pág. 1
FACTORES DE RIESGO

DE DESNUTRICIÓN EN ADULTOS
MAYORES EN EL PRIMER NIVEL DE

ATENCIÓN MACHALA

RISK FACTORS FOR MALNUTRITION IN OLDER

ADULTS IN PRIMARY CARE MACHALA

Yahaira Mishell Macas Sanchez

Universidad Técnica de Machala, Ecuador

Mireya Estefania Gualan Yupangui

Universidad Técnica de Machala, Ecuador

Saraguro-Salinas Sara Margarita

Universidad Técnica de Machala, Ecuador
pág. 2
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.0.22921
Factores de riesgo de desnutrición en adultos mayores en el primer nivel de
atención Machala.

Yahaira Mishell Macas Sanchez
1
ymacas3@utmachala.edu.ec

https://orcid.org/0009-0009-7150-4306

Universidad Tecnica de Macahala

Ecuador Machala

Mireya Estefania Gualan Yupangui

mgualan6@utmachala.edu.ec

https://orcid.org/0009-0007-9931-311X

Universidad Tecnica de Macahala

Ecuador - Machala

Saraguro-Salinas Sara Margarita

ssaraguro@utmachala.edu.ec

https://orcid.org/0000-0002-4711-1416

Universidad Técnica de Machala

Machala-Ecuador

RESUMEN

Introducción:
La malnutrición es el desequilibrio entre la ingesta de nutrientes y los requerimientos del
organismo, siendo, un problema de salud pública de alto impacto mundial. Se estima que cerca de 100
millones de adultos mayores presentan algún grado de desnutrición o riesgo nutricional, condición que
incrementa la morbilidad, favorece hospitalizaciones recurrentes y disminuye la autonomía funcional.
En el envejecimiento, este fenómeno adquiere mayor relevancia debido a la coexistencia de
comorbilidades, cambios fisiológicos y factores sociales que potencian la vulnerabilidad nutricional.

Objetivo:
identificar los factores de riesgos de desnutrición en los adultos mayores en el primer nivel
de atención.
Metodología: Estudio no experimental, transversal, cuantitativo, descriptivo y
observacional analítico en 143 adultos mayores de la comunidad. Se aplicó el Mini Nutritional
Assessment (MNA) y paquete IBM SPSS para análisis estadístico
. Resultados: Se identificaron tres
factores de riesgo, donde la disminución de la ingesta alimentaria se asocia con deterioro nutricional
progresivo; las enfermedades crónicas (cardiovasculares, diabetes, pulmonares) varían según grupo
etario; y los problemas neuropsicológicos (demencia, depresión) aumentan con la edad,
comprometiendo la autonomía alimentaria. Además, hay riesgo de desnutrición, malnutrición,
problemas pulmonares y
deterioro neuropsicológico en hombres. En mujeres mostraron mayor
proporción de estado nutricional adecuado, pero, prevalencia de estrés, enfermedades cardiológicas y
diabetes.
Conclusión: Los adultos mayores evaluados presentan una combinación de factores clínicos,
funcionales, psicológicos y sociales que influyen directamente en su estado nutricional, requiriendo
estrategias integrales de detección temprana desde la atención primaria, con intervención oportuna,
educación nutricional, evaluación periódica y coordinación interprofesional para prevenir
complicaciones asociadas.

Palabras clave: adulto mayor, desnutrición, factores de riesgo, estado nutricional.

1
Autor principal
Correspondencia:
ymacas3@utmachala.edu.ec
pág. 3
Risk factors for malnutrition in older adults in primary care Machala.

ABSTRACT

Introduction: Malnutrition is the imbalance between nutrient intake and the body's requirements, and is

a public health problem with a high global impact. It is estimated that nearly 100 million older adults

suffer from some degree of malnutrition or nutri
tional risk, a condition that increases morbidity, leads
to recurrent hospitalizations, and reduces functional autonomy. In aging, this phenomenon becomes

more relevant due to the coexistence of comorbidities, physiological changes, and social factors that

increase nutritional vulnerability. Objective: To identify the risk factors for malnutrition in older adults

in primary care. Methodology: Non
-experimental, cross-sectional, quantitative, descriptive, and
observational analytical study in 143 older adults
in the community. The Mini Nutritional Assessment
(MNA) and IBM SPSS package were used for statistical analysis. Results: Three risk factors were

identified, where decreased food intake is associated with progressive nutritional deterioration; chronic

dis
eases (cardiovascular, diabetes, pulmonary) vary according to age group; and neuropsychological
problems (dementia, depression) increase with age, compromising dietary autonomy. In addition, there

is a risk of malnutrition, poor nutrition, lung problems, a
nd neuropsychological deterioration in men.
Women showed a higher proportion of adequate nutritional status, but a higher prevalence of stress,

heart disease, and diabetes. Conclusion: The older adults evaluated present a combination of clinical,

functiona
l, psychological, and social factors that directly influence their nutritional status, requiring
comprehensive early detection strategies from primary care, with timely intervention, nutritional

education, periodic evaluation, and interprofessional coordin
ation to prevent associated complications.
Keywords
: older adults, malnutrition, risk factors, nutritional status
Artículo recibido 15 enero 2026

Aceptado para publicación: 15 febrero 2026
pág. 4
INTRODUCCIÓN

La malnutrición se define como la carencia, exceso o desequilibrio en la ingesta de nutrientes o calorías
de un individuo, e integra tres tipos de problemas de salud, la desnutrición, la malnutrición y el
sobrepeso. Esta situación disminuye la calidad de vida de las personas, generándoles afectaciones en su
bienestar integral, por lo que se trata de un problema de salud pública que afecta a las personas, familias,
comunidades y la sociedad en general (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2024).

Por lo tanto, se entiende que la desnutrición, es el desequilibrio nutricional que se produce entre la
ingesta de nutrientes y las necesidades reales del organismo (Fonseca et al., 2020). En el caso de los
adultos mayores, la desnutrición es una problemática compleja debido a que está relacionada con
aspectos como el incremento de la mortalidad, morbilidad, el deterioro físico y el bajo nivel de calidad
de vida (Alvaro et al., 2025). A nivel mundial, se estima que el 18,6% de las personas de la tercera edad
padecen problemas asociados a la desnutrición (Salari et al., 2025). Además, se estima que alrededor del
50% de los ancianos que se encuentran hospitalizados enfrentan esta problemática (Alvaro et al., 2025).
Esta situación, es el resultado de situaciones como el padecimiento de enfermedades crónico, problemas
cognitivos, debilidad física, anorexia, problemas de masticación y deglución, además de la situación
socioeconómica (Salari et al., 2025)

Entre los factores que inciden en la desnutrición en adultos mayores son las enfermedades y procesos
fisiológicos propios del envejecimiento, los cambios en el apetito y metabolismo, la inflamación crónica,
el déficit de micronutrientes, además de factores sociales y psicológicos que producen efectos como la
pérdida de funcionalidad, así como el incremento del riesgo en el desarrollo de complicaciones de
carácter clínico y social (Norman et al., 2021). Así mismo, al ser el envejecimiento, una etapa en la cual
el organismo experimenta una serie de cambios a nivel, fisiológico, psicológico y social, la manera en
que las personas se alimentan repercute directamente en sus patrones alimentarios y en consecuencia en
su estado nutricional (Andrade et al., 2023).

En este sentido, la desnutrición en los adultos mayores es el resultado de una multiplicidad de factores
que interactúan entre sí (Iglesias et al., 2020). Entre los factores fisiológicos se identifican como los
principales, las alteraciones en la masticación, salivación y deglución, además de la presencia de
discapacidades, deterioro cognitivo, disminución de las funciones sensoriales y una menor capacidad
pág. 5
digestiva (Caiza et al., 2025). Estos aspectos determinan que las personas de la tercera edad no consuman
los nutrientes necesarios para mantener niveles de funcionalidad y calidad de vida óptimos (Pérez et al.,
2021).

Mientras que los factores socioeconómicos, se relacionan con situaciones como la pobreza, la limitación
de recursos económicos, así como los hábitos alimentarios inadecuados (Alcántara et al., 2025). De igual
manera, determinados estilos de vida, la soledad, depresión y aparición de trastornos alimentarios como
la anorexia, también inciden de manera negativa, ya que, en gran parte de los casos, la falta de
participación de la familia en el cuidado y atención de los adultos mayores, afectan en la calidad de su
alimentación (Iglesias et al., 2020). Finalmente, factores ambientales, relacionados con inadecuadas
formas de convivencia, entornos físico poco favorables y dificultad para acceder a alimentos de calidad
también influyen en la mala alimentación de este grupo etario (Cárdenas et al., 2022). Por el contrario,
adultos mayores que reciben cuidado y asistencia médica, así como apoyo familiar no suelen presentar
cuadros evidentes de malnutrición (Nava et al., 2024).

De tal manera, la desnutrición en el grupo etario de la tercera edad se convierte en un serio problema
que debe enfrentar el sistema de salud pública, ya que presentan altos niveles de prevalencia que afectan
negativamente en la capacidad funcional, la calidad de vida y en la salud integral de las personas,
generando elevados costos de atención a nivel sanitario y social (OMS, 2024). Frente a esta realidad, la
población adulta mayor, padece cuadros de malnutrición que requieren de cuidados especializados y de
una alimentación saludables para restituir su calidad de vida, sin embargo, esto se convierte en un hecho
difícil de resolver, debido a que no todos cuentan con las condiciones necesarias para solventar esta
necesidad (Muñoz et al., 2025). En este contexto, la atención que brindan los centros de salud resulta
fundamental para la detección temprana de este problema y la prevención de su progresión (González
et al., 2024).

En Ecuador, los datos muestran que alrededor del 61,7% de los adultos mayores presentan problemas
asociados a la malnutrición (Andrade et al., 2023). A pesar de la existencia de planes nacionales
enfocados en mejorar la alimentación de la población, los adultos mayores continúan presentando signos
de desnutrición que afectan directamente en su calidad de vida; esta problemática se relaciona de manera
directa con condiciones como la pobreza, el bajo nivel educativo, la falta de apoyo familiar y la presencia
pág. 6
simultánea de múltiples enfermedades. Por otro lado, en las zonas rurales, caracterizadas por mayores
niveles de inequidad social limitada accesibilidad a servicios de salud y a alimentos saludables, esta
situación, incrementa aún más la vulnerabilidad de este grupo etario (Vinueza et al., 2023).

En el caso específico de la ciudad de Machala, localizada en la provincia de El Oro, la realidad no es
distinta. Si bien la evidencia científica disponible es limitada, se reconoce que aspectos como las
dificultades económicas, soledad, bajo acceso a alimentos de calidad y los problemas de salud afectan
directamente el estado nutricional de los adultos mayores. De ahí la importancia de analizar los factores
de riesgo, iniciando en el primer nivel de atención, de esta manera se podrá diseñar e implementar
estrategias ajustadas a la realidad social y económica de la localidad, a fin de mejorar la calidad de vida
de esta población (Alvaro et al., 2025).

Es importante mencionar que, en el primer nivel de atención, la actuación de enfermería frente a la
desnutrición se enfoca en la valoración nutricional temprana de la persona, así como en la identificación
de factores de riesgo y el seguimiento continuo de los pacientes de la tercera edad (Guachamboza y
Velasco, 2024). El rol de los profesionales de enfermería también incluye la promoción de hábitos
alimentarios saludables, la educación a los pacientes y sus familias, así como el establecimiento de las
condiciones sociales y clínicas que agravan el estado nutricional (Vega y Analuisa, 2025). De igual
manera, hace posible la derivación oportuna a especialistas en este campo, en función de las condiciones
de las personas, además del acompañamiento comunitario, lo cual contribuye a garantizar un abordaje
integral y preventivo (Velasco y Velásquez, 2023).

Con base en lo expuesto, se plantó como objetivo del presente estudio: identificar los factores de riesgos
de desnutrición en los adultos mayores en el primer nivel de atención.

METODOLOGÍA

En el presente estudio se consideró un diseño no experimental y corte transversal, pues, no se manipuló
las variables y se recopiló los datos en un único momento de tiempo. Incluyendo un enfoque cuantitativo
porque se obtuvo información estadística respecto a los factores de desnutrición y aspectos
sociodemográficos. Además, se aplicó el tipo de investigación descriptivo debido a que se detalló las
características de la población de estudio; así como observacional analítico, puesto que se analizó la
relación entre la variable dependiente (estado nutricional) e independientes (factores de riesgo).
pág. 7
En cuanto a la población de estudio corresponden a adultos mayores desde los 65 años que acuden al
primer nivel de atención en el Centro de Salud Tipo C Brisas del Mar, localizado en la ciudad de
Machala, provincia de El Oro. Para la selección de la muestra se consideró un muestreo probabilístico
por conveniencia según disponibilidad y accesibilidad de los participantes.

Es por ello, que se aplicó criterios de inclusión como los adultos mayores desde los 65 años que sean
usuarios del primer nivel de atención en Machala, personas que acepten y firmen voluntariamente el
consentimiento informado. En los criterios de exclusión se consideró a adultos mayores con
enfermedades graves u hospitalizados durante el periodo de recolección de datos, y quienes hayan
rechazado participar en el mismo. Por lo tanto, la muestra estuvo conformada por 143 adultos mayores
por conveniencia. Para la recolección de la información se aplicó una encuesta cuyo instrumento fue el
cuestionario estandarizado Mini Nutritional Assessment (MNA), el cual permitió evaluar el estado
nutricional en adultos mayores, integrando aspectos antropométricos, dietéticos, clínicos y funcionales,
facilitando la valoración integral del adulto mayor. Este instrumento fue diseñado y validado
internacionalmente por los geriatras Guigoz y Bruno Vellas mediante estudios clínicos y multicéntricos
que demostraron validez de contenido, criterio y capacidad predictiva para la detección de desnutrición
y riesgo.

Respecto al análisis de datos se aplicó estadística descriptiva como frecuencias y porcentajes; así como
la inferencial mediante la técnica de tablas cruzadas. La información se organizó en el programa
Microsoft Excel para su procesamiento y análisis en el software Statistical Package for the Social
Sciences (SPSS) versión 26.
Cabe mencionar que se aplicó el chi-cuadrado para identificar si hay
asociación; tomando en cuenta que se acepta la relación cuando el nivel de significancia (p) es menor a
0,05 se
considerada aceptable.
pág. 8
RESULTADOS Y DISCUSIÓN

A continuación, se presentan los resultados obtenidos:

Tabla 1.- Datos sociodemográficos

Variable
Detalle Frecuencia (N = 143) % (100%)
Edad

65 -- 69 años
43 30,1
70 - 74 años
43 30,1
75 -79 años
39 27,3
80 - 84 años
6 4,2
85 - 89 años
5 3,5
90 años o más
7 4,9
Sexo
Masculino 72 50,3
Femenino
71 49,7
Domicilio
Urbano 122 85,3
Rural
21 14,7
Peso

30--34 KG
1 0,7
35-39 KG
1 0,7
40-44 KG
7 4,9
45-49 KG
8 5,6
50-54 KG
11 7,7
55-59 KG
34 23,8
60--64 KG
29 20,3
65-69 KG
9 6,3
70-74 KG
3 2,1
75-79 KG
16 11,2
80-84 KG
12 8,4
85 KG O MÁS
12 8,4
Talla

1.40 - 1.44 cm
20 14,0
1.45 - 1.49 cm
38 26,6
1.50 - 1.54 cm
22 15,4
1.55 - 1.59 cm
21 14,7
1.60 -1.64 cm
23 16,1
1.65 - 169 cm
13 9,1
1.70 - 1.74 cm
6 4,2
Fuente: Las autoras
pág. 9
De acuerdo con los datos sociodemográficos da la tabla 1, la población de estudio estuvo conformada
por adultos mayores de 65 a 69 años y 70 a 74 años, ambos con 30,1% respectivamente, seguidos por
los participantes de 75 a 79 años (27,3%). En contraste, los grupos de 80 a 84 años (4,2%), 85 a 89 años
(3,5%) y 90 años o más (4,9%) presentaron menor representación. En cuanto al sexo, la distribución fue
equilibrada con una tendencia superior del sexo masculino (50,3%) frente al femenino (49,7%).
Respecto al lugar de residencia, la mayoría de los adultos mayores vivía en zonas urbanas (85,3%),
mientras que solo el 14,7% en áreas rurales. Estos resultados indican que la muestra se compone
mayoritariamente de adultos mayores jóvenes con equilibrio por sexo y predominio urbano,
posiblemente puede influir en el acceso a servicios de salud y estado nutricional.

En relación con las variables antropométricas, el peso corporal más frecuente se ubicó en el rango de 55
a 59 kg (23,8%), seguido por 60 a 64 kg (20,3%) y 75 a 79 kg (11,2%). Asimismo, los rangos de 80 a
84 kg y 85 kg o más
representaron cada uno el 8,4% de la muestra. Por otro lado, los pesos inferiores
mostraron menor frecuencia, destacándose los intervalos de 50 a 54 kg (7,7%), 45 a 49 kg (5,6%), 40 a
44 kg (4,9%), y menos frecuentes de 30 a 34 kg y 35 a 39 kg, ambos con el 0,7% respectivamente. Es
así como, la coexistencia de diferentes estados nutricionales puede presentar riesgo de desnutrición y
sobrepeso en la población adulta mayor. Respecto a la talla, el intervalo más frecuente fue el de 1,45 a
1,49 m (26,6%), seguido por 1,60 a 1,64 m (16,1%), 1,50 a 1,54 m (15,4%) y 1,55 a 1,59 m (14,7%).
Además, el 14,0% de los participantes presentaron una estatura entre 1,40 y 1,44 m, mientras que el
9,1% se ubicó entre 1,65 y 1,69 m. El rango menos frecuente correspondió a 1,70 a 1,74 m, con el 4,2%.
La tendencia de estaturas bajas a medias puede ser por los cambios fisiológicos propios del
envejecimiento y permite contextualizar los resultados del análisis nutricional en adultos mayores.
pág. 10
Tabla 2.- Distribución de los componentes del Mini Nutritional Assessment

ítems
Detalle Frecuencia
(N = 143)

%
(100%
)

Disminución ingesta de alimentos por
pérdida de apetito, problemas digestivos,
masticación o deglución

Disminución severa
11 7,7%
Disminución moderada
93 65,0%
No ha disminuido
39 27,3%
Pérdida de peso

> 3 kg
17 11,9%
No lo sabe
23 16,1%
Entre 1 y 3 kg
65 45,5%
No ha perdido
38 26,6%
Índice de Masa Corporal (IMC)

<19
12 8,4%
19 a <21
5 3,5%
21 a <23
8 5,6%
≥23
118 82,5%
Cantidad comidas completas toma al día
2 comidas 13 9,1%
3 comidas
130 90,9%
Consumo de frutas o verduras al menos 2
veces al día

No
10 7,0%
SI
133 93,0%
Cantidad vasos de agua u otros líquidos
toma al día

< 3 vasos
11 7,7%
3 a 5 vasos
41 28,7%
> 5 vasos
91 63,6%
Forma de alimentarse

Necesita ayuda
10 7,0%
Solo con dificultad
72 50,3%
Solo sin dificultad
61 42,7%
Enfermedad crónica

Enfermedades cardiológicas
41 28,7%
Enfermedades pulmonares
19 13,3%
Cáncer
5 3,5%
Artritis reumatoide
3 2,1%
Infección por Helicobacter
pylori
7 4,9%
Colelitiasis
1 0,7%
Malabsorción intestinal
crónica
1 0,7%
Reflujo gastroesofágico
8 5,6%
Estreñimiento
5 3,5%
pág. 11
Incontinencia de esfínteres
13 9,1%
Hipertiroidismo
12 8,4%
Diabetes
25 17,5%
Enfermedad de Parkinson
1 0,7%
Úlceras por presión
2 1,4%
Problemas sociales y funcionales

Inmovilidad
2 1,4%
Bajos recursos económicos
123 86,0%
Soledad
18 12,6%
Movilidad
Se levanta pero no sale 32 22,4%
Sale
111 77,6%
Estrés psicológico o enfermedad aguda
SI 96 67,1%
NO
47 32,9%
Problemas neuropsicológicos

Demencia severa o depresión
30 21,0%
Demencia leve
34 23,8%
Sin problemas
79 55,2%
Estado Nutricional

Malnutrición
11 7,7%
Riesgo de desnutrición
107 74,8%
Estado nutricional adecuado
25 17,5%
Fuente: Las autoras.

En la Tabla 2, se aprecia que los resultados del MNA evidencian una alta prevalencia de factores de
riesgo nutricional. El 65% de los adultos mayores presentó una disminución moderada de la ingesta
alimentaria, mientras que el 7,7% fue severa, siendo, un aspecto que puede afectar al deterioro del estado
nutricional. Respecto a la pérdida de peso, el 45,5% perdió entre 1 y 3 kg y un 11,9% más de 3 kg,
representando una tendencia preocupante hacia la desnutrición. Aunque el 82,5% tuvo un IMC ≥23
kg/m², valor considerado adecuado para adultos mayores, lo que puede relacionarse con la pérdida de
peso reciente, pero, el IMC por sí solo no es suficiente para descartar riesgo nutricional.

En relación con los hábitos alimentarios, la mayoría consumía tres comidas al día (90,9%) con un
consumo adecuado de frutas y verduras (93%). Sin embargo, el 50,3% manifestó alimentarse solo con
dificultad y 7% necesitaba ayuda, indicando limitaciones funcionales que pueden comprometer la
ingesta efectiva de alimentos. De igual modo, se identificó una alta prevalencia de enfermedades
crónicas, principalmente, cardiovasculares (28,7%) y diabetes (17,5%), así como una alta proporción de
pág. 12
adultos mayores con bajos recursos económicos (86%). El 67,1% sufrió estrés psicológico o enfermedad
aguda en los últimos tres meses, y un 44,8% presentó algún grado de problema neuropsicológico. En el
estado nutricional se aprecia que, el 74,8% de los adultos mayores se encontraba en riesgo de
desnutrición, un 7,7% malnutrición y solo el 17,5% tenía un estado nutricional adecuado. Con estos
resultados se evidencian que, aunque la malnutrición no es alta, existe una proporción considerable de
población vulnerable que requiere intervención temprana a través de estrategias para detección precoz
y seguimiento nutricional en el primer nivel de atención.

Tabla 3. Edad y estado nutricional

Edad

Relación entre edad y estado nutricional

Total

Malnutrición
Riesgo de desnutrición Adecuado
65 -- 69 años
6 (4,2%) 21 (14,7%) 16 (11,2%) 43 (30,1%)
70 - 74 años
1 (0,7% 36 (25,2%) 6 (4,2%) 43 (30,1%)
75 -79 años
0 (0%) 37 (25,9%) 2 (1,4%) 39 (27,3%)
80 - 84 años
4 (2,8%) 2 (1,4%) 0 (0%) 6 (4,2%)
85 - 89 años
0 (0%) 5 (3,5%) 0 (0%) 5 (3,5%)
90 años o más
0 (0%) 6 (4,2%) 1 (0,7%) 7 (4,9%)
Total
11 (7,7%) 107 (74,8%) 25 (17,5%) 143 (100%)
Fuente: Las autoras.

La Tabla 3 muestra que el riesgo de desnutrición aumenta con la edad, especialmente, en los grupos de
7074 años (25,2%) y 7579 años (25,9%), connotando una mayor vulnerabilidad nutricional según
avanza el envejecimiento. La malnutrición se presenta con mayor frecuencia en el grupo de 6569 años
y 8084 años, mientras que, el estado nutricional adecuado es más frecuente en los adultos de menor
edad dentro del grupo.
pág. 13
Tabla 4.- Estado nutricional y disminución de ingesta

Disminución de la
ingesta

Relación entre estado nutricional y disminución de ingesta

Total
Malnutrición
grave

Riesgo de
desnutrición

Estado nutricional
adecuado

Disminución severa
11 (7,7%) 0 (0,0%) 0 (0,0%) 11 (7,7%)
Disminución
moderada

0 (0,0%)
87 (60,8%) 6 (4,2%)
93
(65,0%)

No ha disminuido
0 (0,0%) 20 (14,0%) 19 (13,3%)
39
(27,3%)

Total
11 (7,7%) 107 (74,8%) 25 (17,5%)
143
(100%)

Fuente: Las autoras.

De igual manera, en la Tabla 4 se observa
la relación entre el estado nutricional y grado de disminución
de la ingesta de alimentos. Los participantes con disminución severa de la ingesta presentan malnutrición
grave en un 7,7%. En aquellos con disminución moderada de la ingesta hay riesgo de desnutrición con
un 60,8%, seguido de un 4,2% con estado nutricional adecuado. Por otro lado, los adultos mayores que
no han disminuido la ingesta muestran una distribución más favorable del estado nutricional con un
13,3% en adecuado y 14,0% riesgo de desnutrición.

Por ende, la disminución de la ingesta de alimentos se asocia con el deterioro del estado nutricional,
pues. a mayor severidad en la reducción del consumo alimentario, mayor es la probabilidad de presentar
riesgo de desnutrición o malnutrición grave, siendo, un factor determinante. .
pág. 14
Tabla 5.- Edad y enfermedades crónicas

Enfermedad crónica

Relación entre edad y enfermedades crónicas

Total
6569
años

7074
años

7579
años

8084
años

8589
años

≥90
años

Enfermedades
cardiológicas

15
(10,5%)

11 (7,7%)
11 (7,7%) 1 (0,7%) 0 (0%)
3
(2,1%)

41
(28,7%)

Enfermedades
pulmonares

4 (2,8%)
6 (4,2%) 7 (4,9%) 0 (0%) 0 (0%)
2
(1,4%)

19
(13,3%)

Diabetes
4 (2,8%) 13 (9,1%) 4 (2,8%) 0 (0%) 2 (1,4%)
2
(1,4%)

25
(17,5%)

Hipertiroidismo
1 (0,7%) 2 (1,4%) 5 (3,5%) 4 (2,8%) 0 (0%) 0 (0%) 12 (8,4%)
Incontinencia de
esfínteres

6 (4,2%)
0 (0%) 3 (2,1%) 1 (0,7%) 3 (2,1%) 0 (0%) 13 (9,1%)
Reflujo gastroesofágico
6 (4,2%) 0 (0%) 2 (1,4%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 8 (5,6%)
Infección por
Helicobacter pylori

6 (4,2%)
1 (0,7%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 7 (4,9%)
Estreñimiento
1 (0,7%) 0 (0%) 4 (2,8%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 5 (3,5%)
Cáncer
0 (0%) 4 (2,8%) 1 (0,7%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 5 (3,5%)
Artritis reumatoide
0 (0%) 2 (1,4%) 1 (0,7%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 3 (2,1%)
Úlceras por presión
0 (0%) 2 (1,4%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 2 (1,4%)
Colelitiasis
0 (0%) 1 (0,7%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 1 (0,7%)
Malabsorción intestinal
crónica

0 (0%)
0 (0%) 1 (0,7%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 1 (0,7%)
Enfermedad de
Parkinson

0 (0%)
1 (0,7%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 0 (0%) 1 (0,7%)
Total por grupo etario

43
(30,1%)

43
(30,1%)

39
(27,3%)

6 (4,2%)
5 (3,5%)
7
(4,9%)

143
(100%)

Fuente: Las autoras.
pág. 15
En l
a Tabla 5 presenta la distribución de diversas enfermedades crónicas según los grupos de edad,
donde se identifica que las enfermedades cardiovasculares son las más frecuentes, especialmente en el
grupo de 65 a 69 años (10,5%) y de 70 a 79 años (7,7%) respectivamente. Las enfermedades pulmonares
muestran una distribución progresiva con mayor presencia de 75 a 79 años (4,9%) y 70 a 74 años (4,2%).
La diabetes mellitus se presenta de 70 a 74 años (9,1%) y 65 a 69 años (2,8%). Otras condiciones como
incontinencia de esfínteres (4,2%), reflujo gastroesofágico (4,2%) e infección por Helicobacter pylori
(4,2%) se concentran desde 65 a 69 años. En contraste, enfermedades como úlceras por presión,
enfermedad de Parkinson y colelitiasis muestra una baja frecuencia, especialmente desde 70 a 74 años.
En este sentido, hay mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y respiratorias
en adultos mayores, especialmente en el rango de 65 a 79 años. La presencia de enfermedades digestivas
y metabólicas en los grupos de menor edad puede influir en la absorción de nutrientes, apetito y
restricciones dietéticas, incrementando el riesgo de desnutrición. Asimismo, la menor frecuencia
observada en edades más avanzadas podría relacionarse con supervivencia selectiva o subregistro
clínico.

Tabla 6.- Sexo y factores de riesgo

Factores de riesgo
Detalle
Relación entre sexo y factores de
riesgo

Sexo

Total
[143(100%)]

Masculino
[72(50,3%]

Femenino
[71(49,7%]

Enfermedad crónica

Enfermedades
cardiológicas
15 (9,1%) 28 (19,6%) 41 (28,7%)
Enfermedades
pulmonares
19 (13,3%) 0 (0%) 19 (13,3%)
Diabetes
7 (4,9%) 18 (12,6%) 25 (17,5%)
Hipertiroidismo
11 (7,7%) 1 (0,7%) 12 (8,4%)
Incontinencia de
esfínteres
5 (3,5%) 8 (5,6%) 13 (9,1%)
Reflujo gastroesofágico
8 (5,6%) 0 (0%) 8 (5,6%)
Infección por
Helicobacter pylori
0 (0%) 7 (4,9%) 7 (4,9%)
pág. 16
Estreñimiento
4 (2,8%) 1 (0,7%) 5 (3,5%)
Cáncer
1 (0,7%) 4 (2,8%) 5 (3,5%)
Artritis reumatoide
1 (0,7%) 2 (1,4%) 3 (2,1%)
Úlceras por presión
0 (0%) 2 (1,4%) 2 (1,4%)
Colelitiasis
1 (0,7%) 0 (0%) 1 (0,7%)
Malabsorción intestinal
crónica
1 (0,7%) 0 (0%) 1 (0,7%)
Enfermedad de
Parkinson
1 (0,7%) 0 (0%) 1 (0,7%)
Estrés psicológico
Si 42 (29,4%) 54 (37,8%) 96 (67,1%)
No
30 (21%) 17 (11,9%) 47 (12,9%)
Problemas
neuropsicológicos

Demencia severa o
depresión
19 (13,3%) 11 (7,7%) 41 (28,7%)
Demencia leve
17 (11,9%) 17 (11,9%) 19 (13,3%)
Sin problemas
36 (25,2%) 43 (30,1%) 25 (17,5%)
Estado nutricional

Malnutrición grave
11 (7,7%) 0 (0,0%) 11 (7,7%)
Riesgo de desnutrición
55 (38,5%) 52 (36,4%) 107 (74,8%)
Estado nutricional
adecuado
6 (4,2%) 19 (13,3%) 25 (17,5%)
Fuente: Las autoras.

La Tabla 6 muestra
la distribución de factores de riesgo de desnutrición según sexo. Se aprecia la
distribución de enfermedades crónicas según sexo. Las enfermedades cardiológicas representan la
comorbilidad más frecuente con mayor proporción en mujeres (19,6%) que en hombres (9,1%). La
diabetes también fue más frecuente en mujeres (12,6%). En contraste, las enfermedades pulmonares se
presentaron solo en hombres (13,3%). Otras patologías, como hipertiroidismo y enfermedad de
Parkinson mostraron menor frecuencia, pero con distribución variable entre sexos.

Por lo tanto, las enfermedades cardiovasculares y metabólicas pueden afectar el estado nutricional
debido a inflamación crónica, restricciones dietéticas o polifarmacia. Por su parte, las enfermedades
pulmonares pueden incrementar el gasto energético basal y favorecer la pérdida de peso involuntaria, lo
que podría explicar la mayor presencia de malnutrición en el sexo masculino.
pág. 17
Asimismo, se observa distribución estrés psicológico según sexo, en el que esta condición fue más
frecuente en mujeres (37,8%) que en hombres (29,4%). En contraste, la ausencia de estrés fue
ligeramente mayor en hombres. Por lo tanto, las mujeres tienen mayor carga de estrés, lo cual podría
influir negativamente en el apetito, pues, el estrés crónico puede generar alteraciones metabólicas y
disminución del consumo calórico.

En cuanto a los problemas neuropsicológicos, la demencia severa fue más frecuente en hombres (13,3%)
que en mujeres. La demencia leve mostró distribución similar entre ambos sexos.

Por último, se aprecia el estado nutricional,
donde el riesgo de desnutrición es alto en ambos sexos. Sin
embargo, la malnutrición establecida se presentó únicamente en hombres (7,7%), mientras que en
mujeres no se registraron casos. En cuanto al estado nutricional adecuado, este fue más frecuente en
mujeres (13,3%) en comparación con los hombres (4,2%). El riesgo de desnutrición afectó de manera
similar a ambos grupos, aunque con mayor proporción en hombres (38,5%) frente a mujeres (36,4%).
Estos resultados indican que, aunque el riesgo nutricional es generalizado, la progresión hacia
malnutrición severa parece concentrarse en el sexo masculino. Lo cual podría asociarse a mayor carga
de comorbilidades, menor autocuidado o diferencias en hábitos alimentarios. La mayor proporción de
mujeres con estado adecuado sugiere un posible efecto protector. Por lo tanto, el sexo masculino podría
considerarse un grupo prioritario para intervenciones preventivas.

DISCUSIÓN

Los resultados de este estudio muestran un perfil sociodemográfico y antropométrico característico de
adultos mayores que reciben atención primaria con mayor proporción entre 65 y 79 años. L
a distribución
etaria mostró que los grupos más representados fueron los de 65 a 69 años y 70 a 74 años, ambos con
un 30,1%. En cuanto al sexo, se observó una distribución equitativa entre ambos masculino (50,3%) y
femenino (49,7%). Respecto al lugar de residencia, la mayoría procedía de zonas urbanas (85,3%). Con
relación al peso corporal, el rango más frecuente fue de 55 a 59 kg (23,8%), mientras que la talla más
frecuente se ubicó entre 1,45 y 1,49 m (26,6%).

En el trabajo de Cárdenas et al.
(2022), también predominaron los grupos de 65 a 74 años y la
distribución de sexo fue mayoritariamente femenina (88,3%), lo que difiere ligeramente. Incluso
mencionan que, la concentración de participantes en edades tempranas de la vejez es característica de
pág. 18
estudios realizados en atención primaria de salud, pues, los adultos mayores de mayor edad tienden a
presentar dependencia funcional que limita su asistencia a consulta. Por su parte, en el estudio de García
y Puente
(2023), reportaron que el 78% de sus participantes correspondía al grupo etario de 65 a 75
años. Vinueza et al.
(2023), identificaron una mayor concentración de participantes en zonas urbanas,
donde el acceso a los servicios de salud favorece la captación de pacientes para estudios de este tipo.
Según la investigación de Norman et al. (2021), explican que los cambios antropométricos propios del
envejecimiento como la reducción de talla y estabilidad relativa del peso pueden coexistir con
desnutrición. En el trabajo de Bernui y Delgado (2021) y Rivera et al. (2020), detallaron similares
perfiles en adultos mayores atendidos en atención primaria.

Acerca de los componentes del MNA, evidenciaron una alta carga de factores de riesgo nutricional. Se
constató que, el 65,0% de los adultos presentó una disminución moderada de la ingesta alimentaria; el
45,5% reportó pérdida de peso de entre 1 y 3 kg en los últimos tres meses. Pese a que el 82,5% tuvo un
IMC ≥23 kg/m², un 50,3% refirió alimentarse solo con dificultad. La presencia de enfermedades crónicas
fue alta derivado de enfermedades cardiovasculares (28,7%) y diabetes (17,5%). Los bajos recursos
económicos afectaron al 86,0% de la muestra. El estrés psicológico estuvo presente en el 67,1% de los
participantes y 44,8% presentó algún grado de problema neuropsicológico. En cuanto al diagnóstico
final mediante el MNA, el 74,8% se encontraba en riesgo de desnutrición. En trabajo de Garfias et al.

(2020)
, identificaron que el 76% de los participantes se encontraba en riesgo de malnutrición y 6%
malnutrición, señalando la pérdida de peso entre 1 y 3 kg como el factor más prevalente, registrado en
el 71% de los casos. Asimismo, Cárdenas et al.
(2022), reportaron que el 88,3% presentaba riesgo de
desnutrición según el MNA, siendo los bajos recursos económicos y presencia de enfermedades crónicas
los factores asociados. A su vez, Bonilla et al.
(2024), encontraron una prevalencia de riesgo de
desnutrición del 18,7%, lo que podría explicarse por las diferencias en las condiciones socioeconómicas
y acceso a servicios de salud.

Al analizar la relación entre la edad y estado nutricional se observó un incremento progresivo del riesgo
de desnutrición conforme avanzaba la edad. Los grupos de 70 a 74 y 75 a 79 años concentraron las
proporciones más altas de riesgo de desnutrición (25,2% y 25,9%). La malnutrición establecida, aunque
menos frecuente, afectó al grupo de 65 a 69 años (4,2%) y el estado nutricional adecuado resultó más
pág. 19
frecuente en el grupo más joven con 11,2% (65 a 69 años). Por lo que, en la investigación de Espinosa
et al.
(2019), encontraron que la prevalencia de malnutrición aumentaba progresivamente a partir de los
75 años y establecieron que la edad era un predictor del deterioro nutricional. Incluso, García y Puente

(2023)
, determinaron que la desnutrición era directamente proporcional a la edad, alcanzando el 100%
de casos en el grupo de 85 a 95 años.

Los datos obtenidos en esta investigación mostraron una asociación directa entre la severidad de la
disminución de la ingesta alimentaria y estado nutricional. El total de los participantes con malnutrición
grave (7,7%) presentó disminución severa de la ingesta; el 60,8% con disminución moderada se
encontraba en riesgo de desnutrición. En la publicación presentada por Poveda y Poveda
(2025),
encontraron que la disminución moderada y severa de la ingesta fueron los factores más frecuentemente
identificados en los participantes con malnutrición asociada con el diagnóstico de desnutrición mediante
el MNA.

La distribución de las enfermedades crónicas según grupo etario evidenció que las patologías
cardiovasculares representaron la comorbilidad más prevalente (28,7%), concentrándose entre 65 a 79
años. La diabetes mellitus afectó al 17,5% con mayor presencia en el grupo de 70 a 74 años. Las
enfermedades pulmonares se distribuyeron progresivamente entre 70 y 79 años. Otras patologías como
hipertiroidismo, incontinencia de esfínteres y reflujo gastroesofágico mostraron mayor prevalencia en
los grupos más jóvenes. Asimismo, en el trabajo de Cárdenas et al.
(2022), hubo mayor prevalencia de
enfermedades cardiovasculares. Incluso, Estrada
(2024), identificó que las patologías cardiovasculares
y metabólicas se asociaron con la malnutrición tanto por déficit como por exceso. La presencia de
patologías digestivas como el reflujo gastroesofágico e infección por Helicobacter pylori concentradas
en el grupo de 65 a 69 años.

En lo referente a la distribución del estado nutricional según el sexo, se constató que la malnutrición
establecida prevaleció en el sexo masculino (7,7%). El riesgo de desnutrición afectó de forma similar a
ambos grupos, aunque con mayor proporción en hombres (38,5%). El estado nutricional adecuado fue
más frecuente en mujeres (13,3%). Similares resultados se presentaron en la investigación de Espinosa
et al.
(2019), pues, hay mayor prevalencia de malnutrición en hombres (10,4%) en comparación con las
mujeres (10%) derivado de condiciones socioeconómicas y hábitos de vida. Por lo que, Pérez et al.
pág. 20
(2021)
, concluyeron que el sexo masculino actúa como factor de riesgo de desnutrición, aunque esta
relación varía según el contexto sociocultural.

El análisis de la distribución de enfermedades crónicas según el sexo evidenció patrones diferenciados.
Las patologías cardiológicas se presentaron con mayor frecuencia en mujeres (19,6%), al igual que la
diabetes mellitus (12,6%), imponiendo restricciones dietéticas y tratamientos farmacológicos crónicos
que pueden comprometer la calidad de la ingesta nutricional a largo plazo. Por el contrario, las
enfermedades pulmonares se registraron en el sexo masculino (13,3%), así como el hipertiroidismo
(7,7%). La infección por Helicobacter pylori fue reportada únicamente en mujeres (4,9%), mientras el
reflujo gastroesofágico afectó solo a hombres (5,6%). Según la investigación de Guerrero et al.
(2024),
realizaron una revisión narrativa sobre enfermedades crónicas y salud mental, donde determinaron que,
la depresión es el problema de salud mental más frecuente en adultos mayores con enfermedades no
transmisibles, afectando el autocuidado y contribuyendo al deterioro del estado nutricional.

En cuanto al estrés psicológico fue más prevalente en mujeres (37,8%) y los problemas
neuropsicológicos con mayor frecuencia fue la demencia severa o depresión afectó al 13,3% de los
hombres, pero, la demencia leve tuvo una distribución similar en ambos sexos. En la investigación
publicada por Díaz et al.
(2018), determinaron que tanto la depresión como deterioro cognitivo se
asociaron con el riesgo de desnutrición, observando que los participantes en riesgo de desnutrición
presentaban niveles más elevados de síntomas depresivos y deterioro cognitivo. De manera similar,
Salgado et al.
(2022), en su estudio concluyó que el deterioro cognitivo es un factor de riesgo de
desnutrición, al producir disminución del apetito y pérdida de destrezas para preparar alimentos.
Además, en el trabajo presentado por Pérez et al.
(2014), determinaron que la depresión y sexo
masculino son factores predictores independientes de desnutrición.

CONCLUSIONES

La presente investigación realizada con 143 adultos mayores del Centro de Salud de Machala permitió
identificar que el 74,8% de los participantes se encontraba en riesgo de desnutrición y el 7,7% en estado
de malnutrición establecida. Por lo tanto, la desnutrición en el adulto mayor es un problema de salud
pública de alta prevalencia en el primer nivel de atención, de carácter multifactorial cuya detección
pág. 21
oportuna mediante herramientas validadas como el Mini Nutritional Assessment (MNA) es
indispensable para la implementación de intervenciones preventivas.

En cuanto a las características sociodemográficas, la muestra estuvo conformada principalmente por
adultos mayores jóvenes de 65 a 74 años con distribución equitativa por sexo y predominio de residencia
urbana. Estas características condicionan el perfil de vulnerabilidad nutricional de la población, pues, el
acceso a servicios de salud, red de apoyo social y condiciones económicas difieren según el contexto de
residencia. La alta proporción de participantes con bajos recursos económicos se identifica como uno
de los factores estructurales de mayor peso en el riesgo nutricional. La disminución de la ingesta
alimentaria se confirmó como uno de los predictores más críticos del estado nutricional. Esta relación
directa entre la magnitud de la reducción alimentaria y deterioro del estado nutricional es un indicador
temprano, que debe ser evaluado de forma sistemática en cada consulta de atención primaria.

El avance de la edad se asoció de manera progresiva con el riesgo de desnutrición. Los grupos de 70 a
74 años y 75 a 79 años concentraron las proporciones más elevadas de riesgo nutricional, reflejando la
acumulación de cambios fisiológicos propios del envejecimiento. La presencia de enfermedades
crónicas es otro factor determinante. Las enfermedades cardiovasculares fueron la comorbilidad más
prevalente con mayor concentración en los grupos de 65 a 79 años, seguidas por la diabetes mellitus
entre los 70 y 74 años, y enfermedades pulmonares predominantes en el sexo masculino. La coexistencia
de múltiples comorbilidades en un mismo individuo amplifica este riesgo de manera proporcional.

El sexo masculino se identificó como un factor de riesgo diferencial para la malnutrición establecida
con mayor prevalencia de enfermedades pulmonares, hipertiroidismo y deterioro neuropsicológico
severo. Los problemas neuropsicológicos y estrés psicológico representaron factores de riesgo de
notable impacto. El estrés psicológico fue más frecuente en mujeres. La demencia severa y depresión se
concentraron en mayor proporción en el sexo masculino. En este contexto, la interacción de factores
clínicos, funcionales, cognitivos, emocionales y socioeconómicos confirma que la desnutrición en el
adulto mayor es un fenómeno multidimensional que no puede abordarse desde una sola dimensión. El
mantenimiento de un estado nutricional adecuado depende del acceso a alimentos de calidad, condición
de salud general, presencia de enfermedades crónicas, grado de funcionalidad física, situación
económica, equilibrio emocional e integridad cognitiva del individuo.
pág. 22
Por lo tanto, es importante implementar estrategias de detección temprana de factores de riesgo
nutricional mediante la aplicación sistemática del MNA en la consulta de atención primaria con especial
atención a los adultos mayores varones de mayor edad con enfermedades crónicas, deterioro cognitivo
o emocional y bajos recursos económicos. La identificación oportuna permitirá diseñar e implementar
intervenciones nutricionales personalizadas orientadas a prevenir la progresión hacia la malnutrición y
preservar la calidad de vida.

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