CRITERIOS CLÍNICOS PARA DELIMITAR EL
RANGO SEGURO DE MOVILIZACIÓN EN
PARÁLISIS CEREBRAL ESPÁSTICA

CLINICAL CRITERIA FOR SAFE JOINT MOBILIZATION
RANGE IN SPASTIC CEREBRAL PALSY

Ricardo López Rodríguez

Universidad de Oriente Campus Veracruz

Kevin Oswaldo Lozano Martínez

Universidad Cristóbal Colón
pág. 3058
DOI:
https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24286
Criterios Clínicos para Delimitar el Rango Seguro de Movilización en
Parálisis Cerebral Espástica

Ricardo López Rodríguez
1
sjnsbdhe@gmail.com

https://orcid.org/0009-0006-9488-9163

Universidad de Oriente Campus Veracruz

Kevin Oswaldo Lozano Martínez

klozano@ucc.mx

https://orcid.org/0009-0003-1115-9228

Universidad Cristóbal Colón

RESUMEN

Introducción: La parálisis cerebral espástica se asocia con alteraciones del tono muscular que dificultan
la delimitación segura del rango de movilización pasiva. Objetivo: Explorar la relación entre criterios
clínicos y la delimitación segura del rango de movilización articular. Métodos: Estudio cuantitativo,
observacional, correlacional y transversal en 14 pacientes. Se evaluó la espasticidad mediante la escala
MAS, el dolor con r-FLACC y el end feel durante movilización pasiva. Resultados: A mayor
espasticidad, se observó aparición más temprana de dolor y menor tolerancia al movimiento. Los
pacientes MAS 34 alcanzaron el punto de corte de dolor antes del rango fisiológico. Conclusión: La
integración de espasticidad, dolor y end feel permite delimitar de forma más objetiva y segura el rango
de movilización.

Palabras claves: parálisis cerebral, espasticidad muscular, rango de movimiento, dolor, modalidades
de fisioterapia

1
Autor principal
Correspondencia:
sjnsbdhe@gmail.com
pág. 3059
Clinical
Criteria for Safe Joint Mobilization Range in Spastic Cerebral Palsy
ABSTRACT

Introduction: Spastic cerebral palsy involves muscle tone alterations that complicate safe passive

mobilization range delimitation.
Objective: To explore the relationship between clinical criteria and
safe joint mobilization range.
Methods: Quantitative, observational, cross-sectional correlational study
in 14 patients. Spasticity (MAS), pain (r
-FLACC), and end-feel were assessed. Results: Higher
spasticity was associated with earlier pain onset and reduced tolerance. MAS 3
4 patients reached pain
cutoff be
fore full range. Conclusion: Integrating spasticity, pain response, and end-feel allows safer and
more objective range delimitation
.
Keywords
: cerebral palsy, muscle spasticity, range of motion, pain, physiotherapy modalities
Artículo recibido 25 abril 2026

Aceptado para publicación: 25 mayo 2026
pág. 3060
INTRODUCCIÓN

Definición actual de parálisis cerebral

La parálisis cerebral (PC) se define como un trastorno motor no progresivo caracterizado por
alteraciones del movimiento y la postura, secundario a una lesión o anomalía del cerebro en desarrollo,
generalmente ocurrida en etapas tempranas de la vida (Mendoza-Sengco et al., 2023; Patel et al., 2024).
Aunque la lesión inicial no progresa, las manifestaciones clínicas pueden evolucionar y generar
limitaciones en la actividad y la participación del individuo (Mercado Val, 2024).

La prevalencia de la PC se estima en aproximadamente 1.6 casos por cada 1000 nacidos vivos en países
de altos ingresos, mientras que en países de ingresos bajos y medios puede superar los 3 por cada 1000
nacidos vivos, lo que evidencia su relevancia como problema de salud pública a nivel global (McIntyre
et al., 2022).

Antecedentes, etiología y fisiopatología de la parálisis cerebral

Desde el punto de vista etiológico, la PC se asocia a diversos factores que afectan al cerebro en
desarrollo, incluyendo eventos hipóxico-isquémicos, prematuridad y lesiones perinatales, los cuales
generan alteraciones permanentes en el control motor (Mercado Val, 2024; Patel et al., 2024).

Clasificación de la parálisis cerebral

Clínicamente, la PC se clasifica según el tipo de alteración del movimiento, siendo la forma espástica
la más frecuente en la práctica clínica (Sharma et al., 2023). Asimismo, puede clasificarse de acuerdo
con la distribución topográfica del compromiso motor monoplejia, hemiplejia, diplejia, triplejia y
cuadriplejia lo que permite describir la extensión del compromiso funcional (Graham et al., 2016).

De manera complementaria, sistemas de clasificación funcional como el Gross Motor Function
Classification System (GMFCS) permiten categorizar el nivel de desempeño motor y el grado de
independencia funcional en esta población (Valdivia-Loro & Sanchez-Justo, 2023).

Parálisis cerebral espástica

En la parálisis cerebral espástica, la espasticidad constituye uno de los principales determinantes de la
resistencia al movimiento pasivo. Este fenómeno no puede atribuirse exclusivamente a la
hiperexcitabilidad refleja dependiente de la velocidad, sino que resulta de la interacción entre
componentes neurales como la activación exagerada del reflejo de estiramiento y componentes no
pág. 3061
neurales, incluyendo cambios estructurales y mecánicos del músculo y los tejidos periarticulares (Bar-
On et al., 2015).

Desde una perspectiva neurofisiológica, la espasticidad se caracteriza por un incremento dependiente
de la velocidad en la resistencia al estiramiento pasivo, asociado a una alteración en los mecanismos de
control del reflejo de estiramiento (Dietz & Sinkjaer, 2020). Esta condición genera una respuesta
variable durante la movilización pasiva, lo que dificulta la delimitación precisa del rango terapéutico
seguro.

Para su valoración clínica, se emplean escalas estandarizadas que permiten estimar la resistencia al
movimiento pasivo. Entre las más utilizadas se encuentran la Escala Modificada de Ashworth (MAS)
y la Escala Modificada de Tardieu (MTS), ambas ampliamente empleadas en contextos clínicos y de
investigación (Yoo et al., 2022).

La MAS es un instrumento clínico ordinal que clasifica la espasticidad en función de la resistencia
percibida durante la movilización pasiva (Bohannon & Smith, 1987). A pesar de su amplia utilización
por su facilidad de aplicación, se reconoce que esta escala no permite diferenciar completamente entre
los componentes neurales y mecánicos de la resistencia al movimiento (Nourizadeh et al., 2024).

Por su parte, la Escala de Tardieu permite una evaluación más específica de la espasticidad dependiente
de la velocidad, al considerar la respuesta muscular ante diferentes velocidades de estiramiento (Guo et
al., 2022). Sin embargo, su aplicación clínica puede ser más compleja en entornos asistenciales.

En este contexto, y considerando las limitaciones de los instrumentos disponibles, la evaluación de la
espasticidad mediante la MAS en el presente estudio se empleó como un criterio clínico práctico para
clasificar el nivel de resistencia al movimiento pasivo, reconociendo sus alcances y limitaciones dentro
de un enfoque aplicado.

Movilización articular pasiva en rehabilitación neurológica

La movilización articular pasiva es una intervención terapéutica en la que el fisioterapeuta moviliza una
articulación dentro de su rango fisiológico sin participación activa del paciente. En rehabilitación
neurológica, se utiliza principalmente en individuos con déficit motor secundario a lesiones del sistema
nervioso central, como el ictus o la lesión medular, donde la limitación del movimiento activo
compromete la movilidad articular (Abdullahi et al., 2025; Van Bladel et al., 2022).
pág. 3062
La evidencia reciente indica que el movimiento pasivo puede contribuir a mejorar parámetros de
función motora y discapacidad, aunque sus efectos dependen de la dosificación y del contexto clínico
en el que se aplica (Abdullahi et al., 2025). En pacientes con paresia persistente, la movilización pasiva
ha mostrado efectos positivos sobre el rango de movimiento, favoreciendo la preservación de la
movilidad articular (Van Bladel et al., 2022).

Definición y objetivos de la movilización articular pasiva

El movimiento pasivo se define como el desplazamiento segmentario de una articulación generado
externamente por el terapeuta, sin activación voluntaria por parte del paciente (Abdullahi et al., 2025).

Entre sus principales objetivos clínicos se encuentran el mantenimiento o incremento del rango
articular, la reducción de la discapacidad asociada a la limitación del movimiento y el apoyo a la
recuperación funcional dentro de programas de rehabilitación (Abdullahi et al., 2025). No obstante, la
magnitud de sus efectos y su impacto clínico pueden variar en función de los parámetros de aplicación.

Principios biomecánicos de la movilización pasiva

Desde el punto de vista biomecánico, la movilización pasiva implica la aplicación de fuerzas externas
que generan movimiento dentro del rango fisiológico disponible, produciendo estímulos mecánicos que
pueden influir tanto en las propiedades viscoelásticas de los tejidos como en la respuesta neuromuscular
(Snodgrass et al., 2020).

Se ha descrito que estas intervenciones pueden inducir cambios inmediatos en la activación muscular y
en la respuesta neuromuscular local, lo que sugiere una interacción entre componentes biomecánicos y
neurofisiológicos (Snodgrass et al., 2020).

En poblaciones con espasticidad, la velocidad de aplicación constituye un parámetro crítico, dado que
el incremento del tono muscular es dependiente de la velocidad del estiramiento. Por ello, el control de
la velocidad y de la amplitud del movimiento resulta fundamental para modular la respuesta al
estiramiento pasivo.

A pesar de la amplia utilización de la movilización pasiva en rehabilitación neurológica, la literatura no
establece criterios clínicos integrados que permitan delimitar de manera objetiva el punto de detención
durante su aplicación en pacientes con parálisis cerebral espástica.
pág. 3063
En la práctica clínica, esta decisión suele basarse en la percepción del terapeuta o en parámetros
aislados, sin una integración sistemática de variables como la espasticidad, la respuesta al dolor y la
resistencia al movimiento.

Esta limitación evidencia la necesidad de desarrollar enfoques clínicos que permitan establecer criterios
más objetivos y seguros para la dosificación de la movilización pasiva, particularmente en poblaciones
con alteraciones del tono muscular.

Indicaciones y precauciones en pacientes neurológicos

La movilización pasiva está indicada en pacientes neurológicos que presentan limitación del rango de
movimiento secundaria a espasticidad o rigidez, déficit motor severo que impide el movimiento activo
funcional y riesgo de contracturas asociado a inmovilidad prolongada.

En poblaciones con alteraciones neuromusculares, como pacientes post-ictus con paresia persistente del
miembro superior, se ha observado que la movilización pasiva puede mejorar el rango de movimiento
sin incrementar significativamente el dolor cuando se aplica de forma controlada (Van Bladel et al.,
2022).

No obstante, su aplicación requiere la consideración de precauciones específicas, particularmente en
presencia de espasticidad. Entre ellas se incluyen la adaptación de la velocidad del movimiento, la
monitorización de signos conductuales de dolor y la evaluación de cambios en la resistencia muscular
durante la movilización.

La evidencia sugiere que los efectos de las intervenciones pasivas sobre la espasticidad pueden ser
variables y dependientes de parámetros como la frecuencia, duración y velocidad de aplicación, lo que
resalta la necesidad de individualizar la intervención terapéutica (Williamson et al., 2025).

Riesgos asociados a una movilización no adecuada

Aunque la movilización pasiva es considerada una intervención segura cuando se aplica correctamente,
su efectividad puede ser limitada o transitoria si no se ajustan adecuadamente los parámetros de
intervención. Se ha reportado que, en contextos neurológicos, los efectos sobre la espasticidad presentan
alta variabilidad, en parte debido a la heterogeneidad en la dosificación y en los criterios de aplicación
(Williamson et al., 2025).
pág. 3064
Asimismo, en pacientes con alteraciones neuromusculares, el incremento del rango pasivo de
movimiento puede estar influido por factores como el dolor o la rigidez estructural subyacente, lo que
requiere una evaluación continua durante la intervención (Trompetto et al., 2023).

Una movilización aplicada sin considerar el estado neuromuscular del paciente o con parámetros
inadecuados como velocidad excesiva o amplitud no tolerada puede no generar beneficios clínicos
significativos, favorecer respuestas reflejas exacerbadas o inducir manifestaciones de dolor.

En este contexto, la identificación de signos clínicos durante la movilización, como el incremento
abrupto de la resistencia muscular o la aparición de manifestaciones conductuales de dolor, adquiere
relevancia como criterio de seguridad para la toma de decisiones terapéuticas.

Definición de dolor según la IASP

La International Association for the Study of Pain (IASP) define el dolor como una experiencia sensorial
y emocional desagradable asociada, o similar a la asociada, con daño tisular real o potencial
(International Association for the Study of Pain, 2020). Esta definición reconoce que el dolor es una
experiencia compleja que integra dimensiones sensoriales, emocionales y cognitivas, y que puede
presentarse incluso en ausencia de daño tisular identificable.

Asimismo, la IASP establece que el dolor es siempre una experiencia personal influenciada por factores
biológicos, psicológicos y sociales, y que la incapacidad para comunicarse verbalmente no excluye la
posibilidad de experimentar dolor (International Association for the Study of Pain, 2020). Este aspecto
resulta particularmente relevante en poblaciones con alteraciones neurológicas.

Dolor en pacientes no verbales

La identificación del dolor en pacientes con parálisis cerebral representa un desafío clínico,
especialmente en aquellos con limitaciones en la comunicación verbal. En estos casos, la detección del
dolor depende de la interpretación de manifestaciones conductuales y cambios en el comportamiento
del paciente (Dlamini et al., 2023).

Se ha reportado que los pacientes con parálisis cerebral pueden experimentar dolor durante
intervenciones fisioterapéuticas, particularmente durante técnicas que implican estiramientos y
movilización pasiva.
pág. 3065
En este contexto, los estiramientos han sido descritos como una fuente frecuente de dolor, lo que puede
influir en la experiencia del tratamiento y en la tolerancia del paciente (Houx et al., 2021).

Escalas de valoración del dolor no verbal

En pacientes con limitaciones en la comunicación, se han desarrollado herramientas observacionales
para la evaluación del dolor basadas en manifestaciones conductuales. Entre ellas, el Critical-Care Pain
Observation Tool (CPOT) y la Behavioral Pain Scale (BPS) han mostrado propiedades psicométricas
adecuadas en pacientes no comunicativos en entornos de cuidados críticos (Gélinas et al., 2021). Sin
embargo, estas herramientas fueron diseñadas principalmente para población adulta en unidades de
cuidados intensivos.

En población pediátrica con deterioro cognitivo, la revised Face, Legs, Activity, Cry, Consolability
scale (r-FLACC) ha demostrado adecuada fiabilidad interevaluador y validez clínica para la evaluación
del dolor (Malviya et al., 2006). Esta escala evalúa cinco dominios conductuales (cara, piernas,
actividad, llanto y consolabilidad), generando un puntaje total de 0 a 10, donde valores más altos indican
mayor expresión conductual compatible con dolor.

Aunque su validación original se realizó en población pediátrica, su uso en adolescentes y adultos
jóvenes con parálisis cerebral espástica en el presente estudio responde a la similitud en el perfil
comunicativo y a la necesidad de contar con un instrumento observacional breve y aplicable durante la
movilización pasiva. En este sentido, no se asume una validación directa en población adulta, sino su
utilización como herramienta clínica estructurada para la identificación de conductas compatibles con
dolor.

Como criterio operativo de seguridad, se estableció la detención de la movilización ante un puntaje ≥5
en la escala r-FLACC, umbral que se asocia con manifestaciones conductuales compatibles con dolor
moderado en estudios de validación pediátrica (Malviya et al., 2006). Este punto de corte se adoptó bajo
un enfoque precautorio orientado a evitar el incremento del dolor durante la intervención terapéutica.

End-feel articular

Definición

El end-feel articular se define como la calidad de la resistencia percibida por el terapeuta al final del
rango de movimiento pasivo durante la evaluación manual de una articulación (Hengeveld & Banks,
pág. 3066
2023; Kaltenborn et al., 2019). Su valoración forma parte del examen clínico en terapia manual,
permitiendo identificar la estructura predominante que limita el movimiento.

Definición y tipos de end-feel

De acuerdo con la clasificación clásica en terapia manual, los end-feel fisiológicos incluyen el duro,
asociado al contacto óseo; el blando, relacionado con la aproximación de tejidos blandos; y el firme,
generado por la tensión capsular, ligamentosa o muscular (Hengeveld & Banks, 2023; Kaltenborn et
al., 2019).

Por su parte, los end-feel patológicos comprenden patrones como el espasmo muscular, el vacío, el
esponjoso y el bloqueo elástico, los cuales pueden indicar alteraciones estructurales o respuestas
protectoras durante el movimiento (Hengeveld & Banks, 2023; Kaltenborn et al., 2019).

End-feel fisiológico y patológico

Un end-feel fisiológico se presenta al final del rango esperado, es consistente con la anatomía de la
articulación evaluada y no se asocia con dolor significativo. En contraste, un end-feel patológico
aparece de forma prematura, puede acompañarse de dolor o espasmo protector y sugiere la presencia
de limitaciones estructurales o alteraciones en la respuesta neuromuscular (Kaltenborn et al., 2019).

En este sentido, la valoración del end-feel permite complementar la medición cuantitativa del rango de
movimiento, aportando información cualitativa sobre la naturaleza de la restricción al movimiento.

Importancia clínica del end-feel en la movilización pasiva

La evaluación del end-feel permite diferenciar entre limitaciones estructurales y resistencia
neuromuscular, orientar la dosificación de la movilización y detectar respuestas protectoras que
indiquen la necesidad de modificar o detener la intervención (Hengeveld & Banks, 2023; Kaltenborn et
al., 2019).

En el contexto de la movilización pasiva en pacientes con parálisis cerebral espástica, su valoración
adquiere relevancia como indicador clínico complementario para la toma de decisiones terapéuticas,
particularmente cuando se integra con otras variables como la espasticidad y la respuesta conductual al
dolor.

En pacientes con parálisis cerebral espástica, la interpretación del end-feel requiere especial atención,
ya que la resistencia al movimiento pasivo puede estar influida tanto por componentes estructurales
pág. 3067
como por la actividad neuromuscular alterada. Esta interacción puede generar resistencias precoces o
variables durante la movilización, lo que debe considerarse en la toma de decisiones clínicas.

Razonamiento clínico del fisioterapeuta

El abordaje fisioterapéutico en personas con parálisis cerebral se orienta a optimizar la función y la
participación, en concordancia con el marco de la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la
Discapacidad y la Salud (CIF), donde el mantenimiento del rango de movimiento y la prevención de
contracturas constituyen objetivos relevantes (Novak et al., 2020).

Asimismo, las guías clínicas recomiendan la evaluación continua del tono muscular, la función motora
y la presencia de dolor, con el fin de ajustar las intervenciones terapéuticas de manera segura y adecuada
a la respuesta del paciente (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

En este contexto, la toma de decisiones durante la movilización pasiva implica integrar múltiples
variables clínicas, incluyendo la espasticidad, la resistencia al movimiento y la respuesta conductual al
dolor, con el objetivo de delimitar un rango de intervención seguro y terapéuticamente efectivo.

A pesar de la disponibilidad de herramientas clínicas para la evaluación de la espasticidad y el dolor, la
literatura no establece criterios integrados que permitan delimitar de manera objetiva el rango seguro
de movilización articular en pacientes con parálisis cerebral espástica. En la práctica clínica, esta
decisión suele basarse en la experiencia del terapeuta o en la valoración aislada de parámetros
individuales, lo que puede generar variabilidad en la dosificación de la intervención.

En este contexto, surge la necesidad de explorar la integración de criterios clínicos que permitan orientar
la toma de decisiones durante la movilización pasiva en esta población.

Por lo tanto, el objetivo del presente estudio fue explorar la relación entre criterios clínicos y la
delimitación segura del rango de movilización articular en pacientes con parálisis cerebral espástica
atendidos en una institución para personas con discapacidad.

Hipótesis

Con base en la evidencia disponible y el razonamiento clínico que sustenta la relación entre
espasticidad, resistencia al movimiento pasivo y percepción de dolor, se plantea la hipótesis de que a
mayor nivel de espasticidad, menor será la tolerancia al movimiento pasivo, manifestada por la
pág. 3068
aparición más temprana de manifestaciones conductuales de dolor y la limitación anticipada del rango
de movilización articular.

METODOLOGÍA

La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con un diseño observacional de
alcance correlacional y corte transversal, orientado a analizar la relación entre el nivel de espasticidad,
la respuesta conductual al dolor y la delimitación del rango seguro de movilización articular en pacientes
con parálisis cerebral espástica (Hernández-Sampieri et al., 2022; Setia, 2021).

La población estuvo conformada por personas con diagnóstico de parálisis cerebral espástica atendidas
en una institución para personas con discapacidad. La muestra incluyó 14 participantes seleccionados
mediante muestreo no probabilístico por conveniencia, considerando la accesibilidad y disponibilidad
durante el periodo de estudio. Los participantes correspondieron a adultos jóvenes, con una media de
edad de 24.7 años, de ambos sexos y con distintos niveles de compromiso motor (Hernández-Sampieri
et al., 2022).

Se incluyeron pacientes con diagnóstico clínico de parálisis cerebral espástica, con niveles de
espasticidad iguales o mayores a 2 en la Escala Modificada de Ashworth, clínicamente estables y con
consentimiento informado otorgado por su responsable legal. Se excluyeron aquellos con dolor basal
no relacionado con la movilización, antecedente de cirugía reciente en el segmento evaluado,
alteraciones cardiovasculares no controladas, contraindicación médica para movilización pasiva o
episodios agudos de descompensación neurológica.

La recolección de datos se realizó mediante la evaluación clínica de la espasticidad utilizando la Escala
Modificada de Ashworth (Bohannon & Smith, 1987), la valoración del dolor conductual mediante la
escala r-FLACC (Malviya et al., 2006) y la exploración manual del end-feel articular conforme a los
principios de terapia manual (Hengeveld & Banks, 2023; Kaltenborn et al., 2019). Las evaluaciones se
llevaron a cabo en las instalaciones de la institución por el investigador responsable, bajo condiciones
clínicas controladas.

El procedimiento consistió en una evaluación basal del tono muscular y del dolor en reposo, seguida de
la aplicación de movilización articular pasiva dentro del rango disponible. Durante la movilización, se
registró la respuesta conductual al dolor y se evaluó la calidad del end-feel, estableciendo como criterio
pág. 3069
de detención la aparición de dolor significativo (r-FLACC ≥5), incremento abrupto de la resistencia
muscular o la percepción de un tope final limitante. A partir de estos criterios, se delimitó el rango
seguro de movilización articular para cada participante.

El análisis de los datos se realizó mediante estadística descriptiva, empleando frecuencias absolutas y
relativas para variables categóricas, así como medidas de tendencia central para variables cuantitativas.
Se analizaron patrones de comportamiento clínico entre los diferentes niveles de espasticidad, con el
fin de identificar tendencias en la aparición de dolor y en la delimitación del rango seguro de
movilización articular.

El estudio se llevó a cabo conforme a los principios éticos de la Declaración de Helsinki para
investigación en seres humanos (World Medical Association, 2013). El consentimiento informado fue
obtenido a través de los responsables legales de los participantes, garantizando la confidencialidad de
la información y la protección de la identidad. Asimismo, se consideró el asentimiento del participante
en función de sus capacidades y se estableció la suspensión inmediata del procedimiento ante
manifestaciones de dolor significativo o incremento del tono muscular. Debido a la naturaleza
observacional del estudio y al contexto institucional, no se contó con evaluación por un comité de ética
formal; no obstante, se garantizó el cumplimiento de los principios éticos internacionales, así como la
autorización institucional correspondiente y el consentimiento informado de los responsables legales.
El procesamiento y análisis de los datos se realizó mediante el software Microsoft Excel (Microsoft
Corporation, Redmond, WA, USA).

RESULTADOS

La muestra estuvo conformada por 14 pacientes con diagnóstico de parálisis cerebral espástica, con una
edad media de 24.7 años. En la Tabla 3 se presentan las características clínicas de la muestra, incluyendo
la distribución por sexo, el tipo de compromiso motor y el nivel de espasticidad. Se observó un
predominio del sexo masculino, así como de la cuadriparesia espástica y de niveles moderados a severos
de espasticidad (MAS 2 y 3).

Durante la movilización articular pasiva, se identificó un patrón en la relación entre el nivel de
espasticidad, la calidad del end feel, la respuesta conductual al dolor y el punto de interrupción del
movimiento, como se muestra en la Tabla 4.
pág. 3070
En los pacientes con espasticidad nivel 2 (MAS 2), fue posible alcanzar el end feel duro sin necesidad
de interrupción anticipada, manteniéndose la respuesta conductual al dolor dentro del rango considerado
tolerable en el estudio.

En los pacientes clasificados como MAS 3, se observó inicialmente un end feel blando sin
manifestaciones conductuales de dolor; sin embargo, al progresar hacia un end feel firme, los valores
de la escala r-FLACC alcanzaron el punto de corte establecido (≥5), lo que determinó la interrupción
del movimiento.

En el paciente con espasticidad nivel 4 (MAS 4), se registraron manifestaciones conductuales de dolor
desde fases tempranas del movimiento, alcanzando el criterio de interrupción antes de completar el
rango pasivo fisiológico.

En conjunto, los datos muestran una progresión en la aparición del dolor y en la limitación del
movimiento conforme aumenta el nivel de espasticidad.

Ilustraciones, tablas, figuras

Tabla 1. Modified Ashworth Scale (MAS)

Puntuación
Descripción clínica
0
Sin incremento en el tono muscular.
1
Ligero incremento del tono, manifestado por un “catch” y liberación o resistencia
mínima al final del rango.

1+
Ligero incremento del tono, manifestado por un “catch”, seguido de resistencia
mínima durante menos de la mitad del rango restante.

2
Incremento más marcado del tono a lo largo de la mayor parte del rango, pero la parte
afectada se mueve fácilmente.

3
Considerable incremento del tono; el movimiento pasivo es difícil.
4
Parte afectada rígida en flexión o extensión.
Escala reproducida con fines académicos a partir de Bohannon y Smith (1987).

Tabla 2. r-FLACC (010)

Categoría
0 1 2
Face (Cara)
Sin expresión
particular

Muecas ocasionales
Expresión frecuente o
constante de dolor

Legs (Piernas)
Relajadas Inquietas o tensas Pataleo o rigidez marcada
Activity (Actividad)
Tranquilo,
posición normal

Retorciéndose,
tensión leve

Arqueado, rígido o
espástico

Cry (Llanto/Vocalización)
Sin llanto Quejido ocasional Llanto persistente o gritos
Consolability
(Consolabilidad)

Contento, relajado
Se tranquiliza con
contacto

Difícil de consolar

Escala reproducida con fines académicos a partir de Malviya et al. (2006).
pág. 3071
Tabla 3. Características clínicas de la muestra

Variable
Categoría n
Sexo
Masculino 8
Sexo
Femenino 6
Distribución motora
Cuadriparesia 8
Distribución motora
Triparesia 4
Distribución motora
Diparesia 2
Espasticidad (MAS)
2 6
Espasticidad (MAS)
3 7
Espasticidad (MAS)
4 1
Se presentan las características clínicas de los participantes, incluyendo sexo, distribución topográfica
del compromiso motor y nivel de espasticidad, observándose un predominio de cuadriparesia espástica
y niveles moderados a severos de espasticidad.

Tabla 4. Relación entre espasticidad, end feel, dolor y punto de interrupción

MAS
End feel inicial End feel final r-FLACC Punto de interrupción
2
Duro <5 Completa rango
3
Blando Firme ≥5 Interrupción
4
Temprano ≥5 Interrupción precoz
Se presenta la relación entre el nivel de espasticidad, la calidad del end feel, la respuesta conductual al
dolor y el punto de interrupción durante la movilización pasiva, evidenciándose una aparición más
temprana del dolor y una limitación progresiva del rango de movimiento conforme aumenta la
espasticidad.

DISCUSIÓN

Los resultados del presente estudio muestran una tendencia consistente en la cual un mayor nivel de
espasticidad se asocia con una menor tolerancia al movimiento pasivo, evidenciada por la aparición
más temprana de manifestaciones conductuales de dolor y la limitación del rango articular durante la
movilización.

Este comportamiento puede explicarse por la interacción entre los componentes neurales y no neurales
de la espasticidad, donde la hiperexcitabilidad del reflejo de estiramiento y las alteraciones mecánicas
del tejido contribuyen al incremento de la resistencia al movimiento pasivo (Bar-On et al., 2015).

Asimismo, los hallazgos coinciden con lo reportado por Houx et al. (2021), quienes describen que los
estiramientos durante la fisioterapia son frecuentemente percibidos como una fuente de dolor en
pág. 3072
pacientes con parálisis cerebral, lo que respalda la necesidad de establecer criterios clínicos de seguridad
durante la movilización.

Desde una perspectiva clínica, los resultados del presente estudio sugieren que la integración de
variables como el nivel de espasticidad (MAS), la respuesta conductual al dolor (r-FLACC) y el tipo de
end feel podría permitir una delimitación más objetiva y segura del rango de movilización articular.
Esta integración representa una alternativa más completa frente al uso aislado de parámetros
biomecánicos tradicionales.

La principal aportación del estudio radica en la propuesta de un criterio clínico integrador para la
delimitación del rango seguro de movilización en pacientes con parálisis cerebral espástica, lo cual
constituye un aporte relevante en un contexto donde la evidencia aplicada en escenarios clínicos reales
aún es limitada.

Entre las fortalezas del estudio se encuentra la aplicación de instrumentos clínicos estandarizados en un
contexto real de atención a personas con discapacidad, así como la integración de variables clínicas que
habitualmente se analizan de forma independiente, lo que favorece su aplicabilidad en la práctica
fisioterapéutica.

Entre las limitaciones del estudio se encuentran el tamaño reducido de la muestra y el diseño
observacional, lo que limita la generalización de los resultados. En este sentido, se recomienda el
desarrollo de estudios con mayor tamaño muestral y diseños analíticos o experimentales que permitan
confirmar estas asociaciones, así como la inclusión de variables como la velocidad de movilización y
la respuesta autonómica.

CONCLUSIONES

El presente estudio permite concluir que existe una relación consistente entre mayores niveles de
espasticidad y una menor tolerancia al movimiento pasivo, manifestada por la aparición más temprana
de dolor durante la movilización en pacientes con parálisis cerebral espástica.

La integración de indicadores clínicos como la Escala Modificada de Ashworth, la escala r-FLACC y
la valoración del tipo de end feel se posiciona como un criterio útil para delimitar rangos seguros de
movilización en la práctica fisioterapéutica.
pág. 3073
Estos hallazgos aportan evidencia preliminar para la toma de decisiones clínicas, aunque se requiere
investigación con mayor rigor metodológico que permita validar y generalizar estos resultados.

Agradecimientos

Los autores agradecen a la institución donde se llevó a cabo el estudio, así como al personal responsable
del cuidado de los participantes, por las facilidades brindadas y su colaboración durante el proceso de
recolección de datos. Asimismo, se reconoce la disposición de los participantes y sus responsables
legales.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflictos de interés.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Abdullahi, A., Wong, T. W. L., & Ng, S. S. M. (2025). Effects of passive movement on motor function
and disability in patients with stroke: A systematic review and meta-analysis. Journal of
Functional Morphology and Kinesiology, 10(2), 117.
https://doi.org/10.3390/jfmk10020117
Bar-On, L., Molenaers, G., Aertbeliën, E., Monari, D., Feys, H., & Desloovere, K. (2015). Spasticity
and its contribution to hyper-resistance in cerebral palsy. BioMed Research International, 2015,
317047.
https://doi.org/10.1155/2015/317047
Bohannon, R. W., & Smith, M. B. (1987). Interrater reliability of a modified Ashworth scale of muscle
spasticity. Physical Therapy, 67(2), 206207.
https://doi.org/10.1093/ptj/67.2.206
Dietz, V., & Sinkjaer, T. (2020). Spastic movement disorder: Impaired reflex function and altered
muscle mechanics. The Lancet Neurology, 19(7), 588599.
https://doi.org/10.1016/S1474-
4422(20)30110-1

Dlamini, M. D., Chang, Y. J., & Nguyen, T. T. (2023). Caregivers’ experiences of having a child with
cerebral palsy: A meta-synthesis. Journal of Pediatric Nursing, 73.

https://doi.org/10.1016/j.pedn.2023.08.026

Gélinas, C., Arbour, C., Michaud, C., Vaillant, F., & Desjardins, S. (2021). Validation of the Critical-
Care Pain Observation Tool in adult ICU patients: A review of the literature. Pain Management
Nursing, 22(2), 150160.
https://doi.org/10.1016/j.pmn.2020.11.001
pág. 3074
Graham, H. K., Rosenbaum, P., Paneth, N., Dan, B., Lin, J. P., Damiano, D. L., Becher, J. G., Gaebler-
Spira, D., Colver, A., Reddihough, D. S., Crompton, K. E., & Lieber, R. L. (2016). Cerebral
palsy. Nature Reviews Disease Primers, 2, 15082.
https://doi.org/10.1038/nrdp.2015.82
Guo, X., Wallace, R., Tan, Y., Oetomo, D., Klaic, M., & Crocher, V. (2022). Technology-assisted
assessment of spasticity: A systematic review. Journal of NeuroEngineering and
Rehabilitation, 19(1), 138.
https://doi.org/10.1186/s12984-022-01115-2
Hengeveld, E., & Banks, K. (2023). Maitland’s peripheral manipulation (6th ed.). Elsevier.

Hernández-Sampieri, R., Fernández Collado, C., & Baptista Lucio, P. (2022). Metodología de la
investigación (7.ª ed.). McGraw-Hill.

Houx, L., Pons, C., Saudreau, H., Dubois, A., Creusat, M., Le Moine, P., Rémy-Néris, O., Ropars, J.,
& Le Reste, J.-Y. (2021). No pain, no gain? Children with cerebral palsy and their experience
with physiotherapy. Annals of Physical and Rehabilitation Medicine, 64(3), 101448.

https://doi.org/10.1016/j.rehab.2020.10.002

International Association for the Study of Pain. (2020). The revised International Association for the
Study of Pain definition of pain: Concepts, challenges, and compromises. PAIN, 161(9), 1976
1982.
https://doi.org/10.1097/j.pain.0000000000001939
Kaltenborn, F. M., Evjenth, O., Kaltenborn, T. B., Morgan, D., & Vollowitz, E. (2019). Manual
mobilization of the joints: The Kaltenborn method of joint examination and treatment (7th ed.).
Norli.

Malviya, S., Voepel-Lewis, T., Burke, C., Merkel, S., & Tait, A. R. (2006). The revised FLACC
observational pain tool: Improved reliability and validity for pain assessment in children with
cognitive impairment. Paediatric Anaesthesia, 16(3), 258265.
https://doi.org/10.1111/j.1460-
9592.2005.01773.x

McIntyre, S., Goldsmith, S., Webb, A., Ehlinger, V., Hollung, S. J., McConnell, K., Arnaud, C.,
Smithers-Sheedy, H., Oskoui, M., Khandaker, G., & Himmelmann, K. (2022). Global
prevalence of cerebral palsy: A systematic analysis. Developmental Medicine & Child
Neurology, 64(12), 14941506.
https://doi.org/10.1111/dmcn.15346
pág. 3075
Mendoza-Sengco, P., Chicoine, C. L., & Vargus-Adams, J. (2023). Early cerebral palsy detection and
intervention. Pediatric Clinics of North America, 70(3), 385398.

https://doi.org/10.1016/j.pcl.2023.01.014

Mercado Val, E. (2024). Módulo III.8 Parálisis cerebral. Universidad de Burgos.

https://riubu.ubu.es/handle/10259/7545

National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Cerebral palsy in under 25s: Assessment and
management (NG62).
https://www.nice.org.uk/guidance/ng62
Nourizadeh, M., Shadgan, B., Abbasidezfouli, S., Juricic, M., & Mulpuri, K. (2024). Methods of muscle
spasticity assessment in children with cerebral palsy: A scoping review. Journal of Orthopaedic
Surgery and Research, 19(1), 401.
https://doi.org/10.1186/s13018-024-04894-7
Novak, I., Morgan, C., Fahey, M., Finch-Edmondson, M., Galea, C., Hines, A., Langdon, K.,
McNamara, M., Paton, M., Popat, H., Shore, B., & Badawi, N. (2020). State of the evidence
traffic lights 2019: Systematic review of interventions for preventing and treating children with
cerebral palsy. Current Neurology and Neuroscience Reports, 20(2), 3.

https://doi.org/10.1007/s11910-020-1022-z

Patel, D. R., Bovid, K. M., Rausch, R., Ergun-Longmire, B., Goetting, M., & Merrick, J. (2024).
Cerebral palsy in children: A clinical practice review. Current Problems in Pediatric and
Adolescent Health Care, 54(11), 101673.
https://doi.org/10.1016/j.cppeds.2024.101673
Setia, M. S. (2021). Methodology series module 3: Cross-sectional studies. Indian Journal of
Dermatology, 66(3), 261264.
https://doi.org/10.4103/ijd.IJD_200_21
Sharma, P., Gupta, M., & Kalra, R. (2023). Recent advancements in interventions for cerebral palsy
A review. Journal of Neurorestoratology, 11(3), 100071.

https://doi.org/10.1016/j.jnrt.2023.100071

Snodgrass, S. J., Rivett, D. A., Robertson, V. J., & Stojanovski, E. (2020). The immediate effects of
passive joint mobilisation on local muscle function: A systematic review. Musculoskeletal
Science and Practice, 45, 102106.
https://doi.org/10.1016/j.msksp.2019.102106
pág. 3076
Trompetto, C., Marinelli, L., Mori, L., et al. (2023). Increasing the passive range of joint motion in
stroke patients using botulinum toxin: The role of pain relief. Toxins, 15(5), 335.

https://doi.org/10.3390/toxins15050335

Valdivia-Loro, J. P., & Sanchez-Justo, L. (2023). Nivel de clasificación de la función motora gruesa en
niños con parálisis cerebral de una institución pediátrica de alta complejidad en Perú.
Investigación e Innovación Clínica y Quirúrgica Pediátrica, 1(1), 5155.

https://doi.org/10.59594/iicqp.2023.v1n1.10

Van Bladel, A., Cools, A., Michielsen, M., Oostra, K., & Cambier, D. (2022). Passive mobilisation of
the shoulder in subacute stroke patients with persistent arm paresis: A randomised multiple
treatment trial. South African Journal of Physiotherapy, 78(1), a1589.

https://doi.org/10.4102/sajp.v78i1.1589

Williamson, S. D., Aaby, A. O., Ejersbo, A. O., Vestergaard, M. R., & Ravn, S. L. (2025). Passive
movement interventions and spasticity outcomes in individuals with spinal cord injury during
rehabilitation: A scoping review. Spinal Cord.
https://doi.org/10.1038/s41393-025-01141-6
World Medical Association. (2013). World Medical Association Declaration of Helsinki: Ethical
principles for medical research involving human subjects. JAMA, 310(20), 21912194.

https://doi.org/10.1001/jama.2013.281053

Yoo, M., Ahn, J. H., Rha, D.-W., & Park, E. S. (2022). Reliability of the Modified Ashworth and
Modified Tardieu Scales with standardized movement speeds in children with spastic cerebral
palsy. Children, 9(6), 827.
https://doi.org/10.3390/children9060827