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EL IMPACTO DE LA EDUCACIÓN
EN LA RESPONSABILIDAD SOCIAL
¿SE PUEDE MEDIR Y MEJORAR?
THE IMPACT OF EDUCATION ON SOCIAL
RESPONSIBILITY: CAN IT BE MEASURED
AND IMPROVED?
Carlos Arredondo Herrera
Universidad Tecnológica del Norte de Coahuila, México
Diana Marina López Rodríguez
Tecnológico Nacional de México
María Soledad Acevedo Casillas
Universidad Interamericana del Bravo, México
Jessica Velázquez Castellanos
Tecnológico Nacional de México
Martha Genoveva Garza Arredondo
Tecnológico Nacional de México
María Reyna Popócatl Flores
Tecnológico Nacional de México

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DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23892
El Impacto de la Educación en la Responsabilidad Social
¿Se Puede Medir y Mejorar?
Carlos Arredondo Herrera
profecarlos.tics@gmail.com
Docente, Maestría en Educación
Universidad Tecnológica del Norte de Coahuila
México
Diana Marina López Rodríguez
diana.Ir@piedrasnegras.tecnm.mx
Docente
Maestría en Administración de Empresas
Instituto Tecnológico de Piedras Negras
Tecnológico Nacional de México
María Soledad Acevedo Casillas
aecsole@gmail.com
Docente
Doctorado en Planeación y Liderazgo Educativo
Universidad Interamericana del Bravo
México
Jessica Velázquez Castellanos
jesssica.vc@piedrasnegras.tecnm.mx
Docente, Maestría en Planeación
Instituto Tecnológico de Piedras Negras
Tecnológico Nacional de México
Martha Genoveva Garza Arredondo1
martha.ga@piedrasnegras.tecnm.mx
Docente
Maestría en Planeación de Empresas
Instituto Tecnológico de Piedras Negras
Tecnológico Nacional de México
María Reyna Popócatl Flores
reyna.pf@piedrasnegras.tecnm.mx
Docente
Maestría en ciencias en Ingeniería Industrial
Instituto Tecnológico de Piedras Negras
Tecnológico Nacional de México
RESUMEN
Los sistemas educativos, públicos y privados, ofrecen enseñanza en diversas etapas de la vida, pero no
hay evidencia clara ni medible del impacto real que estas tienen en la formación integral del egresado. Se
observan cambios superficiales en el comportamiento de los estudiantes durante su formación, como
mejora en modales o ciertas habilidades sociales, no existen evaluaciones formales ni
retroalimentaciones que midan de forma completa el desarrollo de la responsabilidad social en ellos. Las
actividades de responsabilidad social que se fomentan en las instituciones educativas suelen enfocarse
en aspectos como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo o el manejo básico de emociones. Sin
embargo, estos elementos son insuficientes para definir a un individuo como socialmente responsable.
Es necesario que el estudiante también adquiera valores universales, habilidades para la inclusión y
diversidad, compromiso con la equidad de género, participación activa en la comunidad y una actitud
sustentable y ética. A pesar de la educación escolarizada, muchas personas carecen de estos valores y
principios fundamentales, lo que se refleja en problemas sociales como la corrupción, discriminación,
deshonestidad, agresividad y evasión de responsabilidades cívicas. Esto indica una brecha entre lo
enseñado y la verdadera formación social y ética del individuo. Por ello, surgen preguntas importantes:
¿existen mecanismos de evaluación para los programas de responsabilidad social en las escuelas?
¿Cómo se retroalimenta a los estudiantes sobre valores y civismo? ¿Qué tan efectivos son estos
programas y qué aspectos quedan fuera, especialmente bajo el marco de los derechos humanos? ¿Es
posible medir de forma adecuada las habilidades y actitudes sociales adquiridas? ¿Cómo se podría
mejorar la responsabilidad social a través de la educación formal? Estas interrogantes abren un campo
de análisis para identificar áreas de oportunidad y proponer estrategias que potencien la formación
integral y la responsabilidad social en los estudiantes, fortaleciendo así el tejido social en su conjunto.
Palabras clave: responsabilidad social universitaria, entorno, comunidad
1 Autor principal
Correspondencia: martha.ga@piedrasnegras.tecnm.mx

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The Impact of Education on Social Responsibility:
Can It Be Measured and Improved?
ABSTRACT
Educational systems, both public and private, offer instruction at various stages of life, but there is no
clear or measurable evidence of the real impact they have on the comprehensive development of the
graduate. Superficial changes are observed in students' behavior during their education, such as
improved manners or certain social skills, but there are no formal evaluations or feedback mechanisms
that fully measure the development of social responsibility in them. The social responsibility activities
promoted in educational institutions tend to focus on aspects like effective communication, teamwork,
or basic emotional management. However, these elements are insufficient to define an individual as
socially responsible. It is necessary for the student to also acquire universal values, skills for inclusion
and diversity, a commitment to gender equity, active community participation, and a sustainable and
ethical attitude. Despite formal schooling, many people lack these fundamental values and principles,
which is reflected in social problems such as corruption, discrimination, dishonesty, aggression,
and the evasion of civic responsibilities. This indicates a gap between what is taught and the individual's
true social and ethical formation. Therefore, important questions arise: Are there evaluation
mechanisms for social responsibility programs in schools? How is feedback on values and civics
provided to students? How effective are these programs, and what aspects are left out, especially within
the framework of human rights? Is it possible to adequately measure the acquired social skills and
attitudes? How could social responsibility be improved through formal education? These questions open
a field of analysis for identifying areas of opportunity and proposing strategies that enhance the
comprehensive development and social responsibility of students, thereby strengthening the social
fabric as a whole.
Keywords: university social responsibility, environment, community
Artículo recibido 02 abril 2026
Aceptado para publicación: 30 abril 2026

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INTRODUCCIÓN
La escolarización o la “educación escolarizada”, desde hace décadas, se ha convertido en el sector de
cualquier estado, que en buena medida, tiene la capacidad de formar a los futuros y nuevos ciudadanos;
no solo en técnicos o especialistas de todas las áreas profesionales, y en personas facultadas para ejercer
una labor efectiva y por ende impulsar el crecimiento del mismo, sino también formando en ellos y
durante sus carreras, diversas actitudes sociales, como la ética, los valores y la moral, de tal suerte que,
de una manera empírica y en general, se entiende que la educación es lo único que fomenta en cualquier
país, un mejor tipo de ciudadano, debido precisamente a esta preparación facultativa y social.
Hace más de medio siglo, las necesidades de mano de obra especializada, para impulsar a los países en
vías de desarrollo principalmente, hicieron que se marcara una división importante en las instituciones
de niveles preparatorios y universitarios: Las instituciones tecnológicas. De tal modo que la formación
integral universitaria, se enfocara más en el aprendizaje de las habilidades productivas, más que en la
formación social, como lo había sido tradicionalmente en las universidades. Un estudiante
preparatoriano de al menos las últimas 3 décadas del milenio pasado, tenía cada vez menos acceso, o
breve acceso a materias de formato social como: civismo, valores, ética y moral, filosofía, psicología,
etc. Una vez terminada su preparatoria, entraba a una carrera profesional tecnológica, dedicada a la
especialización en las áreas pertinentes a la productividad para ingenieros y licenciados, y las materias
de humanidades fueron casi suprimidas en su totalidad, con los modelos educativos de la época.
En contraste, a finales del milenio pasado y en las primeras 2 décadas y media del presente, se han ido
incrementando y adaptando la integración de formaciones del tipo social en las instituciones
universitarias públicas, atendiendo a los lineamientos y recomendaciones de organismos como la
UNESCO. Se habla de la preparación del “SER” y del “SABER CONVIVIR”. No es tema de esta
investigación, las causas o necesidades de este surgimiento, y se dará por hecho que sus fundamentos
son justificados y que han sido estudiados y validados debidamente; pero si cabe entonces analizar y
cuestionarse, sobre la utilidad, la medición, la evolución y efectividad de que se impulsen estas
habilidades, específicamente, la de la Educación en la Responsabilidad Social, por parte de las
instituciones educativas. Este estudio podría contribuir en alguna medida, a enfocar este importante
aspecto de la vida social, inspirando acaso propuestas de mejora.

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DESARROLLO
Desde la Educación Tradicional, a la Responsabilidad Social en la Instituciones Universitarias
Tradicionalmente, la formación de profesionistas, pertenecía a colegios privados, con acceso solo a las
clases económicas más altas, quienes recibían los conocimientos, técnicas y métodos más novedosos
de cada época. Las buenas costumbres y los buenos modales, estaban implícitos en esta formación, así
como habilidades sociales, buenos modales, y normas de urbanidad. Con el paso de los siglos, son los
estadistas, quienes van decidiendo apostar a un sistema educativo, como inversión y fundamento para la
cultura y el crecimiento de los países que gobiernan. Y resultó efectivo en gran medida. La
especialización facultada por una universidad, representa una garantía de que el egresado, será un
ciudadano productivo para el desarrollo de su país.
Sin embargo, no ha sido tarea fácil, pasar de la educación para unos cuantos privilegiados, a los sistemas
educativos del estado, al que se tiene acceso libre sin restricciones económicas o de estatus social.
Aspectos diversos, entran en juego para poder lograr que un país tenga no solo un alto nivel de
educación, sino una gran cantidad de profesionales escolarizados en su población. Como una de las
consecuencias de la constante creación de instituciones educativas y todos sus retos inherentes en el
mundo, se crea la UNESCO, en el año 1945, con el fin de contribuir a la paz y la seguridad mundial a
través de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.
A partir de entonces, la UNESCO ha marcado directrices educativas, para lograr estos nobles fines. Se
ha hecho evidente y concluido que, un problema relacionado es la evasión de responsabilidades, tanto
a nivel individual como colectivo. Muchos estudiantes egresan del sistema educativo con conocimientos
técnicos, pero sin un sentido claro de deber social ni conciencia sobre el impacto de sus acciones en el
entorno. Como señala (Veugelers, 2011), la educación que se enfoca exclusivamente en el rendimiento
académico puede formar individuos competentes, pero no necesariamente comprometidos con el
bienestar común.
Sin detallar la evolución de diversas indicaciones de esta organización mundial, en años recientes, se
ha dado realce a las habilidades que se espera de los profesionistas al egresar de sus instituciones
universitarias. Aunado a los nuevos modelos de enseñanza y aprendizaje, van surgiendo propuestas de
enseñanza y evaluación, como el aprendizaje basado en proyectos, basado en problemas, o el desarrollo

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de competencias profesionales. Para seguir integrando con más recursos a los estudiantes, se incorporan
las habilidades sociales como una habilidad formativa que se había dejado de lado, o se le había restado
importancia, como lo demuestran los programas escolarizados de décadas pasadas.
La incorporación de habilidades en el contacto social, demandado también por el sector productivo,
quienes esperan ver en un profesionista, un empleado no solo con habilidades profesionales, sino
también, con eficiencia en el trabajo en equipo y el liderazgo, no solo tiene que ver con la vida
productiva, sino también con aspectos como la inclusión, la igualdad de género y la participación
comunitaria, entre otros.
Las instituciones de Nivel superior tienen ahora y desde hace años, un gran compromiso: no solo
entregar egresados con capacitación científica o tecnológica, sino profesionistas con responsabilidad
social. Por años se han implementado diversos programas para fomentar actividades de liderazgo,
trabajo en equipo, foros con empresarios y egresados, etc. Pero es recientemente que se han anexado
estas y otras prácticas de forma determinante, en los recientes planes de estudio. Trabajos colaborativos,
actividades en equipo, dinámicas grupales, actividades de sustentabilidad y medio ambiente, etc.
Algunos aspectos específicos de la RSU (Responsabilidad Social Universitaria)
Inclusión
Como se ha visto en años muy recientes, la Nueva Escuela Mexicana (NEM) tiene como objetivo en su
modelo educativo principalmente, garantizar el libre acceso a la educación de manera universal,
incluyente y equitativa, y la "Inclusión" es uno de sus ejes articuladores en
(Escalante Ferrer, UAEM, 2016) mencionan que la RSU (Responsabilidad Social Universitaria) se
traduce en acciones como ampliar la cobertura para incluir a personas con necesidades educativas
especiales.
(Severino-González, 2022), dentro de las estrategias de educación en valores, definen la "Solidaridad"
como un conjunto de acciones que buscan la integración de todos sus miembros, apartando la
discriminación e incorporando a las personas sin importar las diferencias. Los docentes, al implementar
políticas institucionales, contribuyen directamente a esto.

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Igualdad de Género
La NEM integra la "Igualdad de género" como un eje articulador en su plan de estudio y su currículum
ha sido actualizado con "perspectiva de género".
Aunque no directamente sobre la labor docente en el aula, la Coordinación para la Igualdad de Género
en la UNAM subraya que el cuidado de las niñas es una responsabilidad social y que debemos generar
una nueva cultura alejándose de una perspectiva adulto-céntrica de ejercicio de poder, un cambio
cultural en el que los docentes, como parte del sistema educativo, son actores clave.
Participación Comunitaria
La responsabilidad Social, debe ir más allá de la simple práctica en el campus universitario. No se debe
limitar a espacios de entorno familiar. Para desarrollar en el educando una formación de compromiso
social, debe hacer contacto con diferentes ámbitos de su entorno. Visitar Centros de ayuda a
minusválidos, Hospitales, Empresas comprometidas con la sustentabilidad, participar en campañas de
limpieza de colonias, plazas, calles, o de campañas de forestación y cuidado de la flora y la fauna, etc.
La NEM tiene como objetivo vincularse con la comunidad e impulsar transformaciones sociales dentro
de la escuela y en la comunidad. Su plan de estudio concibe a la escuela como un "centro de aprendizaje
comunitario" donde se construyen saberes y se intercambian valores, normas, culturas y formas de
convivencia.
(Martí-Noguera, 2018) proponen redefinir la función de extensión universitaria como un "compromiso
activo y responsable con la comunidad", integrándola al currículum mediante asignaturas que combinen
educación y extensión, para desarrollar competencias éticas y de responsabilidad social en los
estudiantes a través del involucramiento activo. El Aprendizaje-Servicio (AS) es una metodología que
promueve esto.
También y con esta misma visión, (Severino-González, 2022) incluyen la "Ciudadanía y participación"
como una estrategia para la educación en valores, estableciendo un conjunto de acciones que estimulan
la convivencia y la formación para toda la vida, disponiendo de espacios para que la comunidad defina
de manera conjunta tareas, responsabilidades, derechos y deberes, fomentando una cultura de lo social.
Aunque haya evidencia de estas tareas de hace años, es escasa la información que de una muestra de la
efectividad de su aplicación.

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Se está suponiendo entonces, que estas actividades ayudan al crecimiento social del estudiante. Se está
dando por hecho que participar en estas, formará a un empleado y una persona exitoso y eficiente, sin
haber hecho mediciones, comparativos o análisis de resultados sobre este punto específico, es decir,
¿cuál es el impacto?
Responsabilidad Social Universitaria: La implementación
No aparece de forma instantánea, sino paulatinamente y durante las primeras dos décadas de este siglo,
la propuesta de diversos sectores a nivel mundial, de incluir en la formación universitaria, la
responsabilidad social. Ya en el año 2009 la UNESCO declaró mundialmente que la Responsabilidad
Social Universitaria sería una de las tareas fundamentales que la educación superior tiene ante sí
(UNESCO, 2009).
El hecho de integrar la Responsabilidad Social en las universidades (o RSU), Representa no solo una
tarea o proyecto más que realizar, sino también una serie de retos de formato evolutivo en complejidad,
creando paradigmas y aún conflictos con autoridades educativas, respecto a este tema en específico
(Ibarra Uribe, 2020). Por otra parte, ya se han hecho diversos análisis de los motivos de índole éticos,
filosóficos o/y políticos por los que las universidades incorporan la responsabilidad social universitaria,
Las nuevas responsabilidades
Independientemente de si las decisiones de implementar ciertos programas como la RSU, bien por parte
de las altas autoridades educativas, bien por parte de la federación o del estado, la responsabilidad de su
ejecución recae en el docente. Quién es que está frente directo de los educandos, instruyéndolos y
formándolos con los planes y programas de estudio que se le encomiendan, incluyendo otros programas
como las de: Liderazgo y trabajo en equipo, Tutorías, Habilidades Socioemocionales, etc. Las
dificultades comienzan cuando llega la orden de aplicar uno de estos programas, sin suficiente
información, muchas veces sin capacitación previa completa, del qué, del cómo y del cuando aplicarse,
y que eventualmente se pedirá también, cómo medirse, para entrar a los programas de Calidad
Educativa. Las dificultades continúan cuando a estos programas no se les da un debido seguimiento, o
no hay evidencias, o cuando después aparecen hallazgos e inconformidades en las auditorías de calidad.
Y no se trata de criticar ni exponer las ineficiencias o desatinos de la aplicación de un determinado
programa, ni a las autoridades que lo ordenan, pues en forma general se presupone que son procesos

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bien intencionados, a la vanguardia y de competitividad con otras IES, así como de que son
procedimientos que empiezan como programas piloto, y que son mejorables y también alcanzables; sino
de simplemente poner en relieve, que la mayor parte de la responsabilidad de llevar a cabo y a buen fin
cada programa propuesto en su efectiva aplicación, lo carga precisamente el docente. Es el docente quien
debe no solamente adecuar los temas y contenidos a enseñar, transmitir y evaluar, sino también de
ordenarlos, investigarlos, aprender lo que no domine aún, adecuarlos a métodos y técnicas de enseñanza,
para luego exponerlos, evaluarlos y luego retroalimentar evidencia clara y precisa de que sus métodos y
técnicas dan resultados efectivos. Es por eso que se hace urgente proporcionar al docente, recursos que
le permitan medir el impacto de aquello que enseña, incluyendo, La responsabilidad social.
Los retos de enseñar nuevas habilidades sociales
Actualmente, a la Responsabilidad Social, se le ha venido considerado no como un aprendizaje aislado
de la educación tecnológica, humanista, de salud, etc. sino como una integración de otras actitudes y
aprendizajes sociales, morales y psicológicos a desarrollar en el educando. No obstante, existen diversos
retos para la institución, pero especialmente para el docente al ser quien debe transmitir, fijar y evaluar
estas destrezas. Se trata de una labor en conjunto que inicia desde la más alta jerarquía educativa a nivel
nacional, pasando por las instituciones educativas, hasta llegar al docente. Todo esto conlleva retos y
áreas de oportunidad durante el proceso, a los que se debe dar atención.
Por ejemplo, no solo se trata de ejecutar los programas para el mejoramiento de los alumnos, (Severino-
González, 2022) concluyen que los docentes consideran importante el aprendizaje de valores y de
responsabilidad social. La educación forma a las personas en responsabilidad, y los valores son
determinantes para la toma de decisiones en contextos sociales. Las instituciones educativas tienen el
deber y rol de promover transformaciones sociales. Los profesores son los principales ejecutores de las
políticas institucionales para la formación en valores de los estudiantes.
Es esencial también, tomar conclusiones a las que han llegado otros investigadores.
Por ejemplo, en el tema de las habilidades socioemocionales, autores como (Schonert-Reichl, 2020) y
(Elías, 2015), entre otros, señalan que el éxito de los programas de aprendizaje socioemocional requiere
el trabajo conjunto entre familias y la comunidad educativa, un clima de respeto y responsabilidad, la
enseñanza práctica del valor de la participación, y la formación continua de los educadores en

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competencias socioemocionales. Además, el bienestar de los docentes y sus propias habilidades
socioemocionales son relevantes para procesos de aprendizaje exitosos.
Hablando de los retos de implementación, uno de los problemas fundamentales radica en la ausencia de
mecanismos sistemáticos y rigurosos para evaluar el impacto real de la educación en el desarrollo de la
responsabilidad social. A diferencia de las pruebas estandarizadas que miden conocimientos en
matemáticas o lectura, no existen instrumentos generalizados que permitan valorar de manera objetiva
si un estudiante actúa con conciencia social, practica la inclusión, o participa activamente en la vida
cívica de su comunidad (Veugelers, 2011). Esta carencia limita la capacidad de los sistemas educativos
para mejorar en esta área, ya que lo que no se mide, difícilmente se gestiona.
Por otra parte, las actividades sociales que sí se implementan en las instituciones educativas suelen ser
limitadas tanto en alcance como en profundidad. Es frecuente que se reduzcan a campañas solidarias,
reciclaje o actividades ocasionales de voluntariado, que, aunque valiosas, no abordan dimensiones más
complejas de la responsabilidad social. Temas como la ética en la toma de decisiones, la inclusión de
personas con discapacidad o de grupos vulnerables, la comprensión intercultural, el respeto por los
derechos humanos o la participación cívica activa, no suelen estar suficientemente presentes en el
currículo o en la práctica pedagógica (Desarrollo, 2021).
De manera que, para avanzar hacia una educación que verdaderamente forme personas socialmente
responsables, es necesario repensar el diseño curricular, introducir indicadores de impacto en valores y
participación, y crear oportunidades de aprendizaje que conecten directamente con problemáticas
sociales reales. De lo contrario, la educación seguirá generando mejoras formales, pero no
sustantivas en la conciencia y acción social de los futuros ciudadanos.
Ejemplo: Cómo los Docentes Inculcan los Valores:
Se hace necesario definir las funciones del maestro en cuanto a la transmisión de estos valores,
fundamentales como ya se ha dicho, en la formación de actitudes de Responsabilidad Social
Modelado y Ejemplaridad: Los maestros deben ser un modelo de responsabilidad social y un ejemplo
para sus alumnos.
Integración Curricular Transversal: Incorporar la educación socioemocional y la responsabilidad social
de manera transversal en todas las asignaturas y niveles educativos, no solo como un añadido, sino

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resignificando las actividades existentes. Esto implica que la formación en valores no es ajena al proceso
académico integral.
Actividades Pedagógicas Específicas
- Realizar actividades que fomenten la comunicación y la interacción entre estudiantes, incluso con
compañeros no conocidos.
- Impulsar el trabajo en equipo a través de dinámicas grupales donde los miembros colaboren
y asignen roles.
- Promover la resolución de problemas de manera analítica y el pensamiento lateral para estimular la
creatividad.
- Fomentar la autorregulación emocional, la contención y la capacidad de pedir ayuda.
- Utilizar estrategias de enseñanza efectiva que expliciten las actitudes esperadas al inicio de cada
clase, seguidas de diálogo y metacognición sobre cómo se aplicaron.
- Abordar la Inteligencia Emocional y la resiliencia ante crisis, a través de consejos teóricos y
actividades prácticas.
- Implementar metodologías socio-críticas, innovadoras e inclusivas como el Aprendizaje Basado en
Proyectos Comunitarios, el Aprendizaje Basado en Indagación STEAM, el Aprendizaje Basado en
Problemas (ABP) y el Aprendizaje Servicio (AS).
- Formación y Acompañamiento: Los docentes requieren capacitación y acompañamiento continuo
para desarrollar sus propias competencias socioemocionales y sentirse seguros al implementar estas
estrategias en el aula.
- Diálogo y Reflexión: Generar espacios de diálogo, reflexión y pensamiento crítico sobre la
importancia de estas habilidades para el éxito personal y profesional.
- Vínculo con el Currículo Nacional: Utilizar y revalorizar los Objetivos de Aprendizaje
Transversales (OAT) y la asignatura de Orientación como marcos de referencia para el diseño y la
implementación de acciones de gestión socioemocional.

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Mecanismos de Evaluación actuales
A pesar de los esfuerzos institucionales y del reconocimiento generalizado sobre la importancia de la
responsabilidad social en la educación, el panorama actual revela limitaciones estructurales importantes.
Si bien se han observado ciertos cambios positivos en la conducta de los estudiantes —como mejoras en
los modales, la convivencia escolar y habilidades sociales básicas— estos avances son en muchos casos
superficiales y no reflejan transformaciones profundas en cuanto a conciencia ética, compromiso cívico
o solidaridad genuina (UNESCO, 2022).
Uno de los principales desafíos es la ausencia de evaluaciones formales que permitan medir con
objetividad el impacto real de las prácticas educativas en la formación de ciudadanos socialmente
responsables. La mayoría de los sistemas educativos no incluyen herramientas sistemáticas para evaluar
actitudes, valores o comportamientos relacionados con la ética, la inclusión o la participación
ciudadana. Esto genera un vacío crítico: lo que no se mide, difícilmente puede mejorarse (Schulz, 2016).
Dado que la RSU implica la formación integral de los estudiantes con competencias sociales y éticas,
existen numerosos métodos e instrumentos para evaluar las habilidades socioemocionales y blandas,
que son componentes clave de la responsabilidad social individual y profesional.
El "Cuestionario de habilidades sociales" (CHASO-III / CHASO) es un instrumento de autoinforme
validado, de 76 ítems (versión final de 10 factores con 4 ítems cada uno), desarrollado para evaluar las
principales dimensiones de las habilidades sociales (Vicente E. Caballo, 2017)
Auria Rosemary Rosas, hace referencia a La "Escala de Habilidades Sociales EHS" de Gismero y el
"Inventario de Habilidades Sociales IHS-Del-Prette" son de los instrumentos más utilizados para
evaluar habilidades sociales. (Rosas-Castro, 2021)
Un estudio en Chile para analizar la percepción de los educadores sobre las políticas educativas de
responsabilidad social utilizó un cuestionario autoadministrado tipo Likert con subescalas como
"Dignidad de las personas", "Libertad de las personas", "Ciudadanía y participación", "Solidaridad",
"Medioambiente y desarrollo sostenible", y "Principios y valores". (Pedro Severino González, 2022)
También se ha diseñado, construido y evaluado un "Test de habilidades para la vida" para medir el nivel
de desarrollo de las 10 habilidades propuestas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en
jóvenes de 15 a 25 años.

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Este test fue sometido a validación por jueces expertos y análisis de propiedades psicométricas.
Diversos instrumentos psicométricos ya bien conocidos y validados para evaluar habilidades sociales
incluyen: Escala CABS infantil, Escala de habilidades sociales de Goldstein, Inventario de Habilidades
Sociales de Adolescentes (IHSA–Del Prette), Escala de Habilidades Sociales HHSS1118 para
adolescentes, Habilidades de interacción social, Cuestionario de Habilidades de interacción social CHIS,
y el Test estructurado de habilidades sociales del Ministerio de Salud. Contrario a lo que comúnmente
se piensa, la observación como estrategia de evaluación, es una estrategia fundamental y flexible del
método científico, que requiere la percepción deliberada y sistemática de comportamientos por parte de
un observador entrenado con protocolos específicos. Puede ser utilizada para la evaluación de la
competencia social y el repertorio conductual. Incluye auto observación, registros narrativos, escalas de
apreciación, protocolos observacionales de conducta (como matrices de interacción o mapas de
conducta), y el uso de dispositivos automáticos o de registro a distancia para asegurar rigor científico.
Efectividad de los programas de RSU Actuales
Respecto a la pregunta - ¿qué tan efectivos son los programas actuales? -, la evidencia empírica indica
que, si bien algunos programas han mostrado resultados positivos, su alcance sigue siendo limitado. Por
ejemplo, iniciativas como el aprendizaje basado en proyectos sociales o los currículos de ciudadanía
activa han tenido impacto donde se aplican con consistencia, pero en muchos contextos educativos,
estos enfoques aún se consideran complementarios y no esenciales (Zaff, 2011). Esto reduce su
sostenibilidad y dificulta la consolidación de una cultura escolar verdaderamente comprometida con la
responsabilidad social.
A pesar de la existencia de estos mecanismos, se reconocen desafíos importantes:
- La falta de un acuerdo unánime en la terminología adecuada para referirse a las habilidades
socioemocionales.
- La escasa existencia de instrumentos de medición para determinar el grado en que se enseñan
habilidades blandas a los estudiantes universitarios.
- La baja productividad científica en el desarrollo de instrumentos de evaluación de habilidades
sociales en algunos países de la región latinoamericana en comparación con países más
desarrollados.

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- El desafío de evaluar los aprendizajes socioemocionales de manera formativa y cualitativa, más allá
de las notas o puntajes.
- La conceptualización de la RSU en los currículos educativos a menudo se orienta más a la
responsabilidad individual o social general, distanciándose de la RSU como categoría educativa
propia.
- La necesidad de que la evaluación de la RSU sea lo suficientemente flexible para adaptarse a las
realidades de cada institución educativa.
Si bien no existe un único "protocolo universal" para evaluar la RSU en su totalidad, las fuentes revelan
un panorama donde la RSU se aborda a través de políticas gubernamentales y marcos conceptuales, y
se evalúan sus componentes (habilidades sociales, socioemocionales y blandas) mediante una variedad
de instrumentos psicométricos, cuestionarios de autoinforme, escalas, y metodologías de observación,
aunque con el reto de integrar y estandarizar dichas evaluaciones de manera más efectiva para capturar
el impacto holístico de la RSU.
¿Cómo medir la efectividad o el impacto de la implementación de estos aspectos de la
Responsabilidad Social?
Una posible respuesta radica en el uso de métodos mixtos que combinen técnicas cuantitativas (como
cuestionarios validados) con aproximaciones cualitativas (observaciones, entrevistas, portafolios
reflexivos), permitiendo una comprensión más profunda y ética de los procesos formativos (Martínez,
2020).
Existen numerosos autores quienes han publicado tanto sus propuestas de medición de la
responsabilidad social, tanto como resultados de aplicación de métodos de medición en otros. La doctora
Dolores Vázquez, propone una escala de medida de responsabilidad social desde una triple visión basada
en competencias (Vázquez, 2019). O como lo aborda un caso de estudio detallado de análisis sobre
Indicadores de Responsabilidad social Universitaria de (Marina Fausti, 2024). También la Facultad de
Ingeniería Civil de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México), en un artículo del 2023 propone
su Modelo de Responsabilidad Universitaria (López, 2023). Estos y una vasta cantidad de artículos,
informes e investigaciones, arrojan diversos resultados y casos de éxito, que pueden ser encontradas y
analizadas, para elaborar propuestas específicas de acuerdo a las metas y expectativas de cada institución

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educativa. Tomarlas como referencia, y de estas publicaciones, protocolos, encuestas, listas de cotejo,
tablas o cuadros comparativos, inclusive diversos ángulos de medición como el caso de las
competencias profesionales, servirían para crear nuevos modelos de medición y una valiosa referencia,
para retroalimentar la eficacia y eficiencia de los programas de responsabilidad social. Desde esta
perspectiva, los resultados obtenidos en aquellas investigaciones e informes, quienes reportan valores de
éxito y mejora, en definitiva, no necesariamente pueden ser de éxito al aplicarlos en otros centros
educativos. Esto debido a que el factor variable, es el formato de aplicación de la responsabilidad social
en estudiantes que aplica cada institución. Cada universidad, maneja la RSU de manera diferente, tanto
en factores de responsabilidad social como de características propias de cada una: Cantidad de
población estudiantil, Zona de influencia, Entorno ambiental y Empresarial, etc. Y, sobre todo, en que
rubros y cómo aplica la RSU, en cuantos aspectos y que tantas acciones o actividades tiene para cada
uno de estos: cuantas acciones para la inclusión, cuantos, para el medio ambiente, cuantos y cómo para
la participación comunitaria, etc. Es por ello que se deben rediseñar los instrumentos de medición
adecuados a estos factores importantes. También se pueden considerar en general, aspectos como los
siguientes para una medición efectiva:
Mejoras y Propuestas de implementación.
▪ Evaluación de Habilidades Socioemocionales y Blandas (Soft Skills)
Las habilidades socioemocionales (o blandas) son un conjunto de capacidades que permiten una mejor
convivencia, resolver conflictos pacíficamente, colaborar, trabajar en equipo, perseverar, gestionar
emociones, desarrollar empatía y autoestima. Estas habilidades son fundamentales para la
responsabilidad social, la inclusión y la participación comunitaria.
▪ Métodos de Evaluación Cuantitativos
Cuestionarios y Escalas de Auto-Reporte (tipo Likert): Son los métodos más empleados para preguntar
a las personas sobre sus propias habilidades.
Utilizando las escalas de Likert, o elaborar un diseño específico con afirmaciones específicas (Matas,
2018), para medir la percepción de docentes y estudiantes sobre la enseñanza de habilidades como
comunicación, sociabilidad (que incluye empatía y personalidad amigable), trabajo en equipo
(colaboración), creatividad, resolución de problemas (pensamiento crítico y toma de decisiones),

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inteligencia emocional (manejo de crisis, tolerancia a la presión) y adaptabilidad al cambio, se puede
obtener el grado de enseñanza de habilidades blandas. Los resultados se pueden visualizar en gráficos
radiales.
▪ Medición experimental
Podría utilizarse métodos e investigaciones de otros especialistas, para cuantificar las habilidades
blandas. En un estudio llamado "Jóvenes y la responsabilidad social; luchar en equipo" menciona el uso
de un Cuestionario de Responsabilidad Social Universitaria aplicado a 572 estudiantes, que evaluaba la
capacidad de comprometerse con los demás, escuchar, dialogar, pensar críticamente y ejercer la empatía
(Serrano, 2022).
Se requiere entonces, realizar Encuestas a estudiantes, profesores y personal administrativo. Análisis de
datos sobre consumo de recursos y generación de residuos. Evaluación de proyectos y actividades de
responsabilidad social. Estudios de impacto social. Desde una perspectiva de mejora, se propone
también:
▪ Incorporar transversalmente la educación ética y ciudadana en todas las áreas del currículo.
▪ Capacitar a los docentes para que actúen como facilitadores del desarrollo moral, no solo como
transmisores de contenidos.
▪ Establecer alianzas con la comunidad, para que los estudiantes se involucren en problemas
reales y desarrollen un sentido de corresponsabilidad.
▪ Fomentar espacios de participación democrática dentro de la escuela, como consejos estudiantiles,
foros y asambleas escolares.
En última instancia, la formación en responsabilidad social debe ser vista no como un añadido, sino
como una misión esencial de la educación en cualquier nivel. En un mundo cada vez más interconectado
y desafiante, formar individuos éticos, con pensamiento crítico y sentido de comunidad, no es solo una
aspiración pedagógica, sino una condición indispensable para el desarrollo sostenible y la cohesión
social (Veugelers, 2011).

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Recomendaciones para la Evaluación de Responsabilidades Sociales
Evaluación formativa
Implementar la evaluación formativa, en campo y en el aula, ya que no solo mide el conocimiento, sino
que también ayuda a los estudiantes a comprender sus fortalezas y
debilidades, permitiendo a los docentes adaptar sus estrategias de enseñanza para optimizar el
aprendizaje.
Evaluación por competencias
Evaluar las competencias, tanto las académicas como las sociales y éticas, a través de la observación de
acciones específicas y la recopilación de evidencia del desempeño de los estudiantes.
Análisis del contexto
Considerar el contexto de aprendizaje y el entorno social y cultural de los estudiantes para comprender
mejor sus necesidades y adaptar la evaluación a sus realidades.
Desarrollo de habilidades sociales y éticas
Implementar actividades y proyectos que fomenten la participación activa, el pensamiento crítico y la
reflexión ética, y evaluar el progreso de los estudiantes en estas áreas.
Utilización de diferentes métodos de evaluación
Emplear una variedad de métodos de evaluación, como pruebas escritas, proyectos, presentaciones,
debates y actividades colaborativas, para obtener una visión completa del aprendizaje de los estudiantes.
Reflexión sobre la práctica docente
Animar a los docentes a reflexionar sobre sus prácticas pedagógicas y a utilizar los resultados de la
evaluación para mejorar su enseñanza y apoyar el desarrollo integral de los estudiantes.
A estos rubros se pueden agregar más elementos y variantes diversas, recordando que hay factores
similares, pero también distintos entre las instituciones, debido a sus condiciones específicas. Todo el
trabajo de diseño tanto de los contenidos como de la evaluación, fundamentalmente, deben estar
orientados de manera objetiva: no se trata de solo cumplir con indicadores de desempeño o de calidad
para ser una institución competitiva; eso se obtendrá como resultado de una buena implementación
de la RSU, toda vez que sea un proceso eficiente y veraz, al que se vayan actualizando mejoras en
forma sistemática, aprovechando la retroalimentación que proporcionarán las evaluaciones.

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El registro de experiencias y resultados obtenidos, será la pauta para el éxito de una RSU de alta calidad,
que imprimirá en los estudiantes, un valor adicional no solo como profesionistas, sino como personas
valiosas, productivas y confiables.
CONCLUSIONES
Se puede afirmar que la responsabilidad social es un aspecto susceptible de ser evaluado mediante
diversas herramientas e instrumentos que ya han sido aplicados con éxito en otras instituciones. Existen
múltiples enfoques, modelos teóricos y metodologías que permiten estructurar procesos de medición de
manera coherente y sistemática. No obstante, es imprescindible comprender que cada institución posee
características particulares, determinadas por su contexto social, cultural, organizacional y educativo.
Por ello, antes de adoptar cualquier instrumento de evaluación, se requiere un análisis minucioso que
permita adaptar dichos recursos a las necesidades y realidades específicas de cada entorno institucional.
De lo contrario, los resultados obtenidos podrían carecer de validez, resultar imprecisos o no reflejar de
manera fiel el verdadero impacto de las acciones emprendidas.
En relación con el papel de la educación formal, se reconoce su enorme potencial para fomentar en los
estudiantes una conciencia ética, una actitud empática y un compromiso genuino con la transformación
social. La escuela y otras instituciones educativas tienen la capacidad de formar individuos
responsables, capaces de contribuir positivamente al bienestar colectivo.
Sin embargo, como se ha evidenciado en diversos estudios (Schulz, 2016); (UNESCO, 2022), este
potencial frecuentemente se ve desaprovechado o mal canalizado. Entre las principales causas se
encuentran la falta de mecanismos rigurosos para evaluar el desarrollo de la responsabilidad social, la
débil o fragmentada inclusión de valores en los programas de estudio, y la implementación de
actividades sociales que, en muchos casos, carecen de profundidad y continuidad, limitándose a
acciones puntuales sin una verdadera dimensión formativa.
Ante este panorama, se hace no solo viable, sino también urgente, la necesidad de evaluar de forma
integral el impacto que tiene la educación en la formación ética y social del estudiantado. Para lograrlo,
se propone el uso de estrategias e instrumentos de evaluación más sensibles y contextualizados, tales
como rúbricas que valoren el desempeño en habilidades socioemocionales, diarios reflexivos que
permitan el análisis introspectivo, autoevaluaciones que fomenten la autorregulación, entrevistas que

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indaguen en la comprensión de valores y talleres participativos que promuevan el aprendizaje
significativo. Estas herramientas no solo sirven para diagnosticar el nivel de desarrollo alcanzado, sino
también para estimular el crecimiento personal y colectivo.
Adicionalmente, es fundamental diseñar procesos de evaluación continua y sistemas de seguimiento
longitudinal, con el fin de monitorear los avances en el tiempo y asegurar que los aprendizajes
relacionados con la responsabilidad social se mantengan, se consoliden y evolucionen. Esto implica una
visión más amplia del proceso educativo, donde la formación en valores no sea algo ocasional, sino un
componente transversal y permanente.
Por último, cabe destacar que los instrumentos y metodologías aplicadas no deben limitarse únicamente
a funciones de medición. Su verdadero valor reside en su capacidad para generar procesos de
retroalimentación que permitan reorientar y mejorar los programas de responsabilidad social existentes.
A partir del análisis de los resultados obtenidos, se pueden ajustar enfoques, rediseñar actividades y
optimizar los métodos pedagógicos empleados, garantizando así una formación más coherente,
profunda y transformadora.
En este sentido, la evaluación se convierte no solo en una herramienta de control, sino en un mecanismo
clave para la mejora continua y el fortalecimiento de la responsabilidad social dentro del ámbito
educativo.
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