LA EDUCACIÓN AMBIENTAL COMO EJE
TRASVERSAL EN EL CURRÍCULO
EDUCATIVO: UN ENFOQUE DE LA
ECONOMÍA CIRCULAR
“ENVIRONMENTAL EDUCATION AS A CROSS-
CUTTING AXIS IN THE EDUCATIONAL CURRICULUM: A
CIRCULAR ECONOMY APPROACH.”
Edwin Valdomiro Bastidas Céron
Universidad pedagógica experimental libertador
Giovanna Bolaños Tacan
Universidad pedagógica experimental libertador
Carlos Arnichend Melo Delgado
Universidad pedagógica experimental libertador
María Alejandra Castro Reyes
Universidad pedagógica experimental libertador

pág. 3666
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23404
La educación ambiental como eje trasversal en el currículo educativo: un
enfoque de la economía circular
Edwin Valdomiro Bastidas Céron1
edwin10bastidas@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-8409-3375
Universidad pedagógica experimental libertador
Giovanna Bolaños Tacan
gibo.7215@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-2154-4768
Universidad pedagógica experimental libertador
Carlos Arnichend Melo Delgado
Kamede75@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-2776-3174
Universidad pedagógica experimental libertador
María Alejandra Castro Reyes
alejandramelbak@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0006-5257-4315
Universidad pedagógica experimental libertador
RESUMEN
La creciente preocupación mundial por la crisis ambiental ha impulsado el desarrollo sostenible como
eje fundamental para el futuro. Destaca hitos históricos como la Conferencia de Estocolmo (1972), el
Informe Brundtland (1987) y la Agenda 21, que consolidan la integración de lo económico, social y
ambiental. Posteriormente, iniciativas como Río+20 y la Agenda 2030 refuerzan el compromiso global,
especialmente mediante los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que promueven la educación
ambiental y el consumo responsable. El desarrollo humano sostenible requiere transformar
profundamente el currículo educativo, incorporando nuevas estrategias pedagógicas y redefiniendo los
objetivos institucionales. Más allá de transmitir conocimientos, la educación debe fortalecer las
capacidades de los estudiantes para proteger los ecosistemas y promover una sociedad que valore la
vida. Asimismo, destaca la importancia de articular la educación ambiental con la economía circular,
mediante orientaciones pedagógicas que faciliten su aplicación, con el fin de formar individuos
conscientes de la interrelación entre naturaleza, economía y sociedad.
Palabras Clave: Desarrollo sostenible, educación ambiental, economía circular, transversalidad
curricular.
1 Autor principal
Correspondencia: edwin10bastidas@gmail.com

pág. 3667
“Environmental Education as a Cross-Cutting Axis in the Educational
Curriculum: A Circular Economy Approach.”
ABSTRACT
The growing global concern about the environmental crisis has driven sustainable development as a
fundamental axis for the future. Key historical milestones include the Stockholm Conference (1972),
the Brundtland Report (1987), and Agenda 21, which consolidate the integration of economic, social,
and environmental dimensions. Subsequently, initiatives such as Rio+20 and the 2030 Agenda reinforce
global commitment, particularly through the Sustainable Development Goals (SDGs), which promote
environmental education and responsible consumption. Sustainable human development requires a
profound transformation of the educational curriculum, incorporating new pedagogical strategies and
redefining institutional objectives. Beyond the transmission of knowledge, education must strengthen
students’ capacities to protect ecosystems and promote a society that values life. Likewise, the
importance of articulating environmental education with the circular economy is emphasized, through
pedagogical guidelines that facilitate its implementation, with the aim of training individuals aware of
the interrelationship between nature, economy, and society.
Keywords: sustainable development, environmental education, circular economy, curricular
transversalization
Artículo recibido 28 febrero 2026
Aceptado para publicación: 28 marzo 2026

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INTRODUCCIÓN
En la actualidad, la creciente preocupación mundial por la problemática ambiental caracterizada por
fenómenos como el cambio climático, la deforestación, la perdida de la biodiversidad y la
contaminación, ha impulsado la creación de entornos sociales, políticos y legales orientados hacia la
preservación del medio ambiente y al fomento de acciones hacia la sostenibilidad. Este panorama ha
dado lugar a una serie de acontecimientos que han abierto la brecha para el desarrollo sostenible como
una apuesta de vital importancia para el futuro de la ciudadanía. Asimismo, se puede resaltar la primera
Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, celebrada en Estocolmo en el año de
1972. Este evento fue trascendental, ya que, por primera vez, se destaca el medio ambiente como un
tema de importancia mundial.
Otro hito fundamental fue el Informe Brundtland titulado “Nuestro Futuro Común”, desarrollado en
1987 por la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (CCMAD), creada por la ONU
para velar por el medio ambiente a escala global. Este informe es el primer documento en establecer
formalmente el concepto de Desarrollo Sostenible, basado en tres pilares de suma importancia como es
el progreso económico, la preservación del medio ambiente y la justicia social. Así como, el Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Agenda 21, surge de la Conferencia de
las Naciones Unidas, la cual se llevó a cabo en Rio de Janeiro, en 1992. Se denominó “Cumbre de la
Tierra”, tiene como finalidad promover el desarrollo sostenible, con miras a mitigar el impacto humano
sobre el medio ambiente.
Posteriormente, la Agenda 21 se consolidó como un marco normativo legal, que establece un conjunto
de normas para el desarrollo sostenible, promoviendo la participación activa de todas las naciones y
habitantes, y no de manera aislada. A nivel local, la Agenda 21 Escolar, se implementa en instituciones
educativas, cuyo proceso está ligado con la educación ambiental y la conciencia ambiental. Su propósito
es analizar el estado ambiental, social y económico, en la búsqueda de soluciones a problemáticas
actuales mediante proyectos sostenibles que reduzcan el impacto ambiental.
La comunidad escolar juega un papel fundamental de este cambio, ya que representa uno de los
elementos clave en el desarrollo de una Agenda 21 Escolar, la cual debe arrancar por involucrar a todas
las partes participes del proceso, pues es fundamental que el entorno educativo garantice la formación

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integral para abordar el desarrollo sustentable, aprovechamiento de los recursos para productos que
puedan ser utilizados para suplir necesidades del entorno.
Otro acontecimiento en este proceso fue la Conferencia de las Naciones Unidas conocida como Rio +20,
celebrada el 22 de junio de 2012, donde los gobiernos a nivel mundial reafirmaron su compromiso con
el desarrollo sostenible. Este evento marco el inicio de acciones globales, promoviendo la integración y
coherencia de políticas que abarcan los ámbitos social, económico y ambiental, con miras de que el
impacto ambiental sea minimizado, y que posteriormente, culminaron en la adopción de la Agenda 2030
para el Desarrollo Sostenible en 2015. Su propósito era guiar a los países hacia la construcción de un
futuro más inclusivo y equitativo para todos.
Dentro de este marco, la adopción de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), establecidos por
la Organización de las Naciones Unidas, representa una estrategia clave para contribuir a la erradicación
de problemas globales como la pobreza, la discriminación y la contaminación ambiental (Organización
de las Naciones Unidas, 2015). El ODS número 4, “Educación de calidad”, busca garantizar una
educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo el aprendizaje a lo largo de la vida para todos.
Este objetivo orienta la inclusión de la educación ambiental en los planes de estudio, haciendo un
llamado a integrar la sostenibilidad en la formación educativa a todos los niveles. De acuerdo con
Chávez (2023):
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible son las propuestas planteadas a fin de erradicar las principales
problemáticas sociales, económicas, políticas y ambientales en el mundo y de plantear estrategias
viables con fines de desarrollo para cada país; algunos de estos objetivos van ligados con la educación
ambiental porque su función específica va proyectada hacia el cuidado medioambiental para garantizar
una vida próspera. (Chavez, 2023, p. 111)
Además, El ODS número 12, que promueve la “Producción y Consumo Responsables”, impulsa un
cambio hacia un modelo sostenible, alineado directamente con los principios de la economía circular.
Este enfoque fomenta prácticas de consumo consiente y responsable, siendo esencial integrarlo en la
educación ambiental dentro del currículo escolar es esencial para la obtención de una conciencia social
sobre los problemas medioambientales, al mismo tiempo que promueve la asunción de
responsabilidades tanto individuales como colectivas para la reducción de la huella ecológica. En este

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sentido, es imperativo implementar enfoques transformadores que modifiquen la forma en que se
gestionan los recursos naturales, considerando las consecuencias de nuestras acciones a corto y largo
plazo.
En 2021, los ministros de Medio Ambiente de América Latina y el Caribe lanzaron oficialmente la
Coalición de Economía Circular. Según la ONU (2021) “El planeta ya no puede soportar nuestra manera
de extraer, usar y desperdiciar recursos”. La economía circular promueve un modelo innovador para
superar los obstáculos de matera inclusiva, rompe con los patrones tradicionales de consumo y ofrece
nuevas oportunidades para el desarrollo sostenible, abordando de manera efectiva los desafíos globales.
El concepto de desarrollo sostenible no se limita únicamente a satisfacer las necesidades de la generación
actual, sino que también busca preservar los recursos para las generaciones futuras. Para lograr esto, es
necesario adaptar el currículo educativo de manera inmediata para generar un verdadero cambio en la
formación de los estudiantes. Esta integración como eje trasversal en el currículo educativo, se presenta
como una estrategia clave para vincular el conocimiento en todas las áreas, generando un aprendizaje
significativo y mejorando la capacidad de los estudiantes para enfrentar los retos medioambientales.
Los sistemas educativos, en general, atraviesan un proceso de transformación constante como respuesta
a los cambios tecnológicos, económicos, sociales y ambientales. Estos cambios son el resultado de un
mundo globalizado que obliga a los contextos educativos a buscar, experimentar e investigar nuevas
maneras de abordar los retos de los tiempos actuales. En este escenario, la educación ambiental y su
inclusión en el currículo siguen una trayectoria orientada al fomento de valores ambientales en las
nuevas generaciones, a través de enfoques pedagógicos que promuevan una educación comprometida
con la sostenibilidad y la necesidad de transformar nuestra relación con el entorno. Frente a ello, Pérez
(2023) menciona que:
La educación ambiental se presenta como una herramienta de conciencia para lograr un equilibrio entre
el ser humano y el entorno; basados en el desarrollo de valores, actitudes, aptitudes, conductas y estilos
de vida que aportan a la participación de los individuos y a su forma tan controversial de comportarse.
(Pérez, 2023, p.18)
La puesta en marcha de la educación ambiental como instrumento eficaz, eficiente y asertiva permite
visibilizar y confrontar las diferentes problemáticas medioambientales, derivadas de falencias sociales

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y éticas en la relación hombre – naturaleza, permitiendo que los individuos comprendan los problemas
ambientales, desarrollen actitudes, comportamientos responsables y contribuyan de forma positiva para
proponer alternativas que proporcionen un buen nivel de vida para todos
En países como España, el Consejo de la Unión Europea establece que los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS) deben ser incorporados en el currículo escolar. En Finlandia, se promueve la
integración de la construcción de un futuro sostenible en todas las asignaturas del sistema educativo.
Por su parte, en Irlanda, los ODS son una parte esencial de los planes de estudio, con un énfasis particular
en la educación ambiental, que se ha consolidado como un pilar fundamental dentro del currículo
educativo. La implementación de esta metodología resulta clave para generar una conciencia colectiva
sobre lo urgente que es proteger los recursos naturales, abordando este tema desde diferentes áreas del
conocimiento (Guardeño & Monsalve Lorente, 2023, p. 4).
En el contexto colombiano, la Ley 115 de 1994 representa un logro significativo en la promoción de
una consciencia ambiental en todos los niveles y contextos sociales (Congreso de Colombia, 1994). Esta
legislación no solo establece la obligatoriedad de la educación ambiental en el sistema educativo, sino
que también reconoce la importancia de integrar aspectos sociales, económicos y culturales en los
programas de estudio, sentando así las bases para una formación integral y sostenible.
Es posible integrar la educación ambiental en los escenarios académicos para fomentar que los
estudiantes desarrollen un pensamiento crítico sobre su papel transformador, alentándolos a ser creativos
en sus propuestas. Esto debe lograrse de manera que la motivación para la realización de trabajos o
algún tipo de labor surja de su propia iniciativa, promoviendo un cambio personal que impacte en
diversos escenarios, ya sean políticos, sociales o educativos. La educación ambiental requiere la
adopción de metodologías de aprendizaje que favorezcan la colaboración o contribución todos los
miembros del entorno educativo. Este enfoque debe orientar a todos hacia un mundo mejor, fomentando
individuos activos, creativos y consientes de la necesidad de cambio, lo que generará una estrategia
práctica que no solo busque mejorar, sino también de impactar positivamente en la sociedad.
Finalmente, Quintero (2020), señala que “la educación ambiental se consolida como uno de los ejes
transversales, ya que es una necesidad global propiciar elementos actitudinales y éticos que bien podrían
ayudar a mitigar el deterioro ambiental causado por la sociedad” (p.33). De este modo, la educación

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ambiental forma parte del contexto escolar, desde lo local hacia lo global, de forma que genere procesos
de cambio en el individuo y en el escenario educativo, contribuyendo a transformaciones significativos
a nivel social. Así, todos los actores educativos involucrados en actividades que requieran pensar en las
problemáticas ambientales, aplicar propuestas de protección del medio ambiente y reflexionar sobre la
acción propia para cambiar el panorama ambiental actual, deben ser considerados como agentes activos
en este proceso.
Otro aspecto de gran interés es la necesidad de enseñar en entornos que dinamicen el aprendizaje en
áreas no solo de las ciencias naturales, sino que también deben incorporar este componente en diversas
asignaturas, como ciencias sociales, lengua y literatura, matemáticas, arte, entre otras. Involucrando
estrategias de gestión con la localidad, la participación activa del estudiante en prácticas ambientales y
la vinculación de prácticas sostenibles en su formación, lo cual debe ir formulado en el currículo de la
institución y programa de estudios. De este modo, los estudiantes adquirirán una visión general de todo
lo que afecta de forma negativa el medio ambiente los problemas ambientales y se sensibilizarán sobre
la importancia de su contribución con el cuidado del medio ambiente, desde diferentes perspectivas.
Al incluir la economía circular en el currículo institucional, se pretende, crear un modelo que busca
reemplazar el modelo de economía lineal tradicional de producción y consumo, que según Falappa
(2019), se basa en “Extraer, Producir y Desechar” (p. 3). Este modelo propone un sistema en el que los
residuos no se desechen, sino que se conviertan en nuevos productos para su reutilización, minimizando
la generación de desechos.
De acuerdo con De Miguel et al. (2021), citando a Deckymn (2018), Solórzano (2018) y Ellen
MacArthur Foundation (2013):
El objetivo de la economía circular es preservar el valor de los materiales y productos durante el mayor
tiempo posible, evitando enviar de regreso a la naturaleza la mayor cantidad de desechos que sea posible
y logrando que estos se reintegren al sistema productivo para su reutilización. De esta forma, se reduce
la generación de residuos al mínimo y se cierra su ciclo de vida, de modo que, los residuos no sean vistos
como desechos sino como recursos. (De Miguel et, p. 10)

pág. 3673
La economía circular promueve un enfoque basado en la reducción, reutilización y reciclaje de
materiales, otorgando un nuevo valor a los residuos antes de ser desechados. Este modelo promueve un
enfoque más integral en el currículo educativo, pues permite a la comunidad educativa comprender los
retos globales de manera integral, adquiriendo las competencias necesarias para aplicar soluciones
sostenibles en la vida cotidiana.
Desde una perspectiva crítica y fundamentada, la educación ambiental como eje transversal del currículo
educativo, articulada con el enfoque de la economía circular, en el marco del desarrollo sostenible. A
partir del contraste entre los planteamientos teóricos, normativos e internacionales que configuran el
deber ser de la educación ambiental y la realidad observada en los contextos educativos, se busca
problematizar las brechas existentes en su implementación curricular. Asimismo, el artículo pretende
aportar reflexiones teóricas que contribuyan a la resignificación del currículo escolar, orientándolo hacia
la formación de sujetos críticos, conscientes y comprometidos con la sostenibilidad ambiental y social,
en coherencia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las demandas educativas del siglo XXI.
En términos generales, el enfoque de la economía circular no solo se limita a los modelos productivos
de las empresas, sino que resulta crucial su implementación en el ámbito educativo, ya que cada vez
más instituciones educativas incorporan los principios de la economía circular en torno a la
sostenibilidad, lo que contribuye a una educación más holística, este enfoque busca formar a las nuevas
generaciones como agentes de cambio, promoviendo la protección del medio ambiente y la construcción
de un futuro más sostenible. La interacción entre estos elementos propicia cambios profundos, tanto a
nivel personal como social. Al orientar la educación de manera integral, no solo se fomenta la
sensibilidad hacia competencias ciudadanas, sino también hacia la participación activa, bajo la
perspectiva del desarrollo sostenible, con el fin de abarcar una propuesta completa que permita alcanzar
los objetivos deseados, alineados con los parámetros de la Agenda 2030.
Solo a través de un enfoque educativo integral podemos formar generaciones conscientes y preparadas
para enfrentar los desafíos globales del futuro. Este tipo de educación impacta profundamente desde la
cultura propia, convirtiendo las aulas en escenarios de cambio, promoviendo vínculos y motivación a
todos los actores sociales a tomar acción en pro de un futuro más sostenible e involucrando a todas las
generaciones, pasadas, actuales y futuras.

pág. 3674
En coherencia con lo anterior, el objetivo del presente estudio es reflexionar y fundamentar teóricamente
la integración de la educación ambiental y la economía circular como ejes estructurantes del currículo
escolar, orientados a la resignificación curricular desde la perspectiva del Desarrollo Humano Sostenible
y a la formación de ciudadanos capaces de afrontar los desafíos socioambientales contemporáneos.
La educación ambiental en el contexto del desarrollo sostenible
La educación ambiental se configura como un campo de conocimiento fundamental para la comprensión
y mejoramiento en la interacción entre la humanidad y el entorno natural. Su desarrollo responde a la
creciente preocupación por el deterioro ambiental y a la necesidad de formar ciudadanos capaces de
afrontar los desafíos socioambientales contemporáneos desde una perspectiva crítica y responsable. En
este sentido, la educación ambiental se articula directamente con el desarrollo sostenible, entendido
como un modelo integrador de las dimensiones sociales, económicas y ambientales de forma
equilibrada.
En sus primeras aproximaciones, la educación ambiental estuvo influenciada por enfoques
conservacionistas, centrados en la preservación de los recursos naturales y en la modificación de
comportamientos individuales frente al uso del medio ambiente. No obstante, este enfoque resultó
limitado para abordar la complejidad de las problemáticas ambientales actuales, las cuales presentan un
carácter sistémico y multicausal. Tal como lo señala Pérez (2023), “la crisis ambiental no puede ser
comprendida únicamente desde una dimensión ecológica, sino que involucra factores sociales,
culturales, políticos y éticos que exigen una educación ambiental orientada a la reflexión crítica y a la
transformación social.” (p. 18).
La relación entre educación ambiental y desarrollo sostenible se fortalece a partir del reconocimiento de
que la sostenibilidad implica una revisión profunda de los modelos de desarrollo y de las formas de
interacción con la naturaleza. El Informe Brundtland, titulado Nuestro Futuro Común, constituye un
referente fundamental al conceptualizar el desarrollo sostenible como aquel que contribuye a satisfacer
las necesidades actuales sin afectar a las generaciones futuras. Desde esta perspectiva, la educación
ambiental adquiere un papel estratégico al promover la comprensión de las interrelaciones entre
sociedad, economía y medio ambiente, así como la adopción de prácticas responsables orientadas al
bienestar colectivo.

pág. 3675
En concordancia con lo anterior, la incorporación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
refuerza el papel de la educación como eje transformador de la sociedad. El ODS 4, se orienta a respaldar
que la educación sea efectiva, significativa e inclusiva. Plantea la necesidad de que se integre la
sostenibilidad en los procesos formativos, reconociendo la educación ambiental como un componente
crucial para el fortalecimiento de valores, actitudes y competencias orientadas a la protección del
entorno (Organización de las Naciones Unidas, 2015).
Desde enfoques más recientes, la educación ambiental se concibe como una propuesta crítica y
transformadora que trasciende la transmisión de contenidos y se orienta hacia la formación de sujetos
conscientes, participativos y comprometidos con la transformación de su realidad. De acuerdo con
Quintero (2020), “la educación ambiental se consolida como un componente transversal del currículo,
en tanto responde a una necesidad global de incorporar dimensiones éticas y actitudinales que
contribuyan a mitigar el deterioro ambiental generado por las prácticas sociales dominantes” (p. 33).
Esta concepción permite superar visiones reduccionistas que limitan la educación ambiental a
actividades aisladas o a contenidos propios de las ciencias naturales.
Desde una perspectiva sistémica, la educación ambiental en el marco del desarrollo sostenible reconoce
la interdependencia entre los sistemas naturales y sociales, así como los problemas ambientales
contemporáneos. En consecuencia, se hace necesario desarrollar procesos educativos que permitan el
pensamiento crítico, la comprensión y la construcción colectiva del conocimiento. De este modo, la
educación ambiental se presenta como un proceso permanente que contribuye a la formación integral de
una ciudadanía comprometida con la sostenibilidad ambiental y social.
En síntesis, la educación ambiental, concebida desde el enfoque del desarrollo sostenible, trasciende su
función informativa para consolidarse como un componente estructural del proceso educativo. Su
incorporación en los sistemas educativos responde a la necesidad de formar sujetos críticos y
responsables, capaces de comprender y actuar frente a la crisis socioambiental, sentando las bases para
una educación orientada al desarrollo sostenible y a la transformación social.
La transversalidad curricular como estrategia pedagógica para la formación ambiental
La transversalidad curricular se constituye como una estrategia pedagógica fundamental para integrar la
educación ambiental en los procesos formativos, en tanto posibilita la articulación de saberes, valores y

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actitudes en todas las áreas del conocimiento. Este enfoque surge como respuesta a la fragmentación del
currículo tradicional y a la necesidad de abordar problemáticas complejas, como la crisis ambiental,
desde una perspectiva integral, contextualizada e interdisciplinar.
Desde el campo de la teoría curricular, la transversalidad se concibe como un principio orientador que
permite incorporar ejes formativos de carácter social, ético y ambiental de manera permanente y no
aislada en los planes de estudio. En este sentido, la educación ambiental, al ser reconocida como un eje
transversal, trasciende su ubicación exclusiva en áreas específicas, como las ciencias naturales, para
permear el conjunto de prácticas pedagógicas y experiencias de aprendizaje. Esta concepción favorece
la construcción de aprendizajes significativos, al vincular los contenidos académicos con la realidad
social y ambiental del contexto educativo.
No obstante, la implementación de la transversalidad curricular plantea importantes desafíos en el
ámbito escolar. Uno de los principales obstáculos se relaciona con la distancia existente entre el currículo
prescrito y el currículo real. Mientras que los documentos oficiales y normativos suelen promover la
integración de ejes transversales, en la práctica educativa persisten enfoques disciplinarios rígidos que
dificultan su concreción. De acuerdo con Quintero (2020), “la transversalidad suele quedar reducida a
formulaciones discursivas, sin una incidencia real en las prácticas pedagógicas, debido a la falta de
articulación entre planificación, metodología y evaluación” (p. 41).
Asimismo, la transversalidad curricular exige una transformación en el rol del docente, quien deja de
ser un transmisor de contenidos para asumir una función mediadora en la construcción del conocimiento.
Este cambio implica el diseño de estrategias didácticas que promuevan el trabajo colaborativo, el
pensamiento crítico y la reflexión sobre las problemáticas ambientales desde múltiples perspectivas. En
este contexto, las distintas áreas del currículo pueden converger por medio de la educación ambiental
favoreciendo una comprensión holística de los fenómenos socioambientales.
Desde una perspectiva pedagógica, la transversalidad contribuye al fortalecimiento de valores y
actitudes orientadas a la sostenibilidad, al permitir que los estudiantes reconozcan que en el entorno en
el que se desenvuelve lo social, económico y ambiental tienen una interdependencia directa. Pérez
(2023) señala que “la educación ambiental, cuando se aborda de manera transversal, posibilita el
desarrollo de una conciencia crítica y responsable, al integrar contenidos conceptuales con dimensiones

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actitudinales y procedimentales en el proceso educativo” (p. 19). Esta integración resulta clave para
superar enfoques reduccionistas centrados únicamente en la adquisición de conocimientos teóricos.
En el contexto educativo colombiano, la transversalidad curricular se encuentra respaldada por marcos
normativos que reconocen la importancia de una formación integral orientada al desarrollo sostenible.
Sin embargo, su efectiva implementación requiere de procesos de resignificación curricular que
involucren a toda la comunidad educativa. Para lo cual se hace necesario que los proyectos educativos
institucionales, los planes de área y las prácticas evaluativas sean revisadas y si lo amerita hacer los
cambios necesarios, con el fin de garantizar la coherencia entre los propósitos formativos y las acciones
pedagógicas.
En síntesis, la transversalidad curricular se debe tomar como una gran opción para la educación
ambiental, en tanto permite integrar la educación ambiental de manera sistemática y coherente en el
currículo escolar. Su adecuada implementación contribuye a superar la fragmentación del conocimiento
y a promover una educación orientada a la comprensión crítica de la realidad socioambiental. No
obstante, para que esta estrategia trascienda el plano discursivo, es necesario fortalecer la formación
docente, promover el trabajo interdisciplinar y generar condiciones institucionales que favorezcan una
práctica educativa comprometida con la sostenibilidad.
Economía circular: fundamentos conceptuales y proyección educativa
En continuidad con la comprensión de la educación ambiental como campo formativo orientado al
desarrollo sostenible y con su incorporación mediante la transversalidad curricular, resulta pertinente
abordar la economía circular como un enfoque conceptual y educativo que amplía y fortalece las
posibilidades de formación ambiental en el contexto escolar. La economía circular surge para dar una
propuesta analítica y de esta forma contrarrestar el esquema económico lineal antiguo, caracterizado por
esquemas de producción y consumo basados en la extracción, uso y disposición final de los recursos, lo
cual ha contribuido significativamente al daño ambiental y a la sobreexplotación de los ecosistemas.
Desde una perspectiva conceptual, la economía circular propone un modelo de desarrollo orientado a
preservar todo tipo de material, productos y recursos por más tiempo, para minimizar de esta forma la
generación de residuos y promoviendo su reintegración en los ciclos productivos. De acuerdo con De
Miguel, Martínez, Pereira y Kohout (2021), este enfoque busca cerrar los ciclos de vida de los productos,

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de modo que los residuos no sean concebidos como desechos, sino como recursos con potencial de
reutilización, reciclaje y revalorización (p. 10). Esta visión implica una transformación profunda en las
formas de producción, consumo y gestión de los recursos naturales.
La economía circular se basa en objetivos como la reducción, la reutilización y el reciclaje, los cuales
trascienden el ámbito técnico y adquieren una dimensión educativa y cultural. En este sentido, no se
limita a la adopción de prácticas sostenibles aisladas, sino que promueve un cambio de paradigma en
cuanto a lo que respecta al binomio sociedad y el entorno. Tal como lo señala Falappa (2019), la
transición hacia modelos circulares exige una reconfiguración de los valores sociales y de las dinámicas
económicas, lo cual posiciona a la educación como un eje estratégico para impulsar dicho cambio.
En el ámbito educativo, la economía circular adquiere relevancia al constituirse como un enfoque
formativo que favorece el desarrollo de competencias ambientales, pensamiento sistémico y conciencia
crítica frente a los modelos de consumo dominante. Su incorporación en los procesos educativos permite
que los estudiantes comprendan las implicaciones ambientales, sociales y económicas de sus decisiones
cotidianas, fortaleciendo actitudes responsables y comprometidas con la sostenibilidad. En este marco,
el contexto escolar se presta como el lugar perfecto para la reflexión y la acción en torno al uso
consciente de los recursos y la construcción de una sociedad con sensibilidad ambiental y consumo
sensato.
La proyección educativa de la economía circular se vincula directamente con los propósitos de la
educación para lograr un desarrollo sostenible, en tanto promueve aprendizajes contextualizados y
significativos. Desde una perspectiva pedagógica, este enfoque favorece la adaptación de contenidos
conceptuales, procedimentales y actitudinales, posibilitando el trabajo interdisciplinar y la articulación
entre distintas áreas del currículo. Asimismo, permite el diseño de estrategias didácticas orientadas al
análisis de problemáticas reales del entorno, fortaleciendo la que los estudiantes se involucren y
participen de forma positiva en la búsqueda de soluciones sostenibles.
No obstante, uno de los retos más importantes en la incorporación de la economía circular en el currículo
escolar radica en evitar su abordaje superficial o limitado a actividades de reciclaje sin una reflexión
crítica de fondo. De Miguel et al. (2021) advierten que el resultado positivo de este enfoque depende de
su integración coherente en los procesos formativos, así como de su articulación con una educación

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ambiental crítica que cuestione las estructuras económicas y sociales que generan la crisis ambiental.
En este sentido, la economía circular debe ser comprendida como un componente formativo transversal
y no como un contenido aislado o instrumental.
En síntesis, la economía circular se configura como un enfoque conceptual y educativo que aporta
elementos fundamentales para la formación ecológica en el entorno del desarrollo sostenible. Su
integración en el currículo escolar, en articulación con la educación ambiental y la transversalidad
curricular, contribuye a la formación de sujetos críticos y conscientes de su responsabilidad frente al uso
de los recursos. De este modo, la economía circular se proyecta como una herramienta pedagógica clave
para promover transformaciones significativas en las prácticas utilizadas en las instituciones y en la
creación de una cultura orientada a la sostenibilidad.
Articulación entre educación ambiental y economía circular en el currículo escolar
La articulación entre la educación ambiental y la economía circular en el currículo escolar constituye un
componente clave para avanzar hacia una formación orientada a la sostenibilidad. En coherencia con
los fundamentos del desarrollo sostenible y con la transversalidad curricular como estrategia
pedagógica, esta integración permite abordar de manera sistémica las problemáticas socioambientales,
superando enfoques fragmentados y reduccionistas que coartan el impacto formativo de dichas
propuestas.
De igual manera comparten principios y objetivos comunes, particularmente en lo referente a la
promoción de una relación responsable entre la sociedad y el entorno natural. Mientras la educación
ambiental busca formar sujetos críticos y conscientes de su papel en la innovación de la realidad
socioambiental, la economía circular aporta un marco conceptual que cuestiona los modelos de
producción y consumo tradicionales, proponiendo alternativas orientadas a la reducción del impacto
ambiental y al uso eficiente de los recursos. En este sentido, su articulación curricular favorece una
comprensión integral de los desafíos ambientales contemporáneos y de las posibles respuestas desde el
ámbito educativo.
Desde una perspectiva pedagógica, la integración de ambos enfoques en el currículo escolar requiere
una concepción interdisciplinar y contextualizada del aprendizaje. La transversalidad curricular,
abordada en apartados anteriores, se presenta como el mecanismo que posibilita dicha articulación, al

pág. 3680
permitir que los elementos de la educación ambiental y la economía circular permeen las diferentes áreas
del conocimiento. De este modo, los contenidos no se limitan a un tratamiento teórico, sino que se
vinculan con situaciones reales del contexto, promoviendo aprendizajes significativos y pertinentes para
los estudiantes.
No obstante, uno de los principales riesgos en la articulación entre educación ambiental y economía
circular radica en su implementación meramente discursiva. En muchos contextos educativos, estos
enfoques se incorporan en los documentos institucionales sin una correspondencia clara en las prácticas
pedagógicas. De acuerdo con Quintero (2020), “la transversalidad ambiental en el currículo suele
quedarse en el plano declarativo, sin generar transformaciones reales en la enseñanza y el aprendizaje y
la falta de coherencia entre los propósitos formativos y las estrategias didácticas empleadas” (p. 45).
Esta situación evidencia la necesidad de fortalecer los procesos de planificación curricular y de
formación docente.
Asimismo, la articulación efectiva de estos enfoques exige repensar el currículo como un proyecto
cultural y social en constante construcción. Desde esta perspectiva, la educación ambiental y la
economía circular no deben concebirse como contenidos adicionales, sino como ejes estructurantes que
orientan la selección de saberes, metodologías y criterios de evaluación. Pérez (2023) “señala que la
integración de la educación ambiental en el currículo, cuando se realiza de manera transversal y
articulada, favorece el desarrollo de competencias críticas y la construcción de una conciencia ambiental
sólida, al relacionar los aprendizajes escolares con la realidad social y ambiental de los estudiantes” (p.
20).
En este marco, la economía circular aporta herramientas conceptuales y prácticas que enriquecen la
educación ambiental, al promover el análisis crítico de los ciclos de producción y consumo, así como la
reflexión sobre las consecuencias ambientales de las decisiones individuales y colectivas. De Miguel et
al. (2021) destacan que 2la incorporación de este enfoque en los procesos educativos permite fortalecer
el pensamiento sistémico y la comprensión de la interdependencia entre los sistemas económicos,
sociales y ambientales” (p. 12). Estas competencias resultan fundamentales para la formación de
ciudadanos comprometidos con la sostenibilidad.

pág. 3681
En síntesis, la articulación entre educación ambiental y economía circular en el currículo escolar
representa una oportunidad para resignificar los procesos educativos desde una perspectiva sostenible.
Su integración transversal e interdisciplinar contribuye a la formación de sujetos críticos y responsables,
capaces de vislumbrar la complejidad de las problemáticas socioambientales y de participar activamente
en la construcción de alternativas orientadas al desarrollo sostenible. No obstante, para que esta
articulación genere transformaciones significativas, es indispensable que trascienda el plano normativo
y se concrete en prácticas pedagógicas coherentes, contextualizadas y comprometidas con la realidad
educativa.
Aportaciones pedagógicas
El camino hacia el desarrollo humano sostenible a través de la educación exige cambios de fondo en el
currículo, la creación y la aplicación de nuevas estrategias pedagógicas, además de una reformulación
del propósito, función y proyección de la institución; no basta solo con la transmisión de conceptos en
el aula. La meta en las instituciones educativas debe estar dirigida a mejorar las capacidades de los
estudiantes para que sean utilizadas en la conservación y protección de los sistemas ecológicos y la
creación de una sociedad que valore por encima de todo la vida.
En este sentido, es prioridad generar una articulación de la educación ambiental con la economía
circular, acompañada de orientaciones pedagógicas que contribuyan en su implementación efectiva, con
el objetivo de formar individuos que comprendan que la naturaleza, la economía y la sociedad debe
compartir los mismos fines.
Como primera medida, se debe trabajar en la implementación de un nuevo diseño curricular basado en
las competencias para la sostenibilidad junto con los planteamientos del plan internacional del desarrollo
sostenible promovida por la ONU (2015); con este nuevo currículo lo que se pretende es promover
procesos formativos orientados a la acción transformadora. Dentro de las competencias se deben integrar
las dimensiones cognitivas, éticas y socioemocionales con la idea de fomentar en los estudiantes el
pensamiento sistémico, la responsabilidad intergeneracional y la participación ciudadana activa.
Como un segundo paso, para realizar los cambios en el currículo institucional y aplicarlos se hace
necesario el fortalecimiento de la formación docente en educación sobre el desarrollo sostenible. La
UNESCO (2020) a través de su programa “Enseñanza para la sostenibilidad para alcanzar los ODS (EDS

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2030)”, afirman que los docentes necesitan capacitación para realizar el trabajo pedagógico en sus clases
e integrar la sostenibilidad por medio de herramientas que les permitan un diseño interdisciplinar,
evaluación formativa y la gestión de proyectos escolares orientados a la economía circular.
Y por último desde la perspectiva institucional es fundamental que prácticas de economía circular sean
incluidas dentro del proyecto educativo institucional, como proyectos comunitarios o la gestión
responsable de residuos, algo que se ha intentado en mi institución, el cual a pesar de no tener
continuidad en su aplicación, si ha tenido éxito en el momento que se ha realizado, puesto que la mayoría
de la comunidad educativa se ha involucrado y se han obtenido recursos para la institución como la
adecuación del patio de juegos para los estudiantes de preescolar. Esto indica que el crecimiento y la
práctica de acciones de modelo de producción y economía sostenible en las instituciones genera
transformación en el contexto educativo, puesto que promueven el trabajo comunitario, a la vez que
contribuye a fomentar valores ambientales y la obtención de recursos económicos.
A pesar que dentro de la Ley Nacional de Educación Colombiana, la Ley 115, se expresa como
obligatorio impartir la educación ambiental en las instituciones educativas, estas no cuentan con una
articulación solida entre política pública, gestión institucional y práctica pedagógica para que la
educación ambiental se imparta de forma efectiva; como contrarresto a esta situación es preciso
establecer redes interinstitucionales que vinculen escuelas, universidades, entidades gubernamentales y
el sector productivo, con el fin de desarrollar proyectos colaborativos orientados a la sostenibilidad local.
Por su puesto también es consecuente la aplicación de enfoques de aprendizaje activo y colaborativo
tales como estrategias educativas basadas en proyectos, el aprendizaje-servicio como también la
investigación escolar.
La Educación Ambiental cumple un papel primordial en la formación integral de las personas, ya que
les permite percibir la dinámica de la vida desde una visión amplia y sistémica. A través de ella, el
individuo se reconoce no solo como parte de la naturaleza, sino también como un ser social que
interactúa y se relaciona con su entorno biofísico, social y político. Este enfoque favorece una
comprensión crítica de la realidad y de las múltiples interdependencias que existen entre sociedad y
naturaleza.

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En el ámbito escolar, la Educación Ambiental fortalece el tejido social al integrar a estudiantes, docentes
y familias en procesos colectivos de transformación. De esta manera, la escuela se convierte en una zona
de participación y edificación conjunta, donde se promueve el sentido de pertenencia, la responsabilidad
compartida y la solidaridad. Esta articulación entre escuela y comunidad resulta esencial para alcanzar
los propósitos formativos, pues conecta el aprendizaje con la vida cotidiana de los estudiantes y con las
necesidades reales de su contexto.
Para avanzar hacia este modelo educativo, se requieren docentes investigadores que asuman el rol de
guías, orientadores y dinamizadores de proyectos. Su labor no solo implica acompañar procesos
pedagógicos, sino también actuar como puente entre los distintos sectores de la comunidad. Asimismo,
es indispensable priorizar su formación, actualización y perfeccionamiento, así como la preparación de
otros agentes educativos ambientales.
La Educación Ambiental también impulsa una transformación cultural hacia la sostenibilidad. Promueve
una manera de concebir la relación sociedad–naturaleza, fomentando prácticas responsables como la
reducción, reutilización y reciclaje, con el fin de reducir la influencia sobre los recursos naturales. Al
mismo tiempo, contribuye a visibilizar que la crisis ambiental es un fenómeno estructural y global, que
exige corresponsabilidad entre naciones, comunidades e individuos.
En última instancia, la Educación Ambiental busca formar sujetos éticos, críticos y comprometidos con
su entorno. No se limita a la transmisión de conocimientos tradicionales, sino que promueve actitudes y
valores orientados al cuidado de la vida y al bienestar colectivo. Así, contribuye a la reconstrucción de
comunidades más resilientes, enfocadas, solidarias y capaces de afrontar los desafíos ambientales
actuales.
La educación ambiental es clave para formar seres humanos conscientes ya que permite la ver la vida
en su totalidad, entendiendo como todo está interconectado entre sí, sintiéndonos parte de la naturaleza
como un seres sociales que interactúan con su entorno físico, esto invita a mirar la realidad con ojos
críticos reconociendo todas esas conexiones entre la sociedad y el mundo natural, en este punto la
escuela es clave para la formación consciente de estudiantes y docentes capaces de afrontar los desafíos
ambientales que día a día asechan al mundo, para esto es indispensable priorizar la formación y
actualización de todo el equipo docente, sin dejar de lado las familias y la comunidad que desde ya

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deben unir esfuerzos a través de proyectos colectivos donde todos participen y construyan, fomentando
el sentido de pertenencia, la responsabilidad compartida y la solidaridad.
Desde esta perspectiva la educación ambiental busca formar sujetos éticos, críticos y comprometidos
con su entorno, por lo tanto es vital enlazar estos aprendizajes con la vida diaria y los problemas reales
de la comunidad, instaurando currículos reales donde los profesores que investigan y actúan como guías
de proyectos no solo acompañen clases sino que generen currículos transversales, impulsando una
transformación cultural hacia la sostenibilidad, promoviendo prácticas responsables como la reducción,
reutilización y reciclaje, llevando al sistema educativo paso a paso hacia la economía circular, lo que
exige una corresponsabilidad de toda la comunidad educativa y del gobierno.
En el ámbito escolar, la educación ambiental fortalece el tejido social al integrar a estudiantes, docentes
y familias en procesos colectivos de transformación por eso que hay que invertir en la formación
continua en actualizarlos y prepararlos bien junto con otros educadores ambientales, promoviendo
estilos de vida responsables que impacten positivamente en la comunidad, Visibilizando que la crisis
ambiental no es un problema aislado, sino un problema grande global.
Por tal motivo, es importante preponderar el papel que desempeñan muchas instituciones educativas del
País y la región, donde a través de proyectos ambientales exitosos, han creado cultura del reciclaje dentro
y fuera de las aulas educativas, muchas de estas instituciones tienen huertas caseras donde los insumos
que cultivan son utilizados en los restaurantes escolares, otros utilizan el ampostaje y surten abono
orgánico para reutilización, entre otros proyectos significativos para la trasformación.
De esta manera, educación ambiental invita a cambiar nuestra cultura hacia la sostenibilidad nos hace
repensar cómo nos relacionamos con la naturaleza imputando hábitos responsables como reducir
reutilizar y reciclar para no agotar los recursos, una propuesta viable para el desarrollo de la educación
ambiental sostenible en las instituciones educativas se basa en el reemplazo de hojas de papel bond cuya
producción genera graves impactos ambientales, incluyendo la deforestación, el consumo excesivo de
agua y de energía, además de la producción de gases de efecto invernadero, dañinos y perjudiciales para
el planeta tierra; por estas y muchas razones más se deben impulsar proyectos ambientales que
promuevan en cambio por hojas de papel reciclable que es una opción ecológica y sostenible para el
medio ambiente.

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Así mismo, se debe promover en los estudiantes el uso de cuadernos con hojas reciclables, imaginemos
que solo en una institución educativa que tenga un promedio de 1000 estudiantes cada estudiante en
promedio debe tener 13 cuadernos por cada materia, esto equivale a 19.500 cuadernos elaborados con
material reciclable, al impulsar este tipo de iniciativas se generaría un cambio positivo a nivel ambiental,
ahora bien a gran escala equivale a una trasformación social de gran impacto que Impulsa la
participación de toda la comunidad educativa en la disminución de problemáticas ambientales. Al
generar este tipo de propuestas de educación ambiental como eje transversal del currículo, se plantean
una estrategia de prevención y mitigación del deterioro ambiental
Finalizando todas las comunidades debemos asumir responsabilidades, así como encaminar propuestas
que busquen formar personas éticas, críticas y comprometidas con nuestro entorno, cultivando actitudes
valores para cuidar la vida y el bien común así ayudarnos a crear comunidades más fuertes y solidarias
y listas para enfrentar los retos ambientales actuales y del futuro impulsando hacia la economía circular.
Para concluir, las aportaciones pedagógicas aquí planteadas buscan contribuir al fortalecimiento de una
educación ambiental crítica, transversal e integrada a la economía circular, en coherencia con los
postulados del Desarrollo Humano Sostenible. Su implementación demanda voluntad política,
compromiso institucional y reflexión pedagógica permanente. Solo mediante una acción articulada entre
política pública, investigación educativa y práctica escolar será posible consolidar un currículo
verdaderamente orientado a la sostenibilidad y al desarrollo integral del ser humano.
Reflexiones finales: hacia una resignificación curricular para la sostenibilidad
El análisis desarrollado a lo largo de este artículo permite reconocer que la educación ambiental,
concebida como eje transversal del currículo educativo y articulado con el enfoque de la economía
circular, constituye una apuesta formativa indispensable para responder a los desafíos socioambientales
del siglo XXI. No obstante, más allá de su reconocimiento normativo y discursivo, se evidencia la
necesidad de avanzar hacia una resignificación profunda del currículo escolar que permita materializar
estos enfoques en prácticas pedagógicas coherentes, contextualizadas y transformadoras.
La resignificación curricular para la sostenibilidad implica comprender el currículo no solo como un
instrumento técnico de organización de contenidos, sino como un proyecto ético, político y cultural
orientado a la formación integral de los sujetos. Desde esta perspectiva, la educación ambiental y la

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economía circular deben asumirse como ejes estructurantes que orienten la selección de saberes,
metodologías y procesos evaluativos, promoviendo una visión crítica del crecimiento y los vínculos
entre lo social, economía y medio ambiente. Esta mirada exige superar modelos educativos tradicionales
centrados en la fragmentación del conocimiento y en la transmisión acrítica de contenidos.
Asimismo, la transversalidad curricular se consolida como un planteamiento didáctico clave para una
vinculación efectiva de la sostenibilidad en los procesos educativos. Sin embargo, su implementación
demanda condiciones institucionales y pedagógicas que favorezcan el trabajo interdisciplinar, la
innovación didáctica y la actualización continua de los docentes. Desde esta perspectiva, resulta
fundamental fortalecer los procesos de reflexión pedagógica al interior de las instituciones educativas,
de modo que la transversalidad no se restrinja a un planteamiento teórico normativo, sino que se
manifieste en experiencias y aprendizaje significativas para los estudiantes.
La articulación entre educación ambiental y economía circular ofrece, además, un marco conceptual que
posibilita el desarrollo de competencias críticas, pensamiento sistémico y actitudes responsables frente
al uso de los recursos. Esta integración favorece la comprensión de las problemáticas ambientales desde
una perspectiva compleja, permitiendo a los estudiantes analizar los resultados derivados de los modelos
productivos y de consumo predominantes, de tal forma que se proponga alternativas orientadas a la
sostenibilidad. En este sentido, la escuela se posiciona como un escenario estratégico para la
construcción de una cultura ambiental que trascienda el ámbito escolar e impacte en la vida cotidiana y
en la comunidad.
Desde una proyección investigativa, se identifican múltiples líneas de profundización en el campo
educativo, se destacan los estudios orientados al análisis de experiencias concretas de integración
curricular en la sensibilización ambiental y en la producción sostenible y regenerativa, la evaluación del
impacto de estas propuestas en la preparación de los educandos y el análisis de las percepciones y
prácticas docentes frente a la transversalidad curricular. Asimismo, resulta pertinente explorar el rol de
las políticas educativas para la consolidación de currículos orientados a la sostenibilidad, así como las
tensiones existentes entre los discursos institucionales y la realidad de las aulas.
En síntesis, avanzar hacia una resignificación curricular para la sostenibilidad implica asumir la
educación ambiental y la economía circular como componentes esenciales de la formación educativa,

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capaces de favorecer la creación de sociedades más justas, equilibras y respetuosas con el medio
ambiente. Este desafío demanda un compromiso colectivo de los actores educativos y una reflexión
permanente sobre el sentido y la finalidad del currículo, con el propósito de crear habitantes críticos,
conocedores y entregados a la transformación de la realidad social como también ambiental.
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