pág. 232
DESGASTE FÍSICO Y EMOCIONAL DE
LOS CUIDADORES DE PACIENTES
CON DISCAPACIDAD
PHYSICAL AND EMOTIONAL EXHAUSTION OF
CAREGIVERS OF PATIENTS WITH DISABILITIES
Daysi Yolanda Valdiviezo Espinoza
Universidad Técnica de Machala, Ecuador
Cristhel Paullette Becerra Quezada
Universidad Técnica de Machala, Ecuador
Elida Yesica Reyes Rueda, Ph.D
Universidad Técnica de Machala, Ecuador

pág. 233
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.0.22899
Desgaste Físico y Emocional de los Cuidadores de Pacientes con
Discapacidad
Daysi Yolanda Valdiviezo Espinoza1
dvaldivie8@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0009-3384-0202
Universidad Técnica de Machala
Ecuador
Cristhel Paullette Becerra Quezada
cbecerra2@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0008-1705-5012
Universidad Técnica de Machala
Ecuador
Elida Yesica Reyes Rueda, Ph.D
ereyes@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-2466-2063
Universidad Técnica de Machala
Ecuador
RESUMEN
El desgaste físico y emocional de los cuidadores de pacientes con discapacidad es la afectación de la
salud integral del cuidador como consecuencia del esfuerzo prolongado, la presión emocional y la falta
de descanso asociados al cuidado permanente. El objetivo de este estudio fue evaluar el impacto del
deterioro físico y emocional del cuidador en la calidad y continuidad del cuidado a pacientes con
discapacidad en Machala. Como metodología se empleó un enfoque cuantitativo, con un diseño
descriptivo y corte transversal, con una muestra de 105 cuidadores informales seleccionados mediante
fórmula para poblaciones finitas. Se aplicó el Caregiver Burden Inventory (CBI), instrumento validado,
que mide la sobrecarga en cinco dimensiones. Los resultados demuestran un predominio femenino en
el rol del cuidado (56.19%) y una prevalencia de atención a personas con discapacidad intelectual
(39.1%). En la dimensión emocional, se identificó un malestar moderado, destacando que el 41.9% se
siente emocionalmente agotado. En la dimensión física, el síntoma más crítico es el cansancio frecuente
(45.7%), aunque la incidencia de enfermedades graves derivadas del cuidado es baja. Se concluye que
el desgaste emocional es significativo, los cuidadores mantienen una estabilidad afectiva funcional, no
obstante, la carga física acumulada por la demanda de tiempo y supervisión constante, representa el
mayor riesgo para la salud del cuidador, evidenciando la necesidad de fortalecer las redes de apoyo y
las políticas de visibilización de este rol.
Palabras clave: cuidadores informales, sobrecarga del cuidador, discapacidad, salud física y emocional
Physical and Emotional Exhaustion of Caregivers of Patients with
Disabilities
1 Autor principal
Correspondencia: dvaldivie8@utmachala.edu.ec

pág. 234
ABSTRACT
The objective of this study was to evaluate the impact of caregiver physical and emotional deterioration
on the quality and continuity of care for patients with disabilities in Machala. A quantitative, descriptive,
cross-sectional design was used, with a sample of 105 informal caregivers selected using a formula for
finite populations. The validated Caregiver Burden Inventory (CBI), which measures burden across five
dimensions, was administered. The results show a predominance of women in the caregiving role
(56.19%) and a high prevalence of caregiving for individuals with intellectual disabilities (39.1%). In
the emotional dimension, moderate distress was identified, with 41.9% reporting emotional exhaustion.
In the physical dimension, the most critical symptom was frequent fatigue (45.7%), although the
incidence of serious illnesses resulting from caregiving was low. It is concluded that, although
emotional exhaustion is significant, caregivers maintain functional affective stability; however, the
physical burden accumulated by the demand for time and constant supervision represents the greatest
risk to the caregiver's health, highlighting the need to strengthen support networks and policies to make
this role visible.
Keywords: informal caregivers, caregiver burden, disability, physical and emotional health.
Artículo recibido 15 enero 2026
Aceptado para publicación: 15 febrero 2026

pág. 235
INTRODUCCIÓN
Un cuidador representa a aquella persona que toma un rol importante en la atención de un individuo
incapaz de valerse por cuenta propia, el propósito principal de los cuidadores sin importar su tipo
consiste en elevar el bienestar de quien recibe el apoyo, garantizando una existencia, respetuosa y
satisfactoria (Adum et al., 2024)
Los cuidadores pueden dividirse en dos clases: no profesionales y expertos. Los cuidadores no
profesionales o principales, suelen ser parientes del individuo atendido, quienes asumen labores
rutinarias y esenciales sin contar con formulación técnica particular (Yelincic y Cárcamo, 2021); en
contraste, los cuidadores expertos son trabajadores con previa preparación, los cuales brindan cuidados
y servicios especializados a cambio de un pago (Otero et al., 2020).
La discapacidad forma parte de la condición humana y, hoy, alcanza una magnitud que se traduce en
necesidades continuas de apoyo y cuidado: la OMS estima que 1,3 mil millones de personas (≈16% de
la población mundial) viven con una discapacidad significativa (Organización Mundial de la Salud,
2024). Detrás de estas cifras hay historias cotidianas: familias que reorganizan su vida, hogares que se
adaptan, y cuidadores que aprenden “sobre la marcha” a movilizar, alimentar, acompañar y contener
emocionalmente, muchas veces sin preparación formal ni redes suficientes.
Un estudio realizado en Brasil, por Silva y Padilha (2021) permitió identificar que el rol de cuidado al
principal es asumido predominantemente por mujeres, quienes representan el 85% de esta población.
Desde el punto de vista psicosocial, los resultados evidenciaron una alta carga asociada al cuidado,
acompañada de la presencia de estrés en el 32% de las cuidadoras y síntomas depresivos en el 42, 5%
de ellas. En una investigación efectuada en la ciudad de Ambato se pudo determinar que el servicio de
cuidador o cuidadora informal de personas vulnerables involucra a un colectivo cada vez más extenso,
integrado principalmente por mujeres (85%), que se dedica al cuidado de individuos con algún nivel de
dependencia; tarea imprescindible que, sin embargo, es poco visible y reconocida socialmente
(Mayorga et al., 2024)
Álvarez et al., (2024) especifican en su estudio realizado en la ciudad de Machala que una alta incidencia
del rol del cuidado informal asumido en mayor parte por mujeres, principalmente por hijas y esposas
de los pacientes.

pág. 236
De manera recurrente, los participantes manifestaron limitaciones económicas, sobrecarga de
responsabilidades y restricciones en el tiempo disponible para el autocuidado y la vida personal.
Según Valtierra et al., (2020) el desgaste físico y emocional se manifiesta principalmente con síntomas
de cansancio persistente, tensión corporal, alteraciones del sueño, y desgaste excesivo de energía junto
con afectaciones emocionales de estrés, irritabilidad, ansiedad, sensación de sobrecarga y tristeza. Estos
autores acotan que este desgaste suele magnificarse cuando el cuidador prioriza las necesidades de otro
antes que las suyas, descuidando su bienestar y su salud, situación que perjudica su calidad de vida.
Toffoletto y Reynaldos, (2019) explican que el burnout de los cuidadores informales no sólo repercute
en su bienestar físico y emocional, sino que también impacta de manera considerable en su vida social,
puesto que muchos de ellos suelen sentirse aislados, incomprendidos, e incluso excluidos de su entorno,
debido a las demandas constantes, el rol de cuidado, lo que limita su tiempo para mantener vínculos
afectivos, participar en actividades recreativas o incluso solicitar apoyo.
Blanco et al., (2019) explican que la carga excesiva del cuidador constituye una dificultad que demanda
mayor consideración debido a sus efectos en el bienestar, de quién desempeña tareas y asistencia, ya
que frecuentemente se interpreta como otra de las responsabilidades asignadas, en especial, a la figura
femenina dentro del entorno doméstico.
El tema de este estudio se relaciona directamente con la teoría del cuidado humano de Jean Watson,
puesto que de acuerdo con Guatiérrez y Gallard (2020) concibe la enfermería como una disciplina que
integra ciencia y arte, y se centra en la dimensión humana del cuidado, proponiendo que el amor
incondicional y el acto de cuidar son fundamentales para la vida y el desarrollo de las personas, y
sostiene que la capacidad de brindar cuidado a otros nace del cuidado del amor propio.
El presente artículo científico tiene como objetivo evaluar el impacto del deterioro físico y emocional
del cuidador en la calidad y continuidad del cuidado a pacientes con discapacidad.
METODOLOGÍA
La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con un diseño descriptivo y de
corte transversal, y se orientó a evaluar el impacto del deterioro físico y emocional del cuidador sobre
la calidad y continuidad del cuidado brindado a pacientes con discapacidad.

pág. 237
Se empleó el instrumento estandarizado Caregiver Burden Inventory (CBI), una herramienta
ampliamente validada y utilizada en estudios sobre el impacto del rol de cuidado en personas que
atienden a pacientes con enfermedades crónicas, discapacidades o condiciones degenerativas.
El CBI evalúa la sobrecarga del cuidador a través de cinco dimensiones: dependencia temporal,
desarrollo, física, social y emocional (Ortiz et al., 2021) y ha sido validado y adaptado en diversos
países, incluyendo estudios latinoamericanos y poblaciones de habla inglesa, demostrando su validez y
confiabilidad y es importante acotar que ha demostrado adecuados niveles de confiabilidad en su
versión en español, reportando un coeficiente alfa de Chronbach global de 0.90, lo que evidencia alta
consistencia interna (Vásquez et al., 2019).
La población estuvo constituida por 170 cuidadores informales de la ciudad de Machala. Para calcular
el tamaño muestral se utilizó la fórmula para poblaciones finitas, con un margen de error del 5% y un
nivel de confianza del 95%, asumiendo una proporción de máxima variabilidad (p = 0,5). En
consecuencia, la muestra quedó conformada por 105 cuidadores informales, tamaño que se considera
estadísticamente adecuado para los objetivos del estudio.
Los criterios de inclusión contemplaron a cuidadores informales mayores de 18 años, responsables del
cuidado directo de una persona dependiente durante al menos tres meses, y que aceptaron participar
mediante la firma del consentimiento informado. Se excluyeron cuidadores profesionales o
remunerados, quienes brindaban apoyo ocasional o esporádico, y aquellos con diagnósticos cognitivos
o psiquiátricos que limitaran la comprensión y el diligenciamiento del instrumento.
Se evaluaron de manera específica dos dimensiones de la sobrecarga del cuidador: la dimensión física
y la dimensión emocional, por ser componentes importantes en el deterioro del bienestar del cuidador
informal y en su impacto sobre la calidad del cuidado brindado. El instrumento empleado estuvo
compuesto por 22 ítems con escala tipo Likert de cinco opciones, lo que permitió evaluar de manera
integral los distintos componentes de la carga del cuidador. La aplicación se realizó de forma presencial,
considerando la disponibilidad y el acceso de los participantes. Previamente, se explicó el propósito del
estudio, se atendieron inquietudes y se obtuvo el consentimiento informado, garantizando en todo
momento la confidencialidad de la información. El tiempo promedio de respuesta fue de 15 a 20
minutos.

pág. 238
Los datos obtenidos fueron codificados, depurados y digitalizados para su posterior análisis mediante
los programas estadísticos IBM SPSS Statistics 29.0 y JASP 0.95.4. Se aplicaron estadísticos
descriptivos, utilizando frecuencias y porcentajes para la caracterización sociodemográfica de los
participantes y para la descripción de las dimensiones de sobrecarga física y emocional.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Tabla 1 Datos sociodemográficos
Variables Ítems Frecuencia Porcentaje
Sexo Femenino
Masculino
59
46
56.19%
43.81%
Edad 18 – 25
26 – 35
36 – 45
>46
22
30
24
29
20.95%
28.57%
22.86%
27.62%
Estado Civil Casado
Divorciado
Soltero
Unión libre
Viudo
22
15
24
23
21
21.0%
14.3%
22.9%
21.9%
20.0%
Tipo de Discapacidad Auditiva
Intelectual
Motora
Múltiple
Psicosocial
Visual
11
41
12
14
9
18
10.5%
39.1%
11.4%
13.3%
8.6%
17.1%
Total 105 100.0%
Nota. Datos obtenidos de encuesta aplicada a cuidadores informales
La muestra estuvo conformada por 105 cuidadores, de los cuales la mayoría fueron mujeres con una
representación del 56.19%, mientras que los hombres representaron el 43.81%. En cuanto a la edad,
predominaron los participantes entre 26 y 35 años con un 28.57%, seguidos del grupo de 36 a 45 años
con el 22.86% y de 18 a 25 años con el 20.95%. Las edades avanzadas tuvieron menor representación,
destacando que solo el 3.81% correspondió a adultos mayores de 66 años o más.
Respecto al estado civil, los cuidadores se distribuyeron de manera relativamente equitativa entre
solteros siendo el 22.9%, casados con el 21.0%, en unión libre con el 21.9% y viudos con el 20.0%,
mientras que un 14.3% declaró estar divorciado.

pág. 239
En relación con el tipo de discapacidad de la persona cuidada, la mayoría corresponde a discapacidad
intelectual representando el 39.1%, seguida de discapacidad visual con el 17.1%, múltiples
discapacidades con el 13.3%, discapacidad motora con el 11.4%, discapacidad auditiva con el 10.5% y
discapacidad psicosocial con el 8.6%. Estos datos evidencian una muestra diversa en cuanto a edad,
estado civil y tipo de discapacidad atendida, con predominio de mujeres adultas jóvenes e intermedias
en roles de cuidado.
Tabla 2 Dimensión “sobrecarga emocional”
Preguntas Opciones de respuesta Frecuencia Porcentaje
Siento que estoy desperdiciando mi vida. 1(TD)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
33
42
13
16
1
31.4%
40.0%
12.4%
15.2%
1.0%
Desearía poder escapar de esta situación. 1(TD)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
23
51
5
11
1
21.9%
48.6%
4.8%
10.5%
1.0%
Me siento emocionalmente agotado
debido a la atención dedicada a la persona
que cuido.
1(TD)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
18
44
13
20
5
17.1%
41.9%
12.4%
19.0%
4.8%
Esperaba que las cosas fueran diferentes
en este momento de mi vida.
1(TD)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
51
42
9
29
7
48.6%
40.0%
8.6%
27.6%
6.7%
Estoy resentido con la persona que cuido. 1(TD)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
5
48
0
1
49
4.8%
45.7%
0%
1.0%
46.7%
Me enfadan mis interacciones con la
persona a la que cuido.
1(TD)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
56
46
1
6
3
46.6%
43.8%
1.0%
5.7%
2.9%
Total 105 100%
Nota. 1 (TD): Totalmente de acuerdo, 2 (DA): De acuerdo, 3(NN): Ni de acuerdo ni desacuerdo, 4 (ED): En desacuerdo, 5
(TED): Totalmente en desacuerdo.

pág. 240
Con respecto a la dimensión emocional los resultados muestran que, aunque existe presencia de
malestar emocional los niveles más altos de afectación no son predominantes.
En el ítem “Siento que estoy desperdiciando mi vida”, el mayor porcentaje se concentró en las categorías
más bajas: el 40.0% eligió un nivel 2 y el 31.4% el nivel 1, mientras que solo el 1.0% reportó el nivel
máximo de afectación. De manera similar, ante “Desearía poder escapar de esta situación”, el 48.6% se
ubicó en un nivel 2 y el 35.2% en el nivel 1, evidenciando que, si bien existe malestar, es leve o
moderado en la mayoría. El ítem “Me siento emocionalmente agotado” refleja un patrón comparable:
el 41.9% seleccionó el nivel 2, y solo el 4.8% manifestó un agotamiento emocional severo en el nivel
5. En “Esperaba que las cosas fueran diferentes en este momento de mi vida”, el mayor porcentaje
(40.0%) también se ubica en el nivel 2 ; sin embargo, se observa una mayor concentración en niveles
altos (4 y 5), que representan el 34.3%, lo que sugiere cierta inconformidad con las circunstancias
actuales. Por otro lado, sentimientos más intensos como el resentimiento o el enojo hacia la persona
cuidada muestran porcentajes bajos en las categorías más altas. En “Estoy resentido con la persona que
cuido”, casi la totalidad se concentra en los niveles 1 y 2 (94.3%). En “Me enfadan mis interacciones
con la persona que cuido”, el 90.5% se concentra en los niveles más bajos (1 y 2), lo cual indica una
baja presencia de emociones negativas extremas dirigidas a la persona cuidada.
Tabla 3 Dimensión “sobrecarga física”
Preguntas Opciones de respuesta Frecuencia Porcentaje
Estar con la persona que cuido me ha
enfermado físicamente.
1(TA)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
17
45
10
26
7
16.2%
42.9%
9.5%
24.8%
6.7%
Tengo dolores de cabeza o estómago
con frecuencia
1(TA)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
0
52
9
21
3
0.0%
49.5%
8.6%
20.0%
2.9%
La responsabilidad del cuidador me
ha enfermado físicamente.
1(TA)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
20
55
10
17
3
19.0%
52.4%
9.5%
16.2%
2.9%

pág. 241
Nota. 1 (TD): Totalmente de acuerdo, 2 (DA): De acuerdo, 3(NN): Ni de acuerdo ni desacuerdo, 4 (ED): En desacuerdo,
5 (TED): Totalmente en desacuerdo.
En la dimensión física, los resultados muestran un patrón de afectación moderada, con predominio de
síntomas corporales ocasionales, pero una baja presencia de malestares severos. En la pregunta “Estar
con la persona que cuido me ha enfermado físicamente”, el 42.9% se ubicó en el nivel 2, seguido de un
24.8% en el nivel 4, y solo el 6.7% reportó afectación diaria. En cuanto a síntomas físicos como dolores
de cabeza o estómago “Tengo dolores de cabeza o estómago con frecuencia”, el 49.5% señaló que estos
ocurren “algunas veces al año”, mientras que solo el 2.9% los experimenta diariamente. En el ítem “La
responsabilidad del cuidador me ha enfermado físicamente”, más de la mitad con el 52.4% seleccionó
el nivel 2, y solo el 2.9% reportó afectación diaria. El cansancio físico aparece como el síntoma más
relevante: en “Estoy cansado físicamente”, el 45.7% indicó que esto ocurre “algunas veces a la semana”,
lo que sugiere que, aunque el malestar físico severo es bajo, el cansancio frecuente es un elemento
característico del rol de cuidado.
DISCUSIÓN
La mayoría de los cuidadores corresponde al sexo femenino (56,19%), lo cual coincide con los
reportado por Soto et al., (2020) quienes identifican una mayor participación de mujeres en el rol de
cuidado, atribuida a construcciones socioculturales que asocian esta responsabilidad al género
femenino. De manera similar, Macías y Vélez (2024) señalan que las mujeres cuidadoras tienen que
asumir el cuidado principal, especialmente en contextos de discapacidad intelectual, condición que en
este estudio representa el mayor porcentaje (39,1%).
En contraste, aunque Arias et al., (2019) reportan una concentración del rol del cuidador en mujeres
mayores de 45 años, los resultados de la presente investigación muestran una distribución etaria más
amplia, con predominio de cuidadores adultos jóvenes y de mediana edad, lo que sugiere que el desgaste
asociado al cuidado no se limita a etapas avanzadas del ciclo vital, sino que también impacta a personas
en plena edad productiva.
Estoy cansado físicamente. 1(TA)
2(DA)
3(NN)
4(ED)
5(TED)
17
27
8
48
5
16.2%
25.7%
7.6%
45.7%
4.8%
Total 105 100%

pág. 242
De forma similar, aunque Meléndez et al., (2025) describen un predominio del estado civil casado entre
cuidadores con altos niveles de sobrecarga, en este estudio se observa una distribución relativamente
homogénea entre los distintos estados civiles, lo que indica que el desgaste no depende exclusivamente
de la estructura familiar, sino de la intensidad y continuidad del rol asumido.
En la dimensión física se identifica una afectación moderada, destacándose principalmente el cansancio
corporal. El 45,7% de los cuidadores refiere sentirse físicamente agotado algunas veces a la semana, lo
que evidencia una demanda física constante asociada al rol del cuidado, sin embargo, la percepción de
haber enfermado físicamente a causa del cuidado presenta porcentajes bajos entre 2,9% y 6,7% lo que
indica que, aunque existe desgaste corporal, este no alcanza niveles severos. Estos resultados difieren
de lo reportado por Arias et al., (2019) donde la afectación se concreta principalmente en el estrés
emocional, sin una sobrecarga física declarada, en el presente estudio la sobrecarga se expresa de
manera más equilibrada, predominando el cansancio físico moderado.
En cuanto a la dimensión emocional, los cuidadores presentan una afectación moderada caracterizada
por sentimientos persistentes de agotamiento, frustración y percepción de pérdida de control sobre su
vida personal. Estas manifestaciones reflejan una carga emocional sostenida, asociada a la
responsabilidad continua del cuidado, especialmente cuando este se prolonga en el tiempo. Este
resultado concuerda con lo expuesto por Macías y Vélez (2024) quienes señalan que los cuidadores
informales experimentan una renuncia progresiva de espacios personales, sociales y de autocuidado, lo
que se traduce en una sensación de sacrificio del bienestar propio a favor de las demandas del cuidado,
no obstante, esta sobrecarga no se manifiesta en niveles severos, sino como un desgaste constante que
afecta la calidad de vida del cuidador.
Desde un enfoque comparativo, los resultados del presente estudio muestran un patrón menos crítico
en relación con investigaciones previas. Mientras Meléndez et al., (2025) reportan niveles elevados de
ansiedad, depresión y estrés, en esta investigación la afectación emocional se mantiene en un nivel
moderado, lo que sugiere que los cuidadores, aunque expuestos a atenciones propias del rol, conservan
cierta estabilidad emocional que les permite continuar con la labor de cuidado. De igual manera, frente
a los hallazgos de Arias et al., (2019) quienes evidencian en altos porcentajes de agotamiento emocional
severo y burnout, los cuidadores de esta muestra presentan un menor grado de desgaste, posiblemente

pág. 243
asociado a la presencia de factores protectores como el apoyo familiar, la organización del cuidado y el
desarrollo de estrategias de afrontamiento.
CONCLUSIONES
En conclusión, los resultados del estudio permiten afirmar que la carga del cuidador se manifiesta
principalmente a través de factores físicos asociados a la demanda de tiempo, supervisión constante y
apoyo en las actividades básicas del paciente, lo que constituye el eje central del rol de cuidado.
Si bien los factores emocionales, sociales y económicos no evidencian un impacto significativo en el
bienestar del cuidador en el momento del estudio, estos interactúan con la carga física y pueden influir
de manera indirecta en su equilibrio general. De este modo, la dedicación permanente requerida por el
cuidado incrementa la exigencia global del rol, condicionando el bienestar del cuidador en función de
la intensidad de las necesidades del paciente y de los recursos de apoyo disponibles.
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