ROL DE LA DIETA ANTIINFLAMATORIA
EN PACIENTES CON ARTRITIS
REUMATOIDE: UNA REVISIÓN DE
LA LITERATURA CIENTÍFICA
ROLE OF THE ANTI-INFLAMMATORY DIET IN
PATIENTS WITH RHEUMATOID ARTHRITIS:
A REVIEW OF THE SCIENTIFIC LITERATURE
Fernanda Monserrath Escamilla Flores
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
Alicia Cervantes Elizarraras
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
Luis Delgado-Olivares
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
Nelly del Socorro Cruz Cansino
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México
pág. 3653
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22500
Rol de la Dieta Antiinflamatoria en Pacientes con Artritis Reumatoide:
Una Revisión de la Literatura Científica
Fernanda Monserrath Escamilla Flores1
monserrath.escamilla11@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-5849-1241
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
México
Alicia Cervantes Elizarraras
alicia_cervantes@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-1432-2882
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
México
Luis Delgado-Olivares
ldelgado@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-3506-8393
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
México
Nelly del Socorro Cruz Cansino
ncruz@uaeh.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-6771-3684
Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
México
RESUMEN
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune inflamatoria crónica que se asocia con dolor
articular persistente, discapacidad funcional y mayor riesgo de comorbilidades cardiovasculares. Sin
embargo, muchos pacientes continúan presentando síntomas residuales, lo que ha impulsado el interés
por intervenciones complementarias relacionadas con el estilo de vida, particularmente la alimentación.
El objetivo del presente trabajo fue revisar la literatura científica sobre el uso de la dieta antiinflamatoria
como estrategia coadyuvante en pacientes con artritis reumatoide, mediante la revisión de artículos
publicados entre 2010 y 2025 donde se hayan evaluado patrones dietéticos antiinflamatorios, como la
dieta mediterránea, dietas basadas en plantas, dietas con bajo índice inflamatorio y la suplementación
con ácidos grasos omega-3. La evidencia revisada indica que estos patrones dietéticos se asocian con
una reducción modesta pero clínicamente relevante del dolor articular, mejoras en la calidad de vida y
beneficios metabólicos y cardiovasculares. De este modo, la dieta mediterránea destaca como el modelo
con mayor respaldo científico, mientras que los ácidos grasos omega-3 muestran efectos consistentes
en la modulación de la inflamación y la sintomatología articular. Lo anterior sustenta que llevar una
dieta antiinflamatoria podría representar una herramienta segura y eficaz como complemento del
tratamiento de la artritis reumatoide, siempre que se implemente de manera individualizada dentro de
un abordaje integral.
Palabras clave: artritis reumatoide, dieta antiinflamatoria, omega-3, inflamación, dieta mediterránea
1
Autor principal
Correspondencia: alicia_cervantes@uaeh.edu.mx
pág. 3654
Role of the Anti-Inflammatory Diet in Patients with Rheumatoid Arthritis:
A Review of the Scientific Literature
ABSTRACT
Rheumatoid arthritis is a chronic inflammatory autoimmune disease associated with persistent joint
pain, functional disability, and an increased risk of cardiovascular comorbidities. Despite advances in
pharmacological treatment, many patients continue to experience residual symptoms, which has spurred
interest in complementary lifestyle interventions, particularly dietary ones. The aim of this study was
to review the scientific literature on the use of an anti-inflammatory diet as an adjunctive strategy in
patients with rheumatoid arthritis. A narrative review was conducted of scientific articles published
mainly between 2010 and 2025, including clinical trials, observational studies, and systematic reviews
that evaluated anti-inflammatory dietary patterns, such as the Mediterranean diet, plant-based diets,
low-inflammatory-index diets, and omega-3 fatty acid supplementation. The reviewed evidence
indicates that these dietary patterns are associated with a modest but clinically relevant reduction in
joint pain, improvements in quality of life, and metabolic and cardiovascular benefits. The
Mediterranean diet stands out as the model with the strongest scientific support, while omega-3 fatty
acids show consistent effects in modulating inflammation and joint symptoms. It is concluded that the
anti-inflammatory diet represents a safe and effective tool as a complement to conventional rheumatoid
arthritis treatment, provided it is implemented individually within a comprehensive approach.
Keywords: rheumatoid arthritis, anti-inflammatory diet, omega-3, inflammation, mediterranean diet
Artículo recibido 15 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 20 enero 2026
pág. 3655
INTRODUCCIÓN
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune inflamatoria crónica caracterizada por
sinovitis persistente, destrucción progresiva de las articulaciones y manifestaciones sistémicas que
afectan de forma significativa la calidad de vida de quienes la padecen (Van den Bruel et al., 2025). Su
prevalencia global se estima entre 0,5 y 1% en la población adulta, con mayor incidencia en mujeres, y
se asocia con un incremento del riesgo cardiovascular y de la mortalidad general (Wang et al., 2024).
El tratamiento convencional de la AR se basa principalmente en el uso de fármacos, tanto sintéticos
como biológicos, los cuales han demostrado eficacia en el control de la actividad inflamatoria y en la
prevención del daño articular (Van den Bruel et al., 2025). No obstante, a pesar de un manejo
farmacológico adecuado, una proporción considerable de pacientes continúa presentando dolor residual,
rigidez, fatiga y limitación funcional, lo que ha impulsado el interés en estrategias complementarias
relacionadas con el estilo de vida, entre ellas la alimentación (Schönenberger et al., 2021).
En los últimos años, diversos estudios han sugerido que determinados patrones dietéticos pueden
modular la inflamación sistémica de bajo grado implicada en la fisiopatología de la AR (Akbar et al.,
2017). En este contexto surge el concepto de dieta antiinflamatoria, entendida como un patrón
alimentario caracterizado por un alto consumo de frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales,
pescado y grasas insaturadas, junto con una reducción del consumo de alimentos ultraprocesados,
azúcares añadidos y grasas saturadas (Arthritis Foundation, 2024).
Entre los modelos dietéticos más estudiados se encuentra la dieta mediterránea, así como las dietas
basadas en plantas y aquellas con bajo índice inflamatorio de la dieta (Dietary Inflammatory Index, DII)
(Porras et al., 2019; Wang et al., 2024). Estos patrones han sido evaluados principalmente en relación
con el dolor articular, la actividad de la enfermedad, los marcadores inflamatorios y las comorbilidades
metabólicas asociadas a la AR (Raad et al., 2024).
Dada la creciente evidencia y la necesidad de integrar la nutrición como parte del abordaje integral de
la AR, el objetivo de este trabajo fue revisar y analizar críticamente la literatura científica disponible
sobre el uso de la dieta antiinflamatoria en pacientes con artritis reumatoide, con énfasis en sus efectos
sobre el dolor, la actividad de la enfermedad y otros desenlaces clínicamente relevantes.
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METODOLOGÍA
Se llevó a cabo una revisión narrativa de la literatura científica con el objetivo de analizar la evidencia
disponible sobre el uso de la dieta antiinflamatoria en pacientes con artritis reumatoide. La revisión se
enfocó en identificar y sintetizar estudios que evaluaran el impacto de distintos patrones dietéticos sobre
el dolor, la actividad de la enfermedad, los marcadores inflamatorios y otros desenlaces clínicamente
relevantes.
La búsqueda bibliográfica se realizó en bases de datos científicas de reconocido prestigio, incluyendo
PubMed/MEDLINE, Embase, Scopus y Google Scholar. Se consideraron artículos publicados
principalmente entre los años 2010 y 2025, priorizando los estudios más recientes y aquellos con mayor
relevancia clínica. Para la identificación de los trabajos se emplearon combinaciones de términos en
inglés relacionados con artritis reumatoide, dieta antiinflamatoria, dieta mediterránea, ácidos grasos
omega-3, índice inflamatorio de la dieta y nutrición.
Se incluyeron ensayos clínicos aleatorizados y no aleatorizados, estudios observacionales (cohortes y
casos y controles), así como revisiones sistemáticas y metaanálisis realizados en población adulta con
diagnóstico de artritis reumatoide. Los estudios debían evaluar intervenciones o exposiciones dietéticas
de tipo antiinflamatorio y reportar resultados relacionados con dolor, actividad de la enfermedad,
marcadores inflamatorios, parámetros metabólicos, calidad de vida o mortalidad.
Se excluyeron investigaciones realizadas exclusivamente en modelos animales o in vitro, estudios
centrados en otras enfermedades reumatológicas sin análisis específico de artritis reumatoide, y trabajos
que evaluaran únicamente suplementos aislados sin considerar el contexto de un patrón dietético global.
Asimismo, se descartaron publicaciones que no contaran con información suficiente para su análisis o
que no estuvieran disponibles en inglés o español.
La información obtenida fue analizada de manera cualitativa, considerando el diseño del estudio, la
población evaluada, el tipo de intervención dietética y los principales resultados reportados. Dado el
enfoque narrativo de esta revisión, no se realizó un metaanálisis ni una evaluación formal del riesgo de
sesgo, sino una integración crítica de los hallazgos con énfasis en su aplicabilidad clínica en el ámbito
de la nutrición.
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Dietas antiinflamatorias y dolor en artritis reumatoide
El dolor articular constituye uno de los principales síntomas de la artritis reumatoide y una de las
principales causas de deterioro funcional. En este sentido, la evidencia más sólida proviene del
metaanálisis realizado por Schönenberger et al. (2021), en el cual se incluyeron ensayos clínicos que
evaluaron diferentes dietas con potencial antiinflamatorio, como la dieta mediterránea, vegetariana,
vegana y cetogénica. Los autores observaron una reducción significativa del dolor medido mediante
escala visual análoga en comparación con las dietas habituales.
De manera consistente, estudios posteriores han señalado que la modificación del patrón dietético puede
generar beneficios modestos pero clínicamente relevantes en la percepción del dolor, especialmente
cuando la intervención se mantiene durante varias semanas (Van den Bruel et al., 2025). Sin embargo,
no todos los estudios mostraron resultados concluyentes, ya que algunos ensayos reportaron mejoras
discretas sin alcanzar significación estadística, lo cual se atribuye principalmente a tamaños muestrales
pequeños y a la heterogeneidad de las intervenciones dietéticas (Porras et al., 2019). En conjunto, estos
hallazgos sugieren que la dieta antiinflamatoria puede contribuir a la reducción del dolor en la AR,
aunque su efecto es variable y dependiente de factores como la adherencia, la duración de la
intervención y las características basales de los pacientes (Schönenberger et al., 2021), por lo que en la
Tabla 1 se muestran algunos componentes que debería de incluir una dieta antiinflamatoria para el
tratamiento de la AR, así como un ejemplo de menú que incluye alimentos con los componentes
antiinflamatorios (Tabla 2).
Dieta mediterránea y actividad de la enfermedad
La dieta mediterránea es el patrón dietético más ampliamente estudiado en pacientes con artritis
reumatoide. Este modelo se caracteriza por un alto consumo de alimentos de origen vegetal, aceite de
oliva como principal fuente de grasa, consumo regular de pescado y bajo aporte de carnes rojas y
productos ultraprocesados (Porras et al., 2019). Como se muestra en la Figura 1, existen diversos
mecanismos mediante los cuales la dieta antiinflamatoria podría participar de forma favorable en la
acción de la artritis reumatoide.
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Figura 1. Mecanismos potenciales de acción de la dieta antiinflamatoria en la artritis reumatoide.
Fuente: Elaboración propia con información de Akbar et al., 2017; Arthritis Foundation, 2024; Papandreou et al., 2023.
Diversos ensayos clínicos han evaluado el efecto de la dieta mediterránea sobre la actividad de la
enfermedad. El estudio MADEIRA (The Mediterranean DiEt In Rheumatoid Arthritis) reportó que una
intervención basada en este patrón dietético se asoció con mejoras en la calidad de vida y con una
tendencia a la disminución de la actividad inflamatoria, aunque no todos los parámetros clínicos
alcanzaron significación estadística (Papandreou et al., 2023). Resultados similares fueron descritos en
el ensayo MEDRA(Mediterranean diet intervention in adults with Rheumatoid Arthritis), donde una
intervención de dieta mediterránea impartida mediante telemedicina mostró mejoras en algunos
componentes del puntaje de calidad de vida de los pacientes y actividad de la enfermedad (DAS-28),
en la actividad física y en la percepción global de salud (Raad et al., 2024).
No obstante, otros estudios han encontrado efectos más limitados, sugiriendo que la dieta mediterránea
por sí sola podría no ser suficiente para inducir cambios significativos en todos los marcadores
inflamatorios, especialmente en pacientes con enfermedad activa o de larga evolución (Porras et al.,
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2019). A pesar de ello, existe consenso en que este patrón dietético aporta beneficios adicionales sobre
el riesgo cardiovascular, un aspecto particularmente relevante en la AR (Wang et al., 2024).
Ácidos grasos omega-3 y modulación de la inflamación
La suplementación con ácidos grasos omega-3 ha sido ampliamente estudiada en la artritis reumatoide
debido a su capacidad para modular la síntesis de eicosanoides y citocinas proinflamatorias (Akbar et
al., 2017). Ensayos clínicos tempranos y revisiones posteriores han demostrado que dosis cercanas a 2
3 g/día de EPA y DHA pueden reducir el número de articulaciones dolorosas y la rigidez matutina
(Geusens et al., 1994; Kostoglou-Athanassiou et al., 2017).
Estudios más recientes han confirmado estos hallazgos, mostrando además mejoras en el perfil lipídico
y una reducción del cociente omega-6/omega-3, lo cual resulta beneficioso tanto para el control de la
inflamación como para la prevención cardiovascular (Wang et al., 2024). Sin embargo, no todos los
ensayos han observado una disminución significativa de los marcadores inflamatorios clásicos, como
la proteína C reactiva, lo que sugiere que el principal beneficio podría estar relacionado con la mejoría
clínica más que con cambios bioquímicos aislados (Akbar et al., 2017). Estos resultados respaldan el
uso de los omega-3 como complemento dentro de un patrón dietético antiinflamatorio, más que como
una intervención aislada.
Índice inflamatorio de la dieta y desenlaces a largo plazo
El índice inflamatorio de la dieta (DII) ha permitido evaluar de forma integral el potencial inflamatorio
de la alimentación. En este sentido, estudios observacionales han mostrado que los pacientes con AR
que siguen dietas con menor DII presentan una mayor ingesta de fibra, vitaminas antioxidantes y
minerales, en comparación con aquellos con dietas proinflamatorias (Wang et al., 2024).
En un análisis de datos de NHANES, se observó que los patrones dietéticos saludables y
antiinflamatorios se asociaron con una menor mortalidad por todas las causas en personas con artritis
reumatoide, aunque una sola medición dietética no fue suficiente para explicar completamente el riesgo
(Wang et al., 2024). Estos hallazgos refuerzan la importancia de la calidad global de la dieta y su
mantenimiento a largo plazo.
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Tabla 1. Componentes principales de una dieta antiinflamatoria en pacientes con AR
Grupo de alimentos
Recomendación práctica
Justificación antiinflamatoria
Verduras y hortalizas
2–3 porciones al día, variedad de
colores
Aportan fibra, vitaminas, minerales y
antioxidantes
Frutas
23 porciones al día, priorizar frutas
enteras
Fuente de vitamina C, polifenoles y
fibra
Leguminosas
47 veces por semana (frijoles,
lentejas, garbanzos)
Sustituyen proteínas animales grasas;
ricas en fibra y micronutrientes
Cereales integrales
Preferir avena, arroz integral, maíz
nixtamalizado, pan integral
Menor carga glucémica y más fibra que
los refinados
Pescado (especialmente azul)
23 veces por semana
Fuente principal de EPA y DHA, con
efecto antiinflamatorio
Grasas saludables
Aceite de oliva, aguacate, nueces,
semillas
Rico en grasas mono y
poliinsaturadas,antioxidantes
Carnes rojas y procesadas
Limitar a consumo ocasional
Asociadas a mayor inflamación y riesgo
cardiovascular
Productos ultraprocesados y
azúcares
Reducir al mínimo (refrescos,
dulces, comida rápida, bollería)
Aumentan la carga glucémica, grasas
trans y aditivos proinflamatorios
Fuente: Elaboración propia con información de Arthritis Foundation, 2024; Porras, et al., 2019; Van den Bruel et al., 2025.
Tabla 2. Ejemplo de menú antiinflamatorio de 7 días para pacientes con artritis reumatoide
Desayuno
Colación
matutina
Comida
Colación
vespertina
Cena
Avena cocida con
leche
semidescremada o
bebida vegetal, 1
cda de chía, canela
y ½ manzana en
cubos
1 puñado
pequeño de
nueces (≈
15 g) + 1
mandarina
Ensalada de nopal
con jitomate, cebolla
y aguacate + Filete de
salmón a la plancha +
½ taza de arroz
integral + Verduras
al vapor
1 yogur natural
sin azúcar + 1
cdita de
semillas de
linaza molida
Tostadas de
Maíz horneadas
con frijoles de
olla, pico de
gallo y ensalada
verde con aceite
de oliva
Omelette de 12
huevos con
espinaca, jitomate
y champiñones + 1
tortilla de maíz + 1
naranja
1 manzana
+ 1 cdita de
crema de
cacahuate
natural
Ensalada de
garbanzos
(garbanzo, pepino,
jitomate, cebolla
morada, perejil, aceite
de oliva y limón) + 1
porción pequeña de
pollo a la plancha
1 puñado
de almendras
+ 1 taza de
té verde
Crema de
calabacita
(preparada con
poco aceite de
oliva) +Tostadas
integrales de
aguacate con
jitomate
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Miércoles
Smoothie de frutos
rojos (fresas,
moras) con yogur
natural, avena y 1
cda de linaza
molida
1 plátano
pequeño
Pescado blanco al
horno con hierbas +
Ensalada de hojas
verdes con zanahoria
rallada, pepino y
aceite de oliva + ½
taza de quinoa
1 taza de
jícama con
limón y chile
en polvo sin
sal
Tacos de lentejas
guisadas con
verduras (en
tortilla de maíz)
+ Ensalada de
col rallada con
zanahoria
Jueves
Pan integral (2
rebanadas) con
aguacate y rodajas
de jitomate + 1
huevo cocido + 1
vaso de agua
simple o té
1 pera + 1
puñito de
semillas de
girasol sin
sal
Ensalada tipo
“mediterránea”:
lechuga, pepino,
jitomate, aceitunas,
un poco de queso
fresco, aceite de oliva
+ Filete de
atún a la plancha +
1 papa pequeña
cocida
1 yogur natural
o kéfir + 1
cdita de chía
Sopa de verduras
+
Enchiladas de
frijol (al horno,
con poca salsa y
queso fresco)
+ Ensalada de
pepino y
zanahoria
Viernes
Atole de avena con
leche
semidescremada o
vegetal (poca
azúcar o sin
azúcar, endulzado
con
canela) + 1 pieza
de fruta (guayaba
o
papaya)
1 puñado
de nueces
mixtas
(nuez,
almendra,
cacahuate
natural)
Filete de pollo a la
plancha con salsa
de jitomate natural
+ ½ taza de arroz
integral + Ensalada
de verduras mixtas
(brócoli, zanahoria,
calabaza)
1 taza de frutas
en cubos
(mezcla de
papaya, piña,
melón)
Tostadas
orneadas de atún
con verdura
(apenas
mayonesa o
yogur natural
para ligar) +
Ensalada de
lechuga y
espinaca
Sábado
Huevos revueltos
con nopales y
cebolla + 2
tortillas
de maíz + 1 vaso
de
agua o té
1 plátano o
1 manzana
+ 1 cdita de
semillas de
chía
Pescado azul
(sardina al comal o
al horno) con
ensalada de
jitomate, cebolla y
aguacate + ½ taza
de frijoles de la olla
+ Ensalada de hojas
verdes
1 yogur
natural + 1
puñado
pequeño de
nueces
Crema de
zanahoria y
jengibre (baja en
grasa) +
Tostadas
integrales con
hummus de
garbanzo
Domingo
Hot cakes de
avena
(avena molida,
huevo, plátano)
preparados en
sartén
antiadherente + 1
porción de fruta
fresca + 1 taza de
1 puñado
de semillas
(calabaza,
girasol) + 1
mandarina
1 filete de pescado
blanco con ¾ de taza
de puré de camote y
acompañado de 1 taza
de ensalada de
zanahoria con betabel
1 ½ de jícama
con pepino
acompañada de
limón y chile
en polvo
1 ½ taza de sopa
de verduras,
acompañada de
60 g de queso
panela asado
Fuente: Elaboración propia con información de Arthritis Foundation, 2024; Pérez Lizaur & Palacios González, 2014.
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CONCLUSIONES
La evidencia científica revisada indica que la dieta antiinflamatoria puede desempeñar un papel
relevante como estrategia coadyuvante en el manejo de la artritis reumatoide. Los estudios analizados
muestran que los patrones dietéticos caracterizados por un alto consumo de alimentos de origen vegetal,
grasas saludables y pescado, junto con una reducción de alimentos ultraprocesados y azúcares añadidos,
se asocian con una disminución del dolor articular y con mejoras modestas en algunos indicadores de
actividad de la enfermedad.
La dieta mediterránea emerge como el modelo dietético con mayor respaldo científico en pacientes con
artritis reumatoide. Aunque sus efectos sobre los marcadores inflamatorios no siempre son consistentes,
este patrón alimentario ha demostrado beneficios sobre la calidad de vida y el perfil cardiovascular,
aspectos de particular importancia dada la elevada carga de comorbilidades asociadas a esta
enfermedad.
Asimismo, la inclusión de ácidos grasos omega-3, ya sea a través de la alimentación o mediante
suplementación, se asocia con una reducción de la sintomatología articular y con efectos favorables
sobre el metabolismo lipídico. No obstante, los resultados sugieren que estos beneficios son mayores
cuando los omega-3 forman parte de un patrón dietético globalmente saludable, y no como una
intervención aislada.
A pesar de los resultados favorables, la evidencia disponible presenta limitaciones importantes, entre
ellas la heterogeneidad de las intervenciones dietéticas, el tamaño reducido de las muestras y la corta
duración de varios estudios. Por ello, la dieta antiinflamatoria no debe considerarse un sustituto del
tratamiento farmacológico, sino un complemento dentro de un abordaje integral de la artritis
reumatoide.
En este contexto, el profesional en nutrición desempeña un papel fundamental en la educación, diseño
e implementación de planes alimentarios individualizados, culturalmente pertinentes y sostenibles a
largo plazo. La integración de la nutrición en el manejo multidisciplinario de la artritis reumatoide
representa una oportunidad para mejorar el control de los síntomas, reducir el riesgo de comorbilidades
y favorecer una mejor calidad de vida en los pacientes.
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