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INTRODUCCIÓN
Las enfermedades transmitidas por vectores constituyen uno de los principales desafíos de la salud
pública a nivel mundial, particularmente en regiones tropicales y subtropicales donde las condiciones
climáticas, ambientales y socioeconómicas favorecen la proliferación de insectos hematófagos (World
Health Organization [WHO], 2024a). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del
80% de la población mundial se encuentra en riesgo de contraer al menos una enfermedad transmitida
por vectores, siendo las arbovirosis las más relevantes por su rápida expansión geográfica y su impacto
sanitario, social y económico (WHO, 2024a). Entre los vectores el Aedes aegypti se ha consolidado
como el vector urbano más importante de arbovirosis de relevancia sanitaria, incluyendo dengue, Zika,
chikungunya y fiebre amarilla urbana, enfermedades que representan una carga significativa de
morbilidad, mortalidad y costos económicos para los sistemas de salud, especialmente en países de
ingresos medios y bajos como el Ecuador, donde se han intensificado los brotes epidémicos en las
últimas décadas, asociados a la urbanización acelerada, la globalización, el cambio climático y las
limitaciones estructurales en el control vectorial (Ministerio de Salud Pública [MSP], 2024a; Pan
American Health Organization [PAHO], 2024a; Zúñiga Sosa, 2024a).
El dengue, en particular, se ha consolidado como la arbovirosis de mayor impacto en el Ecuador, con
un comportamiento endemo-epidémico caracterizado por brotes cíclicos y un incremento sostenido de
la incidencia en los últimos años (MSP, 2025a; PAHO, 2024b). Informes oficiales del Ministerio de
Salud Pública (MSP) y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) evidencian que el país se
encuentra entre los más afectados de la subregión andina, con mayor concentración de casos en la
región Costa y la Amazonía, aunque con una expansión progresiva hacia áreas urbanas de la Sierra
(MSP, 2024a; MSP, 2025a; PAHO, 2024a). En las últimas décadas, el Ecuador ha experimentado un
incremento sostenido de casos de dengue y la reemergencia cíclica de brotes epidémicos, con mayor
impacto en las regiones Costa y Amazonía, aunque con expansión progresiva hacia zonas urbanas de
la Sierra (Zúñiga Sosa, 2024a; MSP, 2024b; Wilca-Cepeda et al., 2025). Este comportamiento
epidemiológico está estrechamente relacionado con la persistente infestación domiciliaria y
peridomiciliaria por Aedes aegypti, favorecida por procesos acelerados de urbanización no planificada,