ENTRE LA TÉCNICA, LA TAXONOMÍA Y
EL CUIDADO HUMANO: REFLEXIÓN CRÍTICA
SOBRE LA DESHUMANIZACIÓN DEL CUIDADO
DE ENFERMERÍA EN EL CONTEXTO
HOSPITALARIO ECUATORIANO
BETWEEN TECHNIQUE, TAXONOMY, AND HUMAN CARE:
A CRITICAL REFLECTION ON THE DEHUMANIZATION OF
NURSING CARE IN THE ECUADORIAN HOSPITAL CONTEXT
Karen Andrea Alvarez Alvarez
Universidad Estatal de Milagro, Ecuador
Arisson Doménica Aguayo Guerrero
Universidad Estatal de Milagro, Ecuador
Daniel Alejandro Bolaños Jara
Universidad Estatal de Milagro, Ecuador
pág. 8832
DOI: https://doi.org/10.37811/cl_rcm.v10i3.25009
Entre la Técnica, la Taxonomía y el Cuidado Humano: Reflexión Crítica
sobre la Deshumanización del Cuidado de Enfermería en el Contexto
Hospitalario Ecuatoriano
Karen Andrea Alvarez Alvarez1
kalvareza8@unemi.edu.ec
https://orcid.org/0009-0001-7593-3361
Universidad Estatal de Milagro
Ecuador
Arisson Doménica Aguayo Guerrero
aaguayog@unemi.edu.ec
https://orcid.org/0009-0002-8480-848X
Universidad Estatal de Milagro
Ecuador
Daniel Alejandro Bolaños Jara
dbolanosj@unemi.edu.ec
https://orcid.org/0009-0002-1171-1863
Universidad Estatal de Milagro
Ecuador
RESUMEN
El cuidado de enfermería en el contexto hospitalario ecuatoriano enfrenta tensiones vinculadas a la
tecnificación asistencial, la sobrecarga laboral, la presión documental y el uso mecánico del lenguaje
disciplinar. El objetivo del artículo fue analizar críticamente la deshumanización del cuidado de
enfermería desde una perspectiva ética, normativa y disciplinar, considerando la relación entre la
técnica, la taxonomía NANDA-NOC-NIC y el cuidado humano. Se desarrolló una revisión documental
narrativa con enfoque reflexivo-hermenéutico basada en la literatura científica sobre humanización,
bioética, tecnología, comunicación terapéutica, seguridad del paciente, normativa sanitaria ecuatoriana
y lenguaje estandarizado de enfermería. Los hallazgos se organizaron en cinco categorías: la
deshumanización como fenómeno estructural; técnica y tecnología como mediaciones del cuidado;
normativa ecuatoriana y atención digna; sobrecarga laboral y desgaste moral; y uso de NANDA-NOC-
NIC como herramienta científica o como práctica burocrática. Se concluye que la rehumanización del
cuidado no exige negar la técnica ni idealizar la vocación, sino fortalecer las condiciones laborales, el
juicio clínico, la comunicación terapéutica, el liderazgo enfermero y la aplicación rigurosa del proceso
enfermero.
Palabras clave: humanización de la atención; atención de enfermería; proceso de enfermería; seguridad
del paciente; bioética; unidades de cuidados intensivos
Between Technique, Taxonomy, and Human Care: A Critical Reflection on
the Dehumanization of Nursing Care in the Ecuadorian Hospital Context
1
Autor principal
Correspondencia: dbolanosj@unemi.edu.ec
pág. 8833
ABSTRACT
Nursing care in the Ecuadorian hospital context faces tensions related to the technologization of care,
workload, documentation pressure, and the mechanical use of disciplinary language. The objective of
this article was to critically examine the dehumanization of nursing care from ethical, normative, and
disciplinary perspectives, considering the relationship among technique, the NANDA-NOC-NIC
taxonomy, and human care. A narrative documentary review with a reflective-hermeneutic approach
was conducted, based on scientific literature on humanization, bioethics, technology, therapeutic
communication, patient safety, Ecuadorian health regulations, and standardized nursing language. The
findings were organized into five categories: dehumanization as a structural phenomenon; technique
and technology as mediations of care; Ecuadorian regulations and dignified care; workload and moral
distress; and the use of NANDA-NOC-NIC as either a scientific tool or a bureaucratic practice. It is
concluded that rehumanizing care does not require denying technique or idealizing vocation, but rather
strengthening working conditions, clinical judgment, therapeutic communication, nursing leadership,
along with the rigorous application of the nursing process.
Keywords: humanization of care ; nursing care; nursing process; patient safety; bioethics; intensive care
units
Artículo recibido 20 mayo 2026
Aceptado para publicación: 20 junio 2026
pág. 8834
INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, los sistemas de salud en América Latina han sido objeto de significativos
procesos de reorganización, gestión y provisión de servicios. La necesidad de racionalizar recursos,
cumplir con indicadores, estandarizar prácticas y dar respuesta a demandas asistenciales cada vez
mayores, puede provocar la conformación del tipo de escenario, donde si bien necesario, la eficiencia
se imponga al reconocimiento de la dignidad, la escucha y la singularidad del enfermo. En este sentido,
la deshumanización del cuidado no debe pensarse como un acontecimiento individual ni como una
irresponsabilidad personal, sino como un síntoma de una lógica institucional que puede convertir al
paciente en un objeto de administración y subordinar la experiencia de sufrimiento humano a
parámetros de eficiencia y control burocrático (Aguirre Lanegra., 2025).
Esta dificultad resulta decisiva, entre otras cosas, porque la enfermería es la disciplina que integra el
núcleo histórico y epistemológico centrado en el cuidado. En el hospital, la actividad de la enfermera
se lleva a cabo bajo la tutela de requisitos técnicos y protocolos de trabajo complejos, vigilancia clínica,
administración terapéutica, registros y seguridad del paciente, y, mientras tanto, debe mantener la
comunicación terapéutica, la empatía, la presencia profesional y el trato humano. Esta fricción se hace
más patente sobre todo en los servicios con alta demanda, como las unidades críticas, las emergencias
y las salas de hospitalización complejas, en donde el tiempo clínico se segmenta y el contacto humano
puede concretarse en rápidas y esencialmente instrumentales intervenciones.
La literatura sobre deshumanización en salud señala que este fenómeno puede analizarse desde el nivel
formativo hasta el asistencial y el administrativo. La insensibilidad no se manifiesta sólo en la frialdad
del trato, sino también en la segmentación del saber, en el predominio de la lógica burocrática y en
someter la atención a criterios de eficiencia, racionalidad y aseguramiento (Ávila-Morales., 2017).
La sobrecarga de trabajo, la escasez de tiempo para el contacto humano, la supremacía tecnológica, el
sufrimiento continuo, la pérdida o el conflicto de valores profesionales han sido identificados como
factores vinculados a deshumanización en las unidades de cuidados intensivos (Ávila-Morales., 2017).
En Ecuador, la reflexión sobre la deshumanización del cuidado no puede separarse del marco
constitucional y sanitario que reconoce la salud como un derecho. La Constitución de la República del
Ecuador establece la obligación del Estado de garantizar, sin discriminación, el efectivo goce de los
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derechos relacionados con la salud, la seguridad social, el agua y la alimentación. Además, reconoce la
aplicación directa e inmediata de los derechos constitucionales por parte de los servidores públicos y
las instituciones (Asamblea Nacional Constituyente, 2008). A su vez, la Ley Orgánica de Salud regula
las acciones orientadas a la efectivización del derecho universal a la salud desde una perspectiva
vinculada a la protección, promoción, prevención, recuperación y rehabilitación (Congreso Nacional
del Ecuador, 2006). En consecuencia, el cuidado de enfermería no puede interpretarse únicamente como
una prestación técnica o una obligación laboral, sino como una práctica profesional vinculada a los
derechos, la dignidad, la calidad, la seguridad y la justicia sanitaria.
La Ley de Derechos y Amparo del Paciente refuerza esta orientación al reconocer el derecho de toda
persona a recibir atención oportuna y un trato digno, respetuoso y cortés en los establecimientos de
salud (Congreso Nacional del Ecuador, 1995). Esta disposición permite comprender que la
humanización no constituye un elemento decorativo de la atención ni una expresión sentimental añadida
al cuidado, sino una exigencia ética y jurídica. Cuidar humanamente implica reconocer que el paciente
no es solamente un diagnóstico, una cama, una vía periférica, un balance hídrico, una bomba de infusión
o una historia clínica. El paciente es una persona situada en una experiencia de vulnerabilidad que
compromete su cuerpo, su biografía, sus vínculos, sus temores y su expectativa de ser tratado con
consideración.
Sin embargo, la brecha entre la norma y la práctica se hace visible cuando las condiciones laborales e
institucionales obstaculizan la materialización de ese cuidado digno. En muchos escenarios
hospitalarios, la sobrecarga de pacientes, la insuficiencia de personal, la rotación constante, el cansancio
acumulado, la escasez de insumos, la presión por cumplir con las actividades y la demanda
administrativa pueden producir una forma de cuidado acelerada, fragmentada y defensiva (Allauca et
al., 2023). En unidades de cuidados intensivos se han identificado factores como la sobrecarga laboral,
el tiempo limitado para el contacto humano, la primacía de la tecnología sobre la atención personalizada,
el sufrimiento continuo, el conflicto de valores profesionales y el uso intensivo de tecnologías sin
estrategias humanizadoras como elementos que favorecen prácticas deshumanizadas (González-
González et al., 2025).
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La técnica, sin embargo, no debe convertirse en el enemigo conceptual del cuidado. En enfermería, la
técnica ha sido y continúa siendo una condición indispensable para proteger la vida, aliviar el
sufrimiento, prevenir complicaciones y garantizar la seguridad clínica. El problema no radica en la
existencia de monitores, ventiladores, bombas de infusión, protocolos, escalas o registros, sino en la
forma en que estos dispositivos pueden desplazar el centro moral de la atención cuando se utilizan sin
una comprensión relacional del cuidado. La reflexión filosófica sobre la técnica y la enfermería advierte
que técnica y cuidado no son dimensiones opuestas; por el contrario, ambas forman parte de la condición
humana y pueden integrarse en una práctica responsable si la técnica permanece subordinada al sentido
ético del cuidar (García-Uribe et al., 2024).
A esta discusión se ade una dimensión menos abordada, pero profundamente relevante para la
enfermería ecuatoriana: el uso del lenguaje estandarizado NANDA-NOC-NIC. El proceso enfermero,
cuando se aplica con juicio clínico, permite valorar integralmente al paciente, identificar respuestas
humanas, formular diagnósticos enfermeros, establecer resultados medibles, seleccionar intervenciones
pertinentes y evaluar la evolución del cuidado.
No obstante, cuando estas taxonomías se utilizan como trámite documental, mediante diagnósticos
desactualizados, resultados no medidos, intervenciones copiadas o evaluaciones genéricas, dejan de
cumplir su función científica y pueden convertirse en una forma de deshumanización disciplinar
(Herdman et al., 2024; Moorhead et al., 2023; Wagner et al., 2023).
El presente artículo sostiene que la deshumanización del cuidado de enfermería en el contexto
hospitalario ecuatoriano no puede atribuirse exclusivamente a la pérdida individual de vocación ni al
avance tecnológico, sino que debe analizarse como un fenómeno complejo en el que convergen
condiciones estructurales, presión institucional, desgaste profesional, formación predominantemente
técnica, uso instrumental de la tecnología y debilitamiento del lenguaje científico propio de la
enfermería. En consecuencia, el objetivo del artículo es analizar críticamente la deshumanización del
cuidado de enfermería en el contexto hospitalario ecuatoriano, considerando la sobrecarga laboral, la
tecnificación asistencial, la presión institucional y el uso inadecuado del lenguaje NANDA-NOC-NIC,
con el fin de proponer una reflexión ética, científica y normativa orientada a la rehumanización del
cuidado.
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METODOLOGÍA
El artículo se desarrolló como una revisión documental narrativa con un enfoque cualitativo, reflexivo-
hermenéutico y analítico normativo. Este diseño fue seleccionado porque su propósito no consistió en
medir variables ni en establecer asociaciones estadísticas, sino en interpretar críticamente las
condiciones éticas, laborales, tecnológicas, institucionales y disciplinares que pueden favorecer la
deshumanización del cuidado de enfermería en el contexto hospitalario ecuatoriano.
La búsqueda documental se orientó mediante descriptores DeCS y términos MeSH relacionados con la
humanización de la atención, la atención de enfermería, el proceso de enfermería, la seguridad del
paciente, la bioética, las unidades de cuidados intensivos, la comunicación terapéutica, el desgaste
profesional y la documentación clínica. Se revisaron artículos científicos, documentos normativos
ecuatorianos, textos bioéticos y clasificaciones disciplinares vinculadas con NANDA-I, NOC y NIC.
Los criterios de inclusión fueron: documentos relacionados con la humanización o deshumanización
del cuidado, enfermería hospitalaria, unidades críticas, tecnología sanitaria, seguridad del paciente,
normativa ecuatoriana, proceso enfermero y lenguaje estandarizado de enfermería; publicaciones con
pertinencia conceptual o normativa sobre el tema; y fuentes académicas o institucionales verificables.
Se excluyeron textos sin relación directa con la enfermería, documentos duplicados, fuentes de baja
calidad académica y publicaciones sin un aporte claro al análisis.
La información fue organizada en cinco categorías de análisis: deshumanización como fenómeno
estructural; técnica y tecnología como mediaciones del cuidado; normativa ecuatoriana y cuidado digno;
sobrecarga laboral, cumplimiento documental y desgaste moral; y uso de NANDA-NOC-NIC como
herramienta científica o como práctica burocrática. La técnica de análisis fue la lectura crítica
comparativa, orientada a identificar convergencias, tensiones y vacíos en la literatura revisada.
No se recolectaron datos directos de pacientes, familiares ni profesionales de enfermería, por lo que no
se requirieron el consentimiento informado ni la aprobación de un comité de ética en investigación con
seres humanos.
Se reconoce como una limitación relevante que el artículo se basa en una reflexión documental
narrativa, lo cual implica que sus hallazgos emergen de la interpretación crítica de fuentes secundarias.
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Por consiguiente, los resultados deben comprenderse como categorías analíticas fundamentadas en
literatura científica, normativa y disciplinar, y no deben considerarse representativos de la totalidad de
la práctica hospitalaria ni sustitutos de evidencia empírica directa.
Esta limitación subraya la necesidad de estudios futuros que incluyan perspectivas empíricas y permitan
contrastar o complementar las reflexiones aquí presentadas con experiencias clínicas concretas.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los resultados de la revisión documental fueron agrupados en cinco categorías analíticas vinculadas a
la deshumanización del cuidado de enfermería en el hospital ecuatoriano. Estas categorías no son
resultados estadísticos sino hallazgos a partir de la lectura crítica de la literatura científica, de
documentos normativos y de fuentes disciplinares de enfermería.
Al mirar su organización a nivel macro-sectorial y micro-sectorial nos podemos dar cuenta que la
deshumanización no se expresa solamente en el trato interpersonal, sino también en la organización
laboral, en el uso de la tecnología, en la interpretación de la normativa sanitaria y en el lenguaje
profesional NANDA-NOC-NIC.
Tabla 1. Categorías analíticas derivadas de la revisión documental
Categoría analítica
Hallazgo principal
Implicación para el cuidado de
enfermería
Deshumanización
como fenómeno
estructural
La deshumanización no depende solo de la
pérdida individual de empatía, sino de
condiciones institucionales, formativas,
administrativas y laborales.
Evita culpabilizar únicamente al
profesional y orienta el análisis hacia la
organización del cuidado.
Técnica y tecnología
como mediaciones del
cuidado
La técnica es indispensable para la
seguridad y supervivencia del paciente,
pero puede desplazar la relación humana si
se absolutiza.
La tecnología debe utilizarse como
medio para cuidar, no como sustituto del
vínculo terapéutico.
Normativa
ecuatoriana y cuidado
digno
El marco jurídico reconoce salud, dignidad,
información, privacidad y seguridad como
componentes del cuidado.
La humanización se interpreta como
exigencia ética y legal, no como acción
opcional.
Sobrecarga,
cumplimiento y
desgaste moral
La sobrecarga y la presión documental
reducen el tiempo para comunicación,
educación y acompañamiento.
Humanizar exige mejorar condiciones
laborales y transformar la cultura del
cumplimiento en cultura del cuidado.
NANDA-NOC-NIC
como lenguaje
disciplinar
El uso mecánico debilita el juicio
enfermero; el uso correcto identifica
respuestas humanas y evalúa resultados.
La rehumanización requiere fortalecer el
proceso enfermero y la documentación
clínica con sentido.
Nota. Elaboración propia a partir de la revisión documental narrativa.
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Deshumanización como fenómeno estructural
Segregación de las categorías: la deshumanización como fenómeno estructural. La primera categoría
identificada fue la deshumanización como fenómeno estructural. Hay consenso entre los documentos
revisados en que la deshumanización en la salud no puede explicarse por un acto aislado, por una
persona sin amabilidad, o por la reducción individual de la vocación profesional. Si se condena a ese
maltrato físico, a la comunicación escasa, al aparente desinterés o a la falta de empatía hacia
manifestaciones más superficiales del problema, estas arraigan en condiciones sistémicas bien distintas:
modelos institucionales focalizados en la eficiencia, segmentación del trabajo clínico, saturación
asistencial, predominancia de la racionalidad técnico-administrativa y debilitamiento paulatino del lazo
terapéutico (Aguirre Lanegra, 2025; Ávila-Morales, 2017).
Bajo esta categoría, la deshumanización puede conceptualizarse como la reducción del ser humano a
un lado parcial de su ser. En el hospital, esa despersonalización tiene lugar cuando el paciente es
considerado únicamente como diagnóstico, enfermedad, procedimiento, cama, turno, registro o
indicador de gestión. Quien enferma ya no es atendido en su totalidad, sino que va siendo capturado
por las lógicas de clasificación, control, productividad y solución técnica que rigen el cuidado.
Este cambio no siempre se da de forma manifiesta y consciente; normalmente se instala en el silencio
de la rutina, en la prisa, en el agotamiento y en la estandarización de unas prácticas que valoran cumplir
por encima de cuidar. El principal hallazgo de esta categoría es que la deshumanización no debe
entenderse a partir de una interpretación moralizante de los trabajadores de la salud. Culpar al
profesional es invisibilizar los factores organizacionales que atraviesan el cuidado y simplificar en
demasía el fenómeno. En enfermería, esta interpretación es particularmente relevante, ya que la
profesión está continuamente presente con el paciente y, al mismo tiempo, debe cumplir con las
demandas clínicas, administrativas y legales que restringen el tiempo que puede destinarse a la escucha,
la educación y el apoyo.
Técnica y tecnología como mediaciones del cuidado
La segunda categoría fueron las relaciones entre técnica, tecnología y cuidado. La revisión reveló que
la técnica no es ajena al cuidado humano, sino que es una mediación requerida para custodiar la vida y
mantener la seguridad clínica.
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Prescribir medicamentos, controlar una bomba de infusión, manejar un ventilador, evaluar escalas
clínicas, abrir una vía venosa, interpretar señales de deterioro o implementar medidas de prevención
de incidentes son intervenciones técnicas que integran el cuidado profesional. Sin técnica el cuidado
perdería su poder de resolución; sin base científica la intención humanitaria podría traducirse en práctica
insuficiente o riesgosa (García-Uribe et al., 2024).
El inconveniente es que la técnica se emancipa del cuidado y empieza a organizar de manera
predominante la relación clínica. En un contexto de supervisión muy intensa, se corre el riesgo de
pensar que saber los valores fisiológicos es tener conocimiento del paciente. La saturación de oxígeno,
la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la diuresis o la escala neurológica entregan datos relevantes,
pero no son un sustituto de la evaluación holística. La enfermería tiene que interpretar la información,
pero también tener en cuenta gestos, silencios, temores, malestares, respuestas familiares y demandas
sin articulaciones.
En las unidades críticas es importante poner de relieve este resultado, ya que el paciente intubado,
sedado, inestable, delirante, inmovilizado o dependiente de soporte vital puede parecer como que
dispone de menor "tiempo" para el encuentro interpersonal. Pero el que no pueda hablar no la priva de
ser sujeto. Hablarle en los procedimientos, guardar su intimidad explicar a la familia, controlar el dolor,
evitar exposiciones innecesarias, respetar su cuerpo y documentar sus respuestas humanas, son acciones
concretas que impiden que el soporte técnico transforme al paciente en un cuerpo intervenido, no
reconocido.
También permitió observar que la comunicación y la empatía se constituyen en puentes entre la técnica
y la experiencia del paciente. En un escenario crítico, la comunicación no se limita a información, sino
que contribuye a disminuir la incertidumbre, anticipar miedos, orientar a la familia y conservar la
confianza en el equipo de salud. La empatía, a su vez, no debe verse como una “virtud sentimental y
persuasiva en científicas, aunque ella sea artífice de buen juicio clínico y ética que contribuye a
interpretar necesidades explícitas e implícitas sin perder la responsabilidad profesional” (De la Rosa
Navarro, 2019).
La comunicación cobra especial importancia cuando el paciente no puede hablar. En estos casos, el
humanizar la atención implica interpretar señales no verbales, observar respuestas fisiológicas, tener en
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cuenta el contexto familiar, preservar la intimidad y mantener la comunicación con respeto aun cuando
no exista una respuesta verbal octubre/no hay respuesta verbal evidente. Este resultado refuerza la
necesidad de capacitar al personal de enfermería en comunicación terapéutica, manejo emocional,
entrega de información a familiares y cuidado de la dignidad en situaciones de alta dependencia.
Marco normativo ecuatoriano y cuidado digno
La tercera categoría abordó el Derecho ecuatoriano y el cuidado digno. Los documentos analizados
evidencian que la humanización no es un ideal opcional sino una demanda ética, jurídica y de salud.
La salud está reconocida en la Constitución como derecho y se la relaciona con otros derechos
fundamentales; la Ley Orgánica de Salud dirige la acción sanitaria hacia la promoción, prevención,
recuperación y rehabilitación; y la Ley de Derechos y Amparo del Paciente considera la atención
oportuna, el trato digno, el derecho a la privacidad y a la información como elementos esenciales de la
relación asistencial (Asamblea Nacional Constituyente, 2008; Congreso Nacional del Ecuador, 1995,
2006).
El Modelo de Atención Integral en Salud Familiar, Comunitaria e Intercultural, introduce a partir de
ello un análisis integral de la familia y la comunidad, y de la diversidad cultural. En un país como
Ecuador, donde prevalece la diversidad étnica, lingüística y territorial, humanizar los cuidados consiste
en asumir que no todas las personas perciben la enfermedad, el sufrimiento, el cuerpo, la muerte ni la
autoridad sanitaria con los mismos parámetros. Una enfermería sensata ante esta diversidad implica
que nunca debe homogeneizar al enfermo y que deberá mantener un diálogo respetuoso, que el enfermo
pueda entender y que sea culturalmente apropiado (Ministerio de Salud Pública del Ecuador, 2012).
El Manual de Seguridad en Salud para Usuarios también contribuye a esta categoría al evidenciar que
la seguridad clínica es parte del cuidado digno. Prevenir errores, disminuir eventos adversos, mejorar
la identificación del paciente, promover la comunicación efectiva, gestionar los medicamentos de alto
riesgo son acciones que protegen la vida y evitan el daño (Ministerio de Salud Pública del Ecuador,
2016). Así, el cuidado inseguro puede leerse como una forma de deshumanización, porque sitúa a la
persona al borde del daño prevenible y quebranta la confianza que ha depositado en el sistema de salud.
La brecha entre lo normativo y lo práctico es el hallazgo central de esta categoría. El marco legal
contempla la dignidad, la integralidad, la seguridad, la calidad y los derechos del paciente, pero la
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práctica si bien puede verse influida por las exigencias y limitaciones impuestas por la carga de trabajo,
la carencia de recursos, la presión administrativa y el debilitamiento del tiempo para el cuidado
relacional. Esta tensión no invalida la regla, pero si evidencia que el cuidado digno precisa de
condiciones específicas para realizarse.
Tabla 2. Relación entre normativa ecuatoriana y cuidado humanizado de enfermería
Principio relacionado con
humanización
Implicación para enfermería
Salud como derecho vinculado con
dignidad, equidad y buen vivir.
El cuidado enfermero debe comprenderse
como práctica relacionada con derechos
humanos y justicia sanitaria.
Garantía del derecho universal a la
salud, promoción, prevención,
recuperación y rehabilitación.
La valoración enfermera debe considerar
integralidad biológica, psicológica,
social y cultural.
Atención oportuna, trato digno,
respeto, privacidad e información.
La comunicación, la confidencialidad y
el respeto al pudor son obligaciones del
cuidado.
Atención integral, familiar,
comunitaria e intercultural.
El paciente debe ser reconocido dentro de
su contexto familiar, social y cultural.
Prevención de eventos adversos,
identificación correcta, comunicación
efectiva y prácticas seguras.
La seguridad del paciente forma parte del
cuidado humanizado y no debe reducirse
a listas de verificación.
Responsabilidad profesional,
dignidad humana, competencia
técnica y compromiso social.
La enfermería debe sostener un cuidado
científico, ético, legalmente responsable
y centrado en la persona.
Nota. Elaboración propia a partir de la revisión documental narrativa.
Sobrecarga laboral, cumplimiento documental y desgaste moral
La 4a categoría fue la sobrecarga de trabajo relacionada con la cultura de hacer los papeles y el
agotamiento moral. La revisión mostró que la carga de trabajo es uno de los aspectos más importantes
que conduce a la deshumanización en la asistencia sanitaria.
Cuando el número de enfermos, la gravedad clínica y la cantidad de actividades que le esperan
sobrepasan la capacidad razonable del equipo, la atención suele estructurarse alrededor de prioridades
inmediatas: medicar, controlar signos vitales, cumplir órdenes, hacer procedimientos, transcribir,
reportar, preparar, informar y atender imprevistos. Estas tareas son necesarias para la protección del
paciente, pero cuando se toman todo el turno, empujan áreas tan importantes como la escucha,
enseñanza, apoyo emocional, contacto familiar, evaluación integral de las respuestas humanas.
En las unidades de cuidados intensivos, esta es una tensión aún más aguda, debido a la
complejidad de los pacientes y la vigilancia constante.
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Del análisis de la literatura se desprende que la sobrecarga laboral, el tiempo reducido para el contacto
humano, la primacía tecnológica, el sufrimiento ininterrumpido y el conflicto de valores profesionales
son considerados como entidades que menoscaban a la humanización del cuidado (González-González,
et al., 2025).
Allí, el profesional puede verse enfrentado a una contradicción ética: sabe que el paciente y la familia
necesitan explicación, acompañamiento y presencia; sin embargo, el ritmo asistencial lo obliga a
priorizar lo urgente, lo medible y lo documentable.
Esta contradicción está directamente relacionada con el desgaste moral. El desgaste moral ocurre
cuando el profesional sabe qué acción sería clínicamente apropiada y caritativamente deseable, pero no
puede realizarla debido a restricciones institucionales, limitaciones de tiempo, insuficiencia de recursos,
cargas de pacientes, órdenes contradictorias o presión administrativa (Jameton, 1984). En enfermería,
la experiencia puede ser reconocer una oportunidad para dar mucho más acompañamiento a un paciente
en agonía, para explicar con mayor tranquilidad un procedimiento o para ofrecer consuelo a una familia
desesperada, para luego verse obligado por las condiciones del servicio a irse a otro compromiso
urgente.
La cultura del cumplimiento documental profundiza en esta problemática. Lo que registra, audita,
cuantifica en el hospital suele tener más visibilidad que lo que es del campo de la relación humana.
Podemos comprobar si se administró una medicación, si se realizó una escala, si se firmó una hoja, si
se llenó un formulario; pero es más difícil demostrar si el paciente fue escuchado, si la familia recibió
la información, si la angustia se aliv o si el pudor se respetó. Esa disparidad genera un sesgo
institucional: se privilegia lo cuantificable, mientras que lo humano, por ser menos visible en los
sistemas de control, puede quedar relegado. (López et al., 2024, 2-10)
La revisión también revela que la documentación clínica puede ir en dos direcciones. Cuando está
dirigida con pensamiento, garantiza una atención continua, facilita la comunicación de riesgos,
evidencia las intervenciones, evalúa los resultados y tiene como fin no solo proteger al paciente, sino
también al profesional. Sin embargo, se limitó a repetir frases o a utilizar plantillas genéricas y terminó
por convertirse en una práctica formalista que oculta más información de la que ofrece.
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Un registro sin valoración, sin juicio clínico, sin intervención ni evaluación hace muy difícil saber qué
sucedió realmente en o con el paciente (Altabbaa et al., 2024).
Aquí fue donde se centró una tensión clave: el sistema requiere que el registro asegure la trazabilidad
y el control, pero no siempre provee el tiempo ni el entrenamiento continuó para que el registro muestre
el pensamiento de enfermería. Esto puede hacer que la documentación sea vista como una carga
burocrática en lugar de como parte del enfoque profesional. El resultado es des-situacionalización y
alienación: se deja de registrar para cuidar mejor y se empieza a cuidar para probar que uno hizo (Rea
& Arteaga, 2021, pp.46-54).
NANDA-NOC-NIC como lenguaje disciplinar
La quinta categoría fue la adopción del lenguaje disciplinar NANDA-NOC-NIC. En la línea de trabajo
con documentos disciplinares revisados podemos afirmar que estas taxonomías pueden atender o
desatender a las personas. Humanizan al facilitar la identificación de respuestas humanas, individualizar
el cuidado, evaluar los resultados y elegir intervenciones acordes con la situación del paciente.
Deshumanizan si se les aplica mecánicamente, en forma anticuada, repetitiva o alejada de una
valoración global de la persona (Herdmanet al., 2024; Moorhead et al., 2023; Wagner et al., 2023).
NANDA-I ofrece a la enfermería la posibilidad de observar al paciente por encima del diagnóstico
médico, puesto que guía el juicio profesional hacia las respuestas humanas que el individuo, la familia
o la comunidad manifiestan ante una condición de salud. Estas reacciones pueden ser físicas,
emocionales, funcionales, sociales, familiares, espirituales o de afrontamiento. Un diagnóstico de
enfermería bien formulado no consiste en reducir al paciente a su patología, o incluso a su ntoma, sino
en entender qué significa para ese paciente vivir, expresar y sobrellevar una determinada situación de
salud (Herdman et al., 2024).
El NOC se puede usar para evaluar los resultados sensibles al cuidado. Humanizar no obliga
únicamente a acompañar o a tener buena voluntad; esta afirmación podría argumentarse, solo que no
tendría valor si las intervenciones no nos condujeran a modificaciones positivas en la persona cuidada.
Cuando se selecciona un resultado, pero no se definen indicadores, la puntuación basal, la puntuación
diana ni los criterios de evaluación, el cuidado se vuelve indefinible.
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En esta nea, si bien la enfermería indica intervenir, no queda claro si el paciente mejoró, empeoró o
permaneció sin cambios respecto del resultado esperado (Moorhead et al., 2023).
El NIC, a su vez, proporciona opciones de acción coherentes con el diagnóstico y el resultado esperado.
No es cuestión de ‘copiar’ actividades, sino de seleccionar aquellas que se adecuen a la condición real
del usuario, al contexto institucional, a los recursos disponibles y a las prioridades de cuidado. Una
intervención NIC Humanizadora: La intervención de cuidado y presencia humana, técnica y presencia,
seguridad y comunicación, procedimiento y dignidad, vigilancia clínica y acompañamiento (Wagner
et al., 2023). El hallazgo primario de esta categoría es que la taxonomía no es el problema; el problema
es su aplicación burocrática.
La consistencia entre NANDA, NOC y NIC se identificó como un factor importante. El diagnóstico
enfermero debe ser producto de una valoración integral; el resultado NOC debe reflejar el ámbito de
cambio que se espera modificar, mantener o mejorar; y la intervención NIC debe proporcionar
orientaciones para acciones específicas dirigidas a la consecución de dicho resultado. Son estas tres
piezas las que, cuando se juntan, convierten el proceso enfermero en una herramienta invaluable para
pensar en el plano clínico. Cuando se disocia el plan de cuidados, queda reducido a un cúmulo de
etiquetas sin objetivos concretos.
La revisión también permitió constatar que la aplicación adecuada de la taxonomía contribuye al
fortalecimiento de la autonomía profesional. Una enfermera que diagnostica, planifica, interviene y
evalúa en un ámbito propio del lenguaje no se limita a la aplicación de órdenes, sino que piensa,
fundamenta su actuación y, con ese pensamiento como base, realiza su aporte al equipo de salud.
Esta dimensión es singularmente significativa en el escenario hospitalario, en el que la realización
puede acotarse a técnicas y el cuidar debe evidenciarse como una actuación científica, ética y legalmente
asumida. (Martinetti et al., 2024)
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Tabla 3. Uso burocrático y uso humanizador del proceso enfermero
Componente
Uso burocrático que debilita el
cuidado
Uso humanizador recomendado
Valoración
Registro incompleto, centrado solo en
signos o procedimientos.
Valoración integral que incluya datos
objetivos, subjetivos, emocionales, familiares
y de seguridad.
NANDA-I
Diagnósticos copiados, desactualizados
o confundidos con diagnósticos
médicos.
Diagnósticos enfermeros derivados de
respuestas humanas reales y formulados con
coherencia clínica.
NOC
Resultados sin indicadores, sin línea
basal o sin puntuación diana.
Resultados medibles con indicadores
específicos, escala de valoración y meta de
cuidado.
NIC
Intervenciones extensas, generales o
repetidas sin relación con la prioridad
clínica.
Intervenciones seleccionadas según
diagnóstico, resultado esperado, contexto y
recursos disponibles.
Evaluación
Frases genéricas como “queda en iguales
condiciones” o “se continúa con
cuidados”.
Evaluación comparada con el resultado
esperado, explicando avances, limitaciones y
ajustes necesarios.
Nota. Elaboración propia a partir de la revisión documental narrativa.
DISCUSIÓN
La discusión de los resultados permite concluir que no se puede explicar la deshumanización en la
atención enfermera desde una lógica de culpa individual. Aunque los resultados indican que la
deshumanización tiene lugar cuando se combinan presiones institucionales, carga de trabajo,
tecnificación asistencial, cultura del cumplimiento y debilitación de la capacidad de juicio “del
enfermero”, es pertinente tener en cuenta posturas que también atribuyen protagonismo al individuo en
la conservación de prácticas humanizantes.
Algunas perspectivas sostienen que los profesionales tienen cierta autonomía ética y pueden tomar
decisiones que favorezcan la dignidad del paciente, aun en situaciones adversas. Sin embargo, el sentido
principal de este trabajo coincide con las ideas de la bioética estructural, según la cual la
deshumanización se concibe como un problema ligado a la organización de los servicios, las
condiciones de trabajo, los sistemas de administración y las maneras en que el poder se distribuye en
las instituciones de salud (Aguirre Lanegra, 2025). Esta lectura ética no exime al profesional de
responsabilidad, pero permite escapar de representarlo como la fuente última de una problemática que
lo sobrepasa a nivel individual. La enfermería puede mantener compromiso, sensibilidad y vocación,
pero si desempeña su labor en entornos de alta presión, escasos recursos, múltiples tareas simultáneas,
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creciente exigencia documental y reducidos espacios para el contacto humano, su posibilidad de brindar
una atención pausada y relacional, se ve afectada. Por ello, la rehumanización implica atender al
paciente y al profesional que le atiende.
La primera consecuencia a la que invita el debate es que la humanización no se reduce a campañas de
buen trato ni a invocaciones para que se recupere la vocación. La vocación puede guiar el sentido moral
del trabajo, pero no reemplaza la remuneración adecuada, el descanso suficiente, la educación continua,
el liderazgo clínico ni el reconocimiento institucional. Una mirada madura sobre la humanización es
como sostener que no se puede reclamar un cuidado digno sin, al mismo tiempo, asegurar la dignidad
laboral de los cuidadores. Esta afirmación se conecta con la literatura sobre burnout, en la que la fatiga
emocional, la despersonalización y la reducción de la realización profesional modifican literalmente la
forma en que los profesionales enfrentan el sufrimiento y la demanda de cuidado (Maslach et al., 2001).
El segundo aprendizaje es que la técnica y la humanización deben ir de la mano. La enfermería actual
no puede eliminar la tecnología ni romantizar una práctica alejada de los dispositivos, los protocolos y
la evidencia. En las unidades de cuidados intensivos, la vida del paciente se sostiene mediante
monitores, respiradores, bombas de infusión, algoritmos terapéuticos y procedimientos invasivos. Sin
embargo, estas finalidades deben seguir estando, en última instancia, subordinadas a la racionalidad del
cuidado. La técnica humaniza cuando resguarda la vida, mitiga el dolor, aumenta la seguridad, y
posibilita intervenciones a tiempo; pero deshumaniza cuando sustituye la comunicación, la presencia,
la privacidad, la familia y la historia de la persona (García-Uribe et al., 2024).
Desde esta perspectiva, el problema no es el monitor en sí, sino que se mire sólo en el monitor; no es el
protocolo, sino seguirlo de modo automatizado; no es el registro, sino documentar sin evaluar; no es la
escala, sino emplearla sin interpretar la vivencia del enfermo. La técnica es humanizadora si se ejerce
con explicación, respeto, privacidad, comunicación y valoración integral. La acción técnica debe
dramatizarse como acción técnica enfermera, y no ser antagonista ni sustituir a la acción técnica de
enfermería: el ámbito de la acción técnica enfermera ha de ser reacondicionado para que el quehacer
técnico sea manifestación y no antítesis del cuidado.
La tercera implicación tiene que ver con la distancia entre la regulación y la práctica hospitalaria. El
derecho positivo ecuatoriano es suficiente para fundamentar una atención humana, segura, integral,
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oportuna y respetuosa. No obstante, la existencia de normas no asegura su cumplimiento efectivo. La
atención podría tener una orientación jurídica hacia la dignidad, y realizarse en un clima organizacional
que hace difícil la comunicación terapéutica, la educación, la privacidad y el acompañamiento. Así,
rehumanizar no sólo implica pensar normas nuevas, sino también traducir o reproducir las normas ya
existentes en el marco de la práctica clínica.
La cuestión de la seguridad del paciente está en el centro de esta discusión. A veces se considera que
la humanización es una dimensión blanda o subjetiva, como si estuviera separada de la calidad de la
atención. Eso no es suficiente división. Una atención insegura también deshumaniza porque expone a
los pacientes a daños prevenibles, prolonga el sufrimiento y socava la confianza en el sistema sanitario.
De manera similar, también es inadecuada la atención técnicamente segura pero fría. La seguridad y la
humanización deben integrarse como dimensiones inseparables de la atención digna (Ministerio de
Salud Pública de Ecuador, 2016).
La cuarta implicación se lleva a cabo en el proceso enfermero. Los resultados evidencian que NANDA-
NOC-NIC tiene el potencial de ser un camino hacia la disciplina rehumanizadora si se utiliza con rigor.
Nombrar las respuestas humanas, medir los resultados y escoger las intervenciones pertinentes permite
que enfermería haga visible su contribución específica y no se reduzca a la realización de tareas. La
adecuada implementación de estas taxonomías mejora la autonomía profesional, la continuidad de la
atención y la calidad del registro clínico (Herdman et al., 2024; Moorhead et al., 2023; Wagner et al.,
2023).
Figura 1. Modelo conceptual de rehumanización del cuidado de enfermería
Nota. El modelo representa la rehumanización como la integración de la competencia técnica, el juicio disciplinar, la
comunicación terapéutica, la seguridad del paciente, las condiciones laborales y el reconocimiento de la persona cuidada.
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Sin embargo, también puede convertirse en una forma de burocracia si la taxonomía se emplea sin una
visión global. Cuando los diagnósticos se copian por costumbre, cuando los resultados NOC no se
evalúan, cuando no se individualizan las intervenciones NIC y cuando la evaluación no establece un
diálogo con los resultados esperados, el proceso enfermero se despoja de su capacidad científica y
humanizadora. En estos casos, el escrito puede estar terminado, pero sin ciencia clínica. No es solo una
consecuencia académica; también pone en riesgo la continuidad, la seguridad y la dignidad del
paciente.
La discusión invita a sostener que, para rehumanizar el cuidado, se debe intervenir en distintos niveles.
En la sección de formación, debería reforzarse la enseñanza de la comunicación terapéutica, la bioética,
el proceso de enfermería, el razonamiento clínico y el uso actualizado de NANDA-NOC-NIC. A nivel
institucional: liderazgo enfermero, auditoría formativa de registros, revisión de cargas laborales,
contención emocional, cultura no punitiva. A nivel relacional, se promueven prácticas de comunicación
clara, respeto a la privacidad, participación familiar segura y reconocimiento de la singularidad de cada
paciente.
Merece especial atención la documentación clínica. La documentación no debería concebirse como un
lastre externo al cuidado, sino como un instrumento para asegurar la continuidad, informar sobre
riesgos, demostrar intervenciones, evaluar resultados y proteger tanto al paciente como al profesional.
El problema no es documentar, sino documentar sin sentido clínico. Una historia humanizada no es
forzosamente larga, es coherente, pertinente y enlazada a la realidad del paciente. Tiene que incluir
valoración, juicio clínico, intervención y reevaluación.
El mayor avance del presente artículo radica en que se amplía la discusión sobre la deshumanización
al campo disciplinar de la enfermería. La mayor parte de la literatura trata la humanización en la
comunicación, empatía, familia o tecnología, no obstante, este estudio plantea que el desconocimiento
del lenguaje enfermero también deshumaniza. Cuando la enfermería se ve incapacitada para nombrar
científicamente las respuestas humanas, para cuantificar resultados y para diseñar intervenciones
coherentes, la atención pierde, por identificación profesional, parte de su potencial para cuidar.
(Martinetti et al., 2025)
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Las consecuencias prácticas que se derivan de este debate son acciones concretas y llevables a cabo. Se
sugiere a las instituciones hospitalarias que: (1) diseñen e institucionalicen programas de formación
continua para la humanización del cuidado, comunicación terapéutica, bioética clínica y actualización
del lenguaje NANDA-NOC-NIC; (2) definan estrategias para la detección, formación y potenciación
de liderazgos clínicos en enfermería; (3) implementen auditorías formativas y periódicas del registro
SOAPIE con retroalimentación para fortalecer la calidad y la coherencia clínica; (4) establezcan y
sostengan espacios institucionalizados de reflexión ética para trabajar el desgaste moral y deliberar
dilemas del cuidado, y; (5) incorporen la humanización como indicador exigible de calidad y seguridad
asistencial en sus sistemas de evaluación y mejoría. Estas recomendaciones deben apuntar hacia la
transformación de las condiciones estructurales y organizativas que propician el cuidado de excelencia,
evitarán un enfoque punitivo, y priorizarán la habilitación de entornos que permitan a los profesionales
atender realmente de forma humanizada.
Para concluir, la rehumanización como estrategia debe concebirse de manera transversal. No es que se
añade gestos amables a una práctica técnicamente correcta, sino que se reorganiza el cuidado en torno
a la dignidad, la seguridad, la comunicación, el juicio clínico, la evidencia y el reconocimiento a la
persona. El paciente precisa de ciencia y de humanidad, de tecnología segura y de presencia terapéutica,
de historia clínica y de escucha, de protocolos y de sensibilidad ética. El pensamiento disciplinar de la
enfermería tiene las claves que pueden contribuir decisivamente a esta integración y si las instituciones
crean un marco real para poder cuidar sin deshumanizar, será posible.
Novedad científica y pertinencia del análisis
La relevancia científica del artículo radica en la confluencia de tres niveles que suelen analizarse de
manera aislada: tecnificación asistencial, organización institucional del trabajo y lenguaje disciplinar
enfermero. En este sentido, al articularse estos niveles, la deshumanización ya no se concibe como un
problema relacional para enfocarse también como una contradicción que atraviesa la manera en que se
piensa, se documenta y se evalúa el cuidado.
Este proceso interno de síntesis posibilitó que el cuidado humanizado y la seguridad del paciente no
estuvieran enfrentados, ni tampoco el cuidado humanizado y la calidad documental. Más bien, una
atención humanizada debe ser segura, con posibilidades de seguimiento, evaluación y respaldo
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científico. El reto es que las herramientas de calidad no acaben por convertirse en fines burocráticos,
despojadas de contacto con la vivencia del cuidado.
Asimismo, la propuesta puede aplicarse tanto a la formación universitaria como a la educación
continua. Cuando la deshumanización se traduce en la pérdida del juicio clínico, la respuesta educativa
debe superar la memorización de etiquetas diagnósticas y avanzar hacia la práctica del razonamiento
clínico, el análisis de casos, la elaboración de diagnósticos enfermeros adecuados, la selección de
resultados medibles y la valoración genuina de las intervenciones efectuadas. En el contexto
ecuatoriano, esta discusión puede contribuir a fortalecer la identidad profesional de enfermería,
especialmente en escenarios en los que el personal se encuentra expuesto a la alta demanda, a la presión
institucional y a las exigencias documentales. Rehumanizar el cuidado implica reconocer que la
enfermería no solo ejecuta actividades, sino que también interpreta las respuestas humanas, toma
decisiones, asegura la continuidad asistencial y participa activamente en la calidad y la seguridad del
sistema sanitario. (Rea & Arteaga, 2021, pp. 46-54)
Un lugar de aplicación directa se halla en el registro SOAPIE. En la literatura, el formato SOAPIE se
conoce por organizar el proceso de enfermería al combinar la valoración subjetiva y objetiva, el
razonamiento clínico, la planificación, la intervención y la evaluación, lo que permite la trazabilidad y
la continuidad asistencial (Moorhead et al., 2023). Su valor clínico es que se puede racionalizar la
evolución del paciente, el juicio profesional y la eficacia de las intervenciones, todos son componentes
críticos de seguridad de atención y calidad. Pero si el SOAPIE se redacta mediante frases repetidas o
registros administrativos sin contenido clínico alguno, pierde valor como instrumento para la toma de
decisiones y para la defensa médico-legal. De ahí que la rehumanización disciplinar requiera el registro
de: ¿qué?, ¿qué respuesta humana se identificó?, ¿cuál era el resultado esperado?, ¿qué intervención se
realizó y cómo respondió el paciente?, asegurando así su pertinencia práctica y clínica. Esta
contribución es valiosa para las secciones de hospitalización, emergencias y cuidados intensivos, ya
que facilita la conexión entre la humanización y la gestión diaria del cuidado. Una organización que
fomenta documentación congruente, liderazgo y la comunicación enfermera-turista en terapéutica, así
como el uso actualizado de NANDA-NOC-NIC no sólo incrementa la documentación, sino que refuerza
la continuidad, seguridad y dignidad de la atención.
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Implicaciones para la práctica de enfermería
A partir del conjunto de resultados discutidos, la rehumanización del cuidado puede articularse en
prácticas de actuación en el hospital. No se busca sustituir las normativas o protocolos vigentes, sino
orientar su aplicación hacia una lógica del cuidado centrada en la persona. La Tabla 3 muestra las
dimensiones de intervención, formativas, de gestión institucional, de documentación clínica, de relación
terapéutica y liderazgo enfermero.
La formación permanente debe centrarse en el razonamiento clínico y no sólo en la actualización de
los procedimientos. La enfermería debe aprenderse las técnicas, los fármacos, los dispositivos y
protocolos, pero también necesita herramientas para comunicar malas noticias, para acompañar a las
personas que sufren, para identificar necesidades emocionales, para respetar la autonomía, y para
documentar las respuestas humanas. Formarse sólo en protocolos puede traducirse en eficiencia
técnica, pero no en atención integral. La auditoría de registros debe ser un proceso formativo. En vez
de aprobar o reprobar según si el formulario está completo, debería cuestionar si la evaluación, el
diagnóstico, la meta y la intervención están en armonía. Esta alternativa contribuiría a mejorar el
SOAPIE, a apoyar el proceso enfermero y a disminuir las anotaciones genéricas que no aportan a la
continuidad del cuidado. Los comentarios deben, en todo momento, ser respetuosos, no punitivos y
orientados a un mejor desarrollo del pensamiento clínico del equipo.
Tabla 4. Estrategias prácticas para la rehumanización del cuidado de enfermería
Dimensión de
intervención
Acción sugerida
Resultado esperado
Formación
continua
Capacitación en comunicación terapéutica, bioética
clínica, seguridad del paciente y lenguaje NANDA-
NOC-NIC actualizado.
Fortalecer juicio clínico,
razonamiento disciplinar y cuidado
centrado en la persona.
Gestión
institucional
Revisión de cargas laborales, dotación suficiente,
pausas de recuperación y soporte emocional
posterior a eventos críticos.
Reducir desgaste moral,
agotamiento y prácticas defensivas
asociadas a la sobrecarga.
Documentación
clínica
Auditoría formativa de registros SOAPIE, con
énfasis en coherencia entre valoración, diagnóstico,
resultados, intervenciones y evaluación.
Transformar el registro en
herramienta de continuidad y no
solo en requisito administrativo.
Relación
terapéutica
Promoción de comunicación clara, información a la
familia, respeto a la privacidad y participación
familiar segura.
Disminuir incertidumbre y
fortalecer confianza en el equipo de
salud.
Liderazgo
enfermero
Rondas de cuidado humanizado, análisis de casos,
retroalimentación no punitiva y acompañamiento
de líderes clínicos.
Sostener cambios prácticos y
consolidar una cultura institucional
de cuidado digno.
Nota. Elaboración propia a partir de la revisión documental narrativa.
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La gestión institucional también ha de tener presente que humanizar, es tener tiempos reales para curar.
La atención al paciente y familia, la educación, contención emocional y mantenimiento de la intimidad
necesitan de entornos materiales. Si no se reconocen estas labores en la jornada, acaban eliminadas por
lo urgente, lo visible, lo auditible. Por consiguiente, humanizar consiste en incorporar estas acciones
en el planteamiento del turno y no en que sean tareas accesorias.
El liderazgo clínico de enfermería es clave. Es posible que las jefaturas, coordinaciones y líderes de
servicio propicien las rondas de cuidado humanizado, la revisión de casos complejos, espacios de
deliberación ética y acompañamiento post eventos críticos. Este liderazgo no debe jugarse solo a la
vigilancia de cumplimiento; debe sustentarse en una cultura de aprendizaje, seguridad y dignidad. Un
liderazgo humanizador protege al paciente, pero también al profesional.
La participación familiar, hasta ahora considerada un derecho, debe integrarse en el proceso de cuidado,
siempre y cuando las condiciones clínicas y de seguridad así lo permitan. La familia aporta datos
biográficos, emocionales y culturales que contribuyen a personalizar la atención. Ordenar su
incorporación puede aliviar la incertidumbre, fortalecer la confianza y mantener la identidad del
paciente más allá de su diagnóstico. Esta participación debe administrarse con una mirada clara, respeto
y buena comunicación.
Limitaciones y líneas futuras
El presente trabajo presenta las limitaciones propias de una revisión narrativa. Debido a que no se llevó
a cabo ninguna medición empírica en los servicios hospitalarios, ni se utilizaron instrumentos
directamente con pacientes, familiares o profesionales, los resultados deben ser interpretados
únicamente como categorías analíticas y no como estadísticas generales. Esta limitación influye en la
habilidad para obtener acceso a la variabilidad y profundidad de las experiencias clínicas reales, y
aconseja precaución en relación con la generalización de los hallazgos a otras situaciones no cubiertas
por el estudio.
Sin embargo, el principal valor del artículo radica en su capacidad de articular la literatura científica,
la normativa ecuatoriana y los fundamentos disciplinares que posibilitan una reflexión crítica y
contextualizada sobre el cuidado de enfermería.
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Haber identificado estas limitaciones refuerza la validez del análisis y demuestra la necesidad de futuras
investigaciones que complementen este enfoque con evidencia empírica directa.
Investigaciones futuras podrían centrarse en la valoración de los pacientes demócratas, familiares y
profesionales sobre el nivel de deshumanización percibida en los hospitales de Ecuador; realizar una
evaluación real de la calidad de la documentación SOAPIE; evaluar la consistencia entre NANDA,
NOC y NIC; y estudiar la correlación con el exceso laboral, el agotamiento moral y la calidad del
cuidado humanizado. También serán deseables el diseño y la validación de indicadores institucionales
de humanización que involucren la seguridad del paciente, la comunicación, la participación de las
familias y las condiciones laborales del equipo de enfermería. Conclusiones
La deshumanización en la atención de enfermería en el hospital ecuatoriano es un fenómeno complejo
suceptible de ser comprendido desde perspectivas que atraviesen la pérdida individual de la vocación,
una falta de empatía, o una ausencia en la sensibilidad profesional. La interpretación elaborada permite
establecer que la despersonalización del cuidado, como práctica tecno-documental, es el resultado de la
intersección de aspectos estructurales, institucionales, laborales, tecnológicos, normativos y
disciplinares que tensionan la labor de día a día en enfermería.
Los instrumentos, la técnica y la tecnología son amigos del cuidado humano. Ambas son necesarias en
enfermería para preservar la vida, asegurar la seguridad clínica, evitar complicaciones y atender
mercados de alta complejidad. Puede, por el contrario, potenciar procesos despersonalizadores si se
convierten en fines en sí mismos y relegan a un segundo plano la comunicación, la percepción clínica,
la presencia terapéutica y el reconocimiento de la dignidad del paciente.
El gobierno ecuatoriano, sin embargo, estableció las condiciones suficiente s para demandar una
Atención Digna Segura y Científicamente Respaldada. Sin embargo, subsiste un gap entre el ideal
normativo y las condiciones de los servicios (tendente a colmarse en situaciones de saturación con
escasez de recursos, presión administrativa y erosión del tiempo clínico para el cuidado relacional).
NANDA-NIC-NOC puede ser un instrumento de profunda humanización si se aplica con juicio clínico,
actualización y congruencia en el diagnóstico, el resultado y la intervención. Por ejemplo, al personal
de enfermería le ocurre cuando reconoce un diagnóstico como “alteración de la comunicación verbal”
en un paciente posquirúrgico y toma como resultado NOC el aumento de la capacidad comunicativa y
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realiza intervenciones NIC específicas, como la utilización de técnicas alternativas de comunicación,
se puede observar cómo la taxonomía articula una atención individualizada y centrada en necesidades
reales del paciente. Su empleo adecuado facilita la identificación de respuestas humanas, la definición
de resultados medibles, la elección de intervenciones pertinentes, la valoración de la evolución del
cuidado y la visibilidad del aporte autónomo de la enfermería. La taxonomía no deshumaniza, lo que
deshumaniza es su aplicación mecánica, desactualizada y burocrática.
La rehumanización del cuidado supone la potenciación de la formación continuada, la mejora de las
condiciones de trabajo, la promoción del liderazgo enfermero clínico, la integración de la seguridad del
paciente y de la atención digna, el mantenimiento de una comunicación terapéutica eficaz y la
recuperación del proceso enfermero como método científico del cuidado. Humanizar no es dejar de lado
la técnica sino incluirla en una práctica ética, científica y relacional que tiene a la persona en el centro.
Declaraciones éticas y de publicación
Conflictos de interés: El autor declara no tener conflictos de interés relacionados con la elaboración del
presente manuscrito.
Financiamiento: El presente trabajo no recibió financiamiento externo.
Consideraciones éticas: Al tratarse de un artículo de reflexión basado en una revisión documental y en
un análisis normativo, no se intervino en seres humanos ni se recolectaron datos primarios. Por tanto,
no fue necesario solicitar el consentimiento informado ni la aprobación del comité de ética en
investigación con seres humanos.
Contribución de autoría: El autor participó en la concepción del tema, la revisión documental, el análisis
crítico, la redacción, la revisión final y la aprobación del manuscrito.
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