HISTORIA Y CIENCIA SOCIAL PARA EL
CONOCIMIENTO DEL MUNDO

HISTORY AND SOCIAL SCIENCE FOR KNOWLEDGE OF THE

WORLD

Francisco Gonzalez Clavijo

Universidad Veracruzana - México
pág. 4160
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23459
Historia y Ciencia social para el conocimiento del mundo

Francisco Gonzalez Clavijo
1
francgonzalez@uv.mx

https://orcid.org/0000-0002-8385-7741

Universidad Veracruzana

México

RESUMEN

Este ensayo analiza la evolución de la historia y las ciencias sociales, en su trayectoria, destacando su
lucha por mostrar un estatus científico frente al predominio de las ciencias naturales y el modelo
positivista. Tradicionalmente, el conocimiento se dividió entre el paradigma aristotélico (comprensión)
y el galileano (explicación físico-matemática). No fue hasta el siglo XIX cuando el caos social y el
resurgimiento universitario impulsaron la necesidad de un conocimiento social formal. La historia,
inicialmente vista como un relato manipulado, se transformó en el siglo XX en una disciplina idiográfica
que utiliza archivos y métodos científicos para reconstruir el pasado y dotar de identidad a las
sociedades. El presente texto critica el parroquialismo (fragmentación del saber) y propone una visión
transdisciplinaria y holística. Se argumenta que la historia debe colaborar con la sociología, la economía
y la política para comprender la complejidad del mundo actual. Finalmente, se destaca que la objetividad
no depende de leyes universales, sino de una apertura inclusiva que una lo científico con lo humanístico.
El reto actual reside en la educación: enseñar a comprender las relaciones entre pasado y presente para
formar ciudadanos con pensamiento crítico.

Palabras clave: Historia, humanismo, ciencias sociales, visión transdisciplinaria, pensamiento crítico

1 Autor Principal

Correspondencia:
francgonzalez@uv.mx
pág. 4161
History and social science for knowledge of the world

ABSTRACT

This essay analyzes the evolution of History and Social Sciences, in their trajectory, highlighting their

struggle to show a scientific status against the predominance of the natural sciences and the positivist

model. Traditionally, knowledge was divided b
etween the Aristotelian tradition (understanding) and
the Galilean tradition (physical
-mathematical explanation). It was not until the 19th century that social
chaos and university resurgence fueled the need for formal social knowledge. History, initially
seen as
a manipulated story, was transformed in the 20th century into an idiographic discipline that uses

archives and scientific methods to reconstruct the past and provide identity to societies.
This text
criticizes parochialism (fragmentation of knowledge) and proposes a transdisciplinary and holistic

vision. It is argued that History must collaborate with sociology, economics and politics to understand

the complexity of today's world. Finally, i
t is highlighted that objectivity does not depend on universal
laws, but on an inclusive openness that unites the scientific with the humanistic. The current challenge

lies in education: teaching to understand the relationships between past and present to form citizens

with critical thinking.

Keywords
: History, Humanism, Social Science, Transdisciplinary vision, Critical thinking
Artículo recibido 28 febrero 2026

Aceptado para publicación: 28 marzo 2026
pág. 4162
INTRODUCCIÓN

El paradigma del conocimiento, una introducción

Hablar de historia como ciencia o disciplina implica, en primera instancia, contextualizarla en el marco
de las Ciencias sociales, las cuales han estado envueltas en diversas polémicas debido a que su estatus
no ha quedado cimentado en su totalidad, ya que durante sus inicios el mayor énfasis se encontraba
dirigido hacia las ciencias naturales. Por consiguiente, para hablar de las ciencias sociales, y por ende
de la historia, es preciso remontarse al surgimiento de la ciencia y a la conformación de la misma.

Si bien es cierto que la polémica de la ciencia tiene muchos siglos de antigüedad, me permitiré abordarla
a partir de las tradiciones aristotélica y galileana, donde se empieza a advertir una división entre lo que
debe ser considerado como conocimiento. Así pues, el pensamiento de Aristóteles giraba en torno a la
comprensión de los fenómenos, mientras que el galileano solo quería lograr la explicación de estos a
través de métodos físico-matemáticos que permitieran desarrollar un entendimiento exacto del mundo.
Cabe destacar que, a pesar de estos intentos, el surgimiento de la ciencia se da en el siglo XVI cuando,
por primera vez, se intenta desarrollar un conocimiento desligado de la religión que, además, pudiera
validarse empíricamente; es así como se empieza a dejar de lado la teología, la metafísica, la moral,
etcétera, para buscar alcanzar certezas y perfeccionarlo. Dicho conocimiento, para el siglo XVIII, sería
sinónimo de la creación de leyes universales que pudieran ser mantenidas en tiempo y espacio
(Wallerstein, 1998). Es pertinente señalar que, para estas fechas, quienes se preocupaban por este tipo
de conocimiento no veían distinciones entre ciencia y filosofía. Sin embargo, conforme el trabajo
empírico y experimental empezó a cobrar auge, la filosofía fue perdiendo relevancia por no poseer la
misma exactitud que las ciencias naturales, por lo que el conocimiento se dividió en dos grandes grupos:
por un lado el conocimiento cierto, proveniente de la ciencia y, por otro, el conocimiento imaginario o
no cierto, proveniente de todo aquello que no es considerado como ciencia, tal es el caso de la filosofía
o cualquier otra explicación que hiciera alusión a los fenómenos y que no tuviera una comprobación
empírica. Así se dan los primeros intentos por encontrar formas de abordar los fenómenos que ocurren
en el contexto tanto natural como social.

A pesar de los ensayos previos por crear una ciencia que abarcara tanto la naturaleza como la
humanidad, no fue sino hasta el siglo XIX que se hizo patente la necesidad de desarrollar un
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conocimiento social que permitiera entender qué estaba pasando en el mundo: durante esa época
diversos países se vieron envueltos en conflictos que provocaron drásticos cambios en las relaciones
sociales; ejemplo de esto fueron las diversas guerras ocurridas, destacando las guerras Napoleónicas,
en contraste con los avances científicos que exigían cada vez más exactitud en todo aquello que quisiera
cimentarse como conocimiento válido. Por lo anterior, se buscaba lograr una estabilidad a través de la
reflexión y el pensamiento, pues los avances científicos que favorecían ciertas áreas sociales como
la medicina estaban en contraposición con otras que se caracterizaban por el desequilibrio total, como
las guerras y un crecimiento acelerado de la población. Tomando esto como referencia, puede afirmarse
que el inicio de la ciencia social estuvo inmerso en un caos que originó la necesidad de esta nueva
creación.

Además de los diversos movimientos sociales ya planteados, otro acontecimiento que marcó el
nacimiento formal de las ciencias sociales fue el resurgimiento de las universidades y su expansión por
el mundo, lo que trajo consigo una disciplinarización que permitió cubrir diversas áreas del
conocimiento, aunque continuaba brindándose mayor importancia a aquellas que buscaban establecer
leyes generales apoyadas en los métodos físico-matemáticos. Entre las principales disciplinas
desarrolladas en esos años se encuentran, de acuerdo con Wallerstein (1998), las matemáticas, junto
con las ciencias experimentales y las humanidades. Es preciso destacar que, hasta este momento, las
ciencias sociales no poseían ni un estatus ni definición alguna, sin embargo, existían dos tipos de
estudios que se encargaban de las realidades sociales: uno era la historia, perteneciente a las ciencias
idiográficas, y otro la ciencia social, que formaba parte de las ciencias nomotéticas y, por ende, busca
el establecimiento de leyes generales de la sociedad. Con esto empezaba notarse la diferencia entre
aquellas disciplinas que pretendían comprender el contexto destacando las cualidades del medio y las
que buscaban generalizar los sistemas para el dominio o control de la naturaleza.

En ese sentido, pese a los intentos de la ciencia por estudiar y comprender la realidad, las ciencias
positivas como las llamaría Comte (2012) y que siguen el pensamiento de la tradición galileana
nuevamente retomaron fuerza para centrarse en el estudio de hechos reales, cuyo objetivo no eran las
causas ni los propósitos, sino conocer el entorno para lograr un dominio sobre el mismo. Este objetivo
no ayudaría a resolver las problemáticas existentes durante el siglo XIX, porque se requería comprender
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el mundo y no solo explicarlo. En aras de describir el contexto, las ciencias naturales predominaron
sobre las sociales, gracias a la importancia que se daba al positivismo decimonónico, el cual pretendía
crear conocimientos exactos basados en un método físico-matemático que permitiera medir la exactitud
y el dominio sobre los fenómenos de la sociedad. Mientras tanto, la ciencia social no lograba establecer
una conclusión sobre el propósito último o su objeto de estudio, incluso respecto a su nombre y
pertenencia, pues hay momentos en los que se asevera que debe desaparecer para formar parte de las
ciencias naturales, o en su defecto, incluirse en las humanidades que surgieron posteriormente.

No obstante, la ciencia social puede ser vista como una nueva perspectiva de estudiar la realidad, porque
“[…] podemos reflexionar de forma inteligente sobre la naturaleza de los seres humanos, sus relaciones
entre ellos y con las fuerzas espirituales y las estructuras sociales que han creado y dentro de las cuales
viven” (Wallerstein, 1998, p. 3). En otras palabras, con base en ella, podemos realizar estudios del
medio en que nos desenvolvemos sin utilizar siempre el mismo método proveniente de las ciencias
naturales que había predominado durante tantos siglos.

Precisamente, lo anterior marca la pauta para una división de la ciencia que pretende estudiar la
sociedad, pues, con el objetivo de lograr la exactitud, se disciplinariza para la mejor comprensión y
estudio del medio social. Esta división disciplinar es reconocida entre 1850 y 1914, destacando la
historia, la economía, la sociología, la ciencia política, la antropología y las ciencias orientales.
2
METODOLOGÍA

La investigación se desarrolla bajo un enfoque cualitativo con un diseño de análisis hermenéutico-
fenomenológico. Este método permite profundizar en la evolución de la historia y las ciencias sociales
no solo como datos cronológicos, sino como fenómenos dotados de significado humano y social. A
través de la hermenéutica, se interpretan textos fundamentales de autores como Wallerstein y Braudel
para desentrañar la lucha de estas disciplinas por un estatus científico frente al modelo positivista. Por
su parte, la fenomenología facilita la comprensión de la experiencia social y la construcción de la
identidad colectiva a partir de la reconstrucción del pasado. Este marco metodológico es esencial para
proponer una visión transdisciplinaria y holística que supere la fragmentación del saber tradicional.

2 Cabe mencionar que, a pesar de que este grupo pertenece a lo que conocemos como Ciencias sociales en la actualidad,
algunas de ellas no se consideran como tales o no quieren pertenecer a dicha clasificación.
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Durante los inicios y el desarrollo de las disciplinas que conforman las ciencias sociales, cada una de
ellas buscaba delimitar su campo o área de estudio, cayendo con esto en una fragmentación del
conocimiento, así como en el parroquialismo; es decir, el hecho de cada disciplina únicamente se hiciera
cargo de su propio saber, optando por no intervenir en aquello que considera ajeno a su campo de
estudio, perdiéndose así la oportunidad de hacer una investigación más completa del medio, al fijar su
vista solo en los fenómenos de interés particular y considerar que nada es más importante que lo que
cada disciplina hace.

Mientras el parroquialismo y la disciplinarización avanzaban, el énfasis sobre las tendencias
nomotéticas seguía en aumento, ya que la exactitud ofrecida por el positivismo de la época no podía ser
superada por ningún otro intento, creándose de esta manera los estudios de área que marcan la
disciplinarización antes mencionada
3.
La nueva categorización posibilitó reunir a diversos investigadores que se interesaban por un área en
particular; sus trabajos se caracterizaron por ser multidisciplinarios. El objetivo principal era formar
especialistas que permitieran el conocimiento de cada una de las áreas de estudio, lo cual fue
aprovechado por Estados Unidos pues, al ser el país político y económico más poderoso, buscaba tener
el dominio de las zonas. Nuevamente, se visualizaba la necesidad de desarrollar conocimiento para el
control, aunque la diferencia ahora radica en que ya se ha detectado la necesidad de ampliación de las
ciencias sociales.

A pesar del trabajo conjunto que se empezó a desarrollar en las disciplinas sociales, existían barreras
entre los especialistas de estas mismas que permanecen incluso en la actualidad, una muestra de
ello es la solicitud de dominar ciertas nociones particulares, lo que impide contribuir a un conocimiento
global que conjugue el entramado de relaciones presente en los diversos fenómenos de estudio. Dicha
barrera no solo se observa en las áreas de especialidad que conforman las ciencias sociales, sino también

3 Estas áreas encuentran su base en la antropología y las ciencias orientales, cuando se habla del estudio del mundo no
moderno de aquellos lugares que por mucho tiempo se consideraron “muertos”; también en el análisis del pasado con
base en la Historia y el presente, donde destacan las ciencias sociales nomotéticas, como la economía, la política y la
sociología.
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en las ciencias naturales; es decir, continúa existiendo un abismo que impide que ambas trabajen de
manera conjunta, con el reconocimiento de los aportes de cada una.

Hablar específicamente de cada disciplina requeriría de un trabajo más amplio, por lo que para efectos
del presente ensayo, me enfocaré en abordar el surgimiento de la Historia y su conformación como
ciencia social durante el desarrollo de esta última. Esta decisión no implica que la historia deba
percibirse aislada del resto de las disciplinas que conforman las ciencias sociales, tampoco que se
advierta como la de mayor importancia para el estudio de la sociedad, porque cada área se enfoca en
ciertos aspectos que, de manera conjunta, permiten obtener un conocimiento holístico del entorno.
4
Historia, ciencias sociales y transdisciplinariedad: hacia el conocimiento global

El surgimiento y perfeccionamiento de la historia se relaciona con la manera en que las universidades
constituyeron la pauta principal para el avance en todos los saberes sociales y, por ende, el apoyo más
importante para el desarrollo de la disciplina histórica. Este fue el medio por el que se pudo conseguir
el apoyo para el progreso de la ciencia social, aunque en un principio fuera vista como positiva.

A pesar de que muchos historiadores rechazan o rechazaban pertenecer a las ciencias sociales, la
historia es de “las primeras disciplinas […] que alcanzó una existencia institucional autónoma real”
(Wallerstein, 1998, p. 17). Esta disciplina histórica es considerada como la nueva historia
5 y se
desarrolla en el siglo XX. La nueva disciplina se caracteriza por el énfasis en mostrar los hechos reales,
tomando como base la ciencia natural; busca alcanzar conocimientos objetivos a través del
almacenamiento y análisis de datos puntuales. A pesar de manifestarse en contra de la filosofía, tampoco
buscaba crear leyes científicas; por ello, para considerarse válida se enfocaba en el uso de archivos o
fuentes documentales, sumados al conocimiento de la cultura, lo que permitió desarrollar análisis
lidos y justificables del contexto. Puede decirse entonces que la historia pasó a ser una ciencia
idiográfica, ya que no se interesaba por establecer leyes universales, sino buscaba reconstruir el pasado
para relacionarlo con situaciones presentes. Este punto muestra un cambio radical con los primeros

4 En épocas anteriores, estos saberes sociales no era considerados centrales, pues lo que interesaba era encontrar las bases
para dominar la naturaleza humana.

5 Esto puede parecer ilógico, sin embargo, es preciso señalar que la historia, desarrollada antes del siglo XX, estaba
conformada por relatos que permitían conocer el pasado y se caracterizaba por estar manipulada por quienes se encontraban
en el poder, su función se limitaba solo a mantener vivos ciertos sucesos que marcaban el dominio sobre las personas y los
territorios.
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intentos de ciencia, permite advertir el concepto de forma general, pues en su visión clásica más
específicamente, con el modelo newtoniano, se centraba en un presente eterno, ignorando pasado y
futuro, mientras que para el siglo XX el interés ya giraba en torno a recuperar el pasado para intervenir
en el presente.

Durante las primeras décadas del siglo pasado, cada disciplina que surge se enfoca solo en algunos
aspectos del crecimiento social, sin buscar entender lo que las demás desarrollan, preocupándose solo
por arrojar explicaciones sobre lo que está ocurriendo en el medio. Sin embargo, para 1960 la historia
no puede satisfacer los requerimientos de las nuevas interacciones y contextos, por lo que debe acudir
a la ciencia social para lograr conformarse y contribuir a solucionar las demandas de la nueva sociedad,
ya que para estas fechas se habla de la oportunidad que todos los pueblos poseen de modernizarse,
ampliando con ello los estudios a zonas que anteriormente no tenían previstas.
6 Con ello, los
especialistas se dan cuenta de que los actos humanos no se repiten de la misma manera, por lo que los
conocimientos arrojados por disciplina histórica no son suficientes para comprender el mundo.

A partir de esta necesidad y el encuentro con nuevas oportunidades de ampliar la ciencia, es que las
ciencias sociales nomotéticas y la historia se dan cuenta de la interrelación o intercambio de información
que pueden hacer para conformar un conocimiento más amplio y sólido, pues ésta última estaba dejando
de lado los procesos y las estructuras sociales, abocándose solo a acontecimientos y motivos de
individuos e instituciones (Wallerstein, 1998), lo que llevaba únicamente al estudio del pasado, pero sin
establecer relaciones con el presente. A raíz de ello, se proponen cambios para esta disciplina, cambios
que permitirán un conocimiento mejor cimentado sobre las realidades sociales, el cual solo se logrará
con la ayuda de las ciencias sociales que apoyarían a los historiadores con “métodos cuantitativos,
conceptos analíticos, así como modelos de cambios social” (Wallerstein, 1998, p. 48), que satisfarían
la relación entre presente y pasado.

De igual forma, es importante mencionar que “para todo fenómeno social el conocimiento de sus
orígenes es un momento imprescindible del análisis y un componente irrenunciable de la explicación”
(Pereyra et al., 2002, p. 20). Sin importar el fenómeno del que se esté hablando ni la disciplina a la que

6 En sus inicios, el enfoque de investigación estaba situado solo los países donde se desarrollaba el conocimiento histórico,
no se pretendía abarcar ningún otro lugar.
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se esté aludiendo, se requiere del apoyo de los métodos de las demás áreas para obtener el saber que se
desea.

A pesar del interés de algunos por trabajar de forma conjunta, se desarrolla dentro de la historia, tal
y como pasó con el concepto o interés de la ciencia social una división que, por un lado, presentaba
una historia con visión de describir y explicar a gran escala; por otro, se encontraba la denominada
sociología histórica, que se inclinaba más por la historicidad que por la ciencia, por lo que buscaba la
creación de reglas generales, mas no leyes, que permitan ser aplicadas a diversas instituciones con el
fin de que los acontecimientos y las relaciones pudieran ser explicados, reglas que permitieran generar
conocimientos tanto de los países modernos como de los no modernos, tal como los clasifica Wallerstein
(1998) y que nosotros podríamos abocar a países desarrollados, subdesarrollados o en vías de desarrollo.

Así se da la pauta para estudiar la sociedad desde diversas perspectivas presente y pasado, como se
mencionó en párrafos anteriores, buscando con ello alcanzar un conocimiento total y válido del
contexto. Sin embargo, en nuestros días esa fragmentación para alcanzar el conocimiento resulta
anacrónica, pues la sociedad en la que nos encontramos inmersos requiere de saberes globales, de una
visión holista que permita un proceso de reestructuración y abandono de estructuras separadas.

Así, la “nueva ciencia deberá partir de una visión integral viendo la vida social como una red de
relaciones organizadas” (Gallegos, 1999, p. 15), dejando de lado la fragmentación de las disciplinas,
para dar paso a una visión transdisciplinaria de la naturaleza que permita abarcar la complejidad del
mundo y que no encontrará su solución en el estudio de sus pequeñas partes. Se requiere abordar los
problemas en su totalidad, entendiendo que todo en el medio se interrelaciona, tanto lo social como la
natural, pues lo que el individuo desarrolla repercute en las ciencias naturales y lo que la naturaleza
hace, o los descubrimientos que se hacen sobre la misma, afectan a la humanidad. Como muestra, es
preciso observar a nuestro alrededor la forma en que el individuo ha provocado cambios en el medio
ambiente, así como las transformaciones que los eventos naturales han generado y que el ser humano
no ha podido controlar. Por ello, se dice que “la ciencia: natural o social se usan tanto para dominar o
liberar a la naturaleza y a los hombres” (Dávila, 1996, p. 132); todo dependerá de la concepción y el
uso que se le dé, pues si bien se han hecho descubrimientos favorables para la supervivencia y el
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progreso del individuo, también se han creado armas que han llevado a la destrucción de partes
importantes de nuestro entorno.

La transdisciplinariedad previamente mencionada permitirá abordar los fenómenos complejos del
medio, ya que no todos son estáticos para realizar un estudio que arroje resultados que no cambiarán.
Así pues, la disciplina que me interesa en este momento se presenta “como un espectáculo fugaz, móvil,
formado por la trama de problemas intrincadamente mezclados y que puede revestir, sucesivamente,
multitud de aspectos diversos y contradictorios” (Braudel, 1968, p. 25) que no pueden ser abordados de
forma independiente, sino que necesita un estudio detallado y conjunto de las diversas partes que
conformen el fenómeno para intervenir en la realidad social, pues como afirma Pereyra (2002): “hay
una vinculación directa e inmediata entre conocimiento y acción […] la comprensión del pasado otorga
pleno manejo de la situación actual” (p. 13). El objeto de la historia no es el hombre individual, sino las
relaciones que este establece al vivir en sociedad, por lo que requiere trabajar en conjunto con la
sociología, la economía y la política, disciplinas que brindan una pauta generalizada para conocer las
relaciones interpersonales.

La función de la historia es brindar una identidad a los integrantes de un país, pueblo nación, etcétera,
por lo que no puede seguir percibiéndose como algo reservado para ciertas personas, sino que debe
pasar a ser conocimiento de la mayoría, pero ¿cómo se lograría hacer eso? Considero que la pauta
principal está dentro de la educación, no poniendo tanto énfasis en los hechos, sino en las relaciones
que los individuos pueden hacer para establecer conocimientos válidos sobre su medio, recordemos que
el sujeto construye la realidad a través de la organización de la información que posee (Morin et al.,
2003). Es importante auxiliar a los estudiantes con su propia comprensión de los hechos históricos para
que así encuentren una explicación de los problemas que se viven en la actualidad.

Nótese algo importante dentro del párrafo anterior: se habla de la comprensión y no de una simple
explicación. Recordemos que una característica de los inicios de la ciencia social es el énfasis en la
búsqueda de la comprensión del contexto, dejando de lado la descripción de las causas sin establecer
relaciones entre lo que ha pasado y lo que se está viviendo.

Es preciso mencionar que, independientemente que se hable de comprensión, esto no significa que para
abordar la sociedad deben dejarse de lado los pensamientos cuantitativos de las ciencias naturales, pues
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considero que, a pesar de que no se pueden establecer leyes universales sobre la sociedad, sí se puede
encontrar un conocimiento que permita establecer relaciones y pautas que faciliten el estudio de otros
medios sociales.

Ahora bien, el método que permitirá facilitar el conocimiento histórico de las sociedades radica en
averiguar cuál es la función teórica y social de dicha disciplina. Su función teórica es “explicar el
movimiento anterior de la sociedad” (Pereyra et al., 2002, p. 28). Hablar de conocimiento válido dentro
de las ciencias sociales quizás sea jugarse un albur si queremos enfrentarnos a las ciencias naturales,
sin embargo, es preciso tener presente que no todo saber científico requiere de un método cuantitativo
para decirse que es cien por ciento válido. Lo que se necesita en ambos tipos de ciencia y, por ende, en
todas las disciplinas es la objetividad de los estudios, la cual que no siempre debe provenir de enfoques
positivistas como era marcado en siglos anteriores. La objetividad dentro de las ciencias históricas
idiográficas radica en el apoyo en las fuentes primarias y en personas intermediarias; es decir, se
requiere del apoyo de personas que en un momento dado ya han investigado, aunado al conocimiento
del fenómeno, cuidando que el investigador no se involucre de manera personal. También puede ser
alcanzada a través de lo que Wallerstein (1998) llama la inclusividad, que implica estar abiertos a
nuevos conceptos, concepciones, disciplinas, etcétera, y permite reducir las abstracciones. Así pues, “el
hecho de que el conocimiento sea una construcción social también significa que es socialmente posible
tener un conocimiento más válido” (Wallerstein, 1998, p. 101). El mismo autor señala:

[…] ser histórico no es propiedad exclusiva de las personas llamadas historiadores, sino
que es una obligación de los científicos sociales. Ser sociológico no es propiedad exclusiva
de ciertas personas llamadas sociólogos sino una obligación de todos los científicos
sociales. Los problemas económicos no son propiedad exclusiva de los economistas, las
cuestiones económicas son centrales para cualquier análisis científico-social. (p. 106)

En ese sentido, es preciso entender que para hacer historia, sociología, economía, etcétera., no se
requiere exclusivamente pertenecer a esa disciplina. Es urgente romper el parroquialismo y abocarse a
todas las áreas del conocimiento para lograr desarrollar visiones holísticas del mundo, ya que no existen
monopolios del saber, todos los individuos llámense especialistas, estudiantes, científicos, etcétera
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tienen la capacidad de conocer y dominar otras áreas, otras disciplinas y esto les dará la pauta para
ampliar sus perspectivas y, por ende, la comprensión de los fenómenos que estudian.

La sociedad actual requiere de visiones no fragmentadas del conocimiento, pues vivimos en una época
llena de cambios tanto tecnológicos como en las relaciones humanas. Con esto quiero decir que si el
conocimiento se sigue manejando como hace siglos, llegará el momento en que no se sabrá qué hacer
con el mundo, pues las interrelaciones que marcan la era globalizada o planetaria retomando a Morin
(2003), se basan en una conjugación de todas las relaciones que influyen en el desarrollo de un
fenómeno. En otras palabras, hablamos de una complejidad que pide ser atendida para lograr
comprender nuestra situación, no solo cómo estamos, sino de qué forma llegamos a este lugar.
Nuevamente se hace hincapié en recurrir a la historia, pero también a la sociología, la economía, la
antropología para comprender las relaciones entre las personas, entre las personas y los avances
económicos y políticos, pero sobre todo entre el pasado y el presente. Hago énfasis en el uso de la
historia porque coincido con Dosse (2006) cuando expresa que el estudio de las civilizaciones no debe
ser arrancado de sus raíces, sino que debe apoyarse en su historia para lograr un estudio global.

Una dato importante, cuando se habla de ciencia tanto natural como social, es que hoy en día las ciencias
naturales han reconocido que no poseen todo el conocimiento y que existen fenómenos que no pueden
ser explicados tan fácilmente, ni siquiera con bases numéricas, por ello están ampliando sus leyes para
introducir conceptos tales como irreversibilidad y probabilidad, buscando con esto lograr la
comprensión de fenómenos que ocurren en el universo y que aún no han podido ser explicados.

Mientras las ciencias naturales empiezan a reconocer el hecho de que no todo puede ser explicado
empíricamente y buscan hacer compatibles las leyes con creatividad y novedad, las ciencias sociales
insisten en alcanzar conocimientos exactos del medio; no obstante, debe entenderse que no podemos
establecer leyes generales de los fenómenos sociales simple y sencillamente porque estos varían en
tiempo y espacio. Las épocas, los países o las comunidades marcan el comportamiento de los individuos
porque las necesidades son diferentes. Podemos tomar como ejemplo algo tan conocido como la
educación, pues basta con indagar con personas que estudiaron hace cuarenta años para darnos cuenta
de cómo ha variado la transmisión de los conocimientos, debido a que las necesidades son diferentes,
pues en décadas anteriores se buscaba preparar personas para el trabajo sin preocuparse por inculcarles
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un espíritu crítico e innovador, mientras que en la actualidad se busca crear personas capaces de crear
a través del desarrollo de sus capacidades cognitivas, término que no era usual y que ahora es base
dentro de diversos planes de estudio.

Con base en esto, se evidencia que por más que las ciencias sociales busquen igualar a las ciencias
naturales no será posible, más ahora que la ciencia positiva ha reconocido que existen fenómenos que
no pueden ser explicados en su totalidad, por lo que la mirada actual debe estar enfocada en desarrollar
“[…] un paradigma social alternativo. Éste requiere del dominio del conocimiento dominante y crítico.
Concretamente, el problema consiste de nuevo en unir el conocimiento científico al humanístico”
(González, 2002, p. 19). Es decir, se requiere una nueva visión del mundo, visión que permita emplear,
como he dicho anteriormente, los métodos cuantitativos y cualitativos como apoyos para el estudio de
la realidad. Los primeros auxiliarán en ver cómo un fenómeno se repite, mientras que los segundos
darán la pauta para explicar sus causas, consecuencias y relaciones con otros fenómenos observados
dentro de la misma época, la que le antecede o la que le sigue.

Sin embargo, la polémica sigue abierta a nuevos consensos y estudios, pues mientras existan
especialistas que insistan en considerar sus estudios por separado, no podremos alcanzar el tan anhelado
conocimiento global que nuestra era requiere.

Si en verdad se quiere que las ciencias sociales obtengan mayor importancia, es necesario promoverlas
dentro de los diversos ámbitos sociales; la base, como he mencionado, radica en las instituciones
educativas, pues dentro de estas se forman a los nuevos ciudadanos, profesionistas, especialistas o
científicos, por lo que es esencial hacerles ver que no todo conocimiento proviene de cálculos, sino
también del reconocimiento de lo que existe a nuestro alrededor. Es preciso hacer notar que, aunque las
ciencias sociales no puedan hacer leyes universales, no deben dejarse a un lado, sino que necesitan
mayor atención para que se reconozcan en su totalidad. Si regresamos la mirada al presente trabajo,
encontraremos que el objetivo de la ciencia social radica, no en hacer leyes universales, sino en crear
reglas generales que permitan explicar los fenómenos complejos de nuestra época, con la finalidad de
que sirvan como punto de partida para estudios posteriores.
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CONCLUSIONES

Podemos concluir que tanto las ciencias sociales como las ciencias naturales son importantes para el
conocimiento de nuestro entorno. De la misma forma, se requiere de una visión holística de las diversas
disciplinas que han surgido para el estudio de los ámbitos sociales y naturales. Estamos en una época
en la que requerimos explicaciones de los cambios drásticos en que nos encontramos inmersos, las
cuales no llegarán si insistimos en creer que el conocimiento puede parcializarse.

Las ciencias sociales han pasado por muchos problemas para llegar al lugar que hoy en día tienen; es
por ello que, quienes nos dedicamos a ellas y quienes no están tan estrechamente relacionados, debemos
buscar la forma de resaltar la utilidad que estas poseen para el desarrollo y conocimiento de nuestro
entorno. ¿Qué podemos hacer para interesar a las personas en este tipo de estudios?, es una pregunta
quizás sencilla, pero que requiere de una atención inmediata.

Al igual que la historia, la ciencia social en general necesita de una nueva visión en los ámbitos sociales,
sobre todo en el educativo el más cercano que tenemos para desarrollar conocimientos con la
finalidad de tenerla presente al momento de analizar los diversos entornos en los que nos
desenvolvemos. Hacer historia, sociología, economía, política requiere una visión global de lo que las
relaciones implican, ya sea pasado-presente, sociedad-individuo, dinero-gobierno, etcétera; para ello,
es necesario un estudio holístico, pues sin éste caeríamos nuevamente en la fragmentación como en
época anteriores. Ojo maestros, educadores o pedagogos: tenemos frente a nosotros la oportunidad de
dar un giro a la ciencia y a los saberes si logramos encontrar la forma de ampliar el panorama de lo que
implica hacer conocimiento, debemos poner atención en lo que pasa a nuestro alrededor y saber
relacionarlo con el pasado, para que el estudiante pueda comprender su mundo, interesarse en seguir el
estudio y contribuir así a formar nuevos entendimientos del mundo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICA

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