pág. 2491
INTRODUCCIÓN
En la actualidad, el planeta ha experimentado varios cambios en las condiciones meteorológicas, los
cuales ha tenido un impacto negativo en la salud pública, evidenciado por el aumento de enfermedades
tropicales como el dengue. Entre estas variaciones climáticas destaca el Fenómeno de El Niño (El Niño-
Oscilación del Sur ENOS), que ocurre con periodicidad aproximada de cada 2 a 4 años (1). El Fenómeno
de El Niño es un acontecimiento océano-atmosférico que se presenta con el incremento de la temperatura
superficial del mar como consecuencia del ingreso en gran cantidad de aguas cálidas del Pacífico
Occidental al Pacífico Ecuatorial, a razón de cambios en la presión atmosférica (2).
Según el Sistema de Gestión de Riesgos del Ecuador (SGR), el país ha sido severamente afectado por
el Fenómeno de El Niño en los años 1982, 1997 y 2016, eventos que provocaron la pérdida de decenas
de vidas humanas, así como la destrucción de cultivos agrícolas, viviendas e infraestructura vial,
ocasionando pérdidas económicas por millones de dólares (3). Este fenómeno climático genera múltiples
consecuencias, entre ellas deslizamientos de tierra, alteraciones en los patrones climáticos, incremento
de oleaje en las zonas costeras y un notable aumento de las precipitaciones (4). Ante la reactivación de
este fenómeno, en 2023 el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos elevó la alerta de amarilla a naranja
en 17 provincias del país, incluyendo Cañar, como medida preventiva frente a los riesgos que representa
para la seguridad y el bienestar de la población (5).
Las precipitaciones e inundaciones causadas por el Fenómeno de El Niño provocan la acumulación
superficial de agua y estancamiento óptimos para el desarrollo del mosquito vector del virus del dengue
(Aedes aegypti) generando así mayor riesgo en la propagación de la enfermedad (6–8). Residuos como
llantas, envases plásticos, recipientes desechados y otros objetos capaces de retener agua de lluvia
constituyen criaderos potenciales al ofrecer un ambiente propicio para el desarrollo del mosquito vector
(9). El aumento de la temperatura y la intensificación de las precipitaciones pueden acortar el ciclo de
desarrollo del mosquito vector, lo que intensifica significativamente el riesgo de transmisión del virus
del dengue y la propagación de la enfermedad (10,11).
El mosquito vector del virus del dengue, A. aegypti, adquiere el virus al alimentarse de la sangre de
personas infectadas. Una vez infectado, el mosquito se convierte en portador del virus y es capaz de
transmitirlo a otros individuos durante posteriores picaduras, facilitando así la propagación de la