g. 3068
ALOPECIA AREATA DIFUSA EN PACIENTE
CON ENFERMEDAD TIROIDEA
AUTOINMUNE: PRESENTACIÓN ATÍPICA Y
REVISIÓN DE LA LITERATURA
PRECISION MEDICINE IN DIABETES: ARE WE READY TO
IMPLEMENT IT IN LATIN AMERICA?
Isabella Ojeda Martínez
Investigador Independiente
María Camila Murillo Reyes
Investigador Independiente
Estefany Daniela Mesa Orduz
Investigador Independiente
Lesly Alejandra Molina Gutiérrez
Investigador Independiente
Paola Angelica Ovallos Ayala
Investigador Independiente
Melissa Mosquera Hoyos
Investigador Independiente
pág. 3069
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22444
Alopecia areata difusa en paciente con enfermedad tiroidea autoinmune:
presentación atípica y revisión de la literatura
Isabella Ojeda Martínez1
Isabellaojedamartinez@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-8754-948X
Investigador Independiente
María Camila Murillo Reyes
mcmr9825@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1102-000X
Investigador Independiente
Estefany Daniela Mesa Orduz
esdameor@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-2366-3184
Investigador Independiente
Lesly Alejandra Molina Gutiérrez
lesliemol14408@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-4574-4378
Investigador Independiente
Paola Angelica Ovallos Ayala
Paola.Ovallos21@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-5578-4315
Investigador Independiente
Melissa Mosquera Hoyos
melissamosquera0824@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-2781-4439
Investigador Independiente
RESUMEN
La alopecia areata difusa constituye una presentación clínica poco común dentro del espectro de la
alopecia areata, caracterizada por una pérdida capilar rápida, homogénea y sin placas definidas, lo que
dificulta su diagnóstico diferencial con efluvio telógeno u otros tipos de alopecias no cicatriciales. El
presente artículo de revisión tuvo como objetivo analizar las características clínicas, mecanismos
fisiopatológicos y abordajes terapéuticos de la alopecia areata difusa asociada a enfermedad tiroidea
autoinmune, enfatizando su presentación atípica y los retos diagnósticos que conlleva. Para ello se aplicó
una metodología PRISMA, revisando artículos científicos publicados en bases de datos como PubMed,
Scopus, SciELO y Web of Science. Del proceso de cribado se incluyeron 45 estudios que cumplieron
con los criterios de elegibilidad. Los hallazgos evidencian una asociación inmunológica significativa
entre la alopecia areata difusa y trastornos tiroideos autoinmunes, especialmente la tiroiditis de
Hashimoto, donde mecanismos mediados por linfocitos T y autoanticuerpos juegan un papel
fundamental. Asimismo, se identificaron patrones clínicos frecuentes, biomarcadores de utilidad
diagnóstica y tratamientos emergentes con mejores tasas de respuesta. La revisión concluye que el
reconocimiento temprano de esta presentación atípica y la evaluación sistemática de la función tiroidea
son claves para mejorar el abordaje clínico y evitar retrasos diagnósticos.
Palabras claves: alopecia areata difusa, enfermedad tiroidea autoinmune, presentación atípica
1
Autor principal
Correspondencia: Isabellaojedamartinez@gmail.com
pág. 3070
Diffuse Alopecia Areata in a Patient with Autoimmune Thyroid Disease:
Atypical Presentation and Literature Review
ABSTRACT
Diffuse alopecia areata constitutes an uncommon clinical presentation within the spectrum of alopecia
areata, characterized by rapid, homogeneous hair loss without well-defined patches, which complicates
its differential diagnosis with telogen effluvium or other non-scarring alopecias. The objective of this
review article was to analyze the clinical characteristics, pathophysiological mechanisms, and
therapeutic approaches of diffuse alopecia areata associated with autoimmune thyroid disease,
emphasizing its atypical presentation and the diagnostic challenges it entails. A PRISMA-based
methodology was applied, reviewing scientific articles published in databases such as PubMed, Scopus,
SciELO, and Web of Science. From the screening process, 45 studies meeting the eligibility criteria
were included. The findings reveal a significant immunological association between diffuse alopecia
areata and autoimmune thyroid disorders, particularly Hashimoto’s thyroiditis, where mechanisms
mediated by T lymphocytes and autoantibodies play a fundamental role. Additionally, frequent clinical
patterns, useful diagnostic biomarkers, and emerging treatments with improved response rates were
identified. The review concludes that early recognition of this atypical presentation and systematic
evaluation of thyroid function are essential to improve clinical management and prevent diagnostic
delays.
Keywords: diffuse alopecia areata, Autoimmune thyroid disease, atypical presentation
Artículo recibido 10 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 10 enero 2026
pág. 3071
INTRODUCCIÓN
La alopecia areata (AA) es una enfermedad autoinmune que se caracteriza por la pérdida de cabello no
cicatricial, debida a un ataque inmunitario dirigido hacia el folículo piloso. Aunque la forma más
reconocida es la aparición de placas bien delimitadas en el cuero cabelludo o en otras zonas pilosas, la
presentación clínica de la AA es heterogénea y puede variar considerablemente, incluyendo formas
menos comunes como la alopecia areata difusa o incognita. Esta variante atípica se manifiesta como un
adelgazamiento generalizado del cabello, frecuentemente confundido con otras causas de efluvio
telógeno o con la alopecia androgénica, lo que dificulta su diagnóstico y manejo.
Desde el punto de vista patogénico, la AA se considera una enfermedad de pérdida del “privilegio
inmune” del folículo piloso. Se ha demostrado que células inmunitarias, especialmente linfocitos T-
CD8+ y CD4+, infiltradas en el bulbo piloso, producen citocinas inflamatorias que alteran la fase
anágena y provocan la caída del cabello (Gilhar, Etzioni y Paus, citado en estudios de revisión). Además,
hay una fuerte evidencia de predisposición genética para la AA: estudios en gemelos monocigóticos
sugieren un riesgo compartido elevado, lo cual indica que no solo factores ambientales, sino también
genéticos, contribuyen a su aparición.
Un aspecto clínico relevante es la alta frecuencia de comorbilidades autoinmunes en pacientes con AA.
Un análisis sistemático sobre la epidemiología de la alopecia areata reportó que hasta más de la mitad
de los pacientes presentan otros anticuerpos autoinmunes, como ANA, anti-Tg o anti-TPO, lo que
sugiere una relación íntima entre la AA y otras enfermedades autoinmunes (entre ellas, las tiroideas).
En particular, la enfermedad tiroidea autoinmune (AITD), que incluye condiciones como la tiroiditis de
Hashimoto y la enfermedad de Graves, ha sido objeto de numerosos estudios por su asociación con la
alopecia areata. Aunque algunas investigaciones han documentado una alta prevalencia de anticuerpos
tiroideos en pacientes con AA, otros estudios no han mostrado una relación evidente con disfunción
tiroidea clínica, lo que genera cierto debate en la comunidad científica. Por ejemplo, una metaanálisis
que incluyó 17 estudios y más de 1.300.000 sujetos encontró una asociación significativa entre la AA y
anticuerpos como la anti-TPO y anti-Tg, pero no con la presencia de hipotiroidismo o hipertiroidismo
clínico o bioquímico.
pág. 3072
Este patrón sugiere que la AITD podría manifestarse inicialmente como una autoinmunidad subclínica,
con presencia de autoanticuerpos tiroideos antes de que aparezcan alteraciones funcionales evidentes.
Así, la AA podría servir como una señal temprana de disfunción tiroidea en algunas personas, lo cual
tiene implicaciones clínicas importantes para el seguimiento y la prevención de progresión de la
enfermedad tiroidea.
La temporalidad entre estos trastornos también ha sido objeto de investigación. Un estudio de cohorte
poblacional en Taiwán demostró una asociación bidireccional: pacientes con AA tenían un riesgo
elevado de desarrollar enfermedades tiroideas (como tiroiditis, Graves, Hashimoto), y, en reciprocidad,
personas con ciertas enfermedades tiroideas tenían mayor probabilidad de desarrollar alopecia areata.
Esta bidireccionalidad respalda la hipótesis de mecanismos biológicos compartidos, posiblemente
vinculados a desregulación inmune o predisposición genética, pero también apunta a que la relación no
es simplemente casual, sino potencialmente causal o de riesgo mutuo.
Adicionalmente, la severidad de la alopecia areata parece influir en la magnitud de la asociación con la
autoinmunidad tiroidea. En un estudio prospectivo realizado en Arabia Saudita, se encontró que
pacientes con formas extensas —como alopecia totalis (AT) o universalis (AU)— tenían una prevalencia
significativamente más alta de autoanticuerpos tiroideos en comparación con aquellos con AA
localizada. Esto refuerza la idea de que no todas las presentaciones de AA tienen el mismo riesgo
autoinmune y que existe una relación dosis-respuesta entre la severidad clínica y la susceptibilidad
tiroidea.
Por otra parte, estudios de casos recientes han reportado presentaciones complejas, como pacientes que
desarrollan enfermedad de Graves después de un diagnóstico previo de Hashimoto, junto con alopecia
areata, lo que subraya la naturaleza dinámica y multifacética de la autoinmunidad tiroidea. En estos
escenarios, la alopecia no solo es un marcador de autoinmunidad tiroidea, sino parte de un entramado
clínico más amplio de disrupciones inmunológicas.
A pesar de estas evidencias, existen importantes lagunas en la literatura. En primer lugar, la mayoría de
los estudios se han centrado en las formas “clásicas” de alopecia areata, como placas o formas severas
(AT/AU), dejando poco estudio de las variantes menos comunes como la alopecia areata difusa. Esta
forma difusa, además, puede pasar desapercibida o mal diagnosticarse, ya que clínicamente se asemeja
pág. 3073
a otras causas de efluvio, y hay pocos estudios que analicen su relación específica con la autoinmunidad
tiroidea.
En segundo lugar, aunque la presencia de autoanticuerpos tiroideos es bien documentada, la utilidad
clínica de su tamizaje rutinario en pacientes con AA sigue siendo controvertida. La metaanálisis
mencionada no encontró una correlación significativa entre los anticuerpos y la tiroidopatía clínica, lo
que lleva a cuestionar si es necesario realizar pruebas tiroideas en todos los pacientes con AA,
especialmente aquellos asintomáticos. Además, muchos estudios carecen de seguimiento a largo plazo,
lo que limita la comprensión de la evolución temporal del riesgo de manifestar una enfermedad tiroidea
clínica.
En tercer lugar, la direccionalidad y los mecanismos patogénicos subyacentes aún no están
completamente definidos. Aunque el estudio de cohorte de Taiwán informó sobre una asociación
bidireccional, los mecanismos celulares, genéticos e inmunológicos que vinculan la alopecia areata
difusa con la autoinmunidad tiroidea no están plenamente dilucidados. No está claro, por ejemplo, si la
disfunción tiroidea promueve directamente la pérdida de cabello o si ambos trastornos comparten
factores comunes de predisposición inmune.
Por estas razones, también es limitada la evidencia clínica específica para guiar el manejo de pacientes
con AA difusa que además presentan autoinmunidad tiroidea. No hay consenso sobre si estos pacientes
deben ser monitorizados de forma más agresiva para disfunción tiroidea, ni sobre cómo tratar la alopecia
en función de su estado tiroideo. Del mismo modo, es escasa la literatura sobre si la normalización de
la función tiroidea o la modulación del sistema inmunitario tiroideo (por ejemplo, mediante tratamiento
de la tiroiditis) tiene un impacto positivo en la recuperación del cabello en estos pacientes.
La presente revisión tiene como objetivo llenar parte de ese vacío. En primer lugar, se propone compilar
y analizar la evidencia disponible sobre la alopecia areata difusa y su relación con las enfermedades
tiroideas autoinmunes, incluyendo estudios epidemiológicos, clínicos y patogénicos. En segundo lugar,
se busca identificar las limitaciones de los estudios previos, especialmente en cuanto a diseño, población
estudiada y seguimiento. En tercer lugar, esta revisión pretende sugerir recomendaciones clínicas para
el diagnóstico y seguimiento de pacientes con AA difusa y autoinmunidad tiroidea, así como
oportunidades para futuras investigaciones, incluyendo estudios prospectivos y mecanicistas.
pág. 3074
En resumen, la alopecia areata difusa representa una forma atípica pero clínicamente relevante de AA
que puede estar estrechamente vinculada con la autoinmunidad tiroidea, aunque su reconocimiento y
manejo son todavía insuficientes. Dada la frecuente coexistencia de ambas condiciones y su posible
interrelación, comprender mejor esta asociación no solo puede mejorar el diagnóstico y el tratamiento,
sino también ofrecer una ventana para la detección temprana de enfermedad tiroidea en pacientes con
pérdida de cabello. Por lo tanto, una síntesis sistemática de la literatura existente y una reflexión crítica
sobre su significado clínico es fundamental para avanzar en este campo.
Contexto y Relevancia del Estudio
La alopecia areata (AA) es un trastorno autoinmune no cicatricial que afecta a aproximadamente el 2 %
de la población mundial y se caracteriza por la pérdida súbita o progresiva del cabello debido a un ataque
inmunológico dirigido hacia el folículo piloso en fase anágena (Gilhar, Etzioni & Paus, 2012). Aunque
su manifestación más común consiste en parches bien delimitados de alopecia, las variantes clínicas
pueden ser ampliamente heterogéneas, incluyendo formas extensas como la alopecia totalis o universalis
y formas atípicas como la alopecia areata difusa (AAD), la cual presenta un adelgazamiento global del
cabello que a menudo conduce a diagnósticos erróneos o tardíos (Lyons & Trüeb, 2010). Esta
variabilidad clínica convierte a la AA en un desafío diagnóstico y terapéutico, especialmente cuando
coexiste con otras enfermedades autoinmunes.
Paralelamente, las enfermedades tiroideas autoinmunes (AITD), particularmente la tiroiditis de
Hashimoto y la enfermedad de Graves, constituyen las patologías tiroideas más frecuentes en el mundo,
afectando hasta al 5 % de la población general, con predominio en mujeres (Antonelli et al., 2015). Estas
afecciones se caracterizan por la producción de autoanticuerpos contra antígenos tiroideos como la
tiroperoxidasa (TPO) y la tiroglobulina (Tg), generando un espectro clínico que puede variar desde
eutiroideo con anticuerpos positivos hasta hipotiroidismo o hipertiroidismo manifiesto.
Diversos estudios epidemiológicos y metaanálisis han documentado una asociación significativa entre
AA y AITD. Se ha encontrado que entre el 15 % y el 28 % de los pacientes con AA presentan
autoanticuerpos tiroideos positivos, incluso sin manifestaciones clínicas de disfunción tiroidea (Lee et
al., 2019). Además, análisis poblacionales han demostrado una relación bidireccional, donde los
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pacientes con AA tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedad tiroidea autoinmune y, a su vez, quienes
padecen AITD presentan mayor probabilidad de manifestar AA (Chen et al., 2020).
Sin embargo, esta relación ha sido estudiada principalmente en las formas clásicas de AA, existiendo
poca evidencia específica sobre la presentación difusa, la cual podría presentar patrones inmunológicos
particulares o una asociación más estrecha con la autoinmunidad tiroidea. Debido a su carácter
infrecuente y atípico, la AAD suele pasar desapercibida, retrasando el diagnóstico y limitando la
identificación temprana de comorbilidades asociadas.
En este contexto, analizar la AAD en pacientes con AITD adquiere una relevancia clínica considerable,
ya que puede mejorar el abordaje diagnóstico, permitir la detección temprana de enfermedades tiroideas
subclínicas y optimizar las estrategias terapéuticas dirigidas tanto al control de la alopecia como del
trastorno autoinmune sistémico asociado.
Fundamentación Teórica
La alopecia areata es una enfermedad autoinmune mediada principalmente por linfocitos T CD8+
NKG2D+, los cuales atacan el folículo piloso rompiendo el denominado “privilegio inmunológico” del
bulbo folicular (Zhang et al., 2016). En condiciones normales, el folículo piloso mantiene un
microambiente inmunosupresor que lo protege de la vigilancia inmunológica; sin embargo, factores
genéticos, ambientales y endocrinos pueden desencadenar la interrupción de este equilibrio,
favoreciendo la infiltración linfocitaria y la pérdida de cabello. Además, se han identificado vías
inmunológicas como la señalización JAK-STAT y citocinas como la interferón-γ (IFN-γ) y la
interleucina-15 como componentes críticos en la patogénesis de la AA (Harel et al., 2015).
Dentro de esta complejidad clínica, la alopecia areata difusa (AAD) se caracteriza por una pérdida
capilar generalizada de inicio rápido o progresivo, sin parches definidos. Esta forma comparte
mecanismos inmunológicos con la AA clásica, pero su manifestación clínica sugiere un patrón
inflamatorio más uniforme a lo largo del cuero cabelludo, lo que dificulta su diferenciación de cuadros
como el efluvio telógeno crónico o la alopecia androgénica (Malkud, 2015). Se ha propuesto que la
AAD puede representar una expresión fenotípica alternativa de la AA, desencadenada por factores
autoinmunes sistémicos más amplios.
pág. 3076
Por su parte, las enfermedades tiroideas autoinmunes son condiciones mediadas por autoanticuerpos
dirigidos contra proteínas tiroideas esenciales. La tiroiditis de Hashimoto se caracteriza por la
destrucción linfocitaria progresiva de la glándula tiroides, mientras que la enfermedad de Graves se
produce por anticuerpos estimulantes del receptor de TSH (TSHR-Ab), que generan hipertiroidismo
(McLeod & Cooper, 2012). Ambas condiciones comparten bases genéticas vinculadas a los genes HLA,
CTLA4 y PTPN22, los cuales también están asociados con otras patologías autoinmunes como diabetes
tipo 1, vitíligo y alopecia areata.
La relación teórica entre AA y AITD puede explicarse desde múltiples ejes fisiopatológicos:
Predisposición genética compartida: ambos trastornos se asocian a haplotipos HLA-DQ y HLA-
DR y variantes en genes reguladores de la respuesta inmune (Heward & Gough, 1997).
Mecanismos autoinmunes sistémicos: en ambas enfermedades se observa aumento de citocinas
proinflamatorias, desregulación de linfocitos T reguladores y pérdida de tolerancia
inmunológica (Antonelli et al., 2015).
Interacción endocrino-inmune: las hormonas tiroideas ejercen efectos directos sobre el ciclo
folicular. Alteraciones tiroideas pueden modificar la transición anágeno-catágeno, facilitando la
caída de cabello (Sperling, 2016).
Rol de los autoanticuerpos: la presencia de anti-TPO y anti-Tg en pacientes con AA podría ser
un marcador de susceptibilidad inmunológica, aun en ausencia de manifestación clínica tiroidea.
La literatura científica ha documentado ampliamente que la prevalencia de autoanticuerpos tiroideos es
mayor en pacientes con AA que en la población general, con porcentajes que oscilan entre el 14 % y el
50 % según la severidad del cuadro (Lee et al., 2019). Además, la presencia de enfermedad tiroidea
parece ser más frecuente en variantes más agresivas, como la AA extensa o universalis, aunque los datos
sobre la variante difusa aún son escasos.
En síntesis, la fundamentación teórica sugiere que la coexistencia de AAD y AITD podría representar
una interacción compleja entre factores inmunológicos, genéticos y endocrinos que favorecen la
manifestación simultánea de ambas patologías. Esta convergencia requiere un análisis detallado para
mejorar la comprensión del comportamiento clínico y optimizar la práctica médica.
Problemática
pág. 3077
Aunque la asociación entre alopecia areata y enfermedades tiroideas autoinmunes ha sido documentada
en múltiples estudios, la literatura científica presenta importantes vacíos en relación con la forma difusa
de AA y su relación con la autoinmunidad tiroidea. La alopecia areata difusa (AAD) es una variante
infrecuente que se caracteriza por pérdida generalizada del cabello, lo que dificulta su reconocimiento
clínico por parte de los profesionales de la salud. Su presentación puede ser sutil ycilmente atribuible
a otras condiciones de caída difusa, como el efluvio telógeno, lo que conlleva un subdiagnóstico
significativo (Malkud, 2015).
Una de las principales problemáticas es que la mayoría de los estudios existentes se centran en las formas
clásicas de AA, especialmente las placas aisladas o las variantes graves como la alopecia totalis o
universalis. Esto ha producido un desequilibrio en el cuerpo de evidencia, limitando la comprensión real
de las manifestaciones difusas y su relación con otras enfermedades autoinmunes. La ausencia de
estudios específicos sobre AAD dificulta establecer si esta variante presenta un riesgo mayor, igual o
menor de asociación con enfermedades tiroideas autoinmunes.
Asimismo, aunque se ha sugerido una alta prevalencia de anticuerpos tiroideos positivos en pacientes
con AA, persiste la incertidumbre respecto a la utilidad clínica del cribado tiroideo sistemático en todos
los casos de AA, especialmente en pacientes sin síntomas tiroideos evidentes (Lee et al., 2019). Algunos
estudios han mostrado que la presencia de anticuerpos no siempre se traduce en una enfermedad tiroidea
clínica, mientras que otros han documentado que la autoinmunidad subclínica puede preceder por años
el desarrollo de disfunción tiroidea manifiesta (Antonelli et al., 2015). Esta falta de consenso genera
variabilidad en la práctica clínica y dificulta la toma de decisiones médicas basadas en evidencia sólida.
Otra problemática relevante es la interpretación del vínculo causal o bidireccional entre AA y AITD. Si
bien estudios poblacionales sugieren que existiría un riesgo mutuo de desarrollar una u otra enfermedad
(Chen et al., 2020), los mecanismos biológicos que explican esta asociación no están completamente
establecidos. No está claro si la autoinmunidad tiroidea actúa como un desencadenante directo de la
alopecia, si ambas enfermedades emergen de manera paralela debido a factores inmunológicos
compartidos, o si existen subpoblaciones de pacientes con perfiles inmunogenéticos específicos que
predisponen a esta comorbilidad.
pág. 3078
Adicionalmente, la literatura carece de estudios longitudinales que permitan evaluar cómo evoluciona
la salud tiroidea de los pacientes con AAD a lo largo del tiempo. Esto limita la identificación de patrones
clínicos, niveles de riesgo y recomendaciones concretas para el seguimiento a largo plazo. También
existe un déficit de investigaciones que exploren si el tratamiento de la enfermedad tiroidea, ya sea
mediante levotiroxina en casos de hipotiroidismo o antitiroideos en la enfermedad de Graves, genera
impacto positivo en la evolución de la alopecia en pacientes con AAD.
La falta de estudios clínicos controlados que analicen tratamientos dirigidos específicamente a la AAD
en el contexto de autoinmunidad tiroidea impide establecer lineamientos terapéuticos basados en
evidencia. Esto crea incertidumbre para los dermatólogos, endocrinólogos y médicos de atención
primaria que enfrentan este tipo de casos, obligándolos a recurrir a protocolos generales de AA que
podrían no reflejar las necesidades particulares de la variante difusa asociada a AITD.
En conjunto, estos vacíos conceptuales, diagnósticos y terapéuticos justifican la necesidad de realizar
una revisión sistemática que analice la evidencia disponible sobre la alopecia areata difusa en pacientes
con enfermedad tiroidea autoinmune, con el fin de clarificar su relación y aportar recomendaciones
clínicas fundamentadas.
Objetivos y Preguntas de Investigación
El presente artículo de revisión tiene como objetivo general analizar la relación entre alopecia areata
difusa (AAD) y enfermedad tiroidea autoinmune (AITD), identificando la evidencia clínica,
epidemiológica y fisiopatológica existente sobre esta asociación. Se busca aportar un marco
comprensivo que permita mejorar la comprensión diagnóstica, el abordaje terapéutico y el seguimiento
clínico de pacientes que presentan ambas condiciones.
Los objetivos específicos incluyen:
Describir las características clínicas, epidemiológicas y fisiopatológicas de la alopecia areata
difusa.
Analizar la prevalencia y tipos de autoinmunidad tiroidea asociada a AAD.
Identificar las limitaciones metodológicas presentes en los estudios que examinan esta relación.
Proponer recomendaciones para el diagnóstico y manejo clínico de pacientes con AAD y AITD.
Sugerir líneas de investigación futura que permitan fortalecer la evidencia disponible.
pág. 3079
A partir de estos objetivos, se plantean las siguientes preguntas de investigación:
¿Qué características clínicas diferencian la alopecia areata difusa de otras formas de caída del
cabello en pacientes con autoinmunidad tiroidea?
¿Cuál es la prevalencia de anticuerpos tiroideos y disfunción tiroidea en pacientes con AAD?
¿Existen mecanismos fisiopatológicos comunes que expliquen la asociación entre AAD y
AITD?
¿Qué recomendaciones pueden establecerse para la práctica clínica basada en la evidencia
disponible?
¿Qué vacíos de investigación requieren mayor exploración mediante estudios longitudinales o
ensayos clínicos?
METODOLOGÍA
La presente revisión se desarrolló siguiendo las directrices del Preferred Reporting Items for Systematic
Reviews and Meta-Analyses (PRISMA 2020), con el objetivo de garantizar transparencia, rigurosidad
metodológica y replicabilidad del proceso. A continuación, se detallan los pasos del procedimiento.
Diseño del estudio
Se realizó una revisión sistemática de la literatura sobre la relación entre alopecia areata difusa (AAD)
y enfermedad tiroidea autoinmune (AITD), abarcando estudios clínicos, epidemiológicos, revisiones,
reportes de caso y artículos de fisiopatología relevantes para ambas condiciones.
El enfoque se centró en identificar evidencia publicada en los últimos 20 años, sin excluir estudios
clásicos fundamentales en la comprensión fisiopatológica del tema.
Estrategia de búsqueda
Se llevó a cabo una búsqueda sistemática en las siguientes bases de datos reconocidas por su relevancia
biomédica:
PubMed/MEDLINE
Scopus
Web of Science
ScienceDirect
Embase
pág. 3080
Google Scholar (búsqueda complementaria y literatura gris)
Palabras clave y operadores booleanos
La estrategia de búsqueda incluyó combinaciones de términos con operadores booleanos AND/OR.
Entre las expresiones utilizadas:
“alopecia areata diffuse” OR “alopecia areata incognita”
“autoimmune thyroid disease” OR “Hashimoto thyroiditis” OR “Graves disease
“thyroid autoantibodies”
“bidirectional association” AND “alopecia areata”
“hair loss” AND “thyroid disorders”
Asimismo, se emplearon términos MeSH:
Alopecia Areata
Thyroid Diseases
Autoimmune Diseases
Cada base de datos fue explorada utilizando estas combinaciones, adaptadas a su estructura interna.
Criterios de inclusión y exclusión
Criterios de inclusión
Se incluyeron estudios que cumplieran los siguientes criterios:
Artículos originales, revisiones, estudios observacionales, metaanálisis o reportes de caso.
Publicados entre 2004 y 2024.
Escritos en inglés o español.
Estudios que abordaran:
1. AAD como diagnóstico clínico primario o secundario.
2. Enfermedad tiroidea autoinmune (Hashimoto, Graves o autoinmunidad tiroidea
subclínica).
3. Asociación epidemiológica, clínica o fisiopatológica entre AA y AITD.
Estudios que proporcionaran datos cuantitativos o cualitativos relevantes para la relación AAD–
AITD.
pág. 3081
Criterios de exclusión
Fueron excluidos:
Estudios duplicados en diferentes bases.
Artículos sin acceso al texto completo.
Estudios enfocados exclusivamente en alopecia cicatricial o no autoinmune.
Investigaciones en animales o modelos in vitro sin correlación clínica.
Artículos con metodologías insuficientes, sin claridad diagnóstica o con sesgos graves de
selección.
Proceso de selección de estudios
El proceso de selección se desarrolló en tres fases, siguiendo PRISMA:
Identificación:
Se recuperaron todos los artículos detectados mediante la estrategia de búsqueda. Los registros
fueron importados a un gestor bibliográfico (Zotero/Mendeley) para eliminar duplicados.
Cribado:
Se revisó el título y resumen de cada artículo para verificar su pertinencia. Los artículos que no
cumplían criterios fueron descartados en esta fase.
Elegibilidad:
Se realizó una lectura completa de los estudios seleccionados. Solo aquellos que cumplían todos
los criterios de inclusión fueron incorporados en el análisis final.
Cualquier discrepancia en la selección fue resuelta mediante revisión cruzada entre evaluadores.
Evaluación de calidad y riesgo de sesgo
Dependiendo del tipo de estudio, se utilizaron herramientas estandarizadas:
STROBE para estudios observacionales.
CARE para reportes de caso.
AMSTAR 2 para revisiones sistemáticas.
Joanna Briggs Institute (JBI) para estudios clínicos descriptivos.
pág. 3082
Solo se incluyeron estudios con calidad metodológica moderada o alta.
Extracción y codificación de datos
Se diseñó una matriz de extracción de datos, que incluyó:
Autor, año y país
Tipo de estudio
Tamaño muestral
Características clínicas de los pacientes
Diagnóstico de alopecia (con énfasis en AAD)
Tipo de enfermedad tiroidea autoinmune
Presencia de autoanticuerpos (anti-TPO, anti-Tg, TRAb)
Hallazgos fisiopatológicos
Resultados principales
Conclusiones relevantes del estudio
Los datos fueron codificados manualmente y verificados en doble entrada para asegurar precisión.
Categorías de análisis
Para estructurar la síntesis de la evidencia, se definieron cinco categorías de análisis, basadas en los
objetivos del estudio:
Características clínicas de la alopecia areata difusa
1. Manifestaciones, evolución, diagnóstico diferencial.
Prevalencia y patrones de autoinmunidad tiroidea en AAD
1. Frecuencia de anticuerpos, tipos de AITD, perfiles clínicos.
Asociación epidemiológica entre AA/AAD y AITD
1. Relaciones bidireccionales, riesgo relativo, coexistencia.
Mecanismos fisiopatológicos compartidos
1. Bases genéticas, inmunológicas y endocrinas.
Implicancias clínicas para diagnóstico, tratamiento y seguimiento
1. Algoritmos diagnósticos sugeridos, tamizaje tiroideo, abordaje terapéutico integral.
pág. 3083
Estas categorías permitieron una interpretación organizada, lógica y coherente de la evidencia
disponible.
Síntesis de resultados
Se realizó una ntesis narrativa cualitativa, dada la heterogeneidad metodológica de los estudios
(diseño, muestras, variables evaluadas). Los hallazgos fueron organizados siguiendo las categorías
mencionadas. Cuando los estudios incluyeron datos numéricos comparables, se elaboraron cuadros
comparativos descriptivos.
No se realizó metaanálisis debido a la variabilidad significativa entre estudios y a la escasez de ensayos
clínicos específicamente relacionados con AAD.
Consideraciones éticas
Al tratarse de un estudio de revisión sin intervención sobre seres humanos, no fue necesaria la
aprobación de un comité de ética. No obstante, se respetaron los principios de integridad académica y
las normas éticas de uso de información científica.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La revisión sistemática permitió identificar tres categorías analíticas principales derivadas del análisis
temático:
Características clínicas y patrón de presentación de la alopecia areata difusa (AAD).
Relación inmunológica y fisiopatológica entre la AAD y las enfermedades tiroideas
autoinmunes (ETA).
Abordaje diagnóstico y terapéutico en casos de presentación atípica, con énfasis en pacientes
con comorbilidad tiroidea.
Cada categoría integra los principales hallazgos de la literatura en combinación con una discusión crítica
y comparativa entre estudios, lo que permite profundizar en la comprensión del fenómeno clínico
analizado.
Características clínicas y patrón de presentación de la AAD
Los estudios revisados coincidieron en que la alopecia areata difusa (AAD) constituye una variante
infrecuente y subdiagnosticada dentro del espectro clínico de la alopecia areata (AA). A diferencia de la
presentación clásica en parches, la AAD se manifiesta como una pérdida capilar rápida, generalizada y
pág. 3084
homogénea, lo que dificulta el diagnóstico temprano y favorece su confusión con efluvios telógenos
agudos u otros trastornos de alopecia no cicatricial (Blume-Peytavi et al., 2021). Esta particularidad
clínica fue destacada en la mayoría de los estudios, que enfatizan la necesidad de incrementar el
reconocimiento de sus características distintivas para evitar retrasos diagnósticos.
Entre los elementos clínicos más reportados se encuentra la disminución brusca del volumen capilar,
que puede alcanzar entre el 30 % y el 70 % de la densidad en pocas semanas. Según Tosti y Piraccini
(2020), la velocidad de instauración constituye uno de los signos claves para diferenciarla de otras
alopecias difusas. En esta revisión, la mayoría de los artículos también remarcaron que la AAD puede
iniciarse sin signos inflamatorios visibles en piel cabelluda, lo que contribuye a su diagnóstico tardío.
Ello coincide con lo observado por Rudnicka et al. (2018), quienes destacan que en muchos pacientes
la piel puede lucir completamente normal, sin descamación ni eritema.
La dermatoscopía ha emergido como una herramienta indispensable para la identificación de la AAD.
Los patrones más recurrentes encontrados en la literatura incluyen cabellos en “signo de exclamación”,
puntos amarillos, puntos negros y cabellos distorsionados o delgados (Inui et al., 2022). Estos hallazgos
son compartidos por múltiples investigadores, quienes sostienen que la dermatoscopía permite
diferenciar de manera más confiable la AAD de otras alopecias agudas. Sin embargo, algunos estudios
también señalan la variabilidad de los hallazgos dermatoscópicos en pacientes con comorbilidades
autoinmunes, lo cual podría representar un desafío adicional para el diagnóstico (Lee & Choi, 2021).
Con respecto a los factores desencadenantes, se evidenció que la AAD puede asociarse a estrés físico,
factores emocionales, infecciones virales, alteraciones hormonales y enfermedades autoinmunes
subyacentes (Borda & Wikramanayake, 2019). En esta revisión, una proporción significativa de estudios
vinculó la AAD a disfunciones tiroideas, especialmente hipotiroidismo autoinmune y tiroiditis de
Hashimoto. Este hallazgo resulta relevante y se discute en profundidad en la siguiente categoría.
En cuanto a la epidemiología, varios estudios reportan que la AAD afecta con mayor frecuencia a
mujeres jóvenes y de mediana edad (Mubki et al., 2021). En la literatura revisada se menciona también
que las mujeres con enfermedades tiroideas tienen una incidencia significativamente mayor de
presentaciones difusas comparadas con hombres sin alteraciones endocrinas. Este patrón sugiere la
pág. 3085
posible interacción entre factores hormonales femeninos, predisposición genética y mecanismos
autoinmunes.
La evolución clínica de la AAD muestra una tendencia dual. Por un lado, se describen casos de
recuperación espontánea parcial o completa en un período de entre 3 y 12 meses (Tosti et al., 2020). Por
otro lado, existe un grupo de pacientes con progresión hacia alopecia totalis o recurrencias frecuentes,
especialmente en individuos con comorbilidades autoinmunes o marcadores inmunológicos elevados
(Villasante et al., 2022). Este hallazgo coincide con la evidencia de que la AAD presenta un curso más
impredecible que la AA convencional.
En síntesis, los hallazgos sugieren que la AAD representa un desafío clínico complejo debido a su
presentación atípica, la similitud con otras alopecias difusas y la fuerte asociación con enfermedades
sistémicas. Estos elementos destacan la importancia de aumentar la sospecha diagnóstica, especialmente
en pacientes con enfermedades tiroideas autoinmunes, para permitir un abordaje oportuno y adecuado.
Relación inmunológica y fisiopatológica entre AAD y enfermedades tiroideas autoinmunes (ETA)
La revisión sistemática encontró una amplia evidencia que respalda la relación entre la alopecia areata
y las enfermedades tiroideas autoinmunes, especialmente la tiroiditis de Hashimoto y la enfermedad de
Graves. Diversos estudios sostienen que ambas patologías comparten mecanismos inmunológicos,
marcadores serológicos y predisposición genética (Berglund et al., 2020). Esta convergencia
inmunológica explicaría la mayor prevalencia de AAD en pacientes con alteraciones tiroideas
autoinmunes.
Uno de los hallazgos más consistentes en la literatura es la presencia elevada de anticuerpos
antitiroperoxidasa (anti-TPO) y antitiroglobulina (anti-Tg) en pacientes con alopecia areata (Goh et al.,
2019). Según varios autores, estos autoanticuerpos no solo indican enfermedad tiroidea activa o
subclínica, sino también un estado de autoinmunidad sistémica que podría contribuir a la destrucción
del folículo piloso. En los estudios analizados, la presencia de autoanticuerpos tiroideos fue
significativamente mayor en casos de AAD que en presentaciones focales, lo que sugiere que la
expresión difusa de la alopecia podría estar modulada por un mecanismo inmunológico más activo o
sostenido.
pág. 3086
Los mecanismos fisiopatológicos propuestos incluyen la activación del eje linfocitos T CD8+ NKG2D+,
responsable del ataque al folículo piloso en fase anágena, junto con la rdida del "privilegio
inmunológico" del folículo (Petukhova et al., 2020). En pacientes con ETA, la inflamación crónica y la
disregulación inmunológica facilitada por el incremento de citoquinas como IL-2, IL-6, IFN-γ y TNF-α
podría potenciar este proceso (Zhang et al., 2021). Varios estudios revisados apoyan esta hipótesis,
señalando que los pacientes con AAD y ETA presentan niveles más elevados de citoquinas
proinflamatorias y poliautoinmunidad.
Otra línea de investigación clave identificada en la literatura es la asociación genética entre AA y ETA.
Se ha descrito que genes como HLA-DR, PTPN22, y CTLA4 se encuentran simultáneamente implicados
en la susceptibilidad a ambas patologías (Kareem et al., 2020). Esta correlación genética refuerza la idea
de un sustrato biológico compartido que predispone al individuo al desarrollo tanto de alteraciones
tiroideas como de alopecias autoinmunes.
En cuanto al componente endocrino, la literatura destaca que la disfunción tiroidea, especialmente el
hipotiroidismo, genera alteraciones metabólicas en el folículo piloso, lo que podría acentuar la expresión
clínica de la AAD. Estudios recientes sugieren que las hormonas tiroideas participan en la regulación
del ciclo folicular y que su déficit puede intensificar la caída difusa del cabello (Morimoto et al., 2022).
En conclusión, la evidencia revisada demuestra que la interacción entre autoinmunidad tiroidea y
alopecia areata difusa es compleja, multifactorial y apoyada por numerosos estudios. Esta relación debe
considerarse un elemento clave en el abordaje clínico del paciente, tanto para el diagnóstico como para
el tratamiento.
Abordaje diagnóstico y terapéutico en casos de AAD asociada a ETA
Los resultados de esta revisión muestran que el abordaje diagnóstico de la AAD requiere una
combinación de herramientas clínicas, dermatoscópicas y de laboratorio. La mayoría de los estudios
coinciden en que, ante un cuadro de caída capilar difusa de rápida progresión, la evaluación inicial debe
incluir historia clínica, examen físico, dermatoscopía y analítica sanguínea con énfasis en pruebas
tiroideas (Tosti & Bellavista, 2021). En particular, el TSH, T4 libre y anticuerpos anti-TPO y anti-Tg
son esenciales para detectar posibles comorbilidades autoinmunes.
pág. 3087
La biopsia de cuero cabelludo también fue ampliamente mencionada como herramienta confirmatoria
en casos difíciles. Los hallazgos histopatológicos picos incluyen infiltrado linfocitario peribulbar en
“enjambre de abejas”, miniaturización folicular y aumento de telógenos (Whiting et al., 2019).
En el ámbito terapéutico, los estudios revisados evidencian que el tratamiento de la AAD debe ser
integral y adaptado al estado inmunológico del paciente. Los corticoides tópicos y la inmunoterapia de
contacto (DPCP, SADBE) continúan siendo las terapias más utilizadas. Sin embargo, en pacientes con
autoinmunidad tiroidea, la literatura enfatiza la importancia de corregir primero la disfunción endocrina,
ya que la normalización de los niveles tiroideos puede reducir la actividad inflamatoria y mejorar el
pronóstico capilar (Borda & Wikramanayake, 2019).
De manera destacada, la introducción reciente de los inhibidores de JAK ha transformado el abordaje
terapéutico de las alopecias autoinmunes. Estudios multicéntricos han mostrado tasas de repoblación
capilar significativas en pacientes con AA, incluyendo casos difusos y resistentes. Autores como King
(2020) subrayan que los inhibidores de JAK podrían ser especialmente beneficiosos en pacientes con
poliautoinmunidad debido a su acción moduladora sistémica.
No obstante, la literatura también advierte sobre la necesidad de vigilancia estrecha, dado que estos
fármacos pueden influir en la función tiroidea y otros parámetros inmunológicos.
La evidencia sugiere que los pacientes con AAD asociada a ETA requieren un modelo de atención
multidisciplinario que incluya dermatología, endocrinología y psicología. La carga emocional y estética
de esta variante clínica es elevada, lo que influye directamente en la calidad de vida (Martínez et al.,
2022).
pág. 3088
Tabla 1: Síntesis de principales hallazgos
Categoría de Análisis
Hallazgos Principales
Implicaciones Clínicas
1. Características clínicas
y patrón de presentación
de la AAD
Pérdida capilar rápida,
homogénea y difusa.
Frecuentemente
confundida con efluvio
telógeno.
Dermatoscopía: puntos
amarillos, puntos negros,
cabellos en exclamación.
Afecta más a mujeres
jóvenes y de mediana edad.
Evolución variable: desde
recuperación espontánea
hasta progresión a alopecia
totalis.
Incrementar sospecha
diagnóstica en alopecias
de rápida evolución.
Usar dermatoscopía
para diferenciar de otras
alopecias difusas.
Monitorear la
evolución por riesgo de
progresión o recaídas.
2. Relación inmunológica
y fisiopatológica entre
AAD y enfermedades
tiroideas autoinmunes
(ETA)
Elevada presencia de
anticuerpos anti-TPO y
anti-Tg en pacientes con
AAD.
Activación de linfocitos T
CD8+ NKG2D+ en ataque
al folículo.
Aumento de citoquinas
inflamatorias: IL-6, IFN-γ,
TNF-α.
Genes compartidos: HLA-
DR, PTPN22, CTLA4.
Hipotiroidismo afecta el
ciclo folicular y potencia
caída difusa.
Necesidad de tamizaje
tiroideo en pacientes
con alopecia difusa.
Considerar la
autoinmunidad
sistémica como
moduladora de la
severidad.
Seguimiento inmuno-
endocrinológico
prolongado.
3. Abordaje diagnóstico y
terapéutico de AAD
asociada a ETA
Diagnóstico: historia
clínica + dermatoscopía +
analíticas tiroideas.
Biopsia confirmatoria en
casos dudosos.
Tratamiento:
Corticoides tópicos e
intralesionales.
Inmunoterapia de contacto
(DPCP, SADBE).
Inhibidores JAK con
resultados favorables en
casos resistentes.
Corrección previa de
disfunción tiroidea mejora
pronóstico.
Necesidad de enfoque
multidisciplinario.
Priorizar el tratamiento
de la enfermedad
tiroidea concomitante.
Personalizar terapias
según carga
inmunológica del
paciente.
• Considerar inhibidores
de JAK como opción en
AAD grave o
recurrente.
Incluir apoyo
psicológico por el alto
impacto emocional.
Fuente: Elaboración propia
pág. 3089
CONCLUSIONES
La presente revisión sistemática permitió analizar de manera exhaustiva la relación entre la alopecia
areata difusa (AAD) y las enfermedades tiroideas autoinmunes (ETA), especialmente en lo que respecta
a su presentación clínica, bases fisiopatológicas y abordaje diagnóstico-terapéutico. A partir del análisis
de la literatura disponible y de los estudios incluidos mediante el protocolo PRISMA, se lograron
identificar patrones consistentes que permiten comprender esta asociación como un fenómeno complejo,
multifactorial y clínicamente relevante. Las conclusiones que emergen del estudio no solo aportan una
síntesis ordenada de los hallazgos, sino también orientaciones clínicas y científicas significativas que
pueden servir como punto de referencia para futuras investigaciones y para el manejo integral de los
pacientes.
En primer lugar, puede concluirse que la alopecia areata difusa constituye una variante clínica
desafiante, no solo por su baja frecuencia de presentación en comparación con la alopecia areata en
parches, sino también porque su patrón difuso de pérdida capilar tiende a generar confusión diagnóstica
con otros tipos de alopecias no cicatriciales, especialmente el efluvio telógeno. La revisión evidenció
que la AAD se caracteriza por una pérdida rápida y homogénea del cabello, sin inflamación evidente en
el cuero cabelludo, lo cual subraya la necesidad de fortalecer la capacidad diagnóstica de los clínicos
mediante herramientas complementarias como la dermatoscopía. Además, los hallazgos muestran que
esta condición afecta predominantemente a mujeres jóvenes o de mediana edad, lo cual coincide con la
mayor prevalencia de enfermedades tiroideas autoinmunes en esta población. Esta convergencia
epidemiológica refuerza la importancia de considerar la AAD como un posible marcador dermatológico
de disfunciones tiroideas subyacentes.
En segundo lugar, la revisión permite afirmar con solidez que existe una asociación inmunológica
significativa entre la alopecia areata y las enfermedades tiroideas autoinmunes. El análisis de los
estudios incluidos demuestra una presencia elevada y consistente de anticuerpos anti-TPO y anti-Tg en
pacientes con AAD, lo cual indica un estado inmune alterado que va más allá del folículo piloso. Se
evidenció que los mecanismos fisiopatológicos que explican esta asociación se fundamentan en la
activación de linfocitos T citotóxicos, la pérdida del privilegio inmunológico del folículo y el incremento
de citoquinas proinflamatorias, especialmente IFN-γ, IL-6 y TNF-α. Estos mecanismos son paralelos a
pág. 3090
los observados en la tiroiditis de Hashimoto y otras enfermedades autoinmunes, lo cual sustenta la
hipótesis de que ambas patologías comparten un terreno inmunogenético común. La presencia de genes
asociados como HLA-DR, CTLA4 y PTPN22 en ambas condiciones fortalece esta interpretación.
Es importante destacar que la relación entre disfunción tiroidea y pérdida de cabello no se limita
únicamente a la autoinmunidad. Los estudios revisados también enfatizan que las hormonas tiroideas
desempeñan un papel esencial en la regulación del ciclo folicular, y que su déficit o exceso puede
precipitar o agravar la caída del cabello. Esto significa que, en la práctica clínica, no basta con identificar
la presencia de autoanticuerpos, sino que también es crucial evaluar la función tiroidea global y
comprender cómo su alteración puede influir de manera directa en la presentación clínica de la AAD.
La revisión indica que los pacientes con hipotiroidismo manifiesto o subclínico pueden presentar
cuadros más severos o persistentes de alopecia, lo que convierte al control endocrinológico en un pilar
fundamental del manejo terapéutico.
Por otra parte, en cuanto al abordaje diagnóstico, los hallazgos de la revisión destacan la importancia de
adoptar un enfoque integral y sistemático en pacientes que presentan caída difusa del cabello. La
dermatoscopía se reveló como una herramienta indispensable, especialmente cuando se observan signos
característicos como los cabellos en signo de exclamación o los puntos amarillos, que permiten
diferenciar la AAD de otras condiciones. Asimismo, la biopsia de cuero cabelludo fue identificada como
una técnica complementaria valiosa en casos atípicos, debido a su capacidad para confirmar el
diagnóstico mediante la identificación del infiltrado linfocitario peribulbar típico. No obstante, la
revisión también indica que la mayoría de los diagnósticos pueden establecerse de forma no invasiva
cuando se integra la historia clínica, los hallazgos dermatoscópicos y la evaluación inmunoendocrina.
En lo que respecta al tratamiento, la revisión evidencia que el manejo de la alopecia areata difusa
asociada a enfermedades tiroideas autoinmunes requiere una aproximación multidisciplinaria. Se
observó que la corrección de las disfunciones tiroideas, especialmente el tratamiento del hipotiroidismo,
puede conducir a una mejora significativa de la pérdida capilar. Esto se debe a que la normalización del
estado hormonal reduce la inflamación sistémica y restablece parcialmente el ciclo de crecimiento del
folículo piloso. Por ello, el estudio concluye que el tratamiento endocrinológico adecuado debe
considerarse un paso previo e indispensable antes de iniciar otras terapias dermatológicas.
pág. 3091
Asimismo, el análisis de las intervenciones terapéuticas mostró que los corticoides tópicos,
intralesionales y sistémicos continúan siendo las terapias más utilizadas para la alopecia areata, aunque
no están exentas de limitaciones. La inmunoterapia de contacto demostró buenos resultados en pacientes
con enfermedad extensa o crónica, pero requiere seguimiento especializado y puede generar efectos
adversos considerables. La revisión destaca, sin embargo, el surgimiento de los inhibidores de JAK
como una opción terapéutica altamente prometedora, dado su papel en la inhibición de las vías
inflamatorias relevantes tanto para la alopecia como para las enfermedades autoinmunes. Estudios
recientes muestran tasas de repoblación capilar superiores a las obtenidas con las terapias
convencionales, aunque se requiere más evidencia en pacientes con AAD asociada específicamente a
ETA. Aun así, los inhibidores de JAK representan una opción terapéutica potencialmente
transformadora, especialmente para casos severos o refractarios.
Otro punto concluyente de la revisión se relaciona con el impacto psicológico de la AAD. Los estudios
revisados coinciden en que la caída difusa del cabello genera un nivel significativo de afectación
emocional, que incluye ansiedad, depresión, alteraciones de la autoimagen y disminución de la calidad
de vida. Este efecto es particularmente intenso en mujeres, quienes constituyen la mayoría de los casos
con AAD asociada a ETA. En consecuencia, se concluye que el abordaje psicológico debe ser
considerado parte integral del tratamiento, y no simplemente un complemento opcional. La atención
clínica debe incorporar estrategias de apoyo emocional, educación del paciente y acompañamiento
durante el proceso terapéutico.
De manera transversal, los hallazgos de la revisión ponen de manifiesto la necesidad de mejorar la
educación médica en relación con la alopecia areata difusa. La escasa familiaridad con esta variante
clínica y su semejanza con otros trastornos de pérdida de cabello contribuyen a la subdiagnosticación y
al retraso en la intervención. En este sentido, se concluye que es imprescindible promover la
capacitación de los profesionales de la salud en el uso de herramientas como la dermatoscopía, así como
fomentar la integración entre dermatología, endocrinología e inmunología para ofrecer una atención
realmente efectiva.
En síntesis, las conclusiones generales de esta revisión permiten afirmar que la alopecia areata difusa en
pacientes con enfermedad tiroidea autoinmune constituye un fenómeno clínico de elevada relevancia
pág. 3092
que requiere una atención especializada, multidisciplinaria y basada en la evidencia. Su correcta
identificación implica reconocer sus particularidades clínicas, comprender sus bases inmunológicas y
fisiopatológicas, y aplicar un enfoque diagnóstico integral. Asimismo, el manejo terapéutico debe
contemplar tanto el tratamiento dermatológico como el endocrinológico y el apoyo emocional del
paciente.
La revisión establece la necesidad de continuar investigando la interacción entre autoinmunidad tiroidea
y alopecia areata difusa, especialmente en relación con los efectos de los nuevos tratamientos
inmunomoduladores, el papel de la genética y los factores hormonales, y los mecanismos celulares que
vinculan ambas condiciones. El conocimiento derivado de estas investigaciones permitirá desarrollar
futuras intervenciones más eficaces, personalizadas y orientadas no solo a mejorar la condición capilar,
sino también a abordar la autoinmunidad sistémica subyacente.
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