LEISHMANIASIS CUTÁNEA EN LA
AMAZONÍA ECUATORIANA. REPORTE DE
CASO Y REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA
CUTANEOUS LEISHMANIASIS IN THE ECUADORIAN
AMAZON. CASE REPORT AND LITERATURE REVIEW
Md. Nixon Ronaldo Peña Jiménez
Universidad Nacional de Loja, Ecuador
Md. Verónica Katherine Pucha Caraguay
Universidad Nacional de Loja, Ecuador
Md. Omailee Jamileth Armijos Ochoa
Universidad Nacional de Loja, Ecuador
Mgtr. Maritza Patricia Peña Jiménez
Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil, Ecuador
Mgtr. Luis Antonio Seraquive Condoy
Universidad Internacional de La Rioja, Ecuador

pág. 7831
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i6.21922
Leishmaniasis Cutánea en la Amazonía Ecuatoriana. Reporte de Caso y
Revisión Bibliográfica
Md. Nixon Ronaldo Peña Jiménez1
nixronaldo99@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-9150-6185
Universidad Nacional de Loja
Ecuador
Md. Verónica Katherine Pucha Caraguay
veritopucha2001@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-2935-0172
Universidad Nacional de Loja
Ecuador
Md. Omailee Jamileth Armijos Ochoa
omaileearmijos@gmail.com
https://orcid.org/0009-0009-8541-6622
Universidad Nacional de Loja
Ecuador
Mgtr. Maritza Patricia Peña Jiménez
maritza.pena@docentes.educacion.edu.ec
https://orcid.org/0009-0003-6181-9108
Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil
Ecuador
Mgtr. Luis Antonio Seraquive Condoy
antonio.seraquive@docentes.educacion.edu.ec
https://orcid.org/0009-0005-5196-7929
Universidad Internacional de La Rioja
Ecuador
RESUMEN
La leishmaniasis cutánea es una enfermedad tropical zoonótica causada por protozoos del género
Leishmania, transmitida por la picadura de flebótomos infectados, que representa un importante
problema de salud pública en regiones endémicas como la Amazonía ecuatoriana. El objetivo de este
artículo es reportar un caso clínico de leishmaniasis cutánea en un paciente masculino de 33 años,
residente en la provincia de Zamora Chinchipe, quien presentó lesiones ulceradas en la pierna derecha
tras una aparente picadura de mosquito. El diagnóstico se confirmó mediante frotis directo con
visualización de amastigotes intracelulares, y se instauró tratamiento con antimoniato de meglumina
con evolución favorable y sin recidiva. A través de este caso y una revisión bibliográfica, se evidencia
la necesidad de un diagnóstico temprano, tratamiento eficaz y estrategias de prevención en comunidades
expuestas, especialmente aquellas vinculadas a actividades laborales como la minería, donde las
condiciones ambientales incrementan el riesgo de infección.
Palabras clave: leishmaniasis cutánea, manifestaciones clínicas, diagnóstico, tratamiento
1 Autor principal.
Correspondencia: nixronaldo99@gmail.com

pág. 7832
Cutaneous Leishmaniasis in the Ecuadorian Amazon. Case report and
Literature Review
ABSTRACT
Cutaneous leishmaniasis is a tropical zoonotic disease caused by protozoa of the genus Leishmania,
transmitted by the bite of infected sand flies, which represents a significant public health problem in
endemic regions such as the Ecuadorian Amazon. The objective of this article is to report a clinical case
of cutaneous leishmaniasis in a 33-year-old male patient, resident in the province of Zamora Chinchipe,
who presented ulcerated lesions on his right leg after an apparent mosquito bite. The diagnosis was
confirmed by direct smear with visualization of intracellular amastigotes, and treatment with
meglumine antimoniate was initiated with favorable evolution and no recurrence. Through this case and
a literature review, the need for early diagnosis, effective treatment, and prevention strategies in exposed
communities is evident, especially those linked to work activities such as mining, where environmental
conditions increase the risk of infection.
Keywords: cutaneous leismaniasis, clinical manifestations, diagnosis, treatment
Artículo recibido 10 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 10 enero 2026

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INTRODUCCIÓN
Leishmaniasis
La leishmaniasis es una enfermedad crónica causada por protozoos intracelulares del género
Leishmania, transmitida por la picadura de flebótomos hembra infectados, considerada entre las 10
principales enfermedades tropicales zoonóticas con reservorios principal en animales como roedores y
caninos (Caicedo Suarez et al., 2023). La enfermedad se distribuye principalmente en las zonas
tropicales y subtropicales, convirtiéndose en un problema de salud pública, afectando a nivel mundial
en 88 países y en el continente americano es endémica en la leishmaniasis cutánea (LC), seguido de la
mucocutánea y visceral (LV) considerada como la más grave (Khan et al., 2023).
La LC es causada por al menos veinte tipos diferentes de leishmaniasis, su periodo de incubación puede
variar generalmente entre semanas o meses. Dicha patología se clasifica en localizada, difusa,
diseminada y recidivante. El tipo de leishmaniasis que desarrolla el huésped depende tanto de la
respuesta inmunológica como de la especie específica de Leishmania que causa la infección (Obaldía
Mata et al., 2023).
Epidemiología
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima entre 700.000 y un millón de casos nuevos al año.
Aproximadamente el 95% de los casos de LC se producen en América del Sur, la Cuenca del
Mediterráneo, Oriente Medio y Asia Central; y la mayoría de los casos de LV se producen en Brasil,
África Oriental e India (Abadías-Granado et al., 2021). En esta región se registran, en promedio, 55,000
casos anuales de LC y mucosa, además de 3,500 casos de LV, con una tasa de letalidad promedio del
7% (Bazurto Bazurto et al., 2025). La leishmaniasis en las Américas se reporta 20 países con
transmisión, endémico en 18 países, siendo los más afectados los hombres entre 20 a 50 años. El 80%
de los casos se encuentran en el área andina y Brasil (Organización Panamericana de la Salud, 2021).
En el Ecuador en el año 2023 se reportaron 1.046 casos confirmados, de estos LC fueron 1.011 casos
(97,21%) y 29 casos de L. mucocutánea (2,78%). La leishmaniasis en Ecuador es una enfermedad
endémica que ha sido obligada desde el año 2005 y considerada de notificación declaratoria por su
amplia y extensa distribución, especialmente en zonas tropicales y subtropicales del país, como la
Amazonía, zonas costeras y valles interandinos.

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Se caracteriza cuando aparecen lesiones en la piel, en especial en zonas expuestas del cuerpo, como es
la cara, el cuello y las extremidades (Bazurto Bazurto et al., 2025). Al año 2024, se ha notificado 1.035
casos confirmados de Leishmaniasis a nivel nacional, mayormente asociados a LC. En la semana
epidemiológica 26 del año 2025, se ha notificado 753 casos confirmados de Leishmaniasis a nivel
nacional (Dirección Nacional de Vigilancia Epidemiológica (DNVE), 2025). La región donde se
presentaron la mayor cantidad de casos es la amazónica, con mayor prevalencia en las provincias de
Morona Santiago y Zamora Chinchipe. En el Ecuador la mayor transmisión se produce en individuos
de áreas rurales (Celi H, Alvear D, Alvear J, 2021).
Etiopatogenia
El parásito es un protozoo perteneciente a la familia Trypanosomatidae. El género Leishmania
comprende alrededor de 22 especies patógenas para el ser humano, las cuales se agrupan en los
subgéneros Leishmania y Viannia.
Las especies de Leishmania son parásitos intracelulares obligados que existen en dos formas:
promastigote y amastigote. En el intestino del flebótomo, los organismos se multiplican como
promastigotes flagelados extracelulares (Bravo, 2024).
El parásito es un protozoo perteneciente a la familia Trypanosomatidae. El género Leishmania
comprende alrededor de 22 especies patógenas para el ser humano, las cuales se agrupan en los
subgéneros Leishmania y Viannia (Organización Panamericana de la Salud, 2023). Las especies de
Leishmania son parásitos intracelulares obligados que existen en dos formas: promastigote y
amastigote.
En el intestino del flebótomo, los organismos se multiplican como promastigotes flagelados
extracelulares (Bravo, 2024).
Figura 1. El flebótomo hembra infectado inyecta el parásito en su estado de promastigote en la piel del
ser humano. Una vez en el huésped humano los promastigote son fagocitados por las células del sistema
inmune y se transforman en amastigotes. Se multiplican dentro de las células del huésped y provocan
la lesión cutánea típica. Las células infectadas con amastigotes pueden ser ingeridas por flebótomo al
alimentarse, completando el ciclo.

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Figura 2.
Existe también el reservorio silvestre donde el flebótomo puede picarlos, adquirir el parasito y después
transmitirlo a humano u otros animales. El período de incubación varía en función de la forma clínica,
siendo generalmente menor o igual a 2 semanas y hasta 2 meses para la LC, de 3 a 9 meses para la LV
y de hasta más de 2 años para la LMC (Abadías-Granado et al., 2021). Los reservorios son variados
dependiendo de la especie de Leishmania spp., pueden ser roedores, cánidos marsupiales, entre otros,
con excepción de Leishmania donovani y Leishmania tropical, donde el reservorio es el ser humano en
zonas endémicas (Blanford Ulate et al., 2025).
Factores de riesgo
La leishmaniasis es una enfermedad transmitida por vectores que se desarrollan principalmente en
climas tropicales y subtropicales es por ello que dentro de los principales factores de riesgo se asocian
los ambientales, naturales, condiciones climáticas, así como factores demográficos y de actividad
humana (Mendoza Quijano et al., 2022). En múltiples estudios de investigación se logró determinar que
existen también factores conductual-laboral, domicilio y peridomicilio, socioeconómicos e
inmunológicos; demostrando que vivir en condiciones de pobreza, tiempo excesivo al aire libre,
animales en la casa, bosque o cultivo cerca y material de la casa son considerados los mayormente
asociados a la enfermedad (Caicedo Suarez et al., 2023).

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En pacientes inmunodeprimidos los parásitos pueden persistir durante décadas después del tratamiento,
ya que no parece haber inmunidad estéril. La reactivación fulminante de la infección es posible cuando
la inmunidad está comprometida, por ejemplo, debido a una terapia inmunosupresora posterior al
trasplante, el uso de inmunomoduladores, la edad avanzada o la infección por VIH (Hidalgo Solis et
al., 2021).
Manifestaciones clínicas
En el sitio de inoculación del parásito se forma una pápula, que típicamente progresa a una placa o
nódulo con tendencia a la ulceración, frecuentemente aparece en sitios expuestos, como la cara o las
extremidades (Cobo Carrasco & Pérez Laborde, 2024). Suelen comenzar como una pápula pequeña y
bien circunscrita en el sitio de inoculación. Esta lesión puede agrandarse lentamente durante varias
semanas hasta convertirse en un nódulo o placa y luego ulcerarse o volverse. Los sitios expuestos como
la cara, el cuello, los brazos y las piernas son los más comúnmente afectados (Bravo, 2024).
La clínica característica de la patología varía acorde al sitio en dónde se desarrolla la enfermedad, esta
puede incluir sitios como; piel, mucosas y vísceras.
Leishmaniasis visceral
Es la forma más severa de la enfermedad, ocurre cuando parásitos y macrófagos contagiados ingresan
en órganos y tejidos hematopoyéticos. La clínica característica involucra fiebre persistente e irregular
más esplenomegalia. Por su parte, hay manifestaciones clínicas tardías como pancitopenia,
hepatomegalia, hipergammaglobulinemia y pérdida de peso (Villacís Vega María Fernanda, 2025).
Leishmaniasis mucocutánea
Las lesiones de las mucosas van desde el edema de los labios y la nariz hasta la perforación del tabique
nasal o (con menor frecuencia) del cartílago laríngeo o el paladar. La infiltración o ulceración de las
mucosas de la nariz, los labios y la orofaringe son características típicas, la afectación ocular o genital
es poco frecuente. En algunos pacientes, se observa una pérdida extensa de tejido tanto en la boca como
en la nariz, la que provoca una característica "cara de tapir" conocida como espundia. La afectación de
las cuerdas vocales puede provocar ronquera (Bravo, 2024).

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Leishmaniasis cutánea
Es la presentación más común. Tiene un periodo de incubación de 2 a 4 semanas, en donde la pápula
se convierte en nódulo. El tipo de lesión más común se caracteriza por una úlcera y puede variar de 1 a
10 lesiones que se localizan en una zona expuesta del cuerpo. Generalmente, la úlcera es indolora,
rosada y redonda, con bordes bien delimitados y elevados, una base indurada y un fondo limpio donde
a veces puede aparecer una costra central que puede sangrar. Puede resolverse espontáneamente,
dejando una cicatriz hipopigmentada, lisa y fina. Sin embargo, algunos casos evolucionan a otras formas
de la enfermedad (De Vries & Schallig, 2022). Estas lesiones generalmente se suelen curar de manera
espontánea en un plazo de 2 a 5 años dependiendo de la especie, y dejan cicatriz (Villacís Vega, 2025).
Todos los pacientes presentaban casos compatibles de LC. La mayoría presentaba una sola lesión en la
cara, las manos, el cuerpo, las extremidades y los pies. Otros pacientes presentaban lesiones múltiples,
dobles, triples y antiguas en diversas partes del cuerpo (cara, manos, pies, extremidades y tórax) (Khan
et al., 2023).
Diagnóstico
El diagnóstico inicia desde el ámbito epidemiológico en el que se encontró la persona sospechosa, hasta
la clínica característica y su descubrimiento microbiológico; basado en la forma parasítica aislada del
vector corresponde denominar promastigotes y en el huésped humano la forma intracelular encontrada
se denomina amastigotes. Existen dos clasificaciones microbiológicas para su diagnóstico éstas
incluyen métodos directos e indirectos (Azim et al., 2021).
De acuerdo a la forma en la que se presenta la enfermedad dependerá su toma de muestra, en la forma
ulcerada, diseminada y difusa se recomienda; raspado, aspirado de la lesión o ganglio y biopsia,
mientras que en las formas atípicas es recomendado el aspirado de la lesión (Gómez Itriago & Cañarte
Alcívar, 2022).
Métodos directos
Se refiere a los métodos que detecta el parásito en el tejido; técnicas microscópicas, cultivo e
identificación de ADN mediante pruebas moleculares.

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Microscopía óptica: inicia con la toma de muestra, en las úlceras el más usado es el raspado con bisturí
que se realiza en el sitio de la lesión de preferencia en los bordes indurados que mantienen menor daño
tisular, aspirado de ganglios linfáticos o lesiones (Cobo Carrasco & Pérez Laborde, 2024).
La muestra obtenida se coloca en una placa portaobjetos y se aplica colorantes, el método más utilizado
se denomina Romanowsky, consiste en usar un colorante básico, como el azul de metileno, para fijarse
a las estructuras con pH ácido, y un colorante ácido, como la eosina, que se adhiere a estructuras con
pH básico. La visualización microscópica del amastigote se caracteriza por un citoplasma de azul tenue,
un kinetoplasto lila en forma de barra y un núcleo de tonalidad roja, ya sea dentro o fuera de los
macrófagos (Cobo Carrasco & Pérez Laborde, 2024).
Métodos de recolección: frotis, biopsia, aspirado de lesiones y de ganglios linfáticos.
Frotis: Este método posibilita la observación directa del amastigote de Leishmania, caracterizado por
un citoplasma de tono azul tenue, un kinetoplasto con coloración lila en forma de barra y un núcleo de
tonalidad roja, ya sea en el interior de los macrófagos o fuera de ellos (Cobo Carrasco & Pérez Laborde,
2024).
Biopsia: El análisis histopatológico requiere de técnicas como la biopsia la que implica la extracción
de tejido de un organismo vivo para su estudio microscópico con el fin de tener un diagnóstico. En el
análisis histológico se observan amastigotes contenidos en los histiocitos después de realizar la tinción
de elección puede ser Giemsa o eosina y hematoxilina para facilitar la visualización de los parásitos y
proporcionar una identificación precisa (Cobo Carrasco & Pérez Laborde, 2024).
Cultivo In Vitro: permite aislar el parásito en medios específicos que facultara su proliferación, lo que
facilita su posterior identificación. Aunque es un método altamente específico, su uso está limitado por
el tiempo que requiere el cultivo y las condiciones necesarias para mantener viables a los parásitos
(Pazmiño-Gavilanes et al., 2025).
Pruebas inmunológicas
Prueba cutánea de Montenegro o leishmanina: A las 48 o 72 horas después de la inyección de
Leishmania en el antebrazo, se evalúa la induración local, que se considera positiva si es mayor de 5
mm. Esta prueba cutánea de leishmanina se utiliza para el diagnóstico, pero puede revelar infecciones
presentes y pasadas. Incluso en personas asintomáticas infectadas (De Vries & Schallig, 2022).

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Diagnóstico serológico: El ensayo de inmunofluorescencia indirecta (IIFA) y el ensayo
inmunoabsorbente ligado a enzimas (ELISA) son los métodos comúnmente utilizados para el
diagnóstico de la leishmaniasis; sin embargo, en las leishmaniasis tegumentarias, la sensibilidad se
considera baja. En lesiones crónicas como LR, MC y DL, la sensibilidad puede ser mayor. En el caso
de la LM (en la que es difícil detectar el parásito), la serología positiva puede ser el único criterio
diagnóstico (Abadías-Granado et al., 2021).
Complicaciones
Las principales complicaciones de la leishmaniasis pueden ser desde muy simples hasta de gran
severidad, incluyen; adenomegalias, esplenomegalias, fiebre, ulceras, costras, asimismo se describe
complicaciones cardiovasculares, y casos en los que se ha descrito como una de las complicaciones más
relevantes el carcinoma escamoso queratinizante (Tomalá Mishel et al., 2023). Estudios han logrado
demostrar que la LC puede complicarse hasta presentar anemia, leucopenia y trombocitopenia, y
físicamente úlceras crónicas con cicatrices permanentes, además es importante destacar que las
complicaciones van a desarrollarse de acuerdo al estado de inmunodeficiencia en el que se encuentre la
persona afectada, siendo los portadores de virus de inmunodeficiencia adquirida y afectados por otras
enfermedades que condicionan su estado de salud los casos más complejos (Tomalá Mishel et al., 2023).
Tratamiento
El abordaje terapéutico es la mejor forma de frenar el deterioro de la persona afectada por la
leishmaniasis.
Cuadro 1. Tratamiento para leishmaniasis cutánea
Leishmaniasis cutánea
Tratamiento local: 1-3 lesiones iguales o menores a 3 cm en cualquier zona excepto cabeza y zonas
periarticulares, pacientes sin inmunodepresión con posibilidad de seguimiento
Antimoniales
pentavalente
Inyección subcutánea; total de 3 a 5 infiltraciones de 1 a 5 ml por lesión, procurando cubrirla
por completo, el intervalo sugerido entre sesiones es de 3-7 días, con un volumen que no
supere los 15 ml diarios
Termoterapia Tras aplicar anestesia local, se aplica calor local con un electrodo generador de ondas
electromagnéticas a 50 °C durante períodos de 30 segundos, en el centro y el borde de la
lesión. Una sesión con el número de aplicaciones necesarias para cubrir toda la lesión.
Paromomicina En crema al 15% se aplica diariamente en la zona afectada durante 20 días

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Tratamiento sistémico: Lesión única o lesiones múltiples mayores a 3 cm en cualquier lugar; o lesiones de
cualquier tamaño en cabeza o regiones periarticulares; o lesión única o lesiones múltiples tratadas en forma local
que no respondieron al tratamiento o recidivaron.
Miltefosina Vía oral; 2,5 mg/kg/día durante 28 días (dosis máxima 150 mg/día).
Isetionato de
pentamidina
Intramuscular; 4 a 7 mg/kg/día en 3 dosis aplicadas cada 72 horas
Antimoniales
pentavalentes
Intravenosa o intramuscular; 20 mg/kg/día, dosis única diaria durante 10 a 20 día según
amerite, (Dosis máxima 1215 mg /kg/día) o 3 ampollas del antimonial pentavalente para
reducir los efectos adversos.
Elaboración propia. Adaptado de Organización Panamericana de Salud (Organización Panamericana de la Salud, 2023).
Cuadro 2. Tratamiento para leishmaniasis visceral
Leishmaniasis visceral
Anfotericina B
liposomal
Intravenosa; 3 mg/kg/día hasta 20-40 mg/kg de dosis total. Pueden requerir
intervalos superiores a
24 horas entre las dosis
en caso de elevación de
la creatinina.
Complejo lipídico de
anfotericina B
Intravenosa; 3 mg/kg/día durante 10 días. Dosis total de 30
mg/kg
Desoxicolato de
anfotericina B
Intravenosa; 0,7 mg/kg/día durante 28 días (Dosis máxima:
50 mg/día)
Contraindicaciones: Antimoniales pentavalentes
Elaboración propia. Adaptado de Organización Panamericana de Salud (Organización Panamericana de la Salud, 2023).
Vacunas
El desarrollo y la administración de una vacuna contra la LC siempre será una de las medidas más
eficaces para el control y erradicación de la enfermedad. Se ha estimado que una vacuna que tenga 70
% de eficacia, aporta 10 años de protección, lo cual podría prevenir de 41000 a 141000 casos de LC en
Latinoamérica por una cantidad financiera menor en relación al tratamiento de estos casos. El desarrollo
de una vacuna eficaz contra la LC es difícil y complicado debido a la compleja interacción entre
parásitos de Leishmania y el sistema inmunitario del huésped (Malvolti et al., 2021).
Por ejemplo, la opción de usar una vacuna viva atenuada, debido a su capacidad para inducir una
respuesta Th1 protectora, es un enfoque atractivo que hoy en día se está explorando. También se han
explorado vacunas experimentales basadas en el uso de componentes de parásitos muertos, proteínas
recombinantes o ADN, pero hasta ahora ninguna ha llevado a una vacuna contra la LC autorizada para

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su uso en humanos. No obstante, la infección por LC recuperada de forma natural induce generalmente
inmunidad de por vida contra las especies que causaron la infección primaria, y esto sugiere que, la
vacunación debería ser posible (De Vries & Schallig, 2022).
Estrategias Metodológicas
El presente artículo se enmarcó en la modalidad de bibliografía documental, recopilando artículos
científicos publicados en bases de datos Scielo, Redalyc, PubMed y Google Académico, que ayudaron
la fundamentación del presente marco teórico, puesto que se analizó cada fuente para identificar la
confiabilidad y veracidad en la información. El campo de la investigación es descriptivo ya que se
realizó la revisión y análisis del caso clínico de Leishmaniasis cutánea en un paciente masculino
residente en la Amazonia ecuatoriana.
Presentación del caso clínico
Paciente masculino de 33 años, originario de Loja y residente en Chinapintza, provincia de Zamora, sin
antecedentes patológicos de importancia, trabaja en la extracción minera de oro. Refiere que desde
hace 3 meses y teniendo como causa aparente picadura de mosquito, presenta prurito a nivel de
pantorrilla de pierna derecha para lo cual se aplica Quadriderm (betametasona / gentamicina / tolnaftato
/ clioquinol) tópico cada 12 horas de manera ocasional, para lo cual no presenta mejoría. Hace 4 semanas
cuadro se exacerba presentando incremento del prurito y presencia de lesiones ulcerosas eritematosas
de bordes elevados e irregulares, en cantidad de 4 que miden entre 1.5 cm a 3.5 cm de diámetro, motivo
por el cuál acude a consulta de atención primaria.
Al examen físico, los signos vitales presentan tensión arterial: 118/76 mmHg, frecuencia cardiaca: 86
lpm, frecuencia respiratoria: 19 rpm, temperatura: 36.4 °C (axilar), Saturación de O2: 97 %, llenado
capilar: <2 segundos, peso: 78.0 Kg, Talla: 1,70 m, IMC: 26.99 Kg/m2 (sobrepeso).
Paciente lucido en tiempo espacio y persona. Cabeza: normocefálica. Ojos: pupilas isocóricas
normoreactivas. Nariz: fosas nasales permeables. Bocas mucosas húmedas. Tórax: simétrico, murmullo
vesicular conservado, sin ruidos sobreañadidos. Corazón: R1-R2 rítmicos con el pulso. Abdomen:
blando, depresible, no doloroso a la palpación superficial ni profunda, RHA conservados. Región
genitourinaria: No se valora. Extremidades: Miembro inferior derecho: En la región posterior de la
pierna, a nivel de los músculos gastrocnemios se observan cuatro lesiones ulceradas, de forma

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redondeada, con bordes sobreelevados y eritematosos, centro necrótico cubierto por costra marrón
negruzca y halo inflamatorio circundante, sin signos clínicos evidentes de sobreinfección.
Figura 3. Se observan cuatro lesiones ulceradas localizadas en la región posterior de la pierna a nivel
de músculos gastrocnemios, de morfología redondeada a ovalada, con bordes elevados, bien
delimitados, eritematosos y violáceos, característicos del aspecto en “volcán”; los centros están
cubiertos por costras gruesas de color marrón negruzco, con áreas necróticas y signos de descamación
periférica. Las lesiones presentan un halo inflamatorio circundante y varían en tamaño entre 1,5 y 3,5
cm de diámetro aproximadamente, sin evidencia clínica de supuración activa o signos evidentes de
sobreinfección bacteriana.
Figura 4.
Se decide realizar frotis de las lesiones dérmicas, en donde se evidencia la presencia de formas
parasitarias intracelulares compatibles con Amastigotes, confirmando que se trata de una Leishmaniasis
cutánea. Con lo cual se procede a la intervención farmacológica con antimoniato de meglumina, a dosis
de 20 mg/kg/día intramuscular, resultando en una dosis de 19.26 ml cada día, por el lapso de 20 días,
con una respuesta favorable, ya que las úlceras se empezaron a aplanar sus bordes y aumento de tejido
epitelial, reduciendo el tamaño de las mismas.

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DISCUSIÓN
La leishmaniasis es una enfermedad crónica infecciosa transmitida por vectores flebótomos y causada
por más de 20 especies del género de Leishmania, que afectan la piel, las mucosas y las vísceras
(Castillo Pinto et al., 2024).
A nivel mundial, la leishmaniasis constituye un desafío de salud pública, afectando a un centenar de
países, siendo endémica en regiones de África, Asia, América Central, del Sur y el Mediterráneo
(Reithinger et al., 2025). En Ecuador, la leishmaniasis es una enfermedad vectorial de notificación
obligatoria, que se manifiesta en el mayor de los casos como LC, pues representa el 97% de los casos
(Yánez Escobar et al., 2025). En la región Costa, prevalecen las úlceras cutáneas en la cara, cuello y
extremidades superiores de los pacientes, mientras que, en la Amazonía, son comunes las lesiones
ulcerosas en las extremidades inferiores y en la región Andina, predominan las pápulas, principalmente
en la cara (Kato, 2025). Cómo lo es en este caso, nuestro paciente que reside en la región Amazónica,
presentó lesiones solo en la extremidad inferior derecha. Esto también concuerda con el estudio de casos
de 10 años de LC en viajeros y migrantes realizado en Canadá, en donde se evidencio que la localización
de estas lesiones era de 31% en extremidades inferiores, 29% en cara y cuello, 19% en el tronco y 25%
en extremidades superiores (Lemieux et al., 2022).
Otro aspecto a destacar, es que en la región amazónica la presencia de casos de LC se asocian
fuertemente proximidad al ciclo silvestre de la LC, ya que existen asentamientos humanos y
campamentos provisorios o semipermanentes (Organización Panamericana de la Salud, 2021). Y es allí
que las condiciones de vivienda precarias y primitivas, el bajo nivel de vida, el hacinamiento, dormir a
la intemperie y/o en el suelo, los altos niveles de riesgo natural o la falta de inmunidad en quienes
emigran a zonas endémicas también podría aumentar el riesgo de infección por estos flebótomos
antropófilos peridomésticos (Caicedo Suarez et al., 2023). Similar situación, a la que nuestro paciente
se encontraba expuesto al encontrarse en un campamento en la región amazónica del Ecuador en donde
se realizan actividades de extracción minera poco regularizada por las autoridades.
Otro problema sobre la infección de LC, es que se asemeja a varios tipos de patologías dermatológicas
por lo que se le conoce como la “gran imitadora”, tales como erisipela, dermatitis, verrugas, herpes
zoster, entre otras, lo que conlleva a un diagnóstico y tratamiento erróneos y, por ende, complicaciones

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más complejas (Marte Colina et al., 2024). Es por ello que el diagnostico oportuno es fundamental, se
lo realiza por medio de la observación visual del agente etiológico, el cual puede evidenciarse en
muestras de frotis directo y en cortes histopatológicos obtenidas de las lesiones (Domínguez
Hermenejildo et al., 2023).
Existen distintas pautas terapéuticas, en pacientes con menos de cinco lesiones es útil el tratamiento con
antimoniales pentavalentes, mismos que fueron utilizados en este paciente. Estos pueden ser de
aplicación intralesional, pero en el caso de las formas de leishmaniasis del continente americano, no
son de utilidad, sobre todo si se trata de úlceras mayores a 5 cm y son múltiples, por lo que es preferible
su uso parenteral. Existen otras posibilidades de tratamientos orales y tópicos, como la Miltefosina,
Pentamidina, Paromomicina, azoles, Anfotericina B e Imiquimod, cuya utilización debe analizarse de
acuerdo con cada caso (Blaizot et al., 2024).
La mala adherencia al tratamiento se produce por diversas razones, como la duda sobre los beneficios
esperados, la eficacia del tratamiento, los efectos secundarios desagradables, las limitaciones laborales
o económicas, los viajes fuera de casa, la sensación de malestar o depresión, y el simple olvido. En la
evaluación de los casos que no responden al tratamiento, un número considerable de pacientes muestra
dificultad para adherirse a los regímenes terapéuticos recomendados (Sharifi et al., 2023).
La LC representa un importante desafío de salud pública en Ecuador, no solo por su alta prevalencia,
sino también por la falta de tratamientos eficaces y accesibles para la población afectada. A pesar de
que existen opciones de tratamiento, la eficacia de los tratamientos tópicos sigue siendo variable y poco
documentada (Yánez Escobar et al., 2025).
CONCLUSIONES
La LC es un problema de salud pública en Ecuador por lo que es imprescindible su sospecha clínica y
diagnóstico oportuno, especialmente en la población de la Región amazónica en donde existen
conglomerados de asentamientos de trabajadores en donde están expuestos a distintos factores que
favorecen a la presencia de los flebótomos y por ende a infectarse de leishmaniasis, siendo la forma
cutánea la más incidente. No obstante, un adecuado manejo y buena adherencia al tratamiento y
educación comunitaria podrían mitigar el estigma y mejorar los resultados de la salud en estos pacientes.

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