MUJERES TRABAJADORAS EN EL CONTEXTO
ACTUAL: UN ANÁLISIS DE SU RESILIENCIA Y
BIENESTAR PSICOLÓGICO
WORKING WOMEN IN THE CURRENT CONTEXT: AN
ANALYSIS OF THEIR RESILIENCE AND PSYCHOLOGICAL
WELL-BEING
Miguel Ángel Tuz Sierra
Universidad Autónoma de Campeche – México
Liliana García Reyes
Universidad Autónoma de Campeche – México
Gabriela Isabel Pérez Aranda
Universidad Autónoma de Campeche – México
Sinuhé Estrada Carmona
Universidad Autónoma de Campeche - México

pág. 4791
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24549
Mujeres Trabajadoras en el Contexto Actual: Un Análisis de su Resiliencia
y Bienestar Psicológico
Miguel Ángel Tuz Sierra1
miguatuz@uacam.mx
https://orcid.org/0000-0003-1584-7725
Universidad Autónoma de Campeche
México
Liliana García Reyes
ligarcía@uacam.mx
https://orcid.org/0000-0001-5404-3100
Universidad Autónoma de Campeche
México
Gabriela Isabel Pérez Aranda
gaiperez@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-9918-3921
Universidad Autónoma de Campeche
México
Sinuhé Estrada Carmona
setrada@uacam.mx
https://orcid.org/0000-0002-9605-8148
Universidad Autónoma de Campeche
México
RESUMEN
En los últimos años, la participación de las mujeres en el entorno laboral ha ido en aumento; sin
embargo, persisten desigualdades como la brecha salarial, la informalidad y las limitadas oportunidades
laborales (Flego & Ortega, 2020; Abramo, 2022). En este contexto, la presente investigación se propone
describir el perfil sociodemográfico y ocupacional de mujeres trabajadoras residentes en el estado de
Campeche, así como analizar los niveles de resiliencia y bienestar psicológico, y explorar las relaciones
entre estas variables y diversos factores sociodemográficos. El estudio se desarrolló desde un enfoque
cuantitativo con un alcance descriptivo, correlacional-comparativo, en el que participaron 216 mujeres
de entre 18 y 78 años, que laboraban de manera fija, informal, eventual o independiente y que residen
en el estado de Campeche. Se aplicó un cuestionario sociodemográfico, la escala CD-RISC-10 y la
Escala de Bienestar Psicológico. Los resultados indican que las mujeres evaluadas presentan un nivel
medio de resiliencia y bienestar psicológico en este último, solo el 9.7% presentó un nivel alto, mientras
que la mayoría (70.4%) se ubicó en un nivel medio. Se identificó que, a mayor bienestar psicológico,
mayor resiliencia, además esto se relacionaba principalmente por la edad, el tipo de contrato y el
ingreso.
Palabras clave: bienestar psicológico, mujeres trabajadoras, resiliencia
1 Autor principal
Correspondencia: miguatuz@uacam.mx

pág. 4792
Working Women in the Current Context: An Analysis of Their Resilience
and Psychological Well-Being
ABSTRACT
In recent years, women's participation in the workforce has increased; however, inequalities such as the
wage gap, informality, and limited labor opportunities persist (Flego & Ortega, 2020; Abramo, 2022).
Within this framework, this research aims to describe the sociodemographic and occupational profile
of working women residing in the state of Campeche, analyze their levels of resilience and
psychological well-being, and explore the relationships between these variables and various
sociodemographic factors. The study followed a quantitative approach with a descriptive, correlational-
comparative scope, involving 216 women aged 18 to 78, who worked under permanent, informal,
temporary, or independent arrangements and reside in the state of Campeche. A sociodemographic
questionnaire, the CD-RISC-10 scale, and the Psychological Well-Being Scale were administered. The
results indicate that the evaluated women present moderate levels of resilience and psychological well-
being. Regarding the latter, only 9.7% exhibited a high level, while the majority (70.4%) scored at a
medium level. Finally, it was found that higher psychological well-being correlates with greater
resilience, a dynamic primarily influenced by age, type of contract, and income.
Keywords: Psychological well-being; Working women, Resilience
Artículo recibido 15 febrero 2023
Aceptado para publicación: 15 marzo 2023

pág. 4793
INTRODUCCIÓN
Durante los últimos años, se ha observado un incremento progresivo de la participación de las mujeres
en el mercado laboral; sin embargo, continúan siendo vulnerables a situaciones como la brecha salarial,
jornadas prolongadas o escasas oportunidades de crecimiento, lo que impacta negativamente su
bienestar psicológico y exige altos niveles de resiliencia (Flego & Ortega, 2020). Por lo que este avance
no ha significado una equidad plena en condiciones laborales ni de bienestar.
A nivel global y, en particular, en México, las mujeres enfrentan barreras estructurales que limitan su
desarrollo profesional. A pesar de los esfuerzos por promover la igualdad de género, las disparidades
laborales siguen siendo persistentes, reflejando no solo desigualdades económicas, sino también
desafíos psicosociales que requieren ser abordados en investigaciones contemporáneas.
De acuerdo con Alcaraz & Vázquez (2020) a nivel de América Latina, la participación femenina en el
trabajo y su acceso a puestos directivos enfrenta tensiones entre la necesidad de desarrollo económico
y las creencias tradicionales sobre el rol de la mujer. De esta manera, a lo largo de su trayectoria laboral,
las mujeres suelen experimentar distintas barreras que dificultan alcanzar posiciones de liderazgo en
igualdad de condiciones con los hombres, evidenciando que sigue siendo un desafío por resolver en la
región.
En el contexto mexicano, las desigualdades en el empleo femenino son múltiples e interrelacionadas.
La participación de las mujeres en el mercado laboral formal permanece por debajo de la de los
hombres, y aun cuando acceden a empleos, estos con frecuencia se caracterizan por una menor
estabilidad, menor remuneración y falta de protección social.
En relación con ello, los datos estadísticos indican que, en países como México, muchas mujeres laboran
en empleos informales o en ocupaciones feminizadas con salarios inferiores a los de los hombres, lo
que refuerza la brecha salarial de género (Abramo, 2022). En términos de empleo, en específico el
formal, la crisis COVID-19 profundizó mucho más la condición de pérdida de empleos formales
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (2024) entre la población ocupada, el
55.2 % de las mujeres y el 54.0 % de los hombres trabajan en el sector informal, mostrando una ligera
brecha de 1.2 puntos porcentuales. En los tipos de informalidad también hay diferencias: los hombres
se concentran principalmente en el sector informal y agropecuario, mientras que las mujeres

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predominan en empleos informales en empresas, gobierno e instituciones. Además, las mujeres están
sobrerrepresentadas en el trabajo doméstico remunerado (8.6 % frente a 0.5 % en hombres). Además,
es importante recordar que históricamente la cantidad de empleos formales ha sido menor que la
cantidad de empleos informales, tanto de manera absoluta como relativa en el país. Por otro lado, se ha
indicado que la existencia de una brecha salarial continúa siendo un desafío estructural en el que en
México las mujeres ganan, en promedio, menos que los hombres. Sin embargo, esas diferencias son
menores para las mujeres con mayor preparación, es decir las mujeres con mayor preparación escolar
enfrentan una menor brecha, por lo que presentan mejores condiciones laborales (Instituto Mexicano
para la Competitividad [IMCO], 2020). Este panorama sugiere que la educación y la preparación
académica funcionan como un factor protector frente a la desigualdad salarial.
Respecto al salario femenino, desde el 2017 y hasta antes del inicio de la pandemia por covid-19, las
mujeres percibían solamente 83 pesos por cada 100 pesos ganados por los hombres, esta disparidad se
acentúa en el empleo informal, donde la compensación femenina se penaliza aún más debido, en parte,
a la dedicación a actividades no remuneradas vinculadas al hogar y cuidados familiares (IMCO, 2020).
La informalidad laboral representa un reto adicional para las mujeres trabajadoras, ya que limita su
acceso a prestaciones y seguridad social, afectando directamente su bienestar.
En México, más de la mitad de las mujeres ocupadas se encuentran en la informalidad, lo que implica
condiciones laborales precarias y menor protección ante riesgos económicos o de salud. Con base a
información reciente se identificó que el tercer trimestre de 2025, la tasa de informalidad laboral fue
más alta para las mujeres (55.9%) que para los hombres (55%), de esta manera ambas tasas muestran
un repunte respecto al trimestre anterior (ENOE, 2025). En Campeche al comparar el costo de la canasta
alimentaria más no alimentaria con el ingreso laboral per cápita en el estado en el tercer trimestre de
2025, el 65.1% de la población campechana no tiene ingresos suficientes para adquirir la suma de las
canastas alimentaria y no alimentaria sin diferenciar respecto al género superando la media nacional de
63.1%.
Estas condiciones laborales y económicas adversas no sólo tienen implicaciones económicas, sino
también psicológicas, ya que la incertidumbre laboral y la falta de beneficios sociales y económicos

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para cubrir sus necesidades alimentarias básicas se podría bien asociar con niveles más bajos de
bienestar y mayor estrés, factores que pueden repercutir en la salud mental de las trabajadoras.
Asimismo, se destaca que las mujeres no sólo enfrentan desafíos externos relacionados con el mercado
laboral, sino que también con la carga del trabajo que incluye labores domésticas y cuidado familiar los
cuales recaen desproporcionadamente sobre ellas reduciendo su capacidad de inserción y permanencia
en empleos formales y bien remunerados. Esta doble carga de trabajo remunerado e informal o
doméstico incrementa la presión psicológica que puede afectar negativamente a la salud mental y a la
calidad de vida de las mujeres (Torres-Lira ET AL., 2024).
En este contexto de desigualdad estructural, los conceptos de resiliencia y bienestar psicológico
adquieren relevancia como variables clave para entender cómo las mujeres enfrentan y superan las
adversidades laborales y sociales. La resiliencia se refiere a la capacidad de una persona para adaptarse
positivamente ante situaciones adversas, permitiendo recuperar el equilibrio emocional y funcional a
pesar de factores estresantes (Villar, 2015).
La resiliencia se considera una capacidad esencial para que las mujeres que trabajan logren gestionar
los riesgos laborales relacionados con el género y alcancen el éxito profesional (Turner et al., 2021)
especialmente en entornos laborales caracterizados por condiciones precarias, discriminación o
desigualdades salariales, la resiliencia puede ser un recurso psicosocial fundamental para sostener la
salud mental. De esta manera, la resiliencia es una competencia que se desarrolla a lo largo de la vida
y permite a las personas afrontar situaciones adversas, reduciendo la probabilidad de consecuencias
negativas, aun en presencia de factores de riesgo o experiencias potencialmente dañinas (Greve y
Staudinger, 2006).
Mientras que el bienestar psicológico abarca aspectos como la satisfacción con la vida, la percepción
de apoyo social, la autoestima y el sentido de logro personal, los cuales pueden verse influidos por las
condiciones de empleo y las experiencias de desigualdad, dado que este nivel de bienestar permite a las
personas orientarse y dar sentido a sus proyectos, aspiraciones y a su vida en general (Niño & Peña,
2020).
Por ello, diversos estudios señalan que la precariedad laboral, la discriminación salarial y la segregación
ocupacional se asocian con niveles más bajos de bienestar psicológico, manifestados en mayor estrés,

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insatisfacción y un mayor riesgo de trastornos emocionales. Esto se explica, principalmente, porque en
la búsqueda de maximizar las ganancias se han debilitado diversos derechos laborales, como la
reducción salarial, el limitado acceso a la seguridad social, el incremento de contratos temporales en
detrimento de los contratos indefinidos y la escasa certidumbre respecto a la continuidad del empleo
(Vargas & Huerta, 2019). La OIT (2012) señala que algunos grupos son más propensos a la precariedad
laboral, entre ellos los jóvenes, las mujeres y las personas con discapacidad. En este contexto, existe
una diferencia entre hombres y mujeres en la experiencia de la precariedad laboral.
De este modo, la población femenina se encuentra sobrerrepresentada en empleos precarios, en parte
debido a prácticas discriminatorias por parte de los empleadores. En comparación con los hombres, es
menos frecuente que estos trabajen a tiempo parcial, mientras que las mujeres lo hacen con mayor
regularidad. Asimismo, aun cuando mujeres y hombres dedican el mismo tiempo a las tareas del hogar,
ellas presentan una mayor probabilidad de percibir salarios más bajos, ser penalizadas laboralmente y
ocupar empleos de medio tiempo. Estos hallazgos sugieren que las mujeres enfrentan mayores
desventajas en el ámbito laboral que los hombres, incluso cuando las responsabilidades domésticas son
similares (Young, citado en Vargas y Huerta, 2019).
Por ello, es importante analizar estas variables en relación con las condiciones laborales actuales de las
mujeres en el estado, ya que esto permite comprender no solo las manifestaciones externas de la
desigualdad, sino también sus efectos internos en la salud mental, especialmente en el bienestar
psicológico y en el desarrollo de la resiliencia, aspectos que influyen en la calidad de vida.
Además, resulta importante identificar las condiciones laborales actuales de las mujeres en el estado,
ya que esto permite comprender no sólo las manifestaciones externas de la desigualdad, sino también
sus efectos internos en la salud mental, particularmente en el bienestar psicológico y en el desarrollo de
la resiliencia, aspectos que pueden influir en una mejor calidad de vida.
A pesar del contexto actual, la investigación sobre resiliencia y bienestar psicológico en mujeres
trabajadoras en México sigue siendo limitada, ya que, aunque existen datos sobre la participación
laboral y las brechas salariales, se analiza poco el impacto de estas condiciones estructurales y
específicas de la población femenina respecto a los recursos de resiliencia y en el bienestar psicológico

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representando una oportunidad para generar evidencia que pueda orientar políticas públicas y
programas de intervención orientados a fortalecer el bienestar integral de las mujeres trabajadoras.
Como bien menciona Ordóñez & Ballesteros (2021, pp. 274) “el trabajo constituye el recurso más
importante de los grupos humanos de niveles de ingreso medio y bajo, de áreas urbanas y rurales,
posicionando a estos colectivos en situaciones próximas a la vulnerabilidad social”
En consecuencia, la presente investigación se propone describir el perfil sociodemográfico y
ocupacional de mujeres trabajadoras residentes en el estado de Campeche, así como analizar los niveles
de resiliencia y bienestar psicológico, y explorar las relaciones entre estas variables y diversos factores
sociodemográficos.
A partir del cual se permitirá no sólo documentar la realidad laboral femenina, sino comprender de
forma más profundamente las condiciones laborales actuales que se asocian con al bienestar y los
atributos de resiliencia que contribuyendo a una visión integral que pueda informar estrategias de
promoción del bienestar y equidad de género en el ámbito laboral.
METODOLOGÍA
El estudio se desarrolló desde un enfoque cuantitativo con un alcance descriptivo, correlacional-
comparativo.
Muestra
La muestra estuvo compuesta por 216 mujeres de entre 18 y 78 años de edad, residentes en el estado de
Campeche, que laboraban de manera fija, informal, eventual o independiente.
Instrumentos:
Para la recolección de datos se aplicaron los siguientes instrumentos:
a) Cuestionario sociodemográfico: edad, género, orientación sexual, carrera y semestre.
b) Escala de Resiliencia de Connor-Davidson de 10 ítems (CD-RISC de 10 ítems) en adultos jóvenes
está conformada por 10 ítems de la escala original elaborada por Connor y Davidson (2003) y reducida
por Campbell-Sills y Stein (2007) cuyo alfa de Cronbach fue de 0.87. Es una escala tipo Likert de 5
puntos desde 0 (totalmente en desacuerdo) hasta 4 (totalmente de acuerdo). Se adaptó a población
mexicana la versión de Notario-Pacheco, et al., (2011) para mejorar su comprensión. Se mostró a

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expertos en psicología, se hizo un estudio piloto en 10 sujetos y se cuidó la manutención del significado
de la pregunta original.
c) La Escala de Bienestar Psicológico (EBP) elaborado por Díaz et al. (2006) en su versión reducida
por Lozano y García (2016) el cual mide la percepción que la persona tiene sobre los logros alcanzados
en su vida y el grado de satisfacción personal con lo que hizo, hace o puede hacer, desde una mirada
estrictamente personal. La EBP puede ser utilizada como herramienta diagnóstica, para detectar
mecanismos resilientes o conocer los efectos de alguna intervención psicológica social o educativa cuya
confiabilidad obtuvo un alfa de Cronbach de .82.
RESULTADOS
A continuación, se presentan los resultados descriptivos de la muestra, los cuales incluyen el perfil
sociodemográfico general y la descripción de las características ocupacionales de las participantes.
Tabla 1. Perfil sociodemográfico general de mujeres trabajadoras del estado
Variable Categoría Porcentaje (%)
Sexo Mujer N=216 (100%)
Edad 18-78 años
Nivel educativo
Primaria 3.7%
Secundaria 16.2%
Preparatoria 16.2%
Licenciatura 52.3%
Posgrado 11.6%
100%
Estado civil
Soltera 43.1%
Casada 38%
Divorciada 12.5%
Viuda 3.7%
Unión libre 2.8%
100%
Hijos Sí 66.6%
No 39.4%
100%
Actividades recreativas Sí practica 41.2%
No practica 58.8%
100%
Respecto a la Tabla 1, la muestra estuvo conformada por 216 mujeres, lo que representa el 100 % del
total de participantes. De acuerdo con su perfil sociodemográfico, la mayoría cuenta con estudios de
licenciatura (52.3%). En menor proporción se encuentran quienes tienen preparatoria o secundaria

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(ambas con 16.2%), seguidas por las participantes con posgrado (11.6%) y aquellas con únicamente
educación primaria (3.7%). En conjunto, el 88.4% de las mujeres posee al menos estudios de nivel
medio superior o superior, lo que refleja un predominio de niveles educativos elevados dentro de la
muestra.
En relación con el estado civil, la mayoría de las participantes se encuentra soltera (43.1%), seguida de
las casadas (38.0%). Menor proporción corresponde a las divorciadas (12.5%), viudas (3.7%) y mujeres
que viven en unión libre (2.8%). Estos resultados muestran un predominio de mujeres solteras, aunque
con una presencia considerable de participantes casadas.
Respecto a la condición familiar, el 66.6% de las participantes tiene hijos, mientras que el 39.4% no
cuenta con ellos.
Finalmente, sobre la participación en actividades recreativas (artísticas, deportivas, sociales, etc.), el
41.2% de las mujeres realiza alguna actividad, mientras que la mayoría (58.8%) no participa en este
tipo de actividades.
Tabla 2. Descripción ocupacional de mujeres que laboran en el estado.
Variable Categoría / Descripción Porcentaje (%)
Tipo de trabajo
Trabajo de oficina 33.85%
Sector servicios 27.8%
Trabajo doméstico 13.4%
Área de salud 7.9%
Otros tipos de trabajo 17.1%
100%
Tipo de empleo
Trabajo fijo 59.3%
Trabajo informal 15.7%
Trabajo eventual 14.4%
Trabajo independiente 10.6%
100%
Condición académica Estudia y trabaja 22.2%
No estudia (solo trabaja) 77.8%
100%
Dependientes económicos
Sí 50.9%
No 43.1%
No aplica 6.0%
100%
Seguridad social Cuenta con seguridad social 70.4%
No cuenta con seguridad social 29.6%
100%
Sí es suficiente 44.9%

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Percepción de suficiencia del
salario
No es suficiente 42.1%
No está segura 13%
100%
De acuerdo con la tabla 2, se identifica la distribución de los tipos de trabajo en el que la mayor
proporción de mujeres se desempeña en trabajo de oficina (33.8%), seguida del sector servicios
(27.8%). En menor medida, se encuentran quienes realizan trabajo doméstico (13.4%) o laboran en el
área de salud (7.9%), mientras que un 17.1% se clasifica en otros tipos de trabajo. En conjunto, los
datos reflejan una diversidad ocupacional, predominando las actividades administrativas y de servicios.
En cuanto al tipo de empleo, la mayoría de las participantes cuenta con un trabajo fijo (59.3%). En
menor proporción, se encuentran quienes desempeñan un trabajo informal (15.7%), eventual (14.4%) o
independiente (10.6%). Estos resultados indican que más de la mitad de la muestra tiene estabilidad
laboral, aunque una parte relevante se encuentra en modalidades de empleo no permanente.
Respecto a la condición académica, el 22.2% de las participantes estudia además de trabajar, mientras
que el 77.8% no cursa estudios actualmente.
En relación con los dependientes económicos, poco más de la mitad de las mujeres (50.9%) informó
tener personas que dependen de ellas, mientras que un 43.1% señaló no contar con dependientes y un
6.0% indicó que no aplica. Esto refleja que una proporción significativa de la muestra asume algún
grado de responsabilidad económica hacia otras personas.
En cuanto a la seguridad social, el 70.4% de las encuestadas dispone de este beneficio, mientras que el
29.6% no cuenta con él. Aunque la mayoría tiene acceso a cobertura, aún existe un porcentaje
considerable que carece de estos servicios.
Finalmente, sobre la percepción de suficiencia del salario, el 44.9% considera que su ingreso es
suficiente para cubrir sus gastos, frente a un 42.1% que considera que no lo es. Además, un 13.0% de
las participantes manifestó no estar seguro al respecto. En general, los resultados muestran opiniones
divididas, aunque con una ligera tendencia a percibir el salario como adecuado.
Tabla 3. Media de resiliencia y el bienestar psicológico en mujeres que laboran.
Resiliencia Bienestar psicológico
N 216 216
Media 29.2 53.1

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Desviación estándar 6.83 11.9
Recorrido 30 69
Mínimo 10 8
Máximo 40 77
Los resultados indican que las mujeres evaluadas presentan un nivel medio de resiliencia y bienestar
psicológico.
Tabla 4. Nivel resiliencia y bienestar psicológico en mujeres que laboran.
Resiliencia Bienestar psicológico
Frecuencias % del Total Frecuencias % del Total
Bajo 74 34.30% 43 19.90%
Medio 74 34.30% 152 70.40%
Alto 68 31.50% 21 9.70%
N= 216 100% N= 216 100%
Específicamente, los niveles bajo y medio de resiliencia representan cada uno el 34.3%, mientras que
el 31.5% alcanzó un nivel alto. En cuanto al bienestar psicológico, únicamente el 9.7% obtuvo un nivel
alto, mientras que la mayoría se ubicó en un nivel medio (70.4%) y el 19.4% en un nivel bajo.
De acuerdo al análisis de la prueba de normalidad de Kolmogorov-Smirnov no resultó significativa, se
puede considerar que las variables resiliencia (p = 0.175) y bienestar psicológico (p = 0.160) presentan
una distribución aproximada a la normal. Por lo tanto, para los análisis estadísticos se emplearán pruebas
paramétricas
Tabla 5. Matriz de correlaciones entre las variables del estudio.
BP RE ED HLS
BP R de Pearson —
valor p —
RE R de Pearson 0.625* —
valor p <.001 —
ED R de Pearson 0.163* 0.163* —
valor p 0.016 0.017 —
HLS R de Pearson 0.127 0.076 0.134* —
valor p 0.063 0.266 0.049 —
IQ R de Pearson 0.226* 0.25* 0.168* 0.118
valor p <.001 <.001 0.013 0.084
BP: bienestar psicológico
RE: resiliencia
ED: edad
HLS: cantidad de horas laboradas semanalmente
IQ: ingresos percibidos de manera quincena

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Respecto a la tabla 5, se identificó una relación positiva estadísticamente significativa entre resiliencia
y bienestar psicológico (p < .001, r = .625), lo que indica que, a mayor bienestar psicológico, mayor
resiliencia en las mujeres trabajadoras.
Asimismo, se observó que conforme aumenta la edad, tienden a incrementarse tanto la resiliencia como
el bienestar psicológico. Por otro lado, la cantidad de horas laborales no mostró relación significativa
con la resiliencia ni con el bienestar psicológico, aunque de otra manera conforme a mayor edad se
percibe mayor cantidad de horas laboradas semanalmente; sin embargo, el ingreso percibido presentó
una relación positiva y estadísticamente significativa, indicando que, a mayor ingreso, mayor resiliencia
y bienestar psicológico.
Tabla 6. ANOVA: Comparación de bienestar psicológico y resiliencia según tipo de contrato laboral.
TC N Media DE F p
Bienestar
psicológico
Fijo 128 54.3 11.05
3.33 0.026*
Eventual 31 56.5 9.24
Independiente 23 48.4 14.89
Informal 34 48.9 13.52
Resiliencia
Fijo 128 29.4 6.76
3.26 0.028*
Eventual 31 31.8 6.12
Independiente 23 26.9 8.21
Informal 34 27.5 6.06
Para el bienestar psicológico, los resultados mostraron diferencias significativas entre los grupos (F =
3.33, p = 0.026). La media más alta se observó en las participantes con contrato eventual (M = 56.5,
DE = 9.24), seguida por las que tienen contrato fijo (M = 54.3, DE = 11.05). Por su parte, las mujeres
con contrato independiente (M = 48.4, DE = 14.89) o informal (M = 48.9, DE = 13.52) presentaron
medias más bajas, indicando que la forma de contratación suele diferenciar el nivel de bienestar
psicológico presente en dichas mujeres.
En cuanto a la resiliencia, también se encontraron diferencias significativas según el tipo de contrato (F
= 3.33, p = 0.028). Las participantes con contrato eventual nuevamente mostraron la media más alta (M

pág. 4803
= 31.8, DE = 6.12), seguidas por quienes tienen contrato fijo (M = 29.4, DE = 6.76). Mientras que las
mujeres con contrato informal (M = 27.5, DE = 6.06) y contrato independiente (M = 26.9, DE = 8.21)
presentaron los valores más bajos de resiliencia.
En conjunto, estos resultados sugieren que las mujeres con contratos fijos o eventuales tienden a
presentar mayores niveles de bienestar psicológico y resiliencia en comparación con aquellas con
contratos independientes o informales.
DISCUSIÓN
De acuerdo con el objetivo de la presente investigación, el cual consiste en describir el perfil
sociodemográfico y ocupacional de mujeres trabajadoras residentes en el estado de Campeche, así como
analizar los niveles de resiliencia y bienestar psicológico, y explorar las relaciones entre estas variables
y diversos factores sociodemográficos. Los resultados obtenidos permiten identificar cómo las
condiciones estructurales del trabajo femenino se reflejan no solo en desigualdades económicas, sino
también en dimensiones psicosociales clave.
En primer lugar, el perfil sociodemográfico muestra que la mayoría de las participantes cuenta con un
nivel educativo medio superior o superior, lo cual coincide con lo señalado por el IMCO (2020) respecto
a que una mayor escolaridad suele asociarse con mejores condiciones laborales y menor brecha salarial.
No obstante, a pesar de este alto nivel educativo, una proporción relevante de mujeres reporta empleos
informales, eventuales o independientes, así como percepciones de insuficiencia salarial, lo que
confirma que la educación, aunque funciona como un factor protector, no elimina por completo las
desigualdades estructurales que enfrentan las mujeres en el mercado laboral mexicano.
En concordancia con el perfil típico de las mujeres trabajadoras, los resultados evidencian que una parte
significativa asume responsabilidades familiares y económicas, además de su trabajo remunerado. Más
de la mitad tiene dependientes económicos y la mayoría no participa en actividades recreativas, lo que
puede interpretarse como un reflejo de la doble carga laboral y doméstica descrita por Torres-Lira et al.
(2024). Esta sobrecarga podría de alguna forma limitar los espacios de autocuidado y recuperación
emocional, influyendo en los niveles de bienestar psicológico observados.
Respecto a las variables centrales del estudio, los resultados indican que, en promedio, las mujeres
presentan niveles medios tanto de resiliencia como de bienestar psicológico. Sin embargo, es relevante

pág. 4804
destacar que únicamente una minoría alcanza niveles altos de bienestar psicológico, mientras que cerca
de una quinta parte se ubica en niveles bajos. Este hallazgo es consistente con la literatura que señala
que la precariedad laboral, la inseguridad económica y la desigual distribución de responsabilidades
domésticas se asocian con mayores niveles de estrés e insatisfacción vital (Vargas & Huerta, 2019).
La fuerte correlación positiva entre resiliencia y bienestar psicológico respalda el planteamiento teórico
de que la resiliencia actúa como un recurso psicosocial clave para afrontar contextos adversos. Tal como
señalan Villar (2015) y Turner et al. (2021), la capacidad de adaptación ante la adversidad contribuye a
preservar la salud mental en entornos laborales caracterizados por desigualdad y precariedad. En este
sentido, los resultados sugieren que fortalecer la resiliencia podría tener un impacto directo en el
bienestar psicológico de las mujeres trabajadoras.
Asimismo, se observó que la edad se relaciona positivamente tanto con la resiliencia como con el
bienestar psicológico, lo que podría explicarse por la acumulación de experiencias, estrategias de
afrontamiento y recursos personales desarrollados a lo largo del ciclo vital. Precisamente, este hallazgo
coincide con estudios previos que señalan que la resiliencia es una competencia que se construye
progresivamente a lo largo de la vida (Greve & Staudinger, 2006).
En contraste, la cantidad de horas laboradas no mostró una relación significativa con la resiliencia ni
con el bienestar psicológico, lo que sugiere que no es únicamente el tiempo de trabajo el factor
determinante, sino la calidad del empleo y las condiciones asociadas. En este sentido, el ingreso
quincenal sí mostró una relación positiva y significativa con ambas variables, reforzando la idea de que
la seguridad económica y la percepción de suficiencia salarial son factores relevantes para la salud
mental y el bienestar.
En línea con lo anterior, Kahneman y Deaton (2010) encontraron que los ingresos y la educación están
estrechamente relacionados con la evaluación de la vida. Señalan que los bajos ingresos intensifican el
malestar emocional asociado con la precariedad y las dificultades, mientras que los altos ingresos
aumentan la satisfacción con la vida, aunque no garantizan la felicidad. Asimismo, los bajos ingresos
se asocian tanto con una menor valoración de la vida como con un menor bienestar emocional.
Además, que en investigaciones recientes como de Guerrero-Figueroa et al., (2024) señalan que además
del salario económico, es importante considerar el salario emocional, es decir, las recompensas no

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monetarias como reconocimiento, apoyo social y oportunidades de desarrollo personal. Este tipo de
salario no solo incrementa la motivación y el compromiso, sino que también contribuye a conservar un
mejor bienestar psicológico del individuo al favorecer que los empleados se sientan valorados y
apoyados en su entorno laboral.
Finalmente, los análisis comparativos según el tipo de contrato laboral aportan evidencia empírica
sólida en el que las mujeres con contratos fijos o eventuales presentan mayores niveles de bienestar
psicológico y resiliencia en comparación con aquellas que trabajan de manera informal o independiente.
Este resultado es consistente con lo señalado por la OIT (2012) y por Abramo (2022) quienes destacan
que la informalidad laboral limita el acceso a derechos, seguridad social y estabilidad, impactando
negativamente el bienestar psicológico.
CONCLUSIONES
En conclusión, las mujeres evaluadas presentan niveles moderados de resiliencia y bienestar
psicológico, los cuales se ven influenciados por factores como el ingreso percibido, la edad y el tipo de
contrato laboral. A pesar de los retos asociados a la desigualdad y la precariedad laboral, estas mujeres
cuentan con recursos personales que les permiten adaptarse, afrontar adversidades y continuar adelante,
apoyándose tanto en la experiencia acumulada como en la madurez adquirida a lo largo del tiempo, así
como en la percepción de ingresos más favorables que mejoran su sensación de seguridad y satisfacción
vital.
En conjunto, los hallazgos confirman que las desigualdades laborales que enfrentan las mujeres en el
contexto mexicano no se limitan únicamente a brechas salariales o tipos de contratación, sino que
también impactan dimensiones psicosociales fundamentales, como el bienestar emocional y la
capacidad de resiliencia. La resiliencia emerge como un recurso clave para enfrentar estas condiciones
adversas; sin embargo, su desarrollo no debería depender únicamente de las mujeres, sino que requiere
el respaldo de políticas públicas y estrategias organizacionales que fomenten empleos formales, con
seguridad social, estabilidad y remuneraciones adecuadas, así como entornos laborales que promuevan
la equidad de género.

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De esta manera, se sugiere la creación de intervenciones y programas de apoyo que fortalezcan el
bienestar integral de las mujeres trabajadoras, subrayando la necesidad de abordar las condiciones
estructurales del empleo. Puesto que con la calidad laboral para el trabajador y la reducción de la
informalidad será posible potenciar la resiliencia y el bienestar psicológico de las mujeres,
contribuyendo a su desarrollo personal, profesional y a una mayor equidad en el ámbito laboral, Se
sugiere considerar también otros factores relevantes, como el estrés y la competitividad laboral, con el
fin de ampliar la perspectiva integral, así como aspectos motivacionales.
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