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personas de diferentes lugares del mundo, con el uso de algoritmos que permiten dar seguimiento a
cada estudiante, atendiendo a sus intereses y posibilidades cognitivas, ofreciendo un mayor porcentaje
de horas de estudio independiente y formas novedosas de evaluación del aprendizaje (Laurent, 2022,
pp. 115-121).
Se prevé que estos cursos se logren ajustar de conformidad con los registros de la actividad cerebral,
para que cada estudiante pueda aprender a su ritmo, permitiendo, además, con la ayuda de la IA,
“mejorar la eficacia del tiempo dedicado a la transmisión de conocimientos (Laurent, 2022, pp. 126 y
129). Y ello, por supuesto, también cambia las funciones del profesor, que se enfocará en ser un
facilitador, organizador del proceso, pero no figura clave para alcanzar los aprendizajes esperados.
Pero esto no sería lo más novedoso, hay aseveraciones futuristas mucho más radicales, como la
afirmación de que en un futuro próximo la escuela será transhumanista, resultando normal la
modificación del cerebro del alumno mediante la utilización de tecnologías convergentes (NBIC),
como las nanotecnologías, la biotecnología, las tecnologías de la información y la ciencia cognitiva.
De esta forma, la educación actual sería sustituida totalmente por la neuroeducación, que dejará de
servir de herramienta para la elaboración de estrategias didácticas que favorezcan el aprendizaje activo
del estudiante, para centrarse en una nueva acción: la neuromejora (Laurent, 2022, pp. 137-139).
En tal sentido, Laurent (2022) sentencia: “La escuela del futuro será transhumanista o no será” (p.
137). Con ello nos indica que los procesos de mejora irán sustituyendo paulatinamente a muchos de
los recursos didácticos conocidos, porque el cerebro humano será asistido directamente por la
tecnología, potenciándose el funcionamiento del ya de por sí complejo tejido neuronal con la ayuda de
las biotecnologías, la ingeniería genética, las neurotecnologías y por medio de sustancias o
estimulantes neuroquímicos. Pero ahí no terminan los pronósticos, porque también se está empezando
a pensar en la conexión del cerebro humano a los cerebros de silicio de los gigantes digitales, con el
objetivo de superar sus limitaciones naturales para elevar su rendimiento. Afirma Laurent (2022), que
la cohabitación con la IA aumentará nuestras capacidades cognitivas: “la coevolución con el silicio
nos hará descubrir nuevas maneras de razonar, lo que reorganizará nuestras redes neuronales” (p. 143).
El transhumanismo es “un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de
mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas