MERITOCRACIA Y MOVILIDAD SOCIAL
EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR: BARRERAS
ESTRUCTURALES EN MÉXICO Y BOLIVIA

MERITOCRACY AND SOCIAL MOBILITY IN HIGHER
EDUCATION: STRUCTURAL BARRIERS IN MEXICO AND
BOLIVIA

Mario Jesús Aguilar Camacho

Universidad de Guanajuato, México

Dikson Jhon Encinas

Universidad de Guanajuato, México

Alma Rosa Tovar Vega

Universidad de Guanajuato, México

Eduardo Barrera Arias

Universidad de Guanajuato, México
pág. 13404
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i1.23108
Meritocracia y Movilidad Social en la Educación Superior: Barreras
Estructurales en México y Bolivia

Mario Jesús Aguilar Camacho
1
macamach57
@gmail.com
https://orcid.org/
0000-0001-9436-4822
Universidad de Guanajuato

México

Dikson Jhon Encinas

madi_dik@yahoo.es

https://orcid.org/0009-0002-6124-8678

Universidad Autónoma Gabriel René Moreno

Bolivia

Alma Rosa Tovar Vega

ar.tovar@ugto.mx

https://orcid.org/0000-0002-6685-5285

Universidad de Guanajuato

México

Eduardo Barrera Arias

ebarrea@hotmail.com

https://orcid.org/
0000-0003-2335-2853
Universidad de Guanajuato

México

RESUMEN

Este artículo analiza comparativamente cómo la narrativa meritocrática en la educación superior
enfrenta barreras estructurales que limitan la movilidad social en dos universidades públicas de México
y Bolivia. Mediante un enfoque cuantitativo, se examinan variables como origen socioeconómico,
educación parental, género y pertenencia étnico-racial, y su impacto en trayectorias laborales y
expectativas económicas de estudiantes universitarios. Los hallazgos muestran que el mérito académico
no compensa las desigualdades de origen, perpetuando brechas en el acceso a oportunidades
profesionales. Se concluye que la universidad pública, lejos de ser un mecanismo de redistribución
social, reproduce exclusiones históricas. Se propone avanzar hacia políticas que reconozcan estas
condiciones estructurales y promuevan una justicia social activa en el acceso, permanencia e inserción
laboral de las juventudes universitarias.

Palabras clave: movilidad social, desigualdad estructural, educación superior, juventud universitaria,
meritocracia

1
Autor principal.
Correspondencia:
macamach57@gmail.cmo
pág. 13405
Meritocracy and Social Mobility in Higher Education: Structural Barriers
in Mexico and Bolivia

ABSTRACT

This article presents a comparative analysis of how meritocratic narratives in higher education confront
structural barriers that restrict social mobility in two public universities in Mexico and Bolivia. Using a
quantitative approach, the study examines variables such as socioeconomic background, parental
education, gender, and ethno-racial identity, and their impact on students’ labor trajectories and
economic expectations. Findings reveal that academic merit does not compensate for inherited
inequalities, perpetuating gaps in access to professional opportunities. The results suggest that public
universities, rather than functioning as mechanisms of social redistribution, reproduce historical
exclusions. The article advocates for policies that acknowledge these structural conditions and promote
active social justice in access, retention, and labor market insertion of university youth

Keywords:
social mobility, structural inequality, higher education, university youth, meritocracy
Artículo recibido 02 febrero 2026

Aceptado para publicación: 27 febrero 2026
pág. 13406
INTRODUCCIÓN

En México y Bolivia, el discurso meritocrático se ha consolidado como narrativa dominante para
justificar la movilidad social, atribuyendo el éxito económico exclusivamente al esfuerzo individual, el
talento y la dedicación, sin considerar las profundas desigualdades estructurales que condicionan dichas
trayectorias. Esta posición ha sido ampliamente promovida en contextos educativos y laborales, donde
se considera que el mérito debe regir la asignación de recursos y estatus.

Merchán Iglesias (Merchán Iglesias, 2025), afirma que “frente al nacimiento o el nepotismo, la idea es
que, mediante su esfuerzo y talento, las personas pueden acceder a cualquier objetivo que se
propongan”: Merchán atribuye el fracaso a la falta de mérito personal y el éxito a logros merecidos.

Fernández Vilas y Plaza-Gómez (Fernández Vilas, E., & Plaza-Gómez, N., 2025), examinan la
consolidación de este imaginario, la meritocracia, en las sociedades contemporáneas, destacando el
papel del sistema educativo como dispositivo clave de socialización primaria y legitimación de
jerarquías sociales. Destacan que: “la objetivación del esfuerzo como criterio central del éxito educativo
refuerza la percepción de que el fracaso es consecuencia de la falta de mérito”. Su postura invisibiliza
las barreras sistémicas.

En conjunto, la perspectiva meritocrática entra en conflicto con enfoques que reconocen el carácter
político y estructural de las condiciones que configuran las trayectorias sociales. Al centrar el análisis
en explicaciones individualistas basadas en el mérito, esta orientación desplaza la atención de los
determinantes sistémicos -económicos, culturales y jurídicos- que estructuran y perpetúan la
desigualdad social.

La omisión de dimensiones económicas y culturales en el análisis de la desigualdad no solo empobrece
la comprensión del fenómeno al reducirlo a categorías meramente individuales o técnicas, sino que
también contribuye a la reproducción simbólica de un orden social excluyente. Esta legitimación
simbólica de un modelo de organización social que perpetúa privilegios y marginalidades como si
fueran inevitables funciona como un dispositivo de neutralización crítica, al inhibir la construcción de
alternativas estructurales orientadas a la justicia social y a la redistribución equitativa de oportunidades.

Problemática. A pesar de los discursos meritocráticos que enfatizan el esfuerzo individual como
principal determinante del éxito económico, diversos estudios empíricos en México y Bolivia han
pág. 13407
demostrado que factores estructurales -como el nivel educativo de los padres, el origen socioeconómico,
la pertenencia étnico-racial y el género- inciden de manera significativa en las trayectorias de ingreso
individual.

Sin embargo, persiste una brecha en el análisis cuantitativo de esta problemática desde la perspectiva
de los estudiantes universitarios, especialmente aquellos que se encuentran en la etapa de transición
hacia el mercado laboral formal.

Desde un punto de vista metodológico, se requiere identificar, medir y contrastar el efecto de estos
factores estructurales sobre la percepción y realidad de desigualdad de oportunidades económicas,
controlando por variables asociadas al esfuerzo individual, como el nivel educativo alcanzado o la
inserción laboral.

Pregunta de investigación: ¿Cuál es el grado de influencia de los factores estructurales -como el origen
socioeconómico, el nivel educativo de los padres, el género y la pertenencia étnico-racial- en las
expectativas profesionales y en los niveles de ingreso de estudiantes de instituciones públicas de
educación superior en México y Bolivia, en contraste con el mérito y el esfuerzo individual desplegado
durante su trayectoria universitaria?

Objetivo general

Analizar comparativamente el impacto de factores estructurales -como el nivel educativo de los padres,
el origen étnico-racial, el género y el contexto socioeconómico familiar- en la movilidad social, las
expectativas profesionales y los niveles de ingreso de estudiantes universitarios de instituciones
públicas en México y Bolivia, en contraste con variables asociadas al mérito y al esfuerzo individual a
lo largo de su trayectoria académica.

Objetivos específicos

1. Identificar la percepción del grado de correlación entre el nivel educativo de los padres y el ingreso
percibido por los estudiantes universitarios de instituciones públicas.

2. Examinar si se considera que existen diferencias significativas en los niveles de ingreso según
género u origen étnico.

3. Evaluar la percepción sobre la meritocracia en México y Bolivia, y contrastar con los datos de
situación económica familiar actual.
pág. 13408
4. Analizar si el tipo de ocupación de los padres o tutores influye en la probabilidad de inserción
laboral formal de los estudiantes universitarios de instituciones públicas de México y de Bolivia.

Hipótesis general

La desigualdad de ingresos en México se explica en gran medida por factores estructurales ajenos al
esfuerzo individual (Castañeda Valencia, 2024). Este estudio plantea que variables como el origen
socioeconómico, el color de piel, el ámbito rural o urbano y el nivel educativo de los padres determinan
significativamente las probabilidades de alcanzar un alto bienestar económico. Aun controlando por
mérito personal y logro escolar, las barreras estructurales persisten y limitan la movilidad social
(Castañeda Valencia, 2024).

MARCO TEÓRICO

La educación superior pública en Hispano América ha sido tradicionalmente asociada con la promesa
de movilidad social y equidad. No obstante, esta narrativa se ve cuestionada por la persistencia de
estructuras sociales que reproducen desigualdades, incluso en entornos académicos que se proclaman
meritocráticos.

Al analizar variables como el origen socioeconómico, el nivel educativo parental, el género y la
pertenencia étnico-racial, se busca evidenciar cómo dichas dimensiones inciden en las trayectorias
universitarias y laborales, desafiando el ideal de igualdad de oportunidades.

La movilidad social

La movilidad social se refiere al cambio en la posición socioeconómica de los individuos o grupos
dentro de una estructura social, a lo largo del tiempo o entre generaciones. Este concepto deriva de la
posición de Vélez Grajales, Campos Vázquez y Fonseca, quienes señalan que: “La movilidad social se
refiere a los cambios que experimentan los miembros de una sociedad en su posición en la estructura
socioeconómica” (Vélez Grajales, R., Campos Vázquez, R. M., & Fonseca, C. E., 2015)

Por su parte, Higuera Sánchez et al (Sánchez, F. M. H., Pacheco, A. P. H., & Rincón, O. C., 2023),
proporcionan una definición más amplia y contextualizada:

La movilidad social, un concepto intrínsecamente ligado a la estructura y dinámica de las
sociedades, es esencial para comprender cómo las personas y las familias pueden ascender o
descender en términos de estatus económico, educativo y ocupacional a lo largo de sus vidas”.
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Completan la idea con la siguiente aseveración: “La movilidad social refleja la capacidad de una
sociedad para brindar oportunidades equitativas y romper los vínculos de desigualdad
intergeneracional.”

La movilidad social, un concepto intrínsecamente ligado a la estructura y dinámica de las
sociedades, es esencial para comprender cómo las personas y las familias pueden ascender o
descender en términos de estatus económico, educativo y ocupacional a lo largo de sus vidas.
Este fenómeno refleja la capacidad de una sociedad para brindar oportunidades equitativas y
para romper los vínculos de desigualdad intergeneracional. (Blanco, 2024).

Monroy y Vélez (Monroy-Gómez-Franco, L. A., & Vélez Grajales, R., 2025), señalan que “La
movilidad social también tiene un impacto directo en la cohesión social y la estabilidad de una sociedad.
Cuando las oportunidades están ampliamente distribuidas y el acceso a la educación y al empleo es
equitativo, se fomenta un sentido de justicia que contribuye a una mayor armonía entre los estratos
sociales.

Por otro lado, Sánchez et al (Sánchez, F. M. H., Pacheco, A. P. H., & Rincón, O. C., 2023), indican que
la falta de movilidad social puede dar lugar a tensiones y descontento, ya que los individuos pueden
sentir que están atrapados en una posición desfavorecida sin la posibilidad realista de mejora

La movilidad social se convierte en una herramienta fundamental para evaluar la salud y la
equidad de una sociedad, así como para informar la toma de decisiones políticas dirigidas a
promover el desarrollo inclusivo y el progreso sostenible.”
(Sánchez, F. M. H., Pacheco, A. P.
H., & Rincón, O. C., 2023)

Movilidad social. Clasificación

Este fenómeno puede ser ascendente o descendente, y se analiza en términos de ingreso, educación,
ocupación, clase social o estatus.

“La movilidad social se refiere a los cambios que experimentan los miembros de una sociedad
en su posición en la estructura socioeconómica. Puede abordarse desde una perspectiva
intergeneracional o intrageneracional, y en dimensiones como ingreso, educación o clase
social.” (Vélez Grajales, R., Campos Vázquez, R. M., & Fonseca, C. E., 2015).
pág. 13410
Brand Mosalve et al (Brand Monsalve, E., Duque Mejía, C., & Guerra Zabala, V., 2021), destacan que:
“La movilidad social ha sido estudiada desde diversas teorías de la estratificación, proponiendo modelos
que articulan la estructura del poder social como base para comprender los desplazamientos en el
estatus.”

Movilidad intergeneracional

La movilidad intergeneracional se refiere al cambio en la posición socioeconómica entre generaciones,
generalmente comparando el estatus de los padres con el de sus hijos. Es un indicador clave para evaluar
la igualdad de oportunidades en una sociedad.

Plassot et al (Plassot, T., Rubio, G., & Soloaga, I., 2019), opinan que “La movilidad intergeneracional
refleja la persistencia o ruptura de desigualdades entre generaciones, especialmente en educación y
activos.”

Ricardi Morgavi, C. A. (Morgavi, 2016), define la movilidad educativa intergeneracional como el
cambio entre el nivel educativo de los padres y el alcanzado por los hijos, analizado mediante matrices
de transición. Cortés, F., & Escobar Latapí, A. (Cortés, F., & Escobar Latapí, A., 2005), analizan cómo
las oportunidades de acceso a estratos altos varían entre generaciones, evidenciando que la movilidad
depende del origen social y se ha deteriorado en México.

Movilidad intrageneracional

La movilidad intrageneracional se refiere al cambio en la posición socioeconómica de un individuo a
lo largo de su vida, por ejemplo, entre su primer empleo y el actual. Es útil para analizar trayectorias
laborales y el impacto de políticas públicas (Huerta Wong, J. E., Ibarra López, I., & Espinosa Montiel,
R., 2022) ; los autores explican cómo las oportunidades y capacidades influyen en la movilidad
intrageneracional en México, destacando la baja movilidad, especialmente entre mujeres.

Juan Enrique Huerta Wong, Ignacio Ibarra López, Rocío Espinosa Montiel (Huerta Wong, J. E., Ibarra
López, I., & Espinosa Montiel, R., 2022), en su investigación sobre la movilidad intrageneracional en
México indican que, como resultado de desigualdades estructurales en oportunidades y capacidades,
encontraron que el índice de desarrollo humano en salud promueve movilidad ascendente,
especialmente en mujeres.
pág. 13411
Fernando Cortés & Agustín Escobar Latapí Cortés, F., & Escobar Latapí, A. (Cortés, F., & Escobar
Latapí, A., 2005), en su estudio de movilidad intergeneracional, ofrecen una base teórica útil para
entender cómo los sistemas económicos afectan la movilidad social dentro de una misma generación.

Erikson, Robert & Goldthorpe, John H. En estudios comparativos europeos, conceptualizan la
movilidad intrageneracional como parte de la fluidez social en sociedades industriales, distinguiéndola
de la movilidad intergeneracional por su enfoque en trayectorias individuales.

César Augusto Ricardi Morgavi (Ricardi Morgavi, 2017), analizó comparativamente las dinámicas de
movilidad social y educativa intergeneracional en jóvenes de entre 30 y 45 años en países seleccionados
de Europa (España, Suecia, Reino Unido, Alemania) y América Latina (Chile, México, Uruguay), con
énfasis en el papel de los regímenes de bienestar y los orígenes familiares.

Hallazgos clave: La transmisión intergeneracional de ventajas y desventajas sigue siendo un
obstáculo para la igualdad de oportunidades, especialmente en América Latina. Los regímenes
de bienestar europeos presentan mayores niveles de fluidez social y educativa que sus
contrapartes latinoamericanas. El origen familiar continúa siendo un predictor significativo del
logro educativo y ocupacional en ambas regiones, aunque con intensidades y mecanismos
diferenciados.

Movilidad Intrageneracional vs Intergeneracional

El estudio de la movilidad social constituye un eje central en el análisis de las desigualdades
estructurales, especialmente en contextos latinoamericanos marcados por profundas brechas
socioeconómicas. Dentro de este campo, es fundamental distinguir entre dos dimensiones analíticas: la
movilidad intrageneracional y la movilidad intergeneracional, cada una con implicaciones teóricas y
metodológicas diferenciadas.

En el contexto mexicano, Huerta Wong, Ibarra López y Espinosa Montiel (Huerta Wong, J. E., Ibarra
López, I., & Espinosa Montiel, R., 2022):

La movilidad intrageneracional se refiere a los cambios en la posición socioeconómica de un
individuo a lo largo de su vida. Su unidad de análisis es la trayectoria individual, evaluada
mediante indicadores como variaciones en la ocupación, el ingreso, la movilidad residencial y
el estatus educativo en distintos momentos. Esta perspectiva permite observar cómo las
pág. 13412
oportunidades y restricciones se manifiestan dentro de una misma generación, y requiere datos
longitudinales o retrospectivos individuales para su análisis.

Estos autores han documentado cómo esta forma de movilidad intrageneracional se entrelaza con
dinámicas de desigualdad persistente, incluso en escenarios de crecimiento económico relativo.

Por otro lado, la movilidad intergeneracional analiza los cambios en la posición socioeconómica entre
generaciones familiares, comparando, por ejemplo, el nivel educativo, la ocupación o el ingreso entre
padres e hijos. Esta dimensión permite evaluar el grado de reproducción o ruptura de las estructuras
sociales a lo largo del tiempo, y requiere datos multigeneracionales o encuestas retrospectivas
familiares. Cortés y Escobar Latapí Cortés, F., & Escobar Latapí, A. (Cortés, F., & Escobar Latapí, A.,
2005), han abordado esta perspectiva en el México urbano, evidenciando patrones de reproducción de
la desigualdad social entre generaciones.

Ambas formas de movilidad pueden coexistir y entrelazarse, como lo muestran Maggi y Hendel (Maggi,
M. F., & Hendel, V., 2022) en su estudio sobre familias migrantes, donde las trayectorias individuales
se ven influenciadas por legados intergeneracionales y contextos de desplazamiento.

Desde una perspectiva comparada, Erikson y Goldthorpe (Erikson, R., & Goldthorpe, J. H., 1992), han
propuesto el concepto de “flujo constante” para describir la movilidad de clases en sociedades
industriales, destacando la persistencia de barreras estructurales a pesar de los cambios ocupacionales
aparentes.

En conjunto, entrambas dimensiones permiten una comprensión más profunda de los mecanismos que
facilitan o limitan la movilidad social, y ofrecen herramientas analíticas clave para evaluar el impacto
de las políticas educativas, laborales y redistributivas en contextos de alta desigualdad.

Meritocracia

La meritocracia es un principio organizativo que asigna posiciones sociales, beneficios o poder en
función del mérito individual, entendido como talento, esfuerzo o desempeño. Aunque suele presentarse
como mecanismo justo, diversos autores advierten sus límites estructurales y su potencial para
reproducir desigualdades.

El concepto de meritocracia ha sido objeto de múltiples interpretaciones y debates desde su
formulación inicial. Michael Young acuñó el término en su obra The Rise of the Meritocracy (Young,
pág. 13413
1958), no como una propuesta normativa, sino como una crítica distópica a una sociedad donde el
talento y el esfuerzo, lejos de democratizar el poder, generan nuevas élites excluyentes y justifican la
desigualdad estructural (Young, 1958).

Décadas más tarde, Michael Sandel (Sandel, 2020), retoma esta crítica desde una perspectiva filosófica
y política, argumentando que la meritocracia ha erosionado el bien común al fomentar arrogancia entre
los ganadores y humillación entre los perdedores. En su obra La tiranía del mérito (2020), propone
repensar el mérito desde una ética de justicia social que reconozca las condiciones estructurales que
moldean las oportunidades individuales.

Desde la sociología, François Dubet (Dubet, 2021), plantea que la meritocracia constituye un principio
cardinal de la justicia moderna, aunque abstracto. Su aplicación concreta depende de las instituciones
que definen qué se considera mérito, lo que introduce tensiones entre ideales normativos y prácticas
sociales (Dubet, 2021;

Carmelo Moreno del Río (Moreno del Río, 2023), por su parte, analiza las distintas concepciones del
mérito desde enfoques liberales, comunitaristas e igualitarios. Propone que la meritocracia debe
subordinarse a valores democráticos, evitando que se convierta en un mecanismo de legitimación de
privilegios.

Crítica a la meritocracia

Desde un ángulo crítico, diversos autores han cuestionado la validez de la noción de mérito como
principio legítimo de distribución, al evidenciar sus implicaciones excluyentes y su función en la
reproducción de desigualdades estructurales.

Algunos expertos advierten conclusiones contrarias a la interpretación meritocrática. Aquí aparece
Bourdieu (Bourdieu, 2001), quien introdujo el concepto de capital cultural como un mecanismo central
en la reproducción de desigualdades dentro del sistema educativo. Describió el cómo “la escuela
legitima las diferencias sociales bajo la apariencia de mérito, y la educación es un campo de lucha
simbólica, en el que las disposiciones heredadas -habitus- influyen decisivamente en el rendimiento
académico y en el reconocimiento institucional.”
pág. 13414
El mismo Pierre Bourdieu (Bourdieu P. , 1998), señala que el capital cultural y social heredado
condiciona profundamente las posibilidades de éxito, cuestionando la supuesta neutralidad de los
mecanismos meritocráticos.

Tilly (Tilly, 2017), en su capítulo Desigualdad duradera, incluido en la obra Violencia colectiva,
política contenciosa y cambio social, desde su enfoque, identificado como sociología histórica y teoría
de la desigualdad persistente, enfatiza que “los mecanismos de categorización y acoplamiento como
procesos que consolidan ventajas acumulativas”. Su marco teórico permite comprender cómo las
instituciones educativas y laborales reproducen desigualdades estructurales a lo largo del tiempo, más
allá de las trayectorias individuales.

Michael Young (Young, 1958), en su obra The Rise of the Meritocracy, calificada como una sátira
sociológica vaticina un futuro distópico donde el mérito reemplaza al privilegio heredado, pero con
consecuencias sociales profundas, advierte que la exaltación del mérito puede derivar en nuevas formas
de estratificación, legitimadas por una aparente justicia individualista.

Michael Young, acuñó el término “meritocracia” en clave satírica para denunciar los riesgos de
un sistema que legitima la desigualdad bajo el velo del mérito individual…Young permite
cuestionar cómo los discursos meritocráticos despolitizan las estructuras de poder, invisibilizan
los condicionamientos socioeconómicos y naturalizan jerarquías educativas y laborales… la
meritocracia puede consolidar una élite tecnocrática que se autopercibe legítima, mientras
excluye sistemáticamente a quienes no encajan en sus parámetros de “mérito”. (Barrera, 2023)

Cecilia Menjívar (Menjívar, 2011), analiza cómo las mujeres en el oriente de Guatemala enfrentan
formas cotidianas y estructurales de exclusión y violencia que se han normalizado socialmente.
Menjívar revela cómo el racismo, el sexismo, el clasismo y la exclusión operan de manera
interseccional, afectando la salud, la movilidad, el acceso a justicia y la dignidad de estas mujeres,
incluso cuando se cumplen los criterios formales de mérito.

En México, Jaime Hernández (Hernández Jaime, 2019), destaca que “la movilidad social está
condicionada por factores como el origen étnico, el género, la territorialidad y el acceso desigual a
bienes educativos; por lo cual, resulta imprescindible revisar críticamente el alcance real del discurso
pág. 13415
meritocrático”. El autor analiza cómo el origen étnico, el género, la región y el capital educativo
condicionan la movilidad social en México, desafiando la narrativa meritocrática.

Vélez (Vélez, 2018), advierte que la meritocracia, más que reflejar una realidad, encarna un ideal
moderno que suele ignorar las condiciones materiales que limitan el acceso equitativo a oportunidades.
Dávila (Dávila, 2021), señala que este discurso puede generar daños sociales al legitimar desigualdades
bajo la apariencia de justicia, ocultando los privilegios heredados y las barreras sistémicas.

Por su parte, Galicia Audelo (Galicia Audelo, 2024), en un estudio aplicado a licenciaturas
universitarias, muestra cómo estudiantes y docentes reconocen tensiones entre el mérito y las
desigualdades institucionales, lo que evidencia la necesidad de revisar críticamente las estructuras
educativas que perpetúan la exclusión.

De la formación académica a la inserción profesional: desafíos de la juventud.

La transición de los jóvenes universitarios hacia el mercado laboral constituye un proceso crítico para
comprender las dinámicas de movilidad social, empleabilidad y desigualdad estructural.

Valdivieso e Ibarrola (Valdivieso, A., & Ibarrola, M., 2019), destacan que este tránsito no siempre es
lineal ni garantiza condiciones laborales acordes con el nivel educativo, lo que evidencia la precariedad
y fragmentación del mercado de trabajo en México.

Por su parte, González Cerdeira et al (González Cerdeira, X., & González Martínez, X. M., 2001),
subrayan que el tiempo de inserción y la calidad del primer empleo están fuertemente condicionados
por el tipo de formación recibida, lo que plantea desafíos para la adecuación entre oferta educativa y
demanda laboral.

La juventud universitaria construye sus expectativas de ingreso en un marco de tensiones entre
aspiraciones personales, condiciones estructurales y representaciones sociales del éxito. Estas
expectativas no sólo reflejan el deseo de movilidad social, sino también la percepción del valor
simbólico del título universitario en contextos de precarización laboral.

Factores estructurales en México y Bolivia

Varios estudios de autores bolivianos coinciden con parte de la evidencia mexicana al mostrar que las
trayectorias de ingreso y movilidad social están profundamente condicionadas por factores
estructurales. Se asegura que, en ambos países, el mérito individual no logra compensar las
pág. 13416
desigualdades de origen, lo que refuerza la necesidad de marcos normativos orientados a la justicia
estructural y la redistribución de oportunidades.

Los jóvenes universitarios no son simplemente receptores pasivos de un mandato social, sino
agentes que negocian sus trayectorias en función de sus contextos familiares, territoriales y de
clase (Hernández de la Rosa, E., & Moreno Hernández, H. C., 2019).

Tabla 1 MéxicoBolivia. Factores estructurales

Dimensión
México Bolivia Observaciones
comparativas

Sistema
universitario
público

Cobertura bruta en educación
superior: 43.8% (SEP, 2024). 1

Alta segmentación
institucional: más de 4,400
instituciones.1

Cobertura bruta estimada:
35.2% (Banco Mundial,
2024). 2

Menor segmentación, con
predominio de universidades
públicas tradicionales.

México presenta mayor
diversidad institucional y
expansión de
subsistemas.1

Desigualdad
socioeconómica

Pobreza multidimensional:
29.6%; pobreza extrema: 5.3%
(INEGICONEVAL, 2024). 3

El 60% de la riqueza está en
manos del 1% más rico. 4

Pobreza bajo línea de $3/día:
2.8%; pobreza nacional:
32.7% (Banco Mundial,
2024). 2

Desigualdad marcada entre
zonas rurales y urbanas.

Ambos países enfrentan
desigualdades
estructurales, aunque
Bolivia muestra mayor
dispersión regional. 2

Educación
parental
promedio

Escolaridad promedio
nacional: 10.1 años; zonas
urbanas superan los 11 años
(INEGI, 2024). 5

Escolaridad parental
promedio: 8.2 años; con
brechas de hasta 4 años entre
regiones rurales y urbanas
(Ipsos Bolivia, 2024).6

Bolivia muestra mayor
heterogeneidad regional
en escolaridad parental.6

Reconocimiento
étnico-racial

Limitado: menos del 10% de
universidades mexicanas
tienen mecanismos para
atender discriminación étnico-
racial (UNESCOESIAL,
2024).7

Reconocimiento
constitucional desde 2009;
políticas afirmativas en
universidades indígenas y
comunitarias (UNESCO
IESALC, 2024).8

Bolivia tiene marcos
normativos más
explícitos y mecanismos
institucionales activos.8

Percepción del
mérito

Predomina la visión
meritocrática individual, pero
condicionada por redes y
capital social (UNAM, 2024).

Mezcla de mérito académico
y reivindicación social; 37%
considera que la política
influye negativamente en la
educación (Ipsos Bolivia,
2024).6

Diferencias culturales en
la construcción del
mérito y su relación con
justicia social.6

Ingreso post-
universitario

Ingreso promedio de egresados
universitarios: $14,157
USD/año; alta correlación con
redes y capital social (Banco
Mundial, 2024).2

Ingreso promedio de
egresados: $4,001 USD/año;
fuerte dependencia del
contexto regional y
ocupacional (Banco Mundial,
2024).2

México muestra mayor
estratificación laboral y
retorno económico por
carrera.2

Fuentes: 4 (Oxfam México, 2024); 2 (Banco Mundial, 2024); 1 (Sistema Integrado de Información sobre la Educación Superior
& Secretaría de Educación Pública (SIIESSEP, 2024); 5 (Comisión para la Mejora Continua de la Educación en México
(Mejoredu), 2024); 3 (INEGI & CONEVAL, 2024); 6 (Ipsos Bolivia, 2024);7 (UNTREFUNESCO); 8 (Navia, C., Velasco
Cruz, S., & Czarny, G. (Coords.), 2024); 9 (MOLINA, 2024)
pág. 13417
El marco teórico analiza cómo la narrativa meritocrática en la educación superior pública se vincula
con estructuras sociales que limitan la movilidad social. Al incorporar enfoques sobre capital cultural,
estratificación educativa e interseccionalidad, se demuestra que el acceso y la trayectoria universitaria
dependen de factores estructurales, más allá del mérito individual.

METODOLOGÍA

El estudio empleó un enfoque cuantitativo con énfasis comparativo entre estudiantes universitarios de
México y Bolivia. Se aplicaron encuestas estructuradas para medir ingreso, esfuerzo académico y
percepción de desigualdad, complementadas con entrevistas semiestructuradas a alumnos. La muestra
incluyó universidades públicas, segmentada por género, origen étnico-racial, nivel educativo de los
padres y contexto socioeconómico. Se levantaron un total de 569 casos, logrando un 98.3% de
confianza, con un 5 de error de estimación.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Gráfica 1. Edad

Fuente: Elaboración propia

Gráfica 2. Sexo

Fuente: Elaboración propia
pág. 13418
Gráfica 3. Nacionalidad

Fuente: Elaboración propia

Gráfica 4. Nivel educativo de los padres

Fuente: Elaboración propia

Gráfica 5. Influencia del género

Fuente: Elaboración propia
pág. 13419
Gráfica 6. Indigenismo y oportunidades

Fuente: Elaboración propia

Gráfica 7 Esfuerzo personal y superación económica

Fuente: Elaboración propia

Gráfica 8. Ocupación de los padres

Fuente: Elaboración propia
pág. 13420
Percepción del mérito frente a barreras estructurales

H1: El nivel educativo de los padres influye significativamente en el ingreso percibido por estudiantes
y egresados universitarios de instituciones públicas. Los datos revelan que el nivel educativo de los
padres se concentra mayoritariamente en secundaria (35%) y preparatoria/bachillerato (29.9%),
mientras que solo el 11.4% alcanzó estudios de licenciatura y apenas el 7% cuenta con posgrado.

En cuanto a la percepción de su impacto económico, el 45% de los encuestados considera que dicho
nivel influye “mucho” en el ingreso familiar, y otro 31.6% cree que influye “algo”. Además, el 40%
está totalmente de acuerdo en que los hijos de padres con mayor nivel educativo tienden a obtener
mejores ingresos. Estos hallazgos respaldan la hipótesis H1, al evidenciar una percepción extendida
sobre la influencia del capital educativo familiar en los ingresos.

H2: El género y el origen étnico-racial condicionan de forma diferenciada las oportunidades de inserción
laboral formal y los niveles de ingreso post- universitario. Las gráficas muestran que el 43.9% de los
participantes considera que el género influye “mucho” en las posibilidades de acceder a ingresos
elevados, y otro 21.7% cree que influye “algo”.

Respecto al origen étnico, el 37.9% está totalmente de acuerdo en que las personas indígenas enfrentan
menores oportunidades económicas, mientras que el 33.3% también lo reconoce. Asimismo, el 43.4%
ha observado diferencias salariales frecuentes entre hombres y mujeres, y el 41.6% afirma que el origen
étnico influye “mucho” en el ingreso potencial. Estos resultados validan la hipótesis H2, al confirmar
que las percepciones sociales reconocen la existencia de desigualdades estructurales en el mercado
laboral.

H3: La percepción del mérito académico está mediada por el contexto socioeconómico familiar. Solo el
34.2% de los encuestados cree plenamente que el esfuerzo personal basta para mejorar la situación
económica. En cuanto a la relación entre mérito familiar y situación económica, el 32.4% considera que
esta refleja “en gran medida” el mérito de su familia, mientras que el 26.5% cree que lo refleja
“parcialmente” y el 7.9% “muy poco”. Además, solo el 40.5% cree que el talento y esfuerzo conducen
“casi siempre” a mejores condiciones económicas, frente a un 16.7% que cree que esto ocurre “a veces”
y un 5.4% “rara vez”. Estos datos confirman la hipótesis H3, al mostrar que el mérito es percibido como
un concepto condicionado por el entorno familiar.
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H4: Los factores estructurales tienen mayor peso que el esfuerzo individual en la determinación de la
movilidad social y los resultados socioeconómicos universitarios. Aunque el esfuerzo personal es
valorado, solo el 40% está totalmente de acuerdo en que es suficiente para mejorar la situación
económica. La percepción de injusticia del sistema económico es elevada: el 52.5% lo considera injusto
o muy injusto. Además, la ocupación de los padres influye en las oportunidades laborales: el 26.9%
cree que influye “mucho” y el 27.2% “algo”.

Finalmente, el 40.5% está de acuerdo en que tener padres con empleos formales facilita el acceso a
empleos similares. Estos resultados respaldan la hipótesis H4, al evidenciar que las condiciones
estructurales -educación, ocupación, género y etnia- tienen un peso considerable en los resultados
socioeconómicos, más allá del esfuerzo individual.

CONCLUSIONES

El análisis de las percepciones estudiantiles sobre movilidad social confirma que los factores
estructurales -nivel educativo y ocupacional de los padres, género y origen étnico- inciden de manera
significativa en las oportunidades económicas y laborales de los universitarios.

Las hipótesis planteadas se validan empíricamente:

El capital educativo familiar opera como mecanismo de reproducción social (H1).

Las desigualdades de género y etnicidad configuran barreras persistentes en el acceso al empleo formal
(H2).

El mérito académico es percibido como condicionado por el entorno socioeconómico (H3).

Los determinantes estructurales superan al esfuerzo individual en la configuración de los resultados
socioeconómicos (H4).

Estos hallazgos evidencian que el discurso meritocrático, lejos de constituir un principio de equidad,
funciona como dispositivo ideológico que encubre privilegios y naturaliza desigualdades.

La investigación propone una revisión crítica e interdisciplinaria del concepto de mérito en el contexto
mexicano, articulando políticas educativas, narrativas institucionales y datos sobre movilidad
intergeneracional. Se plantea la urgencia de avanzar hacia modelos distributivos más inclusivos,
capaces de reconocer la diversidad de trayectorias sociales y de situar la justicia social como eje rector
de las políticas públicas.
pág. 13422
Las evidencias comparadas entre México y Bolivia refuerzan esta necesidad, al mostrar cómo los
patrones de ingreso se encuentran profundamente condicionados por estructuras históricas que limitan
el acceso equitativo a oportunidades laborales.

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