APRENDER CON EL CUERPO: MÚSICA Y
MOVIMIENTO EN EL DESARROLLO DE
NIÑOS Y NIÑAS DE 0 A 6 AÑOS EN LA
CIUDAD DE QUITO
LEARNING WITH THE BODY: MUSIC AND MOVEMENT IN
THE DEVELOPMENT OF CHILDREN FROM 0 TO 6 YEARS
OLD IN THE CITY OF QUITO
Erik Mauricio Casagallo Lugmaña
Investigador Independiente, Ecuador
Wilson Rolando Silva Zefla
Investigador Independiente, Ecuador
Ana Cristina Valdez Cuenca
Investigador Independiente, Ecuador
Laura Cristina Plus Raymondi
Investigador Independiente, Ecuador
Maritza Mariela Analuisa Carrillo
Investigador Independiente, Ecuador

pág. 898
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23159
Aprender con el Cuerpo: Música y Movimiento en el Desarrollo de Niños y
Niñas De 0 A 6 Años en la Ciudad de Quito
Erik Mauricio Casagallo Lugmaña1
e.c.mao@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0006-3735-6483
Investigador Independiente
Quito – Ecuador
Wilson Rolando Silva Zefla
willy.roly@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0009-2271-0912
Investigador Independiente
Quito – Ecuador
Ana Cristina Valdez Cuenca
djanacristina@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0004-8558-1621
Investigador Independiente
Quito – Ecuador
Laura Cristina Plus Raymondi
laurapluas@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-7184-1530
Investigador Independiente
Quito – Ecuador
Maritza Mariela Analuisa Carrillo
maryanaluisa@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0007-1402-4870
Investigador Independiente
Quito – Ecuador
RESUMEN
Durante la primera infancia, los niños aprenden principalmente a través de la acción, la exploración y
las experiencias sensoriales. En este trabajo se analiza cómo la música, combinada con el movimiento,
se convierte en un recurso valioso para potenciar el desarrollo integral de los niños de 0 a 6 años en
contextos educativos de Quito. Desde una mirada que integra aportes de la neurociencia, la
psicomotricidad y la educación musical, se reflexiona sobre los beneficios que estas actividades ofrecen
en el área cognitiva, motriz, emocional y social. También se presentan orientaciones metodológicas que
pueden ser aplicadas en instituciones educativas de la ciudad
Palabras claves: música, movimiento, desarrollo infantil
1 Autor principal
Correspondencia: e.c.mao@hotmail.com
pág. 899
Learning with the Body: Music and Movement in the Development of
Children from 0 to 6 Years Old in the City of Quito
ABSTRACT
During early childhood, children primarily learn through action, exploration, and sensory experiences.
This work analyzes how music, combined with movement, becomes a valuable resource to enhance the
integral development of children from 0 to 6 years old in educational contexts in Quito. From a
perspective that integrates contributions from neuroscience, psychomotricity, and music education, it
reflects on the benefits these activities offer in the cognitive, motor, emotional, and social areas.
Methodological guidelines that can be applied in educational institutions in the city are also presented
Keywords: music, movement, child development
Artículo recibido 20 febrero 2026
Aceptado para publicación: 29 marzo 2026

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INTRODUCCIÓN
En Quito, los centros de educación inicial trabajan con una diversidad cultural y musical que forma
parte del entorno cotidiano de los niños. En este contexto, la música y el movimiento no solo generan
disfrute, sino que también contribuyen a procesos de aprendizaje fundamentales. Los sonidos, los ritmos
y las acciones corporales permiten que los niños organicen sus experiencias, desarrollen habilidades
básicas y se relacionen con otras personas de manera significativa.
La literatura científica señala que la música activa diversas áreas del cerebro vinculadas con el lenguaje,
la memoria, la atención y la coordinación motriz. Cuando se integra con el movimiento, su efecto se
amplifica, pues el aprendizaje se construye desde el cuerpo y no únicamente desde la observación
pasiva. Por ello, incorporar actividades musicales en la educación inicial resulta esencial para promover
un desarrollo equilibrado.
El ritmo como organizador del aprendizaje. La exposición temprana a patrones rítmicos contribuye a
que los niños desarrollen la capacidad de anticipar, recordar y ordenar secuencias, habilidades que luego
se trasladan a áreas como el lenguaje y las matemáticas. La neurociencia muestra que el ritmo facilita
la conexión entre las áreas del cerebro responsables del movimiento y las que intervienen en la atención
y la memoria.
La psicomotricidad como base del desarrollo. La psicomotricidad sostiene que los niños conocen el
mundo mediante el movimiento. En el caso de Quito, donde muchos establecimientos cuentan con
patios, terrazas o espacios amplios, es posible aprovechar estos ambientes para favorecer actividades
que combinen desplazamientos, saltos, giros y balanceos acompañados de música. Estas experiencias
fortalecen tanto la motricidad gruesa como la motricidad fina.
Música, lenguaje y pensamiento. Las canciones infantiles, las rimas y los juegos tradicionales
contribuyen a que los niños desarrollen conciencia fonológica, amplíen su vocabulario y mejore su
memoria verbal. Al repetir secuencias musicales o coreográficas, se fortalecen procesos cognitivos
necesarios para aprendizajes posteriores, como la lectura y la escritura.

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La música como espacio de encuentro social. La música favorece la convivencia y la expresión
emocional. En actividades grupales como rondas o juegos cantados los niños aprenden a esperar turnos,
cooperar, imitar y coordinarse con los demás. Este tipo de interacción refuerza el sentido de pertenencia
y permite que los niños expresen emociones de manera segura y natural.
La propuesta está pensada para niños y niñas de 3 a 6 años que asisten a instituciones educativas de
Quito, ya sea públicas o privadas.
Actividades sugeridas
• Juegos de percusión corporal con ritmos sencillos.
• Canciones acompañadas de gestos que favorezcan la coordinación.
• Rondas tradicionales ecuatorianas y latinoamericanas.
• Actividades de desplazamiento con música andina, infantil o instrumental.
• Exploración de instrumentos de pequeña percusión como maracas, palos de lluvia, panderetas o
tambores.
Los juegos de percusión corporal con ritmos sencillos constituyen una estrategia pedagógica cercana y
significativa para niños y niñas de educación inicial, ya que convierten el propio cuerpo en el primer
instrumento musical. A través de palmas, golpes suaves en las piernas o chasquidos de dedos, los niños
exploran patrones rítmicos básicos mientras fortalecen su coordinación, atención y memoria auditiva.
Esta práctica, además de ser lúdica y accesible, favorece la conciencia corporal y el trabajo en grupo,
promoviendo la participación activa y el disfrute compartido. Diversos estudios señalan que la
percusión corporal en edades tempranas contribuye al desarrollo de habilidades motoras y cognitivas al
integrar movimiento y ritmo de manera simultánea (García & López, 2019; Pérez, 2020). De este modo,
el aula se transforma en un espacio dinámico donde aprender música es también una experiencia de
autoconocimiento y expresión creativa.
Las canciones acompañadas de gestos que favorecen la coordinación representan una estrategia
didáctica integral en la educación inicial, ya que articulan música, movimiento y lenguaje en una misma
experiencia significativa. Cuando los niños y niñas cantan mientras realizan movimientos sincronizados
con la letra como señalar partes del cuerpo, aplaudir o realizar secuencias simples fortalecen su

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coordinación motriz, lateralidad y memoria secuencial. Además, esta práctica estimula el desarrollo del
lenguaje y la comprensión auditiva, al vincular palabras con acciones concretas, facilitando aprendizajes
más duraderos y contextualizados. Desde una perspectiva pedagógica, la integración de gestos en las
canciones potencia la atención y la participación activa, favoreciendo un aprendizaje multisensorial
acorde a las características evolutivas de la primera infancia (Gómez, 2018; Martínez & Rojas, 2021).
De esta manera, el aula se convierte en un espacio dinámico donde cantar no solo es una actividad
recreativa, sino una oportunidad para fortalecer habilidades motoras, cognitivas y socioemocionales de
forma armónica.
Las rondas tradicionales ecuatorianas y latinoamericanas constituyen una valiosa herramienta
pedagógica en la educación inicial, ya que integran música, movimiento y tradición cultural en una
experiencia colectiva significativa. A través del canto en círculo y de dinámicas que implican
coordinación grupal, los niños y niñas fortalecen habilidades sociales como el respeto por turnos, la
cooperación y el sentido de pertenencia, al tiempo que desarrollan su ritmo, memoria y expresión
corporal. Estas rondas, transmitidas de generación en generación, no solo enriquecen el repertorio
musical infantil, sino que también contribuyen a la construcción de la identidad cultural desde edades
tempranas. Diversos estudios destacan que el contacto con manifestaciones musicales tradicionales
favorece el desarrollo socioemocional y el reconocimiento de la diversidad cultural en contextos
educativos (Ramírez, 2017; Torres & Castillo, 2020). Así, la ronda se convierte en un espacio de
encuentro donde aprender y jugar se entrelazan con la valoración de las raíces culturales propias y
latinoamericanas.
Las actividades de desplazamiento con música andina, infantil o instrumental ofrecen a los niños y niñas
de educación inicial la oportunidad de explorar el movimiento de manera libre y guiada, favoreciendo
el desarrollo de habilidades motrices gruesas como el equilibrio, la coordinación y la orientación
espacial. Al caminar, saltar, girar o desplazarse siguiendo distintos ritmos y dinámicas musicales, los
estudiantes fortalecen su conciencia corporal y su capacidad de adaptación al entorno sonoro,
integrando percepción auditiva y acción motriz en una misma experiencia significativa. Además, la
incorporación de música andina e instrumental amplía su horizonte cultural y sensorial, promoviendo
el reconocimiento y la valoración de diversas expresiones musicales desde edades tempranas.

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Desde el enfoque pedagógico, el movimiento acompañado de música estimula procesos cognitivos y
socioemocionales, ya que permite canalizar energía, expresar emociones y fortalecer la autonomía en
un ambiente lúdico y seguro (López, 2019; Herrera & Molina, 2021). De este modo, el aula se
transforma en un espacio dinámico donde el aprendizaje surge del cuerpo en movimiento y del disfrute
compartido de la música.
La exploración de instrumentos de pequeña percusión, como maracas, palos de lluvia, panderetas o
tambores, constituye una experiencia enriquecedora en la educación inicial, ya que permite a los niños
y niñas descubrir distintas cualidades del sonido intensidad, duración y timbre a través de la
experimentación directa. Al manipular estos instrumentos, desarrollan coordinación óculo-manual,
control de la fuerza y sentido rítmico, mientras fortalecen su curiosidad y creatividad musical en un
entorno lúdico. Además, el contacto con diversos recursos sonoros favorece la expresión emocional y
el trabajo colaborativo, al participar en pequeñas improvisaciones o acompañamientos grupales. Desde
una perspectiva pedagógica, la experimentación instrumental en la primera infancia estimula procesos
cognitivos y sensoriales fundamentales para el aprendizaje integral (Sánchez, 2018; Molina & Castro,
2020). Así, el aula se convierte en un espacio de descubrimiento donde cada sonido producido es una
oportunidad para aprender, explorar y disfrutar de la música de manera significativa.
Estas actividades pueden realizarse dos veces por semana en sesiones breves, dinámicas y adaptadas a
la edad.
Observación y evaluación. Los avances pueden registrarse mediante:
• Observación directa durante las sesiones
• Anotaciones anecdóticas
• Fotografías del proceso
• Intercambios con docentes y familias sobre los cambios observados
La observación directa durante las sesiones permite a los docentes identificar de manera inmediata cómo
los niños y niñas participan, interactúan y responden a las actividades propuestas, ofreciendo
información valiosa sobre su desarrollo motor, social y musical. Este registro continuo facilita la
detección de intereses, habilidades y necesidades individuales, lo que a su vez permite ajustar las

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estrategias pedagógicas para favorecer un aprendizaje significativo. Según Díaz y Hernández (2010),
la observación sistemática en la primera infancia es fundamental para comprender los procesos de
aprendizaje en contextos naturales y dinámicos. Además, esta práctica promueve una mirada respetuosa
y centrada en el ritmo propio de cada niño, fortaleciendo la relación educativa y la calidad de las
experiencias en el aula.
Las anotaciones anecdóticas constituyen una herramienta valiosa para registrar comportamientos,
logros y actitudes significativas de los niños y niñas durante las actividades, permitiendo documentar
procesos individuales de manera detallada y contextualizada. A través de estas notas, los docentes
pueden identificar avances en habilidades motoras, sociales y cognitivas, así como patrones de
interacción y preferencias de aprendizaje (González & Pérez, 2018). Este tipo de registro facilita la
reflexión pedagógica y la toma de decisiones informadas sobre estrategias educativas, ajustando las
actividades a las necesidades de cada estudiante. Además, las anotaciones anecdóticas permiten
compartir información relevante con las familias, fortaleciendo la comunicación y el acompañamiento
en el desarrollo infantil. Así, se promueve un enfoque formativo, centrado en la observación y la
comprensión integral de cada niño.
Las fotografías del proceso constituyen un recurso visual que permite documentar de manera concreta
y significativa los avances, experiencias y aprendizajes de los niños y niñas durante las actividades
educativas. A través de estas imágenes, los docentes pueden observar cambios en la coordinación, la
creatividad, la interacción grupal y la participación individual, complementando otras formas de registro
como la observación y las anotaciones anecdóticas (Martínez & Rojas, 2021). Además, las fotografías
facilitan la comunicación con las familias, mostrando de manera tangible los logros y momentos
significativos de cada niño, lo que fortalece el vínculo entre hogar y escuela. Este recurso no solo
evidencia el aprendizaje, sino que también permite reflexionar sobre la práctica pedagógica y ajustar
estrategias para atender mejor las necesidades de cada estudiante. De esta manera, las imágenes se
convierten en un instrumento que integra documentación, evaluación y celebración del proceso
educativo. Los intercambios con docentes y familias sobre los cambios observados constituyen una
estrategia fundamental para comprender de manera integral el desarrollo de los niños y niñas.

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Estos espacios de diálogo permiten compartir percepciones, identificar avances en habilidades motrices,
sociales y cognitivas, y construir acuerdos sobre estrategias pedagógicas que favorezcan el aprendizaje
significativo (Ramírez & Torres, 2019). Además, la comunicación constante con las familias fortalece
el vínculo entre el hogar y la escuela, promoviendo la participación activa de los cuidadores en el
proceso educativo. Estos intercambios también brindan oportunidades para reflexionar sobre las
prácticas docentes y ajustar las actividades según las necesidades individuales de cada estudiante. De
esta manera, la colaboración entre docentes y familias se convierte en un eje esencial para acompañar
el desarrollo integral de la primera infancia.
Beneficios esperados
Desarrollo motriz. Las actividades musicales y corporales fortalecen el control postural, la
coordinación, el equilibrio y la precisión de movimientos. Los niños adquieren mayor seguridad al
desplazarse y manipular objetos.
Desarrollo cognitivo. El uso de ritmo y secuencias favorece la atención, la memoria auditiva y la
capacidad de seguir instrucciones. Además, mejora el desarrollo del lenguaje al ampliar vocabulario y
reforzar estructuras lingüísticas.
Desarrollo emocional y social. Las actividades en grupo ayudan a que los niños expresen emociones,
cooperen entre sí y construyan vínculos positivos. La música genera un ambiente de confianza en el
que los niños se sienten motivados a participar.
METODOLOGÍA
Para entender cómo la música y el movimiento contribuyen al desarrollo de los niños y niñas de 0 a 6
años en Quito, este estudio adoptó una metodología que combina la observación directa y la
participación activa en entornos educativos. Nos propusimos acercarnos al mundo de los niños desde
su propia experiencia corporal y sensorial, valorando sus juegos, sus risas y sus exploraciones musicales
como fuentes de aprendizaje reales.
Primero, se diseñaron actividades que integran ritmos, cantos y movimientos sencillos, adecuadas para
diferentes edades dentro de la primera infancia. Estas actividades se llevaron a cabo en unidades
educativas y centros de educación inicial de la ciudad, tanto públicos como privados, aprovechando los
espacios disponibles como patios y salones.

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Durante las sesiones, se utilizó la observación directa para recoger información sobre la participación,
la coordinación motriz y la interacción social de los niños. Se realizaron anotaciones anecdóticas para
capturar detalles sobre sus logros y preferencias, y se tomaron fotografías que registran el proceso de
aprendizaje de manera visual y significativa.
Además, se promovieron espacios de diálogo entre docentes y familias, fortaleciendo la comunicación
y generando un ambiente colaborativo en el que se compartían percepciones y avances, ajustando así
las estrategias pedagógicas para responder mejor a las necesidades individuales de los niños.
Este enfoque integral nos permitió valorar no solo las habilidades motoras o cognitivas, sino también
el aspecto socioemocional y cultural del desarrollo infantil, reconociendo que aprender con el cuerpo y
a través de la música es también una experiencia de encuentro y expresión.
CONCLUSIONES
La música y el movimiento constituyen herramientas pedagógicas altamente efectivas para el
aprendizaje en la primera infancia. En Quito, donde la riqueza cultural y musical es parte de la vida
cotidiana, estas prácticas pueden integrarse de manera natural en los espacios educativos. Fomentar
experiencias musicales que involucren el cuerpo permite que los niños desarrollen habilidades
esenciales, disfruten del proceso de aprendizaje y construyan relaciones significativas con su entorno y
con otras personas.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos muestran cómo la integración de la música y el movimiento en las instituciones
educativas de Quito, impacta positivamente en el desarrollo integral de los niños y niñas de 0 a 6 años.
A través de las actividades propuestas como juegos de percusión corporal, canciones con gestos, rondas
tradicionales, desplazamientos musicales y exploración de instrumentos se observó un progreso notable
en diferentes áreas del desarrollo infantil.
En el aspecto motriz, los niños mejoraron notablemente su control postural, coordinación, equilibrio y
precisión en movimientos. Actividades que combinan ritmo y movilidad corporal, como saltar, girar y
desplazarse siguiendo diferentes patrones musicales, favorecieron la conciencia corporal y la capacidad
de adaptación al entorno.

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Estos avances reflejan la importancia de que el aprendizaje incluya experiencias vivenciales y
dinámicas, especialmente en espacios amplios disponibles en algunas instituciones.
Desde el punto de vista cognitivo, la manipulación de secuencias rítmicas y el seguimiento de
instrucciones musicales contribuyeron a mejorar la atención, la memoria auditiva y el desarrollo del
lenguaje. Las canciones infantiles con gestos facilitaron la vinculación de palabras con acciones
concretas, fortaleciendo la memoria secuencial y ampliando el vocabulario. Esto confirma que el ritmo
y la repetición musical son herramientas poderosas para sentar las bases de aprendizajes posteriores,
como la lectura y la escritura.
En cuanto al desarrollo emocional y social, las actividades grupales generaron un ambiente de confianza
y colaboración. La música en círculo y los juegos cantados promovieron la cooperación, la espera de
turnos y el sentido de pertenencia, permitiendo que los niños expresen sus emociones y construyan
vínculos positivos. Este aspecto es fundamental para el bienestar emocional y la integración social,
demostrando que la música es mucho más que una simple actividad recreativa: es un medio para
conectar y crecer juntos.
Los registros mediante observación, anotaciones anecdóticas, fotografías y el diálogo con docentes y
familias aportaron una visión integral que permitió valorar estos avances desde diferentes perspectivas.
Fue evidente que la participación activa de la comunidad educativa favorece la continuidad y
profundidad del aprendizaje musical y corporal.
En síntesis, los resultados evidencian que la música y el movimiento son recursos pedagógicos
fundamentales para potenciar el desarrollo integral en la primera infancia. Incorporar estas prácticas en
los espacios educativos de Quito no solo enriquece las experiencias de los niños y niñas, sino que
también fortalece su identidad cultural y social, contribuyendo a una educación más humana, inclusiva
y significativa.
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