GESTIÓN DE RESIDUOS EN COSTA RICA:
DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES EN LA
TRANSICIÓN HACIA LA ECONOMÍA
CIRCULAR
WASTE MANAGEMENT IN COSTA RICA: CHALLENGES
AND OPPORTUNITIES IN THE TRANSITION TO A
CIRCULAR ECONOMY
Freddy Arturo Ureña Porras
Universidad de Costa Rica - Costa Rica
Bryan Roig Peraza
Universidad de Costa Rica - Costa Rica
Emilio Romero Vetter
Universidad de Costa Rica - Costa Rica
Mercedes Montero Vega
Universidad de Costa Rica - Costa Rica

pág. 6437
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23669
Gestión de residuos en Costa Rica: desafíos y oportunidades en la transición
hacia la economía circular
Freddy Arturo Ureña Porras1
freddy.urenaporras@ucr.ac.cr
https://orcid.org/0009-0005-7257-8789
Universidad de Costa Rica
Costa Rica
Bryan Roig Peraza
bryan.roig@ucr.ac.cr
https://orcid.org/0009-0008-6301-6807
Universidad de Costa Rica
Costa Rica
Emilio Romero Vetter
emilio.romerovetter@ucr.ac.cr
https://orcid.org/0009-0002-1012-4587
Universidad de Costa Rica
Costa Rica
Mercedes Montero Vega
Mercedes.montero@ucr.ac.cr
https://orcid.org/0000-0003-3637-6678
Universidad de Costa Rica
Costa Rica
RESUMEN
El estudio analiza la gestión integral de residuos en Costa Rica desde una perspectiva normativa,
institucional y técnica, con el objetivo de identificar los principales desafíos y oportunidades en la
transición hacia la economía circular. La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo,
mediante la revisión de legislación vigente, políticas públicas y planes nacionales, el análisis de
experiencias municipales en el Gran Área Metropolitana, la estimación del potencial de valorización de
residuos orgánicos y la aplicación de entrevistas semiestructuradas a personas expertas del sector
público, privado y académico. Los resultados evidencian avances en educación ambiental, compostaje
y fortalecimiento de iniciativas locales; sin embargo, persisten limitaciones estructurales asociadas a la
fragmentación institucional, la limitada obligatoriedad normativa, la insuficiencia de recursos técnicos
y financieros y la baja participación ciudadana en la separación en la fuente. Asimismo, los residuos
orgánicos se identifican como un recurso estratégico con potencial económico, energético y ambiental,
aún subutilizado debido a debilidades en la articulación de políticas y en la capacidad operativa local.
Se concluye que la transición hacia una gestión alineada con la economía circular requiere fortalecer la
coordinación interinstitucional, consolidar mecanismos de financiamiento y promover instrumentos
normativos vinculantes.
Palabras Clave: valorización, bioeconomía, bioenergía, gestión municipal, política pública
1 Autor principal
Correspondencia: freddy.urenaporras@ucr.ac.cr

pág. 6438
Waste management in Costa Rica: challenges and opportunities in the
transition to a circular economy
ABSTRACT
This study analyzes integrated waste management in Costa Rica from a regulatory, institutional, and
technical perspective, aiming to identify the main challenges and opportunities in the transition toward
a circular economy. The research was conducted using a qualitative approach, including a review of
current legislation, public policies, and national plans, an analysis of municipal experiences in the
Greater Metropolitan Area, an estimation of the potential for organic waste valorization, and the
application of semi-structured interviews with experts from the public, private, and academic sectors.
The results show progress in environmental education, composting, and the strengthening of local
initiatives; however, structural limitations persist, including institutional fragmentation, limited
regulatory enforceability, insufficient technical and financial resources, and low citizen participation in
waste separation at the source. Organic waste is identified as a strategic resource with economic, energy,
and environmental potential that remains underutilized due to weaknesses in policy coordination and
local operational capacity. The study concludes that transitioning toward circular waste management
requires stronger interinstitutional coordination, consolidated financing mechanisms, and binding
regulatory instruments.
Keywords: valorization, bioeconomy, bioenergy, municipal management, public policy
Artículo recibido 20 marzo 2026
Aceptado para publicación: 15 abril 2026

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INTRODUCCIÓN
Costa Rica ha establecido compromisos internacionales en materia ambiental, como la meta de alcanzar
la carbono neutralidad para el año 2050, según lo estipulado en sus Contribuciones Nacionalmente
Determinadas (NDCs) en el marco del Acuerdo de París (Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE),
2019). Para cumplir con estos compromisos, el país ha desarrollado estrategias de largo plazo orientadas
a una transformación estructural hacia un desarrollo sostenible. Como parte de esta transformación, la
bioeconomía y la economía circular han sido incorporadas como pilares fundamentales de su estrategia
ambiental, al promover la eficiencia en el uso de los recursos, la valorización de los residuos y la
reducción de emisiones (Gobierno de Costa Rica, 2021; Ministerio de Ciencia, Tecnología y
Telecomunicaciones (MICITT), 2020).
En este caso, la Estrategia Nacional de Bioeconomía reconoce el potencial de la biodiversidad
costarricense, planteando el aprovechamiento de flujos de biomasa y residuos orgánicos como insumos
estratégicos para generar bioenergía, biofertilizantes y otros bioproductos de alto valor agregado. Este
enfoque resalta la convergencia entre la gestión de residuos, la economía circular y la bioeconomía
(MICITT, 2020). Asimismo, la Estrategia Nacional de Economía Circular propone minimizar el
desperdicio, promover la reutilización de materiales y reducir el uso de materias primas no renovables
(Gobierno de Costa Rica, 2021). En este marco, los residuos orgánicos no son solo un desecho, sino una
materia prima secundaria capaz de integrarse en cadenas de valor sostenibles y contribuir a la acción
climática.
En coherencia con este enfoque de valorización, el Plan Nacional de Compostaje 2020–2050 surge como
una iniciativa orientada para el tratamiento de residuos orgánicos, destacando el compostaje como una
estrategia viable para reducir emisiones de gases de efecto invernadero y fomentar el aprovechamiento
agrícola de la materia orgánica (Consejo Nacional Ambiental, 2020). No obstante, a pesar de este marco
estratégico, la gestión de residuos en Costa Rica continúa enfrentando importantes desafíos
estructurales. Uno de los principales es la fragmentación en la Gestión Integral de los Residuos (GIR)
por parte de las municipalidades, ministerios, el sector privado y ciudadanos. Esta situación se agrava
ante la ausencia de una normativa que articule y vincule a los actores involucrados.

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Ante la ausencia de normativa para la unificación de los actores, en materia de un marco legal, en el año
2010 entró en vigor la Ley para la Gestión Integral de Residuos (Ley N° 8839), la cual establece un
marco legal para regular la recolección, tratamiento y disposición final de los residuos (Ministerio de
Salud, 2023). Sin embargo, aunque la Ley Nº 8839 está en vigor, en Costa Rica no existe ninguna
disposición legal específica en la regulación de la obligación de la separación de los residuos orgánicos
a partir de los hogares (Navarro-Jiménez, 2024).
Una vinculación efectiva entre actores resulta esencial para fortalecer la implementación de la Gestión
Integral de Residuos (GIR), contribuyendo de esta forma con los Objetivos de Desarrollo Sostenible
(ODS) 11, 12 y 13. La coordinación entre niveles de gobierno, sector privado y ciudadanía permite
alinear esfuerzos, optimizar recursos, generar sinergias territoriales y promover soluciones
contextualizadas. OECD (2020), menciona que la economía circular requiere cooperación entre niveles
de gobierno y partes interesadas; sin esa coordinación, los flujos orgánicos clave para la bioeconomía
quedan fuera de cadenas de valor y terminan en eliminación final.
Esta situación es especialmente preocupante considerando que cada persona genera en promedio 1,1
kilogramos de residuos sólidos por día, de los cuales aproximadamente el 50 % corresponde a residuos
orgánicos, los cuales terminan en rellenos sanitarios sin ser aprovechados, perdiendo su potencial
productivo y generando emisiones (Montero-Vega et al., 2025). Navarro‑Jiménez (2024), revela una
tasa de reciclaje del 9,6 % para Costa Rica, la cual en comparación con otros países es considerablemente
baja, déficits en la operación de rellenos sanitarios, y fuertes disparidades entre zonas urbanas y rurales.
Estos indicadores, junto con la crisis actual de rellenos sanitarios, subrayan la urgencia de fortalecer las
medidas vigentes en los esquemas de valorización de residuos, en el marco de la economía circular.
En esta investigación, se plantea analizar la gestión integral de residuos en Costa Rica desde una
perspectiva integral, que contemple las dimensiones normativas, institucionales y técnicas. De esta
manera, se busca comprender los desafíos y oportunidades que enfrenta el país en la transición hacia la
economía circular y aportar evidencia que permita fortalecer la formulación de políticas públicas más
efectivas.

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METODOLOGÍA
Este estudio se desarrolló bajo un enfoque cualitativo, tomando en cuenta tanto fuentes primarias como
secundarias. En el caso de las fuentes secundarias, se recopilaron documentos normativos y municipales
relevantes, para la revisión de legislación vigente relacionada con la gestión de residuos en Costa Rica,
se utilizó el Sistema Costarricense de Información Jurídica (SCIJ), dicha revisión incluyó leyes,
decretos, reglamentos, políticas, proyectos de ley y estrategias nacionales relacionadas con la
generación, manejo, tratamiento, valorización y disposición final de los residuos vigentes entre enero
del 2010 y enero del 2025.
El análisis del contexto municipal se abordó a partir de una revisión detallada de información
proveniente de gobiernos locales. Inicialmente se contempló la selección de cantones del Gran Área
Metropolitana (GAM) con mejor desempeño en la gestión de residuos, según la clasificación elaborada
por el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM). No obstante, debido a limitaciones en el
acceso a la información y la falta de respuesta de algunas municipalidades, se trabajó finalmente con
aquellas que facilitaron datos actualizados y documentación pertinente, permitiendo así recopilar y
analizar sus respectivos Planes Municipales para la Gestión Integral de Residuos Sólidos (PMGIRS),
junto con otros documentos institucionales relevantes disponibles en sus sitios web y por medio de
contacto directo por correo electrónico con personal municipal para complementar la información.
Para profundizar en este panorama, se recurrió a estudios previos que permiten estimar de manera
aproximada el volumen y la composición de dichos residuos. Se utilizaron los resultados de Guevara-
Villalobos et al. (2019) y Montero et al. (2025), quienes analizaron los hábitos alimentarios de la
población residente en zonas urbanas de Costa Rica, así como los porcentajes de desperdicio de
alimentos reportados por la FAO (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, 2021).
Con la finalidad de caracterizar los tipos de residuos alimentarios más comunes y estimar su volumen
aproximado, proporcionando así una base técnica para representar adecuadamente la generación de
residuos orgánicos en el GAM.
En esa línea, incorporar datos sobre las pérdidas y desperdicios de alimentos (PDA) en los hogares del
GAM ayuda a tener una idea más clara sobre la cantidad de residuos orgánicos que se generan a nivel
doméstico, por lo que esta información complementa lo recopilado a través de entrevistas, ya que aporta

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un contexto que permite comprender las percepciones, los desafíos y las posibles soluciones que
señalaron las personas consultadas.
Además de la cuantificación de los residuos orgánicos, se incluyó un procedimiento para estimar su
potencial energético mediante digestión anaeróbica. Para ello se recurrió a factores de conversión
reportados en estudios previos (Montero-Vega et al., 2025), que establecen la producción promedio de
biogás por tonelada de residuo alimentario, así como su equivalencia energética en kilovatios-hora
(kWh). Con base en estos coeficientes y en estimaciones de generación de residuos provenientes de
actividades agrícolas, pecuarias y domésticas, se elaboraron tablas de cálculo que expresan la oferta
potencial de energía en unidades de gigavatios-hora por año (GWh/año).
Para conocer las percepciones de los gobiernos locales respecto al manejo de residuos orgánicos, las
entrevistas fueron realizadas a través de sesiones virtuales mediante la plataforma Zoom y también por
correo electrónico, enviando un formulario estructurado en Google Forms. El instrumento aplicado fue
un cuestionario semiestructurado, diseñado para indagar aspectos normativos, técnicos y estratégicos
relacionados con la gestión de residuos orgánicos en el país
Se obtuvieron 12 respuestas de personas expertas que laboran en municipalidades, instituciones
públicas, empresas privadas y centros de investigación, dicha herramienta estuvo dividida en cuatro
secciones principales:
1. Datos generales: Se indagó la profesión del encuestado, años de experiencia en el sector y la
institución a la que pertenece.
2. Iniciativas institucionales: Esta sección abordó las acciones que han realizado vinculadas al
manejo de residuos, incluyendo sus objetivos, logros alcanzados, principales obstáculos y
vínculos con otras instituciones.
3. Problemática a nivel nacional: Se consultó sobre los principales problemas que enfrenta el país
en gestión de residuos, los cambios requeridos en la política pública y la percepción sobre el rol
de las municipalidades en la implementación de estrategias.
4. Alternativas para el manejo de residuos orgánicos: Se evaluaron cuatro tecnologías como el
compostaje doméstico, compostaje industrial, biosecado y digestión anaeróbica, según criterios

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como facilidad de implementación, costos, impacto ambiental, generación de valor agregado y
accesibilidad tecnológica.
Para la recolección de datos se aplicó una versión modificada del método Delphi, caracterizada por una
única ronda de consulta estructurada. Esta variante, adecuada para estudios exploratorios, permite
obtener aportes de valor por parte de expertos sin necesidad de múltiples fases de retroalimentación
obteniendo un proceso más corto y menos costoso para ambas partes (expertos e investigador) (Cabero
Almenara & Infante Moro, 2014) La selección de participantes se basó en su experiencia profesional en
la gestión de residuos, lo que garantiza la calidad de la información recolectada.
Las entrevistas a personas expertas con amplia trayectoria en la gestión de residuos orgánicos en Costa
Rica, fueron realizadas a doce personas vinculadas a municipalidades, instituciones públicas, empresas
privadas y centros de investigación. El grupo de participantes cuenta con una experiencia que oscila
entre los dos y treinta años, lo que permitió recoger perspectivas tanto de actores con trayectoria
consolidada como de profesionales más recientes que aportan enfoques innovadores.
El procesamiento de la información se realizó mediante categorización temática y análisis de frecuencia,
por lo que las respuestas fueron agrupadas con base en su recurrencia y se identificaron patrones
comunes que permitieron clasificar los hallazgos en ejes clave como: iniciativas institucionales,
problemáticas, logros, alternativas tecnológicas y recomendaciones de política pública. Este proceso
facilitó una interpretación ordenada de los datos, lo que coincide con lo planteado por Fernández (2002)
quien considera que el análisis de contenido permite organizar y sistematizar la información cualitativa
mediante procedimientos objetivos y replicables.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
La gestión de residuos en el Gran Área Metropolitana (GAM) de Costa Rica presenta realidades diversas
que reflejan tanto las capacidades técnicas e institucionales como las limitaciones estructurales de cada
gobierno local. A partir de la combinación de datos cuantitativos y cualitativos, se logró caracterizar
tanto las prácticas existentes como las brechas que persisten a nivel institucional, técnico y social. Este
apartado reúne evidencias que abarcan desde experiencias concretas de gestión, hasta estimaciones de
generación y valorización de residuos, complementadas con percepciones y conocimientos de actores

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claves del sector. Esta sistematización de resultados permite visualizar las iniciativas y capacidades
existentes en el país para avanzar hacia un manejo más eficiente y sostenible de los residuos.
Legislación nacional
La Ley N.º 8839 para la Gestión Integral de Residuos establece el marco legal en Costa Rica para la
gestión de residuos (SCIJ, 2010). Esta ley define los principios de responsabilidad compartida,
jerarquización en la gestión de residuos (reducción, reutilización, reciclaje, valorización y disposición
final) y la necesidad de promover la valorización como herramienta para proteger la salud pública y el
ambiente. Desde su promulgación en 2010, las municipalidades asumen un rol protagónico,
especialmente en la recolección, tratamiento y disposición de los residuos sólidos ordinarios (Ministerio
de Salud Pública [MSP], 2023).
En el proceso de implementación de la Ley N.º 8839, se han desarrollado distintos instrumentos
normativos con el objetivo de complementar y operativizar los principios establecidos en el marco legal
nacional, particularmente en lo relativo a la separación, recolección, valorización y disposición final de
los residuos sólidos (Decretos N.º 35906-S, 36093-S, 36499-S-MINAET, 37567-S-MINAET-H, 37745-
S, 38928-S y 39136-S). Estos instrumentos operativizan principios como la separación en la fuente, la
valorización y la disposición final controlada, aunque su aplicación efectiva depende en gran medida de
la capacidad técnica y financiera de los gobiernos locales.
Además de los decretos ejecutivos que regulan la gestión de residuos, Costa Rica ha desarrollado
instrumentos de política pública y planificación estratégica que orientan la implementación de la gestión
integral de residuos a mediano y largo plazo. En este contexto, la Política Nacional para la Gestión
Integral de Residuos 2010–2021, fue el primer esfuerzo estructurado para establecer una ruta nacional.
Este documento introdujo los principios de responsabilidad compartida, prevención y valorización, y
subrayó la importancia de la separación en la fuente (MSP, 2011). El Plan Nacional para la Gestión
Integral de Residuos 2016–2021, elaborado por el Ministerio de Salud, profundizó en acciones concretas
como el fomento de la educación ambiental, la recolección diferenciada y el fortalecimiento de las
capacidades municipales (MSP, 2016).
Se actualizó este marco mediante la publicación de la Política Nacional para la Gestión Integral de
Residuos 2023–2033 y su Plan Nacional 2023–2028, los cuales fueron presentados en conjunto y

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representan una continuidad de la política anterior, pero con un enfoque más marcado hacia la economía
circular y la acción climática. En esta versión más reciente, se reconoce explícitamente que los residuos
orgánicos representan cerca del 50 % de los residuos generados y se plantea su aprovechamiento como
una prioridad nacional mediante compostaje, producción de biogás y el impulso de encadenamientos
productivos (MSP, 2023).
Entre las estrategias establecidas en el marco normativo, la Estrategia Nacional para la Separación,
Recuperación y Valorización de Residuos se crearon lineamientos técnicos para mejorar la división en
la fuente y fomentar la valorización de residuos (MSP, 2016). Su alcance ha sido limitado debido a la
falta de mecanismos vinculantes y a la baja capacidad operativa de los gobiernos locales. Por su parte,
la Estrategia Nacional para la Sustitución de Plásticos por Alternativas Renovables y Compostables
busca reducir el uso de plásticos de un solo uso mediante la promoción de materiales biodegradables y
compostables, pero enfrenta obstáculos normativos, tecnológicos y de mercado, especialmente por la
escasez de infraestructura adecuada para el compostaje a gran escala (MINAE, 2017).
A nivel técnico, el Plan Nacional de Compostaje 2020–2050, impulsado por el Consejo Nacional
Ambiental y validado por el Ministerio de Salud, evidencias métricas la magnitud de los residuos
orgánicos en el país y propone soluciones diferenciadas según escalas locales, institucionales y
regionales. Este plan destaca el rol que puede cumplir el compostaje en zonas donde no existen opciones
de recolección diferenciada o plantas de tratamiento (Consejo Nacional Ambiental, 2020).
Desde un enfoque transversal, la Política Nacional de Producción y Consumo Sostenible 2018–2030
(Decreto Ejecutivo N.º 41032-PLAN-MINAE-MEIC-MAG-MOPT), complementa estos instrumentos
al incorporar el enfoque de ciclo de vida, el principio de responsabilidad extendida del productor y la
promoción del ecodiseño (SCIJ, 2017). De forma alineada, la Política Nacional de Adaptación al
Cambio Climático 2018–2030 (Decreto Ejecutivo N.º 41091-MINAE), incluye la valorización de
residuos como una de las medidas que pueden contribuir a la reducción de emisiones, especialmente por
su capacidad para evitar la generación de metano en rellenos sanitarios (SCIJ, 2018).
En conjunto, estos instrumentos definen las orientaciones nacionales para la gestión integral de residuos
y establecen líneas estratégicas asociadas a prevención, separación, valorización y disposición final, las

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cuales se complementan con iniciativas y reglamentaciones específicas desarrolladas en el ámbito local
y legislativo
A nivel local, existen esfuerzos como el Reglamento Municipal para la Valorización y el
Aprovechamiento Energético con Residuos Sólidos Municipales del cantón de San José, aprobado en
2017. Este reglamento propone mecanismos para transformar residuos en energía, incluyendo
componentes como la incineración controlada, el biogás y la promoción del compostaje. No obstante,
su ejecución ha enfrentado obstáculos técnicos, sociales y financieros, lo que evidencia la necesidad de
apoyo institucional y articulación intergubernamental (SCIJ, 2017).
A nivel legislativo, se han presentado propuestas que, de ser aprobadas, podrían contribuir a una gestión
más integrada. Tal es el caso del Proyecto de Ley N.º 23 847: Ley de Economía Circular en Costa Rica,
que buscaba promover modelos de negocio sostenibles, integración de cadenas de valor y valorización
de residuos en todos los sectores productivos (Asamblea Legislativa De La República De Costa Rica,
2023). De igual forma, el Proyecto de Ley N.º 24 661, orientado a impulsar la creación de empresas
bioeconómicas mediante exoneraciones tributarias, líneas de crédito verdes y programas de
transferencia tecnológica, promoviendo el uso sostenible de la biodiversidad para generar bioproductos
y bioenergía en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Asamblea Legislativa De La
República De Costa Rica, 2024).
Con base en el marco normativo descrito, a continuación se presentan evidencias sobre la gestión
municipal de residuos en cantones del GAM, considerando experiencias, programas y datos reportados
por gobiernos locales y fuentes institucionales.
Gestión municipal de residuos
En el cantón de La Unión, la municipalidad ha desarrollado un modelo de gestión que combina la
recolección diferenciada, programas de compostaje y campañas de educación ambiental para la
población. En un programa de compostaje domiciliario se beneficiaron a más de 483 hogares. Según A.
Cordero (comunicación personal, 11 de agosto 2025), en 2024 se recolectaron 22,560 toneladas de
residuos, de los cuales el 50 % son residuos orgánicos. Además, con residuos orgánicos de la feria del
agricultor y verdulerías de la zona se genera un total de 50 toneladas de compostaje utilizable.

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La Municipalidad de Santa Ana implementó unas campañas de saneamiento ambiental, las cuales le
permitieron recolectar residuos no tradicionales de todo el cantón; mediante esta actividad se
recolectaron 581 toneladas de residuos no tradicionales con una inversión de aproximadamente 40
millones de colones en operación y disposición final (Castro Badilla, 2022). La Municipalidad de
Atenas, con su Centro de Recuperación de Residuos Valorizables gestionó 436.8 toneladas de residuos
en 2021, complementadas con 19 campañas de recolección de residuos no tradicionales obteniendo
664.7 toneladas y 4 campañas para residuos electrónicos con un total de 14.2 toneladas (Municipalidad
de Atenas, 2025).
En el cantón de Alajuela, la Municipalidad garantiza la recolección en el 100 % de sus catorce distritos,
según su Plan Municipal de GIRS (2013), la generación de residuos domésticos se estima en 204.62
toneladas diarias (0.89 kg/persona/día), y se promueven acciones como separación en la fuente, puntos
verdes, valorización de orgánicos y campañas de educación ambiental para reducir y aprovechar los
residuos (Municipalidad de Alajuela, 2025). Actualmente, la Municipalidad de Desamparados posee un
programa de compostaje en los hogares del cantón, donde ha favorecido a 880 hogares con estos recursos
para contribuir con la disminución de los residuos que se recolectan de cada hogar (Gutierrez,
comunicación personal, 11 de agosto 2025).
Este mismo gobierno local indicó que se procesaron 60,812 toneladas de residuos en el año 2024,
indicando un aumento del 7 % de estos residuos con respecto al año 2023 (D. Gutierrez, comunicación
personal, 11 de agosto 2025). En el caso de la Municipalidad de Curridabat, se informó que durante el
año 2024 se gestionaron 22,995 toneladas de residuos y se han entregado 1,723 composteras a los
hogares del cantón para fortalecer las acciones de separación en la fuente y aprovechamiento de estos
residuos orgánico (G. Villalobos, comunicación personal, 11 de agosto 2025). De este modo, los casos
de algunas de las municipalidades del GAM permiten dimensionar cómo estas han asumido el desafío
de reducir y aprovechar los residuos sólidos, especialmente los orgánicos. Estas iniciativas reflejan la
relevancia de la acción local como un punto de partida para enfrentar los retos de la gestión integral de
residuos en el país.

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Cuantificación y valorización de residuos orgánicos
Los residuos orgánicos representan una amenaza así como una oportunidad para su aprovechamiento en
beneficio del ser humano y el entorno que lo rodea. El incremento de la población mundial y la expansión
urbana ha generado una focalización en la generación de residuos orgánicos, creando la necesidad de
eliminar estos materiales para evitar que se convierta en un factor que tenga la capacidad de degradar la
calidad del ambiente (Ramos, 2003). Además de los residuos orgánicos de origen urbano, el sector
agropecuario forma parte como uno de los principales actores en la generación de residuos de esta clase.
Los residuos de origen animal y de origen vegetal en el ámbito agrícola en Costa Rica ejercen una
presión sobre los ecosistemas puesto que al no ser tratados se disponen en el ambiente sin considerar su
capacidad de asimilación (Suárez, 2022).
En Costa Rica, la cuantificación de los residuos orgánicos en los hogares es una tarea fundamental para
la formulación de políticas públicas y estrategias de valorización de residuos orgánicos, esta fase del
estudio tuvo como objetivo estimar la cantidad de alimentos desperdiciados en el GAM, utilizando datos
de consumo alimentario y aplicando metodologías internacionales de la FAO y el PNUMA para la
medición del desperdicio de alimentos.
La estimación combinó dos fuentes principales de información, primeramente se utilizaron los datos de
consumo de alimentos reportados por Guevara-Villalobos et al. (2019), quienes analizaron los hábitos
alimentarios de la población urbana costarricense mediante un recordatorio de 24 horas (R24) aplicado
a 798 personas, este estudio permitió identificar 30 grupos de alimentos consumidos en el país,
detallando su frecuencia y cantidad promedio en la dieta nacional.
A partir de estos datos, los alimentos fueron clasificados en siete categorías generales, siguiendo la
metodología utilizada en estudios de la FAO sobre pérdidas y desperdicio de alimentos (Gustavson et
al., 2011). Estas categorías incluyen: cereales, raíces y tubérculos, legumbres y oleaginosas, frutas y
verduras, carnes y mariscos, lácteos y derivados, y otros (comidas preparadas y productos procesados).
Con base en esta clasificación, se procedió a convertir el consumo diario promedio en gramos de cada
grupo alimenticio a un valor anual y a su vez expresado en kilogramos, con el objetivo de homogeneizar
las unidades de medida y facilitar su análisis agregado. Posteriormente, se aplicaron los porcentajes de
desperdicio propuestos por Gustavson et al. (2011) para América Latina, los cuales consideran las

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pérdidas ocurridas a lo largo de toda la cadena de suministro alimentaria. Los porcentajes asignados a
cada grupo de alimentos fueron: cereales (10%), raíces y tubérculos (4%), legumbres y oleaginosas
(2%), frutas y verduras (10%), carnes y mariscos (6%), y lácteos y derivados (4%).
Además, para estimar la cantidad real de alimentos que debe ser adquirida para satisfacer el consumo
neto, se ajustó el volumen de consumo considerando el porcentaje de desperdicio, este ajuste reflejó la
diferencia entre el consumo efectivo y la cantidad que se necesita comprar para compensar las pérdidas
en el proceso de manejo y consumo de alimentos, con base en este volumen ajustado, se determinó
también la cantidad de alimento desperdiciado por cada categoría.
Finalmente, se realizó una sumatoria de los desperdicios anuales de todos los productos incluidos en
cada categoría, permitiendo así calcular el total de alimentos desperdiciados en kilogramos por año para
cada grupo alimenticio analizado. A continuación, se presenta la Tabla 1 que resume la estimación del
desperdicio anual de alimentos por categoría, en ella se detalla el volumen de desperdicio en kilogramos
per cápita por año para cada grupo alimenticio, así como su participación porcentual respecto al total de
alimentos desperdiciados.
Tabla 1. Estimación del desperdicio anual de alimentos por categoría, expresado en kilogramos per
cápita por año y porcentaje del total
Categoría Desperdicio (kg per cápita/año) Porcentaje sobre el total (%)
Cereales 2.564 3.44%
Raíces y tubérculos 0.266 0.36%
Legumbres y oleaginosas 18.516 24.83%
Frutas y verduras 7.918 10.62%
Carnes y mariscos 1.222 1.64%
Lácteos y derivados 0.095 0.13%
Otros (procesados, preparados) 43.981 58.99%
Total 74.563 100%
Fuente. Montero-Vega et al. (2025) según Guevara et al. (2019) y Gustavson (2011).
La estimación del desperdicio de alimentos en los hogares del GAM no solo permite dimensionar la
magnitud del problema en términos de seguridad alimentaria e impacto ambiental, sino también
identificar un recurso con potencial de aprovechamiento energético. De acuerdo con Hernández et al.
(2022), los residuos orgánicos, junto con los generados en actividades agrícolas y pecuarias, representan
una fuente significativa para la producción de energía renovable.

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Considerando que cada persona desperdicia en promedio 74,563 kilogramos de alimentos anualmente
(Hernández et al., 2022) y que la población del GAM asciende a 2,581,321 habitantes (Instituto Nacional
de Estadística y Censos [INEC], 2023), se estima un volumen total cercano a 192,471 toneladas de
residuos alimentarios por año, estos pueden considerarse como un insumo con capacidad de
transformación energética. Todos estos residuos alimenticios de los hogares del GAM serían un total de
38.5 GWh/año en cuanto a su potencial energético.
Montero-Vega et al. (2025), demostró que mediante digestión anaeróbica a escala de laboratorio es
posible obtener unos 220 Nm3 de biogás por toneladas de residuos alimentarios, lo que equivale a un
potencial energético de aproximadamente 200 kWh por tonelada de residuos procesada. Esta perspectiva
permite vincular la problemática del desperdicio con oportunidades concretas de aprovechamiento
energético, aportando una visión más integral para el diseño de políticas de economía circular y
bioeconomía.
Adicionalmente, se recopilaron estimaciones de la cantidad de residuos generados anualmente en
diferentes actividades agrícolas, pecuarias y domésticas, así como su correspondiente potencial de
generación de energía expresado en GWh/año. Los datos presentados en la Tabla 2, evidencian que tanto
cultivos como la piña y la caña de azúcar como la ganadería y la porcicultura, concentran una parte
significativa del total de residuos aprovechables. Este enfoque complementa el análisis del desperdicio
de alimentos al destacar el valor energético que puede recuperarse de subproductos y residuos.
Tabla 2. Residuos orgánicos sectoriales y estimación de potencial energético en Costa Rica en toneladas
por año
Sector Cantidad de residuos (ton/año) Potencial energético (GWh/año)
Caña de azúcar 4,654,814 440
Piña 8,642,882 641
Café 1,430,000 131
Banano 4,555,740 357
Ganadería (estiércol) 7,830,000 533
Arroz 729,000 58
Avicultura (cama y gallinaza) 1,529,000 119
Porcicultura 912,000 58
Palma aceitera (biomasa
seca)
474,000 148
Total 30,757,436 2,485
Fuente. Hernández et al. (2022).

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La cuantificación de los residuos domésticos y agropecuarios evidencia un potencial energético cercano
a 2,523.5 GWh/año; para contextualizar esta magnitud, el Instituto Costarricense de Electricidad reporta
que la Planta Hidroeléctrica Reventazón tiene una producción media anual de 1,572.8 GWh, lo cual
abastece aproximadamente a 525,000 hogares (Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), 2025).
Estos recursos son un 60.44 % superior a la generación de la mayor planta hidroeléctrica del país, lo
cual indica que estos recursos permanecen subutilizados debido a la limitada capacidad instalada para
procesar biomasa residual.
El aprovechamiento de este potencial no depende únicamente de factores técnicos o de infraestructura,
sino también de un marco regulatorio que lo respalde. El marco normativo costarricense aún carece de
disposiciones específicas y vinculantes que promuevan el aprovechamiento energético de todos estos
residuos orgánicos. Esta desconexión entre el potencial técnico y la legislación vigente refleja una
brecha estructural, por lo que la valorización energética sigue siendo marginal.
Iniciativas y desafíos institucionales
Las iniciativas institucionales evidencian un fuerte énfasis en la recolección y clasificación diferenciada
de residuos, así como en la operación de centros de acopio que facilitan el manejo de materiales
reciclables. El compostaje, tanto en su modalidad doméstica como industrial, fue una de las acciones
más recurrentes, no sólo como proceso técnico para la producción de abono orgánico, sino también
como un medio para generar encadenamientos productivos, como la comercialización de composteras
y la capacitación a comunidades. Asimismo, se destacó la valorización de residuos orgánicos y de
subproductos de la industria alimentaria para obtener insumos de valor agregado, incluyendo fibra
dietética, antioxidantes y pectinas.
Varias instituciones reportaron participación en proyectos de investigación orientados a optimizar el
aprovechamiento de residuos, junto con programas de educación y capacitación ambiental dirigidos a
distintos públicos. Estas iniciativas tienen como objetivos centrales la sensibilización ciudadana, la
reducción de residuos enviados a rellenos sanitarios, la valorización de subproductos y el fortalecimiento
de la coordinación interinstitucional, tomando como referencia marcos estratégicos como el Plan
Nacional de Compostaje 2020–2050 y el Plan Nacional para la Gestión Integral de Residuos.

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Los hallazgos también revelan que las problemáticas identificadas a nivel nacional reflejan obstáculos
estructurales que dificultan la gestión efectiva de residuos orgánicos. Entre los más relevantes se
encuentran la escasa participación ciudadana en la separación en la fuente, la carencia de recursos
humanos y financieros suficientes en los gobiernos locales, la burocracia y la ausencia de incentivos
para la valorización de residuos. Se señaló también la falta de programas de educación ambiental
sostenidos en el tiempo y la ausencia de estos contenidos en los planes de estudio formales, así como la
insuficiente infraestructura municipal para el tratamiento diferenciado de la fracción orgánica.
No obstante, se reconocen avances importantes, como un aumento de la conciencia ciudadana, la
existencia de un marco normativo específico mediante la Ley N.° 8839, el desarrollo de estrategias
nacionales como la Economía Circular, el Plan Nacional de Compostaje y la ejecución de proyectos
municipales que, en algunos casos, han contado con el apoyo de alianzas público-privadas.
Entre los logros más destacados mencionados por las personas expertas se incluyen la recuperación y
aprovechamiento de residuos orgánicos en ferias del agricultor y mercados locales, la producción
continua de compost para mejorar la fertilidad del suelo, la valorización de subproductos agrícolas e
industriales como los generados en la caficultura, así como la participación de productores y
comunidades en programas de compostaje. También se resaltó la existencia de iniciativas pioneras,
como la recuperación de artes de pesca para su reciclaje y el desarrollo de redes interinstitucionales para
fomentar huertas escolares y el aprovechamiento de residuos orgánicos a nivel educativo.
En cuanto a las alternativas para el manejo de residuos orgánicos, las personas expertas coincidieron en
que el compostaje tanto doméstico como industrial representa la opción más viable por su relativa
facilidad de implementación, su potencial de generar productos aprovechables y su adaptabilidad a
diferentes escalas. También se mencionaron otras tecnologías como la digestión anaeróbica, el
biosecado, el uso de cilindros rotatorios de gran capacidad y la producción de biocombustibles.
Asimismo, se señaló la utilización de residuos orgánicos para la alimentación animal, siempre que se
cumplan las condiciones sanitarias requeridas. Entre los casos de éxito resaltan experiencias como
Abonos Vivos en Cartago y Alajuela, el aprovechamiento de subproductos del café por parte de
Coopetarrazú, y los programas de compostaje impulsados en ferias del agricultor y centros educativos,
como los implementados por la Municipalidad de Curridabat.

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Finalmente, dichas entrevistas permitieron recopilar recomendaciones de política pública enfocadas en
mejorar la gestión de residuos orgánicos a nivel nacional, entre ellas, se propuso la implementación de
incentivos tributarios para fomentar la valorización de residuos, el fortalecimiento de la aplicación de la
Ley N.° 8839, el establecimiento de sanciones para quienes incumplan con la normativa, además, se
hace énfasis en la necesidad de consolidar la coordinación entre el gobierno local y la ciudadanía.
CONCLUSIONES
La investigación demuestra que el reto de la gestión de residuos en Costa Rica no se limita a la existencia
de marcos legales y diagnósticos técnicos, sino a la capacidad de convertirlos en instrumentos efectivos
para la transición hacia la circularidad. El potencial de los residuos orgánicos como insumo energético
está claramente cuantificado, pero su aprovechamiento permanece limitado por la falta de articulación
institucional, la ausencia de mecanismos financieros que permitan escalar proyectos y la acción
ciudadana. Mediante esta articulación será posible que la economía circular deje de ser un horizonte
discursivo y se convierta en una práctica tangible que vincule la gestión de residuos con la seguridad
energética, la acción climática y el desarrollo económico del país.
Una vía estratégica consiste en vincular la valorización de residuos con el sector energético. La apertura
y diversificación del mercado eléctrico nacional podría habilitar esquemas en los que actores privados,
municipales o comunitarios transformen los residuos en bioenergía e inyecten esa producción a la red.
Este enfoque contribuiría a la descarbonización y a la seguridad energética del país, consolidando un
esquema financiero sostenible para los proyectos de gestión de residuos, transformando un pasivo
ambiental en un activo económico. En este marco, los residuos se convierten en un motor para generar
encadenamientos productivos que impulsen la innovación tecnológica, favorezcan la diversificación de
la matriz energética nacional y faciliten el acceso a financiamientos nacionales e internacionales
orientados a proyectos de innovación y bajo impacto ambiental, fortaleciendo en la viabilidad y
escalabilidad de estas iniciativas.
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