UN HOMBRE Y UN RÍO, EL LEGADO
DE LA LITERATURA MANABITA
A MAN AND A RIVER, A LEGACY OF
MANABI LITERATURE
Nelly Ramírez Castro
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, Ecuador
Genoveva Verónica Ponce-Naranjo
Universidad Nacional de Chimborazo, Ecuador
Genoveva Valentina Molina-Ponce
Investigador Independiente, Ecuador
pág. 3775
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22510
Un Hombre y un Río, el Legado de la Literatura Manabita
Nelly Ramírez Castro1
nelly.ramirez@pg.uleam.edu.ec
https://orcid.org/0009-0004-7288-3006
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí
Ecuador
Genoveva Verónica Ponce-Naranjo
gponce@unach.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-9631-5474
Universidad Nacional de Chimborazo
Ecuador
Genoveva Valentina Molina-Ponce
poncegenoveva45@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-9105-4333
Investigador Independiente
Ecuador
RESUMEN
El artículo se centra en la novela Un hombre y un río del escritor y educador ecuatoriano Horacio
Hidrovo Velásquez, con el propósito de una comprensión plena del contexto histórico rural manabita
del siglo XX en el cual se desarrolla la obra y a la vez contrastar las normas, culturas, personajes,
narrativas e identidades con las condiciones encontradas en el XXI. La metodología de enfoque
cualitativo se desarrolló desde la hermenéutica y al análisis sociohistórico, el cual partió con un estudio
descriptivo y documental de los elementos relevantes del personaje principal, Celestino Vinces. La
investigación arrojó puntos de discusión sobre la obra de Hidrovo Velásquez; puesto que se evidenció
una relación profunda entre el ser humano y la naturaleza y el planteamiento de las problemáticas que
surgen de su interrelación con su entorno; principalmente, los simbolismos del río como arteria de
existencia, como eje cultural y económico. En conclusión, Un hombre y un río es una obra que desde
su lenguaje sencillo y a la vez poético se posiciona como el legado literario y patrimonial manabita que
aporta a la reflexión respecto a la escasa valoración del campesino, de los renunciamientos y al río desde
su condición impredecible.
Palabras clave: un hombre y un río, análisis hermenéutico, literatura, cultura, Manabí
1
Autor principal
Correspondencia: gponce@unach.edu.ec
pág. 3776
A Man and a River, a Legacy of Manabi Literature
ABSTRACT
The article focuses on the novel Un hombre y un río (A Man and a River) by Ecuadorian writer and
educator Horacio Hidrovo Velásquez, with the aim of providing a comprehensive understanding of the
rural historical context of Manabí in the 20th century in which the work is set, while also contrasting
the norms, cultures, characters, narratives, and identities with the conditions found in the 21st century.
The qualitative methodology was developed from hermeneutics and socio-historical analysis, which
began with a descriptive and documentary study of the relevant elements of the main character,
Celestino Vinces. The research raised points of discussion about Hidrovo Velásquez's work, as it
revealed a profound relationship between human beings and nature and the problems that arise from
their interrelationship with their environment, mainly the symbolism of the river as an artery of
existence and a cultural and economic hub. In conclusion, Un hombre y un río is a work that, through
its simple yet poetic language, positions itself as a literary and cultural legacy of Manabí that contributes
to reflection on the low value placed on farmers, on renunciations, and on the river due to its
unpredictable nature.
Keywords: a man and a river, hermeneutic analysis, literature, culture, Manabí
Artículo recibido 15 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 20 enero 2026
pág. 3777
INTRODUCCIÓN
El legado cultural manabita es rico; sin embargo, son aún escasos los estudios sobre este; por este
motivo, se escogió como objeto de estudio la novela Un hombre y un río de Horacio Hidrovo Velásquez;
puesto que el texto aborda situaciones y normas culturales de la ruralidad del siglo XX que permiten
ser comparadas con el actual contexto rural del XXI. La obra, ambientada en la costa ecuatoriana,
muestra como escenario verosímil la geografía en un período de gran cambio y transformación social;
la construcción del ferrocarril y la llegada de empresas extranjeras. Por lo tanto, se convierte en una
ventana para mirar el entorno histórico y cultural de la región y las interrelaciones esenciales entre el
ser humano y su medio natural.
Horacio Hidrovo Velásquez nació el 20 de mayo de 1902 en el cantón Santa Ana. Fue poeta, novelista
y escritor ecuatoriano; por lo que es considerado una figura destacada en las letras nacionales porque
su quehacer literario se marcó por una narrativa anclada a sus raíces. A finales de la década del cuarenta,
fue designado secretario de la Delegación en Portoviejo de la Caja Nacional del Seguro. Esta situación
le permitió hacer contacto directo con la clase laboral e informarse de situaciones sociales de la
población campesina en Manabí. Se fortalecía el propósito y se diagramaba el esquema de la novela
ruralista. Edad y suma de experiencias a lo largo de viajes por paisajes, situaciones e informaciones que
daban forma a la idea global. Ejerció otros cargos públicos, entre ellos; rector del Colegio Olmedo,
presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Manabí. Integró el juvenil literario ARGOS.
Fundó en Portoviejo ADINAR (Asociación de Intelectuales y Artistas). Fue apresado por sus ideas
reaccionarias. En plena dictadura conservadora de Páez, Hidrovo decidió auto confinarse. Retomó su
oficio de educador particular. En 1957 publicó su obra más conocida Un Hombre y un Río. En 1961 es
honrado por el gobierno ecuatoriano con el Premio al Mérito Educativo. Murió el 19 de abril de 1962
(Enciclopedia del Ecuador, 2024).
En cuanto al contexto histórico en el que se publica la obra, 1948 a 1960 en Ecuador, de acuerdo a las
investigaciones de Ayala Mora (2008), se debe recalcar la presencia de una alianza dominante, liderada
por la burguesía, con la participación del latifundismo y la pequeña burguesía urbana. La estabilidad
constitucional se mantuvo a pesar del crecimiento de la población y la presencia de nuevas fuerzas
políticas.
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El gobierno de Galo Plaza se enfocó en modernizar el Estado y la economía para adaptarse a las
condiciones de predominio de Estados Unidos. Por su parte, el tercer velasquismo desarrolló planes de
construcción vial y educativa, pero no hizo reformas importantes, mientras que el gobierno de Camilo
Ponce fue de tono liberal y enfrentó conflictos sociales con represión. En la cultura, la educación laica
creció y las tendencias realistas y poesía modernista surgieron en la literatura. El arte tuvo un auge con
figuras como Mideros, Kingman y Guayasamín, y la Casa de la Cultura Ecuatoriana fue creada por
Benjamín Carrión como un espacio de respuesta y protesta para sectores de izquierda. En la primera
mitad del siglo XX, la sociedad permeó las normas rígidas, la vida cotidiana experimentó
modernización y cambios reformistas.
En ese marco, aparece la novela de Hidrovo Velásquez que colocó como símbolo especial al río
considerado como el principio y fin de la vida. A este punto, la palabra río definida en el Diccionario
de la real Academia (2018) como aquella corriente natural de agua continua y más o menos caudalosa
que atraviesa el territorio para finalmente desembocar en otro más correntoso, en un lago o en el mar.
Según Hernández (2018), río es un flujo superficial de agua que sigue un cauce. Agrega que, en el
lenguaje corriente un río es un flujo de agua de grandes dimensiones.
La obra Un hombre y un río narra la historia de Celestino Vinces y su familia. Se desarrolla una narrativa
épica que abarca décadas de lucha, amor, traición y supervivencia. La trama comienza con el conflicto
por un chancho y la muerte de Don Martín Vinces a manos de Los Rosado, lo que desencadena una
serie de eventos que llevará a su hijo Celestino a buscar venganza y justicia. A lo largo de la novela,
Celestino Vinces enfrenta numerosos desafíos y tragedias, incluyendo la pérdida de su familia, la
traición de sus amigos y la lucha constante por sobrevivir en un mundo hostil. Sin embargo, también
encuentra momentos de amor y redención. Sus capítulos exploran temas tales como la justicia, la
venganza, el amor, la supervivencia, la vida de los campesinos y la naturaleza; ofrece una visión
profunda de la condición humana.
El final de la historia es particularmente conmovedor, allí se describe la búsqueda desesperada de
Celestino por parte de sus hijos y la imagen de las velas en botellas flotando en el río, simbolizando la
esperanza y la pérdida.
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Raíces y ruralidad
El conflicto inicia en El Calvo, con Don Martin Vinces, padre de Celestino, quien era un campesino,
que con esfuerzo había alcanzado una buena posición económica. Era conocido y apreciado por todos,
por su calidad de hombre honesto, amable y correcto. Vivía con su mujer y sus 13 hijos, a los que había
criado con mano dura, enseñándoles el respeto a los demás, los secretos del campo y el valor del trabajo
honrado, y lo hacía con la sabiduría de los tiempos, utilizando refranes como estos; “la tierra sola no da
de comer” “el cristiano se hace hombre trabajando” “el ojo del amo engorda al buey” “en boca cerrada
no entran moscas”. (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 17). Pero este hombre correcto, un día perdió la
paciencia, debido al chancho del vecino que entró a su sembrío por repetidas ocasiones, causando
destrozos a su yucal. Trató de entenderse con Los Rosado, una familia, que se había mudado al lugar.
Les había pedido que aseguren el chiquero y hasta envió a sus hijos, para que prestasen su ayuda. Sin
embargo, el cerdo volvió a destruir su siembra. Don Martín termina matando al cerdo. Llegada la noche,
se siente culpable y se repite, que no le habían quedado más opciones, pero su mente intranquila le
impide el descanso placentero. Los Rosado no volvieron a hablarle. Días después, Don Martin sale
hacia Santa Ana, antes del amanecer, como era su costumbre. Durante el trayecto, en el punto más álgido
del cerro, es esperado y asesinado cobardemente. Se presume que los Rosado, son los culpables, ya que
él no tenía enemigos.
A este punto, García Pascual (2007) el espacio rural actual presenta cambios en su tendencia
demográfica, la que pasó a ser zona receptora de inmigrantes. Aquí, las actividades tales como la
construcción, el turismo y comercio se priorizan ante la agricultura. Sin embargo, persiste una alta
complejidad social, cultural y político-institucional con rasgos urbanos con inequidad social y limitado
acceso a servicios públicos. Por su parte, Olvera Esquivel y Arellano Gault (2015), la igualdad puede
llevar a inequidades ya que el principio de tratar a todos por igual corre el riesgo de no considerar las
dotaciones de recursos naturales o biológicos diferentes. Por su parte, la inequidad puede causar
igualdad, ya que se hace uso de normas que ponen en igualdad de condiciones a los individuos a pesar
de la diversidad de sus condiciones.
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En cuanto al suelo o terreno, en la novela Un hombre y un río se representa como el origen y sustento
de las familias; asimismo, como la metáfora de los diversos sucesos y como muestra de la proyección
humana; porque este entrelaza luchas, destino, conflictos y transformaciones.
METODOLOGÍA
Este trabajo, desde un enfoque cualitativo, acude a la hermenéutica que como “proceso dirigido hacia
la determinación del significado; postula una función trascendental de la comprensión” (Man, 1971, p.
89) para desarrollar un análisis socio histórico de las formas de vida de la población rural de Ecuador
del siglo XX. Se inicia con un estudio descriptivo y documental de los elementos relevantes a la vida
del personaje principal Celestino Vinces. Para ello, se considera la perspectiva ecocrítica de Lawrence
Buell (1995) cuando indica que la intersección entre literatura y medio ambiente tienen un vínculo
cercano que favorece el entendimiento entre la narrativa literaria y la naturaleza en la cultura de una
nación. Añade que, la comprensión de la naturaleza favorece la comprensión de los personajes, acciones
y trama de una obra literaria. Se suma el método fenomenológico-hermenéutico que Gadamer propone
para lograr la comprensión de la realidad a partir de la interpretación de textos y tradiciones. Gadamer
citado en Aguilar (2004) remarca que lo ontológico corresponde netamente al ser humano y que la
hermenéutica no puede ser una mera epistemología. En consecuencia, todo individuo se desenvuelve
en la historia a la que pertenece. Para la ejecución del presente estudio se emplea un análisis discursivo
hermenéutico, que permite interpretar las dimensiones culturales, simbólicas y ecológicas del texto.
Para ello se consideraron dos momentos: 1) la reconstrucción del imaginario cultural local desde las
interacciones de los personajes con su entorno y 2) el estudio contextual de la obra escrita en el siglo
XX y los cambios sociohistóricos evidentes del siglo XXI. Se añade que la hermenéutica posee un nivel
de profundidad ya que se interpretó la realidad del ser humano a través del estudio de la obra.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Desde el planteamiento de la metodología se pensaron dos puntos de análisis, el primer punto que
implica la reconstrucción del imaginario cultural local; para el efecto se seleccionaron fragmentos
vinculados a esta categoría; puesto que reflejan las interacciones de los personajes desde la pluma de
Hidrovo Velásquez en la obra Un hombre y un río, que es objeto de análisis del presente estudio. Cabe
indicar que los textos seleccionados se muestran en la siguiente tabla.
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Tabla 1. Fragmentos seleccionados para análisis de la reconstrucción del imaginario cultural local
Categorías
Fragmentos
Refleja las creencias religiosas de la región.
“Algunos hacían “mandas”. Irían a Montecristi y depositarían
cien sucres para la virgen de Monserrate” (p. 117).
Personificación del río Portoviejo.
“El río viejo cargador, se lo llevó sobre sus amplias espaldas”
(p. 99).
Descripción del contexto en el que interactúan
los personajes.
“Mas abajo a lo largo de todo el río, recogían algunos frutos:
naranjas, plátanos, mameyes. La balsa tenía una edad cuyo
comienzo no era visible y solo podía saberla el río” (136).
Hace referencia al sombreo de paja toquilla,
elemento del Patrimonio Cultural.
“Todavía alcanzaron a ver la figura de Celestino, defendida
del sol alto, ampliamente derramado, por su infaltable
sombrero de paja toquilla” (p. 161).
Café, plátano y maní constituyen parte
fundamental de la gastrónoma de la región
“El viernes, anticipándose a la aurora, don Martín tomó su
café negro acompañado de plátano y maní” (p.16).
Creencias
“Al pasar por allí, el contacto con un muerto que trepaba a las
ancas del caballo. El animal jadeaba y no podía avanzar; el
jinete se erizaba” (p.26).
Riqueza natural y cultural
“Mas allá estarían culebras de todas clases: equis, sayamas,
mata caballo, voladora. Más allá estarían los monos,
anunciadores de desgracias colectivas” (p.47).
Nota. Los textos se extraen de la obra Un hombre y un río (1957) de Hidrovo Velásquez
En el estudio contextual de la obra escrita en el siglo XX también se observan los cambios
sociohistóricos evidentes del siglo XXI, cuyos fragmentos seleccionados se vinculan desde categorías
que se muestran en la siguiente tabla.
Tabla 2. Fragmentos seleccionados para análisis del estudio contextual y los cambios sociohistóricos.
En la obra
Siglo XX
Actualidad
Siglo XXI
“Hombres corrompidos trepados en los
organismos de poder, quienes jamás
podrían estar con la causa del pueblo”
(p.154).
Los casos de corrupción, son
noticias de actualidad.
“Viajó en su caballo negro durante siete
horas desde Santa Ana a Portoviejo” (p.
92).
El viaje de Santa Ana a
Portoviejo en transporte
intercantonal o vehículo propio
dura entre 30 o 40 minutos.
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Poca valoración del rol del
campesino en el proceso de
siembra, cosecha y expendio de
su producto.
“El vendedor quedaba encadenado debía
dar a un precio muy inferior al que regía
en el momento de la entrega de café, arroz
o tagua y Don Antenor cobraba intereses”
(p. 98).
No existen cambios
sustanciales. Las circunstancias
continúan como muestras de
poder y violencia.
Los cachos (de vaca) como
instrumento de comunicación.
“Los cachos sonaron forjando como
siempre, una larga cadena de solidaridad
campesina” (p.24).
Se usan alarmas, sirenas o
teléfonos celulares.
La quincha
“Y vinieron al suelo pedazos de la
quincha de los tumbados y paredes” (p.
147).
Esto ha sido reemplazado por el
enlucido y cielo raso.
El matiancho
(Hecho del árbol de mate)
“Tenía un matiancho que hacía una libra
completa (p.19).
Utensilios que se han ido
cambiando por el plástico.
La hamaca
“Dos horas después, el cadáver era
recogido y lo conducían en una hamaca
cubierto por una blanca sábana” (p.16).
Usada como medio de
transporte por caminos de
difícil acceso. Sobre todo, para
sacar a los enfermos.
Nota. Los textos se extraen de la obra Un hombre y un río (1957) de Hidrovo Velásquez.
Estos fragmentos demuestran este estudio contextual que hace que se ha considere a la obra Un hombre
y un río como un legado a la literatura manabita debido a que aporta a la identidad histórica y cultural
de la región especialmente de la zona rural, ya que recoge elementos esenciales de la vida del
campesino; su entorno natural, creencias, lenguaje, valores, costumbres y tradiciones que ilustran el
patrimonio inmaterial y a la vez documenta la época en que fue escrita para futuras generaciones.
Desde estas selecciones se procedió al análisis e interpretación en correspondencia con la metodología
seleccionada. El análisis hermenéutico reveló que el río en la novela no solo es un elemento geográfico,
sino que se proyecta como el ciclo de vida, la prolongación y las luchas; es un mbolo que junto a la
naturaleza en general, interactúa con los personajes influyendo de manera emocional.
La reconstrucción del imaginario cultural local desde las interacciones de los personajes con su entorno.
Según Buell (1995), la ecocrítica establece un vínculo entre los textos literarios y su contexto ambiental,
explorando cómo la narrativa y la naturaleza se entrelazan culturalmente. La reconstrucción del
imaginario cultural en la novela Un hombre y un río se pone en marcha desde sus primeras páginas,
cuando se describe la casa de Celestino Vinces, que incluye la escalera de palos retorcidos, paredes de
caña con sus rendijas, dos cuartos pequeños, la cocina, la azotea y el caballete de cadi; donde al subir a
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la sala, ésta se encuentra llena de objetos rústicos tales como machetes, jergas, monturas de palo, sacas
llenas de maní, ropa para el trabajo en el campo y la hamaca de lona. La puerta de entrada que se
aseguraba en las noches con una tranca, la fotografía de Celestino y su mujer de nombre Casilda y uno
de los seis sombreros de paja toquilla que ella tejía semanalmente, para ayudar en la economía del hogar.
La descripción de la casa ilustra los elementos que la conforman, no solo son objetos o herramientas;
cuentan historias, la cultura y la forma de vida de Celestino Vinces y su familia, conllevan la evidencia
de su esfuerzo por subsistir, su conexión con el trabajo agrícola y la naturaleza, el tejido del sombrero
de paja, simboliza en la obra, el esfuerzo compartido en el sustento familiar. Así también menciona la
saca de maní, siendo este un producto propio de la zona, con el que se preparan un sinnúmero de platos
típicos en la región.
Así, el contraste de los elementos expuestos en la descripción de la vivienda de Celestino utilizada en
el siglo XX, se aleja parcialmente respecto a los materiales que se utilizan en las construcciones
actuales, en las que mayormente se emplea ladrillos o bloques, hierro y cemento. Sin embargo, persiste
la presencia de machetes, ropas de trabajo, la fotografía familiar y la hamaca en la sala de la vivienda y
se construyen bodegas en las que se almacenan los sacos con productos cultivados, las monturas de
palo, entre otros elementos.
De la novela Un hombre y un río se extrae: La mesa estaba casi totalmente cubierta de plátanos asados,
aún calientes. Era éste el pan irreemplazable, compañero de cualquier plato. Era el viejo alimento de
edad desconocida que había nutrido a tanta gente. Era el plátano milagroso. De él hacían muchas
comidas: bolas las que eran mezcladas con maní o chicharrón; bollos, tortas, migas y frituras, pero
además tenía otros usos; convertido en harina era gran alimento para los niños y si se cortaba
horizontalmente un tallo, botaba el líquido gomoso que curaba la Tuberculosis (Hidrovo-Velásquez,
(1957) p. 50).
En esta descripción de “los plátanos asados aun calientes” el autor evoca al plátano no solo como un
alimento apetecible, sino el ambiente confortable en que se presenta, “El viejo alimento de edad
desconocida” otorga al plátano un sentido de historia y tradición, que puede interpretarse como un
símbolo de herencia cultural de los pueblos que lo han consumido a lo largo de generaciones, a la vez
que resalta la versatilidad de este alimento en diversas preparaciones. Culturalmente, el plátano continúa
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siendo un producto de alta demanda en la provincia, siendo un alimento indispensable para las familias
de la zona rural, pero que también tiene gran demanda en las ciudades sobre todo de la Costa, en los
hogares manabitas se consume en una extensa variedad de platos y en el comercio interno, es utilizado
en el corviche, el bolón, en frituras ya sea patacón o chifles, sirviendo de acompañante para el ceviche,
los mariscos o el encebollado.
La obra de Hidrovo, también cita de variadas formas al medio natural donde los personajes actúan con
la naturaleza; “era el Cerro de Bonce. Atravesado en el camino, simulaba la pereza de un gigante que
hubiese olvidado la prisa del viajero. Desde su cumbre el espíritu podía alimentarse del paisaje:
montañas azules, laderas, quebradas, infatigables senderos y casitas aisladas” p.12. El autor hace aquí
la descripción del Cerro de Bonce donde lo personifica como un “gigante” que revela una actitud de
pereza y falta de urgencia. La expresión “simulaba la pereza de un gigante” le otorga a este cerro una
cualidad casi mágica o mitológica, con ello sugiere la grandeza que bien podría ser física o simbólica.
Esta imagen sugiere la profunda conexión de la naturaleza con el ser humano, donde el cerro parece
interrumpir el camino para invitar a la contemplación del paisaje. Al decir “que hubiese olvidado la
prisa del viajero,” el texto estaría contrastando la tranquilidad de la naturaleza con el apuro de las vidas
humanas.
“En las montañas llovía casi sin interrupción. El agua bajaba por los cerros como un venado perseguido.
Crecían los esteros y el Portoviejo aumentaba su volumen opaco, sobre el cual flotaban palos, hojas u
alguna vez, una culebra” (p. 212).
El texto con tono melancólico podría reflejar el estado de ánimo entre la tormenta y la calma; crea una
imagen que describe la fuerza de la naturaleza y sus efectos en el en paisaje e invita a reflexionar sobre
el agua que, si bien es indispensable para la vida, en exceso puede causar daños. También podría hacer
alusión a la fauna del lugar.
El río es un símbolo central en la narrativa. Uno de los capítulos en la obra de Hidrovo es “Edad y
eternidad del río” que, como a lo largo de toda la novela, hace referencia al Río Portoviejo: “El río era
inmenso. Grande era la distancia, aun en línea recta, entre su alto origen de árboles y piedras y la
desembocadura donde algunas veces asomaban los lagartos. Pero había más: el cauce describía
infinidad de curvas” (p.136). Con esta imagen el autor describe a un río que no solo es un torrente, sino
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un símbolo de la naturaleza y del camino de la vida, del tiempo y sus desafíos inesperados revelando la
implícita conexión entre el entorno natural y la experiencia humana, “los lagartos” podrían representar
la fauna que habita en lugar o talvez los peligros.
La relación entre el protagonista y el río encapsula el dilema tan actual; puesto que se halla el debate
entre explotar y preservar el ambiente y son estas diferencias las que se muestran en las siguientes
evidencias extraídas de la novela Un hombre y un río:
—No importa —Dijo Celestino —. El río no nos hace daño.
Y si no tuviéramos río observó Casilda— ¡Qué sería de nosotro! (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 67).
Hacia el final de la novela Un hombre y un río: Rosaura y Valentín se distraen un instante con el
derrumbe de un tramo de la orilla del río y al oír en el agua la caída de algo que partía la corriente.
“Hallaron que Celestino no estaba; los palos de la balsa iban solos, dando desordenadas vueltas(p.
235).
En fragmentos posteriores (Hidrovo-Velásquez, 1957) describe: “Y en las noches, si alguien hubiese
mirado desde un sitio muy alejado, habría visto sobre el río como un fantástico naufragio de cocuyos,
como una sinuosa procesión de fantasmas, pues las botellas con velas encendidas surcaban el Portoviejo
en muchos lugares de su larga trayectoria” (p.237). “Y era verdad que la esperanza quedaba muy atrás.
Partieron una mañana después de echar una mirada al río. Era quizás la última vez que el Portoviejo
bajaba libremente. Y no lo quiso devolver” (p.138).
Las escenas descritas en el texto como un descuido momentáneo y el derrumbe de la orilla del río es el
anuncio de un giro brusco en la trama. Los palos desordenados dando vueltas nos dan una sensación
del caos que se produce con la desaparición de Celestino, la mención de los cocuyos y fantasmas dan a
la obra ese tinte mágico que persiste a lo largo de la narración, el echar la mirada al rio, da la sensación
de nostalgia y resignación a la pérdida del ser amado, ante lo inevitable y cuando menciona que quizás
era la última vez que el río bajaba libremente, podría tratarse de un llamado a la reflexión sobre la
fugacidad de la vida y la naturaleza.
Además, la novela proyecta prácticas culturales ligadas a la literatura de tradición oral; puesto que
incluye relatos orales, festividades; añadiendo variadas manifestaciones lingüísticas.
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Sus vecinos del Tigre se habían vuelto sus amigos, personas de confianza y de respeto; en ocasiones los
Vinces, eran invitados a sus casas a alguna celebración:
— ¿Se puede comadre Sara?
— Suba. comadre. Cuidado que hay un escalón malo.
— Le dije a Hermenegildo que lo compusiera y se ha olvidao (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 111).
Se bailaba a la luz de las lamparás de kerosene que emanaban más humo que luz y la fiesta era alegrada
por la música tocada a guitarra. Los guitarristas que también cantaban preferían el Vals.
“Si vieras lo triste que está en el poblado,
la blanca casita que tú abandonaste:
desiertas las salas, desiertos los patios,
marchitas las flores que tú cultivaste” (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 122).
En la actualidad, se mantiene la posición marginada y dependiente de los campesinos (García Pascual,
2007). A este punto, Olvera Esquivel y Arellano Gault (2015) señalan que la población en general, se
muestra disponible a acoger toda iniciativa o intervención que tenga como propósito la equidad e
inclusión social ya que se trata de un valor deseable. En dicho sentido, los gobiernos activan redes de
colaboración institucional que dirigen actividades hacia dicha meta. No obstante, la convivencia
pacífica, la justicia y la inclusión se constituye en valores humanos cardinales de carácter intersubjetivo.
Por consiguiente, la construcción de dicha sociedad propuesta por el objetivo dieciséis de la Agenda
2030, puede ser activada desde la identidad nacional al ser esta una aportación valiosa para las
comunidades rurales (Flan, 2022, Rodríguez, 2015).
Sobre el piso de caña picada, que crujía mientras bailaban sin zapatos, donde de vez en vez se les
quedaban enredado los pies. Las parejas solteras bailaban sueltas y los esposos se cogían de ambas
manos ya que la moral de la época así lo exigía.
— ¡Viva er dueño e la casa y su pareja!
— ¡Viiiva! (Hidrovo-Velásquez, 1957, 123).
Don Ermenegildo estimulado por su victoria contaba cómo era el baile en los campos manabitas en su
juventud, mientras todos los concurrentes le prestaban atención; les contaba que el caballero iba hacia
donde estaba la dama elegida y le decía:
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— Etá uté de baile.
La dama se levantaba y empezaban a bailar. Dos hombres de manera alternada eran acompañados por
la tambora y un tercero cantaba utilizando la sátira:
“Ar tiempo le pido tiempo
y er tiempo tiempo me da,
y er tiempo siempre me dice
que er me engañará”.
“Nunca se siembra plátano
a la orilla del río,
porque er barsero que pasa
dice: Eto es mío” (Hidrovo-Velásquez, 1957, 123).
Era “El Moño” lo que ejecutaban, la pareja tenía que decir las estrofas. Al final de cada una, quien la
había lanzado exclamaba:
— ¡Qué viva y que siga el Moño!
Don Hermenegildo también hizo referencia a otro juego llamado “La Cucaracha” donde la mujer
adelantaba un pie, hasta tocar los de su acompañante, mientras le decía cantando:
— ¡Te pica la cucaracha!
Y su pareja después hacia lo mismo (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 60).
El texto describe una típica celebración en los campos manabitas y ofrece una visión profunda de la
cultura y las tradiciones, las interacciones sociales, la forma de divertirse, que se centra en el baile sobre
el piso de caña que evoca imágenes sensoriales de la cultura con el crujido de la caña picada mientras
bailan descalzos y de vez en cuando se enredan los pies, la lampara de kerosene que daba más humo
que luz, o la música tocada a guitarra. El hecho de que las parejas solteras bailen sueltas y los esposos
se cojan de las manos; indica los preceptos morales de la época, refleja también la forma sencilla de
vida y critica la falta de equidad.
Las sociedades se construyen desde la identidad nacional de la población (Flan, 2022). No obstante, el
estudio de los procesos de desarrollo rural según Chuquimarca Coro (2022) muestra que la satisfacción
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de los pobladores con el nivel de vida en las zonas rurales es variable, pero que podría constituir una
fortaleza que aporte a la vida rural equitativa y sostenible.
El estudio contextual de la obra escrita en el siglo XX y los cambios sociohistóricos evidentes del
siglo XXI
Según Bermúdez Tobón, J. G. (2012). Siempre que haya la necesidad de conocer un acontecimiento del
pasado, no solo se observa el acontecimiento tal como sucedió, sino también el efecto que causa en la
historia posterior. Esto implica que la historia no es solo un conjunto de acontecimientos sino un proceso
continuo que influye en el desarrollo futuro. Sin embargo, Gadamer advierte que el principio de la
historia efectual no debe confundirse con un problema metodológico: ordenado, sistemático, exacto. Se
trata más bien de la exigencia de la naturaleza teórica cuando al explicar un fenómeno histórico desde
la distancia histórica que determina la situación hermenéutica, es ella la que determina lo que es
cuestionable o susceptible de investigación.
Así en la novela Un hombre y un río se describen actos de violencia y crimen como resultado de la
ausencia de la autoridad que garantice la convivencia pacífica en una comunidad rural del siglo XX. Se
trata de actos que persisten en la ruralidad del siglo XXI, donde las causales quizás ya no sean la
destrucción de las plantaciones por un animal. No obstante, en la actualidad, las razones de la violencia
se vinculan a la guerra entre bandas de criminales y narcotraficantes que pelean por obtener el poder en
un territorio. Además, las bandas de crimen organizado llevan a esconder los cadáveres de sus víctimas
a los campos. Situaciones que demuestran la falta de seguridad.
El asesinato de don Martín Vinces es el detonante de todos los conflictos posteriores, que lleva al
asesinato de los Rosado, el encarcelamiento de Celestino, la dispersión de la familia de los Vinces y el
arrancamiento de Celestino de su tierra natal, ya que, al salir de la cárcel, emigra hacia las tierras de El
Tigre donde él y su familia son extraños.
A este punto se analiza que pesar de que la Constitución del Ecuador, en el Título VI, Capítulo sexto,
Sección sexta, art. 393, norma que el Estado garantizará la seguridad humana a través de políticas y
acciones integradas, para asegurar la convivencia pacífica de las personas, promover una cultura de paz,
prevenir las formas de violencia y discriminación, la comisión de infracciones o delitos. Es conocido
que Ecuador afronta situaciones de inseguridad y violencia que han puesto en peligro al orden público.
pág. 3789
Según se narra en la obra de (Hidrovo-Velásquez, 1957) al salir de la cárcel, Celestino se dirige a un
sitio llamado El Tigre donde se asienta con su esposa y sus dos hijos pequeños; Rosaura y Valentino.
Adquiere una propiedad, pero se sorprende al encontrarse con la novedad de que, en ese lugar, no existen
autoridades, patronos, ni jefes; todo lo hacen de forma colaborativa en comunidad. Entonces, aprende
el sistema utilizado por los habitantes llamado “cambio de brazos” donde para limpiar el terreno para
la siembra, en lugar de que cada uno trabaje en su tramo, de manera individual, todos van a colaborar
en la limpieza y lo que iba a realizar un hombre en 33 días, lo hacen 11 hombres en 3 días. “Además,
había otra verdad, el hombre rendía más cuando trabajaba acompañado”, p. 48). Luego el trabajo de los
demás, era pagado con su propio trabajo.
Este apartado podría interpretase como una crítica a las estructuras de poder tradicionales ya que la falta
de patronos y jefes contrasta con los sistemas típicos de la sociedad en general. El “sistema de cambio
de brazos” destaca el trabajo en equipo que permite a la comunidad ser más efectiva y resiliente. Al
mismo tiempo que le permite a Celestino adaptarse a su nueva realidad en la búsqueda del bienestar de
su familia y el suyo propio.
Según Uribe citado en Sanabria (2023) el termino Asociatividad nace en la época prehistórica para
referirse a los pequeños grupos o tribus que se unían de forma voluntaria para tomar mayor fuerza y
organización con el fin de salir a explorar el territorio. Consecuentemente, la asociatividad agropecuaria
se ha fortalecido en las últimas décadas, como alternativa de solución a la problemática materializada
en bajo nivel de vida de la población rural. Por tanto, se considera a la asociatividad como pilar de los
esquemas de desarrollo rural (Sanabria Neira y Salgado Beltrán, 2023). Se agrega que la prospectiva
del desarrollo rural en América Latina según Sanabria (2023), muestra un modelo en el que se articulan
las tecnologías de información y la comunicación con las unidades agrícolas para que el trabajo rural
pueda alcanzar mejores niveles de rentabilidad, competitividad y sostenibilidad.
Don Antenor en el acto de comprar que la ley amparaba. Por una cantidad de productos daba otra de
billetes determinada por el precio de aquellos en el pueblo. La operación hasta allí era de una
convincente claridad. Sin embargo, había algo que la oscurecía: las cien libras que traía el campesino
desde sus remotas tierras a través de difíciles caminos bajo soles y lluvias implacables se convertían
acá sobre la balanza sólo en 92 o 94 libras y si alguna vez, tímidamente, el vendedor llegaba a reclamar,
pág. 3790
don Antenor decía que su balanza no engañaba a nadie “…porque los gringos saben lo que hacen”.
Además, hablaba de “la merma” afirmaba, que el algodón, cargado de humedad, la perdida durante el
viaje desde la montaña hasta el pueblo y entonces pesaba menos. Hablaba de un descuento por la gruesa
corteza de la tagua, hacía descuentos también, por el peso del saco y por la calidad del producto y en
todo esto ganaba (Hidrovo-Velásquez, 1957, p. 98).
La situación que describe el texto revela los abusos que a lo largo del tiempo ha venido padeciendo el
campesino que, a fuerza de trabajo incansable, por caminos de difícil acceso y a pesar de la severidad
del clima, logra sacar sus productos a las ciudades. Hace referencia a través del personaje de don
Antenor a aquellos que manipulan el proceso de compre-venta donde se pone de manifiesto la
inequidad. Invita a reflexión sobre la injustica social y a revalorizar la encomiable labor de campesino.
Las maneras individualizadas del trabajo en la finca adquieren mayor potencialidad al sumarse a
iniciativas asociativas basadas en actividades de cooperación, ayuda mutua, colaboración, participación
y trabajo en equipo. Sin embargo, las políticas para el fomento agropecuario y el marco jurídico durante
décadas no han logrado mejoras en cuanto a los precios de los productos en el mercando, situación que
desmotiva las iniciativas productivas (Dávila et al., 2018).
Según Hidrovo-Velásquez, (1957) el nacimiento del ferrocarril no fue la consecuencia de “la tortura de
los animales ni de la vida miserable del arriero”; indica que tuvo lugar por “la preñez fabulosa de los
bosques de Santa Ana”, donde abundaba la tagua y ésta era comercializada y llevada por vía marítima
hasta las fábricas de europeas. Afirma que se debió también a “los hombres rubios de cascos y altas
botas”, que recorrían el mundo en búsqueda de empresas donde invertir y obtener alta rentabilidad.
Estas empresas extranjeras dotaban de gran cantidad de puestos de trabajo a los hombres. El avance de
la obra era lento a pesar del trabajo duro que se realizaba a diario para el que se empleaban herramientas
como: picos, lampas, carretillas y hombres olientes a tierra y sudor; quienes realizaban su labor bajo las
inclemencias del tiempo. Mientras los capataces “de rostro planchado, penumbroso”, arremetían a gritos
contra los que cumplían su penosa labor; de abrir cortes y levantar rellenos. Los extranjeros necesitaban
abrirse paso por tierras de pequeños propietarios en los Cerros de Hojas, quienes se resistían a vender
sus tierras e hicieron protestas, pero finalmente recibieron indemnizaciones y la obra siguió según lo
planificado.
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El texto aborda el proceso de construcción del ferrocarril como un símbolo de modernidad, progreso y
desarrollo económico y el costo humano que debió pagarse; resalta la riqueza natural de la región,
plantea la llegada de los inversionistas extranjeros, los derechos de los pobladores y la resistencia a la
venta de sus propiedades, como también la explotación de los recursos humanos y naturales.
Al contrastar este momento histórico de inicios del siglo XX con el proceso de mejora en la
transportación hasta el siglo XXI vemos que el Ecuador ha experimentado grandes cambios de hecho,
en la obra Un hombre y un río también se menciona la llegada de los primeros camiones: “Los camiones
no tomaban los productos en Santa Ana; iban a buscarlos en los campos y superaban, así, el servicio del
ferrocarril” (p.129). y así a la bicicleta y otros tipos de vehículos, pero a lo largo del tiempo el Ecuador
ha ido evolucionando de manera que, cuenta con una infraestructura vial más desarrollada que incluye
autopistas y carreteras que conectan las diversas regiones del país y cuenta con diferentes tipos de
transportes; terrestre, aéreo y marítimo.
En la obra de Un hombre y un río; el doctor Crespo era un abogado, compadre de Celestino que cuando
éste iba a la ciudad, le llevaba a regalar, todo cuanto podía, así iba cargado de gallinas, café, cacao,
verduras ya que le tenía gran aprecio. Un día Celestino es llamado a Portoviejo y cuando a un campesino
se lo llamaba a la capital, no era un buen presagio. Celestino preocupado pensaba en qué era lo que iba
a decirle el Gobernador y cómo le iba a responder él. Viajó en su caballo negro durante siete horas desde
Santa Ana a Portoviejo al llegar tuvo la idea salvadora de buscar a su compadre, pero éste se hizo negar.
Celestino desconcertado siguió su camino y ya en la Gobernación, el Gobernador le pregunta que, si él
ha garantizado con su firma a Ernesto Dávila como Gerente de Estancos, quien ha cometido fraude y
se ha dado a la fuga. “—Yo no, señor. Yo le firmé a mi compadre, pero él no me dijo que la finca
quedaba hipotecada. Él me dijo que firmara, que no había cuidao”. El gobernador le responde que la
finca sí está hipotecada y que la Contraloría le ha establecido un cargo por varios miles de sucres y de
no pagarlos le serán expropiadas sus tierras (p.92).
El relato presenta a un Celestino leal y confiado que peca de ingenuo al confiar en exceso en su
compadre y éste sin contemplaciones convierte su relación de amistad en traición. El abogado Crespo
al ocultar detalles relevantes de la hipoteca ilustra la mala práctica de la justica y la falta de ética.
Simboliza a aquellos que abusan de la confianza ajena.
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Como resultado de esta discusión n cada uno de estos artículos se hace mención de la obra Un hombre
y un río junto a obras de otros autores.
El presente trabajo pretende hacer un reconocimiento de la literatura manabita, que cada vez cobra
menos relevancia, ya que en la misma provincia existe una gran escasez de obras de estos autores. La
novela Un hombre y un río, de Horacio Hidrovo Velásquez publicada en 1957 es un referente importante
de la riqueza literaria, de la cultura y el patrimonio de Manabí que debe ser leída por la generación
actual, pero que lamentablemente en los últimos años ha dejado de ser comercializada limitando el
acceso a la misma, sin embargo esta obra ha sido considerada en varios artículos que son una muestra
de la relevancia de la misma y así, Hidrovo Velásquez, es citado por Anita Rivera en Resistencia
Montubia a la ciudad letrada para tratar el tema de la oralidad, en el que la autora pretende rescatar el
origen de las desavenencias existentes entre la empresa letrada en los términos que plantea Ángel Rama
en La Ciudad letrada, oralidad e idiolectos que describen las novelas Un Hombre y Un Río (1957) de
Horacio Hidrovo Velásquez y Tauras o muertos que están vivos (1981) de Horacio Hidrovo Peñaherrera,
tomando como referente el legado cultural en esencia del fondo y forma, descrito con lenguaje habitual
y espontáneo de las comunas rurales y campesinas. Del mismo modo Hidrovo es citado por Ana T.
Rivera-Solórzano, Oswaldo R. Zambrano-Quinde, María M. Macías-Loor, Vicente I. Reyna-Moreira
en La beligerancia en la narrativa desde el aprendizaje social en la que demuestran que la agresión, a
pesar de sus graves efectos, es parte del ser humano y su entorno, para ello toman como ejemplo la
muerte de don Martin Vinces y la de los Rosado.
Así también Horacio Hidrovo Velásquez, es citado por Narcisa Rezabala Zambrano (2014) en
Invisibilidad de las mujeres en algunas novelas manabitas del siglo XX. Donde expone que en la obra
Un hombre y un río, el protagonista Celestino Vinces, quien representa al montubio manabita. Su esposa
Casilda y su hija Rosaura son personajes que pasan inadvertidos en la novela.
El artículo Un hombre y un río, un legado a la literatura manabita, junto a los que realizaron otros
autores, contribuye al fortalecimiento del legado cultural de Manabí.
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CONCLUSIONES
Un hombre y un río se erige como una obra que refleja la realidad del campesino, su trajinar diario, sus
costumbres y su lucha por la supervivencia en un mundo lleno de adversidades y desigualdad; pero sin
duda, también está cargada de simbolismos en cada personaje. La novela destaca la confluencia
conflictiva de las lógicas espaciales del capitalismo y de las funciones de cada hombre y mujer
campesinos, las que eran en el pasado y aún son múltiples e incluso contradictorias. Allí surgen grupos
y colectivos sociales rurales que se someten a los intereses y estrategias de los grupos de poder
económico y político urbanos.
Asimismo, es una literatura ambientalista; puesto que desde los postulados de Buell (1995) remarcan
que la ecocrítica encuentra en la literatura un recurso relevante para la comprensión de los procesos
culturales. En este ámbito, la obra Un hombre y un río menciona al río e instrumentos elaborados con
materiales de la naturaleza tales como, la caña guadua en la confección de las casas, el uso de cachos
como instrumento de comunicación, el bototo para cargar el agua, el garabato como auxiliar del machete
en el desmonte, entre otros.
Ligada a lo patrimonial se mencionan en la novela los elementos propios del patrimonio manabita, como
la tradición oral, las mandas y fiestas religiosas de la Virgen de Monserrate, las creencias, en avisos de
los pájaros, que el sitio se vuelve “pesado” porque el ánima del muerto pena, los bailes tradicionales, el
sombrero de paja toquilla.
La novela, está llena de simbolismos; el río es un símbolo central en la narrativa, representa el
crecimiento personal, un camino de vida y reflexión, Don Martin, representa los valores del hombre del
campo; la honradez, el trabajo, la justicia. Los Rosado simbolizan los antivalores de la falta de empatía
y solidaridad. Y el chancho, es la discordia, que lleva a un hombre horrado a obrar fuera de sus propios
principios, a la muerte y a la tragedia familiar. Como sugiere Rivas 2016, Horacio Hidrovo Velásquez
es considerado como uno de los poetas más destacados de la provincia de Manabí; dejando un gran
legado dentro de la literatura manabita su obra más conocida es Un Hombre y un Río (1957). Siendo
reconocido y galardonado por el Gobierno Ecuatoriano con Premio al Mérito Educativo en 1961.
La novela examina las interacciones entre los personajes, la familia, la amistad y el amor, destacando
cómo estas relaciones influyen en el crecimiento personal del protagonista.
pág. 3794
A través de la trama, se destacan elementos de la cultura local y las tradiciones que forman parte de la
identidad del protagonista y de la comunidad en la que vive. La obra también aborda la soledad del
individuo frente a la inmensidad de la naturaleza y la búsqueda de conexión con otros seres. Lleva a
reconocer que en nuestros tiempos los cambios de las condiciones en que subsisten los campesinos no
han sido sustanciales. Llama a la reflexión de la necesidad de la creación de políticas que beneficien
realmente a este sector tan fundamental de la sociedad con mejoras en vías de acceso para sacar sus
productos y la implementación de programas de capacitación no solo en el ámbito agropecuario, sino
también en conocimientos básicos de normas legales, y el financiamiento de las herramientas
tecnológicas que faciliten su labor para la mejora en su calidad de vida y no se vean en la necesidad de
emigrar a las ciudades dejando los campos.
Para concluir el estudio enfatiza la importancia del análisis hermeneútico en la literatura en donde
encontramos que elementos naturales como el río se convierten en símbolos potenciales que develan la
relación del ser humano con su entorno y hace un llamado a la conservación de un legado cultural y a
la práctica de valores éticos y sociales que deben persistir en la literatura y la sociedad para afrontar los
desafíos de las realidades contemporáneas.
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