pág. 10063
CALIDAD DE SUEÑO EN EL PERSONAL DE
ENFERMERÍA INTRAHOSPITALARIA DE LA
CIUDAD DE BUCARAMANGA

SLEEP QUALITY AMONG IN
-HOSPITAL NURSING
STAFF IN THE CITY OF BUCARAMANGA

Leidy Yohana Navarro Quintero

Corporaci
ón Universitaria Minuto de Dios, Colombia
Nini Yohana Diaz Reyes

Corporaci
ón Universitaria Minuto de Dios, Colombia
Andrea Delgadillo Aldana

Corporaci
ón Universitaria Minuto de Dios, Colombia
Héctor Andrés Orejarena Silva

Corporaci
ón Universitaria Minuto de Dios, Colombia
Balvino Alfonso Barreto Nieto C

orporaci
ón Universitaria Minuto de Dios, Colombia
pág. 10064
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i2.23981
Calidad de Sueño en el Personal de Enfermería Intrahospitalaria de la
Ciudad De Bucaramanga

Leidy Yohana Navarro Quintero
1
lnavarroqu1@uniminuto.edu.co

https://orcid.org/0009-0009-9250-0646

Corporación Universitaria Minuto de Dios

Colombia

Nini Yohana Diaz Reyes

Nini.diaz@uniminuto.edu.co

https://orcid.org/0009-0004-7288-6397

Corporación Universitaria Minuto de Dios

Colombia

Andrea Delgadillo Aldana

Andrea.delgadillo@uniminuto.edu.co

https://orcid.org/0009-0008-9660-4154

Corporación Universitaria Minuto de Dios

Colombia

Héctor Andrés Orejarena Silva

hector.orejarena@uniminuto.edu

https://orcid.org/0000-0001-5384-9145

Corporación Universitaria Minuto de Dios

Colombia

Balvino Alfonso Barreto Nieto

bbarreto@uniminuto.edu

https://orcid.org/0000-0002-1969-9320

Corporación Universitaria Minuto de Dios

Colombia

RESUMEN

Este estudio tuvo como objetivo evaluar la calidad del sueño del personal de enfermería en el contexto
intrahospitalario de Bucaramanga, analizando variables como la carga horaria y el tipo de turno. Bajo
un enfoque cuantitativo descriptivo y un diseño no experimental de corte transversal, se evaluó a una
muestra de 101 trabajadores en el área de enfermería, mediante el Índice de Calidad de Sueño de
Pittsburgh (PSQI). Los resultados revelaron una calidad de sueño deficiente en la población estudiada,
con una puntuación global media de 9.21, superando significativamente el punto de corte clínico, que
es igual o menor a 5. Los dominios más afectados fueron la latencia del sueño y la duración de este. Se
observó que, a mayor carga horaria semanal, menor es la calidad del descanso. Asimismo, quienes
laboran en turnos nocturnos exclusivos presentaron la mayor afectación. Se concluye que las exigencias
del entorno hospitalario y las extensas jornadas laborales impactan negativamente la higiene del sueño
del personal, lo que sugiere la necesidad de implementar estrategias de salud ocupacional para mitigar
este riesgo.

Palabras clave: calidad de sueño; servicio de enfermería; salud mental; carga laboral

1
Autor principal
Correspondencia:
lnavarroqu1@uniminuto.edu.co
pág. 10065
Sleep Quality Among
in-Hospital Nursing Staff in
The City
of Bucaramanga
ABSTRACT

This study aimed to evaluate the sleep quality of nursing staff in the intrahospital context of

Bucaramanga, analyzing variables such as workload and type of shift. Under
a descriptive quantitative
approach and a non
-experimental cross-sectional design, a sample of 101 nursing workers was assessed
using the Pittsburgh Sleep Quality Index (PSQI).
The results revealed poor sleep quality in the studied
population, with an average global score of 9.21, significantly exceeding the clinical cutoff point of 5

or less. The most affected domains were sleep latency and sleep duration. It was observed that t
he
greater the weekly workload, the lower the quality of rest. Likewise, those who work exclusively night

shifts showed the greatest impairment. It is concluded that the demands of the hospital environment and

long working hours negatively impact the sleep
hygiene of the staff, suggesting the need to implement
occupational health strategies to mitigate this risk

Keywords:
Sleep quality; nursing services; mental health; workload.
Artículo recibido 20 marzo 2026

Aceptado para publicación:
20 abril 2026
pág. 10066
INTRODUCCIÓN

El sueño es una función biológica esencial en la que el organismo lleva a cabo procesos neurales de alta
complejidad, entre los que se destacan la consolidación de la memoria a largo plazo, la regulación de la
atención, el equilibrio de los estados emocionales y la restauración de los sistemas corporales
deteriorados durante el estado de vigilia. Esta conexión directa, entre el descanso, la salud física y la
salud mental ha sido documentada desde las primeras décadas del siglo XXI (Miró et al., 2005). Desde
el punto de vista neurológico, Aguirre- Navarrete (2007) resalta la participación activa de
neurotransmisores como la serotonina, la acetilcolina y la noradrenalina en las fases NREM y REM.
Complementariamente, Carrillo et al. (2013) lo definen como un estado de disminución del nivel
conciencia, asociado a la quietud muscular y al alejamiento de la persona del entorno sensorial. En
términos electrofisiológicos, Triglia (2016) categoriza las ondas cerebrales según su función: Delta en
restauración física y consolidación mnésica, Theta en somnolencia, Alfa en relajación despierta, Beta
en alerta cognitiva y Gamma en procesamiento cognitivo superior. A su vez, Panseits (2023) detalla las
etapas NREM en sus fases N1 (transición), N2 (disminución muscular) y N3 (sueño profundo con
predominio de ondas delta), mientras que en la fase REM, se observa movimiento rápido de los ojos,
actividad onírica y ciclos de entre 90-120 minutos.

La calidad del sueño constituye un constructo multidimensional susceptible de evaluación sistemática.
Stremler et al. (2022) la conceptualizan como la autosatisfacción del individuo con su experiencia de
sueño, considerando la latencia, la reparación, la continuidad y la sincronía con el ciclo circadiano como
elementos necesarios para el bienestar integral. En la misma línea, el Colegio Colombiano de Psicología
(COLSIP, 2024) la describe como una valoración subjetiva que hace cada persona en cuanto a su sueño,
desde la facilidad para quedarse dormido, la cantidad de horas dormidas y la continuidad o interrupción
del mismo por causas internas o ambientales. Esta puede verse afectada por diversos trastornos y
afectaciones físicas, psicológicas y sociales. Dentro de los más comunes, Martínez (2015) señala que la
apnea del sueño corresponde a episodios de obstrucción parcial de la vía respiratoria superior mientras
se duerme, que irrumpen la respiración y se recupera con ronquidos intensos. Por su parte, Kouri et al.
(2023) caracterizan el síndrome de piernas inquietas por el impulso irresistible de mover las piernas
generando incomodidad durante la vigilia y disfunción dopaminérgica.
pág. 10067
Paralelamente, Romeu (2024) define el insomnio como la dificultad para quedarse dormido o mantener
el sueño, clasificándolo según el momento de presentación (de inicio o mantenimiento) y según su
duración (temporal o crónico).

Estas afectaciones adquieren especial relevancia cuando se analizan en el contexto de la enfermería,
profesión constituye un pilar vital dentro atención de los centros hospitalarios. De acuerdo con el
International Council of Nurses (ICN, 2025) la enfermería es una disciplina que se dedica al cuidado
integral de las personas, en la que se busca promover la salud, prevenir la enfermedad y acompañar
procesos de recuperación y afrontamiento, desde la ética, la compasión y la equidad. Sin embargo, en
el ejercicio de esta profesión, los trabajadores se ven expuestos a condiciones laborales que impactan
directamente en su calidad de sueño. Dado que las instituciones hospitalarias operan las 24 horas del
día durante 365 días del año, incluyendo festivos, los turnos rotativos y el trabajo nocturno son una
constante inevitable que se contrapone con los ritmos circadianos biológicos de la persona, ocasionando
malestar físico y psicológico (Caruso, 2014; Bonet et al., 2009).

Partiendo de la perspectiva biológica, Dimitrov et al. (2004) concluyen que la privación de sueño y la
disrupción del reloj biológico, causan una afectación negativa de los sistemas endocrino, metabólico e
inmunológico, comprometiendo la conexión interneuronal. En este marco, Wright et al. (2013) señalan
que la vigilia durante la noche y la exposición continua a la luz artificial baja la producción de
melatonina y por ende perturba en el ritmo sueño- vigilia. Adicionalmente, Batistão (2024) describe una
correlación bidireccional entre la calidad de sueño y el dolor musculoesquelético, pues no dormir
incrementa la tensión en los músculos y por ende el dolor percibido; mientras que la presencia de dolor
muscular disminuye la calidad del descanso nocturno.

En la dimensión psicológica, la práctica de la enfermería implica una atención dividida y sostenida con
el fin de identificar cambios en los pacientes. Lim y Dinges (2008) demuestran que la privación del
sueño deteriora la respuesta frente a estímulos externos, incrementando el riesgo de errores en la
atención clínica. Por otro lado, Letvak (2012) vincula al ejercicio de la enfermería en entornos
hospitalarios con una mayor propensión a sufrir síntomas depresivos, los que a su vez retroalimentan
negativamente la calidad del sueño.
pág. 10068
En coherencia con ello, Palmer et al., (2024) en una revisión sistemática y metaanálisis que integró 154
investigaciones, suministran evidencia sólida de que largas jornadas sin dormir, períodos de sueño más
cortos y despertares durante la noche deterioran el funcionamiento emocional, aumentan la ansiedad y
disminuyen la respuesta a estímulos afectivos.

En el ámbito social, Santizabal (2018) resalta que las condiciones laborales adversas (falta de personal,
altas exigencias, extensas jornadas), combinadas con tener responsabilidades domésticas y la crianza
de hijos pequeños, tienen un impacto negativo acumulativo en la calidad y cantidad de sueño. Chávez
et al. (2016) refuerzan esta idea al señalar que las enfermeras que desempeñan funciones familiares y
domésticas, sin dormir lo necesario, presentan alteraciones en la conducta y malas relaciones personales.
Para complementar, Peña et al. (2019) concluyen que hay una estrecha relación entre la calidad de sueño
y el estrés que se percibe: a mayor estrés peor calidad de descanso y a más mal dormir aumentan el
estrés e irritabilidad. Además, factores ajenos como la exigencia laboral, la turnicidad constante, así
como las extensas jornadas e incluso el estado civil y la tenencia de hijos, puede tener una influencia
importante en el descanso de las personas que ejercen la enfermería y se aumente la probabilidad de
cometer errores clínicos por el déficit atencional, cansancio o somnolencia (Santizabal et al., 2018).

A nivel internacional, diversos estudios documentan de forma consistente la alta prevalencia de
alteraciones del sueño en este colectivo profesional. Tal es el caso de Zhang et al. (2016), en Shanghai,
China, quienes evidenciaron que las enfermeras sometidas a turnos rotativos tienen 4 veces más
probabilidad de tener mal dormir (PSQI > 5). En esta misma línea, McDowall et al. (2017), en el Reino
Unido, demuestran que la mala calidad de sueño es mayor en enfermeras que trabajan por turnos (78%)
frente a las que solo laboran de día (59%), con una diferencia significativa (p<,001). Así mismo, Dong
(2020) identifica que el 68,8% de enfermeros en hospitales públicos de alta complejidad en china, tenían
alteraciones severas del sueño, relacionadas con la alta carga laboral y gran número de pacientes. De
manera similar, Alsharari (2021) en Arabia Saudita, identifica que el 85.7% de las enfermeras que
laboran durante la noche expresan problemas de seguridad en la atención de pacientes y el 93.6% refiere
consecuencias fisiológicas después de realizar turnos nocturnos.

Ahora bien, en el contexto colombiano, los antecedentes disponibles también evidencian una
problemática significativa. Palazón et al. (2017), en la ciudad de Barranquilla, se evidenció que quienes
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trabajan 8 horas tienen peor calidad de sueño en comparación con los de 12 horas de trabajo. Asimismo,
en un estudio realizado en Vélez, Santander, Santizabal (2018), señala que el 24% de los trabajadores
del hospital regional son malos dormidores, se identifica que la más afectada es la latencia y la cantidad
de horas al dormir. Por su parte, Corcho (2022), en la región caribe, obtiene que el 20% del personal de
enfermería requiere atención médica para descartar trastornos de sueño. Finalmente, Waich (2023), en
el Hospital Universitario San Ignacio de Bogotá, durante la pandemia, encuentra mala calidad de sueño
en el 74.9%, insomnio leve en 12,4% y estrés elevado en el 13.2% del personal sanitario que trabaja en
la institución.

Bucaramanga, capital del departamento Santander, Colombia, alberga importantes centros hospitalarios
tanto públicos como privados, los cuales operan en jornada continua 24/7, obligando así a que los
trabajadores en el área de enfermería mantengan una rotación constante por turnos diurnos y nocturnos,
con una alta exigencia laboral, y extensiones frecuentes de jornada. A pesar de esta realidad, en la ciudad
no se cuenta con estudios locales previos que permitan describir como es la calidad de sueño de esta
población, lo que resalta la relevancia científica y social de la presente investigación.

En virtud de lo anterior, el objetivo general de este estudio fue evaluar la calidad de sueño del personal
de enfermería que labora en el contexto intrahospitalario de Bucaramanga. Los objetivos específicos
fueron: 1) examinar la calidad del sueño del personal de enfermería que labora en un contexto
intrahospitalario en Bucaramanga; 2) discriminar la calidad del sueño de acuerdo a la cantidad de horas
laborales por semana; 3) categorizar la calidad de sueño de acuerdo los tipos de turnos laborales.

METODOLOGÍA

El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, de alcance descriptivo y diseño no
experimental de corte transversal. Su propósito fue de medir y describir la calidad del sueño en el
personal de enfermería que labora en un contexto intrahospitalario en la ciudad de Bucaramanga,
recolectando datos en un único momento temporal y sin manipulación intencional de las variables.

La población de estudio estuvo conformada por trabajadores titulados en el área de enfermería, que
laboran en hospitales públicos y privados de la ciudad de Bucaramanga. Dado el acceso limitado a la
población y las restricciones de tiempo y recursos disponibles, se empleó un muestreo no probabilístico
por conveniencia.
pág. 10070
Los criterios de inclusión contemplaron: profesionales de ambos sexos, mayores de 18 años, vinculados
laboralmente en servicios asistenciales (públicos o privados), con asignación a turnos rotativos o
nocturnos y que manifestaran de forma voluntaria su disposición a participar mediante el
consentimiento informado. Por el contrario, se excluyó al personal de enfermería que labora en
Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) de carácter ambulatorio, en servicios de atención domiciliaria
o que cumplan jornadas exclusivamente diurnas. El tamaño muestral final fue de 101 participantes,
determinado por la disponibilidad de las personas que cumplieron de los criterios de inclusión.

La información fue recolectada mediante un formulario digital distribuido a través de aplicaciones de
mensajería instantánea (WhatsApp). Los participantes recibieron un enlace que contenía, en primer
lugar, el consentimiento informado, y, a continuación, dos instrumentos: un cuestionario
sociodemográfico de elaboración propia, creado para caracterizar la muestra en cuanto a variables que
pudieran influir en la calidad del sueño (edad, genero, tipo de turno, tiempo de experiencia laboral, entre
otras); y el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh (PSQI) desarrollado por Buysse et al., (1989) y
validado en Colombia por Escobar y Eslava (2005). El PSQI es un instrumento de amplia validación
internacional, que evalúa múltiples dimensiones de la calidad del sueño y sus perturbaciones durante el
mes previo a la aplicación. Consta de 19 ítems individuales, que se agrupan en puntuaciones para 7
componentes: (1) la calidad subjetiva del sueño, (2) latencia del sueño, (3) duración del sueño, (4)
eficiencia habitual del sueño, (5) perturbaciones del sueño, (6) uso de medicamentos hipnótica y (7)
disfunción diurna. La puntuación de cada componente oscila entre 0 y 3, donde 3 indica mayor
disfunción. La suma de los 7 componentes produce una puntuación global que varía de 0 a 21; donde
una puntuación superior a 5 se considera indicativa de dificultades para dormir.

Los datos se ingresaron y analizaron en el software estadístico SPSS (versión 31). Se realizaron análisis
descriptivos para caracterizar la muestra y describir las variables de interés. El estudio se desarrolló en
concordancia con los principios éticos establecidos para la investigación con seres humanos. La
participación fue voluntaria y se garantizó el anonimato y la confidencialidad de los datos mediante el
uso de formularios anónimos. Todos los participantes expresaron su consentimiento informado previo
a la autoaplicación de los instrumentos.
pág. 10071
RESULTADOS

A continuación, se presentan los principales hallazgos obtenidos en la muestra de 101 trabajadores en
el área de enfermería, organizados en 4 bloques temáticos: distribución sociodemográfica de la muestra,
descriptivos de la calidad de sueño por componente del PSQI, calidad de sueño de acuerdo a horas
semanales laboradas y calidad de sueño de acuerdo al tipo de turno.

Tabla 1 Distribución de frecuencias sociodemográficas de la muestra

Variable
Categoría Frecuencia (n) Porcentaje (%)
Edad
1823 años 6 5,90%
2429 años
22 21,80%
3035 años
17 16,80%
3641 años
16 15,80%
4247 años
22 21,80%
4853 años
13 12,90%
≥ 54 años
5 5,00%
Género
Femenino 92 91,10%
Masculino
9 8,90%
Nivel educativo
Técnico 63 62,40%
Profesional
30 29,70%
Tecnólogo
5 5,00%
Otro
3 3,00%
La distribución por edad revela que la mayor concentración de participantes se ubica en los rangos de
24 a 47 años con un 43.6%, seguido de un 12,9% de 48 a 53 años. Los extremos (5,9% menores de 24
años y mayores de 54 años un 5%) son los grupos minoritarios, configurando nuestra muestra con
amplia representación en etapa laboral activa y media.

En cuanto al género, la muestra fue predominantemente femenina (91,1) lo cual es consistente con la
composición histórica de la fuerza laboral en enfermería a nivel nacional e internacional. Respecto al
nivel educativo, se observó una mayor proporción de técnicos (62.4%), seguido de profesionales
(29.7%).
pág. 10072
Tabla 2 Descripción de la calidad de sueño de la muestra

Componente PSQI
N Media DE Mínimo Máximo
Calidad subjetiva del sueño
101 1,48 0,96 0 3
Latencia del sueño
101 1,97 0,91 0 3
Duración del sueño
101 1,76 0,83 0 3
Eficiencia habitual del sueño
101 0,84 1,09 0 3
Perturbaciones del sueño
101 1,67 0,55 1 3
Uso de medicación hipnótica
101 0,31 0,81 0 3
Disfunción diurna
101 1,16 0,83 0 3
Puntuación global (PSQI total)
101 9,21 3,4 1 18
El análisis por componentes reveló que la latencia del sueño obtuvo la media más elevada (M = 1,97;
DE = 0,91), constituyéndose en el dominio más afectado. Le siguieron la duración del sueño (M = 1,76;
DE = 0,83) y las perturbaciones del sueño (M = 1,67; DE = 0,55). La eficiencia habitual del sueño
presentó la media más baja (M = 0,84; DE = 1,09), mientras que el uso de medicación hipnótica fue el
componente con menor puntuación (M = 0,31; DE = 0,81), sugiriendo un uso infrecuente de fármacos
para conciliar el sueño en esta muestra. Por otra parte, la puntuación global alcanzó una media elevada
(M = 9,21; DE = 3,40), teniendo en cuenta que el punto de corte generalmente es menor o igual a 5, lo
que refleja una calidad de sueño deficiente en la población estudiada.

Tabla 3. Calidad de sueño de acuerdo a horas de trabajo semanales

Horas de trabajo semanales
N Media PSQI DE Mínimo Máximo
42 horas
44 9,09 3,58 2 18
46 horas
34 9,53 3,47 1 16
48 horas
20 8,8 3,11 2 13
Más de 50 horas
3 11 3 8 14
Los datos muestran una tendencia de aumento en la puntuación global del PSQI a mayor carga horaria
semanal: los profesionales con jornadas de más de 50 horas semanales registraron la media más elevada
(M = 11,00; DE = 3,00), en comparación con quienes laboraban 42 horas (M = 9,09; DE = 3,58) o 48
horas (M = 8,80; DE = 3,11).
pág. 10073
Tabla 4. Calidad de sueño de acuerdo a tipo de turno

Tipo de turno
N Media PSQI DE Mínimo Máximo
Rotativo
76 8,99 3,53 1 18
Diurno
18 9,94 3,19 3 14
Lunes a viernes
5 9,2 2,39 6 12
Nocturno
2 11,5 2,12 10 13
En relación con el tipo de turno, los profesionales en turno nocturno exclusivo presentaron la media
PSQI más alta (M = 11,50; DE = 2,12), seguidos por los de turno diurno (M = 9,94; DE = 3,19) y los
de turno rotativo (M = 8,99; DE = 3,53).

DISCUSIÓN

De acuerdo con los resultados obtenidos en el presente estudio se evidencia que la gran mayoría de los
profesionales en enfermería evaluados experimentan alguna alteración al dormir, con una puntuación
global media 9,21 (DE =3,40), superando ampliamente el umbral clínico de 5 puntos. Este resultado
sitúa a la muestra estudiada en una condición de mala calidad de sueño generalizada, lo que es coherente
con la exigencia física, mental y emocional inherentes del trabajo en una institución hospitalaria, y se
alinea con la evidencia acumulada tanto nacional como internacionalmente sobre esta problemática del
sueño en personal sanitario.

El análisis por componentes del PSQI (tabla 2) señala que la mayor afectación está en la latencia del
sueño (es decir, la dificultad para conciliar el sueño) con la puntuación media más elevada (M=1,97;
DE= 0,91), seguido de la duración (M=1,76; DE=0,83) y las perturbaciones del sueño (M=1,67;
DE=0,55). Este patrón es comprensible desde la perspectiva neurobiológica: el constante estado de
alerta, propio de la práctica clínica hospitalaria (demandas constantes de atención y toma de decisiones)
dificulta la transición hacia estado de somnolencia. En este sentido, es consistente con lo documentado
por Santizábal y Marín (2018) en el Hospital Regional de Vélez, Santander, quien señalo que la latencia
y la duración del sueño eran los componentes más afectados en las enfermeras (os). En contraste, el uso
de medicación hipnótica obtuvo la puntuación más baja (M=0,31; DE=0,81), lo que indica que, pese a
la magnitud del problema, la mayor parte de los participantes no recurre a fármacos para regular el
sueño. Esto es relevante, porque podría reflejar la naturalización del deterioro del sueño dentro de la
cultura laboral de la enfermería.
pág. 10074
Los datos presentados en la tabla 3 revelan una tendencia progresiva a mayor número de horas laboradas
por semana, mayor es la puntuación global del PSQI y, por tanto, peor es la calidad del sueño. Los
trabajadores con jornadas por encima de 50 horas semanales registraron la media más elevada (M=11,00;
DE=3,00), en contraste con quienes trabajan 42 horas (M=9,09;3,58) o 48 horas (M= 8,80; DE=3,11).
Esta gradación es consistente con el planteamiento de Caruso (2014), quien señala que las largas
jornadas laborales constituyen un factor de riesgo directo para la salud de los trabajadores, al reducir el
tiempo disponible para el descanso y perpetuar estados de fatiga acumulada. De forma complementaria,
Dong (2020) identifico que los hospitales públicos en China que el deterioro grave del sueño en el
personal de enfermería estaba estrechamente vinculado con la alta presión asistencias y la extensión de
las jornadas.

En relación con el tipo de turno (tabla 4), los trabajadores con turno nocturno exclusivo presentaron la
media PSQI más altos (M=11,50; DE=2,12), seguido por quienes trabajan en turno rotativo (M= 8,99;
DE=3,53). La mayor afectación en el personal de turno nocturno exclusivo es consistente con las
alteraciones fisiológicas descritos en la literatura: la exposición nocturna a la luz artificial reduce la
producción de melatonina y desregula el ritmo circadiano (Wright et al., 2013), lo que genera una
desincronización persistente entre el ciclo sueño-vigilia biológico y las exigencias laborales. En este
sentido, Bonet et al. (2009) ya habían señalado que el turno nocturno constituye un factor de riesgo para
la salud y la calidad de vida del personal de enfermería, y Alsharari et al. (2021), en Arabia Saudita,
confirmaron que el 93,6% del personal nocturno refería consecuencias fisiológicas adversas tras la
realización de turnos de noche.

De manera complementaria, la lectura integrada de los resultados reafirma la interacción
multidimensional de la calidad de sueño como un fenómeno biopsicosocial. En el plano biológico, la
disrupción en el ritmo circadiano por el trabajo nocturno compromete la producción de melatonina y
afecta los sistemas endocrino, metabólico e inmunológico (Dijk et al.,1995; Wright et al.,2013). En la
dimensión psicológica, el estrés y la carga laboral percibida actúan como modulares del ciclo sueño-
vigilia (Peña et al.,2019; Palmer et al.,2024), mientras que la privación de sueño aumenta el riesgo de
errores clínicos al deteriorar la atención sostenida (Lim y Dinges,2008) y favorece la aparición de
síntomas depresivos (Letvak, 2012).
pág. 10075
En el nivel social, las condiciones laborales adversas y los roles familiares añaden una carga adicional
que potencia las alteraciones del descanso (Chávez et al.,2016; Santizábal et al.,2018). En suma, la
contribución de esta investigación se fundamenta en la descripción sistemática de estas interacciones
en el contexto especifico de Bucaramanga, una ciudad con presencia de importantes centros
hospitalarios pero carente, hasta la fecha de investigaciones que documenten esta problemática en su
personal de enfermería.

El presente estudio presenta diversas limitaciones que deben ser explicadas para la correcta valoración
de sus hallazgos. En primer lugar, es importante reconocer que el diseño trasversal no permite precisar
la relación temporal de causa y efecto entre las variables laborales y la calidad de sueño. En segundo
lugar, el muestreo no probabilístico por conveniencia limita la generalización de resultados al conjunto
del personal de enfermería de Bucaramanga. En tercer lugar, el uso exclusivo de instrumentos de
autoinforme introduce un riesgo de sesgo de deseabilidad social y de respuesta. Se recomienda la
realización de estudios longitudinales a futuro que permitan determinar si la exposición prolongada a
turnos rotativos produce desgaste paulatino en la eficiencia del sueño.

CONCLUSIONES

El presente estudio confirma que la calidad de sueño en el personal de enfermería que labora en el
contexto intrahospitalario de Bucaramanga se encuentra seriamente comprometida pues la puntuación
global media del PSQI (M=9,21; DE= 3,40) se situó muy por encima del punto de referencia clínico de
5, lo que refleja a la muestra estudiada en una condición de mala calidad de sueño generalizada. Este
hallazgo responde al objetivo general de la investigación y aporta evidencia local sobre una
problemática, que, hasta la fecha, carecía de documentación.

En relación con los objetivos específicos, el análisis por componentes del PSQI identificó que la latencia
del sueño constituye el dominio más afectado (M=1,97; DE= 0,91), seguido de la duración y las
perturbaciones del sueño. Este patrón sugiere que el problema central no radica únicamente en el
número de horas dormidas, sino en la dificultad estructural para iniciar el descanso, probablemente
asociada al estado de constante de vigilia sostenida propia del trabajo hospitalario.

Referente a la relación entre la carga horaria y la calidad de sueño, se observó una tendencia de aumento:
a mayor número de horas laboradas semanalmente, mayor deterioro en la calidad del descanso.
pág. 10076
En cuanto al tipo de turno, el personal que labora en turno nocturno presento peor calidad de sueño
(M=11,50), lo que es consistente con los efectos documentados de la disrupción circadiana sobre los
procesos neurobiológicos del descanso.

En términos de implicaciones prácticas, los resultados obtenidos señalan la necesidad de implementar
acciones organizacionales orientadas a reducir la rotación excesiva, equilibrar las demandas laborales
y capacidad de respuesta, y establecer programas institucionales de higiene de sueño y estrategias de
manejo de estrés. Cabe destacar, que estas sugerencias guardan coherencia con la Política Nacional de
Talento Humano en Enfermería (Resolución 755 de 2022) y con los lineamientos en materia de salud
mental laboral establecidos por la ley 2460 de 2025. La protección del descanso del personal de
enfermería no constituye únicamente una medida de bienestar individual, sino una condición estructural
para garantizar la seguridad del paciente y la calidad en la atención en salud.

Finalmente, se sugiere futuros estudios sobre esta problemática con diseños de tipo longitudinal que
permitan examinar la calidad de sueño en función de la exposición acumulativa a turnos rotativos y
jornadas extendidas, así mismo seria valioso ampliar las muestras para garantizar mayor
representatividad y contribuir al diseño de políticas de salud ocupacional basadas en evidencia local.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Aguirre-Navarrete, R. (2007). Bases anatómicas y fisiológicas del sueño.
Rev. Ecuat. Neurol,15(2).
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high
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