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la sala, ésta se encuentra llena de objetos rústicos tales como machetes, jergas, monturas de palo, sacas
llenas de maní, ropa para el trabajo en el campo y la hamaca de lona. La puerta de entrada que se
aseguraba en las noches con una tranca, la fotografía de Celestino y su mujer de nombre Casilda y uno
de los seis sombreros de paja toquilla que ella tejía semanalmente, para ayudar en la economía del hogar.
La descripción de la casa ilustra los elementos que la conforman, no solo son objetos o herramientas;
cuentan historias, la cultura y la forma de vida de Celestino Vinces y su familia, conllevan la evidencia
de su esfuerzo por subsistir, su conexión con el trabajo agrícola y la naturaleza, el tejido del sombrero
de paja, simboliza en la obra, el esfuerzo compartido en el sustento familiar. Así también menciona la
saca de maní, siendo este un producto propio de la zona, con el que se preparan un sinnúmero de platos
típicos en la región.
Así, el contraste de los elementos expuestos en la descripción de la vivienda de Celestino utilizada en
el siglo XX, se aleja parcialmente respecto a los materiales que se utilizan en las construcciones
actuales, en las que mayormente se emplea ladrillos o bloques, hierro y cemento. Sin embargo, persiste
la presencia de machetes, ropas de trabajo, la fotografía familiar y la hamaca en la sala de la vivienda y
se construyen bodegas en las que se almacenan los sacos con productos cultivados, las monturas de
palo, entre otros elementos.
De la novela Un hombre y un río se extrae: La mesa estaba casi totalmente cubierta de plátanos asados,
aún calientes. Era éste el pan irreemplazable, compañero de cualquier plato. Era el viejo alimento de
edad desconocida que había nutrido a tanta gente. Era el plátano milagroso. De él hacían muchas
comidas: bolas las que eran mezcladas con maní o chicharrón; bollos, tortas, migas y frituras, pero
además tenía otros usos; convertido en harina era gran alimento para los niños y si se cortaba
horizontalmente un tallo, botaba el líquido gomoso que curaba la Tuberculosis (Hidrovo-Velásquez,
(1957) p. 50).
En esta descripción de “los plátanos asados aun calientes” el autor evoca al plátano no solo como un
alimento apetecible, sino el ambiente confortable en que se presenta, “El viejo alimento de edad
desconocida” otorga al plátano un sentido de historia y tradición, que puede interpretarse como un
símbolo de herencia cultural de los pueblos que lo han consumido a lo largo de generaciones, a la vez
que resalta la versatilidad de este alimento en diversas preparaciones. Culturalmente, el plátano continúa