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institucional y social. Por eso es pertinente el no ignorar estos casos por parte de las autoridades
educativas, es una situación que debe de tratarse como comunidad y no de manera personal. Según
Rodríguez et al. (2017), el docente que experimenta agotamiento emocional tiende a presentar estas
consecuencias en diferentes áreas de su profesión:
A nivel personal: Condición de agotamiento físico y mental, motivación negativa (llega tarde, falta a
clases, indisposición), actitud negativa (intolerante, agresivo, excluyente, ofensivo, violento, histérico,
irresponsable, impertinente, conflictivo, envidia), el ambiente en el aula se torna desagradable,
conflictivo, desorganizado, apático y las emociones que principalmente genera son la ira, decepción,
angustia, desesperación y el rencor;
Como docente: Disminuye su implicación afectiva con el alumnado, reduce la calidad de sus estrategias
pedagógicas, genera un clima negativo en el aula y pierde el interés por la profesión y el trayecto
educativo de sus discentes;
En el alumnado: Cambia la percepción docente, sus manifestaciones dentro del aula, actitudes y
sensaciones del entorno académico; En la institución: Deterioro en la relación con autoridades
educativas, cuerpo docente y padres de familia, los procesos escolares se vuelven deficientes, bajo
rendimiento y quejas de alumnos y padres (pp. 54-55).
Todo lo anterior se traduce en un efecto dominó que repercute en la motivación del estudiante, la
convivencia escolar y los resultados de aprendizaje. Entonces, se vuelve clara la magnitud de un
problema que en las últimas décadas se ha pasado por alto y ha carecido de la importancia mediática y
gubernamental que verdaderamente requiere. En este sentido podemos entender que el burnout docente
es un fenómeno complejo que combina variables personales (autoeficacia, resiliencia), organizacionales
(carga laboral, liderazgo escolar) y contextuales (políticas educativas, reconocimiento social).
La labor del profesorado es naturalmente un trabajo estresante, que lo caracteriza un perfil
epidemiológico diferente al de otras profesiones, figurando las alteraciones circulatorias, del aparato
fonológico y los trastornos mentales como ansiedad y depresión. Multitud de situaciones hacen
exponencial los inicios del síndrome de desgaste profesional, principalmente destacan la diversidad de
tareas a realizar, la desvalorización de su trabajo por parte de la sociedad, la atención a la diversidad en
el aula, la actualización y la preparación constante (Fuentes y Moreno, 2013, p. 30-31).