EDUCAR PARA LA SOSTENIBILIDAD:
DESAFÍOS Y ESTRATEGIAS EN LA
EDUCACIÓN BÁSICA Y MEDIA
COLOMBIANA
EDUCATION FOR SUSTAINABILITY: CHALLENGES
AND STRATEGIES IN COLOMBIAN BASIC AND
SECONDARY EDUCATION
Fabio Peñaloza Flórez
Escuela Normal de Superior de Pamplona, Colombia

pág. 13092
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.23083
Educar para la Sostenibilidad: Desafíos y Estrategias en la Educación
Básica y Media Colombiana
Fabio Peñaloza Flórez1
grume32@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-1082-214X
Escuela Normal de Superior de Pamplona
Colombia
RESUMEN
El presente artículo analiza la función de la educación para la sostenibilidad como motor de
transformación social en el contexto de la educación básica y media en Colombia. A partir de una
revisión de marcos normativos internacionales y nacionales, como la Declaración de Incheón y la Ley
115 de 1994, se examina la transición hacia un paradigma de sostenibilidad integral que vincula
dimensiones ambientales, económicas y sociales. El estudio identifica desafíos críticos en el sistema
educativo colombiano, tales como la desigualdad en el acceso a formación de calidad en zonas rurales,
la infraestructura deficiente y la necesidad de capacitación docente sistemática para integrar el
Desarrollo Humano Sostenible (DHS) en el currículo. Mediante una metodología reflexiva, se proponen
estrategias pedagógicas orientadas al fomento del pensamiento crítico y la resolución de problemas
reales a través de la colaboración entre la escuela, la familia y la comunidad. Se concluye que la
implementación efectiva de estas acciones es indispensable para formar ciudadanos capaces de mitigar
crisis globales como el cambio climático y la injusticia social, garantizando así la preservación del
patrimonio natural para las generaciones futuras.
Palabras clave: educación para la sostenibilidad, desarrollo humano sostenible, educación básica y
media, desafíos educativos, Colombia
Education For Sustainability: Challenges and Strategies in Colombian
Basic And Secondary Education
1 Autor principal
Correspondencia: grume32@gmail.com

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ABSTRACT
This article analyzes the role of education for sustainability as a driver of social transformation within
the context of basic and secondary education in Colombia. Based on a review of international and
national regulatory frameworks, such as the Incheon Declaration and Law 115 of 1994, it examines the
transition towards a comprehensive sustainability paradigm that links environmental, economic, and
social dimensions. The study identifies critical challenges in the Colombian educational system, such
as inequality in access to quality training in rural areas, deficient infrastructure, and the need for
systematic teacher training to integrate Sustainable Human Development (SHD) into the curriculum.
Through a reflective methodology, pedagogical strategies are proposed aimed at fostering critical
thinking and real-world problem-solving through collaboration between schools, families, and the
community. It is concluded that the effective implementation of these actions is essential to train citizens
capable of mitigating global crises such as climate change and social injustice, thus ensuring the
preservation of natural heritage for future generations.
Keywords: education for sustainability, sustainable human development, basic and secondary
education, educational challenges, Colombia
Artículo recibido 02 febrero 2026
Aceptado para publicación: 27 febrero 2026

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INTRODUCCION
En el punto trascendental que atravesamos, la humanidad se enfrenta a una encrucijada histórica y
relevante marcada por la necesidad imperiosa de gestionar las crisis socioambientales que ponen en
riesgo la estabilidad del ecosistema global y el bienestar de las generaciones futuras. En donde la
alteración climática, el retroceso de la biodiversidad, la contaminación ambiental y las brechas de
equidad social son solo algunas de las manifestaciones de una crisis global que requiere respuestas
inminentes y transformadoras.
En este contexto, la sostenibilidad ha emergido como un paradigma imperativo que busca reconciliar
las necesidades y demandas del desarrollo humano contemporáneo con la preservación de las facultades
de las futuras generaciones para subsistir. En donde la sostenibilidad no se limita únicamente a un
enfoque ecológico; sino a la integración de variables financieras, comunitarias y de identidad cultural
que determinan la resiliencia y el progreso justo que influyen en la capacidad de las sociedades para
perdurar en el tiempo y prosperar de manera equitativa.
Es aquí donde la educación al ser el medio de transformación social por excelencia se erige como el
motor principal en la construcción de sociedades sostenibles, pues es a través de ella que se reconfiguran
los principios éticos y las conductas ciudadanas necesarias para un futuro viable. Es por ello que la
formación orientada hacia la sostenibilidad trasciende la simple transferencia de datos teóricos; y
avanza en el proceso de cultivar capacidades de análisis crítico, destrezas para la mediación de
conflictos y una sensibilidad y empatia profunda hacia otras formas de vida y culturas.
Según la UNESCO (2012), la sostenibilidad representa un enfoque para visualizar un futuro en el que
los aspectos ambientales, sociales y económicos coexistan de forma equilibrada en la búsqueda del
progreso y una mejor calidad de vida. Lo que se traduce en que una educación para la sostenibilidad
permita que el estudiantado internalice, construya habilidades y adopte valores y actitudes necesarias
para tomar decisiones responsables que contribuyan a la preservación del capital natural y la justicia
económica. Asimismo, se espera que las instituciones educativas, en su función formativa, promuevan
la reflexión crítica sobre cómo nuestras prácticas cotidianas impactan el mundo y así puedan fomentar
cambios de comportamiento hacia prácticas más sostenibles. Estos cambios deben surgir de una
reflexión profunda y una autoevaluación de nuestras acciones inconscientes frente al planeta.

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Bajo esta óptica, el concepto de sostenibilidad encuentra su fundamento en el documento Brundtland
de 1987. En dicho texto, se conceptualizó el progreso sostenible como el modelo capaz de cubrir los
requerimientos de la población actual sin poner en riesgo las facultades de las promociones venideras
para garantizar su propio sustento. Lo que conlleva a que en la sociedad actual, una educación centrada
en la sostenibilidad se vuelve crucial debido a los desafíos por un lado ambientales como lo son el
calentamiento global, la degradación de la capa de ozono, la contaminación del aire, la deforestación,
las sequías, el consumo excesivo y la acumulación de residuos contaminantes, y por otra parte a los
desafíos sociales actuales, en términos de superpoblación, pobreza extrema y proliferación de patógenos
para diferentes enfermedades, que amenazan la vida en nuestro planeta y que nos llevan a reflexionar
sobre nuestra responsabilidad con su cuidado y las consecuencias de nuestras acciones.
Es así que en 2002 la ONU, a través de su Resolución 57/254, designó el periodo comprendido entre
2005 y 2014 como la Década de la Formación para la Sostenibilidad. Bajo la tutela de la UNESCO,
esta iniciativa persiguió el objetivo de permear los currículos educativos y todas las dimensiones del
aprendizaje con los valores y preceptos de la sostenibilidad, fomentando cambios conductuales que
permitieran la edificación de una sociedad más íntegra, viable y pacífica para todos los habitantes del
planeta. Durante estos diez años, se enfatizó que la educación no es un compartimento estanco, sino un
agente catalizador capaz de transformar la relación entre el ser humano y su entorno natural.
Al concluir dicha etapa, bajo el sustento de la Cumbre de Río+20 y en el desarrollo de la 37ª reunión
de la Conferencia General de la UNESCO, se realizó un balance sobre los logros del Decenio de la
Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS). Este análisis facilitó el diseño del Programa de Acción
Mundial de EDS, proyectando una hoja de ruta educativa post-2015 con metas mucho más ambiciosas.
En consecuencia, durante la cita internacional de la UNESCO en Aichi Nagoya, Japón (noviembre de
2014), se ratificaron propósitos renovados. Entre estos, se destaca el exhorto a las naciones para que
vinculen sus directrices pedagógicas con los fines de la EDS y aseguren el financiamiento necesario; la
petición a diversos estamentos sociales para fijar indicadores concretos y sistemas de seguimiento; la
atención a las particularidades territoriales junto con el fomento de principios como la convivencia
pacífica, la equidad y la rectitud social. Finalmente, se subrayó el papel de la EDS como herramienta
para combatir la marginalidad, disminuir las brechas de desigualdad y salvaguardar el entorno natural,

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dotando a los individuos de las competencias y saberes precisos para gestionar retos tanto mundiales
como locales. Este último punto hace énfasis en la importancia de intervenir desde la realidad inmediata
del estudiante y su entorno familiar, reconociendo que cualquier aporte individual orientado a la cultura
de la sostenibilidad resulta fundamental.
En igual sentido, se determinó que la EDS facilita el desarrollo de capacidades orientadas a un mañana
sostenible, mediante la incorporación de ejes críticos como la crisis climática, la gestión de amenazas
ante desastres, la protección de la variedad biológica y la responsabilidad en el consumo. Esto se logra
a través de pedagogías participativas que aseguran una formación integral, justa y de excelencia,
fomentando posibilidades de instrucción permanente para la totalidad de los individuos. Este reto, que
cobra una relevancia creciente en la actualidad, demanda una vigilancia especial en los entornos
escolares, donde la prioridad absoluta continúa siendo el crecimiento humano de los alumnos y el
fortalecimiento de habilidades esenciales para su desempeño vital.
Posteriormente, durante el Fórum Mundial de Educación en mayo de 2015, se consolidó estas metas en
la Declaración de Incheón, subrayando la necesidad de una agenda educativa integral y ambiciosa con
evaluación de resultados y el fortalecimiento de la innovación, la tecnología y la ciencia. Se estableció
a la educación de calidad a todas las manifestaciones que favorecen y fomentan el conocimiento, la
creatividad y el desarrollo de competencias básicas y habilidades interpersonales y sociales, que permite
a los ciudadanos dar respuesta a los desafíos locales y globales, subrayando el valor de la educación en
derechos humanos. Además, se acordó promover sistemas para el seguimiento de las naciones, así como
la evaluación integral de las mismas y la revisión del Marco de Acción para la Agenda E2030 de EDS
(UNESCO, 2015; UNESCO, 2016).
Para 2016, la UNESCO elaboró el documento programático "Educación para Transformar Vidas.
Metas, Opciones de Estrategia e Indicadores" (UNESCO, 2016). Este documento fue el eje de la
Reunión Regional que convocó a los ministros de educación de América Latina y el Caribe (ALC) en
Argentina en enero de 2017, en donde se ajustaron estrategias, metas e indicadores globales acerca de
las particularidades de la región. El resultado de esta reunión fue la Declaración de Buenos Aires de
2017, la cual sigue vigente en sus proyecciones hoy en día. En dicha declaración, se reconoció el
apremio urgente por una nueva visión sobre la educación, las políticas, la planificación estratégica, las

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acciones innovadoras y una perspectiva de largo plazo que contemple las realidades locales y
nacionales. Asimismo, se recalcó la importancia de la educación continua y para toda la vida en los
diferentes temas transversales que se contemplan en dicha Agenda de Desarrollo Sostenible.
En cumplimiento de estos acuerdos, en 2017 y 2018, OREALC Santiago organizó dos sesiones técnicas
de monitoreo con especialistas con el fin de elaborar el proyecto de la Hoja de Ruta. Este proyecto se
evaluó por el Comité Directivo Mundial para el ODS4-E2030 previo a su presentación en el encuentro
de ministros de Educación de la Región en Cochabamba, Bolivia en julio de 2018. En donde fue
aprobado. En el texto se destacan las acciones necesarias para que la educación contribuya al desarrollo
sostenible, subrayando los ejes transversales que deben integrarse en el currículo y programas de estudio
en los diferentes niveles educativos para cumplir con los principales objetivos de la Declaración de
Buenos Aires y las demandas de la EDS en América Latina y el Caribe. Estas acciones implican un
desafío más en nuestro sistema educativo, que el modelo y el diseño metodológico en nuestras aulas,
incluiyan espacios curriculares y extracurriculares donde los estudiantes puedan identificar, enfrentar y
resolver dificultades del entorno real en condiciones reales, vinculándose con actores claves de
organizaciones y comunidades. Esto requiere que los líderes educativos coordinen y faciliten estos
espacios, promoviendo la colaboración entre instituciones educativas, familias, gobierno, empresas y la
ciudadanía en todos los niveles sociales y territoriales.
Sin embargo, durante los últimos años y a pesar de que los países de ALC han participado en las cumbres
y eventos de la UNESCO sobre EDS, pocos han integrado estas políticas en sus sistemas educativos.
Lo cual se puede deber a que el modelo de desarrollo tradicional de la región impide cualquier intento
de cambio o de crear conciencia a través de la educación. Es así, que solo dos países, Chile y Costa Rica
en América Latina y el Caribe, han destacado por sus políticas de EDS, los cuales han sido reconocidos
por la UNESCO. Debido a que, en ambos países, las políticas de EDS son transversales y forman parte
de un enfoque integral de desarrollo sostenible, no de políticas sectoriales.
Es por ello que el pasado mes de agosto de 2023, se desarrolló el Encuentro regional de la Red de
Educación para el Desarrollo Sostenible (Red – EDS2030), en Santiago de Chile, en donde se apoya a
los países en la promoción de iniciativas para reorientar los objetivos educativos hacia la creación de
sociedades que promuevan la sostenibilidad y la preservación de la vida en nuestro planeta, así como la

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prosperidad humana. Todo esto con el fin de establecer una postura regional en lo concerniente a los
desafíos y potencialidades de la EDS, invitando a los otros países a vincularse a participar a través del
intercambio del proceso de operativización relacionado con la planificación, el diseño e
implementación, de cara a la puesta en funcionamiento de la Hoja de Ruta de EDS 2030 (UNESCO).
Teniendo como base lo mencionado, y con el fin de lograr dichos objetivos, se puede establecer que
una educación enfocada en la sostenibilidad busca aumentar la conciencia sobre la huella ambiental de
nuestras acciones y promover el desarrollo de habilidades para vivir de manera más sostenible. La
UNESCO (2015), subraya en sus ODS publicados en julio de 2014, que la educación trasciende su valor
intrínseco para consolidarse como el motor fundamental que permite alcanzar las metas globales de
progreso social. Además, se destaca la idea de que la viabilidad del progreso sustentable a nivel global
depende estrictamente de una cooperación entre diversos sectores, teniendo a la formación académica
y la educación como el punto de partida esencial. Esto implica enseñar la reducción de la huella
ecológica, la adecuada gestión del capital natural, la promoción de energías renovables y la
conservación de la biodiversidad, entre otros aspectos.
No obstante, al discutir sobre educación para el desarrollo sostenible, no se puede considerar solo una
responsabilidad única del sistema educativo y esperar pasivamente una propuesta clara en las políticas
educativas para su promoción. Por lo cual, es esencial que cada individuo involucrado en el proceso de
enseñanza - aprendizaje, reconozca su papel y sea un agente de cambio desde su entorno más cercano.
En este sentido, es imperativo que los educadores desde su papel de formadores centren su quehacer
pedagógico en la sensibilización a través de la reflexión y el fomento del pensamiento crítico en
actividades educativas que analicen las causas y repercusiones inmediatas, intermedias y permanentes
de nuestras acciones.
El propósito del presente artículo es reflexionar sobre el rol de la educación para la sostenibilidad, sus
desafíos en educación básica y media colombiana. Así como plantear diversas estrategias pedagógicas
y reflexionar en torno a los retos que surgen al implementar este enfoque en el sistema educativo del
país.

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La educación para el desarrollo humano sostenible en Colombia
Es una herramienta poderosa que puede transformar tanto sociedades como economías. Es por esto que,
a través de la educación, se busca no solo impartir conocimientos técnicos, sino también fomentar
aptitudes y competencias críticas que favorezcan en los estudiantes la comprensión y la solución de cara
a los desafíos que se divisan en el presente siglo. Según la UNESCO (2020), “la educación es
fundamental para el desarrollo sostenible, ya que contribuye a la formación de ciudadanos responsables
y comprometidos con el cuidado del medio ambiente y la equidad social”. Esto implica la promoción
de comportamientos y la elección de alternativas basadas en el conocimiento crítico, así como la
conciencia sobre su impacto en el entorno y lograr que contribuyan a la sostenibilidad ambiental, la
equidad social y el desarrollo financiero del país.
En el contexto colombiano, la educación para el DHS es particularmente relevante debido a los desafíos
únicos que enfrenta el país. El cual es uno de los países con mayor biodiversidad en el mundo, no
obstante, esta riqueza natural está amenazada por actividades humanas como la explotación de recursos,
la deforestación y la minería ilegal. Sumado, a que el país enfrenta elevados índices de desigualdad
económica y social, y una historia de conflicto armado que ha dejado cicatrices profundas en la
sociedad. Es en este contexto donde la educación como herramienta de cambio, puede desempeñar un
papel crucial en la reconstrucción del entramado social, promoviendo una cultura de paz y
reconciliación, y empoderando a las comunidades para que sean agentes activos de cambio.
Colombia ha tomado varias medidas para incorporar la educación para el DHS en su sistema educativo.
Uno de los ejes para la puesta en marcha de la educación para el DHS en el país es la Ley General de
Educación (Ley 115 de 1994). La cual dictamina que la educación en Colombia debe contribuir al
desarrollo integral de los estudiantes y promover valores como el respeto a la vida, el medio ambiente
y los derechos humanos. Además, el Plan Nacional de Educación Ambiental (PLANEA) liderado por
el MEN fue una iniciativa que promovió la educación ambiental en la educación básica como en
educación superior. La cual buscaba integrar la sostenibilidad en todas las áreas del currículo educativo,
abarcando temas como la conservación de la biodiversidad, el cambio climático y la gestión adecuada
y sostenible de los recursos naturales. Este plan se implementó desde el 2017 hasta el 2022 a través de

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programas y proyectos específicos en colaboración con el sector privado, entidades gubernamentales y
no gubernamentales.
Sin embargo y a pesar de las diferentes iniciativas por parte del gobierno nacional, y a sabiendas que la
educación es clave para sensibilizar a la población acerca de la importancia de la sostenibilidad y
promover cambios de comportamiento que sean más respetuosos con el entorno ambiente. El despliegue
de la educación para el DHS en Colombia donde los desafíos de la sostenibilidad son particularmente
agudos, son escasos y el invertir en esta forma de educación puede generar dividendos significativos,
no solo en términos de desarrollo económico y social, sino también en la preservación del patrimonio
natural del país para las futuras generaciones.
Desafíos de la educación básica y media en Colombia para promover acciones en pro del
desarrollo sostenible
El papel de la educación básica y media en Colombia es fundamental para promover acciones en pro
del desarrollo sostenible en el país. Estos niveles educativos son clave en la formación de los ciudadanos
y en la promoción de valores, actitudes y habilidades que les permitan contribuir de manera activa y
consciente al desarrollo sostenible de la sociedad.
Promover una educación de calidad en el país es responsabilidad no solo del sistema educativo, sino de
quienes en él intervienen de manera directa, directivos, docentes, estudiantes y comunidad educativa,
el Ministerio de Educación de Colombia (2021), destaca que "la educación de calidad es un pilar
fundamental para el desarrollo sostenible del país, ya que permite formar individuos capaces de
enfrentar los desafíos del siglo XXI, como el cambio climático y la desigualdad social" desafíos que
hoy no solo están presentes en sitios apartados de una determinada sociedad, sino en todo contexto de
vida y que genera problemáticas que si no se tratan oportunamente, seguirán en expansión.
Es así que en Colombia uno de los desafíos más críticos, según el Informe de Desarrollo Humano de
las Naciones Unidas (2019), es la desigualdad en el acceso a una educación de calidad. Debido a que
las disparidades regionales en Colombia son muy marcadas, por lo que se puede encontrar áreas rurales
y comunidades indígenas que enfrentan dificultades extremas en términos de infraestructura, recursos
educativos y disponibilidad de docentes calificados. Las cuales se limitan no solo a el acceso a la
educación, sino que también afectan la calidad de la enseñanza y, por ende, la capacidad de estas

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comunidades para participar en prácticas sostenibles. Lo cual sumado a la falta de infraestructura
adecuada y de recursos educativos sigue siendo un obstáculo importante. Es por esto, que muchas
escuelas, especialmente en zonas rurales, de acuerdo con el informe del MEN (2020), carecen de
instalaciones básicas, acceso a tecnologías educativas y materiales didácticos esenciales para una
educación de calidad. Esta carencia limita la capacidad de las instituciones educativas para implementar
programas educativos enfocados en el desarrollo sostenible y la posibilidad de ofrecer experiencias de
aprendizaje prácticas y significativas para sus estudiantes.
Por otra parte, la capacitación insuficiente de los docentes es otro desafío crucial. Los educadores
colombianos necesitan estar bien formados en temas de sostenibilidad para poder transmitir estos
conocimientos de manera efectiva a sus aprendices. Sin embargo, según un estudio del Banco Mundial
(2019), reveló que un alto porcentaje de docentes en Colombia carecen, o no han recibido la formación
necesaria para integrar principios de desarrollo sostenible en sus planes de estudio. Esto se debe en gran
medida a que los recursos destinados a la capacitación docente son a menudo insuficientes. Lo que
afecta la disponibilidad y calidad de los programas de formación continua. Los cuales cuando logran
ser ofertados a la comunidad docente, pueden no estar disponibles en todas las regiones del país,
especialmente en áreas rurales y comunidades marginadas. Esto hace que las capacitaciones en EDS
tiendan a ser fragmentadas y no sistemáticas. Lo cual, sumado a que si dichas capacitaciones no poseen
un enfoque coherente y continuo que aseguren que todos los docentes reciban la misma calidad de
capacitación, puede resultar en inconsistencias en la enseñanza de la sostenibilidad, con algunos
docentes bien preparados y otros con poca o ninguna preparación en este campo.
Del mismo modo, la incorporación de la EDS en el currículo escolar se enfrenta a problemas de
coherencia y alineación. Debido a que los programas educativos sobre sostenibilidad no están
suficientemente integrados en el currículo nacional, y los temas relacionados con el desarrollo
sostenible se tratan de manera aislada. Esto dificulta que el estudiantado desarrolle una comprensión
holística de la sostenibilidad y limita la efectividad de las iniciativas educativas en este campo. Lo que
sumando a la dificultad visible que existe en nuestro país por promover una cultura de sostenibilidad,
que requiere un cambio inminente en los valores y actitudes de los estudiantes. Sin obviar que sus
costumbres, hábitos, tradiciones y cultura se deben a un largo proceso social que les ha establecido

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patrones profundamente arraigados, propios de muchas regiones, y que puede generar rechazos y
resistencia a dicho cambio. Por lo que el desafío de fomentar una cultura de sostenibilidad implica tanto
educar a los estudiantes, como involucrar sus familias y comunidades en un proceso de aprendizaje y
transformación conjunta (CEPAL, 2020).
Finalmente, la educación básica y media es un nivel educativo en donde se construye con los estudiantes
los saberes necesarios sobre el cambio climático la biodiversidad, el medio ambiente y otros temas
relacionados con la sostenibilidad. Por lo que el reto de fomentar estrategias que promuevan la
colaboración, la toma de decisiones informadas, la resolución de problemas y el pensamiento crítico, es
indispensable y fundamental para lograr el promover acciones en pro del desarrollo sostenible. Ya que
estas habilidades les permiten a los estudiantes identificar problemas, evaluar los factores que los
originan, sus consecuencias, y así proponer soluciones creativas y efectivas para abordarlas, y así
favorecer la protección del medio ambiente, el fomento de la participación ciudadana, la promoción de
la igualdad de género y la defensa de los derechos humanos en Colombia.
Estrategias pedagógicas para la educación básica y media basadas en la importancia del
desarrollo sostenible en Colombia
Según el MEN (2022), las estrategias pedagógicas son “referentes para guiar con calidad la actividad
pedagógica en una determinada área fundamental y obligatoria”. Lo cual concibe la necesidad de
construir estrategias pertinentes y significativas para la promoción de saberes que verdaderamente
apunten al desarrollo de la sostenibilidad bajo principios del aprender no solo en el saber sino en el
saber hacer. Estas estrategias deben enfocarse en la integración de conocimientos teóricos y prácticos,
fomentando habilidades críticas y creativas en los estudiantes. Además, es esencial que estas
metodologías sean adaptativas y contextuales, respetando y aprovechando las particularidades
culturales propias de cada región de Colombia. La implementación de estas prácticas permitirá una
formación integral que prepara a los jóvenes de cara a los desafíos ambientales y así contribuir de forma
activa en la construcción de una sociedad más sostenible.
Por lo anterior, se hace necesario el consolidar estrategias pedagógicas que promuevan el desarrollo
para el desarrollo sostenible enfocadas en educar a los estudiantes, primero que todo, en reflexionar
sobre su importancia como individuos y segundo, a partir de la integración de las temáticas generadas

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en el currículo, fomentando de esta manera acciones dentro y fuera del aula que permitan su
participación activa en proyectos sostenibles, así como el fomento de la cultura del respeto y el cuidado
del medio ambiente, involucrando a la comunidad educativa en acciones colectivas y estimulando la
resolución de problemas y el pensamiento crítico relacionado con la promoción del cuidado del medio
ambiente y el respeto por la diversidad cultural. En este sentido, es crucial involucrar a la comunidad
educativa en su totalidad, incluyendo docentes, estudiantes y familias, para crear un entorno
colaborativo y de apoyo. Que indudablemente fortalecerá los lazos entre la teoría educativa y las
acciones prácticas necesarias para promover un desarrollo sostenible efectivo y duradero.
Agregado a lo anterior, el educar a los estudiantes sobre la relevancia del desarrollo sostenible es
esencial para que interioricen la importancia de preservar el medio ambiente y adoptar prácticas
sostenibles en su día a día. Esto se debe a que es crucial que los jóvenes entiendan los motivos detrás
de estas acciones y cómo contribuyen al bienestar del planeta y de las generaciones futuras. De hecho,
esta educación no solo implica transmitir información sobre los problemas ambientales, sino también
fomentar una mentalidad crítica y proactiva que motive a los estudiantes a tomar medidas concretas
para promover la sostenibilidad. Además, es importante proporcionarles herramientas útiles para
incorporar estas prácticas en su vida cotidiana, desde reducir el consumo de recursos hasta participar en
iniciativas comunitarias relacionadas con la conservación del medio ambiente. Este enfoque integral de
enseñanza sobre sostenibilidad beneficia al planeta, y a su vez promueve el desarrollo personal y social
de los estudiantes al cultivar valores de responsabilidad, solidaridad y respeto hacia el entorno natural.
Así mismo, el integrar la educación ambiental en el plan de estudios implica entrelazar aspectos de
sostenibilidad en todas las materias, brindando una comprensión más profunda a los estudiantes de
cómo sus acciones impactan en el entorno natural. Esto acarrea una revisión y adaptación de los
programas educativos para abordar de manera integral temas de desarrollo sostenible. Lo que se traduce
en una reestructuración que no solo modifica el contenido de las asignaturas, sino que también redefine
cómo se seleccionan y organizan los ejes temáticos y los materiales de estudio, así como la preparación
de los docentes y la configuración de los espacios de aprendizaje. Este enfoque integrado además de
promover la conciencia ambiental, enriquece la experiencia educativa al conectar los conocimientos

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académicos con la realidad del mundo en que vivimos, a través del fomento de habilidades críticas y
creativas al abordar problemas complejos desde diversas perspectivas y disciplinas.
Así pues, el motivar a los estudiantes para que se involucren activamente en proyectos y actividades
que promuevan la sostenibilidad es fundamental. Esto implica animarlos a participar en iniciativas como
la limpieza de fuentes de agua, la plantación de árboles o la separación de residuos, de manera que
puedan vivir de primera mano el efecto positivo que sus acciones tienen en el entorno. Sin olvidar que,
al participar en estas actividades prácticas, los estudiantes adquieren conocimientos sobre la
importancia de la sostenibilidad y desarrollan un sentido de responsabilidad hacia el medio ambiente y
una conexión más profunda con la naturaleza. Estas experiencias les brindan la oportunidad de trabajar
en equipo, desarrollar habilidades de liderazgo y contribuir de forma significativa al bienestar de su
comunidad y del planeta en general. En última instancia, fomentar la participación activa en proyectos
sostenibles beneficia al medio ambiente y enriquece la experiencia educativa del estudiantado,
preparándolos para ser ciudadanos comprometidos y conscientes en el futuro.
Por otra parte, es esencial vincular a la comunidad educativa en el proceso de promoción de la
sostenibilidad para crear un entorno educativo comprometido con el cambio. Esto implica que padres,
profesores y autoridades escolares trabajen en conjunto para promover prácticas sostenibles tanto en la
escuela como en el hogar. Toda vez que la participación de estos actores en la implementación de
acciones como el ahorro de energía, la reducción de residuos y el fomento de la movilidad sostenible,
se establece un modelo a seguir para los estudiantes, quienes aprenden valores de responsabilidad
ambiental desde temprana edad. También, esta participación activa garantiza que las decisiones sean
inclusivas y representativas de las necesidades de todos los involucrados, empoderando de esta manera
a los individuos para ser agentes de cambio en sus entornos locales. Además, al participar en procesos
de toma de decisiones, los miembros de la comunidad educativa desarrollan habilidades de trabajo en
equipo, liderazgo y resolución de problemas, que son fundamentales para mejorar los lazos entre la
comunidad y la escuela, creando una red de apoyo que contribuye al éxito de las iniciativas sostenibles
a largo plazo.
Así mismo, y dadas las características propias del contexto nacional, el impulsar la educación orientada
hacia la paz y una convivencia armoniosa implica promover la resolución de conflictos de manera

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pacífica, fomentando el diálogo entre culturas y cultivando la tolerancia hacia la diversidad. Estos
elementos son esenciales para forjar una sociedad que aspire a la justicia y la equidad. Toda vez que, al
implementar prácticas de resolución de conflictos basadas en el diálogo y la comprensión mutua, se
sientan las bases para relaciones más armónicas y colaborativas entre individuos y comunidades. Toda
vez que, el fomento de la tolerancia hacia diferentes culturas y formas de vida enriquece la experiencia
humana, promoviendo el entendimiento, el respeto por el otro, por la naturaleza y por el entorno en que
viven. Esta estrategia educativa mitiga la violencia y los desacuerdos que tanto aquejan a la sociedad
colombiana actual, lo que de alguna manera puede permitir el fortalecimiento de los lazos sociales y
promoción de una convivencia pacífica y enriquecedora para todos.
Ahora bien, el fomentar la resolución de problemas y el pensamiento crítico es fundamental en la
educación para la sostenibilidad en Colombia. Ya que Según la UNESCO (2020), "este enfoque busca
capacitar a los estudiantes para que puedan evaluar situaciones complejas relacionadas con el medio
ambiente y el desarrollo sostenible, desarrollando habilidades para identificar problemas y analizar
diferentes perspectivas". Lo que en nuestro contexto educativo es vital porque los estudiantes deben
aprender a cuestionar la información, investigar diversas fuentes y evaluar la validez de los datos
presentados. Por lo que este proceso de pensamiento crítico les permite considerar las implicaciones de
sus acciones y las posibles soluciones de manera más profunda. Sin olvidar que el fomentar la resolución
de problemas implica guiar a los aprendices a través de métodos estructurados para idear y aplicar
soluciones efectivas. Esto puede incluir la utilización de técnicas de lluvia de ideas, análisis de casos de
estudio reales, y la colaboración en proyectos prácticos que aborden problemas locales o globales. Al
trabajar en estos proyectos, los estudiantes desarrollan habilidades para comunicarse de manera
efectiva, trabajar en equipo y gestionar recursos de forma eficiente.
Sin embargo, todo lo anterior será posible en la medida que se logre asegurar el acceso a la educación
para todas las poblaciones, ya que al proporcionar oportunidades educativas equitativas para todos, sin
importar su género, condición socioeconómica, etnia o ubicación geográfica. Pero esto solo se logra al
erradicar las barreras sociales y económicas que impiden el acceso a la educación, a través de la creación
de políticas inclusivas que impulsen la igualdad de oportunidades. Lo que incluye construir escuelas en
áreas rurales, ofrecer becas para estudiantes de bajos ingresos y promover entornos escolares seguros y

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libres de discriminación. Al garantizar lo anterior y consolidar el acceso a una educación de calidad, se
promueve el desarrollo personal, profesional de los involucrados, así como el progreso social y
económico de las comunidades nacionales.
Empoderando a los jóvenes para ser agentes de cambio.
Empoderar a los jóvenes de educación básica y media para que se conviertan en agentes de cambio es
esencial, ya que como lo destaca la UNESCO (2017), "La educación para el desarrollo sostenible
empodera a los estudiantes no solo para que adquieran conocimientos, sino también para que desarrollen
habilidades y valores que les permitan contribuir activamente a un mundo más sostenible". Esto se
puede lograr a través de la implementación de programas educativos que integren conocimientos sobre
sostenibilidad y prácticas ambientales responsables en el currículo escolar. Además, es importante
proporcionar a los estudiantes oportunidades para participar en proyectos comunitarios y actividades
prácticas que promuevan el desarrollo sostenible, tales como la reforestación, el reciclaje y el uso
eficiente de recursos.
Es así que, el vincular a los estudiantes en la toma de decisiones y en la planificación de iniciativas
sostenibles también es crucial. Debido a que esto les permite aplicar lo que han aprendido en un contexto
real y le da un sentido de responsabilidad y pertenencia en la lucha por un futuro mejor y más sostenible.
A través de estos esfuerzos, se pueden desarrollar habilidades críticas, de liderazgo y de trabajo en
equipo, que son fundamentales para su desarrollo personal y profesional.
Además de lo mencionado, la incorporación de tecnologías digitales y plataformas de aprendizaje en
línea puede potenciar aún más el empoderamiento de los jóvenes en la difusión de la educación en
sostenibilidad. Ya que estas facilitan tanto el acceso a una amplia gama de recursos educativos, como
el fomento de la colaboración entre estudiantes de todo el mundo. En donde los estudiantes tienen la
posibilidad de capacitarse para abordar los desafíos ambientales actuales y lograr una motivación para
consolidarse como agentes activos de cambios positivos en sus comunidades y más allá. Toda vez que,
al contar los jóvenes con el conocimiento y las herramientas necesarias, se les empodera para generar
un impacto significativo en la promoción de prácticas sostenibles y el cuidado del medio ambiente.

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Toda vez que la incorporación de la tecnología en la educación en sostenibilidad no solo fortalece la
conciencia ambiental, sino que también nutre una generación de líderes comprometidos con un futuro
más verde y equitativo para todos.
Finalmente, la constitución y el fortalecimiento de redes y comunidades juveniles proporcionan un
espacio para la conexión y el intercambio de experiencias, que enriquecen el empoderamiento de los
estudiantes, toda vez que estos espacios permiten el desarrollo personal y profesional de los jóvenes, a
través del fomento del sentido de pertenencia y solidaridad entre los miembros, creando un entorno
donde se sientan valorados, escuchados y apoyados. En los cuales los estudiantes con dificultades o
necesidades pueden encontrar mentores y modelos positivos para seguir y que guíen su camino hacia el
empoderamiento. Estas relaciones de mentoría no solo brindan orientación práctica y consejos
profesionales, sino que también inspiran confianza y motivación para perseguir sus metas con
determinación y perseverancia. Asimismo, el apoyo mutuo dentro de estas redes puede ser una fuente
invaluable de empoderamiento emocional y psicológico, a través del proceso de compartir sus desafíos
y triunfos con otros miembros que comparten sus experiencias y aspiraciones, los jóvenes se sienten
comprendidos y respaldados en su viaje hacia el crecimiento personal y profesional. Fortaleciendo sus
habilidades de liderazgo, trabajo en equipo y amplificando su impacto y alcance en la sociedad.
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