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INTRODUCCIÓN
La región Piura combina una destacada vocación agroexportadora con un importante flujo turístico
costero, lo que la posiciona como un territorio estratégico dentro del desarrollo económico del norte del
Perú. No obstante, pese a esta doble potencialidad productiva y territorial, su estructura económica
presenta desequilibrios derivados de la concentración de la actividad turística en el modelo tradicional
de sol y playa, situación identificada como una limitante para el desarrollo turístico equilibrado a nivel
nacional (MINCETUR, 2021). Este tipo de turismo se localiza principalmente en destinos consolidados
como Máncora y Vichayito, los cuales concentran la mayor inversión pública y privada, así como la
infraestructura turística más desarrollada de la región.
Como consecuencia, amplios sectores del territorio regional, especialmente los distritos rurales y del
interior como Canchaque, Tamboya, Miguel Checa, Marcavelica y Querecotillo, permanecen al margen
de los principales flujos turísticos. Esta situación restringe las oportunidades de desarrollo local y
mantiene subutilizado el potencial del turismo rural y agroproductivo, a pesar de la existencia de
recursos naturales, paisajísticos, agrícolas y culturales con alto valor turístico. Al respecto, el Ministerio
del Ambiente (2016) subraya la importancia de integrar la conservación de los servicios ecosistémicos
con las actividades productivas para asegurar un aprovechamiento sostenible de los recursos naturales
en las zonas rurales. Estos elementos han sido reconocidos en los instrumentos de planificación regional
como ejes estratégicos de diversificación turística (MINCETUR, 2020).
El problema central radica en la limitada puesta en valor del patrimonio agrícola y cultural rural, así
como en la débil articulación entre las actividades productivas locales y el sector turismo. La región
Piura destaca por la producción de cacao blanco, mango y banano orgánico de alta calidad, productos
con reconocimiento nacional e internacional. A ello se suma la persistencia de saberes tradicionales,
prácticas ancestrales y festividades vinculadas a los ciclos agrícolas, elementos que constituyen un
patrimonio cultural vivo con alto potencial para el diseño de experiencias turísticas auténticas, propias
del turismo rural y comunitario (Pulido Fernández & Cárdenas García, 2017).
En este contexto, el agroturismo sostenible se configura como una alternativa viable para diversificar
la economía local y promover un desarrollo territorial más equilibrado e inclusivo. Según Lane (1994),
el turismo rural no debe entenderse únicamente como una actividad recreativa, sino como una estrategia