pág. 5816
ASOCIACIÓN ENTRE TRASPLANTE
CARDIACO Y RIESGO DE
TROMBOEMBOLISMO PULMONAR EN
PACIENTES POSTOPERADOS
RELATION IN CARDIAC TRANSPLANT AND PULMONARY
THROMBOEMBOLISM IN PATIENTS POST SURGERY
Álvaro Woo Velasco
Universidad Westhill
Erick Bobadilla Ramírez
Universidad Anáhuac
Abigail Tolentino García
Universidad Anáhuac
Daniela Ramos Sesin
Universidad Westhill
Francisco Josué Nocedal Hernández
Universidad Anáhuac
Daniel Duran Clark
Universidad Anáhuac
pág. 5817
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22695
Asociación entre Trasplante Cardiaco y Riesgo de Tromboembolismo
Pulmonar en Pacientes Postoperados
Álvaro Woo Velasco1
awoovela@st.uw.edu.mx
https://orcid.org/0009-0006-2576-0366
Universidad Westhill
Erick Bobadilla Ramírez
erickbora21@icloud.com
https://orcid.org/0009-0002-5560-9422
Universidad Anáhuac
Abigail Tolentino García
abigailtolentino8@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-5901-9800
Universidad Anáhuac
Daniela Ramos Sesin
daniela.rsesin28@gmail.com
https://orcid.org/0009-0009-1463-9925
Universidad Westhill
Francisco Josué Nocedal Hernández
paconocedal@outlook.com
https://orcid.org/0009-0008-4628-6792
Universidad Anáhuac
Daniel Duran Clark
duranclarkd@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-3565-1011
Universidad Anáhuac
RESUMEN:
Introducción:
El tromboembolismo venoso (TEV), que incluye la trombosis venosa profunda (TVP) y el
tromboembolismo pulmonar (TEP), representa una complicación potencialmente grave en pacientes
sometidos a trasplante cardíaco. La combinación de cirugía mayor, inmovilización, uso de accesos
venosos centrales, estados protrombóticos y tratamiento inmunosupresor puede incrementar el riesgo
tromboembólico, con impacto significativo sobre la evolución del injerto y la supervivencia. Objetivo:
Sintetizar la evidencia disponible sobre la asociación entre trasplante cardíaco y riesgo de
tromboembolismo pulmonar en pacientes postoperados, evaluando incidencia, factores predisponentes,
características clínicas y desenlaces. Metodología: Se realizó una revisión sistemática siguiendo la guía
PRISMA, basada en una selección dirigida de literatura relevante proporcionada por los autores. Se
incluyeron estudios observacionales en receptores de trasplante cardíaco, estudios pediátricos de cirugía
cardíaca con información aplicable, análisis de trombofilias hereditarias, registros de trasplante de
órgano sólido y reportes de casos clínicos. Los desenlaces evaluados incluyeron TVP, TEP, recurrencia
tromboembólica y resultados clínicos asociados. Resultados: Los estudios analizados demostraron que
el TEV es una complicación frecuente tras el trasplante cardíaco, con eventos que pueden presentarse
tanto en el periodo postoperatorio temprano como durante el seguimiento. Se observó una elevada
proporción de TVP de extremidad superior asociada a accesos venosos centrales, la cual no es
clínicamente benigna y puede relacionarse con TEP. Factores como inmovilización prolongada,
infecciones, rechazo y reintervenciones quirúrgicas contribuyen a un riesgo trombótico persistente. La
evidencia sobre trombofilias hereditarias sugiere una posible asociación, aunque limitada por
heterogeneidad metodológica. Conclusiones: El tromboembolismo pulmonar constituye una
complicación relevante tras el trasplante cardíaco. Se requiere vigilancia prolongada e individualización
de estrategias preventivas y terapéuticas. Futuros estudios prospectivos multicéntricos son necesarios
para optimizar el manejo del riesgo tromboembólico en esta población.
Palabras clave: trasplante cardíaco, tromboembolismo pulmonar, tromboembolismo venoso, trombosis
venosa profunda, complicaciones postoperatorias
1
Autor principal
Correspondencia: awoovela@st.uw.edu.mx
pág. 5818
Relation in Cardiac Transplant and Pulmonary Thromboembolism in
Patients Post Surgery
ABSTRACT
Venous thromboembolism (VTE), which encompasses deep vein thrombosis (DVT) and pulmonary
embolism (PE), represents a potentially severe complication in heart transplant recipients. The
combination of major surgery, immobilization, the use of central venous access, prothrombotic states,
and immunosuppressive therapy can increase thromboembolic risk, significantly impacting graft
outcomes and patient survival. OBJECTIVE: Synthesize available information between cardiac
transplant and associated risk of pulmonary thromboembolism in post-surgical patients, evaluating
incidence, risk factors, clinical characteristics and prognosis. Methods: A systematic review was
conducted following the PRISMA guidelines, based on a targeted selection of relevant literature
provided by the authors. Observational studies in heart transplant recipients, pediatric cardiac surgery
studies with applicable information, analyses of hereditary thrombophilias, solid organ transplant
registries, and clinical case reports were included. The outcomes evaluated included DVT, PTE,
thromboembolic recurrence, and associated clinical results. Results: The analysed studies showed that
PE is a frequent consequence of cardiac transplant, with associated events that can occur as early as
post-surgical period, or within follow-ups. There was an elevated proportion of PE to the superior right
extremity associated with central venous catheter, which is not clinically benign and can be related to
PE. Factors such as prolonged immobilization, infections, transplant rejection and surgical
reinterventions contributed to PE risk. Conclusions: Pulmonary thromboembolism is a significant
complication following heart transplantation. Prolonged monitoring and individualized preventive and
therapeutic strategies are required. Future prospective multicenter studies are needed to optimize the
management of thromboembolic risk in this population.
Keywords: heart transplantation, pulmonary embolism, venous thromboembolism, deep vein
thrombosis, postoperative complications
Artículo recibido 23 diciembre 2025
Aceptado para publicación: 28 enero 2026
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INTRODUCCIÓN
Contexto clínico y relevancia del problema
En la práctica médica actual, se puede destacar que todo acto quirúrgico ha progresado para desarrollar
una mejor intervención positiva y favorable para los pacientes. Se han mejorado las técnicas que buscan
disminuir las complicaciones, un ejemplo de esto; Cirugía Mínimamente Invasiva (CMI). Sin embargo,
en la actualidad todavía no es posible mitigar cualquier eventualidad quirúrgica transoperatoria y
postoperatoria. Se pretende así, evidenciar la asociación entre el trasplante cardiaco y el desarrollo de
trombolismo pulmonar, enfatizando la importancia clínica de esta complicación crítica en el período
postoperatorio.
La TVP es una complicación frecuente, se mantiene elevada durante el periodo postrasplante. Debido
a la necesidad de realizar intervenciones vasculares frecuentes para tomar biopsias endomiocardicas en
los grupos de pacientes seleccionados para una cirugía cardiaca y/o transplante [7, 8].
Existen diferentes factores que aumentan significativamente el riesgo de trombosis; alteraciones
metabólicas, uso de Ciclosporina, factor V conocido como Leiden, la protrombina G20210A (PT
G20210A). De este modo se necesita un manejo agresivo y oportuno con tromboprofilaxis para mejorar
la hemodinamia [4, 5, 9].
Se identifica un sesgo e imprecisión en la investigación clínica. La evidencia epidemiológica actual es
insuficiente para determinar con exactitud las tasas de incidencia, prevalencia y mortalidad [11].
Los pacientes pediátricos sometidos a una cirugía cardiaca son un grupo con alto riesgo de sufrir una
trombosis principalmente mortal. Incluyendo en gran medida una malformación congénita. En la fase
transoperatoria hay factores que contribuyen a la formación de trombos; la interrupción del flujo
sanguíneo, disfunción y activación plaquetaria, respuesta inflamatoria e hipercoagulabilidad sanguínea.
Otros factores que complican la salud de los pacientes jóvenes incluyen un sistema de coagulación
inmaduro, el cual presenta significativamente una resistencia a la anticoagulación. Históricamente el
uso de Heparina en los protocolos del paciente adulto han sido adoptados para el manejo especializado
en niños. Estudios recientes indican que los niños requieren dosis mayores en comparación con los
adultos porque tienen niveles de antitrombina disminuidos y porque pueden metabolizar la Heparina de
forma más rápida [2, 10, 11].
pág. 5820
Evidencia previa y vacíos de información
De acuerdo a la evidencia existente, las complicaciones más subsecuentes entre los pacientes
postoperados de trasplantes cardíacos, son el tromboembolismo venoso (TEV), trombosis venosa
profunda (TVP) y el tromboembolismo pulmonar (TEP). Un estudio retrospectivo reciente reporta una
incidencia acumulada de TEV del 42% en los primeros 60 días post trasplante cardíaco, con una
asociación significativa con respecto a una mayor estancia hospitalaria, mayor mortalidad
intrahospitalaria y peor supervivencia a 5 años [1].
Dichos factores de riesgo, incluyen antecedentes de TEV y el procedimiento de intubación prolongada
(>3 días) en el postoperatorio inmediato. Esto remarca la importancia de la vigilancia constante y el
establecimiento de estrategias preventivas y tratamientos del TEV en este grupo de pacientes. [1-5].
En cuanto a los vacíos de información, tenemos diferentes puntos a abordar, como la incidencia real y
la temporalidad, que son factores que se mencionan de manera escasa, hay limitación de estudios
prospectivos multicéntricos que ayuden a cuantificar los eventos tempranos contras los tardíos, y
permitan crear estrategias óptimas de prevención, diagnóstico precoz y tratamiento del TEP en los
distintos tipos de población. Del mismo modo, no hay guías específicas que aborden el manejo en
subgrupos de alto riesgo (ejemplo, en aquellos pacientes con algún tipo de cardiopatía congénita
compleja o múltiples dispositivos intracardiacos). [2, 3, 4]
Aunado a esto, la gran parte de los datos existentes provienen de estudios retrospectivos monocéntricos,
lo que limita la generalización de resultados. Además, de escasez de ensayos sobre los tipos de dosis y
duración óptima de tromboprofilaxis más allá del periodo inmediato, pese al pico de riesgo en el primer
año de la operación y la recurrencia significativa en los pacientes [2, 3].
Justificación de la revisión y objetivo
A pesar del creciente reconocimiento del TEV como una complicación relevante tras el trasplante
cardíaco, persisten importantes vacíos de conocimiento relacionados con la verdadera magnitud del
riesgo de TEP, la heterogeneidad de definiciones diagnósticas, la variabilidad en las estrategias de
profilaxis y la ausencia de recomendaciones específicas basadas en evidencia robusta. La extrapolación
de datos provenientes de otros trasplantes de órgano sólido o de poblaciones quirúrgicas generales
pág. 5821
resulta limitada debido a las particularidades hemodinámicas, inmunológicas y terapéuticas del
trasplante cardíaco [7].
Asimismo, la literatura incluye reportes de casos y series breves que describen presentaciones atípicas,
eventos incidentales y escenarios terapéuticos complejos, como el uso de trombolisis dirigida por catéter
o trombectomía mecánica en pacientes trasplantados [1012]. Aunque estos reportes no permiten
inferencias epidemiológicas, subrayan la necesidad de una mejor comprensión del problema y de una
síntesis estructurada de la evidencia disponible.
Por lo tanto, el objetivo de esta revisión sistemática es sintetizar críticamente la evidencia existente
sobre la asociación entre el trasplante cardíaco y el riesgo de tromboembolismo pulmonar en
pacientes postoperados, analizando la incidencia, los factores de riesgo, las características clínicas, los
desenlaces y las limitaciones metodológicas de los estudios publicados, con el fin de identificar
implicaciones para la práctica clínica y orientar futuras líneas de investigación.
RESULTADOS
Identificación y selección de estudios
La evidencia incluida en esta revisión se obtuvo a partir de un conjunto dirigido de estudios
proporcionados por los autores, centrados en el tromboembolismo venoso (TEV) y tromboembolismo
pulmonar (TEP) en pacientes sometidos a trasplante cardíaco o en contextos directamente comparables.
El corpus inicial estuvo compuesto por cohortes retrospectivas en receptores de trasplante cardíaco
[1,3,8,9,12], estudios pediátricos de cirugía cardíaca con información relevante sobre trombosis
perioperatoria [2,10,11,23], estudios sobre trombofilias hereditarias [4,5], registros multicéntricos de
trasplante de órgano sólido [15], así como reportes de casos y series clínicas que describen escenarios
diagnósticos y terapéuticos complejos tras trasplante [6,13,16].
Asimismo, se consideraron trabajos contemporáneos que aportan contexto clínico y fisiopatológico,
incluyendo revisiones sobre dispositivos de asistencia mecánica como puente al trasplante [18],
anticoagulación en TEV [20], trombosis durante trasplante hepático [19], complicaciones
postoperatorias del trasplante cardíaco [22,24] y revisiones narrativas sobre el estado actual del
trasplante cardíaco [21].
pág. 5822
Tras la revisión a texto completo, la totalidad de los estudios cumplió los criterios de inclusión
relacionados con población, desenlaces tromboembólicos y relevancia clínica, por lo que no se
realizaron exclusiones adicionales.
Características generales de los estudios incluidos
Los estudios incluidos abarcaron desde 2000 hasta 2025 e incluyeron:
Cohortes retrospectivas y estudios multicéntricos que evaluaron incidencia, características
clínicas y desenlaces del TEV tras trasplante cardíaco [1, 3, 8, 9,12].
Estudios pediátricos de cirugía cardíaca que describieron riesgo trombótico perioperatorio y
resultados clínicos en población infantil [2,10,11,23].
Estudios genéticos sobre factor V Leiden y mutación de protrombina G20210A como factores
predisponentes [4,5].
Registros de trasplante de órgano sólido con información aplicable al contexto cardiaco [15].
Reportes de casos que ilustraron TEP asintomático, trombosis de la vena cava superior y
terapias avanzadas como trombólisis dirigida por catéter o trombectomía mecánica [6,13,16].
Figura 1. Selección de estudios y cribado.
pág. 5823
Incidencia de trombosis venosa profunda y tromboembolismo pulmonar tras trasplante cardíaco
Diversos estudios demostraron que el tromboembolismo venoso constituye una complicación
clínicamente relevante tras el trasplante cardíaco. En cohortes específicas de receptores de trasplante,
se reportó una incidencia acumulada no despreciable de TVP y TEP durante el seguimiento
postoperatorio, tanto en fases tempranas como tardías [1,2,6].
El TEP fue identificado tanto en pacientes sintomáticos como de manera incidental durante estudios de
imagen realizados por otras indicaciones clínicas [1,10]. Estos hallazgos sugieren que la carga real de
enfermedad podría estar subestimada si se consideran únicamente los eventos clínicamente manifiestos.
La variabilidad en los métodos diagnósticos y en los periodos de seguimiento contribuyó a la
heterogeneidad de las tasas reportadas entre estudios.
Las cohortes específicas de trasplante cardíaco demostraron que el TEV constituye una complicación
frecuente en el periodo postoperatorio, con presentación tanto temprana como tardía [1,3,8,12]. El
estudio multicéntrico más reciente describió un perfil clínico complejo y desenlaces adversos asociados
a eventos tromboembólicos tras trasplante cardíaco [12].
Localización de la trombosis y su impacto clínico
Un hallazgo relevante fue la alta frecuencia de TVP de extremidad superior en receptores de trasplante
cardíaco, atribuida principalmente al uso prolongado de catéteres venosos centrales y otros dispositivos
intravasculares [3]. En estudios que compararon TVP de extremidad superior frente a extremidad
inferior, se observaron diferencias en características clínicas y desenlaces, incluyendo la asociación con
TEP [3].
Aunque la TVP de extremidad inferior se asoció clásicamente con un mayor riesgo de TEP, la evidencia
en trasplante cardíaco sugiere que la TVP de extremidad superior no es un evento benigno y puede
también relacionarse con embolia pulmonar clínicamente significativa [3]. Estos resultados subrayan la
necesidad de mantener un alto índice de sospecha diagnóstica independientemente de la localización
trombótica.
Factores predisponentes y recurrencia tromboembólica
Los estudios incluidos identificaron múltiples factores predisponentes para el desarrollo de TEV tras el
trasplante cardíaco. Entre los más frecuentemente reportados se encontraron la inmovilización
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prolongada, la presencia de catéteres venosos centrales, episodios de rechazo agudo, infecciones
postoperatorias y la necesidad de reintervenciones quirúrgicas [2].
La recurrencia del tromboembolismo venoso fue documentada en una proporción relevante de pacientes
durante el seguimiento, lo que sugiere que el riesgo trombótico persiste más allá del periodo
postoperatorio inmediato [2]. Estos hallazgos refuerzan la importancia de una evaluación longitudinal
del riesgo tromboembólico y de estrategias de prevención secundaria individualizadas en receptores de
trasplante cardíaco.
Papel de las trombofilias hereditarias
El papel de las trombofilias hereditarias como moduladores del riesgo tromboembólico fue explorado
en estudios específicos en población trasplantada. Se evaluó la asociación de mutaciones como factor
V Leiden y protrombina G20210A con eventos tromboembólicos tras el trasplante cardíaco [5].
Si bien estos estudios sugirieron una posible contribución de estados protrombóticos hereditarios, la
evidencia fue limitada por el tamaño muestral y la heterogeneidad clínica, impidiendo establecer
conclusiones definitivas. Datos complementarios provenientes de poblaciones con trombofilias bajo
anticoagulación aportaron información contextual sobre evolución y recurrencia, aunque no específica
de trasplante cardíaco [9].
Evidencia de registros y literatura clínica complementaria
Los datos del registro RIETE en receptores de trasplante de órgano sólido proporcionaron una visión
global del tromboembolismo venoso en población trasplantada, confirmando que estos pacientes
presentan un perfil de riesgo elevado y desenlaces clínicos relevantes [7]. No obstante, la extrapolación
directa a trasplante cardíaco es limitada debido a diferencias fisiopatológicas y terapéuticas entre
órganos trasplantados.
Finalmente, los reportes de casos y series clínicas describieron escenarios poco frecuentes pero
clínicamente significativos, como tromboembolismo pulmonar asintomático [10], trombosis venosa
central con necesidad de trombectomía y colocación de stent [11], y embolia pulmonar que requirió
trombolisis dirigida por catéter en pacientes trasplantados [12]. Aunque estos reportes no aportan
estimaciones de incidencia, ilustran la complejidad diagnóstica y terapéutica del TEV en esta población.
pág. 5825
Tablas de Resultados
Tabla 1. Características generales de los estudios incluidos
Autor (año)
Diseño del estudio
Población
Desenlaces
evaluados
Kainuma et
al. (2022)
Cohorte retrospectiva
Receptores
de trasplante
cardíaco
TVP, TEP
Alvarez-
Alvarez et al.
(2015)
Cohorte retrospectiva
Trasplante
cardíaco
TEV,
recurrencia
Elboudwarej
et al. (2015)
Cohorte comparativa
Trasplante
cardíaco
TVP sup. vs
inf., TEP
Rizaldi et al.
(2025)
Estudio multicéntrico
retrospectivo
Trasplante
cardíaco
TEV,
mortalidad
García-
Ortega et al.
(2021)
Registro RIETE
Trasplante
órgano sólido
TEV
Tabla 2. Factores predisponentes y desenlaces clínicos del tromboembolismo venoso
Factor / Variable
Descripción
Estudios
que lo
reportan
Impacto clínico
Impacto clínico
Catéter venoso
central
Uso prolongado
postrasplante
[2,3]
Incremento de TVP,
especialmente
extremidad superior
Incremento de TVP,
especialmente
extremidad superior
Inmovilización
Periodo
postoperatorio
prolongado
[1,2]
Mayor riesgo de
TEV
Mayor riesgo de TEV
Rechazo / Infección
Eventos
intercurrentes
[2]
Riesgo trombótico
persistente
Riesgo trombótico
persistente
Trombofilias
hereditarias
Factor V
Leiden,
Protrombina
G20210A
[5]
Posible aumento del
riesgo trombótico
Posible aumento del
riesgo trombótico
Recurrencia TEV
Eventos
repetidos en
seguimiento
[2]
Necesidad de
prevención
secundaria
Necesidad de
prevención
secundaria
pág. 5826
DISCUSIÓN
Interpretación principal de los hallazgos
La presente revisión sistemática confirma que el tromboembolismo venoso (TEV), incluyendo el
tromboembolismo pulmonar (TEP), constituye una complicación clínica relevante en pacientes
sometidos a trasplante cardíaco, tanto en el periodo postoperatorio temprano como durante el
seguimiento a mediano plazo. Las cohortes retrospectivas y estudios multicéntricos incluidos
documentan que la incidencia de eventos tromboembólicos en esta población no es trivial y se asocia a
desenlaces adversos, lo que posiciona al TEV como un componente crítico del manejo postrasplante
[1,3,8,12].
Un hallazgo particularmente importante es la elevada frecuencia de trombosis venosa profunda (TVP)
de extremidad superior, vinculada al uso de accesos venosos centrales y otros dispositivos
intravasculares, práctica común en el cuidado intensivo del receptor de trasplante cardíaco [9].
Tradicionalmente, la TVP de extremidad superior ha sido considerada de menor riesgo que la TVP de
extremidad inferior; sin embargo, los datos analizados indican que esta localización se asocia también
con TEP clínicamente significativo, lo que obliga a reconsiderar su impacto pronóstico en esta
población específica [9].
Diversos estudios reportan de manera clínica el desarrollo de encefalopatía, dando como consecuencia
el desarrollo de delirio, hasta coma; no obstante, el mecanismo de estas alteraciones puede asociarse
más hacia alteraciones en los electrolitos, valores de glucosa, o insuficiencia hepática o renal [23].
Figura 1. Interpretación principal de los hallazgos.
pág. 5827
Factores predisponentes y persistencia del riesgo tromboembólico
Los estudios revisados coinciden en señalar que el riesgo tromboembólico tras el trasplante cardíaco es
multifactorial. Entre los factores más consistentemente asociados se encuentran la inmovilización
prolongada, la presencia de catéteres venosos centrales, los episodios de rechazo, las infecciones
postoperatorias y la necesidad de reintervenciones quirúrgicas [3]. La concurrencia de estos elementos
en el mismo paciente crea un entorno protrombótico sostenido, lo que explica la persistencia del riesgo
más allá del periodo postoperatorio inmediato y la recurrencia documentada de eventos
tromboembólicos durante el seguimiento [3].
Este patrón de riesgo prolongado sugiere que la profilaxis estándar limitada a la fase hospitalaria inicial
podría ser insuficiente en subgrupos seleccionados de alto riesgo, lo que plantea la necesidad de
estrategias de prevención secundaria individualizadas.
Contribución de las trombofilias hereditarias
La posible influencia de trombofilias hereditarias, como el factor V Leiden y la mutación G20210A de
la protrombina, fue explorada en estudios específicos en población trasplantada [4]. Aunque se
identificó una asociación potencial con eventos tromboembólicos, la evidencia sigue siendo limitada
por tamaños muestrales reducidos y heterogeneidad clínica, impidiendo establecer recomendaciones
sólidas respecto al cribado sistemático de trombofilias en todos los candidatos o receptores de trasplante
cardíaco.
La información proveniente de cohortes generales de pacientes con TEV portadores de trombofilias,
que describen desenlaces durante la anticoagulación, aporta un marco contextual útil pero no específico
del trasplante cardíaco [5]. Por tanto, el papel de los factores genéticos debe interpretarse con cautela y
probablemente restringirse a escenarios de alto riesgo clínico o antecedentes trombóticos
personales/familiares.
Evidencia de registros y reportes clínicos: valor y limitaciones
El análisis de datos procedentes de registros de trasplante de órgano sólido muestra que los pacientes
trasplantados presentan un perfil de riesgo tromboembólico elevado en comparación con la población
general [15]. No obstante, la extrapolación directa de estos resultados al trasplante cardíaco debe
pág. 5828
realizarse con prudencia, dado que las particularidades hemodinámicas y el uso intensivo de
dispositivos en el trasplante cardíaco difieren sustancialmente de otros órganos.
Los reportes de casos y series clínicas ofrecen información valiosa sobre escenarios poco frecuentes
pero de alto impacto clínico, como el TEP asintomático [13], la trombosis de la vena cava superior
tratada con trombectomía y colocación de stent [6] y la necesidad de trombolisis dirigida por catéter en
pacientes trasplantados [16]. Aunque su nivel de evidencia es bajo, estos trabajos ilustran la complejidad
diagnóstica y terapéutica del TEV en esta población y subrayan la importancia de la vigilancia clínica
continua.
Implicaciones clínicas
Los resultados de esta revisión respaldan la necesidad de:
Mantener un alto índice de sospecha clínica de TEV/TEP en pacientes trasplantados, incluso
ante síntomas atípicos o hallazgos incidentales [13].
Reevaluar el riesgo trombótico de forma longitudinal, más allá del periodo postoperatorio
inmediato, especialmente en pacientes con factores predisponentes persistentes [3].
Considerar la TVP de extremidad superior como clínicamente relevante, con potencial
asociación a TEP y desenlaces adversos [9].
Individualizar las estrategias de profilaxis y tratamiento, teniendo en cuenta factores
clínicos y, en casos seleccionados, genéticos [4,5].
Limitaciones metodológicas
Esta revisión se basa predominantemente en estudios observacionales retrospectivos, con riesgo
inherente de sesgo de selección, confusión residual y heterogeneidad en definiciones diagnósticas y
periodos de seguimiento [1,3,8,12]. La ausencia de ensayos clínicos controlados específicos en
trasplante cardíaco limita la posibilidad de establecer relaciones causales firmes o recomendaciones de
alto nivel de evidencia.
Asimismo, la inclusión de estudios pediátricos, registros de trasplante de órgano sólido y reportes de
casos, aunque necesaria para ofrecer un panorama integral, introduce heterogeneidad clínica que
pág. 5829
dificulta la comparación directa entre estudios. Por último, la escasez de datos prospectivos y de análisis
comparativos de estrategias de profilaxis constituye un vacío relevante en la literatura actual.
CONCLUSIONES
Síntesis principal de la evidencia y datos relevantes
Después de analizar toda la información recopilada para esta revisión, queda bastante claro que el
tromboembolismo pulmonar no es una complicación que deba ignorarse en los pacientes que han sido
sometidos a un trasplante cardíaco. Tras la revisión de estudios que van desde el 2000 hasta el 2025, y
aunque son trabajos con metodologías distintas cohortes retrospectivas, estudios multicéntricos,
investigaciones en pacientes pediátricos, análisis de factores genéticos e incluso reportes de casos
aislados, todos coinciden en señalar que esta asociación existe y que tiene repercusiones clínicas
importantes.
Las cifras hablan por solas; estudios que reportan casi la mitad de los pacientes trasplantados presenta
algún evento tromboembólico en los primeros dos meses después de la cirugía, y el tromboembolismo
pulmonar aparece con una frecuencia que francamente no esperábamos encontrar tan alta cuando
comenzamos a revisar la literatura. Pero más allá de la frecuencia, lo que realmente llama la atención
es cómo estos eventos impactan en la evolución de los pacientes: hospitalizaciones prolongadas,
mortalidad intrahospitalaria que aumenta y una supervivencia a cinco años que se ve afectada de manera
considerable. Son datos que obligan a tomarnos este problema con la severidad que merece.
Algo que parece particularmente interesante durante la revisión es que muchos casos de TEP no se
diagnostican porque el paciente llegue con disnea súbita o dolor torácico típico; un número importante
de estos eventos se detecta de forma incidental, cuando se realizan estudios de imagen por otros
motivos. Esto nos hace pensar que probablemente las estadísticas que manejamos subestiman la
magnitud real del problema. Si solo contamos los casos sintomáticos, seguramente nos estamos
perdiendo una parte importante del panorama.
¿Por qué ocurre esto con tanta frecuencia en los trasplantados cardíacos? La respuesta no es sencilla
por la intervención de múltiples factores. Inicialmente, el postoperatorio de estos pacientes implica días
o incluso semanas de movilidad reducida, lo cual favorece la estasis venosa. Sumado a esto se suma el
uso de los catéteres venosos centrales, que en estos pacientes se utilizan de forma prolongada tanto para
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monitorización como para las biopsias endomiocardicas que hay que realizar periódicamente. La
presencia de estos dispositivos se asocia de manera clara con formación de trombos, sobre todo en las
venas de los miembros superiores. Y aquí hay algo que llama la atención: aunque usualmente se cree
que los trombos en brazos son menos peligrosos que los de las piernas, la evidencia muestra que también
pueden generar embolismos pulmonares clínicamente relevantes, siendo algo que no debe minimizarse
por su importancia clínica. Un factor relevante que coincide a través de múltiples artículos es que el
riesgo no desaparece cuando el paciente sale del hospital. Los episodios de rechazo, las infecciones que
aparecen por la inmunosupresión, las reoperaciones cuando son necesarias son eventos que mantienen
activo un estado protrombótico que puede prolongarse durante meses. De hecho, varios trabajos
documentan recurrencias a lo largo del primer año, lo que sugiere que la vigilancia debe extenderse
mucho más allá del periodo postoperatorio inmediato. También se encuentra que los pacientes que
requieren intubación por más de tres días tienen un riesgo incrementado, aumentando el estado de
hipercoagulabilidad e inmovilización prolongada.
Respecto a las trombofilias, se revisaron estudios que analizaron mutaciones como el factor V Leiden
y la variante G20210A de la protrombina. Hay indicios de que estas alteraciones podrían aumentar el
riesgo en pacientes trasplantados, pero siendo honestos, la evidencia todavía no es lo suficientemente
sólida como para recomendar que se les haga este estudio a todos los pacientes. Los trabajos tienen
muestras pequeñas y las poblaciones son muy heterogéneas. Por ahora, parece más razonable reservar
estas pruebas para casos donde haya antecedentes familiares o personales que generen sospecha.
Un punto relevante es la ocurrencia en la población pediátrica; los pacientes pediátricos que requieren
cirugía cardíaca, muchos de ellos con cardiopatías congénitas de base, tienen características que los
hacen especialmente vulnerables. Su sistema de coagulación todavía no está completamente
desarrollado, tienen menos antitrombina circulante y metabolizan la heparina más rápido que los
adultos. Esto significa que los esquemas de anticoagulación que funcionan en adultos no se pueden
aplicar igual en ellos; necesitan dosis proporcionalmente mayores para lograr una protección adecuada.
Los registros grandes como el RIETE muestran que, en general, los pacientes con cualquier tipo de
trasplante de órgano sólido tienen más riesgo tromboembólico que la población normal. Aunque hay
que tener cuidado al extrapolar estos datos directamente al trasplante cardíaco porque las condiciones
pág. 5831
no son exactamente iguales, refuerzan la idea de que estamos frente a un grupo de pacientes que
requiere atención especial en este aspecto.
Por último, aunque los reportes de casos tienen limitaciones obvias para sacar conclusiones generales,
nos ayudaron a entender mejor la variabilidad con la que puede presentarse esta complicación. Hay
descripciones de pacientes con TEP completamente asintomático, otros que necesitaron trombectomía
mecánica por trombosis masivas, casos donde se tuvo que recurrir a trombolisis dirigida por catéter;
estas situaciones nos recuerdan que no siempre se establece “el cuadro clínico del libro”, por lo que la
prevención y seguimiento de los pacientes trasplantados debe ser mejorada.
En conclusión, lo que esta revisión deja claro es que el tromboembolismo pulmonar es una complicación
real y frecuente en los pacientes postoperados de trasplante cardíaco. No es algo excepcional ni limitado
a los primeros días del postoperatorio. Tener presente esta asociación, conocer los factores que
aumentan el riesgo y mantener un alto índice de sospecha son aspectos fundamentales si se quiere
mejorar el pronóstico de estos pacientes.
Implicaciones clínicas e información para la práctica
Los resultados de esta revisión respaldan la necesidad de una vigilancia clínica sistemática y prolongada
del riesgo tromboembólico en receptores de trasplante cardíaco. La elevada proporción de trombosis
venosa profunda de extremidad superior, asociada al uso de accesos venosos centrales, debe ser
reconocida como un evento de riesgo clínico real y no como una complicación menor [9]. Asimismo,
la persistencia del riesgo y la recurrencia documentada de eventos tromboembólicos subrayan la
importancia de individualizar las estrategias de profilaxis y tratamiento, considerando tanto factores
clínicos como, en casos seleccionados, trombofilias hereditarias gada del riesgo tromboembólico en
receptores de trasplante cardíaco. La elevada proporción de trombosis venosa profunda de extremidad
superior, asociada al uso de accesos venosos centrales, debe ser reconocida como un evento de riesgo
clínico real y no como una complicación menor [9]. Es importante como médicos la revisión continua
de los pacientes trasplantados, aún sabiendo si contaban con coagulopatías previas o no, ya que la
mortalidad y la calidad de vida posterior, como puede ser la relación com eventos vasculares cerebrales
[25] condicionan de manera directa la recuperación de los pacientes y su capacidad de respuesta al
trasplante, inflamación, infecciones, etc.
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Direcciones futuras de investigación y hallazgos relevantes
A pesar de la creciente evidencia que reconoce al tromboembolismo venoso y al tromboembolismo
pulmonar como complicaciones relevantes tras el trasplante cardíaco, la literatura disponible presenta
limitaciones sustanciales que restringen la formulación de recomendaciones clínicas sólidas y
universalmente aplicables. La mayoría de los estudios incluidos en esta revisión corresponden a diseños
observacionales retrospectivos, con heterogeneidad en los criterios diagnósticos, en las ventanas
temporales de seguimiento y en las estrategias de profilaxis y tratamiento anticoagulante empleadas, lo
que dificulta la comparación directa entre estudios y la obtención de estimaciones precisas del riesgo
tromboembólico [1,3,8,12].
En este contexto, resulta prioritario el desarrollo de estudios prospectivos multicéntricos, idealmente
integrados en registros internacionales de trasplante cardíaco, que permitan caracterizar de manera
estandarizada la incidencia, los factores de riesgo y los desenlaces del tromboembolismo venoso y
pulmonar. Dichos estudios deberían incorporar definiciones uniformes de eventos tromboembólicos,
distinguir de forma sistemática entre eventos sintomáticos e incidentales, y considerar la localización
de la trombosis (extremidad superior versus inferior) como una variable pronóstica relevante [9].
Asimismo, futuras investigaciones deberían evaluar de manera comparativa distintas estrategias de
profilaxis tromboembólica, incluyendo la duración óptima de la anticoagulación en el periodo
postoperatorio y durante el seguimiento, así como el papel emergente de anticoagulantes orales directos
en subpoblaciones seleccionadas de receptores de trasplante cardíaco, particularmente en pacientes con
riesgo trombótico persistente o recurrencia documentada [3,5]. La evaluación sistemática del balance
entre riesgo trombótico y riesgo hemorrágico será esencial en este escenario clínico complejo.
De igual manera y mo se mencionaba a lo largo del documento, el papel de las trombofilias
hereditarias y su cribado deben ser de importante consideración para la prevención y realización del
trasplante cardíaco o de otros órganos, así como el adecuado manejo con sus respectivos
anticoagulantes, inmunosupresores y vigilancia clínica regular con estudios [4, 5, 21].
Finalmente, se requiere mayor evidencia sobre la seguridad y efectividad de intervenciones
terapéuticas avanzadas, como la trombolisis dirigida por catéter y la trombectomía mecánica, en el
manejo del tromboembolismo pulmonar de alto riesgo en receptores de trasplante cardíaco. Aunque los
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reportes de casos disponibles sugieren que estas estrategias pueden ser factibles en escenarios
seleccionados, su uso sistemático debe ser evaluado mediante estudios bien diseñados que consideren
desenlaces clínicos relevantes, complicaciones hemorrágicas y el impacto sobre la función del injerto
[6,16].
En conjunto, la generación de evidencia prospectiva, estandarizada y específica para trasplante cardíaco
será fundamental para optimizar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del tromboembolismo
venoso y pulmonar en esta población altamente vulnerable, y para avanzar hacia un manejo
verdaderamente individualizado y basado en evidencia.
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