EL SÍNDROME DE BURNOUT EN
DOCENTES DE EDUCACIÓN PRIMARIA
TEACHER BURNOUT IN PRIMARY EDUCATION
José María López Valdez
Investigador Independiente, México
pág. 2935
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22436
El Síndrome de Burnout en Docentes de Educación Primaria
José María López Valdez
1
josema.lv61@gmail.com
Investigador Independiente
Tamaulipas, México
RESUMEN
El síndrome de burnout representa un fenómeno profesional que afecta de manera considerable el
bienestar emocional, físico y profesional de los docentes de educación primaria. Ante su creciente
presencia en contextos escolares y a la limitada atención mediática e institucional que recibe, este
estudio tuvo como propósito identificar los niveles de conocimiento, percepción y presencia del burnout
entre docentes con nombramientos dentro de la Zona Escolar 156 del Sector 7 en Matamoros,
Tamaulipas. Se realizó una investigación con enfoque cuantitativo, de tipo descriptivo y transversal,
mediante la aplicación de una encuesta digital integrada por seis preguntas cerradas diseñadas con base
en literatura especializada. Participaron 33 docentes seleccionados por muestreo por disponibilidad. Los
resultados evidencian que, si bien la mayoría ha escuchado el término, existe una comprensión
heterogénea sobre su significado, manifestándose vacíos conceptuales, dificultades para identificar sus
dimensiones y limitada claridad sobre estrategias de afrontamiento y tratamiento. Estos hallazgos
refuerzan la necesidad de fortalecer la formación docente en temas de salud emocional y de promover
acciones institucionales preventivas orientadas al bienestar del profesorado.
Palabras clave: burnout docente, educación primaria, salud emocional del profesorado, estrés laboral,
bienestar docente
1
Autor principal
Correspondencia: josema.lv61@gmail.com
pág. 2936
Teacher Burnout in Primary Education
ABSTRACT
Teacher burnout represents a professional phenomenon that significantly affects the emotional,
physical, and professional well-being of primary education teachers. Given its growing presence in
school contexts and the limited media and institutional attention it receives, this study aimed to identify
the levels of knowledge, perception, and presence of burnout among teachers with official titles in
School Zone 156 of Sector 7 in Matamoros, Tamaulipas. A quantitative, descriptive, and cross-
sectional study was conducted through the administration of a digital survey composed of six closed-
ended questions designed based on specialized literature. A total of 33 teachers participated, selected
through convenience sampling. The results show that, although most participants had heard the term,
their understanding of its meaning was heterogeneous, revealing conceptual gaps, difficulties in
identifying its dimensions, and limited clarity regarding coping and treatment strategies. These findings
highlight the need to strengthen teacher training in emotional health and to promote institutional
preventive actions aimed at fostering teacher well-being.
Keywords: teacher burnout, primary education, teacher emotional health, occupational stress, teacher
well-being
Artículo recibido 12 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 16 enero 2026
pág. 2937
INTRODUCCIÓN
El síndrome de burnout ha representado en las últimas décadas una problemática laboral silenciosa, muy
frecuentes entre profesionales que trabajan brindando atención a terceros, resaltando particularmente el
magisterio. Su reconocimiento por parte de la Organización Mundial de la Salud como un fenómeno
ocupacional derivado del estrés crónico laboral ha dado posibilidad a la visualización de su impacto en
el desempeño, la salud mental y el clima laboral de las instituciones educativas. En lo que respecta a
los docentes de educación primaria, la convergencia de altas demandas laborales, escasos recursos
materiales, presión evaluativa, carga administrativa y necesidades crecientes de los estudiantes generan
las condiciones ideales para propiciar un desgaste emocional, físico y actitudinal en el profesionista.
Múltiples investigaciones han señalado que las repercusiones del burnout docente no le competen
solamente al individuo, sino también al desarrollo de su práctica pedagógica, a las dinámicas dentro del
aula y a su rol institucional. Pese a ello, persisten lagunas de conocimiento respecto al nivel de
conocimiento y comprensión que los maestros tienen acerca del síndrome, lo que complica en gran
medida su detección temprana y limita la implementación de medidas preventivas efectivas. Bajo esta
situación, resulta de suma importancia indagar la percepción de este fenómeno en contextos escolares
específicos, principalmente a nivel local, en los que las condiciones laborales y de organización varían
de escuela a escuela.
La presente investigación tuvo el objetivo de identificar el nivel de conocimiento, percepción y
presencia del síndrome de burnout en docentes de educación primaria pertenecientes a la Zona Escolar
156 del Sector 7 en Matamoros, Tamaulipas. Para lo cual, se desarrolló una investigación con enfoque
cuantitativo, de tipo descriptivo y transversal, mediante la aplicación de un cuestionario digital diseñado
con base en la literatura específica analizada. La decisión de tratar el problema bajo una mirada
descriptiva se debe a la necesidad de obtener un panorama general real del estado del burnout en la
localidad, así como para observar tendencias que permitan orientar futuras investigaciones con mayor
profundidad.
La determinación de las percepciones docentes sobre el burnout constituye el punto de partida para
comprender la gravidez del problema e iniciar las acciones institucionales pertinentes para fortalecer el
bienestar docente y la calidad educativa. Este estudio proporciona información relevante para la
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discusión actual sobre salud laboral en el sector educativo y enfatiza la necesidad inmediata de atender
el bienestar emocional del profesorado, garantizando su competencia, indispensable para la
construcción de los entornos escolares saludables, humanos, inclusivos y sostenibles que propone la
Nueva Escuela Mexicana.
MARCO TEÓRICO
Conceptos
El síndrome de burnout, conocido también como síndrome del trabajador quemado, representa una
problemática real y de alto impacto en el ámbito laboral y educativo moderno. Esta terminología data
de 1974, con el psicólogo Herbert Freudenberger, pensado para describir el estado de agotamiento
físico, mental y emocional que sufrían los profesionales de la salud (médicos, enfermeros, etc.) al
enfrentar una carga laboral excesiva y demandas con repercusiones emocionales constantes. En su
investigación pionera, Freudenberger observó que estos individuos mostraban pérdida de motivación,
irritabilidad, fatiga extrema y una sensación de fracaso personal, pese a su compromiso con el trabajo.
Posteriormente, Christina Maslach y Susan Jackson (1981) retomaron este fenómeno desde un enfoque
psicológico, haciendo hincapié en sus orígenes: el trato con terceros al ofrecer un servicio y el contagio
de los problemas del cliente mediante el trato inapropiado. Es así que pudieron llegar a desarrollar el
instrumento más reconocido para su medición, el Maslach Burnout Inventory (MBI).
Maslach y Jackson (1981) entienden al burnout como “un síndrome de agotamiento emocional y
cinismo que se presenta con frecuencia entre personas que realizan algún tipo de trabajo con personas
(p. 99), caracterizada por tres dimensiones interrelacionadas:
Agotamiento emocional, entendido como la sensación de no poder ofrecer más de sí mismo a nivel
afectivo;
Despersonalización, que implica actitudes negativas, distantes o cínicas hacia los demás, en este
caso los alumnos o colegas; y
Baja realización personal, referida a la tendencia a evaluarse negativamente y sentirse insatisfecho
con el propio desempeño profesional.
En el contexto educativo, dichas dimensiones se manifiestan con particular intensidad. Los docentes de
educación primaria son sujetos de altas exigencias laborales, escasos recursos materiales, grupos
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numerosos y una presión constante por alcanzar resultados académicos, lo que incrementa su
vulnerabilidad ante el desgaste emocional. Rodríguez et al. (2017) perciben así la profesión docente: La
docencia es considerada como una profesión de gran riesgo para padecer síndrome de burnout debido
a que demanda habilidades y compromisos para realizar diversas actividades dentro y fuera de la
institución, utilizando tiempo que debería ser para descanso y recreación de sí mismos. (p. 59)
A diferencia de otros tipos de estrés ocupacional, el burnout se desarrolla de forma progresiva y
multidimensional, tal como explican Schaufeli y Enzmann (1998), quienes lo conciben como un proceso
que comienza con el entusiasmo laboral, continúa con el estancamiento, la frustración y culmina con el
agotamiento total si no se interviene oportunamente. El incremento de este desgaste se lo atribuyen a
factores relacionados no solo al trabajo, sino también al cambiante contexto social, cultural e ideológico,
siete son los puntos que propician la expansión del burnout (pp. 12-17):
La emergencia del sector de servicios.
Etiquetado del estrés
Individualización.
Creciente carga mental y emocional.
Debilitamiento de la percepción profesional.
Estigma profesional.
Cambio psicológico de expectativas hacia el profesionista.
En el desarrollo del burnout intercede en gran medida el entorno laboral y organizacional donde se
encuentre el individuo, este espacio puede ser un factor que ayude a erradicar o volver más crítico el
desgaste. En el ámbito organizacional la competencia intrainstitucional e interinstitucional que
caracteriza al magisterio mexicano es un arma de doble filo, pudiendo impulsar la productividad, pero
también afectando la rutina, la carga de trabajo y las horas laborales de los empleados, en última
instancia afectando a su salud y bienestar personal (La Falce et al., 2023, p. 2). En los maestros, este
proceso deriva además en ausentismo laboral, rdida del compromiso ético y deterioro de la calidad
educativa.
En el marco docente este desgaste conlleva a repercusiones más allá de lo individual, llegando a lo
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institucional y social. Por eso es pertinente el no ignorar estos casos por parte de las autoridades
educativas, es una situación que debe de tratarse como comunidad y no de manera personal. Según
Rodríguez et al. (2017), el docente que experimenta agotamiento emocional tiende a presentar estas
consecuencias en diferentes áreas de su profesión:
A nivel personal: Condición de agotamiento físico y mental, motivación negativa (llega tarde, falta a
clases, indisposición), actitud negativa (intolerante, agresivo, excluyente, ofensivo, violento, histérico,
irresponsable, impertinente, conflictivo, envidia), el ambiente en el aula se torna desagradable,
conflictivo, desorganizado, apático y las emociones que principalmente genera son la ira, decepción,
angustia, desesperación y el rencor;
Como docente: Disminuye su implicación afectiva con el alumnado, reduce la calidad de sus estrategias
pedagógicas, genera un clima negativo en el aula y pierde el interés por la profesión y el trayecto
educativo de sus discentes;
En el alumnado: Cambia la percepción docente, sus manifestaciones dentro del aula, actitudes y
sensaciones del entorno académico; En la institución: Deterioro en la relación con autoridades
educativas, cuerpo docente y padres de familia, los procesos escolares se vuelven deficientes, bajo
rendimiento y quejas de alumnos y padres (pp. 54-55).
Todo lo anterior se traduce en un efecto dominó que repercute en la motivación del estudiante, la
convivencia escolar y los resultados de aprendizaje. Entonces, se vuelve clara la magnitud de un
problema que en las últimas décadas se ha pasado por alto y ha carecido de la importancia mediática y
gubernamental que verdaderamente requiere. En este sentido podemos entender que el burnout docente
es un fenómeno complejo que combina variables personales (autoeficacia, resiliencia), organizacionales
(carga laboral, liderazgo escolar) y contextuales (políticas educativas, reconocimiento social).
La labor del profesorado es naturalmente un trabajo estresante, que lo caracteriza un perfil
epidemiológico diferente al de otras profesiones, figurando las alteraciones circulatorias, del aparato
fonológico y los trastornos mentales como ansiedad y depresión. Multitud de situaciones hacen
exponencial los inicios del síndrome de desgaste profesional, principalmente destacan la diversidad de
tareas a realizar, la desvalorización de su trabajo por parte de la sociedad, la atención a la diversidad en
el aula, la actualización y la preparación constante (Fuentes y Moreno, 2013, p. 30-31).
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A lo largo de la historia el burnout ha sido un trastorno asociado con los profesionistas del sector salud,
lo que ha dificultado su transición e implementación en el contexto magisterial, además la globalización
del término estrés ha dificultado el diagnóstico apropiado de muchos casos, cayendo muchas veces en
un falso autodiagnóstico. El burnout siempre ha sido sujeto de estudio, desde la década de 1970, pero
su relevancia explotó con el reconocimiento por parte de la OMS (2019) de su pertenencia en la
Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un “fenómeno ocupacionalque resulta
del estrés crónico en el lugar de trabajo que no ha sido gestionado con éxito. Si bien no se clasifica
como una enfermedad mental, la OMS advierte que su impacto puede afectar significativamente la salud
física y psicológica de las personas, interfiriendo en su desempeño y bienestar general. Es entonces que
ya habiéndose globalizado el término burnout, resulta pertinente su selección como tema principal en
el presente estudio, enfocándose en los docentes de educación primaria.
Distinguir entre el estrés laboral común y el burnout es el primer paso para poder comprender la
situación en la que nos podemos encontrar, volver a pintar esa línea divisora que ha sido borrada con la
globalización y el uso mediático masivo de la palabra estrés. Autores como Vidal et al. (2024)
comprenden así la diferencia entre estrés y burnout:
La diferencia entre el síndrome de burnout y el estrés laboral es que el primero es consecuencia del
segundo. Es decir, cuando el estrés aumenta y se vuelve crónico, se puede convertir en burnout. El
síndrome de burnout se considera más amplio y grave que el estrés. En cuanto a los síntomas, el estrés
se manifiesta a través de la sobre implicación en los problemas e hiperactividad emocional,
contrariamente, en el burnout se observa falta de implicación y embotamiento emocional. (p. 2) En
suma, el síndrome de burnout en los docentes de educación primaria constituye un problema de salud
laboral y educativa que afecta tanto al individuo como al sistema escolar. Comprender su
conceptualización permite reconocer la importancia de la prevención temprana, la formación emocional
y la promoción del bienestar docente como ejes fundamentales para garantizar una educación de calidad
y un entorno laboral saludable.
Fases del Burnout
El síndrome de burnout no aparece abruptamente, sino que tiene un desarrollo progresivo a través de
diversas fases que reflejan en mayor o menor grado el deterioro emocional, físico y actitudinal del
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docente frente a su labor educativa. De acuerdo con Apiquian (2007), este síndrome de agotamiento
excesivo “es un proceso, más que un estado y se han podido establecer cuatro estadios de evolución de
la enfermedad, aunque éstos no siempre están bien definidos” (p. 3). Dichas fases son las siguientes:
Forma leve: los afectados presentan síntomas físicos, vagos e inespecíficos (cefaleas, dolores de
espalda, lumbalgias), el afectado se vuelve poco operativo;
Forma moderada: aparece insomnio, déficit atencional y en la concentración, tendencia a la
automedicación;
Forma grave: mayor ausentismo, aversión por la tarea, cinismo. Abuso de alcohol y psicofármacos;
Forma extrema: aislamiento, crisis existencial, depresión crónica y riesgo de suicidio. (Apiquian,
2007, p. 3)
Por su parte, Maslach y Jackson (1981) desarrollan una concepción tridimensional que, pese a no ser
lineal, se entiende como un proceso que tiene distintas etapas de deterioro profesional. La primera
dimensión, el agotamiento emocional, representa la fase inicial, en la que el docente experimenta una
sensación de cansancio extremo y falta de energía para continuar con sus actividades. La segunda, la
despersonalización, surge como una respuesta defensiva ante el agotamiento, caracterizada por actitudes
frías, distantes o cínicas hacia los estudiantes y colegas. Finalmente, la reducción del logro personal
refleja una etapa de desmotivación y percepción de ineficacia, donde el docente siente que su trabajo
ha perdido sentido y valor.
Ambas perspectivas congenian en el hecho de que este síndrome de desgaste no aparece de forma
repentina, sino como un proceso paulatino o exponencial, dependiendo de las circunstancias, que afecta
el bienestar psicológico y profesional del docente. Comprender estas fases posibilita la detección de
señales de alerta temprana que den paso al diseño de estrategias preventivas que contribuyan al
equilibrio emocional y a la mejora de las condiciones laborales en el ámbito educativo.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico del síndrome de burnout requiere de un proceso complejo que busca identificar el grado
de afectación emocional, física y actitudinal del individuo ante su entorno laboral. Este trasciende una
simple medición del estrés, toma en cuenta las tres dimensiones fundamentales descritas por Maslach y
Jackson (1981): agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal.
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Dichas dimensiones constituyen el eje central de la evaluación diagnóstica, permitiendo diferenciar el
burnout de otros trastornos psicológicos o del estrés laboral común.
El instrumento más utilizado a nivel mundial para diagnosticar este síndrome es el Maslach Burnout
Inventory (MBI), diseñado por Maslach y Jackson (1981). Este es un cuestionario que originalmente
constaba de 22 ítems, posteriormente expandido a 25, distribuidos en tres escalas que valoran los niveles
de agotamiento emocional, despersonalización y realización personal (Kaschka et al., 2011, p. 783). Su
aplicación permite determinar el nivel de afectación del sujeto en cada dimensión, clasificando los
resultados en rangos de bajo, medio o alto nivel de burnout.
Además del MBI, otros instrumentos han sido desarrollados para tratar de comprender este fenómeno.
En 1988 se propuso el Burnout Measure (BM) por parte de Pines y Aronson, consiste en un auto informe
integrado por 21 ítems, evaluados en escalas de frecuencia de 7 puntos y a los que les concierne el
agotamiento físico, emocional y mental de la persona (Malach-Pines, 2005, p. 78).
La mayoría de los instrumentos disponibles para el diagnóstico del burnout fueron desarrollados en
contextos ajenos al de la república mexicana y en idioma inglés. Han sido pocas las iniciativas tomadas
por investigadores de habla hispana para la elaboración de un formato analítico del síndrome de
agotamiento. Entre las aportaciones más destacadas está la de la Escala Mexicana de Desgaste
Ocupacional de Uribe (2010), esta tiene su origen en un estudio semántico de 50 ítems que alcanzó el
91% de fiabilidad, construida por y para mexicanos, atendiendo al enfoque cultural de México, aspecto
del cual carecen sus similares anglosajonas, basándose en la literatura internacional (Uribe y García,
2013, p. 41).
A nivel clínico, la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2019) reconoció el burnout como un
“fenómeno ocupacional” dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11),
entendiéndolo como una respuesta ante las cargas de estrés laboral crónico que no se han logrado
gestionar con éxito. Pese a no ser categorizada como enfermedad mental la OMS indica el sustento de
su diagnóstico con base en tres indicadores principales: sentimientos de agotamiento, aumento de la
distancia mental respecto al trabajo y disminución de la eficacia profesional.
El diagnóstico del burnout requiere, por tanto, una evaluación multidimensional que combine tanto la
autopercepción del docente como la observación institucional de su desempeño, conductas y estado
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emocional. La integración de múltiples fuentes de información garantiza una mayor validez en los
resultados, aun cuando alguno de los indicadores no se presente de forma explícita. Una detección
temprana permite diseñar estrategias de intervención psicoeducativa que prevengan el deterioro
emocional, promuevan la resiliencia y fortalezcan la salud mental docente, garantizando así un entorno
educativo más sano y equilibrado.
Causas o Etiología
La atribución del origen del síndrome de burnout no se le puede dar a un factor individual o a una
categoría, es la raíz de este trastorno una combinación multifactorial de aspectos personales,
organizacionales y sociales que interactúan hasta producir un estado de agotamiento progresivo. De
acuerdo con Apiquian (2007), el desarrollo del burnout está asociado a variables que inciden
directamente en la experiencia laboral, tales como las características del puesto, el ambiente de trabajo,
la estabilidad laboral, las relaciones interpersonales y los rasgos de personalidad del individuo.
Factores Organizacionales y del Entorno Escolar
El contexto institucional representa uno de los factores más determinantes en la aparición del burnout
docente. En las instituciones educativas donde prevalecen estructuras jerárquicas rígidas, autoritarias,
escasa participación del colectivo docente en la toma de decisiones y excesiva carga administrativa, el
riesgo de agotamiento aumenta considerablemente. Según Apiquian (2007), “la mayor causa de estrés
es un ambiente de trabajo tenso, cuando el modelo laboral es muy autoritario y no hay oportunidad de
intervenir en las decisiones” (p. 3). En el ámbito educativo, esta rigidez se traduce en imponer planes,
programas y evaluaciones que limitan la libertad pedagógica del maestro.
Otras particularidades como los horarios extensos, la falta de recursos didácticos, la sobrepoblación en
el aula y la escasa retroalimentación profesional, también se han vinculado con mayores niveles de
desgaste. Para Maslach et al. (2001) “el burnout surge de diferencias crónicas entre las personas y su
entorno laboral en alguna o todas las seis áreas de la vida laboral” (p. 414). Dichas áreas de la vida
laboral son la carga de trabajo, control, recompensa, comunidad, equidad y valores.
Asimismo, el avance tecnológico constante dentro de la educación representa tanto una oportunidad de
mejora para los procesos de enseñanza como un generador de ansiedad, miedo al cambio o sensación
de incompetencia en algunos docentes, sobre todo cuando no existe acompañamiento formativo. En el
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sistema educativo mexicano los esfuerzos de implementación de tecnología han sido precarios y en la
mayoría de los casos han originado más problemas que beneficios. Apiquian (2007) menciona que las
transformaciones tecnológicas en las organizaciones implican modificaciones en las tareas, los sistemas
de supervisión y las relaciones interpersonales, lo que puede producir aislamiento y tensiones dentro
del grupo de trabajo (p. 4).
En este mismo predicamento, Maslach y Jackson (1981) sostienen que los factores estructurales del
entorno laboral (como la sobrecarga, la falta de control y la ambigüedad de rol) son los principales
detonantes del síndrome. Cuando el docente se encuentra en una situación en la que no puede influir en
su propio trabajo ni recibe información clara sobre su desempeño, incrementa la posibilidad de
desarrollar agotamiento emocional y despersonalización.
Factores Personales
Además de los factores institucionales, los rasgos individuales desempeñan un papel crucial en la
aparición del burnout. Maestros con altas tasa de auto exigencia, tendencias perfeccionistas, poca
tolerancia al fracaso o una notable necesidad de control suelen ser más vulnerables a este ndrome
(Apiquian, 2007). Dichas características son en primera instancia relacionadas con un involucramiento
laboral excesivo y con la dificultad de establecer límites entre la vida profesional y personal.
Por otra parte, los docentes con escaso apoyo social o dificultades para expresar sus emociones son más
propensos a padecer desgaste emocional. Aislarse emocionalmente y carecer de redes de apoyo
acentúan la percepción de la sobrecarga y disminuyen la resiliencia que se puede tener ante el estrés
laboral pues, “el apoyo social de los compañeros es principalmente un predictor significativo de los
componentes emocional y actitudinal del MBI” (Gil-Monte y Peiró, 1999, p. 264)
De igual modo, el idealismo profesional particular de gran porcentaje del magisterio puede convertirse
en un factor de riesgo en el momento que las expectativas de reconocimiento, compromiso institucional
o éxito educativo no son coherentes con la realidad. Esta disyuntiva entre lo esperado y lo que sucede
provoca un sentimiento de fracaso que intensifica la fatiga emocional y la pérdida de sentido del trabajo.
Factores Sociodemográficos
Las características sociodemográficas más estudiadas son la edad, el sexo y el estado civil. De acuerdo
con Apiquian (2007), los docentes jóvenes son vulnerables al burnout durante una etapa de transición,
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en los primeros años como profesionista, entre las expectativas idealistas de la profesión y las
limitaciones de la práctica cotidiana. Las maestras son más propensas al síndrome debido a la doble
carga laboral que les implica el equilibrio entre la vida profesional y familiar, especialmente si son
madres (p. 5).
El mismo autor sostiene que en cuanto al estado civil, los docentes solteros o sin pareja estable suelen
presentar mayores niveles de agotamiento emocional y despersonalización, mientras que aquellos con
estructuras familiares, hijos y núcleos unidos parecen favorecerse de las redes de apoyo, actuando como
factor protector (Aldrete et al., 2003, p. 8-9).
En conjunto, los factores previamente tratados representan un riesgo al interactuar entre sí, pudiendo
desencadenar el síndrome de burnout en los docentes de educación primaria. El entendimiento de esta
etiología no solo permite comprender la magnitud el problema, sino también la posibilidad de coordinar
acciones preventivas para fortalecer el bienestar docente, la gestión emocional y la organización dentro
de la institución, garantizando un entorno educativo más humano y sostenible.
Tratamiento del Síndrome de Burnout en Docentes
Las estrategias para bienestar docente o auto cuidado han sido históricamente omitidas y pasadas a un
segundo plano frente a otros desafíos, tales como resultados académicos y descargas administrativas.
Para abordar las medidas de intervención contra el burnout en profesionales de la educación se deben
contemplar tres ejes complementarios el uno con el otro, la dimensión personal, profesional e
institucional individuales.
El tratamiento para el estrés y agotamiento crónico en los docentes requiere una visión integral que
contemple tanto los aspectos individuales como organizacionales del bienestar. De acuerdo con Psírculo
Creativo (2021) y Pozo Jeria (2018), las estrategias de intervención deben centrarse en el
autoconocimiento, la gestión emocional, la auto organización personal y profesional, así como en el
fortalecimiento de las redes de apoyo. Buscando reducir el estrés laboral, aumentar la resiliencia y
restaurar el sentido de satisfacción con la labor educativa.
Autoconocimiento y Diálogo Interno
El primer paso para enfrentar el burnout consiste en promover la autorreflexión y la toma de conciencia
sobre la propia realidad laboral. Psírculo Creativo (2021) propone desarrollar un diálogo interno a través
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de preguntas que permitan reconocer la satisfacción personal y las áreas de conflicto, tales como: “¿Lo
que hago me hace feliz? ¿Por qué sí? ¿Por qué no? ¿Qué podría hacer al respecto?” (p. 24). Este ejercicio
de introspección posibilita identificar si las causas del agotamiento provienen de factores internos, como
la auto exigencia o el perfeccionismo, o bien de condiciones externas, como la falta de apoyo
institucional o el exceso de tareas. El docente que logra este nivel de autoconocimiento puede orientar
acciones más conscientes hacia la transformación de su entorno laboral o de su propia actitud ante él.
Gestión Emocional y Estrategias de Afrontamiento
La regulación emocional es un elemento esencial en la prevención y tratamiento del burnout. Psírculo
Creativo (2021) distingue entre emociones positivas (como la alegría, la gratitud y el interés) y
emociones negativas (como el miedo, la ira o la tristeza), señalando que cuando las emociones negativas
se mantienen en el tiempo “es cuando hablamos de desórdenes emocionales” (p. 25). Aprender a
identificar y validar las emociones propias permite al docente desarrollar mecanismos de respuesta
adaptados a los estresores cotidianos que enfrenta. En esta línea, Pozo Jeria (2018) destaca que las
estrategias de afrontamiento son “esfuerzos para dominar, reducir o tolerar las exigencias creadas por
los estresores” (p. 2). La autora recomienda generar espacios de conversación y reflexión docente donde
se puedan compartir experiencias, aplicar técnicas de mindfulness y practicar ejercicios de relajación o
meditación, los cuales han mostrado efectos positivos sobre la ansiedad y el estrés laboral. Estas
acciones no solo fortalecen el equilibrio emocional individual, sino que fomentan la cohesión y el
sentido de comunidad entre los maestros.
Auto Organización y Equilibrio Profesional
Una adecuada auto organización es otro pilar del tratamiento del síndrome. Psírculo Creativo (2021)
plantea que esta habilidad “supone la capacidad para establecer prioridades, gestionar el tiempo y
determinar los recursos para la realización de una actividad” (p. 27). Al organizar de forma eficiente las
tareas y tiempos, el docente reduce la sensación de sobrecarga, mejora su desempeño y recupera el
control sobre su práctica educativa. Además, Pozo Jeria (2018) sugiere que la creación de planes de
trabajo colaborativo, como bancos de planificaciones o jornadas de diseño conjunto, puede aliviar la
carga individual y fortalecer el sentido de pertenencia al colectivo docente (p. 2).
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Esta dimensión colaborativa es especialmente importante, pues el trabajo compartido contribuye a
disminuir el aislamiento emocional y promueve el apoyo entre pares.
Cuidado Personal, Bienestar Físico y Apoyo Social
El autocuidado es una herramienta indispensable para prevenir el reiterado desgaste emocional. Es
recomendable cuidar la alimentación, realizar actividad física diaria y tomar descansos periódicos
durante la jornada laboral, por ejemplo, cinco minutos cada media hora de trabajo (Psírculo
Creativo,2021). Además, resalta la importancia de dedicar tiempo personal al ocio, desarrollar
actividades artísticas o recreativas, y mantener relaciones significativas con familiares y amigos. Estas
prácticas no deben visualizarse como un lujo, sino percibirlas como lo que son, una necesidad para el
equilibrio psicoemocional del docente. Finalmente, el acompañamiento profesional, a través de la
terapia psicológica, permite adquirir herramientas para manejar el estrés y resignificar la relación con
el trabajo. En este sentido, buscar ayuda no representa un signo de debilidad, sino una muestra de
responsabilidad y compromiso con el propio bienestar y la calidad educativa.
El tratamiento del burnout docente implica un proceso de disciplina en el autoconocimiento, regulación
emocional, organización personal y fortalecimiento de redes de apoyo. No se trata únicamente de
reducir los síntomas, sino de reconstruir una relación saludable con la docencia que se ha visto
fragmentada por el desgaste persistente. Las instituciones educativas, por su parte, deben asumir un
papel activo en la creación de entornos laborales más humanos, flexibles y colaborativos, donde el
bienestar docente sea un eje prioritario de la calidad educativa. Es así que la intervención para solucionar
el burnout no se limita a los afectados en primera instancia, sino también a sus colegas, autoridades y
la familia.
METODOLOGÍA
La presente investigación del burnout desarrolló un estudio con enfoque cuantitativo, de tipo descriptivo
y transversal, dada su aplicación única. El propósito de la aplicación de este instrumento era identificar
el nivel de conocimiento, percepción y presencia del síndrome de burnout entre docentes de educación
primaria pertenecientes a la Zona Escolar 156 del Sector 7 en Matamoros, Tamaulipas, México. Se
priorizó el evaluar la situación del burnout en diferentes modalidades de la educación primaria en
Matamoros, tanto de turno como contexto (urbano y semiurbano), seleccionándose entonces dos
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escuelas pertenecientes al turno matutino (Escuela Primaria Miguel Hidalgo de El Ejido El Galaneño y
Escuela Primaria Club Rotario Matamoros Sur de la colonia Rodríguez) y una del turno vespertino
(Escuela Primaria Ricardo Flores Magón de la colonia Expofiesta Sur), permitiendo tener un panorama
más completo de las incidencias del burnout en la localidad.
El instrumento de recopilación consistió en una encuesta digital realizada a través de Google Forms, lo
que permitió la distribución del instrumento de manera eficiente entre las diversas escuelas de la Zona
Escolar 156, pese a la distancia existente entre ellas. El cuestionario lo integraron seis preguntas
cerradas y de opción múltiple, elaboradas con base en la literatura previa sobre burnout docente y
adaptadas para explorar los siguientes aspectos clave: familiaridad con el rmino, comprensión
conceptual, capacidad de identificación, conocimiento sobre acciones de tratamiento y autopercepción
del síndrome.
Los sujetos encuestados fueron 33 docentes de educación primaria, seleccionados mediante un muestreo
por disponibilidad. La participación de cada docente en este análisis fue voluntaria y anónima,
protegiendo la confidencialidad de los datos que fueron proporcionados. Las respuestas se registraron
automáticamente a través de la plataforma digital, lo que facilitó el organizar la información y realizar
un análisis descriptivo de frecuencias y porcentajes.
RESULTADOS
A continuación, se presentan los datos obtenidos del cuestionario aplicado.
Conocimiento Previo del Término “Síndrome De Burnout” (Figura 1).
Gráfico 1¿Había escuchado anteriormente el término “síndrome de burnout”?
Sí, lo he escuchado varias veces: 14
Sí, pero no sé exactamente qué significa: 11
No, nunca lo había escuchado: 8
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Comprensión del Significado del Término (Figura 2).
Gráfico 2 ¿Considera que sabe qué significa el término “síndrome de burnout”?
Sí, tengo claridad sobre su significado: 8
Tengo una idea general: 16
No, desconozco su significado: 9
Identificación de signos y síntomas en colegas (Figura 3).
Gráfico 3 ¿Sabe cómo identificar si un colega presenta signos o síntomas del síndrome de burnout?
Sí, sé cómo identificarlo: 3
Tengo nociones básicas: 13
No sé cómo identificarlo: 17
pág. 2951
Conocimiento Sobre Acciones de Tratamiento o Prevención (Figura 4).
Gráfico 4. ¿Conoce las acciones o estrategias adecuadas para tratar o prevenir el síndrome de burnout
docente?
Sí: 4
No: 29
Identificación de Acciones Correctas Para el Tratamiento (Figura 5).
Grafico 5¿Cuál de las siguientes opciones representa una acción adecuada para el tratamiento o
prevención del burnout docente?
Ignorar los síntomas: 1
Aumentar las horas de trabajo: 0
Evitar hablar del tema: 1
Autocuidado, gestión emocional y apoyo profesional (correcta): 31
pág. 2952
Autopercepción Actual de Síntomas de Burnout (Figura 6).
Gráfico 6. ¿Considera que actualmente presenta síntomas relacionados con el síndrome de burnout
(agotamiento, desmotivación, irritabilidad, distanciamiento emocional, etc.)?
Sí, diagnosticado profesionalmente: 2
Tal vez, noto algunos síntomas: 18
No, me siento estable: 13
DISCUSIÓN
Los resultados recolectados representan un panorama complejo en lo que concierne al conocimiento y
la experiencia docente sobre el síndrome de burnout en las escuelas primarias de la Zona Escolar 156.
En primera instancia, aunque una parte considerable de los maestros (25) afirma haber escuchado el
término, el porcentaje de maestros que nunca habían escuchado el término (24.2%) deja muy en claro
la omisión de este síndrome en el magisterio. Esto concuerda con las investigaciones previamente
analizadas, que señalan la globalización del término estrés, ocasionando que se omitan conceptos de
suma importancia como el burnout, generando desinformación y desconocimiento.
Es de destacar que de los 25 maestros que han escuchado el término, solo 8 tienen una claridad del
significado, lo que nos revela cómo una familiaridad conceptual no garantiza la capacidad de
identificación clínica ni la comprensión del síndrome.
Un hallazgo particularmente relevante es que 17 docentes carecen de conocimientos para identificar el
burnout en sus colegas, lo que revela una brecha significativa en la detección temprana del problema y
la ya descrita influencia del contexto institucional en el progreso de este estrés laboral crónico. Dicha
incapacidad de detección se vincula directamente con los resultados sobre el tratamiento y prevención:
pág. 2953
29 docentes afirmaron no conocer acciones adecuadas de intervención, lo que fortalece la idea de que
el burnout todavía sigue siendo un fenómeno con escasa comprensión en su dimensión práctica dentro
del magisterio de la Zona Escolar 156.
A pesar del desconocimiento generalizado, la mayoría (31) seleccionó correctamente la acción adecuada
para su manejo, sugiriendo que, aunque los docentes no poseen formación formal en el tema, sí poseen
intuiciones acertadas sobre las prácticas de autocuidado y apoyo profesional adecuadas.
En cuanto a la autopercepción, más de la mitad de docentes (18) reportaron síntomas que podrían estar
asociados al burnout, mientras que únicamente 2 cuentan con un diagnóstico formal. Esto se alinea con
la literatura analizada, la cual nos señala que los indicios de burnout suelen subestimarse, normalizarse
o confundirse con cansancio cotidiano, principalmente en aquellos contextos educativos donde la carga
laboral es elevada y los recursos institucionales limitados. Por otra parte, que solo 2 maestros (6.1% de
la población estudiada) estén profesionalmente diagnosticados revela la falta de seguimiento que se le
da a los síntomas del burnout, pasándose por alto en la mayoría de casos.
En conjunto, los datos demuestran la existencia de un conocimiento parcial sobre el síndrome,
acompañado de una ausencia de herramientas para identificarlo y tratarlo adecuadamente, lo que
incrementa el riesgo de que los casos no sean tratados a tiempo. La presencia mayoritaria de docentes
que reconocen síntomas actuales de burnout en su persona representa la urgencia que se debe tener para
implementar estrategias o campañas institucionales de prevención, acompañamiento emocional y
formación continua.
CONCLUSIONES
El estudio cuantitativo permitió identificar que, aunque ciertamente hay una parte de los docentes que
están familiarizados con el síndrome de burnout, existe una falta de entendimiento conceptual y práctica
para su detección y tratamiento en el ámbito educativo. Esto es observable en los bajos porcentajes de
docentes que saben cómo reconocer el síndrome y en la elevada cantidad que desconoce las estrategias
y tratamientos apropiados para una intervención.
Asimismo, se hizo evidente que un número considerable de maestros manifiesta experimenta síntomas
asociados al burnout, lo que subraya la necesidad de establecer mecanismos de apoyo emocional,
programas de autocuidado y capacitación docente en salud mental laboral.
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En general, los hallazgos aportan evidencia actualizada sobre la situación del burnout docente en la
Zona Escolar 156 y permiten comprender la importancia de incorporar políticas educativas enfocadas
en el bienestar integral no solo del alumnado, sino también del profesorado. Los resultados obtenidos
constituyen un insumo valioso para el diseño de intervenciones preventivas y la sensibilización del
magisterio respecto a este síndrome, aportando así tanto al conocimiento académico, como a la mejora
del entorno escolar.
Concluyo haciendo mención de la importancia de la concientización inexistente a día de hoy en la
localidad de Matamoros, Tamaulipas. Habiendo logrado la presente investigación uno de sus propósitos,
el detectar la precaria situación de conocimiento del burnout por parte de docentes de educación
primaria. Dejando entonces la invitación a realizar campañas de prevención, tratamiento y
concientización, para el gobierno y autoridades escolares, pues ayudar al prójimo le debe de competir
a toda la comunidad educativa
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