ANÁLISIS CLÍNICO Y RADIOGRÁFICO DE LA
EVOLUCIÓN TEMPRANA DE LA ESTABILIDAD
PRIMARIA Y LA DENSIDAD ÓSEA PERIIMPLANTARIA
EN IMPLANTES DENTALES DURANTE LOS PRIMEROS
100 DÍAS POSTOPERATORIOS
CLINICAL AND RADIOGRAPHIC ANALYSIS OF THE EARLY
EVOLUTION OF PRIMARY STABILITY AND PERI-IMPLANT BONE
DENSITY IN DENTAL IMPLANTS DURING THE FIRST 100
POSTOPERATIVE DAYS
Marcela D Ayala Arizmendi
Universidad Westhill, México
Arisde Sánchez Anaya
Universidad Westhill, México

pág. 10006
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23973
Análisis Clínico y Radiográfico de la Evolución Temprana de la
Estabilidad Primaria y la Densidad Ósea Periimplantaria en Implantes
Dentales Durante los Primeros 100 Días Postoperatorios
Marcela D Ayala Arizmendi1
smilelifedental@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-4223-4566
Universidad Westhill
México
Arisde Sánchez Anaya
https://orcid.org/0009-0009-6537-3514
Universidad Westhill
México
RESUMEN
El presente estudio tuvo como objetivo analizar la magnitud del cambio de la estabilidad primaria y
en la densidad ósea periimplantaria temprana entre las evaluaciones realizadas a los 60 y 100 días
postoperatorios. El presente estudio tuvo un enfoque cuantitativo, descriptivo y longitudinal.Se evaluó
a una paciente de 61 años, sistémicamente estable, sometida a colocación de implantes dentales. Los
estudios radiográficos mostraron edentulismo posterior, restauraciones en buen estado y una
restauración profunda en la pieza #37. El CBCT evidenció reabsorción ósea moderada en zonas
edéntulas. En el maxilar superior se observó neumatización del seno maxilar, en la mandíbula, el
volumen óseo bucolingual fue adecuado, con reabsorción vertical leve. No se identificaron lesiones
periapicales ni alteraciones del nervio dentario inferior. En la evaluación inicial, la densidad ósea fue
baja (<200 HU) en varios sitios del maxilar superior, compatible con hueso tipo IV, lo que dificultaba
obtener una estabilidad primaria suficiente. Durante el seguimiento, se observó una evolución
favorable, con incremento progresivo de la densidad ósea perimplantaria y de la estabilidad primaria y
secundaria. En conclusión, la colocación de los implantes fue exitosa y el proceso de oseointegración
mostró signos claros de progreso positivo en todos los sitios evaluados.
Palabras clave: implantes dentales; tomografía computarizada de haz cónico; osteointegración;
densidad ósea
1Autor principal.
Correspondencia: milelifedental@gmail.com

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Clinical and Radiographic Analysis of the Early Evolution of Primary
Stability and Peri-Implant Bone Density in Dental Implants During the
First 100 Postoperative Days
ABSTRACT
This study aimed to analyze the magnitude of change in primary stability and early peri-implant bone
density between evaluations performed at 60 and 100 days postoperatively. This quantitative,
descriptive, and longitudinal study evaluated a 61-year-old systemically stable patient who underwent
dental implant placement. Radiographic studies showed posterior edentulism, restorations in good
condition, and a deep restoration in tooth #37. CBCT revealed moderate bone resorption in edentulous
areas. In the maxilla, pneumatization of the maxillary sinus was observed; in the mandible,
buccolingual bone volume was adequate, with mild vertical resorption. No periapical lesions or
alterations of the inferior alveolar nerve were identified. At the initial evaluation, bone density was
low (<200 HU) in several sites of the maxilla, consistent with type IV bone, which made it difficult to
achieve sufficient primary stability. During follow-up, a favorable evolution was observed, with a
progressive increase in peri-implant bone density and primary and secondary stability. In conclusion,
implant placement was successful, and the osseointegration process showed clear signs of positive
progress at all evaluated sites.
Keywords: cone beam computed tomography; bone density; implants; osseointegration
Artículo recibido 20 marzo 2026
Aceptado para publicación: 15 abril 2026

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INTRODUCCIÓN
La osteointegración es el proceso biológico mediante el cual un implante dental se integra
funcionalmente con el tejido óseo circundante, convirtiéndose en una estructura capaz de soportar
carga masticatoria de forma estable en el tiempo. La estabilidad primaria, entendida como la fijación
mecánica inmediata tras la inserción del implante, se considera un predictor crítico de éxito. Esta
estabilidad inicial depende de múltiples factores, entre ellos la calidad y densidad ósea, la geometría y
superficie del implante, la técnica quirúrgica y las características anatómicas del lecho receptor (Al-
Juboori et al., 2024).
Simultáneamente, la densidad ósea periimplantaria medida radiográficamente, mediante tomografía
computarizada de haz cónico (CBCT) y expresada en Unidades Hounsfield (HU)constituye un
indicador relevante de la calidad del hueso en contacto con el implante, y su evolución temporal
ofrece información útil sobre la integración ósea. Estudios muestran que existe una correlación
significativa entre la densidad ósea preoperatoria y la estabilidad primaria: huesos de mayor densidad
suelen asociarse a valores de ISQ más altos después de la colocación (Haghanifar et al., 2022).
A lo largo del tiempo, la estabilidad del implante evoluciona hacia una estabilidad secundaria,
resultado de la formación y remodelación del nuevo hueso alrededor del implante (osteogénesis y
maduración ósea). Esta transición puede ser monitoreada mediante mediciones de Resonancia de
Frecuencia (RFA), expresadas como el Implant Stability Quotient (ISQ), así como mediante
evaluaciones radiográficas seriadas de densidad y arquitectura ósea (da Rosa de Souza et al., 2024).
Diversos estudios previos han explorado métodos de evaluación de la densidad ósea y la estabilidad
implantaria. Wakamatsu et al. (2024) demostraron que el torque de perforación puede predecir la
estabilidad primaria y clasificaron objetivamente la densidad ósea en D1–D4. Shim et al. (2023)
analizaron la estabilidad en pacientes mayores, encontrando que ISQ, PTV e IST aumentan
significativamente entre el primer y quinto momento de medición. Choi et al. (2023) evaluaron la
influencia de la edad, observando que pacientes mayores mantienen estabilidad más constante en el
tiempo. Otros estudios, como los de Khalaila et al. (2020) y Takechi et al. (2020), correlacionaron
estabilidad, densidad ósea y cambios radiográficos, mostrando la relevancia de la cortical y del hueso
trabecular en los valores ISQ.

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Estas investigaciones aportan bases metodológicas y teóricas, pero ninguna ha delimitado su análisis
específicamente al intervalo temporal de 60 a 100 días, ni ha evaluado conjuntamente la evolución
cuantitativa de ISQ y densidad ósea en este periodo.
No obstante, aunque la mayoría de los estudios analizan la estabilidad primaria y factores asociados,
existe un vacío relativo en la literatura respecto a la magnitud del cambio conjunto en estabilidad
(ISQ) y densidad ósea periimplantaria durante los primeros 2 a 4 meses postoperatorios, un periodo
crítico para la consolidación ósea y el establecimiento de la estabilidad secundaria. Este vacío limita
la capacidad de definir con precisión cuándo es seguro aplicar la carga funcional al implante o realizar
la restauración final(Kligman et al., 2021).
Por tanto, resulta importante investigar este intervalo específicamente entre los días 60 y 100
posteriores a la insercióncon mediciones seriadas de ISQ y densidad ósea mediante CBCT, con el fin
decuantificar la magnitud del cambio en estabilidad y densidad;aportar datos objetivos que permitan
definir protocolos clínicos para la carga funcional;mejorar la predictibilidad del éxito implantológico,
especialmente en sitios con densidad ósea baja o intermedia.
El objetivo principal del estudio es analizar la magnitud del cambio de la estabilidad primaria
(evaluada mediante ISQ) y en la densidad ósea periimplantaria temprana (evaluada
radiográficamente) entre las evaluaciones realizadas a los 60 y 100 días postoperatorios.Por otro lado,
la justificación de la propuesta yace en que la estabilidad primaria y la osteointegración son factores
determinantes para el éxito de los implantes dentales y para decidir el momento adecuado de carga
funcional. Aunque tradicionalmente se espera entre 3 y 6 meses, los avances en implantología han
impulsado el interés por protocolos de carga temprana. Evaluar y comparar la estabilidad entre los 60
y 100 días postoperatorios permite determinar si la osteointegración está suficientemente avanzada
para acortar los tiempos de rehabilitación. La evidencia actual es limitada y contradictoria, por lo que
se requieren nuevos datos que clarifiquen esta transición.
METODOLOGÍA
El presente estudio tuvo un enfoque cuantitativo, descriptivo y longitudinal, con el objetivo de evaluar
la estabilidad de implantes dentales mediante mediciones de ISQ y análisis radiográficos en distintos
momentos postoperatorios.

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Se empleó un diseño observacional longitudinal, realizando mediciones repetidas en la misma
paciente a los 60 y 100 días tras la colocación de los implantes. La muestra consistió en una mujer de
61 años, sin antecedentes sistémicos graves, con edentulismo parcial en ambos maxilares, candidata a
rehabilitación mediante implantes dentales. Se establecieron como criterios de inclusión pacientes
mayores de 18 años con ausencia dentaria parcial o total y disposición para seguimiento
postoperatorio, mientras que se excluyeron aquellos con enfermedades sistémicas graves, alergias
relevantes o contraindicación para cirugía oral.
La intervención quirúrgica se realizó en dos sesiones, colocando implantes en las posiciones #14, #15,
#25, #26, #35, #36, #45 y #46, seguidos de la colocación de pilares de cicatrización. La estabilidad
primaria y secundaria de los implantes se evaluó mediante el sistema Ostell Beacon utilizando
SmartPegs, registrando los valores ISQ en direcciones vestibular-lingual y mesiodistal.
Complementariamente, se realizaron estudios de CBCT a los 60 y 100 días postoperatorios para
valorar la densidad ósea periimplantaria. Durante el seguimiento clínico, que incluyó controles a las 2
semanas, 1 mes, 2 meses y entre 3 y 3,5 meses, se monitorearon la cicatrización de los tejidos
blandos, la salud periodontal y la evolución de la estabilidad de los implantes.
Se brindaron indicaciones postoperatorias específicas para favorecer la cicatrización y controlar el
dolor, considerando la condición de fibromialgia de la paciente. Se obtuvo consentimiento informado,
asegurando la confidencialidad y el bienestar de la participante. Entre las limitaciones del estudio se
destaca la naturaleza de caso único, lo que restringe la generalización de los resultados, aunque
permite un análisis detallado de la evolución de la estabilidad y la osteointegración en un contexto
clínico controlado.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En febrero de 2025, los valores iniciales de densidad ósea fueron bajos, especialmente en el maxilar
superior, correspondiendo a hueso tipo IV, lo que dificultaba la estabilidad primaria. Los sectores
mandibulares mostraron densidad levemente mayor, aunque aún limitada para carga inmediata. En el
control radiográfico a los 60 días, se observó un incremento significativo de la densidad ósea en todos
los implantes, indicando remodelación y consolidación trabecular. Esta tendencia se mantuvo en la
segunda tomografía, reflejando una adecuada respuesta biológica y maduración ósea favorable.

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Las mediciones de ISQ con Ostell entre los días 50 y 85 mostraron un aumento progresivo de la
estabilidad secundaria, compatible con una buena integración ósea y útil para la toma de decisiones
sobre la carga protésica. Se recomienda interpretar con cautela valores extremadamente altos de
densidad, considerando posibles zonas corticalizadas o artefactos de imagen.
Tabla N 1: Unidades Hounsfield
Diente Febrero 2025 Mayo 2025 Julio 2025 Interpretación
#15 103, 99, 89 343 – 1247 326 – 1519 Mejoría significativa, hueso tipo II–III
#14 14 – 427 245 – 1455 396 – 1791 Evolución positiva, buena estabilidad ósea
#25 -6 a 38 125 – 1168 351 – 1872 Gran aumento, óptimo para carga funcional
#26 67 – 153 102 – 1317 384 – 1242 Integración estructural favorable
#35 4, -41, 240 364 – 1543 725 – 1730 Muy buena densidad funcional en fase de integración
#36 -43 a 683 237 – 1313 232 – 1441 Buen rango para carga, consolidación adecuada
#45 49 – 264 426 – 1188 386 – 3680 Elevado en julio (posible artefacto o corticalización)
#46 1 – 555 365 – 1410 367 – 2746 Remodelación intensa, posible formación cortical
Los resultados de este seguimiento clínico evidencian una evolución favorable de la densidad ósea
perimplantaria y de la estabilidad primaria y secundaria de los implantes colocados en los sectores
posteriores de maxilar y mandíbula. En la evaluación inicial, realizada en febrero de 2025, la densidad
ósea fue predominantemente baja, especialmente en el maxilar superior, correspondiente a hueso tipo
IV según Lekholm y Zarb, lo que representa un desafío para alcanzar estabilidad primaria y
considerar carga inmediata. Este hallazgo concuerda con lo reportado por Bavetta (2024), quien
señala que los valores de ISQ suelen ser menores en huesos tipo D3-D4, aunque tienden a aumentar
con el tiempo.
Durante los controles a los 60 y 100 días postoperatorios, se observó un incremento progresivo de la
densidad ósea en todos los implantes, reflejando un patrón de consolidación y maduración favorable,
consistente con la literatura. Esta evolución se correspondió con los valores de ISQ medidos mediante
Ostell®, los cuales mostraron un incremento cronológico, indicando una transición adecuada hacia la
estabilidad secundaria y respaldando la viabilidad de la futura carga protésica. La elección de Ostell®
como método estandarizado se justifica por su alta fiabilidad y consistencia, como lo señalan estudios
previos de Winning (2023) y Herrero (2013), que demuestran su precisión y repetibilidad incluso con
distintos SmartPegs, consolidando su utilidad como herramienta clínica objetiva.

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Se observaron valores excepcionalmente altos de densidad en algunos sitios, probablemente
relacionados con zonas corticalizadas, compactación ósea o artefactos de segmentación CBCT, lo que
resalta la necesidad de interpretar los hallazgos densitométricos siempre en conjunto con la estabilidad
clínica del implante. En términos generales, los resultados confirman que, aunque la densidad ósea
inicial influye en la estabilidad primaria, el seguimiento mediante ISQ permite evaluar la evolución
hacia la estabilidad secundaria de manera confiable, independientemente del tipo de hueso de origen.
En síntesis, los hallazgos de este estudio coinciden con investigaciones previas, destacando la utilidad
de Ostell ISQ para el monitoreo clínico y la toma de decisiones respecto a la carga protésica, incluso
en huesos de baja densidad. La investigación aporta evidencia sobre la progresión de la
oseointegración temprana, reforzando la comprensión de los mecanismos de estabilidad implantaria, y
ofrece perspectivas prácticas para optimizar protocolos de rehabilitación, acortando tiempos de espera
y mejorando la planificación.
CONCLUSIONES
La colocación de los implantes se llevó a cabo con éxito, mostrando una evolución clínica favorable,
caracterizada por buena estabilidad y progresiva regeneración ósea. Las tomografías 3D realizadas
durante el seguimiento confirmaron un aumento continuo en la densidad ósea, reflejando un proceso
adecuado de oseointegración en todos los sitios implantados, incluso en aquellos con hueso tipo IV de
baja densidad inicial. Este incremento en densidad, acompañado por la mejora de los valores de
estabilidad medidos con Ostell, evidencia que la integración biológica de los implantes progresa de
manera consistente y confiable, alcanzando niveles óptimos para considerar carga funcional temprana
o convencional.
Se observaron casos con valores excepcionalmente altos de densidad ósea, como en el implante del
diente #45, lo que podría corresponder a fenómenos de reacción cortical, calcificación acelerada o
artefactos radiológicos. Estos hallazgos resaltan la necesidad de interpretar los datos densitométricos
junto con la estabilidad clínica, evitando sobrevalorar la integración únicamente por la densidad
medida.
El protocolo de seguimiento empleado, que combinó imágenes tridimensionales y mediciones con
Ostell, demostró ser eficaz para monitorear la evolución de la estabilidad y la densidad ósea,

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permitiendo tomar decisiones clínicas fundamentadas en evidencia objetiva. La mayoría de los
implantes alcanzó integración óptima alrededor de los 90 días postoperatorios, confirmando la
viabilidad de protocolos de carga temprana bajo un control riguroso.
No obstante, persisten interrogantes sobre la respuesta de la densidad ósea en zonas de alta
compactación o artefactos radiológicos, así como sobre la extrapolación de estos resultados a
pacientes con condiciones sistémicas distintas o con hueso aún más comprometido. Estos aspectos
constituyen oportunidades para estudios futuros que profundicen en la relación entre densidad inicial,
evolución de la estabilidad y criterios de carga funcional, contribuyendo al perfeccionamiento de
protocolos clínicos personalizados en implantología.
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