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INTRODUCCIÓN
El cáncer colorrectal (CCR) representa una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial
y constituye un problema de salud pública relevante (1). De acuerdo con datos de la Organización
Mundial de la Salud, el CCR se ubica entre las primeras tres causas de cáncer tanto en incidencia como
en mortalidad a nivel global (2). Tradicionalmente, esta neoplasia se ha asociado a poblaciones mayores
de 50 años; sin embargo, en las últimas décadas se ha observado un incremento sostenido en la
incidencia de CCR en pacientes jóvenes, fenómeno conocido como cáncer colorrectal de inicio temprano
(3,4).
Diversos estudios epidemiológicos han documentado un aumento significativo de casos de CCR
diagnosticados en individuos menores de 50 años, particularmente en países occidentales (5,6). Este
incremento ha sido atribuido a múltiples factores, entre ellos cambios en el estilo de vida, obesidad,
sedentarismo, dietas ricas en grasas y alimentos ultraprocesados, así como alteraciones en la microbiota
intestinal (7). A pesar de ello, una proporción considerable de pacientes jóvenes no presenta factores de
riesgo clásicos ni síntomas gastrointestinales evidentes al momento del diagnóstico, lo que retrasa la
detección y condiciona estadios más avanzados de la enfermedad (8).
Como respuesta a esta tendencia epidemiológica, distintas sociedades científicas han actualizado sus
recomendaciones de tamizaje. La American College of Gastroenterology, la U.S. Preventive Services
Task Force y la American Cancer Society recomiendan actualmente iniciar el tamizaje para CCR
mediante colonoscopia a partir de los 45 años en población de riesgo promedio (9-11). Estas
recomendaciones buscan favorecer el diagnóstico temprano, mejorar el pronóstico y reducir la
mortalidad asociada a esta neoplasia (12).
La colonoscopia es considerada el método de referencia para el tamizaje y diagnóstico del CCR, ya que
permite la detección de lesiones precursoras, la identificación de neoplasias invasoras y la toma de
biopsias dirigidas (13). El desarrollo de técnicas de imagen endoscópica avanzada, como el narrow-band
imaging (NBI), ha permitido una caracterización óptica más precisa de las lesiones colorrectales. En
este contexto, la clasificación Japan NBI Expert Team (JNET) se ha consolidado como una herramienta
útil para predecir la histología y profundidad de invasión de las lesiones, orientando de manera adecuada
la toma de decisiones clínicas (14,15).