NUTRICIÓN Y DETERIORO DE
LA FUNCIONALIDAD EN ADULTOS
MAYORES
NUTRITION AND FUNCTIONAL DECLINE
IN OLDER ADULTS
Mayra Betty Zhigue Gallegos
Universidad Técnica de Machala, Ecuador
Dana Carolina Solano Diaz
Universidad Técnica de Machala, Ecuador
Daniela Yolanda Torres Celi
Universidad Técnica de Machala, Ecuador

pág. 421
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10iC.%20Salud.22919
Nutrición y Deterioro de la Funcionalidad en Adultos Mayores
Mayra Betty Zhigue Gallegos1
mzhigue2@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0001-9455-6864
Universidad Técnica de Machala
Ecuador
Dana Carolina Solano Diaz
dsolano5@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0009-0009-2772-3253
Universidad Técnica de Machala
Ecuador
Daniela Yolanda Torres Celi
dytorres@utmachala.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-3838-2131
Universidad Técnica de Machala
Ecuador
RESUMEN
Introducción: El estado nutricional es un factor determinante en la funcionalidad del adulto mayor, ya
que su alteración puede comprometer la autonomía para realizar las actividades cotidianas y afectar la
calidad de vida. Objetivo: Determinar la relación entre la nutrición y el deterioro de la funcionalidad en
adultos mayores de la Casa Comunal “La Vida es Bella” del cantón Santa Rosa. Metodología: Enfoque
cuantitativo, con un diseño observacional, transversal, descriptivo y correlacional. La muestra estuvo
conformada por 50 adultos mayores seleccionados por el muestreo no probabilístico por conveniencia,
utilizando la Valoración Global Subjetiva (SGA) que evalúa el estado nutricional y el índice de Barthel
para la funcionalidad. Resultados: Los datos sociodemográficos destacan una mayor prevalencia de
mujeres en el rango de edad de 71 a 76 años. El 74% adultos mayores se encuentra con riesgo de
malnutrición ante el SGA, caracterizada principalmente por obesidad (54%) y sobrepeso (22%), así
como la dependencia funcional moderada con un 54% y el 42% dependencia leve en las actividades
básicas de la vida diaria. Conclusión: La alta prevalencia de alteraciones nutricionales y de dependencia
funcional resalta la necesidad de fortalecer estrategias de promoción nutricional y cuidado integral para
mejorar la calidad de vida del adulto mayor.
Palabras clave: adulto mayor, estado nutricional, funcionalidad, dependencia, calidad de vida
1 Autor principal
Correspondencia: mzhigue2@utmachala.edu.ec

pág. 422
Nutrition and Functional Decline in Older Adults
ABSTRACT
Introduction: Nutritional status is a determining factor in the functionality of older adults, as its
alteration can compromise their autonomy in performing daily activities and affect their quality of life.
Objective: To determine the relationship between nutrition and functional decline in older adults at the
"La Vida es Bella" Community Center in the Santa Rosa canton. Methodology: A quantitative approach
was used, with an observational, cross-sectional, descriptive, and relational design. The sample
consisted of 50 older adults selected through non-probability convenience sampling, using the
Subjective Global Assessment (SGA) to evaluate nutritional status and the Barthel Index to assess
functionality. Results: Sociodemographic data highlight a higher prevalence of women in the 71-76 age
range. 74% of older adults were at risk of malnutrition according to the SGA, characterized mainly by
obesity (54%) and overweight (22%), as well as moderate functional dependence (54%) and mild
dependence (42%) in basic activities of daily living. Conclusion: The high prevalence of nutritional
disorders and functional dependence highlights the need to strengthen nutritional promotion strategies
and comprehensive care to improve the quality of life of older adults.
Keywords: older adult; nutritional status, functionality, dependence, quality of life
Artículo recibido 15 enero 2026
Aceptado para publicación: 15 febrero 2026

pág. 423
INTRODUCCIÓN
El proceso de envejecimiento conlleva alteraciones fisiológicas y metabólicas que afectan el estado
nutricional, lo que convierte a las personas mayores en un grupo vulnerable con mayor predisposición
a presentar desequilibrios nutricionales. La nutrición se define como el proceso que abarca la ingesta,
digestión, absorción y metabolismo de los alimentos, proporcionando los nutrientes necesarios para
mantener un adecuado estado de salud y bienestar. Una alimentación inadecuada puede conducir a la
pérdida de masa muscular o aumento, disminución de la funcionalidad, mayor vulnerabilidad a
enfermedades, reducción de la autonomía y deterioro de la calidad de vida, especialmente en el adulto
mayor (Nava Baltazar et al., 2024; Morejon Villarroel & Guevara Villacis, 2024).
El estado nutricional del adulto mayor es el balance entre los nutrientes que consume y los que su cuerpo
necesita, cuando este equilibrio se ve alterado, se presentan estados de malnutrición, los cuales no se
limitan a la insuficiencia alimentaria, sino que abarcan deficiencias o excesos en la cantidad, calidad y
distribución de nutrientes, dando lugar a la desnutrición, el sobrepeso, y la obesidad. Según la
Organización Mundial de la Salud (OMS), la desnutrición se describe como una condición relacionada
con la falta de proteínas, causada por una ingesta insuficiente de alimentos, su rango corporal es inferior
a 18,5 kg/m².
En cuanto al sobrepeso (25 - 29,9 kg/m²) y obesidad (superior a 30 kg/m²) se caracterizan por una
acumulación excesiva de tejido adiposo originada por el desequilibrio alimenticio, elevando la
predisposición a múltiples comorbilidades. Esta desregulación nutricional actúa como catalizador de
síndromes geriátricos como la sarcopenia y la inestabilidad postural, los cuales derivan en eventos
agudos que comprometen drásticamente la capacidad funcional, la integridad sistemática y la
supervivencia del individuo. (Carrasco Paredes et al., 2024; Vinueza Veloz et al., 2023).
Una nutrición correcta es un determinante crítico de la vitalidad y la resiliencia biológica; no solo
previene enfermedades, sino que ofrece beneficios directos al potenciar la recuperación tisular,
fortalecer la función metabólica y optimizar la capacidad de respuesta del sistema musculoesquelético.
Mantener una ingesta adecuada es importante para maximizar la reserva funcional, permitiendo un
desempeño físico óptimo y una mayor resistencia ante el estrés fisiológico.

pág. 424
Por el contrario, el deterioro de la funcionalidad surge cuando este equilibrio se rompe; es decir, cuando
la demanda metabólica supera la capacidad de recuperación del organismo. Una nutrición inadecuada
puede reflejarse en menor fuerza, fatiga y limitaciones en la movilidad, lo que dificulta el desempeño
funcional, asimismo, el exceso de peso puede dificultar la realización de actividades diarias y aumentar
la carga sobre el sistema respiratorio y cardiovascular, disminuyendo así la calidad de vida en esta etapa
(Pinzón Espitia, 2023; Cárdenas Quintana et al., 2022).
Para abordar la relación entre la nutrición y autonomía funcional del adulto mayor se realiza mediante
herramientas validadas como el SGA y el índice de Barthel. El Subjective Global Assessment (SGA),
orientado a evaluar el estado nutricional del paciente a partir de una apreciación global que integra la
historia clínica y el examen físico, considerando dimensiones como los cambios en el peso corporal, la
ingesta alimentaria, la presencia de síntomas que interfieren con la alimentación y el nivel de actividad
o funcionalidad, lo que permite identificar el grado de desnutrición y el riesgo de desarrollar
complicaciones asociadas. Por otro lado, el Índice de Barthel evalúa el nivel de autonomía funcional
mediante el desempeño en diez actividades básicas de la vida diaria, entre ellas la alimentación, el
traslado de la silla a la cama, el aseo personal, el uso del retrete, el baño o ducha, la deambulación, el
ascenso y descenso de escaleras, el vestirse y desvestirse, así como el control de heces y orina; la
puntuación obtenida, que oscila entre 0 y 15 puntos, permite clasificar a los adultos mayores como
independientes, con dependencia parcial o dependientes, siendo los puntajes más bajos indicativos de
mayor dependencia funcional (Duarte, A. et al. 2022; Malone & Mogensen, 2022).
El abordaje de la nutrición en el adulto mayor es importante debido a su impacto directo sobre la
funcionalidad, la autonomía y la mortalidad, factores determinantes en la calidad de vida y el nivel de
independencia. El deterioro del estado nutricional contribuye al compromiso físico, lo que limita la
capacidad para realizar las actividades básicas de la vida diaria. Este enfoque permite identificar riesgos
nutricionales asociados a la dependencia funcional, cuyo impacto no solo afecta al adulto mayor, sino
también al familiar o cuidador, incrementando la carga física, emocional y social. Asimismo, el estudio
aporta evidencia clara que una adecuada nutrición previene enfermedades crónicas, conserva la fuerza
y masa muscular, reduce el riesgo de osteoporosis, fortalece el sistema inmunológico y mejora la
función digestiva, previniendo el estreñimiento, una alimentación adecuada basada en las

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recomendaciones del plato nutricional resulta importante para promover un envejecimiento saludable y
mantener un adecuado nivel de independencia funcional (Cantú Sánchez et al., 2022; Flores Fiallos,
2023).
A nivel mundial, Lourdes I. et al. (2020) en su estudio realizado “Estado nutricional y factores
relacionados con la desnutrición en una residencia de ancianos”, menciona que en el año 2020 se
identificó en una población de 113 personas, las 35 personas conforman el 31% de los adultos mayores
con un elevado riesgo de desnutrición, y un 22% (25 personas) presentaba ya un cuadro de desnutrición
establecido. En cuanto a la dependencia para alimentarse por sí solo, el 35,4% necesitan ayuda para
comer y el 64,6% comía solo. Estos hallazgos evidencian una inadecuada alimentación en esta
población, la cual repercute negativamente en su estado funcional, ya que dependen de un
cuidador/familiar para poder comer. La desnutrición se asocia con una mayor probabilidad de deterioro
funcional, incremento del riesgo de caídas y fracturas, así como con una mayor incidencia de
infecciones, enfermedades agudas y crónicas, y aumento de la mortalidad. Asimismo, favorece el
deterioro del músculo esquelético, manifestado por sarcopenia y osteopenia, induce estados de
inmunosupresión y reduce la capacidad cardiorrespiratoria. A nivel del sistema digestivo, provoca
alteraciones que generan malabsorción de nutrientes, lo que contribuye al incremento de la
morbimortalidad en este grupo etario (Duerksen et al., 2021; Sagbay Coronel & Ortega Campoverde,
2023).
Giraldo N. et al. (2023), en el artículo publicado en la Revista Ciencias de la Salud titulado
“Malnutrición asociada con factores sociodemográficos en adultos mayores de Medellín (Colombia)”,
evidenciaron que el 57,6 % de la población adulta mayor evaluada presentaba algún grado de
malnutrición. Específicamente, un 20,8 % tenía déficit de peso y el 36,8 % presentaba exceso de peso,
según los criterios establecidos por el índice de masa corporal (IMC). Estos hallazgos reflejan la doble
carga nutricional que afecta a esta población, al coexistir tanto la desnutrición como el sobrepeso u
obesidad, lo cual agrava el riesgo de deterioro funcional y la aparición de enfermedades crónicas
asociadas.
A nivel local, Gavilanes A. et al. (2021) realizaron un estudio en 250 adultos mayores de la ciudad de
Quito, en el cual se utilizó el índice de masa corporal (IMC) para evaluar el estado nutricional.

pág. 426
Los resultados evidenciaron que el 51,4% (n=128) presentó desnutrición, el 32,1% (n=80) peso normal,
el 10,8% (n=27) sobrepeso y el 5,6% (n=14) obesidad. Asimismo, se aplicó el índice de Barthel para
valorar el nivel de dependencia funcional, encontrándose que el 25,6% (n=64) presentó dependencia
total, el 6,8% (n=17) dependencia grave, el 18% (n=45) dependencia moderada, el 29,6% (n=74)
dependencia leve y el 20% (n=50) independencia funcional. Estos hallazgos demuestran una
problemática significativa en el estado nutricional y funcional de los adultos mayores, por lo tanto, es
importante promover la necesidad de fortalecer estrategias de intervención dirigidas a mejorar su
alimentación diaria y calidad de vida.
Por otro lado, Lojano Rosa (2024) realizó un estudio en la provincia de El Oro, en el cual se aplicó el
índice de Barthel a una población de 63 adultos mayores. Los resultados mostraron que el grupo etario
predominante fue el de 81 a 85 años, correspondiente al 34,9% (n=22). En cuanto al grado de
dependencia funcional, se evidenció una mayor proporción de dependencia leve con el 41,3% (n=26),
seguida de dependencia moderada con el 33,3% (n=21), independencia funcional con el 23,8% (n=15)
y dependencia severa con el 1,6% (n=1). Estos resultados confirman que, a mayor edad, existe una
mayor disminución funcional, evidenciada por una menor actividad física, reducción de la masa
corporal, mayor riesgo de caídas, dificultad en la marcha y alteraciones metabólicas propias de las
enfermedades crónicas.
La investigación presentada contribuye a promover una calidad de vida saludable, optimizar una buena
alimentación, fortalecer conocimientos nutricionales para el bienestar del adulto mayor y prevenir el
deterioro funcional. Por ello, el presente estudio tiene como objetivo determinar la relación entre la
nutrición y el deterioro de la funcionalidad en adultos mayores de la Casa Comunal “La Vida es Bella”
del cantón Santa Rosa, mediante la aplicación de la Subjective Global Assessment (SGA) y la escala
de Barthel, con el fin de identificar el nivel de riesgo nutricional y su impacto en la autonomía funcional
para orientar intervenciones de mejora.
METODOLOGÍA
Estudio con enfoque cuantitativo, dado que el análisis de los datos se llevó a cabo mediante
procedimientos estadísticos. Asimismo, corresponde a un diseño de corte transversal, la información
fue recolectada en un único momento temporal.

pág. 427
Se clasifica como observacional, ya que la evaluación de los adultos mayores se realizó a través de
instrumentos previamente validados, sin aplicar intervenciones. También adopta un alcance de tipo
descriptivo como relacional, porque describe las características y niveles de funcionalidad de los
participantes.
La población de estudio está conformada por 55 adultos mayores que asisten regularmente a la casa
comunal denominada “La vida es bella” en el Cantón Santa Rosa. Se trabajó con un muestreo no
probabilístico por conveniencia, del cual se obtuvo una muestra de 50 adultos mayores, debido a que
cinco personas no cumplieron con los criterios de selección. Criterios de inclusión: Adultos mayores de
60 años o más, pertenecientes al programa “La vida es bella” del GAD Municipal de Santa Rosa, que
otorguen su consentimiento informado y presenten condiciones físicas y mentales estables para
participar en la evaluación. Criterios de exclusión: Adultos mayores que no se encuentren presentes al
momento de la recolección de datos o que no completen íntegramente los instrumentos establecidos.
Para la recolección de datos se utilizaron instrumentos estandarizados como es el “Índice de Barthel”
validado por los autores Duarte Ayala y Velasco Rojano (2022), en su artículo “Validación psicométrica
del índice de Barthel en adultos mayores mexicanos” el cual evalúa las acciones de la vida diaria del
individuo, tiene una fiabilidad reportada mediante alfa cronbach de 0.98 y el “Subjetive Global
Assesment (SGA)” es validado por Moya G, et al. (2022), que permite evaluar el estado nutricional,
con una fiabilidad entre 0,78, el cual mide la consistencia interna de los datos. Los datos obtenidos son
analizados mediante el programa de IBM – SPSS.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Tabla 1 Datos Sociodemográficos
Edad
Sexo Total
Masculino Femenino
F P F P F P
65 - 70 0 0,0% 10 20,0% 10 20,0%
71 - 76 2 4,0% 14 28,0% 16 32,0%
77 - 82 1 2,0% 11 22,0% 12 24,0%
83 - 88 3 6,0% 7 14,0% 10 20,0%
89 - 94 0 0,0% 2 4,0% 2 4,0%
6 12,0% 44 88,0% 50 100,0%

pág. 428
De acuerdo con la Tabla 1, la mala nutrición predominó en el sexo femenino en todos los grupos etarios,
representando el 88,0 % de la población total. Sobresaliendo el grupo etario de 71 a 76 años (32,0 %),
seguido del rango de 77 a 82 años (24,0 %). Estos resultados coinciden con lo reportado por Garfias J.
et al. (2021), quienes destacan que la mala nutrición es abarcada en mujeres adultas mayores entre 70 y
82 años, por causa de hábitos alimentarios inadecuados. Por otro lado, Velasco J. et al. (2023)
evidenciaron un predominio de mala nutrición en hombres con 53,3 % y en mujeres 46,67%, con edades
entre 59 y 81 años, de los cuales el 36,7 % presentaba sobrepeso u obesidad, mostrando un 25,0 % con
algún grado de dependencia funcional y un 43,3 % con mala nutrición moderada. Mediante estos
diversos estudios podemos establecer que la ingesta nutricional de los adultos mayores del sexo
femenino es insuficiente para cubrir los requerimientos propios de su edad, lo que puede afectar
negativamente su salud y funcionalidad.
Gráfica 1 Índice de Masa Corporal
Fuente: Elaboración propia
En la gráfica 1 se evalúa el IMC y se puede evidenciar que el 54% de los adultos mayores presentan
obesidad, el 22,0% en sobrepeso y un 12,0% con peso normal y desnutrición, entonces se identifica que
el 88% de ellos presentan una mala nutrición. En relación con el estudio realizado por Forero L. et al.
(2022), según los criterios de clasificación de la OMS demuestra en su población que el 60,1% tiene
una mala nutrición (40,7 % con sobrepeso, el 16,2 % con obesidad y un 3,4 % de bajo peso), mostrando
que a medida que aumenta la edad hay un desbalance en el peso corporal, en este caso predomina el

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sobrepeso mientras que el bajo peso disminuye en la población analizada. De manera similar, Bonilla
C. et al. (2025) indica que el 38,9 % de adultos mayores presenta obesidad, 27,6% sobrepeso y el 0,2%
peso insuficiente, mostrando un mal estado nutricional de la población estudiada, el cual se asocia a
hábitos de vida poco saludables, edad avanzada, alteraciones metabólicas y el nivel de funcionalidad,
factores que influyen en el grado de independencia de los adultos mayores. Otros estudios coinciden
con estos hallazgos, como el de Sulmont C. et al. (2022), quienes reportan que el 8 % de los encuestados
presenta desnutrición, el 39 % sobrepeso y el 26 % obesidad, asocian estos resultados a la edad avanzada
y a la disminución de la funcionalidad. Asimismo, Jiménez C. et al. (2023) confirman una mayor
prevalencia de sobrepeso y obesidad (68,6 %) y peso normal (29,2 %), en comparación con el bajo peso
(2,2 %), relacionándolo con una inadecuada calidad de alimentación y la dependencia del cuidador. Se
puede evidenciar, que existe una mayor prevalencia de obesidad en comparación con las investigaciones
previas, lo que lleva a implementar estrategias orientas a la promoción de hábitos saludables, educación
nutricional y reducir los factores de riesgo asociado, con la finalidad de mejorar la calidad de vida,
prevenir una mala nutrición, conservar la funcionalidad y autonomía del adulto mayor.
Gráfica 2. Subjetive Global Assesment (SGA)
Fuente: Elaboración propia
De acuerdo con la Gráfica 2, correspondiente a la aplicación del método Subjective Global Assessment
(SGA), se evidenció que el 74,0 % de los participantes presenta malnutrición moderada o riesgo de
malnutrición, mientras que el 2,0 % presenta malnutrición severa.

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Estos resultados difieren de los reportados por González M. et al. (2025), quienes encontraron que la
mayoría de su población presentó un estado nutricional normal (74,1 %) y no registraron casos de mala
nutrición; sin embargo, un 25,9 % se ubicó en riesgo de malnutrición. Dicho riesgo fue asociado con
alteraciones fisiológicas propias del envejecimiento, así como a factores sociales y económicos,
incluyendo la inactividad física, que dificultan el mantenimiento de un peso corporal adecuado. Por otra
parte, Velasco E. et al. (2023) muestra una mayor prevalencia de riesgo de malnutrición (58,3 %), con
una menor proporción de adultos mayores con estado nutricional normal (36,7 %). En este estudio
destacó la población femenina con mala nutrición, relacionándose con la presencia de complicaciones
cognitivas y emocionales, alteraciones del peso corporal y una disminución de la funcionalidad,
impactando negativamente en el bienestar y la calidad de vida del adulto mayor. De manera similar,
Espinoza F. Ana Cristina, demuestra que el 60,3 % de los adultos mayores presentó malnutrición
moderada, el 31,5 % un estado nutricional adecuado y el 8,2 % malnutrición severa.
Asimismo, al evaluar el índice de masa corporal (IMC), se identifica que el 57,54 % presenta algún tipo
de mala nutrición, distribuida en el 28,8 % con sobrepeso, 15,1 % con obesidad y 13,7 % con bajo peso.
Los autores culpan al aumento de la edad (81–90 años), la falta de variedad en la alimentación diaria, y
la soledad, factores que influyen negativamente en la funcionalidad, evidenciándose una dependencia
moderada del 33,3 %.
Asimismo, Nava B. et al. (2024) reportaron un aumento de mala nutrición del 48,1 % de los habitantes.
Además, al utilizar el Índice de Barthel, se observó que el 72,4 % de la población presentó algún grado
de dependencia, siendo la dependencia total con más porcentaje. De acuerdo con los datos observados,
la mala nutrición en esta población se asocia principalmente con la edad avanzada y la disminución de
la funcionalidad, lo que conlleva a un peso corporal inadecuado, teniendo como consecuencia la perdida
de masa y fuerza muscular, aumentando el riesgo de caídas, disminución de la movilidad y mayor riesgo
a contraer enfermedades crónicas e infecciosas.

pág. 431
Gráfica 3 Índice de Barthel
Fuente: Elaboración propia
En la Gráfica 3, la evaluación de la funcionalidad mediante el Índice de Barthel evidencia que el 54,0
% de los adultos mayores presenta dependencia funcional moderada, seguido de un 42,0 % con
dependencia leve, lo que indica un deterioro significativo en la capacidad para realizar actividades
básicas de la vida diaria. Estos resultados contrastan parcialmente con el estudio de Gavilanez F. et al.
(2023), quienes reportaron un mayor porcentaje de dependencia severa (44,7), moderada (35,1 %) y
leve (2,1 %) a comparación con la dependencia total, señalando que el grado de dependencia tiende a
incrementarse progresivamente con la edad. De manera similar, Escobedo R. et al. (2023) evidenciaron
que el 59,1 % de los adultos mayores presentaba algún grado de dependencia, distribuido en
dependencia total de 10,7%, el 16,6% severa, el 19,3% moderada y un 12,5% dependencia leve,
destacando que en edades avanzadas (>65 años) las limitaciones funcionales afectan el desempeño de
actividades básicas, como es el comer. Por su parte, Castillo J. et al. (2025) reportaron que la
dependencia en adultos mayores representa un 49,6%, en la cual se distribuye en leve (40,3%),
moderada (0,8%), grave (8,4%) y total (9,2%), señalaron que los adultos menores de 80 años
presentaron mayores dificultades funcionales, en actividades como subir escaleras, deambular, la
continencia urinaria y la higiene personal, lo que afecta negativamente en la calidad de vida. Asimismo,
Lojano R. et al. (2025) identificaron una mayor proporción de dependencia leve (42,0%) y moderada
(54%), principalmente en adultos mayores de 81 a 85 años, dificultando la funcionalidad de comer, por

pág. 432
ello existe el 56,5% de sobrepeso y el 15,5% de obesidad. Estos estudios refuerzan la evidencia de que
la dependencia funcional en el adulto mayor se incrementa con la edad y se relaciona con el deterioro
de la funcionalidad, es decir, hay disminución de la fuerza muscular, la movilidad y capacidad para
realizar tareas de la vida diaria. Por ello, es importante diseñar estrategias de prevención, rehabilitación
y atención integral, dirigidas a fortalecer la funcionalidad y reduciendo la dependencia con el fin de
disminuir la carga para el cuidador, mejorando la respuesta del sistema inmunológico y favoreciendo el
aumento de las defensas del organismo mediante la alimentación completa, equilibrada y adecuada a
sus necesidades nutricionales.
Tabla 2 Relación entre Índice de Barthel - Subjective Global Assessment (SGA)
Estado
Nutricional
Tipo de Dependencia Total
Dependencia
Total
Dependencia
Severa
Dependencia
Moderada
Dependencia
Leve
F P F P F P F P F P
Buen Estado
Nutricional
0 0,0% 0 0,0% 6 12,0% 6 12,0% 12 24,0%
Malnutrición
moderada o
riesgo de
malnutrición
0 0,0% 1 2,0% 21 42,0% 15 30,0% 37 74,0%
Malnutrición
severa
1 2,0% 0 0,0% 0 0,0% 0 0,0% 1 2,0%
1 2,0% 1 2,0% 27 54,0% 21 42,0% 50 100,0%
Fuente: Elaboración propia
Según los resultados presentados en la Tabla 2, al analizar la relación entre el grado de dependencia
funcional y el estado nutricional, se evidencia que la mayor proporción de adultos mayores con mala
nutrición corresponde a aquellos con dependencia moderada (42,0 %), seguida de la dependencia leve
(30,0 %). En términos generales, el 54,0 % de la población presenta dependencia moderada y el 42,0 %
dependencia leve. Estos hallazgos sugieren que, a medida que se incrementa el deterioro del estado
nutricional, se produce una mayor limitación de la autonomía para la realización de las actividades
básicas de la vida diaria. En concordancia con estos resultados, Domínguez L. et al. (2024) identifica
que un 27,3 % de los adultos mayores se encontraba en riesgo nutricional y un 16,9 % presentaba
desnutrición y el 19,5 % corresponde a sobrepeso u obesidad, además, en términos de funcionalidad, el

pág. 433
44,2 % evidencia limitaciones en la movilidad de la cama al sillón y el 15,6 % presenta restricción en
la participación de actividades. Los autores señalan que dichas limitaciones se intensifican con la edad
avanzada, especialmente en personas de 80 años o más, debido al deterioro progresivo de la
funcionalidad, como es la movilidad, la visión y la audición, lo que favorece la pérdida de
independencia. De manera similar, Pineda J. et al. (2025) identificaron que los mayores niveles de
dependencia funcional se concentran en adultos mayores de 80 años o más, predominando la
dependencia leve (47 %) y moderada (23 %), lo cual refuerza la relación entre el envejecimiento,
disminución de la funcionalidad y mayor necesidad de apoyo, principalmente para actividades
relacionadas con la alimentación. Asimismo, Ajila A. et al. (2024), al evaluar la autonomía mediante el
Índice de Barthel, evidenciaron un mayor porcentaje de dependencia del 29,79 %, mostrando una
dependencia leve (10,64) y moderada (14,89%). Estos resultados mencionados demuestran que la mala
nutrición se relaciona con el aumento de la dependencia funcional en el adulto mayor, debido al déficit
o exceso de nutrientes en el cuerpo, lo cual influye negativamente en la capacidad para realizar
actividades básicas de la vida diaria, como la alimentación, el aseo personal, el uso del baño y la
movilidad. Asimismo, se muestra que no solo afecta la salud general, sino que incrementa la necesidad
de apoyo por parte del cuidador y eleva el riesgo de desarrollar discapacidades.
CONCLUSIONES
La presente investigación permitió analizar la relación entre el estado nutricional y el deterioro de la
funcionalidad en los adultos mayores, mediante la aplicación de la Valoración Global Subjetiva (SGA)
y el Índice de Barthel. Los resultados evidenciaron una alta prevalencia de mala nutrición en la
población estudiada, predominando el sobrepeso y la obesidad según el índice de masa corporal, así
como el riesgo de malnutrición y la malnutrición moderada de acuerdo con el SGA. También, se
identificó que la mayoría de los adultos mayores presenta algún grado de dependencia funcional,
principalmente dependencia moderada y leve, lo que refleja un deterioro en la capacidad para realizar
actividades básicas de la vida diaria. En cuanto al rol de enfermería, este se desempeña a la detección
temprana de alteraciones nutricionales y funcionales, mediante una valoración y seguimiento continuo,
con el propósito de promocionar una educación alimentaria tanto en el adulto mayor como en su

pág. 434
cuidador. Estas acciones están dirigidas a prevenir el deterioro funcional, fortalecer la autonomía y
mejorar la calidad de vida de esta población vulnerable.
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