INTERVENCIÓN EDUCATIVA EN ESTUDIANTES
DE MEDICINA PARA FORMAR PROMOTORES DE
LA DONACIÓN ALTRUISTA DE SANGRE
EDUCATIONAL INTERVENTION IN MEDICAL STUDENTS TO TRAIN
PROMOTERS OF ALTRUISTIC BLOOD DONATION EVERY DROP
COUNTS: DONATING IS HELPING
José Francisco Islas Flores
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de Medicina
Ma. de la Luz Hernández Reyes
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de Medicina
Jesús Madueña Molina
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de Medicina
pág. 3133
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22447
Intervención Educativa en Estudiantes de Medicina para Formar
Promotores de la Donación Altruista de Sangre
José Francisco Islas Flores1
fcoislas@yahoo.com
https://orcid.org/0009-0007-7378-4415
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de
Medicina
México, Ciudad: Los Mochis
Ma. de la Luz Hernández Reyes
marluz2@yahoo.com.mx
https://orcid.org/0000-0001-5874-2996
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de
Medicina
México, Ciudad: Culiacán
Jesús Madueña Molina
jmaduena65@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-8220-4909
Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de
Medicina
México, Ciudad: Culiacán
RESUMEN
La donación altruista de sangre es un pilar para la seguridad transfusional, pero en México prevalece un
modelo por reposición familiar, que es riesgoso e insuficiente. Este estudio implementó una intervención
educativa basada en la Investigación Acción Participativa (IAP) para establecer un comité promotor de
la donación altruista, no remunerada y de repetición, entre estudiantes de medicina. El diagnóstico basal
mostró baja experiencia en donación (16.2%) y alta prevalencia de mitos (ej., 61.7%). Se implementaron
10 sesiones con 20 participantes. El postest (n=10) reveló una transformación significativa: el
conocimiento de requisitos alcanzó al 100% (vs. 69.3%), la disposición a donar altruistamente aumen
al 90% (vs. 22.1%), y disminuyó la influencia de incentivos económicos (10% vs. 37.2%). Además de
estos cambios actitudinales, se logró el establecimiento de un comité promotor estudiantil, que pretende
la sostenibilidad de la iniciativa; y la captación de 32 candidatos a donantes mediante un formulario co-
diseñado que funcionó como herramienta educativa. La encuesta de satisfacción (n=16) fue altamente
positiva. La intervención incrementó los conocimientos y actitudes; asimismo, busca generar
participación comunitaria, un cambio cultural duradero y un modelo para la promoción de la salud en el
ámbito universitario.
Palabras clave: donación altruista de sangre, educación para la salud, intervención educativa,
estudiantes de medicina, educación comunitaria
1
Autor principal
Correspondencia: fcoislas@yahoo.com
pág. 3134
Educational intervention in medical students to train promoters of
altruistic blood donation Every Drop Counts: Donating is Helping
ABSTRACT
Altruistic blood donation is a pillar for transfusion safety, but in Mexico, a family replacement model,
which is risky and insufficient, prevails. This study implemented an educational intervention based on
Participatory Action Research (PAR) to establish a committee to promote non-remunerated, repeat
altruistic blood donation among medical students. The baseline diagnosis showed low donation
experience (16.2%) and a high prevalence of myths (e.g., 61.7%). Ten sessions were implemented with
20 participants. The post-test (n=10) revealed a significant transformation: knowledge of requirements
reached 100% (vs. 69.3%), willingness to donate altruistically increased to 90% (vs. 22.1%), and the
influence of economic incentives decreased (10% vs. 37.2%). Beyond these attitudinal changes, the
establishment of a student promotion committee was achieved, which aims to ensure the sustainability
of the initiative; and the recruitment of 32 donor candidates through a co-designed form that functioned
as an educational tool. The satisfaction survey (n=16) was highly positive. The intervention increased
knowledge and attitudes; it also seeks to generate community participation, a lasting cultural change,
and a model for health promotion in the university setting.
Keywords: altruistic blood donation, health education, participatory action research, medical students,
community education
Artículo recibido 12 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 16 enero 2026
pág. 3135
INTRODUCCIÓN
Según Restrepo-Betancur (2023), la donación de sangre es un desafío global con desigualdades, como
la brecha entre las 32.6 donaciones por cada mil habitantes en países de altos ingresos y las apenas 4.4
en naciones de bajos ingresos, lo que evidencia una divergencia cultural de la donación. Esto se agrava
por la tendencia del envejecimiento de la población donante y la consiguiente dificultad para reclutar a
los jóvenes, lo que amenaza con una futura escasez. Frente a esto, y ante la realidad heterogénea, donde
algunos países dependen en gran medida de la reposición familiar, la solución fundamental radica en
implementar programas de educación para derribar barreras. Por lo tanto, la presente intervención
educativa en estudiantes de medicina se posiciona como respuesta estratégica a estas problemáticas, y
busca transformar actitudes para mejorar la cultura de donación altruista y sostenible desde las ciencias
de la salud.
La donación altruista, no remunerada y de repetición de sangre constituye el modelo óptimo para
garantizar un suministro sanguíneo seguro, suficiente y oportuno, tal como lo promueven organismos
internacionales como la Organización Mundial de la Salud (Olivera et al., 2019). A diferencia de la
donación por reposición, motivada por la urgencia, el modelo altruista se fundamenta en la solidaridad
y la responsabilidad social, lo que reduce significativamente los riesgos de infecciones transmisibles por
transfusión (Kalibatas & Kalibatienė, 2022; Organización Panamericana de la Salud [OPS], s.f.).
En México, el modelo de donación sanguínea presenta un obstáculo fundamental: la baja tasa de
donación altruista, inferior al 10%, frente al predominio de la reposición familiar (Secretaría de Salud,
s.f.). Esta realidad nacional se refleja en el ámbito local. En Los Mochis, Sinaloa, la escasa cultura de
donación voluntaria crea una dependencia crítica hacia la reposición, lo cual afecta tanto la
disponibilidad como la seguridad de los hemoderivados.
La provisión pública de sangre altruista, se fundamenta en el valor moral y considera que cualquier
remuneración corrompe a dicho acto social (Puyol, 2019). Existe una tensión entre el ideal ético y la
realidad operativa, que hay que considerar al buscar intervenciones como la presente, que no solo apelan
al altruismo, sino que transformen la cultura de donación desde la base educativa y comunitaria.
Esta dependencia conlleva consecuencias operativas y sanitarias graves. Los pacientes sin una red
familiar extensa encuentran barreras para acceder a la sangre, las cirugías programadas se postergan y,
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de forma crucial, aumenta el riesgo residual de transmisión de infecciones como VIH o hepatitis B y C.
Los donantes por reposición, con frecuencia motivados por presión social o compensaciones económicas
que pueden afectar la veracidad de su historial clínico, muestran una mayor prevalencia de dichos
marcadores infecciosos que los donantes altruistas habituales (Kalibatas & Kalibatienė, 2022; OPS, s.f.).
Las demoras en el acceso al hemocomponente adecuado pueden comprometer la evolución e incluso la
vida del paciente.
Frente a este escenario, la intervención en el ámbito universitario, y en especial entre estudiantes de
medicina, se revela como una estrategia de alto impacto y sostenibilidad. Este grupo posee un rol dual
estratégico: son, por un lado, donantes potenciales ideales (jóvenes, con conocimiento en ciencias de la
salud) y, por otro, futuros agentes de cambio y promotores de salud. La intervención educativa, no busca
solo un evento de donación, sino la transformación de mentalidad y la construcción de una identidad
profesional que permita fomentar activamente la transición del modelo actual (caracterizado por la
presión familiar, la remuneración y los consiguientes riesgos de omitir información en la entrevista)
hacia un modelo altruista y de repetición, más seguro y suficiente (Martínez, 2022; Sánchez-Guerrero,
2009).
Si bien la intervención en educación superior es crucial, la literatura evidencia que la formación en
valores solidarios como la donación altruista tiene mayor impacto cuando se inicia en edades tempranas
(Falke & Pellegrino, 2020). La apropiación de principios de responsabilidad social y empatía se
consolida más eficazmente durante la niñez y adolescencia, sienta las bases para comportamientos
prosociales sostenidos en la vida adulta. Por ello, el modelo que aquí se presenta no solo busca
transformar a futuros profesionales de la salud, sino que aspira a ser el primer proceso de una estrategia
educativa integral que, idealmente, debería extenderse hacia los niveles básico y medio superior.
La efectividad de las intervenciones educativas en salud depende en gran medida de la utilización de
metodologías participativas y herramientas didácticas adecuadas. Como señalan Hernández-Sarmiento
et al. (2020), estrategias como aprendizaje basado en juegos, actividades grupales, dramatizaciones y
uso de TICs no solo favorecen la adquisición de conocimientos, sino que promueven un aprendizaje
significativo y la internalización de comportamientos saludables. Estas herramientas son
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particularmente relevantes en la población universitaria, donde la heterogeneidad en estilos de
aprendizaje requiere enfoques educativos diversificados.
Esta necesidad de un cambio de paradigma se evidencia al constatar las limitaciones de las campañas
tradicionales de promoción. Estas suelen tener un carácter reactivo y transaccional: se centran en la
captación inmediata de unidades para cubrir un déficit, mediante carteles o anuncios esporádicos que no
educan, no desmontan mitos profundos, ni empoderan a los donantes o a la comunidad. Este enfoque
resulta ineficiente y costoso a largo plazo al no atacar la raíz del problema. Frente a esto, la presente
intervención propone un modelo proactivo, educativo y participativo, cuyo objetivo último es formar
agentes de cambio (estudiantes de medicina) cuyo conocimiento y compromiso tengan un efecto
multiplicador.
Para abordar este desafío multifacético, que requiere: cambio en el conocimiento, transformación en las
actitudes, identidad grupal y prácticas comunitarias; el presente estudio adopta el marco de la
Investigación Acción Participativa (IAP). Este enfoque metodológico es idóneo porque trasciende el
modelo de intervención unidireccional o experimental donde los participantes son sujetos pasivos. La
IAP posiciona a los estudiantes como coinvestigadores y agentes de cambio proactivos, los involucra en
un ciclo continuo de diagnóstico, planificación, acción y reflexión (Machin-Mastromatteo & Tarango,
2019). Este proceso es fundamental para crear compromiso, responsabilidad y, en última instancia, el
establecimiento de un comité promotor autónomo y sostenible. Solo a través de esta participación
genuina se puede aspirar a generar el cambio cultural profundo que subyace al objetivo de transitar de
un modelo de donación por reposición a uno altruista y de repetición.
La promoción de un comportamiento de salud complejo, como la donación altruista de sangre, trasciende
la mera transmisión de información técnica. Se enmarca en lo que la pedagogía reconoce como una
educación en valores y para la convivencia cívica, que es una responsabilidad compartida por múltiples
agentes sociales: familia, escuela, Estado y sociedad civil (Touriñán, 2011). La intervención aquí
descrita, dirigida a estudiantes de medicina, asume parte de esta corresponsabilidad, busca no solo
informar, sino cultivar el valor de la solidaridad y el compromiso social como parte integral de su
identidad profesional y ciudadana.
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La intervención comunitaria propuesta para fomentar la transición desde la donación por reposición a la
donación altruista se fundamenta en el marco teórico-metodológico de Marchioni y Morín (2016). Esta
estrategia concibe la comunidad como un sistema integral donde interactúan tres protagonistas clave:
las instituciones sanitarias (administración), los profesionales de la salud (recurso técnico) y la
ciudadanía. El proceso se articula a través de un equipo comunitario que facilita la construcción
participativa de un diagnóstico compartido, promueve la socialización de conocimiento científico sobre
la seguridad de la donación altruista y diseña una programación colaborativa. El objetivo último es
generar un cambio cultural sostenible, basado en la corresponsabilidad y la participación activa, que
internalice la donación como un acto solidario y habitual.
Un diagnóstico basal aplicado en marzo de 2025 a una cohorte de 290 estudiantes de la Licenciatura en
Médico General de la Universidad Autónoma de Sinaloa, extensión Los Mochis, confirmó la necesidad
de esta intervención: sólo el 16.2% había donado sangre, el 61.7% creía erróneamente que las personas
diabéticas no podían donar, y únicamente el 22.1% se mostraba abiertamente dispuesto a la donación
altruista. Estos hallazgos evidenciaron la necesidad de una intervención educativa estructurada.
Ante este contexto, el presente estudio se planteó responder: ¿En qué medida una intervención educativa
basada en la Investigación Acción Participativa (IAP) puede aumentar el conocimiento, mejorar las
actitudes y fomentar la intención de donación altruista de sangre, además de establecer un comité
promotor sostenible entre estudiantes de medicina? El objetivo general fue generar el establecimiento
de dicho comité para mejorar el suministro y la seguridad de los componentes sanguíneos. Los objetivos
específicos fueron: 1) Identificar y desmitificar creencias erróneas sobre la donación, 2) Sensibilizar
sobre la importancia de la donación altruista y de repetición, y 3) Formar redes de apoyo que impulsen
esta práctica.
METODOLOGÍA
El estudio se enmarca en un paradigma pragmático con un método mixto, y adopta a la Investigación
Acción Participativa (IAP) como diseño central (Machin-Mastromatteo & Tarango, 2019). La IAP fue
seleccionada por su énfasis en la transformación de la realidad a través de un proceso cíclico de
diagnóstico, planificación, acción, observación y reflexión realizada con los participantes, y no solo
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sobre ellos. Al respecto, se puede observar una representación gráfica de dicho proceso cíclico en la
figura 1.
Figura 1. Proceso cíclico de la Investigación Acción Participativa
Nota: Adaptado de Machin-Mastromatteo & Tarango, 2019.
La población objetivo fueron los estudiantes de la Facultad de Medicina de la UAS, extensión Los
Mochis. La muestra fue intencional y por conveniencia, conformada por 20 estudiantes que respondieron
voluntariamente a la convocatoria para participar en el proyecto “Cada gota cuenta: donar es ayudar”.
La intervención consistió en 10 sesiones educativas, en modalidad mixta, desarrolladas entre octubre y
noviembre de 2025, complementadas con un Objeto Virtual de Aprendizaje (OVA) asincrónico. Las
sesiones integraron estrategias pedagógicas como el Aprendizaje Basado en Juegos (Bosco Global,
2021), análisis de casos, testimonios y dinámicas participativas; se abordaron temas como mitos y
realidades, proceso de donación, seguridad transfusional, redes de apoyo y establecimiento del comité.
Las sesiones mencionadas combinaron actividades sincrónicas y asincrónicas para maximizar la
participación y el aprendizaje. Inició con una fase diagnóstica y de integración grupal, se utilizaron
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preguntas generadoras y dinámicas de presentación para establecer un ambiente de confianza.
Posteriormente, se abordaron contenidos clave mediante estrategias activas: los estudiantes se
convirtieron en "cazadores de mitos" para contrastar creencias populares con información científica,
analizaron datos reales de donación a través de herramientas interactivas como Mentimeter y
reflexionaron sobre testimonios que humanizaron la necesidad y el impacto de la donación altruista.
El diseño pedagógico en cada sesión priorizó la participación y la construcción colectiva de
conocimiento. Por ejemplo, una sesión se centró exclusivamente en el proceso de donación, utilizó una
infografía detallada para familiarizar a los participantes y reducir la ansiedad asociada al procedimiento.
Otra sesión adoptó el formato de una mesa redonda para debatir y definir los valores fundacionales del
futuro comité promotor, fomentó la apropiación y el compromiso. La penúltima sesión trasladó el
aprendizaje a la acción, mediante la difusión masiva de un formulario co-diseñado que funcio
simultáneamente como herramienta educativa y de captación de candidatos a donantes.
La secuencia culminó con una sesión de cierre dedicada a la evaluación reflexiva del proceso y a la
planificación concreta de la sostenibilidad, materializada en la firme intención de tres estudiantes de
constituir el núcleo del comité promotor. Esta progresión lógica, desde el diagnóstico a la acción,
permitió no solo la adquisición de información, sino el desarrollo de habilidades, la apropiación de
valores y la generación de un producto tangible (el comité) que asegura la continuidad del proyecto más
allá de la intervención formal.
Para la recolección y el análisis de la información se utilizaron:
1. Diagnóstico (Pretest): Encuesta cuantitativa aplicada a 290 estudiantes en marzo de 2025.
2. Evaluación de proceso: Observación participante y participación en actividades interactivas
(Mentimeter, discusiones grupales).
3. Evaluación de resultados (Postest): Aplicación de un cuestionario respondido por 10 de los 20
participantes de la intervención para medir cambios en conocimiento y actitudes.
4. Instrumento de acción y medición: Formulario de Google Forms co-diseñado con participantes para
captar intenciones de donación altruista entre estudiantes (n=33 respuestas).
5. Encuesta de satisfacción: Escala Likert de 4 puntos aplicada a 16 de los 20 participantes.
6. Evaluación final cualitativa: Reflexión grupal en la sesión de cierre.
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La información recolectada fue procesada de manera diferenciada. Los datos cuantitativos (pretest,
postest, encuesta de satisfacción y el formulario de captación de candidatos a donar) se vaciaron en una
hoja de cálculo de Microsoft Excel; fueron analizados mediante estadística descriptiva (frecuencias y
porcentajes) con el mismo software. Los datos cualitativos fueron transcritos y analizados mediante un
análisis temático de contenido.
En cuanto a consideraciones éticas: se dio información clara y completa respecto al propósito de la
investigación, procedimientos, riesgos y beneficios potenciales, se obtuvo consentimiento informado,
se garantiza confidencialidad y se creó un ambiente de respeto durante las sesiones. La participación fue
libre, expresa, con capacidad de detenerla, sin consecuencia.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La intervención logró avances significativos en todas las dimensiones evaluadas. En el plano del
conocimiento, se observó una mejora extraordinaria. Mientras en el pretest el 69.3% (201/290) conocía
los requisitos para donar, en el postest el 100% (10/10) de los participantes demostró este dominio. Este
hallazgo es coherente con lo reportado por Jiménez-Jiménez et al. (2025) sobre el papel crucial de la
educación para la salud en entornos universitarios para empoderar con información veraz. En cuanto a
las creencias y mitos, se observaron resultados heterogéneos con avances significativos. La idea falsa
más extendida inicialmente (que las personas con diabetes no pueden donar sangre, con un 61.7%) se
redujo drásticamente al 10.0% tras la intervención. Sin embargo, surgió un dato inesperado: la creencia
de que "solo se puede donar una vez al año" aumentó del 5.5% al 30.0%. Este resultado contrario a lo
previsto revela la complejidad de la comunicación educativa, lo que se comentará posteriormente.
Este fenómeno se atribuye a un matiz comunicativo. Para ilustrar el impacto colectivo, se destacó que
"si suficientes personas donaran una vez al año, se podrían cubrir las necesidades". No obstante, parte
de los participantes interpretó esta afirmación sobre suficiencia poblacional como una limitación técnica
o una frecuencia máxima personal, y opacó el mensaje complementario sobre la posibilidad de donar
cada 2 a 4 meses. Este hallazgo subraya la urgencia de una pedagogía clara y explícita, que separe sin
ambigüedad los argumentos comunitarios de las normas individuales de seguridad, tal como advierten
Benavides y Ángeles (2024) respecto a la persistencia de conceptos erróneos.
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La disposición actitudinal y conductual mostró la transformación más radical. La intención de participar
en un programa de donación altruista se incrementó del 22.1% (64/290) en el pretest al 90.0% (9/10) en
el postest. Es crucial contextualizar esta comparación. El pretest (n=290) constituyó un diagnóstico basal
de la población estudiantil general, mientras que el postest (n=10) midió el cambio específico en el
subgrupo que completó la intervención educativa. Por lo tanto, el aumento al 90% no refleja una
transformación a nivel poblacional, sino la alta efectividad de la intervención para modificar
conocimientos y actitudes entre los participantes directos del programa. El logro fundamental, en este
sentido, es la conversión de un grupo inicial con baja disposición (22.1% en el diagnóstico general) en
un núcleo altamente motivado y capacitado (90% post-intervención), listo para operar como el comité
promotor.
La alta disposición actitudinal hacia la donación altruista encontrada tras la intervención podría
interpretarse, desde la perspectiva de Méndez y Rojas (2024), no solo como un acto de autorrealización
(nivel superior), sino como una expresión poderosa de la necesidad de pertenencia y conexión social.
Esto sugiere que la promoción de la donación podría resonar particularmente al enfatizar su dimensión
comunitaria y solidaria.
Los resultados mencionados reflejan una notable transformación en la motivación hacia la donación. La
independencia frente a incentivos económicos mejoró de forma sustancial: la proporción de personas
cuya decisión de donar se vería influenciada por recibir una remuneración descendió del 37.2% al
10.0%. Este cambio cuantitativo señala una evolución clara, desde una motivación extrínseca y
transaccional hacia una intrínseca y genuinamente altruista. Este giro actitudinal no fue solo estadístico,
sino que fue corroborado y profundizado cualitativamente a lo largo del proceso de IAP, a través de los
comentarios de los participantes.
El desarrollo de la intervención permitió observar una evolución palpable en la dinámica grupal.
Inicialmente, la participación de los estudiantes fue tímida y reactiva. No obstante, con el avance de las
actividades dialógicas y la exposición a testimonios significativos, su involucramiento se volvió
gradualmente más fluido, proactivo y propositivo. Un indicador clave fue la internalización y
reiteración, por parte del docente, de la necesidad de constituir un “comité permanente y autosuficiente”.
Esta idea, que surgió como una propuesta inicial, se propuso como un objetivo colectivo. Este proceso
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impulsa la transición desde una visión de la donación como un acto puntual y obligado, hacia su
conceptualización como una práctica de responsabilidad social sostenible y organizada, que se alinea
con los principios de la Teoría de la Identidad Social (Zuñiga, 2025), donde el acto de donar se
internaliza como parte constitutiva de una identidad grupal solidaria.
Como parte de los resultados, el logro estructural fundamental fue el establecimiento del comité
promotor de donación altruista, integrado inicialmente por tres estudiantes que expresaron su
compromiso y voluntad de dar continuidad al proyecto, así como el docente-investigador a cargo. Es
crucial señalar que este compromiso, aunque prometedor, se encuentra en una fase declarativa de
intenciones, por lo que su consolidación requiere un seguimiento activo de la organización y actividades
del comité en el futuro inmediato. Aún así, este núcleo representa un éxito significativo, ya que
materializa el tránsito desde la investigación hacia la gestación de una agencia comunitaria potencial.
La fortaleza de una red incipiente radica en la claridad de su propósito compartido. Por lo tanto, se tiene
el potencial de operar como una red de apoyo y aprendizaje, y asegurar la sostenibilidad de la iniciativa
si logra materializar sus intenciones.
El establecimiento del comité promotor no fue un resultado fortuito, sino el producto culminante y
deliberado de un proceso pedagógico diseñado para fomentar la agencia y el liderazgo estudiantil. Este
compromiso activo se gesa lo largo de las sesiones de intervención, particularmente en aquellas
dedicadas a la reflexión sobre valores y acción comunitaria. Durante la mesa redonda de la octava sesión,
los estudiantes no solo discutieron conceptos abstractos como la solidaridad y la responsabilidad social,
sino que co-diseñaron la visión, funciones y estructura inicial del comité. Este espacio de diálogo
genuino y planificación conjunta transformó una idea propuesta por el facilitador en un objetivo
colectivo internalizado, donde los participantes asumieron roles protagónicos en la materialización del
proyecto.
La transición de una disposición favorable a un compromiso formal se cristalizó en la sesión de cierre,
donde la reflexión final sobre el aprendizaje obtenido se canalizó hacia la definición de acciones futuras.
En este momento clave, tres estudiantes se ofrecieron voluntaria y explícitamente para constituir el
núcleo operativo del comité, asumiendo la responsabilidad de dar continuidad a las estrategias de
promoción. Este acto representa el punto álgido de la intervención, ya que evidencia la internalización
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del rol de agente de cambio y la transformación de su identidad profesional: de estudiantes receptores
de información a promotores de salud activos y organizados. Su decisión marca la conversión del capital
social generado durante las sesiones en una estructura comunitaria incipiente con un propósito claro y
compartido.
Por lo tanto, la conformación del comité es mucho más que un indicador de éxito; es la prueba fehaciente
de que la intervención logró su objetivo último de generar una agencia comunitaria autónoma. El comité
encarna la sostenibilidad del proyecto, posicionándose como una red de apoyo y aprendizaje dentro de
la facultad. Su futuro accionar, aunque requerirá seguimiento y consolidación, tiene el potencial de
operar como un mecanismo multiplicador, busca institucionalizar la cultura de la donación altruista y la
trascendencia de la iniciativa en el marco temporal de la investigación para convertirse en un legado
permanente de la comunidad.
Adicionalmente, se captó a 32 nuevos candidatos a donantes mediante un formulario (de un total de 33
respuestas), el cual fue co-diseñado, de forma conjunta con estudiantes, lo que demuestra un efecto
multiplicador. Este instrumento fue concebido como herramienta híbrida de educación y acción, pues
su diseño buscó empoderar e informar a quien lo contestara, así como captar las intenciones de donar de
los posibles candidatos. Su creación conjunta con los estudiantes fue, en misma, un acto de
apropiación que consolidó su aprendizaje y su rol como promotores.
La evaluación de la intervención por parte de los participantes fue altamente positiva. El 100% (16/16)
de los encuestados consideró que el proyecto puede generar un cambio real en la cultura de donación y
expresaron que compartirán lo aprendido con las personas allegadas. El 93.75% estuvo totalmente de
acuerdo con la claridad de los objetivos, la relevancia del contenido y la utilidad de la metodología.
Estos resultados respaldan la eficacia del enfoque de IAP y las estrategias lúdico-participativas
utilizadas, lo cual valida el modelo utilizado en la intervención.
La discusión integra estos hallazgos con el marco teórico. La efectividad de la intervención se explica
por su capacidad para actuar simultáneamente sobre el conocimiento (desmitificación), la motivación
(apelación a valores y empatía) y la facilitación conductual (creación de un comité y red de apoyo). Esto
concuerda con un enfoque ecológico de cambio de comportamiento, donde se interviene a nivel
individual, grupal y comunitario (Marchioni & Morín, 2016). El establecimiento del comité es, en
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misma, una aplicación práctica del concepto de redes de apoyo comunitario (Cañaveral-Guisao et al.,
2024) y de responsabilidad social (Mori, 2009), lo que sobrepasa el objetivo inmediato de captar
donantes para instaurar un mecanismo permanente de promoción de la salud. En síntesis, el impacto de
la iniciativa se fundamenta en una estrategia integral que transformó creencias, cultivó una motivación
altruista y generó una estructura de apoyo tangible.
CONCLUSIONES
La intervención educativa “Cada gota cuenta: donar es ayudar” demostró ser una estrategia efectiva para
iniciar una transformación en el panorama de la donación de sangre en una estudiantes de medicina. En
el plano individual, se logró un cambio en el conocimiento preciso, una reducción de mitos y un giro
actitudinal que fomenta una disposición altruista, informada y desinteresada hacia la donación. Este
cambio es la base para que los futuros donantes actúen con convicción y responsabilidad, y comprendan
el alcance de su honestidad en la entrevista y el valor de la donación de repetición. En el plano colectivo
y estructural, el éxito más perdurable radica en la creación de un comité promotor estudiantil. Este
núcleo, aunque incipiente, institucionaliza el esfuerzo, asegura la permanencia de la visión a futuro y
constituye un mecanismo para crecer, empoderar a donantes y dar continuidad al proyecto.
Los hallazgos de este estudio, particularmente la transformación actitudinal radical y la exitosa
conformación de una agencia comunitaria estudiantil, respaldan firmemente la implementación de
intervenciones educativas que, como la IAP utilizada aquí, sean estructuradas, participativas y estén
basadas en evidencia. La clave de su efectividad radica en un diseño que trasciende la mera transmisión
de información: al involucrar activamente a los estudiantes como coinvestigadores y agentes de cambio,
se logra la internalización de valores, la asunción de responsabilidad y la construcción de una identidad
grupal solidaria, elementos todos indispensables para cimentar una cultura de donación altruista y de
repetición sostenible.
En consecuencia, se recomienda replicar este modelo en otras facultades de ciencias de la salud, que
adapte sus componentes (sesiones dialógicas, herramientas virtuales, co-diseño de materiales) a los
contextos específicos. El escalamiento a nivel institucional (por ejemplo, a través de programas de
responsabilidad social universitaria o alianzas curriculares con bancos de sangre) representa la siguiente
frontera lógica. Esto permitiría multiplicar el número de donantes informados, y sistematizar la
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formación de profesionales de la salud como promotores de un modelo de suministro sanguíneo más
seguro, ético, y que sea suficiente para solventar las necesidades de la población, e impactar así el
sistema de salud regional a largo plazo.
Como limitaciones del estudio, se reconoce el tamaño reducido de la muestra en el grupo de intervención
y la necesidad de medir el impacto a más largo plazo, específicamente la tasa de conversión de las
intenciones de donar en donaciones reales. Asimismo, como lección aprendida de carácter
metodológico, se identificó la dificultad para la sincronización de horarios entre estudiantes de distintos
grupos como un obstáculo significativo para la modalidad presencial, lo que obligó a una migración
mayoritaria a sesiones virtuales sincrónicas.
Finalmente, los hallazgos de este estudio plantean una oportunidad estratégica. La Universidad
Autónoma de Sinaloa (UAS), como formadora de miles de profesionales en el estado, tiene el potencial
de transformar la cultura de donación a escala regional. El siguiente paso lógico es buscar el apoyo
institucional formal para integrar la promoción de la donación altruista y de repetición como un
componente de su responsabilidad social, ya sea a través de materias optativas, programas de extensión
comunitaria o alianzas con bancos de sangre. Iniciar esta educación en la juventud puede cimentar un
compromiso futuro. Esto maximiza el impacto del demostrado en este proyecto y contribuye a un
sistema de salud más seguro y solidario.
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