SERGE MOSCOVICI Y LA TEORÍA DE LAS
REPRESENTACIONES SOCIALES:
FUNDAMENTOS DE UNA RUPTURA

SERGE MOSCOVICI AND THE THEORY OF SOCIAL

REPRESENTATIONS: FOUNDATIONS OF A BREAK

Samuel Rosas González

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Antonio Fernández Crispín

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Marco Antonio Velázquez Albo

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
pág. 6043
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23616
Serge Moscovici y la teoría de las representaciones sociales: fundamentos de
una ruptura

Samuel Rosas González
1
samuelrosasglez@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-6393-3698

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

México

Antonio Fernández Crispín

anfern@yahoo.com.mx

https://orcid.org/0000-0001-9298-9159

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

México

Marco Antonio Velázquez Albo

marcovelazquez_buap@yahoo.mx

https://orcid.org/0000-0002-5916-4283

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

México

RESUMEN

En este artículo se reflexiona entorno a los aportes teóricos de las representaciones sociales elaborada
por Serge Moscovici. El propósito de este trabajo es indagar en la etapa fundacional, considerando las
inquietudes intelectuales del joven autor, así como en las condiciones de emergencia de esta perspectiva
y en los ejes estructurales que configuran su avance teórico. La investigación se inscribe en un enfoque
cualitativo de tipo documental en el que se privilegia el análisis interpretativo. La relevancia de la teoría
de las representaciones sociales permite comprender las paradojas que enfrentan los grupos sociales ante
fenómenos inéditos que ponen en entredicho sus formas de convivencia y sus marcos de normalidad.
Asimismo, ofrece herramientas para analizar los procesos mediante los cuales lo extraño se convierte
en familiar. Estos procesos ponen de manifiesto su capacidad de adaptación ante la adversidad y, en
última instancia, su determinación por persistir y reconfigurar su realidad social.

Palabras clave: representaciones sociales; teoría; conocimiento del sentido común

1
Autor principal
Correspondencia:
samuelrosasglez@gmail.com
pág. 6044
Serge Moscovici and the theory of social representations: foundations of a

break

ABSTRACT

This article reflects on the theoretical contributions of social representations developed by Serge

Moscovici. The purpose of this work is to explore the foundational stage of this theory, considering the

intellectual concerns of the young author, as well
as the conditions under which this perspective emerged
and the structural axes that shaped its theoretical development. The research employs a qualitative,

documentary approach that prioritizes interpretive analysis. The relevance of the theory of social

r
epresentations allows us to understand the paradoxes faced by social groups in the face of
unprecedented phenomena that challenge their forms of coexistence and their frameworks of normality.

It also offers tools for analyzing the processes by which the st
range becomes familiar. These processes
reveal their capacity for adaptation to adversity and, ultimately, their determination to persist and

reconfigure their social reality.

Keywords
: social representations; theory; common sense knowledge
Artículo recibido 20 marzo 2026

Aceptado para publicación: 15 abril 2026
pág. 6045
INTRODUCCIÓN

Antes de abordar las representaciones sociales es necesario detenerse en un tema más amplio: la manera
en que los sujetos sociales construyen su realidad, siempre paradójica por su carácter dinámico. Si la
realidad está siempre mediada por el lenguaje y la cultura, comprender lo social implicará explorar los
marcos simbólicos que orientan la percepción y la acción de los grupos sociales.

De este modo, las representaciones sociales constituyen una perspectiva innovadora para interpretar el
mundo, o como enunciaba Moscovici (1979), las representaciones sociales son sólo una de las vías para
captar el mundo concreto, circunscripta en sus fundamentos y circunscripta en sus consecuencias. En
contextos de incertidumbre y cambio, se convierte en una herramienta analítica para comprender cómo
los grupos sociales interpretan su realidad y le brindan un nuevo sentido. Según una definición
ampliamente aceptada, las representaciones sociales se componen por una serie de percepciones,
opiniones, creencias y actitudes de un grupo social o una cultura, relativos a un objeto o fenómeno social
(Abric, 2001).

Como en muchos conceptos de las ciencias sociales, el concepto de representaciones sociales es
polisémico. No existe un concepto único que guíe el trabajo de los investigadores en dicho campo. Por
el contrario, existen diversos esfuerzos que abonan al fortalecimiento de dicha perspectiva. Castorina
(2003) afirma que para formular una definición de representación social es preciso considerar, por lo
menos, elementos mentales, afectivos y sociales, como el lenguaje y la comunicación, es decir, procesos
psíquicos y sociales.

Lo que sugiere este autor es pensar a las representaciones sociales desde la complejidad, donde
intervienen diferentes factores y donde la trazabilidad teórica solo sea un punto de referencia y no en el
lugar común. Moscovici (1979, p. 27) lo advierte en los siguientes términos: “Si bien la realidad de las
representaciones sociales es fácil de captar, el concepto no lo es. Las razones… se reducen en su
totalidad a una sola: su posición mixta, en la encrucijada de una serie de conceptos sociológicos y una
serie de conceptos psicológicos”. Ante esta disyuntiva, es válido retomar el desafío que plantea
Castorina:

“Por un lado, sostener la incertidumbre de los significados, y por el otro, sostener una configuración
conceptual de contornos poco delimitados. Además, se hace evidente que la categoría de
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representaciones sociales ocupa ya un lugar relevante en las ciencias sociales, sobre todo en las últimas
décadas, principalmente por su contribución al estudio de la constitución de la subjetividad social”
(Castorina, 2003, p. 11).

La teoría de las representaciones sociales se originó en el campo de la psicología social, mediante los
trabajos de Serge Moscovici. Con el paso del tiempo, este enfoque fue incorporado y adaptado en otras
áreas de las ciencias sociales, como la sociología y la antropología. Este proceso favoreció la
construcción de una entidad teórica en red, de carácter interdisciplinario que articula múltiples conceptos
y metodologías.

La emergencia de las representaciones sociales supuso una ruptura teórica porque cuestiona varias de
las premisas dominantes de las ciencias sociales en la década de los sesenta. La reivindicación del
conocimiento de sentido común tuvo implicaciones que es preciso indagar. De esta manera, el objetivo
de este artículo es analizar los supuestos teóricos de las representaciones sociales a partir de tres
categorías de análisis: la etapa fundacional, es decir sobre las inquietudes intelectuales del joven autor,
sobre las condiciones de emergencia, así como sobre los ejes estructurales de la teoría de las
representaciones sociales propuesta por Serge Moscovici.

METODOLOGÍA

La presente investigación parte de un enfoque cualitativo de tipo documental, centrado en analizar la
génesis y los fundamentos de la teoría de las representaciones sociales. Para Arias-Odón (2023) la
investigación de tipo documental se distingue claramente de la revisión tradicional de literatura en
función de dos aspectos: aporte novedoso al conocimiento y carácter replicable. Por su parte, para
Aranda, Martínez y Camacho (2024) el análisis documental es un proceso de apropiación del
conocimiento a través de un procedimiento sistemático de revisión de documentos que consiste en la
búsqueda, selección, organización, análisis e interpretación en torno a un determinado problema de
investigación.

Este diseño favorece el análisis hermenéutico del entramado teórico con el objetivo de comprender el
contexto y significado de los supuestos fundaciones, así como el desarrollo teórico y conceptual.

Bajo este orden de ideas, el corpus documental está integrado por los textos clave de Moscovici: El
psicoanálisis, su imagen y su público, Psicología social II. Pensamiento y vida social. Psicología social
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y problemas sociales y La era de las Multitudes. Un tratado histórico de psicología de masas. De forma
complementaria se incorporaron los trabajos de la obra Representaciones sociales. Problemas teóricos
y conocimientos infantiles (Castorina, 2003), en la que destacan La conciencia social y su historia, La
presentación de las representaciones sociales: dialogo con Serge Moscovici y De las representaciones
colectivas a las representaciones sociales: ida y vuelta.

El análisis documental se llevó a cabo en tres momentos. En el primer momento, se realizó una lectura
sistemática de los textos antes citados, identificando y desglosando el aparato conceptual. En el segundo
momento, se identificaron las tres categorías de análisis que guiaron esta investigación: etapa
fundacional, condiciones de emergencia y los elementos teóricos estructurales. Por último, se realizó un
análisis interpretativo de corte hermenéutico, encaminado a describir y analizar el modelo teórico de las
representaciones sociales.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

EL PENSAMIENTO TEMPRANO DE SERGE MOSCOVICI

La teoría de las representaciones sociales irrumpe en el escenario europeo hace poco más de sesenta
años, a partir del trabajo de Serge Moscovici, intelectual de origen rumano radicado en París desde 1948.
Sus preocupaciones teóricas lo llevaron a reformular el vínculo entre individuo y sociedad, lo que sentó
las bases de un enfoque novedoso para analizar la interacción social y los procesos de construcción de
la realidad.

Las intuiciones del joven Moscovici se dieron en el contexto francés a finales de la década de los
cincuenta. Es necesario señalar que en aquel periodo el Partido Comunista Francés (PCF) tenía una
creciente influencia política. Este prestigio lo había ganado en la resistencia contra el ejército nazi, con
la cual, para 1944 lograron la liberación de Francia. Derivado de estas acciones, el PCF ingresó a la
conducción del gobierno francés de la mano de Charles de Gaullé.

Moscovici (2003) afirma que en este periodo había un tema que interesaba a las nuevas generaciones, a
marxistas, comunistas y socialistas, y que era ampliamente discutido: el problema de la ciencia. La
polémica residía en el impacto que la ciencia tenía sobre el pensamiento común de la sociedad. Esto se
puso de manifiesto en el diálogo sostenido entre Moscovici y Marková (2003) en el que se advierte que
en aquella época coexistían tres posiciones respecto de este problema. En primer lugar, la postura
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marxista no confiaba en el conocimiento espontáneo de las personas comunes. Estaban convencidos de
que este conocimiento debía ser despojado de sus irracionalidades ideológicas, religiosas y folclóricas
y debía ser reemplazado por el conocimiento científico. La segunda postura, más general, era la posición
iluminista. Se partía de la premisa que el conocimiento científico disiparía la ignorancia, las fantasías y
los errores del conocimiento no científico y lo haría a través de la comunicación y de la educación. El
objetivo era formar culturalmente a la sociedad. La tercera postura consideraba que la difusión del
conocimiento científico llevaría a una deformación del conocimiento científico. En otras palabras, se
creía que la divulgación de la ciencia inevitablemente derivaría en una falta de comprensión popular. Se
puede apreciar en las tres posturas una descalificación hacía el conocimiento que posee en forma general
la sociedad. Se le descalificaba de irracional y peligroso. Por lo tanto, se consideraba necesario superar
ese estado de ignorancia; la pretensión última era la formación intelectual de las masas. Por su parte,
Moscovici no compartía estas posturas. Encontraba en ellas cierto desdén por las ideas del sentido
común de las personas, y en contrasentido, encontraba un trato diferenciado y privilegiado al
conocimiento científico. Además, desde estas posturas, las personas eran consideradas incapaces de
producir conocimientos que fueran más allá de lo común:

De alguna manera yo reaccioné contra esta actitud y traté de habilitar el pensamiento corriente, que está
enraizado en nuestra lengua y en nuestra vida diaria. En el fondo también reaccionaba contra una idea
que me tenía preocupando: la idea de que la gente no piensa de una manera racional. Por lo tanto, el
problema para mí era el siguiente: ¿cómo se transforma el conocimiento científico en conocimiento
corriente o espontáneo? (Moscovici y Marcová 2003: 116).

En el mismo diálogo, Moscovici afirma que la respuesta a la pregunta sobre cómo transformar el
conocimiento científico en conocimiento espontáneo la encontró en un ensayo de su juventud donde
sostenía que la conciencia social no sólo se compone de conocimiento científico y conocimiento
ideológico, como reiteraba el marxismo, sino que existía un tercer componente o factor, el conocimiento
del sentido común. De esta manera, el sentido común se convirtió en pieza clave para repensar
significado y la función del conocimiento.

En este marco, cabe cuestionarse ¿qué es el conocimiento del sentido común? Moscovici (1981) afirma
que nos sumergimos en el conocimiento del sentido común desde la temprana infancia, cuando
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comenzamos a comunicarnos y a hablar, y la mayor parte de las personas hablan correctamente, aunque
no hayan ido a la escuela. El conocimiento del sentido común, por lo tanto, no puede ser tan incorrecto
si es adecuado para la vida diaria. Sin embargo, es necesario que los que lo estudian y lo juzgan no
pierdan el sentido común.

Las ideas que Moscovici defendió fueron el prolegómeno de lo que más tarde se constituirá en la teoría
de las representaciones sociales. Como preámbulo de su investigación, Moscovici (1981) identificó que
en Francia coexistían dos teorías importantes en la ciencia social: en primer lugar, el marxismo,
sustentado por el PCF y, en segundo lugar, la teoría del psicoanálisis.

Como se ha señalado anteriormente, la influencia política y mediática ejercida por el PCF era
preponderante. Por lo tanto, la teoría psicoanalítica no era bien aceptada en los círculos de políticos,
intelectuales y artistas que coincidían con la postura comunista. Marková (2003) explica que, en la
Checoslovaquia comunista, Freud y el psicoanálisis eran descritos como una pseudociencia burguesa.
En estas circunstancias, en el año 1961 fue presentada la tesis doctoral con el nombre de El psicoanálisis,
su análisis y su público. El propósito de esta investigación fue conocer el tránsito del conocimiento
especializado del psicoanálisis al conocimiento del sentido común de las personas.

Dos fueron las razones que lo llevaron a estudiar a profundidad el concepto de representaciones sociales.
La primera razón que Moscovici (2003) indica fue el proyecto que desde su juventud se propuso;
rehabilitar el sentido común y el conocimiento corriente. A este conocimiento no se le debería tildar
como inverosímil, sino como un tercer factor entre el conocimiento científico y la ideología. La segunda
razón fue el acercamiento con las investigaciones acerca de la actitud. Estas reflexiones le permitieron
centrarse en las representaciones sociales como ningún otro científico social de su tiempo lo hizo.
Rehabilitar el conocimiento común implicó en primer lugar, reconocerlo y, en segundo, establecer una
teoría que lo sistematizara y les brindara un estatus frente a otros tipos de conocimientos. No fue una
tarea fácil, le llevó diez años realizar su tesis doctoral que estuvo bajo la dirección del psicoanalista
Daniel Lagache.

Para completar el panorama sobre el concepto de la teoría de las representaciones sociales es
indispensable indagar sobre la procedencia de dicho concepto. Para profundizar sobre esta cuestión, será
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de gran utilidad identificar las diferencias entre las representaciones colectivas de Durkheim y las
representaciones sociales de Moscovici.

Para iniciar, se debe mencionar que el antecedente del término representación es retomado de la obra
de Durkheim (1898). En relación con el término social, su antecedente inmediato es el colectivo,
designado por el mismo autor. Es curioso observar que tanto Durkheim como Moscovici utilizan el
termino representaciones colectivas y representaciones sociales indistintamente.

En la ponencia celebrada en Ginebra. La conciencia social y su historia (Moscovici, 2003), Moscovici
plantea a las representaciones sociales o colectivas de manera indiferenciada, de hecho, cuando se refiere
a las representaciones agrega, de manera provocadora, “sociales o colectivas”. En este contexto,
Marková (2003, p. 142) le preguntó a Moscovici sobre las diferencias entre las representaciones
colectivas y sociales. Moscovici respondió: “no espere que yo pueda explicar la diferencia entre lo
colectivo y lo social. Supongo que esa diferencia existe, pero habría que buscarla en el diccionario, ya
que no la he encontrado en Durkheim, Simmel y Weber”.

Si bien es cierto que ni Durkheim ni Moscovici establecieron las diferencias entre uno u otro concepto,
investigadores cercanos a la teoría de las representaciones sociales se dieron a la tarea de darle densidad
a las diferencias. Al respecto, Farr (2003) menciona que Durkheim al desarrollar su concepto de
representaciones colectivas, estudió las sociedades primitivas. Todas estas representaciones resultaron
abarcadoras. La cultura local era la cultura global. A finales de los años noventa es aún más importante
lograr la modernización del concepto de las representaciones sociales. La clave para comprender la
última etapa de la modernidad es comprender los aspectos locales/globales de la cultura. Así, se hacía
necesario trasvasar el contenido de las representaciones colectivas, adecuado para comprender el
pensamiento de las personas en las sociedades premodernas, a las representaciones sociales, dónde las
representaciones son más dinámicas y cambian todo el tiempo (Farr, 2003).

De la misma manera, Castorina (2003) identifica similitudes y diferencias de las representaciones
colectivas y sociales. Entre las similitudes, señala que las representaciones sociales de Moscovici están
inspiradas en las representaciones sociales de Durkheim, manteniendo el carácter de producción social
que impacta sobre la conciencia social de los individuos.
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Con relación a las diferencias, apunta cuatro. En primer lugar, Moscovici rechaza la separación
dicotómica entre individuo y sociedad. En segundo lugar, advierte que en las representaciones colectivas
los cambios en la conciencia colectiva se dan por la acción de circunstancias sociales no habituales,
mientras que en las representaciones sociales los cambios se producen en la interacción social y la
comunicación cotidiana. En tercer lugar, encontramos que las representaciones colectivas corresponden
a formas de conciencia social cuya transformación es lenta. Por su parte, las representaciones sociales
que expresan los intercambios cotidianos se crean y se recrean en estas condiciones, lo que los hace
mucho más maleables (Castorina, 2003; 13).

El establecimiento de las franjas rojas en la división entre los dos tipos de representación antes dicho,
ilustra las acepciones temporales y el sentido epistemológico de donde surgen, atendiendo a las
necesidades propias de su tiempo en consonancia con las teorías relacionas con las ciencias sociales en
general.

Ahora bien, se hace indispensable examinar el significado y complejidad de la noción de
representaciones sociales. Moscovici sostiene que “Las representaciones [sociales] permiten a las
personas de un grupo o sociedad entender su mundo clara y distintamente, para interpretar eventos
afortunados o desafortunados, y predecir y juzgar la conducta de los otros” (Wagner y Hayes, 2011, p.
13). Conviene precisar otras concepciones para ampliar la comprensión del concepto capital. Así,
Jodelet (1986, p. 472) afirma que las representaciones sociales son “un sistema de referencia que nos
permiten interpretar lo que nos sucede, incluso dar un sentido a lo inesperado; categorías que sirven para
clasificar las circunstancias, los fenómenos y a los individuos con quienes tenemos algo que ver; formas
de conocimiento social que permiten interpretar la realidad cotidiana”. Para Flament y Rouquette (2003)
una representación es una manera de ver un aspecto del mundo, que se traduce en el juicio y en la acción.
Cualquiera que sea la metodología de estudio utilizada, esta forma de ver no puede ser aprendida por un
sujeto individual; sino que reenvía a un hecho social. En esa línea, para Araya (2002, p. 2) “La teoría de
la representación social constituye tan solo una manera de enfocar la construcción social de la realidad”.

La manera en que Moscovici desarrolló conceptualmente su teoría posibilitó el tránsito de la
investigación centrada en el individuo a una centrada en la sociedad. Esto llevó a repensar las formas
tradicionales de entender y de hacer investigación. Así lo demuestra el tratamiento de conceptos tales
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como el de la subjetividad, racionalidad, conocimiento y sentido común. La tarea no fue fácil ya que el
campo de las ciencias sociales es en sí mismo complejo y problemático.

CONDICIONES DE EMERGENCIA DE UNA REPRESENTACIÓN SOCIAL

Es imposible que una disciplina emerja al margen de la experiencia, de las construcciones teóricas y los
conocimientos producidos en el entorno social. El conocimiento es un constructo eminentemente social.
En este orden de ideas, el individuo por sí mismo no construye una representación. Éstas se elaboran
colectivamente, desbordando lo individual. De este modo, las representaciones sociales expresan
posiciones valorativas de un grupo, de una comunidad o de una sociedad sobre un asunto emergente en
un tiempo y contexto determinado.

Una de las interrogantes más comunes que se manifiestan al estudiar las teorías de las representaciones
sociales es la siguiente, ¿cuándo surgen? Para dar respuesta a este cuestionamiento es importante
mencionar que emergen siempre y cuando se presente un hecho súbito que ponga en riesgo la estabilidad
social hasta entonces alcanzada. Moscovici (1984) afirma que una representación social emerge cuando
existe un peligro para la identidad colectiva, cuando la comunicación de los conocimientos infringe las
reglas que la sociedad ha establecido al respecto. De este modo, se puede establecer que ante una crisis
colectiva la función de las representaciones sociales es brindar sentido a lo desconocido:

Los grupos, así como los individuos, experimentan a la vez la abundancia y la penuria de saberes y de
lenguajes que no tienen cómo asociar a realidades, y realidades para las que no encuentran o a las que
no deben asociar saberes y lenguajes. La elipse, por un lado, y el verbalismo, por el otro, expresan este
estado de desequilibrio. Cuando un objeto proveniente de afuera penetra en nuestro campo de atención,
trátese de cohetes o de relatividad, este desequilibrio se acrecienta, porque el contraste entre lo lleno de
la elipse y lo hueco del verbalizo aumenta (Moscovici, 1979, p. 40).

Es indiscutible que todo grupo social experimenta una crisis al presentarse un problema que pone en
cuestión el funcionamiento del colectivo. Para asimilar el contenido extraño de dicho problema y
convertirlo en algo propio se necesita crear condiciones favorables. ¿Cuáles son las medidas que el
grupo debe adoptar para regular los acontecimientos problemáticos? El proceso que proponer Moscovici
alude a un grupo organizado, en constante comunicación y abierto al diálogo:
pág. 6053
Para reducir conjuntamente la tensión y desequilibrio, es preciso que el contenido extraño se desplace
al interior de un contenido corriente y que el que está afuera de nuestro universo penetre en su interior.
Más exactamente, hay que hacer familiar lo insólito e insólito lo familiar, cambiar todo el universo
conservándolo como nuestro universo. Esto solo es posible haciendo pasar como a través de vasos
comunicantes, lenguajes y saberes, desde las regiones donde hay abundancia a las regiones dónde hay
escasez de estos conocimientos (Moscovici, 1979, p. 41).

De esta manera, tenemos que las representaciones sociales se construyen en la interacción del grupo;
cuando dialogan para destensar los contenidos extraños. Bajo esta premisa, se afirma que las
representaciones sociales siempre son de alguien y de algo (Moscovici, 1979, p. 17). De alguien porque
el acto de representación siempre se reproduce en alguien; en un individuo, grupo, clase, sociedad. La
representación implica la acción de comunicar, de hablar, de estar en permanente interacción. El acto
de representación le compete únicamente al ser humano, único ser viviente que es atravesado por el
lenguaje.

FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LA EXPERIENCIA SOCIAL

La indagación sobre la manera en que conviven el conocimiento científico y el conocimiento de sentido
común en determinados contextos llevó Moscovici a estructurar una teoría capaz de explicar dicho
fenómeno. La elaboración conceptual fue esencial para dotar de sentido a una línea de investigación
considerada extraviada.

Los elementos estructurales de las representaciones sociales que Moscovici (1979) plantea en
su tesis doctoral se agrupan en tres aspectos: definiciones, dimensiones y procesos de elaboración. La
definición que formula Moscovici no se ostenta como única y acabada, por el contrario, da cuenta de la
polisemia del concepto, y de las ciencias sociales en general. En cuanto a las dimensiones, propone tres,
a saber; información, imagen y actitud. Por último, enuncia dos procesos de elaboración de las
representaciones sociales; la objetivación y el anclaje. La definición de representaciones sociales que
formula Moscovici dice a la letra:

Las representaciones sociales son un corpus organizado de conocimientos, y una de las actividades
psíquicas gracias a las cuales los hombres hacen inteligible la realidad física y social, se integran en un
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grupo o en una relación cotidiana de intercambios, liberan los poderes de su imaginación. (Moscovici,
1979, p. 17).

Una década después de la publicación de su tesis doctoral, Moscovici añadirá elementos sustanciales a
la definición de representaciones sociales. Según Duveen y Lloyd (2003), Moscovici definió a las
representaciones sociales como sistema de valores, ideas y prácticas que tienen una doble función: en
primer lugar, establecer un orden que permita a los individuos orientar su mundo social y material y
dominarlo; y, en segundo término, permitir la comunicación entre los miembros de una comunidad,
aportándoles un código para el intercambio social y un código para denominar y clasificar de manera
inequívoca los distintos aspectos de su mundo y de su historia individual y grupal.

En esta definición se encuentran elementos esenciales para comprender con claridad qué son las
representaciones sociales y cuál es su función. El establecimiento de un orden que le permita al individuo
orientar su mundo es la base que le asegura estabilidad emocional y social para estar integrado en redes.
Sin embargo, la ausencia de este proceso de identificación y comprensión con el entorno dificultaría al
individuo su incorporación a un grupo social.

El segundo elemento por considerar se refiere a una de las funciones clave de las representaciones
sociales: la capacidad para dominar al mundo. Toda vez que se adquiere conciencia del porqué se está
vivo y del para qué se vive en comunidad, se adquiere la voluntad para incidir en la realidad cotidiana.
Esta función podría considerarse de corte subversiva en una sociedad conservadora, pero también lo
sería para una sociedad liberal ya que impone la praxis por encima y más allá del discurso.

El tercer elemento para distinguir se refiere al intercambio comunicacional que habilitan las
representaciones sociales. El acto de representación está íntimamente vinculado al acto de comunicación
entre los miembros de una sociedad; si existe la posibilidad representarse en el mundo, existe la
posibilidad de dialogar e intercambiar puntos de vista sobre los fenómenos que se presentan e interpelan
a la sociedad.

Como se puede observar, las dos definiciones antes mencionadas no se excluyen, al contrario, se
complementan. Si bien es cierto que cada una corresponde a un tiempo y contexto determinado, las dos
contribuyen aportando elementos teóricos que iluminan el camino de nuevas generaciones de
investigadores interesados en las manifestaciones sociales del comportamiento humano en interacción.
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De esta manera, el acto de representación se convirtió en la fase primordial al que Moscovici volverá
una y otra vez para explicar la génesis de las representaciones sociales. En la acción de representarse
algo desde alguien se juega la actuación mediante el cual el ser humano se enfrenta al otro, a lo
desconocido, a lo que está a fuera de sí. Moscovici (1979, p. 41) se refiere a este proceso mediante la
siguiente formula: “Lo que era incomprensible se vuelve comprensible: inteligible y concreto. Lo no
habitual se desliza hacia lo acostumbrado, lo extraordinario se vuelve frecuente”.

Las representaciones sociales se constituyen a partir de tres dimensiones que se articulan para dar sentido
a lo extraño y extraordinario. Me refiero a la actitud, la información y el campo de representación o la
imagen

“La dimensión de información se relaciona con la organización de los conocimientos que posee un grupo
con respecto a un objeto social. Con relación a la segunda dimensión, campo de representación, remite
a la idea de imagen, de modelo social, al contenido concreto y limitado por las proposiciones que se
refieren a un aspecto preciso del objeto de la representación. La tercera y última fase es la dimensión de
actitud, la cual descubre la orientación global en relación con el objeto de la representación social”
(Moscovici, 1979, p. 46).

Estas dimensiones dan cuenta del contenido y del sentido de la representación social de cada individuo
o grupo social. A partir de ellas se puede determinar el nivel de información que poseen y la manera en
que la jerarquizan; la imagen de aceptación o rechazo que elaboraron colectivamente; y, por último, la
actitud que dicho fenómeno despertó en el grupo.

Ahora me interesa centrarme en el proceso que Serge Moscovici propone para convertir lo extraño en
familiar. La existencia de los grupos sociales a lo largo del tiempo supone sofisticados procesos de
adaptación ante fenómenos externos que ponen en jaque sus formas de convivencia, es decir su
normalidad. Estos procesos han producido un tipo de conocimientos que se activa en momentos críticos.
Para explicar estos procesos, Moscovici (1979) desarrolló dos mecanismos: objetivación y anclaje.

En cuanto al proceso de objetivación, menciona que objetivar es reabsorber un exceso de significaciones
materializándolas. También es transportar al plano de la observación lo que solo era interferencia o
símbolo. Por lo tanto, naturalizar, clasificar, son dos operaciones esenciales de la objetivación. En
relación con el segundo proceso, afirma que, a través del proceso de anclaje la sociedad cambia el objeto
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social por un instrumento del que puede disponer, y este objeto se coloca en una escala de preferencia
en las relaciones sociales existentes.

Los procesos de objetivación y anclaje son fundamentales para explicar cómo se construye el
conocimiento social con el propósito de hacerlo comprensible en la vida cotidiana. Estos procesos
permiten entender cómo las ideas abstractas, muchas veces provenientes de la ciencia, se convierten en
formas de sentido común que orientan prácticas, creencias y decisiones de los grupos sociales.

En el ámbito de las ciencias sociales se vuelve imperativo comprender la dialéctica entre objetivación y
anclaje para desentrañar los modos de construcción de la realidad específicos de cada grupo. Su
importancia reside en que estos mecanismos podrían funcionar como herramientas analíticas para
indagar el origen de las creencias, opiniones y actitudes grupales.

CONCLUSIONES

La contribución de la teórica de las representaciones sociales constituye una ruptura teórica que
privilegia el conocimiento del sentido común, reivindicando su legitimidad epistemológica. El estudio
de las representaciones sociales es esencial porque ofrece un marco de análisis y de interpretación que
permite entender la interacción entre el funcionamiento individual y las condiciones sociales en que los
actores sociales evolucionan. Permite entender los procesos que intervienen en la adaptación de los
grupos sociales a nuevas realidades.

Moscovici propuso su teoría como una herramienta para conocer los procesos de construcción de la
realidad, así como para indagar en las estrategias de supervivencia que los grupos sociales emplean para
encontrarle sentido a lo desconocido, a lo extraño. El diseño de esta teoría no le pertenece únicamente a
Moscovici, les pertenece a esfuerzos intelectuales socialmente compartidos.

Una de las aportaciones de esta teoría es destacar la influencia de lo macrosocial en la conformación de
la subjetividad del individuo o de los grupos en cuestión. Esto se debe principalmente a que esta teoría
convoca a un conocimiento más profundo de la dinámica de los grupos sociales. Rateau y Lo Monaco
(2013) distinguieron a las representaciones sociales de otros modelos teóricos por ser organizadas,
compartidas por el mismo grupo social, producidas colectivamente como resultados de un proceso
global de comunicación y porque son socialmente útiles.
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La vigencia de la teoría de las representaciones sociales reside en la comprensión de las paradojas que
enfrentan los grupos sociales ante fenómenos inéditos que ponen en entredicho sus formas de
convivencia y sus marcos de normalidad. Posibilita vislumbrar los modos de apropiación para convertir
lo extraño en familiar. Estos procesos ponen de manifiesto su capacidad de adaptación ante la adversidad
y, en última instancia, su determinación por persistir y reconfigurar su realidad social.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Abric, J. C. (2001). Prácticas sociales y representaciones. Ediciones Coyoacán.

Araya, S. (2002). Las representaciones sociales. Ejes teóricos para su discusión. Cuaderno de ciencias
sociales (1ª ed.). Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO.

Aranda, M., Martínez, M., y Camacho, A. (2024). Análisis documental, un proceso de apropiación del
conocimiento. Revista Digital Universitaria, 25(6), 1-11.

http://doi.org/10.22201/ceide.16076079e.2024.25.6.1

Arias-Odón, F. (2023). Investigación documental, investigación bibliométrica y revisiones sistemáticas.
REDHECS: Revista Electrónica de Humanidades, Educación y Comunicación Social, 31(22),
9-28. https://ojs.urbe.edu/index.php/redhecs/article/view/3057/4811

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