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climáticas extremas, presencia de grupos criminales y ausencia de asistencia humanitaria (Cornelius,
2005; Castles et al., 2020). Esta dinámica ha producido un incremento sostenido de muertes,
desapariciones y lesiones graves, lo que plantea una responsabilidad indirecta del Estado en la
generación de riesgos previsibles para la vida humana.
La revisión evidencia vulneraciones sistemáticas al derecho al debido proceso y a las garantías
judiciales, especialmente en contextos de detención migratoria y deportación acelerada. La literatura
señala que muchas personas migrantes mexicanas son privadas de libertad sin una evaluación
individualizada, sin acceso efectivo a asistencia legal y sin información clara sobre sus derechos y
procedimientos, lo que contraviene estándares internacionales básicos de justicia (Bosniak, 2006; CIDH,
2019). Desde una perspectiva jurídica, estas prácticas revelan una normalización de la excepción, donde
la condición migratoria opera como justificación para la suspensión parcial de derechos fundamentales.
El derecho a la unidad familiar emerge como otro ámbito crítico de vulneración. Los estudios revisados
documentan los efectos devastadores de las políticas de detención y deportación en las familias
transnacionales, particularmente en aquellas con estatus migratorio mixto. La separación forzada de
familias genera impactos psicológicos, económicos y sociales de largo plazo, afectando de manera
desproporcionada a niños, niñas y adolescentes (Menjívar & Abrego, 2012). Desde el enfoque de
derechos del niño, estas prácticas resultan incompatibles con el principio del interés superior y con la
obligación estatal de garantizar la protección integral de la infancia.
La revisión también identifica afectaciones significativas al derecho a condiciones de vida dignas,
incluyendo el acceso a salud, trabajo, vivienda y educación. La criminalización de la migración irregular
y el temor a la detención generan barreras estructurales que impiden a las personas migrantes acceder a
servicios básicos, reforzando ciclos de exclusión y precarización (De Genova, 2002). En este sentido, la
literatura destaca que la vulnerabilidad no es inherente a la migración, sino producida por marcos
normativos y prácticas institucionales que colocan a las personas migrantes en situaciones de
indefensión.
Desde una perspectiva interseccional, los estudios revisados subrayan que los impactos en los derechos
humanos no se distribuyen de manera homogénea, sino que se intensifican en función de variables como
género, edad, etnia y condición socioeconómica. Las mujeres migrantes mexicanas enfrentan riesgos