal, ecolálico sobre aprendidos. (Talero, y otros, 2003)
La atención y las actividades diarias de los niños autistas también presentan características particulares.
En las autoiniciadas, el periodo de atención se extiende considerablemente. Al contrario, son incapaces