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Acrobacia y espectáculo en las calles
Las compilaciones y publicaciones salseras del periódico El País muestran un cambio decisivo: el foco
se desplaza del músico al cuerpo del bailarín (Fig. 5). Las imágenes fragmentan visualmente el cuerpo,
enfatizando piernas, torsos y giros en movimiento, como se observa en las contorsiones de los bailarines
caleños, en lugar de enfatizar las orquestas musicales.
Siguiendo a Mauss (1934), el cuerpo constituye una técnica corporal especializada donde la destreza
desempeña un papel crucial, mientras que en términos de Bourdieu (1977), se configura como habitus
(estructura estructurada) que produce visibilidad y sentido estético. Cada giro, torsión o marcación se
convierte, en consecuencia, en un registro visual de la musicalidad, reforzando la centralidad del cuerpo
en el régimen estético caleño.
Henri Lefebvre (1991) sostiene que el espacio es una producción social, y en Cali esta producción está
mediada profundamente por la salsa; desde las casas y el barrio en los champús bailables y los aguaelulos
de los años 70, hasta las calles y parques donde se realiza La Feria de Cali en la actualidad. Las calles,
barrios y espacios públicos se transforman en escenarios performativos, donde la coreografía distribuye
movimiento e intensifica la experiencia del espacio. La ciudad no solo alberga la salsa: la encarna.
Lo anterior conlleva a decir que los eventos de baile, los festivales y la circulación de música y cuerpos
en espacios públicos configuran una coreografía urbana, en la que la ciudad misma se convierte en un
registro estético que interactúa con el ritmo, el cuerpo y la percepción visual del espectador.
El vestuario, por su parte, amplifica la visibilidad del movimiento y contribuye a la intensificación
perceptiva. Materiales brillantes, colores saturados y cortes específicos no solo decoran, sino que
articulan performativamente identidad, género y estilo corporal. Siguiendo los postulados de Butler
(1993) sobre performatividad, “tales actos, gestos y representaciones, en general, son performativos en
el sentido de que la esencia o identidad que pretenden expresar son construcciones elaboradas y
sostenidas mediante signos corporales y otros medios discursivos” (p. 173).
Aunado a esto, la visualidad del vestuario participa en la construcción de una suerte de sociedad del
espectáculo (Fig. 6), misma que, por medio de sus imágenes, va acumulando capital cultural (Debord,
1994). No obstante, en Cali se articula con prácticas populares locales, donde la repetición de estilos
corporales genera continuidad estética y cultural, fortaleciendo el régimen de visibilidad del género.