DISEÑO Y VALIDACIÓN DEL
INSTRUMENTO DE MEDICIÓN SOBRE
COMPETENCIAS COGNITIVAS Y NO
COGNITIVAS NECESARIAS POR UN
CONTRALOR MUNICIPAL

DESIGN AND VALIDATION OF THE MEASUREMENT
INSTRUMENT ON COGNITIVE AND NON-COGNITIVE
SKILLS REQUIRED BY A CONTROLLER

Diana Patricia Campuzano Ceniceros

Universidad Autonoma de Coahuila

Oscar Mario Farias Montemayor

Universidad Autonoma de Coahuila

Mayra Yazmin Ortiz Ozuna

Universidad Autonoma de Coahuila

Luis Horacio Salas Torres

Universidad Autonoma de Coahuila
pág. 2
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.22858
Diseño y validación del instrumento de medición sobre competencias
cognitivas y no cognitivas necesarias por un contralor municipal

Diana Patricia Campuzano Ceniceros
1
diana.campuzano@uadec.edu.mx

https://orcid.org/0009-0001-8072-7319

Universidad Autonoma de Coahuila

Mexico

Oscar Mario Farias Montemayor

ofarias@uadec.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-2
564-0106
Universidad Autonoma de Coahuila

Mexico

Mayra Yazmin Ortiz Ozuna

mayraortiz@uadec.edu.mx

https://orcid.org/0009-0003-0432-5507

Universidad Autonoma de Coahuila

Mexico

Luis Horacio Salas Torres

luissalastorres@uadec.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-6924-6792

Universidad Autonoma de Coahuila

Mexico

RESUMEN

El control interno constituye un pilar fundamental para garantizar la transparencia y eficiencia de los
recursos de una administración pública municipal, pero en la práctica persisten debilidades asociadas al
perfil profesional del contralor, por lo que esta investigación aborda el fenómeno del control interno
desde el capital humano, destacando las habilidades cognitivas y no cognitivas del contralor municipal.
El problema se centró en la ausencia de un instrumento válido y confiables que permitan verificar de
manera integral el perfil profesional del contralor. En consecuencia, el objetivo del estudio fue diseñar
y validar un instrumento de medición que permitiera identificar y evaluar las habilidades incidentes en
el desempeño efectivo del control interno, partiendo de la hipótesis de que un perfil integral del contralor
influye significativamente en la calidad del control interno. La población de estudio estuvo conformada
por servidores públicos del ámbito municipal. La recolección de datos se realizó mediante la aplicación
del instrumento propuesto validado por jueces expertos, prueba piloto y estadísticos como Alfa de
Cronbach y Análisis Factorial Exploratorio. Los resultados evidenciaron una alta consistencia interna
(α = 0.895) y una estructura factorial de seis componentes que explican el 75.486% de la varianza total,
confirmando la validez y confiabilidad del instrumento. En conclusión, el instrumento desarrollado es
metodológicamente sólido y pertinente para evaluar de forma objetiva las competencias del contralor
municipal.

Palabras clave: Administración; administración local; administración pública; funcionario público;
habilidades.

1
Autor principal.
Correspondencia:
diana.campuzano@uadec.edu.mx
pág. 3
Design and validation of the measurement instrument on cognitive and non-
cognitive skills required by a controller

ABSTRACT

Internal control is a fundamental pillar for ensuring the transparency and efficiency of resources in
municipal public administration.
However, in practice, weaknesses persist related to the comptroller's
professional profile. Therefore, this research addresses the phenomenon of internal control from a

human capital perspective, highlighting the cognitive and non
-cognitive skills of the municipal
comptroller. The problem centered on the lack of a valid and reliable instrument to comprehensively

verify the c
omptroller's professional profile. Consequently, the objective of this study was to design and
validate a measurement instrument that would identify and evaluate the skills that impact the effective

performance of internal control, based on the hypothesis
that a well-rounded comptroller profile
significantly influences the quality of internal control. The study population consisted of municipal

public servants. Data collection was carried out through the application of the proposed instrument,

validated by
expert judges, a pilot test, and statistical analyses such as Cronbach's alpha and exploratory
factor analysis. The results showed high internal consistency (
α = 0.895) and a six-component factor
structure that explained 75.486% of the total variance, confirming the validity and reliability of the

instrument. In conclusion, the developed instrument is methodologically sound and relevant for

objectively evaluatin
g the competencies of the municipal comptroller.
Keywords:
Administration; civil servants; local government; public administration; skills
Artículo recibido 02 febrero 2026

Aceptado para publicación: 27 febrero 2026
pág. 4
INTRODUCCIÓN

El control interno en el contexto administrativo y gubernamental es la base para garantizar la correcta
gestión de los recursos, siendo el pilar fundamental sobre el cual se sustenta la transparencia, eficacia y
eficiencia en el manejo de los recursos públicos.

Una administración pública eficiente y eficaz requiere de un control interno integral, donde la
prevención de riesgos sea un proceso elemental en toda institución gubernamental, particularmente en
los niveles de gobierno local. En este sentido, la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (2019) define
al control interno como un proceso donde los integrantes de un ente público pueden promover la
confianza en el conjunto de objetivos institucionales y la preservación de los recursos públicos.

Por lo anterior, el control constituye un componente esencial para el adecuado funcionamiento de los
gobiernos municipales, su importancia se centra en que quien desempeña esta función, debe supervisar,
vigilar y monitorear todas las áreas de una organización, teniendo la capacidad de fijar objetivos y
prevenir desviaciones (Cortés, 2019).

En el ámbito de la administración publica, la responsabilidad directa de diseñar, coordinar y dar
seguimiento al control interno recae en la figura del contralor, quien funge como órgano encargado de
salvaguardar la correcta gestión de los recursos públicos.

No obstante, a lo anteriormente comentado y a pesar de la relevancia estratégica del control interno, en
la practica administrativa de los gobiernos locales persisten dificultades significativas asociadas al perfil
profesional del contralor, las cuales impactan directamente en la efectividad de los sistemas de control.
Diversos estudios han señalado que la falta de competencias técnicas, gerenciales y éticas en quienes
ocupan esta posición limita la capacidad institucional para prevenir riesgos, detectar irregularidades y
asegurar una adecuada rendición de cuentas. (OECD, 2020).

Entre los principales problemas a los que se enfrenta la administración publica se encuentra la
designación de contralores sin formación especializada en control gubernamental, auditoria, gestión de
riesgos o administración publica, lo que deriva en controles meramente formales, reactivos y enfocados
en el cumplimiento normativo, mas que en la mejora del desempeño institucional (Sánchez Bernal, et
al., 2018). Esta situación es particularmente critica en el ámbito municipal, donde las capacidades
institucionales suelen ser limitadas y los procesos administrativos presentan mayor vulnerabilidad ante
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errores, discrecionalidad y prácticas indebidas.

Así mismo, la literatura evidencia que un perfil inadecuado del contralor dificulta la implementación de
enfoques modernos de control interno basado en la gestión por resultados, el análisis de riesgos y
prevención, elementos clave propuestos por marcos internacionales (COSO, 2017). En ausencia de estas
competencias, el control interno pierde su carácter estratégico y se convierte en un mecanismo aislado,
desconectado de la planeación institucional y de la toma de decisiones públicas.

Otro desafío importante es la falta de independencia técnica y autonomía funcional del contralor,
derivado tanto de debilidades normativas como del propio perfil del titular del área, quien en muchos
casos carece de habilidades para gestionar presiones políticas y organizacionales (Peters, 2019). Esta
condición compromete la objetividad del control, reduce su credibilidad y debilita la confianza
ciudadana en las instituciones públicas.

Por lo anterior, la Teoría de capital Humano de Becker (1975) interpreta las capacidades, conocimientos
y habilidades del personal como recursos estratégicos es de suma importancia en este contexto ya que
justifica la necesidad de medir competencias ya que según esta teoría las competencias tienen un impacto
en el desempeño, la prevención del riesgo y la eficiencia institucional, así mimo, refuerza la idea de que
la calidad del control interno depende directamente del capital humano disponible.

En consecuencia, a lo anterior, es posible afirmar que resulta indispensable analizar el perfil del contralor
desde una perspectiva integral, que considere no solo conocimientos técnicos en fiscalización y
normatividad, sino también competencias analíticas, estrategias técnicas, éticas y de liderazgo. Definir
un perfil profesional solido y alineado a las necesidades actuales de la administración publica se vuelve
un elemento clave para fortalecer el control interno, mejorar la eficiencia gubernamental y consolidar
practicas de transparencia y rendiciones de cuentas en gobiernos municipales.

Finalmente, ante el escenario anteriormente expuesto, surge la siguiente pregunta, ¿Cuáles son las
habilidades cognitivas y no cognitivas que presenta el contralor municipal en el ejercicio de su función
pública? Para dar respuesta a esta incógnita se llevó a cabo una investigación con el objetivo de diseñar
y validar una escala para medir la presencia de las habilidades cognitivas y no cognitivas requeridas por
el contralor municipal, planteando como hipótesis que la escala para medir las habilidades cognitivas y
no cognitivas del contralor municipal es un instrumento válido y confiable.
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METODOLOGÍA

Esta investigación se clasifica con un enfoque cuantitativo al utilizar análisis estadísticos (Cortez Torrez,
2018), al no manipular las variables y al observar sus datos en su ocurrencia natural se cataloga como
con un grado de control no experimental (Flores Amador, 2024), de temporalidad transversal al
recolectar los datos en un solo momento (Zelada et al., 2025) y al buscar desarrollar una herramienta
aplicable se puede considerar como investigación aplicada (Avellaneda Callirgos et al., 2022).

Se calculó la muestra requerida utilizando los siguientes datos, población sujeta de estudio de 47
funcionarios públicos del municipio de Sanbuenaventura en el estado mexicano de Coahuila que tienen
interacción directa con el contralor municipal, confiabilidad de 95%, margen de error de 5%, resultando
en una muestra de 45 personas. Los datos fueron recolectados durante el periodo de febrero a julio de
2025, encuestando individualmente mediante un formulario digital a los funcionarios públicos
municipales.

Con el objeto de asegurar tanto la validez como la fiabilidad del instrumento de medición se procedió a
seguir un proceso sistemático desde la conceptualización hasta la validación de la escala. Se inició con
la generación de los elementos, para posteriormente realizar la validación del contenido.

Para la generación de los ítems de la escala de medición de habilidades cognitivas y no cognitivas
correspondientes al perfil del contralor de la administración pública municipal, se llevó a cabo una
revisión documental sistemática de la literatura especializada sobre el fenómeno de estudio. A partir de
dicho análisis, se procedió a la redacción de los ítems del instrumento, los cuales fueron sometidos
posteriormente a un proceso de validación mediante el método de jueces expertos, así como a una
validación de contenido a través del coeficiente V de Aiken. Concluida la validación por expertos y de
contenido, la escala fue aplicada a una muestra de la población objetivo, con el propósito de evaluar su
fiabilidad mediante el coeficiente alfa de Cronbach y de realizar un análisis factorial exploratorio que
permitiera examinar la estructura subyacente del instrumento.

El proceso de diseño y validación del instrumento de medición para evaluar la importancia de las
habilidades cognitivas y no cognitivas en el desempeño del contralor municipal se desarrolló a partir de
una fundamentación teórica rigurosa y bajo los criterios metodológicos garantizando validez y
confiabilidad en su aplicación.
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La construcción inicial de ítems siguió los principios propuestos por Posso Pacheco et al. (2025), quienes
destacan la importancia de la congruencia teórica, la claridad semántica y la pertinencia contextual en
la redacción de instrumentos cuantitativos.

En primer lugar, se llevó a cabo la conceptualización de las variables, entendidas como los componentes
teóricos que permiten delimitar y operacionalizar el fenómeno de estudio. El constructo central se basó
en la evaluación del control interno, definido como el conjunto de políticas, normas, procedimientos y
estructuras que orientan el cumplimiento de los objetivos institucionales, la eficiencia de las operaciones
y la transparencia en la gestión pública (Farnham, 2023; Parra, 2019). Este constructo se abordó como
un proceso integral que combina la aplicación normativa con la ética pública, la planeación preventiva,
la toma de decisiones y la rendición de cuentas.

En cuanto a las habilidades cognitivas, son aquellas que comprenden un conjunto de capacidades
mentales complejas que permiten el procesamiento racional de la información, el razonamiento lógico
y la resolución eficiente de problemas en contextos institucionales.

El pensamiento analítico y crítico se concibe como la facultad de los individuos para examinar los datos
con base en un tema determinado, diferenciando lo verdadero de lo falso y evitando sesgos cognitivos
que puedan afectar la objetividad del juicio (Lozano et al., 2024). En estrecha relación, la capacidad de
interpretación normativa alude a la habilidad de comprender, examinar e implementar las normativas
jurídicas, implicando el uso de procesos mentales superiores como la memoria, la atención, el
razonamiento y la comprensión, los cuales permiten identificar los elementos esenciales de una norma,
conceptualizarlos y aplicarlos a situaciones específicas (Aznagulova, 2023). Los conocimientos
contables y financieros abarcan las competencias necesarias para buscar, analizar y emplear información
económica en la toma de decisiones, facilitando la planificación, el control y la formulación de
estrategias orientadas a la eficiencia administrativa (Avendaño Castro et al., 2021).

De igual manera, la planeación y organización se sustentan en la capacidad de generar secuencias
ordenadas de acciones dirigidas al logro de objetivos, consideradas como funciones ejecutivas de alto
nivel que articulan la previsión, el control y la ejecución de tareas (Domic-Siede et al., 2022). La gestión
de datos e informes implica organizar, evaluar, presentar y comparar información relevante para
garantizar su calidad, exactitud y disponibilidad oportuna, aspectos esenciales para la transparencia y la
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eficiencia institucional (Kanza y Knight, 2022). Asimismo, la capacidad de toma de decisiones basada
en evidencia se orienta al uso del pensamiento científico y la evaluación crítica de los datos disponibles
para fundamentar juicios informados y eficaces (Melati et al., 2021). Finalmente, la redacción técnica y
jurídica integra procesos cognitivos complejos como la atención, la memoria, el lenguaje y el
razonamiento, necesarios para la elaboración y edición de textos especializados que requieren precisión
conceptual y coherencia argumentativa (Moreno et al., 2022).

En conjunto, estas habilidades conforman la base intelectual y procedimental indispensable para el
desempeño eficiente y ético de las funciones del contralor municipal.

Estas competencias se desglosan en cuatro dimensiones: pensamiento analítico, interpretación
normativa, planeación estratégica y gestión de información, las cuales se traducen en indicadores
observables que permiten evaluar la capacidad para analizar evidencias, aplicar normas jurídicas,
diseñar planes de acción y tomar decisiones fundamentadas en datos.

En contraparte, las habilidades no cognitivas constituyen un conjunto de atributos personales, éticos y
socioemocionales que inciden directamente en el desempeño profesional del contralor municipal,
favoreciendo la integridad, la cooperación y la resiliencia en la gestión pública.

La integridad y ética pública se conciben como cualidades personales y de comportamiento que orientan
el accionar de los servidores públicos, más allá de su capacidad intelectual, asegurando una actuación
transparente y coherente con los valores institucionales (Vanegas-Carvajal, 2020). En este mismo
sentido, la imparcialidad y objetividad representan la capacidad de emitir juicios y tomar decisiones sin
la influencia de prejuicios personales o emocionales, sustentando las acciones en evidencias y hechos
verificables que garanticen la equidad en la función pública (Sam, 2025). Por su parte, la comunicación
efectiva implica la habilidad para transmitir información de manera clara, comprensible y empática,
evitando malentendidos y fortaleciendo las relaciones interpersonales mediante el uso adecuado del
lenguaje verbal y no verbal, la empatía y la expresión facial (Maza-de la Torre et al., 2023). El liderazgo
y la autoridad moral se entienden como la capacidad para conectar emocionalmente con otros, inspirar
mediante el ejemplo y ejercer influencia basada en valores éticos y autenticidad, más que en el poder
formal o el conocimiento técnico (Safar Mohammed, 2023). Asimismo, la resiliencia y el manejo de
presión se refieren a la habilidad de adaptarse positivamente ante situaciones adversas, superando
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obstáculos y administrando el estrés de forma eficaz para mantener la estabilidad emocional y la
eficiencia laboral (Moreira Santana y Vega Intriago, 2023). Complementariamente, el trabajo en equipo
y la colaboración interinstitucional implican la disposición para interactuar de forma constructiva con
otros, compartir conocimientos y coordinar esfuerzos orientados al logro de metas comunes,
potenciando la cooperación organizacional (Ruiz Aguirre, et al., 2023). Finalmente, el compromiso con
la transparencia y la rendición de cuentas se define como la capacidad de actuar con responsabilidad y
precisión en la gestión de recursos públicos y en la toma de decisiones, promoviendo la confianza
ciudadana y la participación social en los procesos de control y fiscalización (Esparza Rodríguez, 2024).
En conjunto, estas habilidades no cognitivas conforman la base ética y relacional del desempeño del
contralor municipal, asegurando un ejercicio público íntegro, empático y orientado al bien común.

Siendo así que las competencias no cognitivas se definen como los rasgos éticos, emocionales y sociales
que orientan la conducta profesional del contralor hacia la integridad, la cooperación y la resiliencia,
estructuradas en cuatro dimensiones: ética profesional, liderazgo colaborativo, resiliencia ante la presión
y responsabilidad social, cuyos indicadores observables refieren la capacidad para mantener la
integridad moral, liderar equipos de trabajo, manejar situaciones adversas y actuar en concordancia con
principios éticos y de responsabilidad institucional.

La conceptualización y operacionalización de las variables del estudio se estructuró con base en un
enfoque teórico que distingue entre competencias cognitivas y no cognitivas, las cuales configuran el
perfil integral del contralor municipal.

Con base en esta delimitación conceptual, se elaboró una matriz de operacionalización de variables, en
la que se establecieron los indicadores, la escala de medición y los ítems correspondientes.

Esta estructura teórica y operacional permite que el instrumento mida de manera válida y confiable los
componentes cognitivos y no cognitivos que inciden en el desempeño del contralor municipal,
articulando las competencias técnicas y socioemocionales que demandan los procesos de control y
gestión pública.

A momento de realizar la investigación documental, se procedió a generar los ítems de la escala de
medición que estuvo estructurada por 1 bloque para variables sociodemográficas y 2 bloques para los
indicadores. Los ítems del primer bloque correspondieron a variables sociodemográficas; mientras tanto,
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los ítems del segundo bloque se agruparon en habilidades cognitivas y habilidades no cognitivas. El
instrumento adoptó el formato de escala tipo Likert de cinco puntos, en la que los encuestados debían
expresar su nivel de acuerdo con cada afirmación, variando desde totalmente en desacuerdo hasta
totalmente de acuerdo.

Se generó una versión preliminar con los ítems, distribuidos equitativamente entre las dimensiones
cognitivas y no cognitivas, priorizando una redacción neutra, comprensible y libre de sesgos.

Una vez elaborada la primera versión del instrumento, se realizó un proceso de validación de contenido
mediante el juicio de expertos, considerado como el primer nivel de análisis, donde el juicio de expertos
se reconoce como una estrategia rigurosa para fortalecer la calidad metodológica de los instrumentos y
la operacionalización de las variables (Zamora-de-Ortiz et al., 2020).

Para la selección objetiva de los jueces, Cabero-Almenara et al. (2020); Fernández-Cerero et al. (2023);
Silva-Quiroz et al. (2025), recomiendan el empleo del coeficiente de competencia experta (K), el cual
integra de manera sistemática el nivel de conocimiento del especialista sobre el tema (coeficiente Kc) y
la solidez de su fundamentación teórica y empírica (coeficiente Ka), a través de la expresión K = ½ (Kc
+ Ka), donde el coeficiente Kc se asocia al grado de dominio conceptual y experiencia del experto en
relación con el objeto de estudio, considerando atributos como conocimiento especializado, capacidad
de análisis, experiencia profesional, actualización académica y competencias cognitivas vinculadas a la
evaluación científica, los cuales han sido identificados como indicadores relevantes de competencia
experta en investigaciones recientes (Fernández-Cerero et al., 2023; Silva-Quiroz et al., 2025). Estos
atributos permitieron clasificar el nivel de conocimiento de los expertos en escalas ordinales que reflejan
distintos grados de especialización y familiaridad con el fenómeno analizado, en esta investigación fue
medido en una escala de uno a cuatro, donde valores más altos indican mayor dominio conceptual. En
su cálculo se ponderaron atributos como conocimiento (0.181), competitividad (0.086), disposición
(0.054), creatividad (0.1), profesionalidad (0.113), capacidad de análisis (0.122), experiencia (0.145),
intuición (0.054), actualización (0.127) y trabajo en equipo (0.018).

El coeficiente Ka representa la consistencia argumentativa del experto y se determina a partir de la
ponderación del peso relativo de diversas fuentes de conocimiento, entre las que se incluyen el análisis
teórico, la experiencia profesional, el conocimiento de autores nacionales e internacionales, la revisión
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bibliográfica sistemática y la participación en procesos de formación continua. Esta aproximación ha
demostrado ser eficaz para discriminar la calidad de los juicios emitidos, al considerar no solo el
conocimiento declarado, sino también su sustento epistemológico y empírico (Marín-González et al.,
2021; Sánchez-Tarazaga y Ferrández-Berrueco, 2022; Ventura-León et al., 2024).

Cada experto realizó una autoevaluación inicial que permitió determinar su grado de competencia
mediante los coeficientes Kc (conocimiento), Ka (argumentación) y K (competencia total). El
coeficiente Kc se definió como el nivel de conocimiento o información que el experto posee sobre el
tema.

Se convocó a tres jueces con amplia experiencia académica y profesional en las áreas de control interno,
gestión administrativa y desarrollo organizacional. Los expertos evaluaron la pertinencia, claridad,
coherencia y relevancia de cada ítem utilizando una escala de tres niveles (adecuado, parcialmente
adecuado e inadecuado). A partir de sus valoraciones, se calcularon los coeficientes de conocimiento
(Kc) y argumentación (Ka), con el objetivo de determinar el grado de competencia de los jueces. Todos
los expertos obtuvieron un coeficiente de competencia (K) superior a 0.8, lo que confirmó la validez de
sus juicios. Asimismo, para la validez de contenido del instrumento se evaluó mediante coeficientes de
concordancia cuantitativa de V de Aiken, el cual tiene como características su simplicidad, robustez
estadística y claridad interpretativa (Torres-Malca et al., 2022; Ventura-León et al., 2024), obteniendo
como resultado igual o superiores a 0.777, lo que indicó una excelente claridad y congruencia de los
ítems.

Una vez redactados y validados por expertos todos los elementos de la escala de medición, se realizó
una prueba piloto con una muestra reducida de servidores públicos con características similares a la
población objetivo, con el propósito de identificar posibles ambigüedades en la redacción y evaluar la
comprensión de los ítems (Pinzón-Prado et al., 2025). Los resultados de la prueba piloto permitieron
ajustar la redacción de los ítems y eliminar los que presentaban redundancia conceptual.

Posteriormente, se llevó a cabo la evaluación de la confiabilidad interna, calculándose el coeficiente alfa
de Cronbach, que alcanzó un valor de 0.895, lo cual se considera altamente confiable de acuerdo con
los criterios establecidos por Moreno et al. (2025). Este valor evidenció la homogeneidad de los ítems
y la estabilidad de las respuestas dentro de cada dimensión. Para garantizar la robustez del instrumento,
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se efectuó también un análisis de correlaciones ítem-total, verificándose que todos los ítems mostraran
correlaciones positivas superiores a 0.40, lo cual reafirmó su consistencia interna.

La siguiente fase consistió en realizar un análisis factorial exploratorio (AFE) para examinar la validez
de constructo y verificar la correspondencia entre la estructura empírica del instrumento y el modelo
teórico planteado (Sánchez-Cabrero et al., 2025). Previamente, se comprobó la adecuación de los datos
mediante el índice de Kaiser-Meyer-Olkin (KMO = 0.675) y la prueba de esfericidad de Bartlett (χ² =
560.752; p < .001), lo cual confirmó la pertinencia del análisis factorial (Rabadán-Pérez et al., 2022).
La extracción de componentes principales con rotación Varimax permitió identificar seis factores que
explicaron el 75.486% de la varianza total. Estos factores, de acuerdo con Sucari et al. (2024),
corresponden con las dimensiones teóricas planteadas, a saber: gestión organizacional, control y
supervisión interna, ética profesional, planeación preventiva, liderazgo colaborativo y planeación
normativa). Los ítems con cargas factoriales inferiores a 0.40 fueron eliminados o reformulados para
mejorar la estructura factorial del instrumento, garantizando la coherencia entre la teoría y la evidencia
empírica.

Finalmente, se elaboró la documentación integral del proceso de diseño y validación, siguiendo las
recomendaciones metodológicas de Posso Pacheco et al. (2025), quienes destacan la importancia de
registrar de manera detallada todas las decisiones técnicas, los criterios estadísticos y los procedimientos
de depuración aplicados.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

El coeficiente Ka representó la fundamentación teórica y argumentativa del experto, estimada a partir
de una tabla patrón que valoró el nivel de influencia de diferentes fuentes de conocimiento bajo las
categorías alto (A), medio (M) y bajo (B), con ponderaciones diferenciadas para atributos como el
análisis teórico (.26, .20, .13), experiencia (.23, .18, .12), conocimiento de autores nacionales (.14, .12,
.06), autores extranjeros (.10, .06, .04), consultas bibliográficas (.09, .06, .05) y cursos de actualización
(.18, .13, .10). La competencia total (K) se calculó a través de la expresión K = ½ (Kc + Ka). Valores
de K comprendidos entre 0.80 y 1.00 indican un nivel de competencia alto, valores entre 0.60 y 0.79
reflejan una competencia media, y valores inferiores a 0.60 corresponden a una competencia baja. Esta
clasificación ha sido utilizada de forma consistente en estudios de validación de instrumentos en los
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ámbitos educativo, organizacional y de gestión pública, permitiendo establecer criterios objetivos para
la inclusión de jueces en los procesos de validación de contenido (Fernández-Cerero et al., 2023; Luque-
Vara et al., 2020).

Los coeficientes de competencia para los tres expertos fueron Kc = 0.8, Ka = 0.97 y K = 0.885 para el
primer experto; Kc = 0.9, Ka = 0.88 y K = 0.89 para el segundo; y Kc = 0.9, Ka = 0.86 y K = 0.88 para
el tercero, debido a que todos los expertos obtuvieron un coeficiente de competencia (K) superior a 0.8,
lo que confirmó la validez de sus juicios demostrando que los tres evaluadores presentaron un nivel alto
de competencia y fueron considerados idóneos para la validación del instrumento.

Una vez determinada la idoneidad de los expertos se estimó el grado de acuerdo entre jueces respecto a
criterios como claridad, relevancia y coherencia de los ítems, a través del coeficiente V de Aiken,
empleando las valoraciones de los tres jueces sobre los veinte ítems que conformaron el instrumento.

La escala de evaluación utilizada fue tipo Likert, con valores de uno a cuatro (1 = nada claro, 2 = poco
claro, 3 = claro y 4 = muy claro). El coeficiente V de Aiken se calculó mediante la fórmula V = Σs /
[n(c1)], donde n representa el número de jueces y c el número de categorías de respuesta. En este caso,
el denominador quedó definido como n(c1) = 3(41) = 9.

Los resultados obtenidos indicaron que la mayoría de los ítems alcanzaron un valor de V = 1.00, lo que
refleja una validez excelente, mientras que los ítems 4 y 7 obtuvieron V = 0.777, y los ítems 1 y 3 V =
0.888, valores que se mantienen dentro de rangos aceptables (≥ 0.70), considerándose aceptables valores
iguales o superiores a 0.70 y excelentes aquellos cercanos a 1.00 (Castro-Benavides et al., 2022;
Guevara-Rodríguez y Veytia-Bucheli, 2021).

Estos resultados evidencian que todos los reactivos del instrumento presentan niveles satisfactorios de
claridad, congruencia y pertinencia con el marco teórico, sin requerir modificaciones sustanciales.

Para evaluar la fiabilidad interna se utilizó el coeficiente Alfa de Cronbach, el cual refleja el grado de
consistencia interna de los ítems que lo conforman (González Campos et al., 2023).

Los resultados del análisis de fiabilidad se presentan en la Tabla 1.

Tabla 1
. Estadísticos de fiabilidad
Alfa de Cronbach
N de elementos
pág. 14
0.895
20
Fuente: Elaboración propia.

El coeficiente Alfa de Cronbach obtenido fue de 0.895 para un total de 20 ítems. De acuerdo con Moreno
et al. (2025), un valor entre 0.8 y 0.9 se considera adecuado, lo cual señala que el instrumento presenta
una consistencia interna sólida y evalúa con confiabilidad los constructos planteados.

Mediante un Análisis Factorial Exploratorio se identificó la estructura subyacente. El análisis factorial
exploratorio (AFE) se utilizó para confirmar que los ítems del instrumento representan apropiadamente
los constructos teóricos definidos, agrupando en cada factor aquellos reactivos que presentan
correlaciones significativas entre sí (Romero y Mora, 2021).

Antes de aplicar el AFE, se verificó la idoneidad de los datos por medio de las pruebas Kaiser-Meyer-
Olkin (KMO) y esfericidad de Bartlett, cuyos resultados se muestran en la Tabla 2.

Tabla 2
. Prueba de KMO y Bartlett
Medida
Valor
Medida KMO de adecuación muestral
.675
Prueba de esfericidad de Bartlett (Chi-cuadrado aproximado)
560.752
gl
190
Sig.
.000
Fuente: Elaboración propia.

El valor del índice KMO = 0.675 indica que el nivel de correlación entre los ítems es moderado pero
aceptable para realizar un análisis factorial, conforme a los criterios de Rabadán-Pérez et al. (2022).
Estos resultados ratifican la pertinencia del análisis factorial exploratorio.

En la siguiente fase, se aplicó el método de extracción de componentes principales, reteniendo los
factores con autovalores superiores a 1, permitiendo así identificar seis componentes que explican
conjuntamente el 75.486% de la varianza total del instrumento, tal como se describe en la tabla 3.
pág. 15
Tabla 3
. Varianza total explicada
Componente

%
Varianza

%
Acumulado

1
17.709 17.709
2
15.476 33.186
3
13.336 46.521
4
12.086 58.608
5
9.070 67.678
6
7.808 75.486
Fuente: Elaboración propia.

La rotación Varimax con normalización Kaiser convergió en 7 iteraciones, facilitando la identificación
de seis componentes claramente delimitados. Las comunalidades fueron superiores a .5, lo cual
demuestra que cada variable aporta de manera significativa a la estructura factorial (Sucari et al., 2024).
La tabla 5 presenta las comunalidades.

Tabla 1
. Comunalidades
Variable
Inicial Extracción
Pensamiento analítico
1.000 .777
Normativas y regulaciones
1.000 .762
Conocimientos contabilidad
1.000 .545
Planeación de actividades
1.000 .810
Organización de actividades
1.000 .725
Gestión de datos
1.000 .718
Toma de decisiones
1.000 .678
Redactar informes
1.000 .819
Evaluar control interno
1.000 .817
Mejoras control interno
1.000 .780
pág. 16
Normas control interno
1.000 .778
Integridad y ética
1.000 .772
Imparcialidad
1.000 .649
Liderazgo
1.000 .812
Manejo de la presión
1.000 .792
Trabajo en equipo
1.000 .863
Transparencia
1.000 .719
Interés público
1.000 .724
Cultura del control interno
1.000 .792
Medidas preventivas
1.000 .764
Fuente: Elaboración propia.

Para identificar la estructura subyacente de competencias cognitivas y no cognitivas mediante un
Análisis Factorial Exploratorio, agrupando los ítems en dimensiones significativas de acuerdo con lo
siguiente:

El componente 1 nombrado como gestión organizacional y operativa, reúne las variables organización
de actividades (0.744), gestión de datos (0.733) y manejo de la presión (0.786). Este factor refleja la
habilidad para estructurar tareas, administrar información y sostener la eficiencia operativa bajo
exigencia. Explica el 17.709% de la varianza.

Para el componente 2 titulado control y supervisión interna se incluye las variables de redactar informes
(0.797), evaluar control interno (0.828) y mejoras en control interno (0.790). Representa las capacidades
técnicas para analizar, registrar y fortalecer los mecanismos de control interno. Explica el 15.476%.

La ética y responsabilidad profesional es la etiqueta para el componente 3, y está conformada por las
variables de integra integridad y ética (0.690), transparencia (0.651) e interés público (0.834). Refleja
principios morales y compromiso con el bienestar colectivo. Explica el 13.336%.

Las variables agrupadas en el componente 4 titulado como planeación y control preventivo son toma de
decisiones (0.727), cultura del control interno (0.674) y medidas preventivas (.824). Representa la
capacidad de anticipar riesgos y establecer estrategias proactivas. Explica el 12.086%.
pág. 17
En el componente 5 el cual está orientado al liderazgo y trabajo colaborativo asocia variables como
liderazgo (0.525) y trabajo en equipo (0.867), evidenciando habilidades interpersonales y de
coordinación grupal. Explica el 9.070%.

El último componente nombrado como planeación estratégica y normativa se incluyen las variables de
planeación de actividades (.754) y normativas y regulaciones (.602), mostrando la aptitud para organizar
acciones con base en criterios institucionales. Explica el 7.808%.

Los seis componentes identificados explican el 75.486% de la varianza total, lo que confirma la validez
de constructo del instrumento. Las cargas factoriales superiores a 0.40 y la consistencia interna (Alfa =
0.895) demuestran que los ítems se agrupan de forma congruente en sus respectivas dimensiones.

La figura 1 muestra la versión final de la escala de medición habilidades cognitivas y no cognitivas del
contralor, la cual consiste de 24 elementos.
pág. 18
Figura 1. Escala de medición habilidades cognitivas y no cognitivas del contralor.

Fuente: Elaboración propia.

CONCLUSIONES
pág. 19
Con base en el desarrollo teórico, metodológico y empírico de la presente investigación, se logró
identificar y operacionalizar un conjunto de habilidades cognitivas y no cognitivas que conforman el
perfil profesional del contralor en la administración pública municipal, así como evidenciar su
incidencia en el desempeño efectivo del control interno institucional. A partir de la revisión de la
literatura y del análisis empírico, se corroboró que el control interno no depende exclusivamente del
cumplimiento normativo, sino que está estrechamente vinculado con las competencias técnicas,
analíticas, éticas y socioemocionales del titular del órgano de control.

Asimismo, el proceso de diseño y validación del instrumento de medición demostró niveles adecuados
de validez de contenido, validez de constructo y confiabilidad interna, los valores obtenidos en el
coeficiente V de Aiken, el alfa de Cronbach y el análisis factorial exploratorio evidencian que los ítems
representan de manera congruente los constructos teóricos definidos y que la escala es consistente y
estable.

La estructura factorial identificada, compuesta por seis dimensiones que explican un porcentaje elevado
de la varianza total, respalda empíricamente la concepción teórica del perfil del contralor como un
constructo multidimensional, lo que permite afirmar que el instrumento desarrollado es
metodológicamente sólido y pertinente para evaluar de forma objetiva las competencias del contralor
municipal.

En consecuencia, se aporta evidencia científica que justifica la necesidad de fortalecer los criterios de
selección, evaluación y profesionalización de esta figura clave en la administración pública municipal.
Finalmente, el instrumento validado constituye una aportación relevante tanto para el ámbito académico
como para la gestión pública, al ofrecer una herramienta confiable para diagnosticar competencias,
orientar procesos de mejora institucional y contribuir al fortalecimiento de la transparencia, la rendición
de cuentas y la prevención de riesgos en el ámbito gubernamental local.

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