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la relación con la Madre Tierra desde principios de reciprocidad, equilibrio y cuidado. En términos
teóricos, estos saberes pueden ser interpretados como fundamentos de una sostenibilidad comunitaria
que dialoga con el enfoque de desarrollo humano sostenible, al integrar dimensiones culturales,
ambientales y éticas como ejes centrales del bienestar colectivo (PNUD, 2024).
La exclusión social que enfrentan las mujeres indígenas no puede entenderse como resultado de
condiciones individuales, sino como una consecuencia de estructuras económicas, sociales e
institucionales que reproducen la desigualdad. Como advierte Carrasco Fernández (2017), la pobreza y
la exclusión responden a dinámicas estructurales que limitan el acceso a derechos y oportunidades. En
este sentido, la exclusión se manifiesta como un entramado de restricciones materiales, relacionales e
institucionales que afectan sobre todo a las mujeres indígenas, tal como lo plantea Jiménez Ramírez
(2008).
En el contexto guatemalteco, marcado por el racismo y la discriminación hacia las mujeres indígenas,
la exclusión social se ve agravada por la falta de reconocimiento de sus saberes y experiencias (Navarro
Miranda, 2023). Frente a esta realidad, los saberes ancestrales y las formas propias de organización
comunitaria se constituyen en estrategias de resistencia y dignificación. Escuchar y visibilizar las voces
de las mujeres indígenas permite comprender la exclusión desde una perspectiva comunitaria y
reconocerlas como autoridades epistémicas y productoras de conocimiento desde sus experiencias de
opresión y resistencia, aspecto fundamental para orientar intervenciones y políticas públicas
interculturales basadas en la equidad y el respeto a la diversidad cultural (Cumes, 2012).
El marco teórico del estudio se articula a partir del paradigma constructivista, en diálogo con los aportes
de la teoría feminista, la teoría crítica y el enfoque de desarrollo humano. Desde el constructivismo, la
realidad se concibe como un proceso socialmente construido, ya que “la realidad se construye mediante
el interaccionismo simbólico de los sujetos que conforman un grupo social” (Ramos, 2015). En este
marco, las teorías feministas ofrecen una lectura crítica de las relaciones de poder y de las formas de
subordinación de género, al problematizar las estructuras sociales, económicas y culturales que
reproducen la desigualdad entre hombres y mujeres. En esta línea, Nussbaum (2002), sostiene que la
justicia social debe atender las condiciones reales de vida de las mujeres, reconociendo las restricciones
que enfrentan para desplegar plenamente sus capacidades humanas.