LA CULTURA DE PAZ EN LA ERA DIGITAL:
EXAMINAMO LAS TECNOLOGÍAS
DIGITALES PUEDEN SER UTILIZADAS PARA
PROMOVER LA PAZ Y PREVENIR CONFLICTOS
THE CULTURE OF PEACE IN THE DIGITAL AGE: EXAMINING
HOW DIGITAL TECHNOLOGIES CAN BE USED TO PROMOTE
PEACE AND PREVENT CONFLICTS
Abel Rentería Castillo
Universidad de Guadalajara, México
pág. 3682
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22502
La Cultura de Paz en la Era Digital: Examina cómo las Tecnologías
Digitales Pueden ser Utilizadas para Promover la Paz y Prevenir Conflictos
Abel Rentería Castillo
1
abelr@cusur.udg.mx
https://orcid.org/0009-0001-3074-9157
Universidad de Guadalajara
RESUMEN
Este artículo de revisión analiza la cultura de paz en la era digital, examinando cómo las tecnologías
digitales pueden promover la paz y prevenir conflictos. El objetivo es sintetizar evidencia científica
sobre los retos y oportunidades que emergen del uso de las TIC en contextos educativos y sociales, con
énfasis en la convivencia pacífica, la participación ciudadana y la inclusión digital. La metodología se
desarrolló bajo el enfoque PRISMA 2020, realizando una búsqueda sistemática en bases de datos
académicas reconocidas, con criterios de inclusión centrados en estudios publicados entre 2014 y 2024.
Se seleccionaron investigaciones que abordaron la desinformación, el discurso de odio, la alfabetización
mediática, la educación para la paz, la gobernanza digital y la equidad de acceso. Los hallazgos indican
que, aunque las TIC ofrecen oportunidades para el diálogo, el aprendizaje colaborativo y la
participación ciudadana, también presentan desafíos como la desinformación, la polarización, el acoso
en línea y la brecha digital. Se concluye que la cultura de paz digital requiere un enfoque integral que
combine educación, políticas públicas y responsabilidad de plataformas para garantizar un entorno
inclusivo y pacífico.
Palabras claves: cultura de paz digital, tecnologías digitales, prevención de conflictos
1
Autor principal
Correspondencia: abelr@cusur.udg.mx
pág. 3683
The Culture of Peace in the Digital Age: Examining How Digital
Technologies Can Be Used to Promote Peace and Prevent Conflicts
ABSTRACT
This review article analyzes the culture of peace in the digital age, examining how digital technologies
can promote peace and prevent conflicts. The objective is to synthesize scientific evidence on the
challenges and opportunities that emerge from the use of ICT in educational and social contexts, with
an emphasis on peaceful coexistence, citizen participation, and digital inclusion. The methodology was
developed under the PRISMA 2020 framework, conducting a systematic search in recognized academic
databases, with inclusion criteria focused on studies published between 2014 and 2024. Research
addressing misinformation, hate speech, media literacy, peace education, digital governance, and access
equity was selected. The findings indicate that although ICT offers opportunities for dialogue,
collaborative learning, and citizen participation, it also presents challenges such as misinformation,
polarization, online harassment, and the digital divide. It is concluded that the digital culture of peace
requires an integral approach that combines education, public policies, and platform accountability to
ensure an inclusive and peaceful environment.
Keywords: digital culture of peace, digital technologies, conflict prevention
Artículo recibido 12 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 19 enero 2026
pág. 3684
INTRODUCCIÓN
La cultura de paz se entiende como un conjunto de valores, actitudes, comportamientos y prácticas que
promueven la convivencia pacífica, el respeto a los derechos humanos, la resolución no violenta de
conflictos y la justicia social. En un mundo cada vez más interconectado, la cultura de paz ha adquirido
nuevas dimensiones, debido al papel central que desempeñan las tecnologías digitales en la vida
cotidiana. En este sentido, las TIC no solo transforman la comunicación y la interacción social, sino que
también influyen en la forma en que se construyen narrativas, se gestionan conflictos y se ejerce el
poder en el ámbito público y privado. Por lo tanto, la presente revisión se centra en analizar cómo las
tecnologías digitales pueden contribuir a la promoción de una cultura de paz y a la prevención de
conflictos, así como en identificar los riesgos y desafíos asociados a su uso. La relevancia de este tema
radica en que la digitalización de la sociedad ofrece tanto oportunidades como amenazas para la
convivencia pacífica, por lo que resulta imprescindible comprender su impacto desde una perspectiva
educativa, social y política (UNESCO, 2017; Galtung, 1996).
En las últimas décadas, el acceso masivo a internet y el uso de plataformas digitales han redefinido la
forma en que las personas se informan, se organizan y se movilizan. Este fenómeno ha generado nuevos
escenarios para la construcción de paz, ya que las tecnologías permiten la difusión rápida de mensajes,
la articulación de redes comunitarias y la participación ciudadana en procesos sociales. Sin embargo,
también han surgido nuevas formas de violencia y conflicto, como la desinformación, el discurso de
odio, la polarización y la manipulación de opinión pública (Sunstein, 2018; Tufekci, 2017). En este
contexto, la cultura de paz en la era digital implica no solo el uso responsable de las tecnologías, sino
también la construcción de competencias digitales que permitan a las personas analizar críticamente la
información, reconocer discursos de odio y contribuir a un entorno digital más seguro y respetuoso
(Livingstone, 2014; Rheingold, 2012). De esta manera, la cultura de paz digital se presenta como un
enfoque integral que articula educación, ética, tecnología y participación ciudadana.
Desde el punto de vista teórico, la cultura de paz se relaciona con conceptos como la resolución pacífica
de conflictos, la justicia social, los derechos humanos y la educación para la paz. Galtung (1996)
propuso una visión amplia de la paz, que incluye no solo la ausencia de violencia directa, sino también
la eliminación de las causas estructurales de la violencia, como la desigualdad, la exclusión y la
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injusticia. En este sentido, la cultura de paz se entiende como un proceso que requiere cambios
culturales y estructurales, más allá de la simple gestión de conflictos. En la era digital, esta visión
adquiere nuevas implicaciones, ya que las tecnologías pueden tanto perpetuar como transformar
estructuras de poder y desigualdad. Por ejemplo, la brecha digital puede reproducir desigualdades en el
acceso a información, educación y participación, lo cual afecta la posibilidad de construir sociedades
más justas y pacíficas (van Dijk, 2020; Warschauer, 2003). Por ello, la cultura de paz digital debe incluir
una dimensión de equidad digital y acceso inclusivo a tecnologías.
La educación para la paz, como componente central de la cultura de paz, se ha consolidado como una
estrategia clave para prevenir conflictos y promover valores de convivencia. En este marco, las
tecnologías digitales se convierten en herramientas que pueden ampliar las oportunidades educativas,
facilitando el acceso a recursos, la colaboración y el aprendizaje significativo. La educación digital para
la paz permite el desarrollo de competencias como la empatía, el pensamiento crítico, la comunicación
intercultural y la gestión emocional, que son esenciales para prevenir la violencia y promover relaciones
pacíficas (UNESCO, 2011; Goleman, 1995). Sin embargo, para que las tecnologías cumplan este rol,
es necesario un diseño pedagógico intencional que integre contenidos de paz y convivencia en entornos
digitales, así como estrategias de mediación y acompañamiento que orienten el uso responsable de las
plataformas.
La comunicación digital, por su parte, se ha convertido en un espacio central de interacción social y
política. Las redes sociales y plataformas de mensajería permiten la construcción de comunidades
virtuales y la participación ciudadana en temas de interés público. En este sentido, la tecnología puede
facilitar la creación de espacios de diálogo, cooperación y solidaridad, que son fundamentales para la
cultura de paz. Por ejemplo, el uso de plataformas digitales para promover campañas de sensibilización,
movilización comunitaria o apoyo a víctimas de violencia puede fortalecer la cohesión social y la
empatía colectiva (Jenkins, 2006; Castells, 2012). No obstante, el mismo entorno digital puede ser
utilizado para difundir mensajes de odio, estigmatización y violencia simbólica, lo que requiere
estrategias de prevención y regulación, así como el fortalecimiento de la alfabetización mediática.
La alfabetización mediática y digital es, por tanto, una condición indispensable para la construcción de
una cultura de paz en la era digital.
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Esta competencia implica la capacidad de acceder, analizar, evaluar y crear contenidos de manera crítica
y ética. En un contexto donde la información circula de forma masiva y rápida, la alfabetización
mediática permite identificar noticias falsas, comprender la manipulación informativa y discernir entre
fuentes confiables y no confiables (Hobbs, 2010; McDougall, 2019).
La alfabetización digital también involucra el uso responsable de las tecnologías, el respeto a la
privacidad y la comprensión de las implicaciones éticas del entorno digital. En consecuencia, la cultura
de paz digital requiere políticas educativas que integren la alfabetización mediática como eje
transversal, promoviendo prácticas de consumo crítico de información y de comunicación respetuosa.
Un aspecto clave de la cultura de paz en la era digital es la prevención del discurso de odio y la violencia
simbólica. Las plataformas digitales, debido a su alcance y velocidad, pueden amplificar mensajes que
fomentan la discriminación, el racismo, la xenofobia o la violencia contra grupos vulnerables. Este
fenómeno no solo afecta a las víctimas directas, sino que también genera un clima de polarización y
conflicto social. Por ello, es fundamental promover estrategias de prevención, como la moderación de
contenidos, la regulación de plataformas, y la educación en valores de respeto y diversidad. Además, la
participación activa de los usuarios en la denuncia y contrarresto del discurso de odio puede contribuir
a la construcción de entornos digitales más seguros y pacíficos (Benesch, 2012; Munger, 2017). La
cultura de paz digital, entonces, requiere no solo habilidades técnicas, sino también un compromiso
ético y ciudadano en el uso de tecnologías.
Otro elemento relevante es el papel de las tecnologías digitales en la construcción de identidad y
pertenencia social. Las plataformas permiten que las personas se expresen, se conecten con
comunidades afines y construyan narrativas colectivas. Esto puede favorecer la inclusión social y la
construcción de sentido comunitario, elementos esenciales para la paz. Sin embargo, también puede
generar procesos de radicalización y polarización, cuando los usuarios se agrupan en burbujas de
información que refuerzan prejuicios y estereotipos (Sunstein, 2018; Pariser, 2011). En este sentido, la
cultura de paz digital debe promover la apertura al diálogo, la diversidad de opiniones y la capacidad
de convivir con la diferencia. Las tecnologías pueden ser utilizadas para crear espacios de encuentro
intercultural y de diálogo constructivo, lo cual contribuye a reducir la intolerancia y fortalecer la
cohesión social.
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En términos de prevención de conflictos, las tecnologías digitales ofrecen herramientas para la
detección temprana de tensiones sociales, la mediación y la resolución de conflictos. Por ejemplo, el
análisis de datos y el monitoreo de redes sociales pueden identificar patrones de violencia, discursos de
odio o crisis emergentes, permitiendo una intervención oportuna (Gorwa, 2019; Suler, 2004). Las
plataformas digitales pueden facilitar procesos de mediación en línea, donde las partes en conflicto
puedan dialogar de manera estructurada y con apoyo de facilitadores. Sin embargo, estas herramientas
también plantean desafíos éticos relacionados con la privacidad, la vigilancia y el uso de datos
personales, por lo que es necesario establecer marcos normativos y principios de ética digital que
garanticen el respeto a los derechos humanos.
La cultura de paz en la era digital requiere una visión integral que articule educación, políticas públicas,
participación ciudadana y responsabilidad social de las plataformas tecnológicas. La promoción de la
paz no puede delegarse únicamente a los usuarios o a los docentes; requiere la colaboración de
gobiernos, instituciones educativas, empresas tecnológicas y sociedad civil. En este sentido, los marcos
internacionales, como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, enfatizan la importancia de la
educación para la paz, la inclusión digital y la reducción de desigualdades (ONU, 2015).
La UNESCO ha destacado la necesidad de promover la alfabetización mediática y la educación en
derechos humanos como estrategias clave para construir sociedades más pacíficas (UNESCO, 2017).
Por tanto, la cultura de paz digital se configura como un desafío contemporáneo que exige una respuesta
colectiva y articulada, basada en principios de justicia, equidad, participación y respeto a la dignidad
humana.
Contexto y Relevancia del Estudio
En la actualidad, la digitalización ha transformado profundamente las formas de comunicación,
interacción social y acceso a la información. Las tecnologías digitales, especialmente las redes sociales,
plataformas de mensajería y herramientas de colaboración, han modificado la manera en que las
personas construyen sus identidades, se relacionan con otros y participan en la vida pública (Castells,
2012). Este cambio ha generado nuevas oportunidades para la construcción de comunidad y la
participación ciudadana, pero también ha intensificado fenómenos como la polarización, la
desinformación y el discurso de odio, que afectan la convivencia social y generan conflictos (Sunstein,
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2018; Tufekci, 2017). En este contexto, la cultura de paz se presenta como un enfoque necesario para
promover valores de respeto, tolerancia y resolución pacífica de conflictos en entornos digitales.
La relevancia del estudio radica en que la cultura de paz ya no es únicamente un objetivo de la educación
formal o de la diplomacia internacional, sino que se ha convertido en un reto cotidiano en los espacios
digitales. La posibilidad de difundir mensajes de manera masiva y rápida hace que las plataformas
digitales puedan ser usadas tanto para promover la paz como para generar violencia simbólica,
discriminación o incitación al conflicto (UNESCO, 2017). Por ello, es fundamental analizar cómo las
tecnologías digitales pueden convertirse en herramientas para la prevención de conflictos y la
promoción de la convivencia pacífica, a través de estrategias de alfabetización mediática, educación en
ciudadanía digital y construcción de espacios de diálogo. Además, la pandemia de COVID-19 evidenció
la importancia de las tecnologías digitales en la educación y la vida social, pero también mostró el
aumento de fenómenos negativos como la desinformación y el ciberacoso, lo que refuerza la necesidad
de desarrollar una cultura de paz digital (UNESCO, 2020).
Fundamentación Teórica
La cultura de paz se fundamenta en una concepción amplia de la paz, que va más allá de la ausencia de
violencia directa e incluye la transformación de las estructuras que generan desigualdad, exclusión y
conflicto (Galtung, 1996). Desde esta perspectiva, la paz se entiende como un proceso social y cultural
que requiere el desarrollo de valores, actitudes y competencias que favorezcan la convivencia, la justicia
social y la resolución no violenta de conflictos. La educación para la paz, como estrategia central de
este enfoque, busca formar individuos capaces de analizar críticamente la realidad, comprender la
diversidad cultural, gestionar emociones y participar en procesos democráticos de manera responsable
(UNESCO, 2011). En la era digital, estas competencias se vuelven esenciales, pues las tecnologías no
solo facilitan la comunicación, sino que también influyen en la construcción de narrativas, la formación
de opinión pública y la organización social (Castells, 2012).
Las tecnologías digitales se conciben como espacios simbólicos donde se construyen identidades y se
negocian significados sociales. En este sentido, la teoría de la comunicación mediada por computadora
sostiene que las interacciones digitales pueden intensificar tanto la cooperación como la confrontación,
dependiendo del diseño de las plataformas, las normas de uso y la cultura de los usuarios (Walther,
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1996). La teoría del capital social digital plantea que las redes digitales pueden fortalecer la cohesión
social, la confianza y la colaboración, si se promueve la participación constructiva y el intercambio de
información útil (Putnam, 2000; Wellman & Haythornthwaite, 2002). Sin embargo, la digitalización
también ha generado fenómenos de fragmentación social, donde los usuarios se agrupan en
comunidades cerradas que refuerzan prejuicios y discursos polarizantes, lo que puede incrementar el
riesgo de conflicto (Pariser, 2011; Sunstein, 2018).
La alfabetización mediática y digital es una dimensión clave para la cultura de paz en la era digital, ya
que permite a los individuos interpretar y evaluar críticamente la información, reconocer sesgos y
manipulación, y desarrollar un uso ético de las tecnologías (Hobbs, 2010). La educación en
alfabetización mediática contribuye a prevenir la difusión de noticias falsas y a reducir el impacto de la
desinformación, que puede generar tensiones sociales y conflictos (McDougall, 2019). Además, la
alfabetización digital incluye el desarrollo de competencias relacionadas con la seguridad en línea, la
privacidad y el comportamiento responsable, aspectos esenciales para prevenir el ciberacoso y la
violencia digital (Livingstone, 2014). En consecuencia, la cultura de paz digital requiere no solo
habilidades técnicas, sino también un enfoque ético y crítico que promueva la empatía, el respeto y la
participación democrática.
La teoría de la resolución de conflictos ofrece un marco para entender cómo las tecnologías digitales
pueden ser utilizadas como herramientas de mediación y prevención. La resolución pacífica de
conflictos se basa en la comunicación efectiva, la negociación, la empatía y la búsqueda de soluciones
que satisfagan las necesidades de las partes (Deutsch, 1973). En entornos digitales, estas competencias
pueden ser fortalecidas a través de plataformas de diálogo, espacios de mediación en línea y recursos
educativos que promuevan la gestión emocional y la convivencia pacífica. Sin embargo, para que esto
ocurra, es necesario que las tecnologías estén acompañadas de políticas públicas, marcos éticos y
estrategias educativas que orienten su uso hacia la paz y la justicia social (UNESCO, 2017).
Problemática
A pesar del potencial de las tecnologías digitales para promover la paz, la realidad muestra que también
pueden ser utilizadas como instrumentos de conflicto, manipulación y violencia simbólica. Uno de los
problemas más significativos es la desinformación, que se difunde rápidamente en redes sociales y
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puede generar pánico, polarización y conflictos sociales. La desinformación se ha convertido en un
fenómeno global que afecta la confianza en instituciones, la cohesión social y la toma de decisiones
informadas (Tufekci, 2017). En este sentido, la incapacidad de los usuarios para distinguir información
veraz de falsedades contribuye a la propagación de rumores y narrativas que pueden incitar al odio o a
la violencia, especialmente en contextos de crisis o elecciones. Por ello, la cultura de paz digital requiere
estrategias de alfabetización mediática y regulación de contenidos para prevenir el impacto negativo de
la desinformación (Hobbs, 2010).
Otro problema relevante es el discurso de odio y la violencia simbólica en plataformas digitales. El
anonimato y la difusión masiva facilitan la propagación de mensajes que promueven la discriminación,
el racismo, la xenofobia o la violencia contra grupos vulnerables. Estos mensajes no solo afectan a las
víctimas directas, sino que también generan un clima de tensión y polarización social, lo que incrementa
el riesgo de conflictos reales (Benesch, 2012). Además, el discurso de odio puede normalizar actitudes
violentas y reforzar estereotipos, lo que dificulta la convivencia pacífica. Por ello, la prevención del
discurso de odio es un componente esencial de la cultura de paz digital, que requiere tanto la moderación
de contenidos como la educación en valores y la promoción del respeto a la diversidad.
La polarización es otro fenómeno que afecta la cultura de paz en la era digital. Las plataformas digitales
pueden generar cámaras de eco, donde los usuarios se exponen principalmente a contenidos que
refuerzan sus creencias, lo que disminuye la tolerancia hacia opiniones diferentes y aumenta la
confrontación (Pariser, 2011). La polarización no solo afecta el diálogo público, sino que también puede
fragmentar comunidades y aumentar la desconfianza social, lo que dificulta la resolución pacífica de
conflictos. En este contexto, es necesario promover espacios digitales que fomenten el diálogo
intercultural, la deliberación y la convivencia con la diferencia, así como la educación en habilidades
de comunicación y pensamiento crítico (Sunstein, 2018).
La brecha digital representa un problema estructural que limita la equidad en el acceso a oportunidades
digitales. La desigualdad en el acceso a internet, dispositivos y competencias digitales reproduce
exclusión social y limita la participación en procesos educativos y ciudadanos (van Dijk, 2020;
Warschauer, 2003). Esta desigualdad no solo afecta el acceso a la información, sino también la
capacidad de participar en la construcción de narrativas y en la toma de decisiones colectivas.
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Por tanto, la cultura de paz digital debe incluir una dimensión de justicia digital, que garantice acceso
equitativo a tecnologías, formación digital y oportunidades de participación para todos los grupos
sociales.
Objetivos y Preguntas de Investigación
El objetivo principal de este artículo de revisión es analizar cómo las tecnologías digitales pueden
contribuir a la promoción de una cultura de paz y la prevención de conflictos, identificando tanto
oportunidades como riesgos asociados a su uso en contextos educativos y sociales. En particular, se
busca sintetizar evidencia científica sobre el papel de las TIC en la construcción de convivencia pacífica,
la prevención del discurso de odio, la alfabetización mediática y la reducción de la polarización digital.
Se pretende identificar las barreras que dificultan la implementación de estrategias digitales orientadas
a la paz, así como las prácticas exitosas que pueden servir como referencia para la educación y las
políticas públicas.
Las preguntas de investigación que guían el estudio son las siguientes:
¿De qué manera las tecnologías digitales pueden promover una cultura de paz en el ámbito
educativo y social?
¿Cuáles son los principales retos y riesgos asociados al uso de tecnologías digitales en la prevención
de conflictos?
¿Qué estrategias educativas y políticas públicas han demostrado ser efectivas para fortalecer la
cultura de paz digital?
METODOLOGÍA
Enfoque metodológico
Este estudio adopta un enfoque de revisión sistemática de la literatura basado en el marco PRISMA
2020 (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses). El propósito principal es
identificar, seleccionar y sintetizar evidencia científica sobre la integración de tecnologías digitales en
la promoción de la cultura de paz y la prevención de conflictos. La metodología PRISMA permite
garantizar transparencia, rigor y replicabilidad en el proceso de búsqueda, selección y análisis de los
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estudios incluidos (Page et al., 2021). La revisión se desarrolló siguiendo las etapas de identificación,
selección, elegibilidad e inclusión, asegurando un proceso sistemático y documentado.
Criterios de inclusión y exclusión
Se definieron criterios de inclusión para garantizar la relevancia y calidad de los estudios. Se incluyeron
artículos académicos publicados entre 2014 y 2024, en idioma español o inglés, que abordaran la
relación entre tecnologías digitales y cultura de paz, prevención de conflictos, educación para la paz,
alfabetización mediática o ciudadanía digital. Se consideraron estudios empíricos, revisiones, marcos
teóricos y artículos de opinión académica, siempre que aportaran evidencia o análisis sobre el tema. Se
excluyeron documentos no académicos (como noticias, blogs o publicaciones no revisadas por pares),
artículos anteriores a 2014, estudios centrados exclusivamente en aspectos técnicos de la tecnología sin
relación con paz o convivencia, y textos que no estuvieran disponibles en texto completo.
Estrategia de búsqueda
La búsqueda de literatura se realizó en bases de datos académicas reconocidas, tales como Scopus, Web
of Science, ERIC, Google Scholar, SciELO y Redalyc. Se utilizaron combinaciones de palabras clave
en español e inglés, empleando operadores booleanos para ampliar o restringir la búsqueda. Entre los
términos utilizados se incluyeron: “cultura de paz”, “educación para la paz”, “paz digital”, “tecnologías
digitales”, “redes sociales”, “alfabetización mediática”, “discursos de odio”, “ciberacoso”, “prevención
de conflictos y “ciudadanía digital”. La búsqueda se documentó mediante tablas de registro que
incluyeron la base de datos, términos utilizados, fecha de búsqueda y número de resultados obtenidos.
Proceso de selección (PRISMA)
El proceso de selección se realizó en cuatro fases, conforme a la ga PRISMA 2020 (Page et al., 2021):
Identificación: Se registraron todos los artículos encontrados en las bases de datos mediante la
búsqueda sistemática. Se eliminaron duplicados utilizando herramientas bibliográficas (por
ejemplo, Mendeley o Zotero).
Selección: Se realizó una lectura de títulos y resúmenes para evaluar la pertinencia de los estudios
respecto al tema central (cultura de paz digital y prevención de conflictos). Los artículos que no
cumplían con los criterios de inclusión fueron excluidos.
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Elegibilidad: Se accedió al texto completo de los artículos preseleccionados y se evaluó su
relevancia, calidad metodológica y aportes al estudio. Se verificó que los estudios incluyeran
evidencia o análisis sobre tecnologías digitales y cultura de paz, o temas afines como alfabetización
mediática y ciudadanía digital.
Inclusión: Se incluyeron los artículos que cumplían los criterios de elegibilidad y que aportaban
información significativa para responder a las preguntas de investigación. Se registró el número
final de estudios incluidos y se justificaron las exclusiones en cada etapa.
Extracción y análisis de datos
Se elaboró una matriz de extracción de datos para sistematizar la información relevante de cada estudio.
Esta matriz incluyó: autor(es), año, país o contexto, tipo de estudio, objetivo, metodología, principales
hallazgos y aportes al tema. A partir de esta información, se realizó un análisis cualitativo temático para
identificar patrones, tendencias y relaciones entre los estudios.
Categorías de análisis
Para organizar la síntesis de resultados, se definieron las siguientes categorías analíticas:
Retos y barreras de la cultura de paz digital: dificultades para promover convivencia pacífica en
entornos digitales (desinformación, discurso de odio, polarización).
Oportunidades para la promoción de paz en el entorno digital: usos de tecnologías para diálogo,
participación ciudadana, campañas de sensibilización y mediación.
Alfabetización mediática y competencias digitales para la paz: habilidades críticas, ética digital y
ciudadanía responsable.
Educación para la paz y tecnologías digitales: estrategias pedagógicas, recursos educativos y
programas formativos.
Políticas públicas y responsabilidad de plataformas: marcos normativos, regulación de contenidos
y responsabilidad social de empresas tecnológicas.
Prevención de conflictos y mediación digital: herramientas de detección, monitoreo y resolución de
conflictos en línea.
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Equidad digital y acceso inclusivo: brecha digital y desigualdades en el acceso a tecnologías y
oportunidades de participación.
El análisis se realizó mediante un enfoque de síntesis narrativa, donde se compararon los hallazgos de
los estudios incluidos, identificando convergencias y divergencias.
Se integraron los resultados en función de las categorías analíticas para responder las preguntas de
investigación y proporcionar un marco interpretativo coherente.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Retos y barreras de la cultura de paz digital
La cultura de paz digital enfrenta retos estructurales, sociales y tecnológicos que limitan su desarrollo.
Uno de los problemas más relevantes es la desinformación, fenómeno que se propaga con rapidez en
redes sociales y plataformas digitales debido a la lógica algorítmica de recomendación y a la velocidad
de difusión de contenidos. La desinformación no solo afecta la calidad del debate público, sino que
puede provocar pánico social, polarización y conflictos reales, especialmente en contextos de crisis
política o sanitaria (Tufekci, 2017). En esta línea, la literatura ha mostrado que la desinformación se
sostiene en la falta de alfabetización mediática, en la manipulación de emociones y en la lógica de
“viralidad” que prioriza la atención sobre la veracidad (Hobbs, 2010). Esto se convierte en un obstáculo
directo para la cultura de paz, pues impide la construcción de narrativas compartidas basadas en la
verdad y la confianza social.
El discurso de odio se configura como una barrera significativa para la convivencia pacífica en entornos
digitales. La violencia simbólica, el racismo, la xenofobia y la discriminación se reproducen y
amplifican en redes sociales, generando un clima de agresividad y deshumanización. El anonimato y la
distancia psicológica en la comunicación mediada por computadora favorecen la desinhibición y el uso
de lenguaje ofensivo, lo que contribuye a normalizar actitudes violentas (Suler, 2004). Benesch (2012)
sostiene que el discurso de odio no solo afecta a las víctimas directas, sino que crea un clima de miedo
y exclusión que limita la participación democrática y la cohesión social. Por tanto, el desafío consiste
en promover una cultura digital que sancione la violencia simbólica, fomente el respeto y reduzca la
impunidad en el uso de plataformas digitales.
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La polarización es otro reto central. En el entorno digital, las personas tienden a conformar “cámaras
de eco” donde se expone principalmente información que refuerza sus creencias y se evita el contacto
con perspectivas contrarias. Pariser (2011) describe cómo los algoritmos de personalización generan
burbujas informativas que limitan la diversidad de opiniones, lo que incrementa la intolerancia y la
confrontación.
Sunstein (2018) añade que la polarización se intensifica cuando los usuarios se organizan en
comunidades cerradas, donde se legitima la descalificación del “otro” y se amplifican discursos
radicales. Este fenómeno tiene implicaciones directas para la cultura de paz, porque dificulta el diálogo,
la empatía y la resolución pacífica de conflictos, pilares fundamentales de una convivencia pacífica.
La brecha digital constituye un problema estructural que afecta la equidad y la justicia social. Van Dijk
(2020) señala que el acceso desigual a internet y dispositivos reproduce desigualdades sociales,
limitando el acceso a educación, información y participación ciudadana. Warschauer (2003) agrega que
la brecha digital no se reduce solo al acceso físico, sino también a la calidad de uso y a la capacidad de
aprovechar las tecnologías para fines educativos y productivos. En términos de cultura de paz, la brecha
digital se convierte en una barrera para la inclusión, pues impide que ciertos grupos participen en
procesos de diálogo, aprendizaje y construcción de paz. En consecuencia, la cultura de paz digital debe
incluir una dimensión de justicia digital, donde el acceso y la participación sean derechos universales.
Otro reto es la falta de regulación y responsabilidad de plataformas. Las empresas tecnológicas operan
con lógicas comerciales que priorizan el engagement y el crecimiento de usuarios, lo que puede entrar
en conflicto con la promoción de un entorno digital pacífico. La moderación de contenidos, la
transparencia algorítmica y la responsabilidad ética de las plataformas son temas cruciales. Gorwa
(2019) y otros estudios sobre gobernanza digital sostienen que la regulación debe equilibrar la libertad
de expresión con la protección frente al odio y la desinformación, sin caer en la censura. Esto implica
la necesidad de marcos normativos y políticas públicas que orienten el uso de plataformas hacia la
convivencia pacífica.
La ciberseguridad y el acoso digital representan barreras significativas. El ciberacoso, el grooming y la
exposición a contenido violento afectan la salud mental y la seguridad de las personas, especialmente
de jóvenes. Livingstone (2014) subraya que la seguridad en línea y la protección de la privacidad son
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componentes esenciales de la ciudadanía digital. Cuando estos elementos se debilitan, se generan
entornos de miedo y vulnerabilidad que dificultan la construcción de confianza y convivencia pacífica.
Por ello, la cultura de paz digital debe incluir estrategias de prevención del acoso y de protección de
derechos digitales, integrando educación, políticas y herramientas tecnológicas.
Los retos de la cultura de paz digital son múltiples y se articulan en dimensiones informativas,
simbólicas, sociales y estructurales. Para superarlos, se requiere una respuesta integral que combine
educación, regulación, participación ciudadana y responsabilidad institucional. Solo así será posible
transformar las tecnologías digitales en herramientas para la paz, en lugar de espacios de conflicto.
Oportunidades para la promoción de paz en el entorno digital
A pesar de los retos, las tecnologías digitales ofrecen oportunidades significativas para promover la
cultura de paz y prevenir conflictos. Una de las principales oportunidades es el potencial de
comunicación y diálogo que ofrecen las plataformas digitales. Las redes sociales y herramientas de
mensajería permiten la creación de comunidades virtuales, el intercambio de ideas y la organización de
acciones colectivas. Castells (2012) describe cómo la sociedad en red permite una nueva forma de
participación social y política, donde los ciudadanos pueden movilizarse y construir agendas colectivas.
En este sentido, las tecnologías pueden facilitar la construcción de espacios de diálogo y solidaridad,
promoviendo la empatía y la cooperación.
En el ámbito educativo, las tecnologías digitales permiten el desarrollo de proyectos colaborativos y
experiencias de aprendizaje basadas en la participación activa. La colaboración digital fomenta
habilidades de trabajo en equipo, comunicación intercultural y resolución de problemas, que son
esenciales para la cultura de paz. Vygotsky (1978) sostiene que el aprendizaje se construye socialmente
y que la interacción es un componente clave del desarrollo cognitivo. En entornos digitales, esta
interacción puede ampliarse más allá del aula, permitiendo la colaboración con estudiantes de diferentes
contextos y culturas, lo que fortalece la comprensión intercultural y la tolerancia.
Otra oportunidad es la ampliación del acceso a información y recursos educativos. Las plataformas
digitales ofrecen acceso a materiales educativos, recursos de formación y contenidos sobre derechos
humanos, educación para la paz y resolución de conflictos. UNESCO (2011) destaca la importancia de
la educación para la paz como estrategia para prevenir conflictos y promover la convivencia. En este
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marco, las tecnologías digitales pueden ser herramientas de democratización del conocimiento,
permitiendo que más personas accedan a contenidos que promuevan valores de respeto y justicia social.
La educación digital puede ser flexible y adaptativa, favoreciendo el aprendizaje autónomo y la
inclusión de diferentes estilos de aprendizaje.
La tecnología también ofrece oportunidades para la participación ciudadana y la construcción de
ciudadanía digital. Las plataformas digitales permiten la participación en procesos de deliberación
pública, consultas ciudadanas y campañas de sensibilización. Jenkins (2006) destaca la importancia de
la participación en medios digitales como forma de cultura participativa, donde los ciudadanos no solo
consumen contenido, sino que también lo producen y lo comparten. Esta participación activa puede
fortalecer la democracia y la convivencia pacífica, siempre que se acompañe de educación en
pensamiento crítico y ética digital.
Además, las tecnologías digitales pueden ser utilizadas para la mediación y resolución de conflictos.
Herramientas digitales como foros de discusión, plataformas de mediación en línea y recursos de apoyo
emocional pueden facilitar el diálogo entre partes en conflicto. La teoría de la resolución de conflictos
sostiene que la comunicación efectiva, la negociación y la empatía son componentes clave para la
solución pacífica de conflictos (Deutsch, 1973). En entornos digitales, estas competencias pueden
desarrollarse mediante actividades guiadas, programas de mediación escolar y recursos de educación
emocional. Esto se convierte en una oportunidad para intervenir tempranamente en conflictos y
promover estrategias de convivencia.
Las tecnologías ofrecen oportunidades para la sensibilización y movilización social. Las campañas
digitales pueden visibilizar problemáticas sociales, apoyar a víctimas de violencia y promover valores
de respeto y solidaridad. Las tecnologías permiten amplificar voces y generar impacto social,
contribuyendo a la construcción de una cultura de paz. Sin embargo, es importante que estas iniciativas
se diseñen con criterios éticos y pedagógicos, evitando la manipulación y el sensacionalismo.
Las oportunidades para promover la cultura de paz en entornos digitales son amplias y variadas. Las
tecnologías pueden facilitar el diálogo, la educación, la participación ciudadana y la mediación de
conflictos. No obstante, su potencial depende de la intencionalidad pedagógica, la formación en
pág. 3698
competencias digitales y la construcción de marcos éticos y normativos que orienten su uso hacia la
convivencia pacífica.
Alfabetización mediática y competencias digitales para la paz
La alfabetización mediática y digital es un componente esencial para la cultura de paz en la era digital.
Hobbs (2010) define la alfabetización mediática como la capacidad de acceder, analizar, evaluar y crear
contenidos de manera crítica y ética. Esta competencia se vuelve indispensable en un contexto donde
la información circula masivamente y se produce una saturación informativa. La alfabetización
mediática permite distinguir entre fuentes confiables y manipuladas, identificar sesgos y reconocer la
intención comunicativa detrás de un mensaje. En términos de cultura de paz, esto significa que los
ciudadanos pueden participar en el debate público de manera informada y responsable, reduciendo la
influencia de la desinformación y la manipulación.
La educación en alfabetización digital también incluye la seguridad en línea, la protección de la
privacidad y el comportamiento ético. Livingstone (2014) sostiene que la ciudadanía digital implica
competencias para navegar de forma segura, proteger datos personales y actuar con responsabilidad.
Esto es crucial para prevenir el ciberacoso y la violencia digital, que son barreras para la convivencia
pacífica. Cuando los usuarios comprenden los riesgos y desarrollan habilidades de protección, se reduce
la vulnerabilidad y se promueve un entorno más seguro.
La alfabetización digital está vinculada con el desarrollo de pensamiento crítico y habilidades de
análisis. McDougall (2019) señala que la desinformación y las noticias falsas se combaten con
pensamiento crítico, evaluación de fuentes y comprensión de la lógica mediática. En el contexto de la
cultura de paz, el pensamiento crítico permite cuestionar discursos polarizantes, reconocer estereotipos
y promover una visión más inclusiva de la realidad. La educación para la paz debe incluir actividades
que desarrollen estas habilidades, como análisis de noticias, debates, proyectos de investigación y
creación de contenidos responsables.
Otra competencia relevante es la ética digital, que implica el respeto por la dignidad humana, la
tolerancia y la responsabilidad en la comunicación. Rheingold (2012) sostiene que la ciudadanía digital
requiere habilidades de participación ética, cooperación y respeto. En entornos digitales, la ética se
vuelve esencial para prevenir el discurso de odio y la violencia simbólica. La cultura de paz digital
pág. 3699
exige que los usuarios comprendan el impacto de sus palabras y acciones en nea, y que se
comprometan con el respeto a la diversidad.
La alfabetización digital también implica la capacidad de crear contenido de forma responsable. La
producción digital puede ser una herramienta para la educación, la sensibilización y la construcción de
narrativas de paz.
Cuando los usuarios producen contenido crítico y respetuoso, se fortalece la cultura de paz y se
promueve una comunicación constructiva. En este sentido, la alfabetización mediática no solo se limita
al consumo, sino que incluye la producción y la participación activa.
La alfabetización mediática y las competencias digitales son pilares fundamentales para la cultura de
paz. Estas competencias permiten identificar y combatir la desinformación, prevenir el discurso de odio,
promover la seguridad en línea y desarrollar pensamiento crítico. Por tanto, la educación digital debe
integrar estas competencias de manera transversal, como parte de la formación integral de ciudadanos
responsables.
Educación para la paz y tecnologías digitales
La educación para la paz es un componente central de la cultura de paz y se entiende como un proceso
formativo que busca desarrollar valores, actitudes y competencias para la convivencia pacífica.
UNESCO (2011) sostiene que la educación para la paz promueve el respeto a los derechos humanos, la
tolerancia, la resolución no violenta de conflictos y la participación democrática. En la era digital, la
educación para la paz se enfrenta al desafío de integrar tecnologías digitales de manera intencional y
crítica, para aprovechar su potencial pedagógico sin caer en usos superficiales o contraproducentes.
La integración de tecnologías digitales en la educación para la paz puede facilitar el desarrollo de
competencias emocionales y sociales, como la empatía, la comunicación asertiva y la gestión de
conflictos. Goleman (1995) destaca la importancia de la inteligencia emocional en la convivencia y en
la resolución de conflictos. Las tecnologías pueden apoyar este proceso mediante recursos educativos
que promuevan la reflexión, la empatía y la autorregulación emocional. Por ejemplo, plataformas de
aprendizaje pueden incluir actividades de simulación, juegos educativos y espacios de discusión guiada,
que favorecen el desarrollo de habilidades socioemocionales.
pág. 3700
Las tecnologías digitales pueden facilitar el aprendizaje colaborativo y el trabajo en equipo, que son
esenciales para la cultura de paz. Vygotsky (1978) sostiene que el aprendizaje se construye socialmente
y que la interacción es clave para el desarrollo. En entornos digitales, la colaboración puede extenderse
a contextos internacionales, permitiendo la interacción con estudiantes de diferentes culturas y
promoviendo la comprensión intercultural. Esto contribuye a reducir prejuicios y fortalecer la
tolerancia, elementos esenciales de la cultura de paz.
La educación para la paz también puede beneficiarse del uso de tecnologías para la creación de
contenido y la participación ciudadana. Jenkins (2006) destaca que los medios digitales permiten a los
ciudadanos producir contenido y participar activamente en la cultura. En este sentido, los estudiantes
pueden crear campañas de sensibilización, videos, podcasts y proyectos multimedia que promuevan
valores de paz y convivencia. Estas actividades no solo fortalecen competencias digitales, sino que
también promueven el compromiso social y la participación democrática.
No obstante, la integración de tecnologías en la educación para la paz requiere un diseño pedagógico
intencional. No basta con usar herramientas digitales; es necesario que las actividades estén orientadas
a objetivos de paz, como la resolución de conflictos, el diálogo y el respeto a la diversidad. La teoría de
la educación para la paz sostiene que el aprendizaje debe ser significativo, participativo y crítico
(UNESCO, 2011). Por ello, las tecnologías deben ser utilizadas como mediadoras de procesos
formativos, no como simples instrumentos de acceso a información.
La educación para la paz en la era digital tiene un gran potencial para promover competencias de
convivencia, empatía y participación democrática. Las tecnologías digitales pueden facilitar el
aprendizaje colaborativo, la creación de contenido y la participación ciudadana. Sin embargo, su
impacto depende de un diseño pedagógico intencional y de la formación docente en estrategias de
educación para la paz digital.
Políticas públicas y responsabilidad de plataformas
Las políticas públicas y la responsabilidad de las plataformas tecnológicas son componentes esenciales
para la cultura de paz digital. La regulación de contenidos, la transparencia algorítmica y la protección
de derechos digitales son temas centrales en la gobernanza de internet. Gorwa (2019) sostiene que la
gobernanza digital requiere marcos normativos que equilibren la libertad de expresión con la protección
pág. 3701
frente al odio y la desinformación. En este sentido, las políticas públicas deben orientar el uso de
plataformas hacia la convivencia pacífica, estableciendo mecanismos de moderación, sanción y
prevención.
La responsabilidad de las plataformas es un tema controversial, ya que las empresas tecnológicas operan
con lógicas comerciales que priorizan el engagement. Esto puede generar incentivos para amplificar
contenido polarizante o sensacionalista, lo que afecta la cultura de paz. Por ello, es necesario que las
plataformas asuman una responsabilidad social, implementando políticas de moderación efectiva,
transparencia y protección de usuarios. Además, la regulación debe incluir mecanismos de rendición de
cuentas y participación ciudadana en la definición de normas.
En el ámbito educativo, las políticas públicas deben promover la alfabetización mediática y digital como
parte de la formación ciudadana. UNESCO (2017) destaca la importancia de la alfabetización mediática
para la convivencia pacífica y la prevención de conflictos. Por tanto, los gobiernos deben incluir
programas de educación digital en el currículo escolar, así como estrategias de formación docente y
recursos educativos. Estas políticas deben ser integrales y sostenibles, evitando iniciativas aisladas o de
corto plazo.
La regulación también debe abordar la protección de datos y la privacidad, ya que la vigilancia y el uso
indebido de información personal pueden generar desconfianza y vulnerabilidad. Livingstone (2014)
señala que la ciudadanía digital incluye la capacidad de proteger la privacidad y actuar con
responsabilidad. Por tanto, las políticas públicas deben garantizar derechos digitales, protegiendo a los
usuarios frente al abuso y la explotación de datos.
Las políticas públicas deben promover la equidad digital, reduciendo la brecha de acceso y garantizando
oportunidades para todos. Van Dijk (2020) y Warschauer (2003) destacan que la brecha digital no solo
afecta el acceso, sino también la capacidad de uso. Por ello, las políticas deben incluir inversión en
infraestructura, acceso a dispositivos y formación en competencias digitales, especialmente en
comunidades vulnerables.
Las políticas públicas y la responsabilidad de plataformas son fundamentales para la cultura de paz
digital. La gobernanza digital debe equilibrar la libertad de expresión con la protección frente al odio y
la desinformación, garantizando derechos digitales, equidad y participación ciudadana.
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Prevención de conflictos y mediación digital
La prevención de conflictos en entornos digitales requiere estrategias de mediación, intervención
temprana y gestión emocional. La teoría de la resolución de conflictos sostiene que la comunicación
efectiva, la negociación y la empatía son elementos esenciales para la solución pacífica (Deutsch, 1973).
En el contexto digital, estas competencias pueden desarrollarse mediante plataformas de mediación en
línea, foros de diálogo y recursos educativos. La mediación digital permite intervenir en conflictos antes
de que escalen, facilitando espacios de diálogo estructurado y apoyo emocional.
Además, las tecnologías digitales permiten el monitoreo y la detección temprana de tensiones sociales
mediante análisis de datos y monitoreo de redes sociales. Este enfoque puede ser útil para identificar
discursos de odio, rumores o crisis emergentes, permitiendo una respuesta oportuna. Sin embargo, esta
estrategia también plantea desafíos éticos relacionados con la privacidad y la vigilancia, por lo que se
requiere un marco ético y normativo que garantice el respeto a los derechos humanos.
La prevención de conflictos también requiere el desarrollo de habilidades socioemocionales en entornos
digitales. Goleman (1995) destaca la importancia de la inteligencia emocional para la convivencia. Las
tecnologías pueden apoyar la educación emocional mediante recursos interactivos, programas de
aprendizaje socioemocional y espacios de apoyo en línea. Estas estrategias son fundamentales para
prevenir el acoso, la violencia simbólica y los conflictos interpersonales.
La mediación digital debe integrarse con políticas educativas y comunitarias que promuevan la cultura
de paz. La prevención de conflictos no puede depender únicamente de herramientas tecnológicas;
requiere una visión integral que incluya educación, participación y valores de convivencia. En este
sentido, la cultura de paz digital se construye mediante la combinación de tecnología, educación y
ciudadanía responsable.
Equidad digital y acceso inclusivo
La equidad digital es un componente esencial para la cultura de paz, ya que garantiza que todas las
personas tengan acceso a oportunidades de aprendizaje, participación y comunicación. La brecha digital
se manifiesta no solo en el acceso a internet, sino también en la calidad del acceso, la disponibilidad de
dispositivos y la capacidad de uso. Van Dijk (2020) destaca que la brecha digital reproduce
desigualdades sociales, limitando el acceso a información, educación y participación ciudadana.
pág. 3703
Warschauer (2003) agrega que la brecha digital incluye factores económicos, educativos y culturales
que afectan el uso efectivo de tecnologías.
En términos de cultura de paz, la brecha digital puede generar exclusión y vulnerabilidad, afectando la
participación de grupos marginados en procesos de diálogo y construcción social. La falta de acceso
limita la posibilidad de participar en debates públicos, acceder a recursos educativos y desarrollar
competencias digitales. Por tanto, la equidad digital se convierte en un requisito para la justicia social
y la convivencia pacífica.
Las políticas públicas deben abordar la brecha digital mediante inversión en infraestructura, acceso a
dispositivos y formación en competencias digitales. UNESCO (2020) y otros organismos han
enfatizado la importancia de garantizar el acceso digital como derecho fundamental, especialmente en
contextos educativos. Además, la equidad digital requiere atención a factores culturales y educativos,
promoviendo la inclusión de comunidades rurales, indígenas y vulnerables.
La equidad digital también implica la inclusión de la diversidad en el diseño de tecnologías y
contenidos. Las plataformas deben ser accesibles para personas con discapacidad, y los contenidos
deben ser culturalmente relevantes y respetuosos. Esto contribuye a la inclusión social y a la
construcción de una cultura de paz basada en la dignidad y el respeto.
La equidad digital es una condición necesaria para la cultura de paz digital. La reducción de la brecha
digital requiere políticas integrales que garanticen acceso, formación y participación para todos. Solo
así se puede construir un entorno digital inclusivo y pacífico.
Tabla 1: Síntesis principales hallazgos
Categoría de
Análisis
Principales Resultados
Implicaciones para la Cultura de
Paz Digital
Retos y barreras de la
cultura de paz digital
Desinformación y noticias falsas se difunden
rápidamente.
Polarización y “cámaras de eco” limitan el
diálogo.
Discurso de odio, acoso y violencia simbólica
en redes sociales.
Falta de regulación efectiva y responsabilidad
de plataformas.
La cultura de paz se ve debilitada por
la manipulación informativa y el
odio digital.
Se requiere educación crítica y
políticas públicas para prevenir
conflictos.
Oportunidades para la
promoción de paz en
el entorno digital
Redes sociales y plataformas permiten
diálogo, participación y solidaridad
Recursos educativos digitales facilitan acceso
a contenidos sobre derechos humanos y paz.
Las TIC pueden fortalecer valores de
convivencia, tolerancia y
cooperación.
pág. 3704
Categoría de
Análisis
Principales Resultados
Implicaciones para la Cultura de
Paz Digital
Tecnologías permiten colaboración
intercultural y proyectos colaborativos.
La tecnología se convierte en
herramienta de construcción social si
se usa con enfoque pedagógico.
Alfabetización
mediática y
competencias
digitales para la paz
La alfabetización mediática ayuda a
identificar desinformación y manipulación.
Desarrollo de pensamiento crítico y análisis
de fuentes.
Seguridad digital y protección de datos como
componentes clave.
Ética digital y responsabilidad en el uso de
plataformas.
La formación en competencias
digitales es esencial para construir
ciudadanía responsable.
Reduce vulnerabilidad y fortalece
convivencia pacífica.
Educación para la paz
y tecnologías
digitales
Las TIC facilitan aprendizaje colaborativo y
habilidades socioemocionales.
Permiten proyectos de creación de contenido
para sensibilización y participación.
La integración debe ser pedagógica, no solo
tecnológica.
La educación para la paz digital
exige un diseño intencional y
formativo.
Se fortalece la empatía, el diálogo y
la resolución pacífica de conflictos.
Políticas públicas y
responsabilidad de
plataformas
Necesidad de marcos normativos para regular
contenido y proteger derechos digitales.
Transparencia algorítmica y moderación de
contenido como herramientas de prevención
Regulación de privacidad y protección de
datos.
La gobernanza digital es clave para
evitar la propagación de odio y
desinformación.
Las plataformas deben asumir
responsabilidad social.
Prevención de
conflictos y
mediación digital
Las herramientas digitales pueden facilitar
mediación y diálogo entre partes.
Recursos para intervención temprana y apoyo
emocional.
Monitoreo de riesgos (discursos de odio,
crisis) para prevenir escaladas.
La mediación digital es una
estrategia clave para reducir
conflictos.
Requiere ética, formación y políticas
de protección.
Equidad digital y
acceso inclusivo
Brecha digital limita participación,
aprendizaje y acceso a información.
Excluye a grupos vulnerables y reproduce
desigualdades sociales.
Se requiere infraestructura, formación y
acceso universal.
La equidad digital es condición para
la justicia social y la convivencia
pacífica.
Garantiza inclusión y participación
ciudadana para todos.
Fuente: Elaboración propia.
CONCLUSIONES
La presente revisión sobre la cultura de paz en la era digital ha permitido identificar, analizar y sintetizar
los principales retos y oportunidades que emergen de la interacción entre tecnologías digitales y
procesos de convivencia pacífica. A partir del análisis de estudios publicados entre 2014 y 2024, se
puede concluir que la digitalización de la sociedad constituye un escenario complejo, donde la
pág. 3705
tecnología actúa simultáneamente como factor de riesgo y como herramienta de transformación social.
Este doble carácter exige una visión crítica y estratégica, que permita potenciar el uso de las TIC para
la paz, sin desconocer las dinámicas de conflicto que también se reproducen en el entorno digital.
En primer lugar, se confirma que la cultura de paz digital se enfrenta a retos estructurales y sociales
profundos, siendo la desinformación uno de los elementos más críticos. La difusión acelerada de
noticias falsas y contenido manipulador crea un ambiente de incertidumbre y desconfianza, lo cual es
contrario a los principios de la convivencia pacífica.
La desinformación no solo distorsiona la realidad, sino que genera polarización, miedo y resentimiento,
condiciones propicias para el conflicto. En este sentido, la cultura de paz requiere estrategias que
promuevan el pensamiento crítico y la alfabetización mediática, de manera que los ciudadanos puedan
identificar y rechazar la manipulación informativa. La revisión demuestra que sin estas competencias,
la sociedad digital se vuelve vulnerable a discursos extremistas y a la manipulación política, lo que
compromete la estabilidad social y la cohesión comunitaria.
El discurso de odio y la violencia simbólica en redes sociales se consolidan como un obstáculo para la
paz. El anonimato y la distancia psicológica favorecen la desinhibición y el uso de lenguaje agresivo,
lo que normaliza la violencia verbal y reduce la empatía. Este fenómeno es particularmente preocupante
en contextos educativos, donde los jóvenes son más susceptibles a la influencia de grupos en línea y a
la exposición a contenido agresivo. La revisión evidencia que el acoso digital, el bullying y la
discriminación en plataformas virtuales generan daños psicológicos, limitan la participación y erosionan
la convivencia. Por tanto, las estrategias de cultura de paz deben incorporar mecanismos de prevención
y sanción del odio digital, así como programas educativos que fomenten el respeto y la tolerancia.
Otro desafío clave es la polarización y la formación de cámaras de eco, que fragmentan la sociedad y
dificultan el diálogo. Los algoritmos de personalización y las dinámicas de consumo de información
generan comunidades cerradas, donde se refuerzan creencias homogéneas y se reduce la exposición a
perspectivas distintas. Esto no solo limita la diversidad de pensamiento, sino que fortalece estereotipos
y prejuicios, incrementando la intolerancia. La revisión muestra que la polarización digital puede llevar
a la deshumanización del “otro”, lo que aumenta el riesgo de conflictos sociales. En consecuencia, la
pág. 3706
cultura de paz digital debe promover espacios de diálogo intercultural, mediación y deliberación
pública, que permitan la confrontación respetuosa de ideas y la construcción de consensos.
La brecha digital constituye un reto estructural que afecta la equidad y la inclusión, y que limita la
posibilidad de construir una cultura de paz verdaderamente universal. La desigualdad en el acceso a
internet, dispositivos y competencias digitales reproduce brechas sociales existentes, dejando a sectores
vulnerables en situación de exclusión. La revisión demuestra que la brecha digital no se reduce
únicamente al acceso sico, sino que también incluye la calidad del uso, la formación y la capacidad
de aprovechar las TIC para fines educativos y productivos.
En términos de cultura de paz, esto significa que sin equidad digital no se puede hablar de participación
plena ni de justicia social, ya que sectores marginados quedan fuera de procesos de diálogo, aprendizaje
y construcción social. Por ello, es fundamental que las políticas públicas incluyan inversiones en
infraestructura, acceso a dispositivos y programas de formación digital, especialmente en comunidades
rurales y vulnerables.
En paralelo, se identifica que la falta de regulación y la responsabilidad limitada de plataformas digitales
representan un vacío importante en la gobernanza de la era digital. Las plataformas operan con lógicas
comerciales que priorizan la atención y el crecimiento de usuarios, lo que puede incentivar la difusión
de contenido polarizante y sensacionalista. La revisión evidencia que la moderación de contenido, la
transparencia algorítmica y la protección de datos son elementos necesarios para reducir los riesgos
asociados al odio y la desinformación. Sin embargo, la regulación debe ser equilibrada, garantizando la
libertad de expresión sin permitir la impunidad. En este sentido, se concluye que la cultura de paz digital
requiere una gobernanza basada en principios éticos, participación ciudadana y responsabilidad social
de las plataformas.
En segundo lugar, la revisión confirma que las tecnologías digitales también ofrecen oportunidades
significativas para la promoción de la paz, especialmente cuando su uso se orienta pedagógicamente y
con intención social. En el ámbito educativo, las TIC facilitan el aprendizaje colaborativo, la creación
de proyectos interdisciplinarios y la interacción entre estudiantes de diferentes contextos culturales.
Esta capacidad de conectar personas y comunidades favorece la comprensión intercultural, el respeto
por la diversidad y la empatía, elementos fundamentales de la cultura de paz. La revisión evidencia que
pág. 3707
cuando las tecnologías se usan para promover la colaboración y el diálogo, se fortalecen habilidades
sociales y cognitivas que contribuyen a la convivencia pacífica.
Las TIC amplían el acceso a información educativa y recursos sobre derechos humanos, educación para
la paz y resolución de conflictos. La educación digital puede democratizar el conocimiento, permitiendo
que más personas accedan a contenidos que promuevan valores de convivencia y justicia social. En este
sentido, la cultura de paz digital se fortalece cuando las plataformas educativas y los contenidos digitales
se diseñan con enfoque de inclusión, participación y pensamiento crítico.
La revisión muestra que el acceso a recursos de formación en línea puede ser una herramienta clave
para formar ciudadanos comprometidos con la paz.
La participación ciudadana digital se identifica como otra oportunidad central. Las plataformas digitales
permiten la organización de campañas de sensibilización, la participación en debates blicos y la
movilización social. Esto puede fortalecer la democracia y la cohesión social, siempre que la
participación se base en el respeto y el diálogo. La revisión indica que la participación digital también
implica responsabilidad ética y competencias comunicativas, por lo que la formación en ciudadanía
digital es indispensable.
En tercer lugar, la revisión destaca que la alfabetización mediática y las competencias digitales son
pilares indispensables para construir una cultura de paz en el entorno digital. La capacidad de acceder,
evaluar y producir información de manera crítica reduce la vulnerabilidad frente a la desinformación y
la manipulación. La alfabetización mediática también incluye la ética digital, la protección de datos y
la seguridad en línea, lo cual es esencial para prevenir el acoso y la violencia digital. En este sentido, se
concluye que la educación para la paz debe incorporar de manera transversal la formación en
competencias digitales, no solo como herramientas técnicas, sino como elementos de ciudadanía
responsable.
En cuarto lugar, se concluye que la educación para la paz y las tecnologías digitales deben integrarse
de manera intencional y pedagógica, evitando enfoques meramente instrumentales. La revisión muestra
que el uso de TIC sin un diseño educativo claro puede resultar superficial y poco efectivo. Por el
contrario, cuando las tecnologías se emplean para promover la empatía, la resolución de conflictos, la
colaboración y la participación, su impacto en la cultura de paz es significativo. La educación para la
pág. 3708
paz digital requiere un enfoque que combine contenidos, competencias socioemocionales y prácticas
participativas, fortaleciendo la formación integral del estudiante.
En quinto lugar, se evidencia que la prevención de conflictos y la mediación digital son estrategias
relevantes para la convivencia pacífica. Las herramientas digitales pueden facilitar la mediación en
línea, el diálogo estructurado y la intervención temprana en conflictos. No obstante, estas estrategias
deben acompañarse de marcos éticos y políticas de protección, para evitar la vigilancia indebida y
garantizar la privacidad de los usuarios. La prevención de conflictos en entornos digitales requiere un
enfoque integral que combine educación, tecnología y participación comunitaria.
La revisión concluye que la construcción de una cultura de paz en la era digital requiere un enfoque
integral, equitativo y sostenible. No es suficiente promover el uso de tecnologías; se requiere una visión
que integre educación, políticas públicas, responsabilidad institucional y participación ciudadana. La
cultura de paz digital implica garantizar el acceso, formar competencias críticas y éticas, regular
plataformas y promover espacios de diálogo y mediación. Solo así se puede transformar la tecnología
en una herramienta para la convivencia pacífica y el desarrollo humano.
En síntesis, la cultura de paz en la era digital se presenta como un desafío complejo, pero también como
una oportunidad histórica. La tecnología puede ser un catalizador de conflicto o un instrumento de paz,
dependiendo de cómo se utilice, quién la regule y cómo se formen los ciudadanos. Por tanto, el futuro
de la cultura de paz digital depende de la capacidad de la sociedad para desarrollar competencias
críticas, fortalecer la equidad digital y construir marcos de gobernanza que orienten las tecnologías
hacia el respeto, la inclusión y la convivencia pacífica.
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