SISTEMATIZACIÓN DE LA EXPERIENCIA
DE SENSIBILIZACIÓN EN VIOLENCIA DE
GÉNERO DEL CENTRO DE ATENCIÓN
INTEGRAL, COLTA
SYSTEMATIZATION OF THE GENDER-VIOLENCE
SENSITIZATION EXPERIENCE OF THE INTEGRAL
ATTENTION CENTER, COLTA
Lic. Elisa Gabriela Martínez Espinoza
Universidad Estatal Península de Santa Elena, Ecuador
Lic. Ángel Alberto Matamoros Dávalos, PhD
Universidad Estatal Península de Santa Elena, Ecuador

pág. 9298
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v9i6.22034
Sistematización de la Experiencia de Sensibilización en Violencia de Género
del Centro de Atención Integral, Colta
Lic. Elisa Gabriela Martínez Espinoza1
elisamartinezespinoza@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-0796-6495
Universidad Estatal Península de Santa Elena
UPSE
Ecuador
Lic. Ángel Alberto Matamoros Dávalos, PhD
amatamoros@upse.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-3809-1724
Universidad Estatal Península de Santa Elena
UPSE
Ecuador
RESUMEN
Objetivo: Sistematizar la experiencia de sensibilización sobre violencia de género desarrollada por el
Centro de Atención Integral del cantón Colta, provincia de Chimborazo, entre 2023 y 2025,
identificando aprendizajes, debilidades y aportes para la prevención comunitaria en contexto indígena
rural. Método: Estudio cualitativo exploratorio-descriptivo, no experimental, basado en la
sistematización de experiencias. Se utilizaron revisión documental, entrevistas semiestructuradas,
observación participante y fichas de recuperación de aprendizajes, mediante muestreo intencional que
incluyó al equipo técnico, lideresas comunitarias y mujeres participantes. Resultados: Se evidenció la
pertinencia de metodologías participativas y culturalmente contextualizadas, transformaciones en la
identificación de la violencia psicológica y mayor reconocimiento de derechos, así como el
fortalecimiento de redes de apoyo entre mujeres y aprendizajes institucionales sobre rutas de atención
y trabajo territorial. También se identificaron resistencias culturales, barreras lingüísticas, baja
instrucción y limitaciones operativas que afectan la continuidad del proceso.
Palabras clave: violencia de género, interculturalidad, sistematización de experiencias, sensibilización
comunitaria, pueblos indígenas
1 Autor principal.
Correspondencia: elisamartinezespinoza@gmail.com

pág. 9299
Systematization of the Gender-Violence Sensitization Experience of the
Integral Attention Center, Colta
ABSTRACT
Objective: To systematize the gender-violence sensitization experience implemented by the Integral
Attention Center (CAI) of the canton of Colta, province of Chimborazo, between 2023 and 2025,
identifying key learnings, weaknesses, and contributions to community-based prevention in an
Indigenous rural context. Method: A qualitative exploratory-descriptive, non-experimental study based
on the systematization of experiences. Documentary review, semi-structured interviews, participant
observation, and learning-recovery records were employed, using purposive sampling that included the
technical team, community women leaders, and participating women. Results: Findings reveal the
relevance of participatory and culturally contextualized methodologies, transformations in the
identification of psychological violence, increased recognition of rights, and the strengthening of
women’s support networks, alongside institutional learnings regarding referral pathways and territorial
work. Cultural resistance, linguistic barriers, low literacy levels, and operational limitations that affect
the continuity of the process were also identified.
Keywords: gender-based violence, interculturality, systematization of experiences, community
sensitization, indigenous peoples
Artículo recibido 30 noviembre 2025
Aceptado para publicación: 30 diciembre 2025

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INTRODUCCIÓN
La violencia de género es reconocida como un fenómeno estructural, histórico y persistente, que vulnera
los derechos humanos de las mujeres en todas las regiones y contextos (ONU, 1993). Este problema,
sostenido por sistemas patriarcales que reproducen relaciones desiguales de poder, genera
consecuencias físicas, psicológicas, sociales y culturales que afectan profundamente la vida de millones
de mujeres (Ramírez, Alarcón & Ortega, 2020; Aretio Romero et al., 2024). En los últimos años,
además, se ha evidenciado un preocupante proceso de desensibilización y negación de esta
problemática, impulsado por discursos posmachistas que minimizan su vigencia y obstaculizan la
construcción de políticas efectivas de prevención (González Fernández-Conde et al., 2024).
En Latinoamérica, la violencia de género adquiere características particulares debido a las persistentes
inequidades sociales, culturales y económicas que atraviesan la región. Históricamente tratada como un
asunto privado, su abordaje público ha sido tardío y desigual (Camacho, 2014). Las mujeres indígenas,
rurales y de sectores empobrecidos enfrentan múltiples capas de vulnerabilidad, derivadas de barreras
institucionales, instruccionales, lingüísticas y económicas que dificultan el acceso a justicia y servicios
de protección (CEDHU, 2017). Aunque en América Latina se han fortalecido las intervenciones
multisectoriales para la prevención y atención, persisten limitaciones en la evaluación, sistematización
y medición del impacto real de estas acciones (González Fernández-Conde et al., 2024). Todo ello
ocurre en un contexto regional donde la expansión del crimen organizado y la inseguridad incrementa
los riesgos de violencia sexual y basada en género (ONU Mujeres, 2024).
En Ecuador, esta problemática se expresa con particular gravedad: el 65% de las mujeres ha
experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, según la ENVIGMU (Ministerio de Justicia,
Derechos Humanos y Cultos, 2017). A pesar de contar con un marco normativo robusto y políticas
orientadas a la erradicación de la violencia desde 2007, la violencia contra las mujeres continúa siendo
una realidad naturalizada, recurrente y poco evaluada en términos de impacto. La crisis de seguridad
que enfrenta el país desde 2023 ha intensificado los riesgos, incrementando los casos de femicidio y
otras formas de violencia extrema (ONU Mujeres, 2024). Este escenario se vuelve aún más crítico en
territorios rurales e interculturales como el cantón Colta, en la provincia de Chimborazo -centro andino
de Ecuador-, donde el 87,4 % de la población se identifica como indígena Kichwa (FLACSO, 2015),

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prevalece una de las tasas más altas de pobreza por necesidades básicas insatisfechas del país, superior
al 80 % en algunas comunidades (SETep, 2022), y persiste un acceso limitado a servicios esenciales,
como educación, salud y agua potable (Banco Mundial, 2007). Estas condiciones estructurales,
sumadas a la discriminación histórica y a barreras lingüísticas y culturales, profundizan las
desigualdades de género y aumentan la vulnerabilidad de las mujeres en el territorio.
En este contexto, los Centros de Atención Integral (CAI) cumplen un papel central en la atención y
prevención de la violencia; sin embargo, los procesos de sensibilización comunitaria desarrollados en
Colta, pese a su relevancia para desnaturalizar la violencia y promover responsabilidad colectiva, no
han sido sistematizados ni evaluados adecuadamente, limitando la comprensión de sus logros, desafíos
y aprendizajes y dificulta la construcción de estrategias más efectivas para contextos similares.
Frente a est realidad, el presente artículo tiene como propósito, presentar la sistematización de la
experiencia de sensibilización sobre violencia de género desarrollada por el Centro de Atención Integral
del cantón Colta, provincia de Chimborazo, entre 2023 y 2025, con el fin de reconstruir críticamente
sus prácticas, recuperar aprendizajes significativos e identificar obstáculos que permitan fortalecer
futuras intervenciones. La sistematización, entendida como un proceso reflexivo e interpretativo
orientado a la producción de conocimientos situados (Jara Holliday, 2018; Mera Rodríguez, 2019),
constituye una herramienta clave para visibilizar saberes locales y promover transformaciones sociales
sustantivas en territorios históricamente marginados. Al aportar evidencia contextualizada desde un
espacio rural e intercultural, esta investigación contribuye tanto al fortalecimiento institucional del CAI
como al campo académico de los estudios sobre violencia de género y prevención comunitaria en
Ecuador.
METODOLOGÍA
La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo, no experimental, pertinente para comprender
en profundidad los sentidos, prácticas y aprendizajes generados en la experiencia de sensibilización
comunitaria del Centro de Atención Integral (CAI) del cantón Colta, en un contexto rural e intercultural
donde la violencia de género se expresa de manera compleja. Este enfoque posibilita acceder a las
perspectivas de actores clave y reconstruir procesos sociales desde la interpretación situada (Creswell
& Poth, 2018).

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El estudio se caracterizó como exploratorio-descriptivo, debido a que aborda un fenómeno
insuficientemente documentado y busca describir e interpretar sus elementos constitutivos; asimismo,
se enmarca en la tradición de la sistematización crítica de experiencias, entendida como un proceso
metodológico que reconstruye, analiza y resignifica prácticas sociales para generar conocimiento
contextualizado (Jara Holliday, 2018; Ghiso, 2018). El diseño fue cualitativo no experimental, de tipo
transversal, dado que analiza el proceso desarrollado entre 2023 y 2025 a partir de fuentes documentales
y testimoniales, sin manipulación de variables y con temporalidad acotada. Se asumió un paradigma
constructivista-interpretativo, desde el cual se reconoce que el conocimiento se produce mediante la
interacción entre investigadora, participantes y contexto sociocultural (Denzin & Lincoln, 2018).
La población de estudio estuvo conformada por el equipo técnico del CAI Colta, lideresas, actores
comunitarios, y mujeres participantes en las jornadas de sensibilización realizadas en comunidades
indígenas del cantón. Se utilizó muestreo intencional, seleccionando a personas con conocimiento
directo del proceso y con capacidad para aportar información relevante (Patton, 2015). La recolección
de información combinó diversas técnicas cualitativas: revisión documental, que incluyó informes
internos, registros de actividades, materiales de sensibilización y documentos normativos e
institucionales; entrevistas semiestructuradas a profesionales del CAI, lideresas comunitarias y
participantes de las jornadas; y observación participante y no participante en actividades desarrolladas
en territorio. Para estas técnicas se emplearon como instrumentos una matriz de análisis documental,
una guía de entrevista, una ficha de observación y una bitácora de campo. La reconstrucción e
interpretación del proceso siguió los momentos metodológicos propuestos para la sistematización:
recuperación de la experiencia, identificación de actores y factores, análisis crítico de nudos
problemáticos y elaboración de aprendizajes y proyecciones (Jara Holliday, 2018).
Los criterios de inclusión contemplaron a personas que participaron en actividades de sensibilización
del CAI entre 2023 y 2025, profesionales involucrados en la ejecución del proceso y documentos
institucionales válidos. Se excluyeron participantes que no otorgaron consentimiento y documentos sin
respaldo institucional. El estudio cumplió con principios éticos de consentimiento informado,
confidencialidad, anonimización de datos, respeto intercultural y enfoque de género, fundamentales
dada la sensibilidad del tema de violencia contra las mujeres (Marshall & Rossman, 2016).

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Las limitaciones identificadas se relacionaron con restricciones de acceso a información por motivos
de confidencialidad, disponibilidad variable de participantes en comunidades rurales y diferencias en la
calidad de los registros institucionales según periodos del proyecto.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La sistematización de la experiencia de sensibilización desarrollada por el Centro de Atención Integral
(CAI) del cantón Colta entre 2023 y 2025 permitió identificar hallazgos relevantes que explican la
dinámica socioeducativa del proceso, su pertinencia intercultural y su impacto en comunidades kichwa
Puruhá. El análisis integra información proveniente de entrevistas, observación participante, fichas de
recuperación de aprendizajes y registros de campo, lo que permitió reconstruir un proceso complejo
donde confluyen avances, tensiones y aprendizajes significativos.
Colta constituye un territorio de alta vulnerabilidad estructural: el 78 % de su población se autoidentifica
como indígena y más del 60 % reside en zonas rurales, con altos niveles de pobreza, migración y
limitado acceso a servicios (GAD Colta, 2019). Estas condiciones, sumadas a patrones patriarcales y
relaciones comunitarias de autoridad tradicional, generan un escenario que incrementa los riesgos frente
a la violencia de género, confirmando lo planteado por la CEPAL (2022) y el Consejo Nacional para la
Igualdad de Género (2021). En este contexto, el CAI atendió 2.832 casos entre 2023 y 2024, de los
cuales 1.650 correspondieron a mujeres y niñas, lo que se alinea con la prevalencia nacional reportada
por la ENVIGMU (Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, 2017).
Primer hallazgo: pertinencia intercultural y metodológica
Los registros de campo muestran que la sensibilización en territorios kichwa Puruhá adquiere
características particulares. En la mayor parte de los talleres observados, la participación aumentó
cuando se incorporaron dinámicas propias de educación popular: participación, sociodramas, narrativas
comunitarias y ejemplos de la vida cotidiana y, en algunos casos, en idioma propio. La observación
participante consigna momentos específicos donde el uso de metáforas visuales, como el “semáforo de
la violencia”, provocó reacciones inmediatas de reconocimiento del riesgo: “El rojo es cuando ya hay
muerte, cuando ya no hay regreso”, mencionó una lideresa durante el taller de la comunidad Liglig
(Registro de Campo, 2025).

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A través de este estudio se evidencia la eficacia de las metodologías participativas y culturalmente
pertinentes utilizadas en los talleres. La observación participante señala que el equipo técnico aplicó
metodologías con ejemplos contextualizados, que facilitaron la comprensión en un contexto donde
persisten barreras lingüísticas y niveles educativos diversos. Este enfoque responde a los planteamientos
de Jara Holliday (2018) y Ghiso (2018), quienes sostienen que el aprendizaje significativo en territorios
indígenas requiere partir del conocimiento previo de las personas y de sus formas propias de
interpretación de la realidad.
Asimismo, se comprobó que el diálogo circular y la mediación bilingüe facilitaron la comprensión en
grupos con predominancia del kichwa. En talleres donde no hubo traducción, el registro de campo anotó
una participación más pasiva y breves comentarios de confusión, lo que reafirma la necesidad de
estrategias cultural y lingüísticamente pertinentes, en consonancia con lo planteado por Jara Holliday
(2018) y Núñez & Paredes (2021).
Los hallazgos en Colta también se alinean con lo señalado por autores que estudian violencia en pueblos
indígenas. Núñez y Paredes (2021), por ejemplo, sostienen que los procesos en territorios indígenas
requieren considerar “las dimensiones culturales, lingüísticas y organizativas propias para garantizar no
sólo la comprensión, sino la legitimidad del proceso”
Segundo hallazgo: transformaciones individuales en la percepción de la violencia
Los testimonios recogidos evidencian procesos de resignificación de violencias antes normalizadas.
Durante las sesiones, mujeres expresaron frases como: “pensábamos que era así nomás, porque así
vivían nuestras mamás” (Testimonio Anónimo 3, 2025). Este reconocimiento emergente se acompañó
de reacciones emocionales intensas identificadas en las fichas de observación: llanto, silencios
prolongados y gestos de incomodidad cuando se discutía sobre violencia psicológica, patrimonial o
sexual.
La identificación de la violencia psicológica como problemática central coincide con estudios previos
en territorios rurales (CEDHU, 2017) y evidencia un avance significativo en la comprensión
comunitaria del fenómeno. Sin embargo, también surgieron resistencias discursivas, especialmente
entre hombres y autoridades comunitarias, expresadas en frases como: “ya vienen a hacer pelear a las
mujeres con los esposos” (Guía de Observación, 2025).

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Este tipo de respuestas se interpretan a partir de lo señalado por González Fernández-Conde et al. (2024)
respecto a discursos posmachistas que buscan relativizar las demandas de igualdad o desacreditar los
procesos de prevención.
Los resultados de la sistematización muestran que muchas mujeres indígenas de Colta identificaron,
durante los talleres, que formas de violencia previamente aceptadas o consideradas “normales”,
constituían agresiones. Esto se relaciona con lo planteado por López Hernández (2020), quien sostiene
que la naturalización es “un proceso cultural que legitima prácticas que vulneran derechos y obstaculiza
su identificación” Además, los cambios individuales no siempre se traducen en transformaciones
comunitarias. Las mujeres pueden “desarrollar nuevas interpretaciones de su situación, pero esto no
necesariamente modifica de inmediato las relaciones de poder en el espacio doméstico o comunitario”
(Ibid, 2020)
Tercer hallazgo: condiciones emocionales y dinámicas grupales
Los registros de campo muestran que los talleres generaron espacios de contención emocional. En
varios talleres, tras escenas de sociodrama que representaban violencia intrafamiliar, las mujeres
solicitaron espontáneamente compartir experiencias personales. El equipo técnico generó círculos de
escucha que facilitaron la expresión de emociones, lo cual fue valorado por las participantes como
“sanador” y “liberador” (Registro de Aprendizajes, 2025).
La sistematización identifica diferencias generacionales en la apropiación de los contenidos: las mujeres
jóvenes participaron activamente, formularon preguntas y asumieron roles protagónicos en
dramatizaciones, mientras que las adultas mayores mostraron menor participación verbal, aunque
aportaron reflexiones profundas cuando se sintieron en confianza. Este patrón confirma la importancia
de reconocer jerarquías internas y roles comunitarios en territorios indígenas (Camacho, 2014).
Cuarto hallazgo: rol institucional del CAI y su eficacia territorial
El acompañamiento sostenido del equipo del CAI fue clave. Los registros muestran que la presencia
continua en territorio, la visita a domicilios para convocatorias, y la articulación con cabildos y DECE
aumentaron la asistencia entre un 20 % y 40 % según la comunidad. La construcción de confianza se
evidenció en expresiones como: “cuando viene el CAI hablamos sin miedo” (Testimonio Anónimo 2,
2025).

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Sin embargo, la sistematización reveló limitaciones relevantes: sobrecarga laboral, ausencia de
transporte institucional permanente, dificultades para registrar sistemáticamente la información y
barreras lingüísticas persistentes. Estas limitaciones coinciden con los hallazgos de Ghiso (2018) y la
OPS (2019), quienes destacan que la intervención comunitaria sostenible requiere estructuras
institucionales estables y recursos adecuados.
Es fundamental profundizar en la comprensión de la violencia como fenómeno relacional inserto en
estructuras comunitarias, tal como advierte la literatura latinoamericana. Según Gómez, Estrada y Rojas
(2018), la violencia basada en género “no puede analizarse únicamente como un acto individual, sino
como resultado de patrones socioculturales que reproducen jerarquías de poder” Esto coincide con los
nudos críticos identificados en Colta, donde los patrones comunitarios, el autoritarismo doméstico y el
temor a represalias se configuran como barreras para la transformación.
Quinto hallazgo: redes comunitarias, agencia colectiva y sostenibilidad
Uno de los aportes más significativos fue el fortalecimiento de redes informales de apoyo entre mujeres.
En comunidades como Cunchibamba y Santiago de Quito, las participantes empezaron a organizar
grupos de vigilancia comunitaria, emprendimientos colectivos y espacios de conversación autónomos
posteriores a los talleres. Esta articulación, documentada en registros de campo, confirma la tesis de
Gómez, Estrada y Rojas (2018) sobre la importancia de los grupos de mujeres como factor protector
frente a la violencia.
Asimismo, la participación de hombres en reflexiones sobre masculinidades emergió como un
componente necesario para avanzar hacia transformaciones más amplias, aunque aún en fase inicial.
El papel de las intervenciones de base comunitaria como estrategias esenciales permite transformar
creencias y comportamientos relacionados con la violencia. Como recuerda la Organización
Panamericana de la Salud, “los programas comunitarios sostenidos generan mayor impacto que las
campañas aisladas” (OPS, 2019).
Este principio es reforzado por el caso del CAI Colta, cuya presencia continua en las comunidades
permitió el establecimiento de confianza, la articulación con lideresas y el avance hacia la identificación
de redes locales de apoyo.

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Sexto hallazgo: tensiones estructurales persistentes
La sistematización identifica nudos críticos que condicionan la sostenibilidad del proceso: mediaciones
comunitarias basadas en interpretaciones erróneas de la justicia indígena, temor a represalias, miedo al
“qué dirán”, lentitud judicial, dispersión territorial y costos de traslado. Estas barreras, ampliamente
señaladas por ONU Mujeres (2020, 2024), explican por qué los avances individuales no siempre se
traducen en transformaciones comunitarias inmediatas. Como plantea López Hernández (2020), los
cambios actitudinales deben entenderse como procesos graduales y en disputa.
La evidencia internacional confirma que la violencia de género constituye un problema estructural que
afecta de manera desproporcionada a las mujeres, no sólo por su prevalencia sino por sus consecuencias
severas. Según Martínez-García y Cols (2019), “la violencia contra la mujer es una de las
manifestaciones más extremas de la desigualdad de género, y constituye un problema de salud pública
de inmensas consecuencias”
En conjunto, los resultados confirman que la experiencia del CAI Colta es un aporte significativo a
conocimiento de la situación en general y a la prevención comunitaria de la violencia de género en
contextos indígenas, al integrar enfoques interculturales, fortalecer las capacidades de las mujeres y
documentar aprendizajes replicables. Su valor radica en articular conocimiento local, prácticas
pedagógicas culturalmente pertinentes y un acompañamiento territorial sostenido, generando evidencia
empírica relevante para el diseño de políticas públicas interculturales y estrategias de prevención con
enfoque comunitario.
Cuadro 1. Contexto Socio Estructural del Cantón Colta
Dimensión Principales características (según PDOT 2019–2030 y literatura
analizada)
Composición étnica 78 % población indígena Kichwa Puruhá
Ruralidad >60 % de población en zonas rurales dispersas
Condiciones
socioeconómicas
Altos niveles de pobreza, migración estacional, dependencia agrícola
Acceso a servicios Limitado acceso a salud, justicia, transporte público y educación superior
Factores de riesgo de
violencia
Patriarcado comunitario, naturalización de la violencia, justicia
comunitaria no garantista, barreras lingüísticas
Instituciones claves Cabildos, CAI Colta, DECE, organizaciones de mujeres, Fiscalía, Junta
Cantonal
Fuente: Elaboración propia basada en el PDOT 2019-2030 del cantón Colta

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Cuadro 2. Hallazgos Principales del Proceso de Sensibilización
Dimensión Hallazgos específicos
Pertinencia intercultural Uso de metáforas visuales, diálogo circular, traducción al kichwa
mejora participación
Transformaciones
individuales
Identificación de violencias naturalizadas, aumento en búsqueda de
ayuda
Dinámicas emocionales Aparición de llanto, silencios, alivio emocional, expresiones de
ruptura simbólica
Rol institucional del CAI Construcción de confianza, presencia territorial, articulación con
cabildos y DECE
Redes comunitarias Creación espontánea de grupos de mujeres, vigilancia comunitaria,
emprendimientos
Tensiones persistentes Temor a denunciar, presión comunitaria, lentitud judicial, barreras
lingüísticas
Fuente: Elaboración propia, basada en hallazgos de las herramientas de sistematización
Cuadro 3. Dificultades Logísticas Observadas en Territorio
Dificultad Evidencia empírica
Dispersión territorial Caminatas de 40–60 minutos entre casas; retrasos por clima
Acceso al transporte Talleres reprogramados por falta de movilización comunitaria
Movilización del equipo
técnico
Dependencia de transporte prestado; límites para visitas
domiciliarias
Disponibilidad de espacios Talleres en canchas, mingas o casas comunales improvisadas
Fuente: Elaboración propia, basada en hallazgos de las herramientas de sistematización
Cuadro 4. Evidencias textuales relevantes (citas del proceso)
Categoría Ejemplo
Naturalización “Pensábamos que era así porque así vivían nuestras mamás.”
Resistencia “Ya vienen a hacernos pelear con los esposos.”
Toma de conciencia “Ahora sé que no es normal que me hable feo.”
Valoración del CAI “Cuando viene el CAI hablamos sin miedo.”
Impacto emocional “Me dolió el corazón cuando vi el rojo del semáforo.”
Fuente: Elaboración propia, basada en hallazgos de las herramientas de sistematización
CONCLUSIONES
La sistematización realizada demuestra que los procesos de sensibilización desarrollados en el cantón
Colta no solo movilizan reflexiones individuales, sino que contribuyen a configurar condiciones
iniciales para transformaciones comunitarias en territorios indígenas rurales.

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A partir del análisis de la experiencia, es posible afirmar que la prevención de la violencia de género en
contextos como Colta requiere enfoques interculturales sostenidos, capaces de articular metodologías
participativas con un conocimiento profundo de la estructura comunitaria y de las particularidades
socioculturales que inciden en la reproducción de la violencia.
Los datos evidencian que los cambios observados en la conciencia de las mujeres, particularmente en
la identificación de violencias psicológicas, patrimoniales y simbólicas; no son resultado de
intervenciones aisladas, sino de procesos pedagógicos que integran componentes emocionales,
dialógicos y territoriales. Esta constatación permite sostener que la sensibilización es más efectiva
cuando se acompaña de prácticas que respetan los sistemas de organización local y se desarrollan a
través de equipos técnicos con presencia sostenida y capacidad de legitimación comunitaria.
Asimismo, los hallazgos permiten afirmar que las transformaciones individuales no se traducen
automáticamente en cambios estructurales. La persistencia de barreras institucionales, tensiones
comunitarias, patrones de autoridad tradicionales y limitaciones logísticas condiciona la consolidación
de los avances logrados. En este sentido, la evidencia analizada confirma que la prevención comunitaria
solo puede producir efectos sostenibles cuando es parte de un entramado interinstitucional más amplio,
en el que confluyan políticas públicas interculturales, justicia accesible y fortalecimiento organizativo
de las mujeres. La experiencia del CAI Colta aporta elementos útiles para este tipo de articulaciones, al
mostrar que las redes comunitarias, cuando son acompañadas adecuadamente, pueden constituirse en
factores protectores.
Desde una perspectiva teórica, los resultados permiten sostener que el enfoque intercultural no debe
entenderse únicamente como una adaptación metodológica, sino como un principio analítico que
reconoce la coexistencia de sistemas normativos y de sentidos que influyen en la reproducción de la
violencia y en las posibilidades de su transformación. Los registros de campo confirman la importancia
de comprender estos sistemas para evitar intervenciones que desconozcan la lógica comunitaria o
generen tensiones innecesarias.
Finalmente, el estudio deja abiertos algunos temas que requieren profundización. Se identifican
interrogantes relevantes para futuras investigaciones: ¿qué condiciones permiten que los avances
individuales se traduzcan en modificaciones estables de las normas comunitarias?, ¿cómo fortalecer

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mecanismos de justicia, ordinaria e indígena, para garantizar respuestas no revictimizantes?, ¿de qué
manera puede ampliarse la participación de hombres y autoridades sin comprometer la seguridad de las
mujeres?, ¿cuáles son las estrategias más efectivas para reducir las barreras lingüísticas y educativas en
procesos de sensibilización?
Estas preguntas sugieren la necesidad de continuar investigando y acompañando experiencias
comunitarias en territorios indígenas, de manera que los hallazgos obtenidos en Colta puedan dialogar
con otros contextos rurales andinos y contribuir al desarrollo de modelos interculturales de prevención
con mayor alcance y sostenibilidad.
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