IMPACTO DEL USO TEMPRANO DE PANTALLAS
DIGITALES EN SÍNTOMAS DE ANSIEDAD, DEPRESIÓN Y
DÉFICIT DE ATENCIÓN EN NIÑOS Y ADOLESCENTES:
REVISIÓN SISTEMÁTICA
IMPACT OF EARLY DIGITAL SCREENS USAGE IN SYMPTOMS OF ANXIETY,
DEPRESSION AND ATTENTION DEFICIT IN CHILDREN AND TEENAGERS: A
SYSTEMATIC REVIEW
Jesús Rodolfo Valenzuela Ruiz
Universidad del Valle de México
Anette Joseline Caballero Lucero
Universidad Nacional Autónoma de México
María Fernanda Dueñas Huerta
Facultad Mexicana de Medicina La Salle, México
Mayra Isabel Moreno Bautista
Universidad Anáhuac Cancún, México
Alejandro Garcia Barbosa
Universidad Westhill, México
Guillermo Hernández Morales
Anáhuac Querétaro, México
Ana Patricia Ramos Silva
Universidad Anáhuac, México
Mariana Lucia Barahona Villarreal
Universidad Anáhuac Querétaro, México
Irari Betsabé Sanchez Mendoza
Universidad del Valle de México
pág. 8072
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.24908
Impacto del Uso Temprano de Pantallas Digitales en Síntomas de
Ansiedad, Depresión y Déficit de Atención en Niños y Adolescentes:
Revisión Sistemática
Jesús Rodolfo Valenzuela Ruiz1
dr.rodolfo.vzla@gmail.com
https://orcid.org/0009-0001-0801-0065
Universidad del Valle de México
México
Anette Joseline Caballero Lucero
anettejoseline000@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-0084-0567
Universidad Nacional Autónoma de México
México
María Fernanda Dueñas Huerta
ferdue2004@gmail.com
https://orcid.org/0009-0001-6367-2504
Facultad Mexicana de Medicina La Salle
México
Mayra Isabel Moreno Bautista
mayra.morenoba@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-0889-0245
Universidad Anáhuac Cancún
México
Alejandro Garcia Barbosa
Alex_26-12@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0000-2102-0578
Universidad Westhill
México
Guillermo Hernández Morales
memo190101@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-7328-1352
Anáhuac Querétaro
México
Ana Patricia Ramos Silva
annapatty1305@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-5213-8335
Universidad Anáhuac Mx
México
Mariana Lucia Barahona Villarreal
psic.marianabarahona@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-3031-004X
Centro de Atención Psicológica Integral
Universidad Anáhuac Querétaro | Vivet
México
Irari Betsabé Sanchez Mendoza
irarimendoza@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0007-5889-7809
Universidad del Valle de México
México
1
Autor principal
Correspondencia: dr.rodolfo.vzla@gmail.com
pág. 8073
RESUMEN
Introducción: El uso temprano y prolongado de pantallas digitales se ha convertido en una exposición
frecuente durante la infancia y adolescencia, con posibles implicaciones sobre la salud mental, el
neurodesarrollo y el funcionamiento académico. Objetivo: analizar la evidencia disponible sobre la
asociación entre tiempo de pantalla y síntomas de ansiedad, depresión y déficit de atención en niños y
adolescentes. Metodología: Se realizó una síntesis narrativa siguiendo lineamientos PRISMA,
utilizando exclusivamente las referencias proporcionadas por los autores. Se incluyeron 18 estudios y
revisiones que abordaron tiempo de pantalla, salud mental, problemas internalizantes, atención,
funciones ejecutivas, desarrollo infantil, lenguaje, bienestar y rendimiento académico. Resultados: La
evidencia revisada sugiere que una mayor exposición a pantallas se asocia con problemas internalizantes
y externalizantes, incluyendo síntomas relacionados con ansiedad, depresión y malestar emocional.
Asimismo, se identificó una relación entre tiempo de pantalla y dificultades atencionales, posiblemente
mediada por exposición a estímulos rápidos, recompensas inmediatas, desplazamiento de actividades
protectoras y alteraciones del sueño. En niños pequeños, el uso temprano de pantallas se vinculó con
menor desempeño en pruebas de desarrollo y posibles dificultades en el lenguaje y habilidades sociales.
En adolescentes, la exposición digital también se relaciona con salud mental, funcionamiento social y
rendimiento académico. Conclusiones: No obstante, la evidencia disponible es predominantemente
observacional, heterogénea y susceptible a confusión residual y causalidad inversa. Por ello, no es
posible establecer una relación causal definitiva. Se requieren estudios longitudinales con mediciones
objetivas del uso digital, diferenciación por tipo de contenido y análisis ajustados por variables
familiares, sociales y educativas. En conclusión, el uso de pantallas debe evaluarse como parte de la
valoración integral de niños y adolescentes, promoviendo un uso equilibrado, supervisado y adaptado
al desarrollo.
Palabras clave: tiempo de pantalla, pantallas digitales, salud mental infantil, ansiedad, depresión
pág. 8074
Impact of Early Digital Screens Usage in Symptoms of Anxiety, Depression
and Attention Deficit in Children and Teenagers: A Systematic Review
ABSTRACT
Introduction: Early and prolonged use of digital screens has become a frequent exposure during
childhood and adolescence, with potential implications for mental health, neurodevelopment, and
academic functioning. Objective: To analyze the available evidence on the association between screen
time and symptoms of anxiety, depression, and attention deficit in children and adolescents. Methods:
A narrative synthesis was conducted following PRISMA guidelines, using exclusively references
provided by the authors. Eighteen studies and reviews addressing screen time, mental health,
internalizing problems, attention, executive functions, child development, language, well-being, and
academic performance were included. Results: The reviewed evidence suggests that greater screen
exposure is associated with internalizing and externalizing problems, including symptoms related to
anxiety, depression, and emotional distress. Likewise, a relationship between screen time and
attentional difficulties was identified, possibly mediated by exposure to rapid stimuli, immediate
rewards, displacement of protective activities, and sleep disturbances. In young children, early screen
use was linked to lower performance on developmental assessments and possible difficulties in
language and social skills. In adolescents, digital exposure is also related to mental health, social
functioning, and academic performance. Conclusions: However, the available evidence is
predominantly observational, heterogeneous, and susceptible to residual confounding and reverse
causality. Therefore, it is not possible to establish a definitive causal relationship. Longitudinal studies
with objective measurements of digital use, differentiation by content type, and analyses adjusted for
family, social, and educational variables are required. In conclusion, screen use should be evaluated as
part of the comprehensive assessment of children and adolescents, promoting balanced, supervised, and
developmentally appropriate use.
Keywords: screen time, digital screens, child mental health, anxiety, depression
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026
pág. 8075
INTRODUCCN
Panorama general y relevancia del problema
Durante las últimas dos décadas, el acceso a dispositivos digitales como teléfonos inteligentes, tabletas,
computadoras y televisores ha aumentado de manera considerable entre niños y adolescentes. El uso de
estas tecnologías se ha integrado en actividades educativas, recreativas y sociales, modificando la forma
en que las nuevas generaciones interactúan con su entorno. Aunque las herramientas digitales ofrecen
beneficios importantes para el aprendizaje y la comunicación, la exposición prolongada y a edades cada
vez más tempranas ha generado preocupación entre profesionales de la salud, educadores y familias.
Diversas investigaciones han señalado una posible relación entre el tiempo excesivo frente a pantallas
y la aparición de problemas relacionados con la salud mental y el neurodesarrollo. Entre los efectos más
estudiados se encuentran los síntomas de ansiedad, depresión y déficit de atención, los cuales pueden
afectar el rendimiento académico, las relaciones interpersonales y la calidad de vida de niños y
adolescentes. Además, factores como la reducción de la actividad física, las alteraciones del sueño y la
exposición constante a contenidos digitales podrían contribuir a estos resultados.
Relación entre pantallas, salud mental y síntomas
La constante exposición a dispositivos electrónicos ha sido asociado con la manifestación de diversa
sintomatología clínica, en infantes y adolescentes.De igual forma, la literatura ha evidenciado que el
uso excesivo de pantallas en menores de 12 años guarda relación con la presencia de: mayor
irritabilidad, aumento en la agresividad , aparición de conductas disruptivas, ansiedad, retraimiento
social y sintomatología depresiva [13]. Aunado a lo anterior, se han llevado a cabo análisis prospectivos
contemporáneos, como los derivados del Estudio del Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente
(ABCD), los cuales afirman que el abuso de equipos electrónicos durante la adolescencia, puede ser
considerado un predictor longitudinal de afectaciones en la salud mental a futuro [6,12,13].
Si se analiza desde la perspectiva del neurodesarrollo temprano, el impacto de las pantallas, genera
consecuencias directas en la adquisición de hitos madurativos y la capacidad de autorregulación.
Adicionalmente, estudios longitudinales han mostrado que una mayor exposición a pantallas entre los
2 y 3 años de edad predice un rendimiento deficiente en pruebas de tamizaje del desarrollo,
repercutiendo en diferentes áreas que son clave en el funcionamiento y bienestar infantil [1, 2] puesto
pág. 8076
que, se altera la arquitectura social, el entorno lúdico y se propician efectos somáticos, como el aumento
de problemas visuales y alteraciones del sueño [4,7,10,16,17].
Asimismo, se ha identificado que la constante sobreestimulación puede llegar a segmentar la atención
sostenida, ocasionando fallas atencionales clínicas que exacerban o generan cuadros de inatención e
impulsividad [18]. De este modo, la evidencia científica actual obliga a abordar la exposición a pantallas
como una variable clínica que impacta multifactorialmente la salud mental infantojuvenil.
Funciones sociales, ejecutivas y justificación de la revisión
La infancia y la adolescencia representan etapas fundamentales para el desarrollo de las funciones
ejecutivas y las habilidades sociales. Las funciones ejecutivas comprenden procesos cognitivos como
la atención, la memoria de trabajo, la planificación, el control de impulsos y la capacidad para resolver
problemas, los cuales permiten regular la conducta y adaptarse a diferentes situaciones. Paralelamente,
las habilidades sociales facilitan la comunicación, la empatía, la cooperación y el establecimiento de
relaciones interpersonales saludables.
La exposición temprana y prolongada a pantallas digitales podría influir en estos procesos de desarrollo.
Algunos estudios sugieren que el uso excesivo de dispositivos electrónicos puede desplazar actividades
esenciales para la maduración cognitiva y social, como el juego interactivo, la actividad física, la lectura
y la convivencia familiar.
A pesar del creciente número de investigaciones sobre este tema, los resultados reportados no siempre
son consistentes y existen diferencias relacionadas con la edad de exposición, el tipo de dispositivo
utilizado, el contenido consumido y la duración del uso. Por ello, resulta necesario realizar una revisión
sistemática que reúna y analice la evidencia disponible acerca de la relación entre el uso temprano de
pantallas digitales y la presencia de síntomas de ansiedad, depresión y déficit de atención en niños y
adolescentes. Esta revisión permitirá identificar tendencias, reconocer vacíos en el conocimiento actual
y aportar información útil para el diseño de estrategias de prevención y promoción de la salud infantil.
pág. 8077
RESULTADOS
Identificación y características generales de los estudios
La revisión se basó en 18 referencias proporcionadas. La evidencia incluyó estudios observacionales,
análisis prospectivos de cohortes, revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones de alcance y artículos
de revisión narrativa. Varias publicaciones se centraron directamente en salud mental y bienestar
infantil o adolescente [3,6,12,13,15,16,17], mientras que otras abordaron atención, funciones ejecutivas
y rendimiento académico [9,18]. También se identificaron estudios sobre desarrollo infantil temprano
[1,2], lenguaje [11], salud general [7,8,10], miopía [4], trastorno del espectro autista [5] y posibles
consecuencias neurocognitivas a largo plazo [14].
En conjunto, la literatura revisada sugiere que el tiempo de pantalla constituye una exposición
multidimensional. No todos los tipos de pantalla tienen el mismo significado clínico: ver televisión de
forma pasiva, usar redes sociales, jugar videojuegos, realizar actividades educativas o emplear
dispositivos como herramienta de comunicación pueden tener efectos distintos. Asimismo, el impacto
potencial depende de la edad de inicio, duración diaria, contenido consumido, supervisión parental,
horarios de uso, desplazamiento de sueño o actividad física, vulnerabilidad individual y contexto
socioeconómico.
Tiempo de pantalla y síntomas de ansiedad, depresión y problemas internalizantes
Los estudios centrados en salud mental muestran que el tiempo de pantalla se ha asociado con problemas
internalizantes, incluyendo síntomas de ansiedad y depresión, aunque la fuerza de la asociación varía
entre estudios y diseños. La revisión de Eirich et al. evaluó la relación entre tiempo de pantalla y
problemas internalizantes y externalizantes en niños de 12 años o menos, proporcionando una base
relevante para comprender cómo la exposición digital puede asociarse con alteraciones emocionales y
conductuales desde edades tempranas [3].
En adolescentes, el análisis prospectivo del estudio ABCD realizado por Nagata et al. aportó evidencia
sobre la relación entre tiempo de pantalla y salud mental en una cohorte contemporánea de adolescentes
[6]. De forma complementaria, Paulich et al. utilizaron datos del mismo estudio para examinar
asociaciones entre tiempo de pantalla, salud mental, resultados académicos y sociales en niños de 9 y
10 años [12].
pág. 8078
Estos trabajos destacan la importancia de analizar simultáneamente múltiples dimensiones del
funcionamiento adolescente, ya que los síntomas emocionales pueden coexistir con dificultades
académicas, problemas de sueño, menor actividad física o conflictos sociales.
Las revisiones en español sobre tiempo de pantalla y salud mental de menores también coinciden en
que la exposición excesiva puede relacionarse con malestar psicológico, problemas emocionales y
alteraciones del bienestar [13,15]. Sin embargo, estas asociaciones deben interpretarse con cautela, dado
que los estudios observacionales no permiten establecer causalidad definitiva. Es posible que algunos
niños con síntomas emocionales previos recurren más a las pantallas como estrategia de evitación,
regulación emocional o aislamiento social. Por tanto, el tiempo de pantalla puede actuar como factor de
riesgo, marcador de vulnerabilidad o consecuencia de problemas preexistentes.
Otro aspecto relevante es que el bienestar infantil no depende únicamente de la cantidad de tiempo
frente a pantallas, sino de la calidad del uso. Ortega-Mohedano y Pinto-Hernández analizaron el
bienestar en niños usuarios de dispositivos de pantalla inteligente, subrayando que las características
del uso, el acompañamiento adulto y las condiciones familiares pueden modificar el impacto de la
exposición digital [16]. Este enfoque es importante porque evita reducir el problema a una relación
lineal entre horas de pantalla y daño psicológico.
Tiempo de pantalla, déficit de atención y funciones ejecutivas
El déficit de atención y las dificultades ejecutivas constituyen uno de los ejes centrales de esta revisión.
La revisión sistemática de Santos et al. examinó la asociación entre tiempo de pantalla y atención en
niños, aportando evidencia específica sobre este desenlace [18]. En términos generales, la literatura
sugiere que una exposición elevada a estímulos digitales rápidos, altamente reforzantes y fragmentados
podría asociarse con dificultades para sostener la atención en tareas menos estimulantes, aunque la
interpretación causal requiere prudencia.
La relación entre pantallas y atención puede explicarse por varios mecanismos plausibles. En primer
lugar, el uso excesivo de dispositivos puede desplazar actividades que favorecen el desarrollo
atencional, como lectura, juego simbólico, interacción social directa, actividad física y sueño suficiente.
En segundo lugar, ciertos contenidos digitales pueden promover patrones de recompensa inmediata que
dificulten la tolerancia a tareas prolongadas.
pág. 8079
En tercer lugar, el uso nocturno de pantallas puede interferir con el sueño, y la privación de sueño se
asocia con irritabilidad, bajo rendimiento y problemas de concentración.
La evidencia sobre tiempo de pantalla, estrato socioeconómico, habilidades ejecutivas y sociales en
niños también sugiere que el impacto de las pantallas puede estar mediado o moderado por condiciones
familiares y educativas [9]. Los niños de distintos contextos socioeconómicos pueden diferir en acceso
a dispositivos, supervisión parental, tipo de contenido, disponibilidad de actividades alternativas y
apoyo escolar. Por tanto, la evaluación del déficit de atención asociado a pantallas requiere considerar
factores sociales y ambientales.
Los datos del estudio ABCD también son relevantes para este apartado, ya que muestran asociaciones
entre tiempo de pantalla, salud mental, resultados académicos y funcionamiento social en niños de 9 y
10 años [12]. Aunque estos hallazgos no permiten afirmar que las pantallas causen déficit de atención,
respaldan la necesidad de estudiar su relación con habilidades cognitivas y desempeño escolar
mediante diseños longitudinales y análisis ajustados por variables de confusión.
Figura 1. Tiempo en pantalla y relación con funciones ejecutivas.
pág. 8080
Desarrollo infantil temprano, lenguaje y neurodesarrollo
La exposición a pantallas durante los primeros años de vida merece atención particular. Madigan et al.
reportaron asociación entre tiempo de pantalla y desempeño en pruebas de desarrollo infantil, lo que
sugiere que la exposición temprana podría relacionarse con retrasos o dificultades en áreas del
desarrollo [1]. Kaur et al. revisaron el tiempo de pantalla en menores de cinco años, destacando la
relevancia clínica de este fenómeno en una etapa de alta plasticidad cerebral [2].
El desarrollo del lenguaje es otro dominio relacionado. La revisión de alcance de Karani et al. analizó
la influencia del tiempo de pantalla en el desarrollo del lenguaje infantil [11]. Aunque el presente trabajo
se centra en ansiedad, depresión y atención, las alteraciones del lenguaje pueden influir indirectamente
en salud mental, conducta y rendimiento académico. Un niño con dificultades comunicativas puede
presentar frustración, problemas de interacción social o dificultades escolares, factores que pueden
contribuir a síntomas emocionales o atencionales.
La relación entre pantallas y trastornos del neurodesarrollo también ha sido discutida. Ophir et al.
analizaron el vínculo entre tiempo de pantalla y trastorno del espectro autista [5]. Sin embargo, este tipo
de asociación requiere especial cautela, ya que puede existir causalidad inversa: niños con rasgos del
neurodesarrollo podrían preferir o recibir mayor exposición a pantallas, sin que esto implique
necesariamente que las pantallas causen el trastorno. Aun así, el tema es relevante porque subraya la
necesidad de evaluar patrones de uso digital en poblaciones vulnerables.
El concepto de “demencia digital” durante el desarrollo cerebral ha sido planteado como una hipótesis
sobre posibles consecuencias neurocognitivas de la exposición excesiva a pantallas en la generación de
internet [14]. Aunque esta propuesta requiere validación empírica robusta y seguimiento longitudinal
prolongado, introduce una preocupación importante: la posibilidad de que los hábitos digitales
tempranos tengan efectos acumulativos sobre atención, memoria, aprendizaje y salud cerebral a largo
plazo.
Salud general, contexto familiar y estrategias de protección
La evidencia revisada muestra que el impacto de las pantallas debe entenderse en un marco
biopsicosocial. Las revisiones sobre salud infantil y adolescente han descrito asociaciones entre tiempo
de pantalla y múltiples desenlaces, incluyendo sueño, sedentarismo, salud visual, conducta y bienestar
pág. 8081
psicológico [7,8,10]. La exposición prolongada a televisión y dispositivos puede desplazar hábitos
protectores, como actividad sica, convivencia familiar, lectura, juego activo y descanso adecuado [10].
La revisión sobre miopía aporta un ejemplo de cómo el tiempo de pantalla también puede afectar la
salud física [4]. Aunque este desenlace no forma parte del objetivo central, su inclusión contextual
permite comprender que la exposición digital puede tener efectos simultáneos sobre salud mental,
desarrollo, visión y estilos de vida.
Casas abordó el impacto de dispositivos y redes sociales sobre neurodesarrollo y salud mental de niños
y adolescentes, lo que resulta especialmente pertinente para integrar la evidencia reciente sobre
plataformas digitales, interacción social mediada por tecnología y vulnerabilidad emocional [17]. En
adolescentes, el uso de redes sociales puede implicar exposición a comparación social, ciberacoso,
presión por aprobación, alteración del sueño y sobreestimulación emocional. Estos factores podrían
contribuir a síntomas de ansiedad o depresión en individuos susceptibles.
Exposición prolongada a televisión, salud general y estrategias de protección
La exposición prolongada a televisión y otros dispositivos fue abordada como un problema de salud
pública. Díaz Cuesta y Concheiro Guisán describieron los efectos de la exposición prolongada a
televisión en niños y adolescentes, así como estrategias de protección orientadas a reducir riesgos [10].
Esta referencia resulta relevante porque permite integrar el problema del tiempo de pantalla dentro de
hábitos cotidianos, dinámicas familiares y medidas preventivas.
Entre los mecanismos potenciales de afectación se encuentran la reducción del sueño, el aumento del
sedentarismo, la menor interacción familiar, la exposición a contenido inadecuado y la sustitución de
actividades cognitivas o sociales más enriquecedoras. Aunque no todos estos mecanismos fueron
evaluados directamente en cada estudio, constituyen vías plausibles mediante las cuales el uso excesivo
de pantallas podría asociarse con síntomas emocionales, dificultades atencionales y bajo bienestar.
Pantallas digitales y otros desenlaces del neurodesarrollo
Algunas referencias incluidas abordaron desenlaces relacionados con neurodesarrollo, aunque no
centrados exclusivamente en ansiedad, depresión o déficit de atención. Ophir et al. evaluaron la
asociación entre tiempo de pantalla y trastorno del espectro autista [5]. Este hallazgo debe interpretarse
con cautela, ya que la relación puede estar influida por causalidad inversa y factores de confusión.
pág. 8082
Es decir, los niños con rasgos del neurodesarrollo podrían tener patrones distintos de uso de pantallas,
sin que esto implique necesariamente que la exposición digital sea causa directa del trastorno.
Manwell et al. plantearon la hipótesis de que el tiempo excesivo de pantalla durante el desarrollo
cerebral podría tener consecuencias neurocognitivas a largo plazo [14]. Aunque esta propuesta requiere
mayor validación empírica, introduce una preocupación relevante sobre los efectos acumulativos de la
exposición digital en etapas sensibles del desarrollo cerebral.
Asimismo, el metaanálisis de Zong et al. sobre tiempo de pantalla y miopía en niños y adolescentes
aporta evidencia sobre el impacto físico de esta exposición [4]. Aunque la miopía no forma parte de los
desenlaces principales de esta revisión, su inclusión contextual permite resaltar que el tiempo de pantalla
puede afectar simultáneamente distintas dimensiones de la salud infantil y adolescente.
Síntesis global de los resultados
En conjunto, la evidencia revisada sugiere que el uso temprano y prolongado de pantallas digitales se
asocia con desenlaces desfavorables en salud mental, atención, desarrollo infantil y funcionamiento
psicosocial. Los hallazgos más relevantes para esta revisión indican que:
1. El tiempo de pantalla se asocia con problemas internalizantes y externalizantes en población
infantil, incluyendo síntomas relacionados con ansiedad y depresión [3].
2. En adolescentes, la exposición a pantallas se ha vinculado con desenlaces de salud mental,
funcionamiento social y rendimiento académico [6,12].
3. Existe evidencia específica que relaciona el tiempo de pantalla con dificultades atencionales en
niños [18].
4. La exposición temprana puede asociarse con menor desempeño en pruebas de desarrollo y posibles
alteraciones en lenguaje y habilidades cognitivas [1,11].
5. El impacto de las pantallas depende de factores contextuales, como edad, tipo de dispositivo,
contenido, supervisión parental, contexto socioeconómico, sueño, actividad física y dinámica
familiar [2,9,16].
6. La evidencia disponible es predominantemente observacional, por lo que no permite establecer
causalidad definitiva.
pág. 8083
Por tanto, los resultados respaldan la necesidad de considerar el uso de pantallas digitales como una
exposición relevante en la evaluación clínica y preventiva de niños y adolescentes con síntomas de
ansiedad, depresión, dificultades de atención o bajo rendimiento académico. Sin embargo, también
subrayan la importancia de interpretar la evidencia con cautela, considerando la heterogeneidad
metodológica, la posibilidad de causalidad inversa y la influencia de variables familiares, sociales y
ambientales.
Figura 2. Síntesis principal de resultados
Tablas de resultados
Tabla 1. Características resumidas de los estudios y revisiones incluidos
Referencia
Diseño / fuente
Población o
enfoque
Desenlace
principal
[1] Madigan et
al., 2019
Estudio
observacional
longitudinal
Niños en edad
temprana
Desarrollo
infantil
[3] Eirich et
al., 2022
Revisión sistemática
y metaanálisis
Niños ≤12 años
Problemas
internalizantes/e
xternalizantes
[6] Nagata et
al., 2024
Análisis prospectivo
ABCD
Adolescentes
Salud mental
[12] Paulich et
al., 2021
Análisis ABCD
Niños de 910
años
Salud mental,
academia y
función social
Salud general
y desenlaces
contextuales
Revisión sistemática
Niños
Atención
pág. 8084
Tabla 2. Síntesis breve de resultados por categoría temática
Categoría
Referencias
clave
Resultado sintetizado
Interpretación
Ansiedad/depresión y
problemas internalizantes
[3], [6], [12],
[13], [15]
El mayor tiempo de pantalla se
asoció con problemas internalizantes
y peor salud mental en niños y
adolescentes.
Relación clínicamente
relevante, aunque
predominantemente
asociativa.
Déficit de atención y
funciones ejecutivas
[9], [18]
Se identificó asociación entre
exposición a pantallas, atención y
habilidades ejecutivas/sociales.
El efecto puede depender
del contexto
socioeconómico, de la
supervisión y del tipo de
contenido.
Desarrollo infantil
temprano
[1], [2], [11]
La exposición temprana se asoció
con un menor desempeño en el
desarrollo y con posibles
dificultades del lenguaje.
Mayor vulnerabilidad en
etapas de alta plasticidad
cerebral.
Bienestar y
funcionamiento social
[12], [16], [17]
El uso de pantallas se relaciona con
bienestar, rendimiento académico y
funcionamiento social.
No todo uso es
equivalente; importan
calidad, acompañamiento
y horario.
Salud general y
desenlaces contextuales
[4], [7], [8],
[10], [14]
Se describieron asociaciones con
salud visual, sedentarismo, sueño y
posibles efectos neurocognitivos.
Las pantallas deben
evaluarse dentro de un
marco biopsicosocial.
DISCUSIÓN DE RESULTADOS
Interpretación general de los hallazgos
Los resultados de esta revisión sistemática sugieren que el uso temprano y prolongado de pantallas
digitales se asocia con diversos desenlaces desfavorables en niños y adolescentes, particularmente en
los dominios de salud mental, atención, funciones ejecutivas, desarrollo infantil y bienestar psicosocial.
La evidencia revisada muestra una relación consistente entre mayor tiempo de exposición a pantallas y
problemas internalizantes, como síntomas de ansiedad, depresión, retraimiento social y malestar
emocional, así como con dificultades externalizantes y conductuales [3,6,12,13,15].
Uno de los hallazgos centrales es que el tiempo de pantalla no debe interpretarse como una exposición
homogénea. Las pantallas digitales incluyen televisión, teléfonos inteligentes, tabletas, videojuegos,
redes sociales y otros dispositivos interactivos, cada uno con características distintas en términos de
contenido, estimulación, interactividad y contexto de uso. Por ello, el impacto potencial sobre la salud
mental infantil y adolescente puede variar de acuerdo con la edad de inicio, la duración diaria, el tipo
pág. 8085
de contenido, el horario de exposición, el grado de supervisión parental y la presencia de factores
protectores, como actividad física, sueño adecuado e interacción familiar.
La asociación entre uso de pantallas y síntomas emocionales resulta especialmente relevante en la
población adolescente. Durante esta etapa, los individuos atraviesan cambios neurobiológicos, sociales
y afectivos que pueden aumentar su vulnerabilidad frente a estímulos digitales intensivos, comparación
social, exposición a redes sociales, ciberacoso o validación externa. Los estudios derivados del
Adolescent Brain Cognitive Development Study aportan evidencia importante al mostrar que el tiempo
de pantalla se relaciona con desenlaces de salud mental, funcionamiento social y rendimiento académico
en edades tempranas de la adolescencia [6,12].
Sin embargo, estos hallazgos deben interpretarse con cautela. La mayoría de los estudios incluidos son
observacionales, por lo que no permiten establecer una relación causal directa entre exposición a
pantallas y ansiedad, depresión o déficit de atención. Es posible que el uso excesivo de pantallas
contribuya al desarrollo o mantenimiento de síntomas emocionales, pero también es plausible que niños
y adolescentes con malestar psicológico previo utilicen más dispositivos digitales como forma de
distracción, regulación emocional, evitación social o búsqueda de pertenencia. Esta posibilidad de
causalidad inversa constituye uno de los principales desafíos interpretativos de la evidencia disponible.
Pantallas digitales y síntomas de ansiedad y depresión
La evidencia revisada respalda una asociación entre mayor tiempo de pantalla y problemas
internalizantes. Eirich et al. identificaron una relación entre tiempo de pantalla y problemas
internalizantes y externalizantes en niños de 12 años o menos [3]. Este hallazgo es relevante porque los
problemas internalizantes comprenden manifestaciones clínicas relacionadas con ansiedad, depresión,
retraimiento, tristeza persistente y malestar psicológico. En este sentido, el uso excesivo de pantallas
podría ser un indicador de riesgo o un factor asociado con mayor vulnerabilidad emocional.
En adolescentes, la relación entre pantallas digitales y síntomas emocionales podría estar mediada por
mecanismos específicos. El uso intensivo de redes sociales puede favorecer la comparación social, la
exposición a comentarios negativos, la búsqueda constante de aprobación y la presión por mantener una
identidad digital.
pág. 8086
Estos elementos pueden incrementar la susceptibilidad a síntomas ansiosos o depresivos,
particularmente en adolescentes con baja autoestima, dificultades de regulación emocional o menor
apoyo familiar.
Además, el tiempo de pantalla puede desplazar actividades protectoras para la salud mental, como el
sueño suficiente, la actividad física, la convivencia familiar, la lectura, el juego activo y las relaciones
presenciales. La exposición nocturna a dispositivos digitales también puede alterar rutinas de sueño, lo
que podría contribuir indirectamente a irritabilidad, fatiga, bajo rendimiento académico y ntomas
emocionales. Aunque no todos los estudios incluidos evaluaron directamente estos mecanismos, la
literatura revisada permite considerarlos como vías plausibles de asociación [7,8,10].
Las revisiones de Yepez y Semenova, a como de Epez y Moratto, coinciden en señalar que el tiempo
de pantalla tiene implicaciones relevantes para la salud mental de menores de edad [13,15]. Sin
embargo, estas publicaciones también refuerzan la necesidad de analizar el fenómeno desde una
perspectiva contextual, evitando asumir que todo uso de pantallas es perjudicial. El contenido educativo,
el acompañamiento adulto y el uso moderado pueden diferir sustancialmente del consumo excesivo,
pasivo, nocturno o no supervisado.
Pantallas digitales, déficit de atención y funciones ejecutivas
El déficit de atención y las funciones ejecutivas constituyen otro eje fundamental de esta revisión. La
revisión sistemática de Santos et al. mostró una asociación entre tiempo de pantalla y atención en niños
[18]. Este hallazgo es clínicamente importante, ya que la atención sostenida, la memoria de trabajo, el
control inhibitorio y la autorregulación son habilidades esenciales para el aprendizaje, el
comportamiento adaptativo y la integración social.
Una hipótesis explicativa es que ciertos contenidos digitales ofrecen estimulación rápida, recompensas
inmediatas, cambios frecuentes de imagen y baja demanda de esfuerzo cognitivo sostenido. Esta
dinámica podría dificultar la tolerancia a tareas menos estimulantes, como lectura, actividades escolares
prolongadas o interacción social pausada. En consecuencia, una exposición elevada a pantallas podría
relacionarse con menor capacidad de concentración, impulsividad o dificultades para sostener la
atención.
pág. 8087
No obstante, la evidencia disponible no permite descartar una relación bidireccional. Los niños con
síntomas de inatención o impulsividad pueden sentirse más atraídos por dispositivos digitales debido a
su alta estimulación y retroalimentación inmediata. Por ello, las pantallas podrían actuar tanto como
factor contribuyente como consecuencia de una vulnerabilidad atencional preexistente.
El estudio sobre tiempo en pantallas, estrato socioeconómico, habilidades ejecutivas y sociales en niños
sugiere que el contexto social y familiar puede modificar esta asociación [9]. Niños de diferentes niveles
socioeconómicos pueden presentar diferencias en acceso a dispositivos, supervisión parental,
disponibilidad de actividades alternativas, acompañamiento escolar y calidad del contenido consumido.
Por tanto, el análisis del déficit de atención asociado a pantallas debe considerar no solo el tiempo total
de exposición, sino también el entorno en el que ocurre.
Desarrollo infantil temprano y neurodesarrollo
Los resultados también indican que la exposición temprana a pantallas puede relacionarse con
desenlaces del desarrollo infantil. Madigan et al. reportaron una asociación entre mayor tiempo de
pantalla y menor desempeño en pruebas de desarrollo, lo que sugiere que la exposición digital durante
etapas tempranas podría interferir con procesos esenciales del neurodesarrollo [1].
Este hallazgo es especialmente relevante porque los primeros años de vida constituyen una ventana
crítica para el desarrollo del lenguaje, la regulación emocional, las habilidades sociales y las funciones
ejecutivas.
Kaur et al. destacaron que el tiempo de pantalla en menores de cinco años debe analizarse considerando
el contexto familiar, la calidad del contenido y el acompañamiento adulto [2]. En esta etapa, el problema
principal no es únicamente la exposición a pantallas, sino el posible desplazamiento de experiencias
fundamentales, como el juego simbólico, la exploración motora, la conversación con cuidadores y la
lectura compartida.
La revisión de alcance de Karani et al. mostró que el tiempo de pantalla puede influir en el desarrollo
del lenguaje infantil [11]. Aunque el lenguaje no fue el desenlace principal de esta revisión, resulta
relevante porque las dificultades comunicativas pueden afectar el desempeño académico, la interacción
social y la regulación emocional. De esta manera, los efectos del tiempo de pantalla sobre el lenguaje
podrían relacionarse indirectamente con síntomas ansiosos, depresivos o atencionales.
pág. 8088
La evidencia sobre neurodesarrollo también incluye estudios que exploran la asociación entre tiempo
de pantalla y trastorno del espectro autista [5]. Esta relación requiere una interpretación particularmente
prudente, ya que puede estar influida por causalidad inversa. Es posible que niños con rasgos del
neurodesarrollo presenten patrones diferentes de interacción con dispositivos digitales, sin que ello
implique necesariamente que las pantallas sean causa directa de dichos trastornos.
Bienestar, funcionamiento social y rendimiento académico
Los hallazgos revisados sugieren que el impacto de las pantallas digitales se extiende más allá de
síntomas clínicos específicos. Paulich et al. encontraron asociaciones entre tiempo de pantalla, salud
mental, resultados académicos y funcionamiento social en niños de 9 y 10 años [12]. Este resultado
indica que la exposición digital puede relacionarse con múltiples dimensiones del funcionamiento
infantil y adolescente.
El rendimiento académico puede verse afectado por diversos mecanismos, entre ellos disminución del
tiempo dedicado al estudio, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y menor participación
en actividades escolares o sociales.
Asimismo, el funcionamiento social puede verse influido por el reemplazo de interacciones presenciales
por interacciones mediadas digitalmente, especialmente cuando el uso de pantallas es excesivo o no
supervisado.
Ortega-Mohedano y Pinto-Hernández destacaron la importancia de analizar el bienestar infantil en
relación con el uso de dispositivos inteligentes [16]. Este enfoque es particularmente valioso porque
desplaza la discusión desde una visión cuantitativa (cuántas horas se usan las pantallas) hacia una
perspectiva más cualitativa, centrada en cómo, cuándo, para qué y bajo qué condiciones se utilizan.
Implicaciones para la práctica clínica y la salud pública
Los resultados de esta revisión tienen implicaciones relevantes para la práctica clínica. En la evaluación
de niños y adolescentes con ansiedad, depresión, bajo rendimiento escolar o déficit de atención, los
profesionales de la salud deberían incluir preguntas específicas sobre hábitos digitales. Estas preguntas
deberían explorar edad de inicio, duración diaria, tipo de dispositivo, contenido consumido, uso
nocturno, supervisión parental, impacto sobre sueño, actividad física, convivencia familiar y desempeño
escolar.
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Desde una perspectiva preventiva, las recomendaciones no deben limitarse a reducir el número de horas
frente a pantallas. Es necesario promover un uso equilibrado, supervisado y acorde con la etapa del
desarrollo. En niños pequeños, se debe priorizar la interacción directa con cuidadores, el juego activo,
la lectura compartida y rutinas estables de sueño. En adolescentes, debe fomentarse la alfabetización
digital, el uso crítico de redes sociales, la prevención del ciberacoso y el establecimiento de límites
saludables.
En salud pública, la evidencia respalda la necesidad de estrategias educativas dirigidas a familias,
escuelas y comunidades. Estas intervenciones deberían enfocarse en mejorar la calidad del uso digital,
fortalecer la supervisión parental, promover actividad física y proteger el sueño. También resulta
necesario considerar desigualdades socioeconómicas, ya que el acceso, la supervisión y las alternativas
disponibles pueden variar de forma importante entre familias [9].
Limitaciones metodológicas
La principal limitación metodológica de la evidencia incluida es el predominio de estudios
observacionales. Este tipo de diseño permite identificar asociaciones, pero no establecer causalidad.
Por ello, no es posible afirmar de forma definitiva que el uso temprano de pantallas digitales cause
ansiedad, depresión o déficit de atención. La posibilidad de causalidad inversa es particularmente
relevante, ya que los niños con síntomas emocionales, dificultades sociales o problemas atencionales
pueden utilizar más pantallas como forma de distracción o autorregulación.
Otra limitación importante es la heterogeneidad en la medición del tiempo de pantalla. Algunos estudios
utilizan autorreportes parentales, otros cuestionarios en adolescentes y otras estimaciones globales de
exposición. Estas mediciones pueden estar sujetas a sesgo de memoria, subestimación o
sobreestimación del uso real. Además, muchos estudios no distinguen con suficiente precisión entre
televisión, videojuegos, redes sociales, uso educativo, videollamadas, consumo pasivo o interacción
activa.
También existe heterogeneidad en la medición de los desenlaces. Ansiedad, depresión, problemas
internalizantes, bienestar, atención, funciones ejecutivas y rendimiento académico pueden evaluarse
mediante escalas distintas, con diferentes puntos de corte y niveles de validez. Esta variabilidad limita
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la comparación directa entre estudios y dificulta la realización de metaanálisis cuantitativos
homogéneos.
a confusión residual representa otra limitación relevante. Factores como nivel socioeconómico,
educación parental, salud mental de los cuidadores, estilos de crianza, sueño, actividad física, dieta,
apoyo escolar, conflictos familiares y presencia de trastornos del neurodesarrollo pueden influir
simultáneamente en el uso de pantallas y en los desenlaces de salud mental. Aunque algunos estudios
ajustan por variables relevantes, es difícil controlar completamente todos estos factores.
Finalmente, esta revisión se basa exclusivamente en la bibliografía proporcionada por los autores. Si
bien las referencias incluidas permiten construir una síntesis académica sólida y pertinente, una revisión
sistemática formal requeriría una búsqueda completa y reproducible en bases de datos, evaluación
independiente por al menos dos revisores, uso de herramientas estandarizadas de riesgo de sesgo y,
cuando sea posible, síntesis cuantitativa.
Líneas futuras de investigación
La investigación futura debería priorizar estudios longitudinales con mediciones objetivas del uso
digital, como registros de dispositivos o aplicaciones de monitoreo. Esto permitiría reducir el sesgo
asociado al autorreporte y diferenciar con mayor precisión entre tipos de uso, plataformas, horarios y
contenidos.
También se requieren estudios que analicen trayectorias de exposición desde la infancia temprana hasta
la adolescencia, evaluando de forma repetida síntomas de ansiedad, depresión, atención, sueño,
rendimiento académico y funcionamiento social. Este enfoque permitiría distinguir mejor entre
asociación temporal, causalidad inversa y factores de vulnerabilidad.
Además, futuras investigaciones deberían explorar factores protectores y moderadores, como
supervisión parental, alfabetización digital, actividad física, rutinas de sueño, apoyo familiar, calidad
del contenido y contexto socioeconómico. Esta información sería útil para diseñar intervenciones más
precisas, orientadas no solo a disminuir el tiempo de pantalla, sino a promover un uso digital saludable
y adaptado al desarrollo.
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Síntesis final de la discusión
En conjunto, los resultados de esta revisión indican que el uso temprano y prolongado de pantallas
digitales se asocia con síntomas de ansiedad, depresión, problemas internalizantes, déficit de atención,
dificultades ejecutivas y alteraciones del bienestar en niños y adolescentes. Sin embargo, la evidencia
disponible es predominantemente asociativa y debe interpretarse con prudencia. El impacto de las
pantallas depende de múltiples factores, incluyendo edad, tipo de contenido, duración, supervisión,
contexto familiar, sueño, actividad física y vulnerabilidad individual.
Por tanto, la principal implicación clínica no es prohibir el uso de tecnología, sino promover un uso
equilibrado, regulado y contextualizado. La evaluación de hábitos digitales debe formar parte de la
valoración integral de niños y adolescentes con síntomas emocionales o atencionales.
A su vez, las recomendaciones futuras deberán basarse en evidencia longitudinal más robusta, con
mediciones objetivas y análisis diferenciados por edad, contenido y contexto.
CONCLUSIONES
Relevancia clínica y hallazgos más importantes
La evidencia analizada muestra una asociación consistente entre el uso excesivo o inadecuado de
pantallas digitales y diversos desenlaces adversos en la salud mental, especialmente durante etapas
críticas del neurodesarrollo y la adolescencia.
Los estudios revisados indican que una mayor exposición a pantallas suele asociarse con un incremento
de síntomas internalizantes, como ansiedad y depresión, dificultades de atención y disfunciones
ejecutivas, así como con un menor rendimiento académico, afectaciones psicosociales y alteraciones en
el neurodesarrollo temprano.
Aunque intervienen múltiples factores, como el contexto familiar, el nivel socioeconómico, la calidad
del contenido consumido y la supervisión parental, la tendencia global observada respalda la relevancia
clínica señalada en este artículo.
Desde la práctica clínica, estos hallazgos justifican la inclusión sistemática de la evaluación de hábitos
digitales dentro de la valoración integral de niños y adolescentes, con especial énfasis en aquellos que
presentan trastornos emocionales, conductuales, académicos o del neurodesarrollo.
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La anamnesis debe incluir aspectos como el tiempo de exposición, la edad de inicio, el uso nocturno, el
tipo de contenido consumido y su impacto sobre el sueño, la actividad física y las relaciones familiares.
Asimismo, debe evaluarse el grado de supervisión parental.
Los resultados sugieren que las intervenciones preventivas deben trascender la simple limitación del
tiempo de pantalla y centrarse en promover un uso equilibrado, seguro y acorde con cada etapa del
desarrollo. La calidad del contenido, la participación activa de los cuidadores, la promoción de la
actividad física, el fortalecimiento de las relaciones sociales presenciales y la protección de hábitos
adecuados de sueño representan elementos fundamentales para minimizar los riesgos asociados.
Finalmente, la evidencia disponible respalda el uso de estrategias multidisciplinarias dirigidas a
familias, escuelas y profesionales de la salud, con el objetivo de fomentar una educación digital
saludable y reducir los efectos negativos derivados del uso de dispositivos electrónicos. Para concluir,
se requieren estudios adicionales que permitan establecer relaciones causales, así como definir con
mayor claridad los mecanismos biológicos, psicológicos y sociales implicados en esta asociación.
Tiempo en pantalla y pronóstico para el neurodesarrollo:
Posterior a revisar el compendio bibliográfico, se pudo concluir que las consecuencias que mayormente
resaltadas fueron el tener una menor capacidad de concentración e impulsividad. Es poca la evidencia
que incluye o considera los tiempos exactos del uso de los dispositivos electrónicos, pero si se hace
mención que una exposición prolongada puede ocasionar interferencia en actividades que favorecen el
neurodesarrollo y la atención, tal como lo son la lectura, interacción social, actividad física, etc.
Con la investigación realizada, para la práctica clínica se recomienda que el uso de dispositivos
electrónicos sea equilibrado y supervisado por un adulto pero que sea acorde al desarrollo del niño en
cuanto a tipo de contenido, finalidad del dispositivo, tiempo en pantalla, etc.
Una de las etapas clave en donde se ha visto la principal afectación es en los primeros 5 años de vida
donde hay hallazgos en la plasticidad cerebral, este descubrimiento demuestra que no hay que
considerar sólo aquellos ntomas mentales como la ansiedad o depresión, si no valorar el
neurodesarrollo y la posibilidad de un retroceso en el alcance de diversos hitos y puntos de maduración.
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En los adolescentes uno de los problemas que puede desencadenar el uso prolongado de los dispositivos
es la exposición a comparación social, ciberacoso, presión por aprobación, alteración del sueño y
sobreestimulación emocional lo que ocasionaría síntomas de ansiedad y depresión.
Uno de los mecanismos que afectan el neurodesarrollo es que desde una edad temprana al ser
estimulados por la pantalla, destacaron que el tiempo expuestos afectaba el desarrollo del lenguaje
infantil, por consecuencia afecta el desempeño académico, la interacción social y la regulación
emocional.
En el punto de vista académico, la vida de los usuarios con menor regulación en el tiempo y contenido
de dispositivos digitales se ve afectado al haber una disminución del tiempo dedicado al estudio,
dificultad para concentrarse, alteración en el sueño y disminución en la participación en las actividades
sociales y escolares.
Limitación de la evidencia actual y síntesis de resultados:
Si bien la evidencia es clara en una relación directa entre el neurodesarrollo y el uso de pantallas, se
menciona en repetidas bibliografías [1-23] que hay cuestiones más allá del dispositivo, entre ellas
factores sociales y económicos, el tipo de contenido consumido, la supervisión por parte de adultos, el
tiempo de uso, entre otros.
La evidencia actual se ve limitada al no haber herramientas precisas o cuestionarios bien establecidos
para valorar el uso de pantallas y analizar las posibles consecuencias, por lo que en la práctica clínica
debe optimizarse el interrogatorio a indagar ntomas de ansiedad, depresión, alteración en la capacidad
de concentración, retraso en el neurodesarrollo y realizar una adecuada anamnesis del uso de
dispositivos electrónicos, el tipo de contenido y el tiempo de uso de los mismos, ya que son los puntos
más relevantes que pueden orientar a saber el daño que ha ocurrido por el abuso de las pantallas digitales
en la crianza de los niños [9].
En cuanto a la síntesis de resultados, la evidencia actual nos limita debido a la heterogeneidad de los
estudios en cuanto a la cuestión de ser observacionales, por lo que no es posible afirmar de forma
definitiva que el uso temprano de pantallas digitales cause ansiedad, depresión o déficit de atención.
Sin embargo, no debe omitirse que los resultados de esta revisión indican que el uso temprano y
prolongado de pantallas digitales se asocian con síntomas de ansiedad, depresión, problemas
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internalizantes, déficit de atención, dificultades ejecutivas y alteraciones del bienestar en niños y
adolescentes; y que deben considerarse siempre los dispositivos electrónicos como un factor de riesgo
para un retraso en el neurodesarrollo y posible punto de origen de síntomas psicológicos en edad
temprana.
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